agosto 11, 2007




Por Roberto Cachanosky




Un original enfoque acerca de la relación entre las instituciones y el crecimiento económico permite analizar si nuestro país se dirige hacia un futuro de mayor apertura y garantías democráticas o hacia uno signado por el autoritarismo.


Estoy terminando de leer un interesante de libro de Ian Bremmmer, titulado “La curva J, una manera de entender por qué ascienden y caen las naciones”. El texto aporta un ángulo de análisis diferente sobre la relación entre las instituciones y el crecimiento económico. Bremmer sostiene que las sanciones que EE.UU. aplica a los gobiernos autocráticos suelen tener un efecto inverso al deseado, dado que aíslan más a esos países del resto del mundo, lo que consolida el autoritarismo. ¿Qué es la curva “J”? El siguiente gràfico lo explica:





El eje vertical marca el grado de estabilidad de los países, el horizontal indica el grado de apertura política y económica al mundo exterior. Las naciones que están más arriba en la curva “J” son más estables y las que están más abajo, más inestables. Los países a la izquierda de la curva “J” son estables, pero cerrados al mundo. Por ejemplo, la Cuba de Fidel Castro, la China de Mao o la Unión Soviética de Stalin. Esos países tenían y tienen estabilidad política en base al terrorismo de Estado. Los países que están a la derecha de la curva “J” basan su estabilidad en parlamentos independientes del Ejecutivo, una justicia autónoma, el ingreso de inversiones extranjeras directas, la libertad de expresión, un alto volumen de comercio exterior y movilidad social, entre otros puntos. Por el contrario, los países que están a la izquierda de la curva “J” tienen escasa o nula inversión extranjera y escasa o nula relación de los ciudadanos con el exterior, sufren la fuga de capitales, carecen de división de poderes, usan el monopolio de la fuerza del Estado para violar los derechos de los ciudadanos, persiguen a quienes piensan diferente al gobierno y no aseguran la libertad de prensa. En síntesis, los países que están en el lado derecho de la curva “J” se construyen en base a democracias republicanas. En cambio, las naciones que están a la izquierda sostienen su estabilidad mediante el liderazgo de autócratas. Ahora bien, puede haber casos de países que se mueven a lo largo de la curva “J” desde la parte izquierda hacia la derecha. Es decir, desde el autoritarismo hacia la libertad. Esas naciones son inestables durante un tiempo, hasta que se define si vuelven a subir hacia el lado izquierdo de la curva “J” y regresan al autoritarismo o si se desplazan definitivamente hacia la derecha, con lo que se convierten en democracias republicanas. Por citar un caso: ¿qué ocurrirá con Cuba el día que muera Fidel Castro, considerando que la dictadura cubana está basada en el liderazgo de un autócrata? ¿Vivirá un período de transición e inestabilidad moviéndose hacia la derecha o volverá hacia la izquierda? El mismo tipo de inestabilidad es el que puede asignarse a Irak luego de la caía de Saddam Hussein. ¿Por qué los países ubicados en el lado izquierdo de la curva “J” están cerrados al mundo y mantienen a su población desinformada? Porque en la medida en que la gente tuviera información sobre el bienestar que producen las democracias republicanas, exigiría a sus gobernantes un cambio hacia la libertad y la prosperidad. Esto generaría una reacción que acabaría con la autocracia. Por lo tanto, las autocracias necesitan esconderle información a la gente, eliminar la libertad de expresión y anular la libertad económica. Infundirle miedo a la población es clave para sostenerse en el poder y evitar la resistencia de los sectores de la sociedad que desean la libertad en el más amplio sentido de la palabra. Así, mantener a los ciudadanos aislados del resto del mundo es un instrumento clave del que se vale el autoritarismo. Las dos primeras presidencias de Juan Domingo Perón ubicaron a la Argentina claramente en el lado izquierdo de la curva “J”. Una vez terminada la dictadura, vivimos momentos de alta inestabilidad política. Es decir, nos mantuvimos en la parte baja de la curva “J”. ¿En qué situación estamos hoy? ¿Nos movemos hacia el lado derecho de la curva “J” o nos estamos desplazando hacia el lado izquierdo? ¿Vamos en busca de mejores instituciones o hacia una creciente degradación de éstas? ¿Hay división de poderes o tenemos un simulacro de división? ¿Impera la libertad de expresión o los medios y periodistas