Un trabajador promedio aporta el 53% de sus ingresos a sostener el costo del estado. Un agricultor de Pehuajó aporta el 84% de su ingreso al estado y queda sólo para él el restante 16%. Aún así, el estado argentino tiene un gigantesco déficil, una astronómica deuda pública a pesar de haber declarado en deffault su deuda hace diez años. El gasto público clasificado en los tres departamentos del gobierno son: Ejecutivo 93%, Judicial 6%, Legislativo 1%
julio 07, 2013
Impuestos: lo que el gobierno no te cuenta.
enero 11, 2009
La evasión impositiva y la curva de Laffer
Arthur Laffer
Casi todos los días escuchamos a un funcionario público hablar acerca de la evasión fiscal y de lo están haciendo o piensan hacer para evitarla. Pero durante años, muchos funcionarios han aplicado diversas medidas para combatir la evasión fiscal sin éxito alguno. El problema de la evasión fiscal en Argentina que ningún funcionario admite jamás es que la presión fiscal es excesiva, imposible de cumplir por el contribuyente. Según el Banco Mundial, la carga impositiva promedio de cada argentino es de 112.9% es decir que supera el monto total de su propio ingreso.
Tal es el caso de millones de personas en Argentina que están en esa situación, son personas expulsadas por el sistema tributario. No se trata de personas “no incluidas” en el sistema o "no regularizadas", se trata de gente que no puede regularizarse, porque la rentabilidad de su pequeño negocio de subsistencia no lo permite. La carga tributaria sobre ellos es imposible de pagar. No se trata sólo de una tentación de evadir impuestos sino en la mayor parte de los casos de una necesidad imperiosa. Por lo tanto exigirles el pago de tributos es obligarlos a cerrar sus negocios, dejarlos en un estado más miserable del que están, y pasar a depender de un subsidio pagado por el gobierno, subsidio que el mismo no podrá afrontar debido a la gran cantidad de personas en esa situación. El sistema fiscal argentino por lo tanto es "exclusivo", expulsa gente en lugar de incluirla.
La pretensión del director de A.F.I.P., de acordar con los propietarios de Pymes de incluir a la gente que quede sin sus negocios no ayuda en nada, pues la carga fiscal argentina es imposible incluso para las pequeñas y medianas empresas, especialmente las cargas previsionales. Para las Pymes con baja tasa de inversión, que ni siquiera pueden tener acceso a créditos bancarios para invertir en bienes de capital por no tener alta rentabilidad y ser de alto riesgo, afrontar una carga impositiva y previsional mayor todavía no sería factible. Solamente una empresa con alta tasa de capital invertido en relación al personal empleado y con alta rentabilidad del mismo puede soportar la presión impositiva en Argentina.
Para equilibrar el presupuesto público, ya no se trata de incrementar los impuestos, o de incrementar la cantidad de contribuyentes, sino de otra cosa que la clase política no quiere admitir: bajar el gasto público. Por la vía del aumento de la carga tributaria no se va a conseguir nada, tampoco estableciendo un aparato perseguidor y represivo contra los evasores. La única manera posible de incluir al mayor número de personas en el sistema es haciendo un código impositivo realista, adecuado a la situación económica de cada ciudadano. Y claro también, mantener un gasto público moderado, solamente en las funciones que el estado únicamente puede cumplir, y ajustándose a los presupuestos establecidos.
Quién es Arthur Laffer y la curva que lleva su nombre.
En el año 1975, un desconocido economista hasta entonces, llamado Arthur Laffer, quien dictaba cátedras en la Universidad de Stanford en California, hizo realidad el sueño de cualquier economista: trazar una curva que lleve su nombre. Era una curva tan simple que casi podía ser entendida por cualquier persona, y esa curva explicaba que cuando un impuesto es muy alto, el contribuyente se ve tentado a evadirlo o incluso obligado por las circunstancias a evadirlo para poder sobrevivir y salvar su ingreso. Arthur Laffer se desempeñó como consejero del presidente Ronald Reagan y es consejero actual del Congreso de los Estados Unidos. La Curva de Laffer fue cuestionada por muchos economistas porque carecía de rigor matemático y porque no tenía en cuenta las diferentes clases de impuestos en los diferentes paises y épocas, pero lo que importaba era que tenía un valor pedagógico muy alto, y la rebelión fiscal de los años 80 en los Estados Unidos, tuvo un formidable argumento. Con Arthur Laffer, la rebelión fiscal en el mundo capitalista se hizo respetable.
