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junio 26, 2007

El engaño del etanol


Por Porfirio Cristaldo Ayala


El etanol será una solución sólo cuando su producción sea rentable, sin subvenciones ni imposiciones estatales. Mientras tanto, será un peso muerto para el progreso.


El etanol es el nuevo evangelio estatista, la solución a todos los problemas políticos, económicos y ecológicos de la humanidad. Los presidentes George Bush y Lula da Silva decidieron a finales de marzo cooperar en el campo de los biocombustibles junto a la Unión Europea y Japón. El etanol impulsará el desarrollo de los países pobres, asegura Lula, mientras Bush celebra su aportación a la independencia energética. Se equivocan. Las promesas del alcohol como combustible son mentiras. El etanol no es el "elixir mágico", sino un combustible caro, antieconómico y nocivo para el medio ambiente, que consume más energía de la que produce y no permitirá a Estados Unidos alcanzar la independencia energética.
En la actualidad, entre el 45% y el 55% del costo del etanol en EEUU es cubierto por subsidios estatales. El coste de producción del alcohol de maíz es más del doble que el de la gasolina. La mezcla E10 (10% etanol y 90% gasolina) que exigen algunos estados, supuestamente por ser menos contaminante, es sustancialmente más cara que la gasolina no mezclada con etanol. Si se eliminaran los subsidios y las obligaciones legales de consumirlo en Estados Unidos y la UE, la producción de biocombustibles se derrumbaría.
En Brasil el costo del etanol es menor debido a que en su producción se utiliza caña de azúcar, con un rendimiento ocho veces mayor que el maíz. Pero a pesar de eso, y de sus 30 años de experiencia y tecnología, Brasil no produciría alcohol como combustible si no existieran subsidios y leyes que exigen un porcentaje mínimo de mezcla, sin tener en cuenta al coste final. Son los consumidores quienes lo pagan en el surtidor. Pero aún si su producción fuera rentable, el daño social no sería menor, pues crecería la superficie cultivada de caña de azúcar en perjuicio de otros cultivos y habría una deforestación masiva. El crecimiento de la agricultura para combustibles a expensas de la agricultura para alimentos aumenta el precio de los segundos.
Lo de la independencia energética resulta especialmente absurdo. En Estados Unidos no se podría reemplazar el consumo de gasolina por etanol aunque se emplearan todas las tierras del país para cultivar maíz destinado a producir alcohol. Se estima que, para el 2030, el etanol podría reemplazar, como mucho, un 6% del consumo de la gasolina. Pero aún si se pudiera reemplazar todo el consumo de petróleo con biocombustibles, la autosuficiencia no implica seguridad energética. Esta sólo se logra adquiriendo el combustible en los grandes mercados internacionales.
El etanol es ineficiente, tiene la mitad del poder calorífico del diesel y los vehículos consumen más etanol por kilómetro. Las subvenciones europeas y estadounidenses para promover su producción derrochan cantidades ingentes de dinero, como sucede con las otorgadas a los fabricantes de vehículos Flex Fuel, que en la práctica usan gasolina. Pero semejante derroche, que para los países ricos no es muy importante, a menudo se convierte en una tragedia para los países pobres.
El etanol no es un combustible "ecológico" ni "renovable". El etanol aumenta la contaminación del aire y menos de un 26% de su contenido energético es renovable. El resto de la energía necesaria para producir etanol debe suministrarse de otras fuentes. El etanol reduce la emisión de gases invernadero un 12% y la mezcla E10 en un 5%. Otros procesos obtienen la misma reducción a una décima parte del coste. El etanol resulta en extremo antieconómico como medio para controlar la emisión de gases de efecto invernadero.
La alianza Bush-Lula también es un engaño. Brasil desea exportar etanol a los mercados protegidos de Estados Unidos, la Unión Europea y Japón. Pero éstos no tienen intención de eliminar el proteccionismo en el etanol, incluyendo los créditos impositivos y los elevados aranceles. No les preocupa atropellar del libre comercio. Lo que pretende Bush es librar a los países de América Central y el Caribe del dominio de Chávez, que les subsidia el petróleo que consumen. Brasil proveerá la tecnología para la producción de etanol y Estados Unidos abrirá sus mercados al alcohol producido en estos países. ¿Qué beneficios obtendrá Brasil?
El etanol será una solución sólo cuando su producción sea rentable, sin subvenciones ni imposiciones estatales. Mientras tanto, será un peso muerto para el progreso.


