
Como de costumbre estaba leyendo un post en el blog de José Benegas, que se refiere a la distribución forzosa de tierras, que el dictador venezolano Hugo Chávez ha hecho recientemente en su país, con resultados desastrozos aunque esperados, por quienes tenemos la fortuna de conocer algo de Ciencias Económicas.
Lo que escribí como comentario en ese blog es parte de lo que está escrito más abajo, aquí:
Hace pocos años, el dictador venezolano decidió expropiar tierras a terratenientes de su país, Venezuela, con el objeto de distribuirlas entre los campesinos pobres. El plan de Chávez no es nuevo, pues hay ejemplos de sobra en la historia de la humanidad de gobernantes que han hecho lo mismo, sin ningún éxito. Ahora se asombran de que la revolución productiva de Chávez, que sacaría de la pobreza a millones de personas no se está produciendo. Antes la pobreza era por la avaricia de los terratenientes, ahora es por la demora en la organización de los consejos comunales y mañana será por la maldad de Juan de los Palotes. Los campesinos reclamaban tierras, ahora reclaman herramientas y mañana querrán que el estado subsidie la actividad para transferirles costos a los contribuyentes. Las ganancias por su puesto no se distribuyen entre los contribuyentes, las pérdidas si.
En la Unión Soviética durante siete décadas los comunistas tuvieron los mismos resultados. Siete décadas de malas cosechas. Claro que nunca admitieron las fallas del sistema colectivista que llevó a ese desastre. El país con más superficie cultivable en el mundo no tenía suficiente alimento, y la gente padecía hambre. El sistema nunca fue el culpable para ellos, los comunistas siempre tuvieron a quien culpar.
En Argentina vamos por el mismo camino que Venezuela y el que transitó la Unión Soviética. El señor sabelotodo Guillermo Moreno, está destruyendo la industria láctea con sus “políticas geniales” en favor de los pobres, dilapidando el capital que no ha creado y que sirve para producir más riqueza. Falta poco para que no quede nada en la ganadería, en la agricultura y en la minería. Quien será el próximo culpable no lo sé, pero si se que no serán los colectivistas argentinos. Ellos no producen nada que no sea culpables, que nunca son ellos. Dentro de poco tiempo veremos lamentar a mucha gente cuando vea que no existen los capitales para su jubilación que el estado le prometió custodiar y engrandecer.
Cuando el ex dictador Juan Domingo Perón nacionalizó los ferrocarriles, quienes ganaron fueron los ingleses, quitándose de encima un clavo deficitario, que era más y más costoso cada vez su funcionamiento, mientras que el régimen se vanagloriaba de haber torcido el brazo del imperio por habérselos arrebatado. Era cuestión de tiempo ver como el proceso de deterioro de los ferrocarriles los dejaría inservibles para el desarrollo económico del país, se convierta en una caterva de sindicalistas ladrones, y una sangría para el contribuyente argentino, quien en definitiva pagó los costos del negociado político, pese a que no se dió cuenta.
Hay un viejo dicho, que es muy verdadero porque lo he vivido en carne propia, en mi propia familia; es ese dicho que dice: el ojo del amo engorda el ganado. Mi abuelo materno fue un gran estanciero, tuvo una de las estancias más grandes de la provincia, fue bodeguero y tuvo minas de mármol y cal; desgraciadamente fue político también: diputado provincial, alcalde y senador provincial, causa de su perdición, porque en esas épocas los miembros del cuerpo legislativo eran ad honorem, no eran cargos públicos sino cargas públicas, y el título era irrenunciable y las campañas políticas y los costos de la actividad debían asumirlos cada uno individualmente. Pero era visionario, todo lo que hacía era para obtener dinero y lo obtenía. Conocía el comercio y sabía hacer negocios. En el aspecto personal era mediocre, pero en el comercial siempre fue correcto.
Cuando murió y la herencia pasó a sus hijos, y a muchos otros hijos aparecidos repentinamente después de publicar los edictos de su muerte en el periódico, todo lo que construyó quedó hecho añicos. Toda la fortuna que acumuló por parte de él, y la que recibió por herencia de sus padres que fueron muy ricos también quedó dilapidada totalmente.