Según Laffer:Los altos impuestos generan empresarios mutantes, verdaderos malabaristas sin tiempo para planificar una empresa mejor en un mundo cada vez más competitivo. Los impuestos actúan como “desestabilizadores automáticos” “un aumento de impuestos, produce un descenso de la renta disponible y, por tanto, de la producción, por lo que se produce una disminución de la base imponible sobre la que se aplica el impuesto”. “Por el contrario, es posible que una disminución en el tipo impositivo provoque aumento de las rentas, del consumo, de la producción y, finalmente, una mayor recaudación. En éste segundo caso, los impuestos actuarán como estabilizadores automáticos” Afirma que: "una carga impositiva excesiva alienta el ocio, la evasión, el fraude y la actuación empresaria a través de paraísos fiscales". "Cuando la carga impositiva es alta, la mente del empresario o comerciante debe buscar formas de salidas de esa trampa que es alta carga tributaria, en un principio intenta cumplir, luego se endeuda con el fisco y finalmente capitula y apela a una frase “el que paga todos los impuestos quiebra”.
Perseguir a los evasores como hace y ha hecho siempre el gobierno argentino, convertirá a millones de personas en delincuentes fiscales, por el sólo hecho de estar imposibilitados de pagar. No sería la lucha contra la evasión una política para ayudar a los pobres, sino una política para empobrecerlos más y para crear otros nuevos.
A continuación transcribo un párrafo, publicado en Eumed, donde se explica qué es la "Curva de Laffer", cuales son los efectos producidos por causas de los impuestos, que en la ciencia económica se les llama "Efecto Renta" y "Efecto Sustitución" y un gráfico de la Curva donde se ve como la recaudación fiscal varía según las diferentes tasas de impuestos.
La curva de Laffer y los desestabilizadores automáticos
Cuando el gobierno de un país desea aumentar su capacidad recaudatoria, parece lógico aconsejar que suba los impuestos, bien ampliando el número de ciudadanos que tributan, bien subiendo el tipo impositivo medio, que es el porcentaje a aplicar sobre las rentas que se quiere recaudar. (Otra opción del gobierno sería endeudarse). Sin embargo, hay dos hechos que nos hacen dudar de esa lógica.
A) El primero es la posibilidad de que los impuestos actúen como desestabilizadores automáticos: un aumento de impuestos, produce un descenso de la renta disponible y, por tanto, de la producción, por lo que se produce una disminución de la base imponible sobre la que se aplica el impuesto.
B) Por el contrario, es posible que una disminución en el tipo impositivo provoque aumento de las rentas, del consumo, de la producción y, finalmente, una mayor recaudación. En éste segundo caso, los impuestos actuarán como estabilizadores automáticos.
Se están considerando aquí dos fuerzas que actúan en sentido contrario y que reciben el nombre de efecto renta y efecto sustitución: el efecto renta mide las consecuencias derivadas de la disminución de la capacidad adquisitiva de los contribuyentes; el efecto sustitución mide los cambios en las decisiones que toman productores y consumidores como consecuencia del impuesto.
Estas ideas pueden representarse con la conocida Curva de Laffer, que toma su denominación a partir del economista americano Arthur B. Laffer. La curva relaciona niveles de recaudación con el aumento de impuestos. Si medimos el aumento del impuesto, a través de un tipo representativo t, tendríamos una curva con ésta forma:
Cuando el tipo impositivo es t1, la recaudación, al aplicar ese tipo sobre la renta, será una cantidad positiva mayor que cero (Y1). Si aumentamos el tipo, la recaudación seguirá creciendo, cada vez sin embargo a menor ritmo hasta alcanzar un máximo en Y2, para un tipo t2. A partir de ese punto, cualquier intento del gobierno para elevar el tipo impositivo, se traducirá, paradójicamente, en un descenso de la cantidad recaudada. Nótese que para t3 la recaudación ha caído hasta Y3. Si siguiésemos insistiendo en aumentar el tipo impositivo, llegaría un momento en que la recaudación fuese nula.
Ese comportamiento se debe a que un tipo excesivamente alto propicia el fraude y la evasión fiscal hacia paraísos fiscales. También un tipo impositivo alto puede llevar a los trabajadores a sustituir trabajo por ocio, reduciéndose el bienestar colectivo o social. Por eso, se tributa menos y crece menos la economía. De nuevo aquí actúan el efecto renta y el efecto sustitución: el efecto renta ya que al aumentar el tipo y disminuir la renta de los trabajadores, tendrán que trabajar más para recuperarla y el efecto sustitución sobre los que decidan trabajar menos para no tributar tanto. Para un tipo impositivo muy alto, el efecto sustitución puede superar al efecto renta.
Además, los procesos de inspección para detectar el fraude, suelen ser muy costosos. De ahí que, en los últimos tiempos, muchos sean los países que se plantean reducir impuestos, especialmente los directos ligados a la renta, sobre todo si funcionan los estabilizadores automáticos, lo cual suele suceder en las fases expansivas del ciclo económico. Por eso, la curva de Laffer se ha convertido en una bandera para las corrientes defensoras del liberalismo económico que defienden la disminución de la presión fiscal.
