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febrero 01, 2009

Israel, judío entre las naciones.



Si se le preguntase a una persona cualquiera que se declare anti judía porqué odia a los judíos y a Israel seguramente no sabrá que responder. Dirán algo como que son unos hijos de p…, que son cerdos, que son unos degenerados, pero no sabrán dar ni un solo ejemplo acerca de esos supuestos defectos por lo que no pueden ser ni perdonados ni aceptados.

Hace algunos días he estado escribiendo breves comentarios en diferentes sitios de internet y en todos ellos he obtenido insultos en lugar de respuestas. Y eso explica como la opinión individual de mucha gente no existe, sino que es la repetición de un eslogan propagandístico o de una malsana formación religiosa de sus padres. La preocupación por aparentar ser una buena persona, incita a mucha gente a unirse a movimientos pacifistas, aunque la paz sea una extorsión, un chantaje inaceptable. A cualquier individuo le gusta la paz, pero la paz a cambio de la injusticia y la deshonra no es una opción válida.

La religión católica ha fomentado el odio a los judíos aunque no lo admitan jamás, lo se porque me consta, soy hijo de padres católicos y criado en una comunidad católica, donde todo el que fuere católico era un buen hombre y si era judío o incluso evangelista se trataba de una mala persona de quien era prudente estar lejos.


En estos días en que el conflicto está más vivo que nunca en la zona de Palestina, muchos pacifistas se les han caído las caretas con las cuales se quieren parecer gente preocupada por los derechos humanos, pero solamente los derechos del bando de ellos, no de los judíos del lado de Israel. Para los judíos no hay derechos de ninguna clase según ellos, son cerdos y monos que pueden ser sacrificados.

Pero, para apoyar lo que digo, pego debajo estas líneas, este claro y contundente artículo escrito por Marcos Aguinis y publicado en el diario La Nación de la ciudad de Buenos Aires el 23 de enero del 2008.



Israel, judío entre las naciones


Por Marcos Aguinis
Para LA NACION

Aunque no es una definición original, se la debería tener en cuenta. Israel ahora condensa el milenario odio hacia los judíos y es tratado con el mismo consciente o inconsciente prejuicio. Siempre es el culpable. Haga lo que haga, siempre está mal, excepto cuando contribuye a su autodestrucción. Se desconocen sus virtudes, se exageran sus defectos.

El odio a los judíos empezó hace más de 2000 años, antes aún de Cristo. Prevalecen las teorías que lo atribuyen a la tenacidad con la que se aferraban a un Dios único y abstracto que, además, era ético. Gracias a Pablo, el apóstol de los gentiles, se expandió con fuerza el cristianismo que, durante sus primeros veinte años, no se alejaba de las sinagogas. Siglos más adelante, por la excepcional inspiración de Mahoma -articulada a los textos del viejo Israel-, nació el islam. Pero ambos descendientes tendieron al parricidio.

Para los cristianos, la llegada de Jesús significaba el fin de la función "placentaria" de Israel: después de Cristo su supervivencia era vista como impugnadora, anormal. Para los musulmanes, al no aceptar los judíos a Mahoma como el último de los profetas, revelaban haber modificado sus propios textos, donde habría sido anunciado; una redonda e imperdonable perversidad.

No obstante, tanto unos como otros fueron ambivalentes. Para los cristianos, Dios no quiere la desaparición de los judíos, porque terminarán convirtiéndose a la nueva religión y serán la corona del plan celestial. Para los musulmanes son el Pueblo del Libro, junto con los cristianos, y merecen un status superior al de los politeístas. Por eso en ambas jurisdicciones hubo períodos de fértil convivencia y períodos de sanguinaria persecución.

Los judíos conforman la comunidad humana que ha padecido el maltrato más obstinado de la historia. Fueron convertidos en el chivo expiatorio de todos los males, por absurdas que fueran las acusaciones. Por ejemplo, durante la "peste negra" que asoló Europa, se les atribuyó haber envenenado los pozos de agua y las turbas se dedicaron a incrementar el número de muertos judíos. Tuvo que intervenir el Papa para frenar tamaña locura. Siglos antes se había inventado el baldón del "crimen ritual": los judíos extraían la sangre de niños cristianos para amasar el pan de su Pascua (¡!).

Este vampirismo (no olvidar el ejemplo de Shylock; y que hasta el Concilio Vaticano II los judíos eran "deicidas", peor imposible), permaneció ajeno a la tradición musulmana. Ahora el mundo musulmán ha sido colonizado por la vasta producción antisemita occidental, incluido el "crimen ritual" que genera terror.

En Egipto, país que ha firmado la paz con Israel y debería contribuir a desalentar el odio, tuvo gran éxito una serie de TV donde se mostraba cómo los judíos degüellan niños árabes sobre una palangana para llenarla con su sangre y luego amasar el pan de la Pascua. No hubo condena de ningún organismo internacional a tamaña usina de odio. La dolida queja de Israel fue contestada con esta frase: "En Egipto hay libertad de expresión".