Hoy en día paso por el lugar y me da pena ver la estancia, parece que no vivió nadie ahí jamás. La casa está por el suelo, el parral tapado por la maleza, el ganado desaparecido, y el monte ha cubierto todo el campo, lo que costará una fortuna desmontar. Los hornos de cal parecen haber sido bombardeados por una escuadrilla de aviones, y la vieja bodega está más arruinada que la virulencia de diez terremotos no podrían conseguir.
Que tienen los herederos de esa fortuna hoy en día, seguramente nada. Lo mismo sucede cuando se apropian de algo que no ha conseguido con propio esfuerzo, las personas que han obtenido algo por medio de una medida política. Quien ha conseguido algo mediante la rapiña, sin haber padecido el sacrificio de conseguirlo como la naturaleza manda, con el producto del trabajo o del precio pagado, tendrá esta maldición de recompensa. Y más tarde o más temprano lo que fue motivo de alegría en un principio se convierte en la causa brutal de sufrimiento.
mayo 24, 2009
Lo que sucede cuando se obtiene algo mal habido.
marzo 06, 2008
Lo que dice Ron Paul sobre el racismo

La mentalidad colectivista está en el núcleo del racismo.
El gobierno, como institución, está particularmente mal preparado para combatir la intolerancia. La intolerancia es esencialmente un problema del corazón, y no podemos cambiar los corazones de la gente aprobando más leyes y regulaciones.
Es el gobierno federal el que más nos divide según la raza, la clase, la religión y el género. Con sus impuestos, sus regulaciones restrictivas, sus subsidios a las empresas, sus asignaciones raciales y sus programas de asistencia, el gobierno juega un rol muy importante en la determinación de quién sale exitoso y quién fracasa.
La “benevolencia” del gobierno desplaza la buena voluntad al institucionalizar el pensamiento grupal, haciendo que cada grupo sospeche que los otros están recibiendo más del botín del gobierno. Esto lleva al resentimiento y a la hostilidad entre nosotros.
El racismo es simplemente una forma horrible de colectivismo, una mentalidad que ve a los humanos estrictamente como miembros de grupos y no como individuos. Los racistas creen que todos los individuos que comparten características físicas superficiales son iguales: al igual que los colectivistas, los racistas piensan sólo en términos grupales. Al alentar a los estadounidenses a adoptar mentalidades grupales, lo que los defensores de la así llamada “diversidad” en realidad hacen es perpetuar el racismo.
El verdadero antídoto contra el racismo es la libertad. La libertad es tener un gobierno limitado y constitucional dedicado a la protección de los derechos individuales y no a la protección de los reclamos grupales. La libertad es el capitalismo de libre mercado, que premia la capacidad y el logro individuales, no el color de la piel, el género o la etnia.
En una sociedad libre, cada ciudadano adquiere un sentido de sí mismo como individuo, y no una mentalidad victimista o grupal. Esto lleva a un sentido de la responsabilidad individual, haciendo que el color de la piel sea irrelevante. El racismo durará hasta que dejemos de pensar en términos grupales y empecemos a pensar en términos de libertad individual.
mayo 02, 2007
Confluencia Colectivista Siglo XXI
La diferencia entre una conspiración y una teoría conspirativa es que la primera es en un principio descubierta y luego se responsabiliza a quienes participan mediante referencia a sus actos. La segunda en cambio es construida una vez que se define al enemigo, es decir, al revés, y constituye un instrumento de poder. Una conspiración es algo de lo que hace falta defenderse, una teoría conspirativa es un libreto para atacar.
Es otra de las diferencias que debe sumarse a las que ya señalé respecto de la pretensión de los terroristas argentinos de asimilarse a judíos perseguidos en el Holocausto. La conspiración judía era falsa, la conspiración montonera era explícita y violenta. No era una suposición militar.
Fíjense que parece curioso que D’Elía, un izquierdista de pura cepa argentina, se alíe al fundamentalismo iraní, una teocracia que en el lenguaje aparente de su tribu idiotógica podría calificarse como de ultra-derecha. Recordé hace unos meses el vínculo histórico entre el terrorismo argentino y el islámico, pero hay más en común. Cuando hablamos de la izquierda, construida sobre cuanta teoría conspirativa sea necesaria para descalificar a sus contrincantes, tenemos que diferenciar la retórica que es lábil y se adapta a la necesidad política inmediata del pensamiento real.