Páginas Interesantes
www.elcato.org, www.atlas.org.ar,
www.hayek.org.ar, www.josebenegas.com, www.libertaddigital.com, www.diariodeamerica.com, http://dontiburcio.blogspot.com, http://liberalesargentinos.blogspot.com, http://alberdianos.blogspot.com, www.liberalismo.org, www.juandemariana.org, http://aplacetoreturn.wordpress.com, http://aesyd.blogspot.com
diciembre 09, 2008
Porqué Argentina es pobre.
Espero que se vea en la televisión. ¿Que canal se atrevería a pasarlo sin cobrar?
Mmmmmm.....La plata del Sr Kirchner es más dulce.
Video producido por Foro Republicano www.fororepublicano.com
septiembre 14, 2008
La violencia no la alimenta la "Oligarquía"
En la verborragia de los presidentes Evo Morales y Hugo Chávez hay una permanente instigación a la violencia: amenazas a los adversarios, odio a los Estados Unidos, insultos a los presidentes de otros países, uso de fuerzas de choque contra instituciones que ellos consideran enemigas. Sin embargo cuando los hechos de violencia se consuman culpan a la oligarquía por los hechos.
En el video que se puede ver a continuación muestra como doce (algunos medios dicen dieciséis) personas han sido asesinadas por ráfagas de ametralladoras. Los asesinados son partidarios del presidente Evo Morales, pero las metralletas que usaron los atacantes fueron capturadas a las milicias pro Morales y provistas por Hugo Chávez.
En que quedan las permamentes acusaciones a los Estados Unidos por su intervencionismo en los asuntos de los países americanos, después de ver este video donde el Sr Chávez con una absoluta falta de pudor dice esto. Qué derecho tiene él de intervenir en la política de una nación extranjera. Por qué el se atribuye un derecho que le niega a otro estado extranjero. Nadie tiene derecho a entrometerce en un asunto ajeno, esto es un problema de bolivianos y sólo debe ser resuelto por ellos.
Mientras tanto Evo Morales y los prefectos de los cinco departamentos que rechazan la constitución socialista que Morales quiere imponer se reunen para encontrar una salida a la crisis, cuando esta a la vista que con Evo Morales es imposible dialogar. El señor Morales quiere guerra.
Mientras tanto, en los departamentos opositores a Morales comienza a producirse una escasez de gas y naftas por los sabotajes a las refinerías de gas y petróleo, como represalia de Morales a las demandas de autonomia de los departamentos.
julio 12, 2008
El estado es el peor villano
Estas son las declaraciones emitidas por el abogado, escritor y diputado nacional por la provincia de Tucumán, José Ignacio García Hamilton.
Si la ley insiste en poner su aparato de recaudadores, policías y cárceles al servicio de los saqueadores estatales y trata a las víctimas, cuando se defienden, como delincuentes, el conflicto se prolongará y ahondará. Alberdi decía que el ladrón privado es casi inofensivo, al lado del Estado atacante, y que cuando se desconoce la propiedad se oprime a los ciudadanos.
Los productores rurales argentinos representan hoy los principios inmutables y las experiencias libertarias de la civilización occidental. Ellos encarnan a los hombres de trabajo de todos los tiempos que lucharon contra la agobiante carga fiscal promovida por quienes, para engrosar el tesoro público, despojaron a sus pueblos y empobrecieron a sus países. Y representan el derecho de ejercer toda industria lícita y los principios de igualdad, defensa de la propiedad privada e independencia productiva que Alberdi introdujo en nuestras instituciones y que labraron la riqueza de nuestra república.
julio 06, 2008
El Estado Depredador
Por Antonio Margariti
La Argentina se ha convertido en un lugar donde los gobernantes se dedican a preservar sus intereses particulares mediante el pillaje, el saqueo impositivo y la devastación de las instituciones.
Entre los economistas, ha sido una cuestión muy debatida la que se vincula con la dirección del proceso económico del país.
Dicha controversia se refiere a una milagrosa coordinación que se produce todos los días. En efecto, causa admiración comprobar que el proceso económico cotidiano funciona con la precisión de un reloj sin que la mayoría de nosotros repare en quién, cómo, cuándo, dónde y mediante qué instrumentos se realiza dicha coordinación.
Diariamente, el almacenero, el carnicero, el verdulero o el panadero abren sus puertas y tienen disponibles los alimentos que los hogares necesitan. Del mismo modo, existe una coordinación muy precisa que permite que miles de camiones cargados con cereales, oleaginosas, harinas, aceites y biodiesel lleguen oportunamente al puerto, desde lugares lejanos. También observamos que los buques de ultramar esperan en las radas -fluviales o marítimas- para cargar esos productos granarios en sus bodegas y, rápidamente los transportan a los puertos de destino donde son recibidos por fabricantes que los transforman en alimentos y los distribuyen mediante una compleja red de comercialización.