Fuente: AIPE
Porfirio Cristaldo Ayala es corresponsal de la agencia AIPE en Paraguay y presidente del Foro Libertario.

mayo 14, 2007

El etanol y las pirámides




Por Hana Fischer




Montevideo (AIPE)- Las pirámides son el más claro ejemplo de la soberbia que suele envolver a tantos gobernantes. Cuando observamos obras públicas colosales e inútiles y pensamos en la cantidad de recursos humanos y materiales despilfarrados en su construcción, nos damos cuenta que mientras más alejada esté la política de las decisiones económicas, mejor será la suerte de los ciudadanos. La evidencia histórica demuestra de manera contundente que hay una relación inversa entre el grado de intervencionismo estatal en materia económica y la prosperidad relativa de los individuos que componen la comunidad. Por más vueltas que se le quiera dar a la madeja, la realidad es una sola: sólo los mercados libres son capaces de orientar eficazmente a las personas para lograr el uso más eficiente de recursos escasos.
Cuando los mandatarios pretenden “dirigir” los esfuerzos productivos de una nación, los resultados son muy parecidos a soltar un elefante en un bazar. Y los platos rotos los siguen pagando los contribuyentes durante generaciones. Para colmo, esos mandatarios se erigen en salvadores de la patria y protectores de los pobres. Pretenden que lo que cuenta son las intenciones y que nadie debe preocuparse por insignificancias como las nefastas consecuencias de las intromisiones gubernamentales.
Economía y política deben estar tajantemente separadas porque los objetivos buscados por una y otra son, más que diferentes, antagónicos. Parafraseando al evangelio diríamos, que hay que “Dar al César, únicamente, lo que es del César”.
Actualmente, la cruzada emprendida por elites políticas de Brasil y Estados Unidos se centra en inducir a los pueblos de Norteamérica y América Central a sustituir el petróleo por etanol. Consideraciones geopolíticas son las que llevan al presidente George Bush a propiciar esa medida.
Nos preocupa cuando vemos que, en seguida, unos cuantos quieren subir a ese carro. Lo que los guía son consideraciones de interés electoral, que nada tiene que ver con racionalidad económica. Entre los que se entusiasman con la idea, aunque por su insignificancia en el concierto mundial pasen desapercibidos, están las autoridades uruguayas. Y creemos saber la causa de su agitación.
A principios del siglo XX, un caudillo urbano muy carismático decidió emprender la ardua tarea de “nacionalizar” nuestros destinos. Entre otras cosas, decidió promover con ayuda oficial la plantación de la remolacha azucarera y su industrialización, para que al pueblo no le faltara el azúcar. Con el fin de evitar la “dependencia”, prohibió la importación de azúcar. Pero el emprendimiento resultó inviable. Luego, se insistió con la caña de azúcar, pero las condiciones naturales del país no son adecuadas. Desde entonces, ese cultivo ha sobrevivido exclusivamente gracias a la protección gubernamental, a pesar de múltiples denuncias de corrupción.
Cuando creíamos que cien años habían sido suficiente “experimentación” y que finalmente tendríamos azúcar barata, nos dimos cuenta que el populismo hace que se persista en las cosas más absurdas. Total, los dislates se hacen con dinero ajeno.
Al poco tiempo de asumir el actual gobierno, anunció su apoyo a la siembra de 1.500 hectáreas de caña de azúcar, con financiamiento estatal. El Ejecutivo está destinando millones de dólares a la reactivación de la caña y se comprometió a “prohijar” esa producción.
A dos años de insistir con un cultivo que sólo se da en regiones tropicales, la realidad parece imponerse. Por eso, la idea del etanol los debe tener “ecológicamente” entusiasmados, dándoles la coartada perfecta para seguir malgastando los dineros públicos.
Como podemos observar, aunque no sean tan notorias, las “pirámides” se siguen construyendo hoy.
___* Analista uruguaya.
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