La izquierda llama fascismo a todo lo que no es parte de su estrategia. Aplica una teoría conspirativa global que dice que todo el que no colabora con sus deseos de poder es de alguna manera simpatizante y/o cómplice del fascismo. No usan a los nazis en ese sentido por una cuestión musical. Es más efectivo decir fascista que nazi. El señor K por supuesto tiene a mano cuanta teoría conspirativa ad hoc sea necesaria para cada una de sus agresiones y ataques a gente pacífica que se permite no estar de acuerdo con él o no ser su cómplice. Pero vuelvo a la izquierda, no debe confundirse la teoría conspirativa con la realidad a la hora de sostener que existe algún tipo de contradicción entre la idiotogía del señor D’Elia y el fundamentalismo islámico iraní. La ficción conspirativa es la que se contradice, pero no el pensamiento y la acción en los que ambos grupos confluyen.
Muchas veces dije también en este blog que la izquierda latino americana es la verdadera heredera del nacional socialismo alemán. De hecho el llamado “socialismo del siglo XXI” no es otra cosa que la re-edición del sistema que Hitler impuso en Alemania, un totalitarismo con cómplices, sin socialización de los medios de producción.
Lo que demuestra este comportamiento es que también pueden prescindir de la teoría conspirativa marxista de la explotación si les es úti. La idea real que es además el elemento común entre el fundamentalismo islámico y la izquierda es el deseo de colectivizar a la sociedad, eliminar las individualidades que hieren la auto-estima dañada de los déspotas y regir a sus congéneres convirtiéndolos en piezas a su disposición. Es entonces cuando surge el único eje político que importa y ha importado siempre: individualismo versus colectivismo. Esos son los lados reales, esos que el semi-analfabetismo de los dirigentes del PRO quieren evitar. El colectivismo es por supuesto anti-norteamericano. Escribe todos los días alguna teoría conspirativa para hacer malo a los Estados Unidos con el mero recurso de la ficción y así avanza. No hay que confundirse, no hay otro propósito real, ni el trascendente, ni servir a la divinidad, ni servir a la igualdad, ni nada real o falso que no sea el deseo de ejercer el poder sin límites.
¿Y por qué me me mandé esta perorata en el día del descansador? Fue por un comentario que leí en el post sobre la defensa de D’Elía al lobo feroz que me llevó al blog El rejunte.il que además de tener una buena crónica del episodio de la Feria del Libro, menciona y demuestra que la Organización Islámica Argentina se hacía eco en su página de la existencia de un “plan andina”, otra conspiración judía pero esta vez para quedarse con la Patagonia. Y si bien el documento fue borrado no bien se les reprochó, el chaché de Google nos permite conocer igual su contenido.
Lo que tienen memoria habrán hecho la misma asociación que hice yo. Aunque el general Bendini se ocupó de negarlo, se le atribuyó alguna vez haber hablado del mismo “plan” conspirativo. Sería otro de los personajes cercanos al presidente con fobias anti-semitas, esta vez desde el supuesto otro extremo ideológico de D’Elía. La negativa de Bendini fue tan poco convincente que se formó una comisión para investigar si el episodio existió. Se están durmiendo una larga siesta los muchachos y nadie se ocupa de reclamarle al gobierno sus demoras en producir un resultado. Se diría que en este caso si podemos hablar de complicidad en la falta de investigación porque los hechos lo demuestran y no en el caso de la Cámara de Casación sobre la cual el presidente elaboró otra teoría conspirativa ad hoc que todos conocemos.
Termino con el parentesco. No es casual que los montoneros hayan salido de las filas del nacionalismo católico. Siempre han tenido, como la izquierda argentina en general, ese mix entre marxismo y nacionalismo que es justamente la esencia del nacional socialismo que terminó por florecer en esta cosa entre populista y cambalachera que padecemos en esta época.
Fuente: http://nomeparece.wordpress.com/