Millones de trabajadores, con millones de bienes intermedios, en millones de lugares, se coordinan todos los días para producir, transportar, distribuir y poner al alcance de millones de consumidores los millones de productos que necesitan.
Así funciona una economía moderna. Con un grado de división del trabajo jamás alcanzado en el pasado y un nuevo tipo de tecnología en todas las formas de producción, a través de sistemas de registros de datos intercomunicados por una red mundial. La economía se ha convertido en uno de los aparatos más complicados creados por el hombre y que reacciona con la máxima sensibilidad a cualquier interferencia o error en el proceso de coordinación.
Mercado o planificación
Desde que se tuvo conciencia de esta compleja coordinación del proceso económico, ha habido un acuerdo científico en señalar que existen dos únicas formas de coordinación: el mercado o la planificación estatal.
Ludwig von Mises (1881-1973) afirmaba que “simplemente no hay otra opción que ésta: que el Estado se abstenga de interferir alterando el libre juego del mercado, o que se delegue el manejo completo de la producción y distribución en los funcionarios del gobierno. Ya sea mediante el orden de la competencia, que coordina el interés individual con el interés general, o la dirección centralizada del proceso económico en manos del Estado, no hay otro camino intermedio”.
Sin ninguna duda la función coordinadora del mercado ha sido infinitamente superior a la tarea de dirección de la planificación estatal, caracterizada por su brutalismo, impregnada de errores e ignorancia, plagada de despilfarros y enlodada por la corrupción de los gobiernos, tal como lo experimentó la Unión Soviética con los planes quinquenales desde 1921 a 1989, en que el Gosplan (Comité Estatal de Planificación de la URSS) terminó grotescamente.
Es obvio que el funcionamiento del mercado sólo produce resultados óptimos cuando opera dentro de un régimen de sana competencia y, legalmente se impiden los intentos de fraude, engaño, violencia o predominio mediante el monopolio. La sana competencia requiere y depende de condiciones morales que pueden condensarse en estas tres simples reglas: posesión pacífica de los bienes, transmisión por consenso y cumplimiento de las promesas. Como decía Wilhelm Röpke (1899-1966) “la intervención estatal es necesaria para respetar y hacer cumplir esas reglas, pero es esencial que se haga “conforme” al mercado, es decir dentro de leyes que permitan la libre competencia, nunca en contra de ella”.
La tercera vía
En algunos países se intentó seguir una tercera vía bajo los lemas: “ni mercado ni planificación central”, “tercera posición”, “plan y antiazar”. El caso más importante fue la experiencia francesa de la “planificación indicativa” desarrollada entre 1952 y 1973. Fue concebida como un método científico basado en modelos econométricos, que tenían en cuenta la programación lineal, las teorías secuenciales y el empleo de la matriz input-output para pronosticar el futuro. Intentaban eliminar la incertidumbre para que la economía funcionara mecánicamente. Mediante esos modelos los ingenieros sociales franceses pretendieron llevar a cabo una acción deliberada para asignar recursos a cada sector al margen de las fuerzas del mercado.
El método consistía en realizar un gigantesco estudio de mercado entre todos los sectores de la economía nacional y todas las regiones del país. Su autor intelectual fue Pierre Massè (1898-1987) un notable matemático experto en teoría del azar, programación dinámica y principio de mínima de Pontriagyn, acompañado por Louis Armand (1905-1971) y Jean Fourastiè (1907-1990). Tales científicos diseñaron una política económica que no suprimía la libertad de empresa, pero indicaba a los agentes económicos las directrices que el Gobierno y el sector público iban a seguir en el próximo quinquenio. Recibió el nombre de planificación indicativa para distinguirla de la planificación centralizada forzosa, de la Unión Soviética. Sin embargo, la experiencia francesa fracasó estrepitosamente porque en 1973 la primera crisis del petróleo hizo estallar todas las previsiones globales. Allí comprobaron que el crecimiento económico -después de la IIª guerra mundial- hubiese ocurrido mucho mejor sin la planificación indicativa. Pero la rigidez burocrática que impuso a la economía francesa terminó liquidando todo resto de espíritu innovador y anulando los reflejos de adaptación para enfrentar una imprevista crisis mundial.
Experiencia argentina
Desde hace 5 años, el gobierno argentino ha decidido seguir una cuarta vía, la vía del “sin”.
Sin mercados libres. Sin plan quinquenal. Sin planificación indicativa. Sin estadísticas confiables. Sin reglas políticas. Sin garantías constitucionales. Sin estabilidad monetaria. Sin razonables impuestos a la exportación. Sin relaciones internacionales de jerarquía. Sin contactos con organismos mundiales de crédito. Sin parlamento autónomo. Sin justicia dispuesta a poner limites. Sin seguridad personal en la vía pública o en el hogar. Sin pudor en las licitaciones.