Predicadores, políticos e intelectuales tienden ahora, como en la década de 1930, a incentivar el antisemitismo "demostrando" que el sufrimiento de los judíos, en vez de provocarnos solidaridad, debería hacernos comprender su maldad incurable. Son auténticos verdugos, criminales. Ya no queda bien calificarlos de "raza inferior", por supuesto. Los racistas son ahora los judíos. Racistas, nazis, asesinos de niños, lo peor. En la Carta del Hamás, por ejemplo, se los identifica según el libelo fraguado por la policía zarista en Los protocolos de los sabios de Sión : provocaron todos los males del mundo para dominarlo, incluida la Revolución Francesa, la Primera y Segunda Guerraa Mundial, la Revolución Rusa y otras calamidades por el estilo.

Recordemos que las grandes matanzas comenzaron por una intensa descalificación. Luego resulta fácil avanzar. El Holocausto no hubiera sido posible sin las centurias previas, donde el judío era asociado con ratas y cucarachas. Las "leyes raciales" que lanzó Hitler durante años deshumanizaron a los judíos hasta que en muchas partes del mundo se considerara su eliminación como un acto de higiene.

El Estado de Israel es descalificado de la misma forma. Se lo acusa con una tirria que no se aplica a otras naciones. En especial sobresale la izquierda fascista, que ha traicionado sus ideales de origen y ahora se asocia con dictaduras y teocracias. Si Irán, junto con las organizaciones terroristas que apoya, lograse su objetivo de borrar a Israel del mapa, no se derramarán muchas lágrimas, porque el mundo se está convenciendo de su malignidad innata. Terminado el Holocausto, tampoco se derramaron demasiadas lágrimas: los puertos del mundo se cerraron para los supervivientes, incluso los de América latina y los Estados Unidos. Un año después de terminada la guerra hubo otro progrom en Polonia.

El Estado de Israel no fue un regalo por causa del Holocausto, sino que consiguió su independencia luchando contra la más poderosa potencia colonial de entonces, que era Gran Bretaña. Los foros internacionales sólo le fueron favorables en noviembre de 1947, cuando las Naciones Unidas votaron por más de dos tercios la partición de Palestina en un Estado árabe y otro judío. Al Estado judío no se le otorgaba casi ningún sitio bíblico de significación, ni siquiera Jerusalén, cuya mayoría de habitantes era judía. Para "compensar", le adjudicaron el vasto desierto del Neguev. Los judíos aceptaron felices. Los estados árabes, en cambio, juraron violar esa resolución y arrojarlos al mar. Ni mencionaron independizar un Estado palestino. Tampoco lo crearon durante los 19 años en que ocuparon la Franja de Gaza y toda Cisjordania.

En 1967, Egipto bloqueó el Canal de Suez para el comercio con Israel y le cerró su salida por el golfo de Akaba. Manifestó que anhelaba borrarlo del mapa (como ahora Irán) y exigió el retiro del colchón de la ONU para terminar con la "entidad sionista". ¿Qué hicieron las Naciones Unidas? Retiraron el colchón, por supuesto, y dieron luz verde al exterminio. Pero el resultado no fue el que se esperaba.

Terminada la Guerra de los Seis Días, Israel ofreció la paz a cambio de la devolución de territorios conquistados. La Liga Arabe se reunió entonces en Khartun y emitió los famosos "Tres No": no negociar con Israel, no reconocer a Israel, no firmar la paz con Israel. ¿Hubo una indignada reacción a semejante hostilidad? Ninguna.

Sólo después de la Guerra de Iom Kipur el presidente Anwar El Sadat entendió que era imposible destruirlo y manifestó su propósito de acabar con la guerra. Entonces, el más duro de los israelíes, que era Menajem Beguin, le devolvió hasta el último grano de arena del Sinaí, territorio tres veces más extenso que todo Israel. No sólo eso: le entregó pozos de petróleo, aeropuertos, carreteras y hasta los centros turísticos más sofisticados que ahora posee Egipto, construidos por el mismo Israel. Como añadido, evacuó la ciudad de Yamit, al sudoeste de Gaza que, de haber existido aún, hubiese dificultado el contrabando de millares de misiles en los que gastaron ríos de dinero los actuales señores de esa Franja.

Después de ceder el Sinaí, Israel siguió siendo acusado de "expansionista". Es el judío, el maligno. Tampoco ayudó a la paz que evacuase por completo la Franja de Gaza sin pedir nada a cambio. Y la esperanza de que cesara el lanzamiento de misiles contra las poblaciones del sur. La Franja se convirtió en un territorio Judenrein. ¿Qué hicieron los líderes de Hamás con las 20 colonias paradisíacas que les dejaban los pioneros israelíes, llenas de flores, árboles, invernaderos, centros sanitarios, granjas, escuelas y hasta fábricas? ¡Las destruyeron, quemaron y convirtieron en escombros! ¿Fue condenada esa depredación irracional? No.

¿Se mencionan otros responsables, además de Israel, por los sufrimientos del pueblo palestino? El ejército jordano asesinó millares en el Septiembre Negro de 1971. Siria mató más palestinos que Israel, según dijo el mismo Yasser Arafat. Hamás ejecutó 370 palestinos cuando se adueñó de la Franja de Gaza y luego impidió la peregrinación a La Meca de los musulmanes que no respondían a sus mandatos.