son hostigados? El manejo arbitrario de los fondos públicos, la “borocotización” de la política y las amenazas a los jueces que investigan casos de corrupción son algunos elementos que permiten advertir la tendencia a desplazarnos hacia la izquierda de la curva “J”. También es un secreto a voces el miedo que tienen muchos empresarios de expresar libremente su pensamiento sobre la marcha de la economía o adoptar medidas en sus empresas que puedan disgustar al Gobierno. Muchos empresarios han dejado de serlo para transformarse en simples ejecutores de las órdenes que se les imparte desde “arriba”. Se respira un aire de miedo. Si para mover sus precios un empresario debe tener la autorización del funcionario de turno, y para eso tiene que ser recibido por un burócrata, decir algo inconveniente puede traducirse en ser ignorado por el funcionario u hostigado de diferentes maneras. Claro que ceder a ese pánico implica, de hecho, haber perdido el control de la propia empresa. Sólo queda la ilusión de creer que se sigue manejándosela. Las crecientes regulaciones y controles, además de generar ineficiencia en la economía, anulan el derecho de propiedad. Por eso, sostengo que cuanto más se ceda al miedo, más nos desplazaremos hacia la izquierda de la curva “J”, hasta que el derecho de propiedad desaparezca por completo. Si los empresarios cierran la boca por miedo a perder sus empresas, creyendo que guardando silencio la van a mantener, pueden un día darse cuenta de que por callarse han perdido todo, porque hasta para comprar un tornillo tendrán que pedirle autorización al secretario de turno. En materia de libertad de expresión, constantemente nos enteramos de que tal o cual periodista que dijo cosas inconvenientes ha sido notificado que su programa fue levantado. Famoso es el caso del canal P+E, que durante años se emitió por Cablevisión. Hasta que llegó el actual gobierno estaba en el canal 5. Al poco tiempo, fue llevado, primero, al canal 60 y luego al 65. Finalmente, fue disuelto. Por supuesto, había demasiadas voces independientes que molestaban, por más que se pretenda fundar la decisión del cierre en cuestiones empresariales que nadie cree. Como ejemplo, basta entrar en los foros de esta revista para advertir la existencia de gente paga para insultar y amenazar. ¿Por qué paga? Porque sólo un lunático o alguien pago puede destinarle tanto tiempo a meterse en una revista virtual que no coincide con sus ideas para insultar a sus columnistas en forma sistemática. Periodismo perseguido, empresarios con miedo, instituciones acosadas y acusaciones desde el atril a diestra y siniestra muestran a una Argentina que ya no lucha por lograr un largo período de prosperidad económica. Estamos frente a una lucha más profunda, que tiene que ver con intentos firmes por llevarnos hacia el lado izquierdo de la curva “J”. No estamos discutiendo si tipo de cambio libre o fijo, emisión o disciplina monetaria, precios controlados o fijos. Estamos en la parte baja de la curva “J”, en un período de alta inestabilidad que puede llevarnos hacia la derecha o la izquierda de la curva. Es decir, hacia la libertad o hacia la servidumbre. Quienes creen que pueden perder su patrimonio si levantan su voz frente a los continuos atropellos, están profundamente equivocados. Porque si esos atropellos continúan, nos vamos a desplazar hasta lo más alto de la parte izquierda de la curva “J” y, entonces, habrán perdido todo. Ya que en los sistemas autocráticos no sólo no se puede hablar, sino que tampoco existe la propiedad privada. Sólo unos pocos privilegiados podrán pertenecer a la nomenclatura que disfrute de una buena calidad de vida, mientras el resto de la población padecerá todo tipo de penurias. Sin embargo, aunque logren formar parte de esa nomenclatura, ni siquiera así podrán estar seguros de permanecer en el selecto grupo de los beneficiados, porque el capricho del autócrata puede, de la noche a la mañana, mandarlos al infierno. Su futuro no dependerá de su habilidad empresarial, sino del riesgo permanente de caer en desgracia ante los ojos del mandamás. Insisto, hoy la Argentina está en el punto más bajo de la curva, con fuerte inestabilidad política y un gran signo de interrogación sobre cuál será la dirección que tomaremos dentro de la curva “J”. En gran medida, la dirección que tomemos dependerá de nosotros mismos.


Fuente: Economía para Todos. www.economiaparatodos.com.ar

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