Durante estos años, el Estado argentino se ha ido convirtiendo en un verdadero Estado depredador, que es aquél donde sus gobernantes se dedican a preservar sus intereses particulares mediante el pillaje, el saqueo impositivo y la devastación de las instituciones, imponiendo su poder omnímodo con la complicidad del Congreso y la sumisión de la Justicia.
Con confiscaciones impositivas, exacciones injustas, presiones políticas de organismos reguladores y movilización de fuerzas de choque reclutadas en la clientela asistencial, nuestro Estado depredador ha dirigido la economía pensando sólo en el corto plazo. Su máximo umbral de horizonte se encuentra en la próxima elección. Hasta allí estiran sus enfoques, pero ni un metro más allá.
Esta parcial visión de la realidad sólo tiene en cuenta el aspecto político, ignorando todas las demás cuestiones por donde transcurre la vida real de las personas: los aspectos culturales, económicos, religiosos, científicos, tradicionales, familiares, emocionales y regionales que definen el estilo de vida elegido por los ciudadanos.
Antonio I. Margariti es economista y autor del libro “Impuestos y pobreza. Un cambio copernicano en el sistema impositivo para que todos podamos vivir dignamente”, editado por la Fundación Libertad de Rosario.
Este es un artículo publicado por Antonio Margariti en el sitio http://www.economiaparatodos.com.ar/
junio 23, 2008
La gente empieza a darse cuenta
junio 22, 2008
El 50 % de Cristina
Don Zoilo: ¡Sra Presidenta! ¿Qué la trae por la chacra? ¿Quiere un mate?
Presidenta: mire Don Zoilo, estuvimos pensando que el 50% de su chacra debe pasar a manos del pueblo.
Don Zoilo: ¿No le parece mucho eso Sra.?
Presidenta: estamos re-distribuyendo la riqueza, Don Zoilo, así que ya lo hemos decidido.
Don Zoilo: si Ud. lo dice Sra… Mire, aquí justito está la marca de la mitad, así que elija y quédese con la mejor parte…
Presidenta: bien Don Zoilo, veo que Ud. comprende las necesidades del pueblo.
Don Zoilo: Bueno Sra, haga suya la mitad que prefiera y listo, yo me tengo que ir a trabajar a la mitad que me queda.
Presidenta: ¿Sabe que pasa, Don Zoilo?… A nosotros -por ahora- nos interesa sólo la producción.
Don Zoilo: ¿Y qué quiere producir en su mitad Sra.?
Presidenta: quiero sembrar ese yuyo que me dijeron que crece solo y que llaman soja.
Don Zoilo: bueno Sra., como quiera, mande los tractores cuando le venga bien.
Presidenta: No Don Zoilo… ¿para qué? Utilice su tractor y listo.
Don Zoilo: Pero… ¿Me va a mandar el combustible Sra.?
Presidenta: No Don Zoilo… compre Ud. el combustible y listo.
Don Zoilo: Pero… ¿Y cuando me mandará el fertilizante, la semilla y el herbicida?
Presidenta: No Don Zoilo, vaya Ud. y compre esas cosas, y no me moleste más que tengo que ir de compras, ando corta de ropa y necesito algunas joyas.
Don Zoilo: ¡Presidenta! Disculpe que la llamo tan temprano, pero su mitad ya está lista para cosechar. Mande las cosechadoras cuando quiera.
Presidenta: No Don Zoilo, contrátelas Ud. nomás y coseche Ud mismo. No sea codicioso, que eso es un pecado capital. ¡Baje la soberbia Don Zoilo!
Fuente: http://coscorrones.wordpress.com
abril 25, 2008
¿Cuál será el próximo impuesto?
El estado no cesa de crecer y entrometerse cada vez más en nuestras vidas, creando programas, empresas o regulaciones que no son realmente necesarios.
En este vídeo, vemos los que nos puede suceder con tantos y cada vez más impuestos que pagar.
agosto 29, 2007
LOS IMPUESTOS Y LA LIBERTAD
La libertad no es compatible con los impuestos. A pesar de la conocida frase de Oliver Wendel Holmes, "los impuestos son los precios que pagamos por la civilización", la realidad es que se trata de una manera muy poco civilizada de obtener fondos.
Piénselo. Usted comienza a trabajar en una empresa donde le dicen que va a ganar tanto, pero el sueldo que recibe es bastante menos de lo que le ofrecieron. ¿Por qué? Porque una buena parte no se lo dan a Usted, que se lo ganó trabajando, sino a otra gente. ¿Por qué? Porque si la empresa no lo hace así es acusada de cometer un delito y llegará la policía.
¿No es eso exactamente lo que sucede cuando la mafia extorsiona a la gente? Sí, incluso si parte de los fondos extorsionados son utilizados en algo que los beneficie, por lo que los extorsionados no protestan. Pero lo inaceptable de la extorsión es la manera de obtener el dinero: a través de la coerción.