Cierro con pena. Los terroristas están ganando la campaña que enciende el odio en vez de conducir a la moderación, el diálogo y la paz. Para ellos es mejor que muera un palestino a que muera un israelí, por eso los usan de escudos humanos. Cuando muere un israelí la prensa calla. Cuando muere un palestino brota lava ardiente.
Mientras más palestinos sufran y mueran, más grande será la lástima. Pero esa lástima no aporta paz ni progreso.

Israel, judío entre las naciones, imperfecto como toda construcción humana, deberá seguir tolerando la doble vara con que se miden sus acciones. Es ineluctable. Pese a ello, sólo le queda reforzar lo que fortifica una buena relación con los sectores pacifistas y racionales del mundo árabe. Ya ha realizado mucho y bueno en varios campos, aunque de eso no se habla. Tiene que hacer más. Allí reside su condena o su gloria.



Vinculo al diario


Israel, judío entre las naciones

Marcos Aguinis





lanacion.com Opinión Viernes 23 de enero de 2009








http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1092507

octubre 19, 2007

Recordando a Sophie Scholl

Una joven heroína en la lucha contra el nazismo.


Fuente: Diario de América

julio 29, 2007

Persuación vs coerción


Por Gabriela Calderón
Fuente: Fundación Libertad - Panama


“Jamás podremos estar seguros de que la opinión que intentamos ahogar sea falsa, y estándolo, ahogarla no dejaría de ser un mal”. John Stuart Mill,

“Jamás podremos estar seguros de que la opinión que intentamos ahogar sea falsa, y estándolo, ahogarla no dejaría de ser un mal”. John Stuart Mill, 1859.
Washington (AIPE)- El presidente Correa dice ser un fiel creyente en la libertad de expresión. Seguramente por eso cuando el Diario La Hora lo acusó de algo que él considera falso, su primera reacción fue demandar una disculpa y amenazar con tomar acción legal en contra de ese periódico. Dice creer en la democracia, pero para tomar esa acción legal decidió invocar una ley creada durante la dictadura militar. Luego, por si le quedaba alguna duda a alguien de que el mandatario cree en la libertad de prensa, ordenó que se retirara de un foro de prensa al Sr. Palacio de El Universo y al Sr. Jijón de la televisora Ecuavisa lo insultó solapadamente: no salió de su boca, pero hizo que los estudiantes en la audiencia vocalizaran el vulgar insulto. ¿Ya se confundió?
En los últimos meses, muchos han acusado al gobierno ecuatoriano de tendencia autoritaria. En lugar de responder a las críticas, el gobierno parece querer validar esas acusaciones. Algo similar ocurrió en Egipto a principios de este año cuando el joven Kareem acusó en su blog de dictador al presidente Mubarak. Acto seguido, Mubarak enjuició a Kareem por “insultar al presidente” y las autoridades lo condenaron a un año en la cárcel por ese “delito”. ¿Acaso no se dan cuenta Mubarak y Correa que con sus actos están meramente validando las acusaciones de sus críticos? ¿No sería mejor tratar de persuadirlos en lugar de encarcelarlos o demandarlos?
En una sociedad libre, la balanza siempre debe favorecer a la libertad. Ante la duda, siempre es mejor dejar libre a un culpable que encarcelar a un inocente. De igual manera, ante la duda, siempre es mejor permitir una opinión falsa que correr el riesgo de reprimir una verdadera. Como decía J.S. Mill, nunca podríamos tener 100% la certeza de que una opinión es falsa. Ante ese dilema, ¿cuál debería ser la reacción del gobierno que preside una sociedad libre? ¿Se debería castigar o “ahogar” la opinión de La Hora a pesar de que no hay manera de comprobar sin margen de error que era falsa? Mill diría que no.
El presidente debe reconsiderar su relación con los medios. Reaccionar con intentos de silenciar a los que antes expresaron su discrepancia con la opinión suya solo lo hace quedar como intolerante, aunque seguramente no pretende dar la razón a sus críticos con sus actos.
Si el gobierno ecuatoriano cree en la libertad de expresión, debería utilizarla para persuadir al pueblo de su visión. No coartarla para silenciar a quienes discrepan, aun cuando ellos se valgan de mentiras o malos modos. Como primer mandatario debe tener la humildad de reconocer que a él le corresponde persuadir y desmentir, no amenazar. Al final del día, los argumentos sólidos tienen más peso que un puño.
En Venezuela, el presidente Hugo Chávez acaba de clausurar a una de las voces de oposición que quedaban en la sociedad venezolana, RCTV. En una carta dirigida a Chávez, el director general de RCTV, Marcel Granier, dijo “Un buen estadista sabe que la verdadera fuerza no reside en aplastar al adversario, ni en ocultar las verdades o silenciar a los críticos. La verdadera fuerza descansa en la conciliación, en el pluralismo y la tolerancia”.

La autora es editora de ElCato.org (www.elcato.org), Cato Institute.
Fuente: www.aipenet.com