A menudo se menciona a Robin Hood para justificar los impuestos. ¿Acaso él no robaba a los ricos para dárselo a los pobres? En realidad Robin Hood hacía todo lo contrario: le robaba a quienes le habían robado a los pobres y le devolvía el dinero a sus verdaderos dueños. En aquellos tiempos, los reyes y sus compinches de la nobleza extorsionaban al pueblo y lo disfrazaban alegando falsamente que todo le pertenece al rey y a sus compinches.
Nuestras guerras de independencia acabaron con esos fraudes, mostrando que los reyes violaban los derechos naturales de la gente. Pero debido a la idea que nuestros derechos tienen que ser defendidos por alguien, los impuestos siguieron existiendo en las nuevas repúblicas.
Originalmente los fondos requeridos por el gobierno eran moderados, pero cuando se trata de entre 25% y 70% de nuestros ingresos se trata de un asalto a mano armada.
Una excusa inaceptable es que los impuestos en otros países son aún más altos, incluyendo casi toda Europa occidental. La realidad es que los impuestos son una extorsión, un método bárbaro y una violenta violación de la libertad humana.
Autor: Tibor R Machan
Tibor R. Machan es un académico investigador de la Hoover Institution, profesor de la Escuela Agyros de Negocios de la Universidad Chapman, y académico asociado del Cato Institute
Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE) www.aipenet.net
julio 01, 2007
Pobreza Cero
Entre las medidas de este proyecto contra la pobreza mundial se encuentran el incremento de los fondos de desarrollo hasta el archiconocido 0,7% del PIB, un impuesto a las transacciones financieras internacionales (Tasa Tobin), la condonación de la deuda del Tercer Mundo y el cese de las peticiones de reformas estructurales "que impiden a los países pobres ejercer el derecho a decidir sobre sus prioridades y políticas de desarrollo". Al parecer, estas propuestas buscan avanzar en el plan liderado por Naciones Unidas de reducir la pobreza mundial "por debajo del 15% para el 2015". Sin embargo, de acuerdo con Johan Norberg, esta meta ya se ha alcanzado, incluso superado. Según el autor de En defensa del capitalismo global, "la pobreza absoluta ha caído de un nivel del 44 por ciento en 1980 a un 13 por ciento en el 2000", y "800 millones de personas han salido de la miseria absoluta en 20 años". Entonces, si el programa ha sido alcanzado, ¿por qué resulta necesario presionar a los políticos y arrancarles medidas urgentes? Probablemente los datos reales no merezcan ser tenidos en cuenta porque la arrogancia eleva al progre sobre el mundo. Es tal su compromiso "social" (sic) que repudia la realidad en su totalidad. Nada está bien, luego todo tiene que cambiar hasta que lo existente sea una réplica exacta del ideal que adoran. Semejante prepotencia sólo puede conducir al más estrepitoso de los fracasos. Uno de los casos más conocidos es el del comercio internacional. Según la izquierda, la globalización es injusta porque no se rige por "unas reglas justas que [garanticen] un reparto justo y equitativo de sus beneficios". Evidentemente, lo único que consiguen al frenar el avance del libre mercado es empobrecer aún más a los más necesitados. Bajo un humanitarismo intachable y unas propuestas solidarias late la vieja doctrina marxista de la explotación: los ricos son ricos porque los pobres son pobres. Esta teoría permite explicar todo cuanto sucede en el mundo y, por supuesto, darles el poder en cuanto lo reclaman. Desde las guerras hasta las catástrofes naturales, cualquier hecho tiene una causa que, en último término, se llama capitalismo, carente de todo recurso para defenderse. De ahí que toda reducción del intervencionismo resulte, a su juicio, errónea, dado que relacionan incremento de pobreza con reducción del proteccionismo. Analizando este documento de la Alianza Española Contra la Pobreza podemos encontrar esta tesis cuando exigen "el fin inmediato de cualquier presión a los países empobrecidos dirigida a reducir sus aranceles de importación y de la desprotección de sus servicios frente a la inversión extranjera". En ambos casos consideran que la liberalización es causante de "un crecimiento notable de la pobreza". Sin embargo, a nadie se le escapa que, cuando se rompen las cadenas que atan a los seres humanos y se les deja libres, la creatividad se incrementa exponencialmente. Al mismo tiempo, como ha advertido Cristina Losada, los antiglobalización sostienen otra de las falacias más letales para el desarrollo, a saber, que "la pobreza se combate con ayudas a los gobiernos". Eso sí, son incapaces de apreciar que "la corrupción de los gobiernos africanos les cuesta a sus países la mitad del monto de su deuda externa". ¿Por qué se desenfocan las causas de la pobreza y se ignoran las vías para erradicarla? En este sentido, no se ha apreciado autocrítica por parte de los colectivos de ONG, quizás porque tienen que lanzar mensajes apocalípticos para seguir recabando fondos. Una periodista keniata coincidía con dicha opinión al afirmar: "Estas organizaciones nunca mostrarán a la gente que está trabajando duramente en África, esto no son buenas noticias. Sólo interesan las imágenes angustiosas para conseguir que se done dinero. Al mismo tiempo que exponen una imagen de sufrimiento, te dirán: 'Por dos dólares al día puedes salvar a esta persona durante este período de tiempo'". Probablemente esto explique su silencio ante las escandalosas sumas que atesoran en paraísos fiscales, entre otros, Sadam Hussein o Fidel Castro. En un interesante documental se han tomado la molestia de averiguar lo que piden los pobres, y han llegado a la conclusión de que los africanos sólo reclaman más libertad empresarial y menos trabas para trabajar o abrir sus propios negocios. ¿Será acaso porque no creen en que la demagogia les dé de comer? En lugar de la condonación de la deuda, lo que continentes como África precisan es que no se les dé más ayuda al desarrollo. No sólo es inmoral, ya que los estados gastan de forma irresponsable el dinero de los ciudadanos, además crea dependencia: el país receptor de fondos decide no cambiar las cosas para que todo siga igual y el dinero siga entrando. Atendamos a la keniata June Arunga: "La ayuda que ha recibido África durante demasiado tiempo representa más del 50% de su PIB. No ha habido una correlación positiva entre la ayuda externa y el desarrollo. La mayoría de los países que han recibido esta ayuda no han experimentado ningún tipo de crecimiento o incluso han padecido una reducción de su PIB". A pesar del falaz tercermundismo, los anticapitalistas de Pobreza Cero han recibido el apoyo de los intelectuales de salón. Luis García Montero ha pedido públicamente el apoyo para este proyecto, "porque es el único camino para que la humanidad apruebe sus asignaturas más importantes". Por su parte, Javier Marías ha comentado que es un "trabajo de locos" pero imprescindible. "Si nadie lo hace, el mundo será aún más loco". Dando cuenta de lo reseñado, la terca obstinación de la izquierda es tal que jamás reconocerá algo tan simple como que la defensa de la propiedad privada y de un orden legal que garantice la seguridad jurídica son los medios más eficaces para luchar contra la pobreza. En el fondo, cualquier país puede imitar a Taiwán o a Singapur y dejar la miseria a un lado. Lo único que se precisa es que los bienhechores voluntarios dejen de organizar conciertos y pedir más dinero para los tiranos e incompetentes gobernantes del Tercer Mundo. Máxime cuando, como dijo P. J. O'Rourke, "dar dinero y poder a un Gobierno es como dar las llaves del coche y una botella de whisky a unos adolescentes". Si semejante idea jamás se nos pasaría por la cabeza, ¿por qué seguir concediendo cheques en blanco a los estados del Tercer Mundo?
mayo 12, 2007
Se perdío la vergüenza
El análisis aislado de las variables económicas pierde relevancia cuando los actores de la escena política despliegan conductas fraudulentas, corruptas y deshonrosas.
Desde hace un tiempo –que no podríamos decir cuánto- los ciudadanos de este maravilloso país estamos siendo deslumbrados por una especie de sucesivos destellos luminosos, como si miles de cámaras fotográficas estuviesen disparando sus fogonazos de flashes electrónicos sobre nuestra cara.
Es interesante reseñar varios de esos resplandores:
- Por una revuelta de los docentes, el presidente no puede regresar a su casa particular en Río Gallegos.
Son demasiado graves y sucesivas estas cosas como para no mostrar una gran perplejidad, sentir desasosiego y predisponerse a unificarlas en un juicio lapidario: ¡han perdido la vergüenza!
Efectivamente, tales cuestiones son tan inverosímiles y deplorables, que sus autores y cronistas parecieran querer convencernos de que desde el ámbito oficial se puede ofrecer un espectáculo humillante y deshonroso sin sentir vergüenza.
La vergüenza no es un demérito. Por el contrario, es un sentimiento de pundonor y de estimación de la propia honra y dignidad, que redime a quien se siente avergonzado.
Los datos económicos como añadidura
En este contexto, ponerse a analizar las cifras del INDEC o razonar sobre los valores añadidos de la economía nacional, sin tener en cuenta la conducta que muestran los actores de la escena política, parece un acto de angelical candor. Porque los números no son lo principal de la economía, sino una añadidura.
Tan sólo constituyen una manifestación fenomenológica que indica los resultados de las transacciones, pero nunca explica las causas.
Analizar las cifras de recaudaciones fiscales, los valores agregados por distintos sectores, el índice de la construcción o de la producción industrial, los saldos del comercio exterior, el crecimiento del producto interno, los pronósticos sobre el pleno empleo y todas las correlaciones estadísticas que se nos puedan ocurrir puede ser un esfuerzo estéril que a nada conduce.
Los números, las cifras y los datos no son entes autónomos con vida propia, sino el resultado de la acción humana decidida por individuos que gozan del libre albedrío y que pueden comportarse de manera muy distinta: con respeto o grosería, de manera honesta o de modo indecoroso, diciendo la verdad o mintiendo, cumpliendo los contratos o delinquiendo.
Sin lugar a dudas, no es lo mismo ni arroja idénticos resultados participar de una economía que se desenvuelve con individuos tramposos que no cumplen con la palabra empeñada, que intervenir en otra economía integrada por personas decentes que se abstienen de engañar al prójimo y honran sus compromisos.
La evidencia nos señala que los peores vicios comienzan a tener vigencia cuando un número significativo de individuos de toda la escala social tienen el mismo común comportamiento y han perdido la vergüenza. La sabiduría tradicional
Para saber qué nos está pasando, el diagnóstico económico necesita recurrir a la sabiduría tradicional, aquella que ponía en primer lugar los aspectos esenciales de la acción humana: el valor de la conciencia, el remordimiento, la obligación, el sentido de responsabilidad y el sentimiento de culpa. Si no se tienen en cuenta estos cinco componentes de la intuición racional, todo afán científico y técnico para sostener el crecimiento económico, reformar la política y restaurar las instituciones, será en vano.
Alguna vez habría que volver a pensar el significado del tradicional juramento que los altos mandatarios formulan en el acto más solemne de su vida. Allí, con la mano extendida sobre los libros sagrados, dicen: “Juro por Dios nuestro Señor y estos santos Evangelios, cumplir y hacer cumplir la Constitución. Si así no lo hiciere, que Dios y la Patria me lo demanden”.
Dios y la Patria les demandan por medio de la conciencia.
Y, ¿qué es la conciencia?
Todos sabemos que la conciencia nos dice lo que es justo o injusto, lo que es bueno o malo, y nos estimula a obrar con justicia, hacer el bien y evitar el mal.
Cuando hablamos de ella pensamos que es una voz interior que nos juzga sin atenuantes, porque es un juez severo e insobornable que avisa, persuade, urge, ordena y prohíbe. La voz de la conciencia es un impulso para ser mejores. Por eso, sólo los seres humanos la tienen, mientras los animales carecen de ella.
Por experiencia propia sabemos que la conciencia ejerce un poderoso dominio sobre nuestros sentimientos íntimos.
Cuando un funcionario toma una decisión fraudulenta, violentando su propia conciencia, inexorablemente sufre una conmoción sentimental que se manifestará tarde o temprano, porque ha hecho algo indebido, venciendo la resistencia que le impone el cumplimiento del deber.
Aquellos que astutamente han armado el tinglado de la corrupción para beneficiarse con el dinero público terminarán teniendo un reproche interior que les señalará la repugnancia de su conducta, lo nauseabundo de sus deslealtades y el vacío de una vida interior que ha incumplido con su deber moral. A lo mejor tienen una conciencia perturbada, que pueden acallar yenmudecer, lo cual les permitirá tener estímulos morbosos para acumular dinero exigiendo sobornos, para cobrar sobreprecios adulterando los costos de las licitaciones o para desviar fondos aplicándolos a destinos indecentes. En estos casos, su conciencia estará encallecida por la reiteración de sus infamias y mala conducta.
Inevitablemente, sin embargo, llegará el día en que aparecerá el remordimiento, que es la exteriorización de una conciencia interior que los condena. La conciencia de aquellos que ahora no tienen vergüenza, actúa como un juez implacable que no se puede corromper ni se puede comprar con todo el oro del mundo. Es un juez que formula su dictamen antes, durante o mucho tiempo después de ejecutar los actos de corrupción.
Ciertamente, nuestros políticos podrán silenciar –por un tiempo– la voz de la conciencia y temporalmente podrán conseguir algunos éxitos, pero a la larga terminarán por oír el juicio interior que los condena.
En estos casos, el reproche y el remordimiento se convierten en un sentimiento de culpa y la conciencia se transforma en verdugo de uno mismo.
Cuando termine el festín de la corrupción, cualquiera haya sido la jerarquía del cargo que ocupen o la importancia de los recursos mal habidos, todos tendrán que rendir inevitablemente cuenta de su vida y este sentimiento a veces les acompañará como una sombra inseparable hasta la tumba y, otras, les impedirá alcanzar la felicidad que desean lograr y que no es otra cosa que el pensamiento de supervivencia después de la muerte.
Ése es el momento en que Dios y la Patria se lo demandarán. ©
Antonio Margariti es economista y autor del libro “Impuestos y pobreza. Un cambio copernicano en el sistema impositivo para que todos podamos vivir dignamente”, editado por la Fundación Libertad de Rosario.
Fuente: www.economiaparatodos.com.ar



