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mayo 12, 2007

El Estado benefactor en Suecia.


Por Alberto Benegas Lynch (h)

Conviene insistir en que la caridad y la beneficencia significan la entrega voluntaria de recursos propios a otros. Por esto es que “estado benefactor” constituye una contradicción en términos y la absurda pretensión de degradar un concepto de tanta trascendencia como la filantropía.Suecia ha sido considerada como el caso en el que el “estado benefactor” ha tenido éxito y, por tanto, se dice que allí ha triunfado la economía mixta: el funcionamiento en forma conjunta del intervencionismo gubernamental y el mercado. Sin embargo, esta visión es incorrecta.
La dupla Gunnar y Alva Myrdal ha sido probablemente la mayor instigación, el incentivo mayor y el apoyo más vigoroso para el socialismo en Suecia y, por tanto, de la estatización de la economía. Como suele ocurrir en estos casos en donde “la preferencia revelada” muestra otros vericuetos, Gunnar Myrdal, quien, entre otras cosas, patrocinaba la socialización de la medicina, murió en 1987 en un sanatorio privado de Estocolmo. La tan mentada socialización de la medicina ha creado graves problemas en la salud de la población, especialmente la más necesitada que se ve forzada a financiar estructuras burocráticas que no responden a los más elementales niveles de exigencia médica. Quienes obtienen ingresos más altos se atienden en el sistema privado sueco o lo hacen en el extranjero. La medicina “gratuita” constituye una ilusión óptica en la que largas filas para ser atendidos hacen que muchas situaciones se tornen irreversibles antes de que el médico pueda atender el caso.
Como señala Eric Brodin, en Suecia el 60% del salario de un obrero industrial se le retiene compulsivamente. El impuesto al valor agregado es el más alto del mundo (23%) y la progresividad en el impuesto bloquea la movilidad social, al tiempo que, al afectar las tasas de capitalización, hace que los salarios e ingresos en términos reales disminuyan. Como también apunta Brodin en un meduloso trabajo publicado en “The Freeman”, la economía subterránea se hace cada vez más vigorosa y necesaria debido a los embates fiscales a la producción. Como consecuencia de la muy nutrida legislación laboral, el ausentismo se ubica, en promedio, en el 20% y los costos laborales son consecuentemente muy altos. Una tercera parte de la fuerza laboral sueca trabaja para el estado, lo cual contribuye a que el 64% del producto bruto nacional sea consumido en gastos que alimentan la máquina burocrática. Como otra tercera parte está formada por jubilados, la producción resulta una pesada carga sobre el resto de la población que está permanentemente acosado por el estado. El déficit fiscal está fuera de control desde hace años y el desempleo, como escribe Sven Rydenfelt, es desde hace décadas el 15%, lo cual contrasta con las mentirosas estadísticas oficiales. El propio Cut Nycolyn, presidente de la Asociación de Empleadores de Suecia ha dicho que “ya es hora de que comprendamos que todo nuestro sistema está severamente amenazado”. Un ex sindicalista se ha referido a los atropellos que ocurren en el sistema imperante de agremiación forzosa.
Los padres que pueden afrontar los costos, envían a sus hijos a estudiar al exterior debido a la carga de resentimiento y los desvalores que se transmiten en el sistema educativo sueco, todo lo cual fue inaugurado por Olof Palme en los años 60.
El marco institucional es decadente debido a la atrabiliaria concepción de que una ley puede promulgarse con cualquier contenido y operar en cualquier sentido sin basarse en elementales nociones del estado de derecho, lo cual hace que se desarrollen sistemas paralelos que, en gran medida, permiten que la gente sobreviva.
El Reverendo Dr. Paul Marx ha señalado las gravísimas consecuencias que produce la legislación sueca sobre la familia debido a la permanente intromisión gubernamental. Es, además, el país donde hay mayor índice de suicidios, abortos y drogadicción de Europa. La consecuencia de todo ello puede también verse en la configuración de la población sueca en la que se observan caídas drásticas en la tasa de nacimientos, la fuga de matrimonios jóvenes hacia otros países y por ello se ha convertido en el país que tiene, en promedio, la población de edad más avanzada del mundo.
___* Vicepresidente-Investigador Senior de la Fundación Friedrich A. von Hayek de Argentina.
© www.aipenet.com

Suecia comienza a desarmar el Estado de Bienestar


Por Emilio Cárdenas


El nuevo gobierno de centro sueco se propone realizar una serie de reformas que incluyen la eliminación del impuesto a los bienes personales, la creación de incentivos tributarios que estimulen la inversión y la privatización de activos en manos del sector público.
“Admitámoslo, camaradas, la modernidad o la globalización no son un invento imperialista. Son realidades y está en nosotros transformarlas en oportunidades.”— Michelle Bachelet, presidenta de Chile, en su poco difundido discurso inaugural de la última reunión anual de la Internacional Socialista.
En septiembre del año pasado, una coalición de partidos políticos de centro derrotó al socialismo sueco y accedió al gobierno de su país con mayoría parlamentaria propia.
Cumpliendo con sus promesas electorales, el joven primer ministro, Fredrik Reinfeldt, de 42 años, puso rápidamente en marcha la estrategia para concretar algunas reformas que afectan a los cimientos mismos de la estructura socialista que Suecia fue edificando a lo largo de varias décadas.
A diferencia del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Felipe Solá, Reinfeldt acaba de anunciar que derogará el impuesto a los bienes personales, cuya tasa, en Suecia, es del 1,5% anual.
Para Solá, la reciente adopción del mismo tributo en la provincia que administra, que no existía hasta ahora, tiene un sentido simbólico: el de redistribuir la riqueza.
Para Reinfeldt, la derogación de ese impuesto tiene también un sentido simbólico, aunque muy distinto. Diametralmente opuesto. Pese a que, en términos de ingresos, el mencionado impuesto a la riqueza no es importante cuando se lo compara con otros tributos y a que sólo el 2,5% de los contribuyentes suecos lo pagan, la experiencia de Suecia sugiere que este tipo de impuesto ha provocado a lo largo de los años una distorsiva fuga de capitales y una dramática caída de la inversión en esa nación.
Para muchos, el impuesto a los bienes personales reduce los incentivos a la inversión, a punto tal que entre todos los miembros de la Unión Europea, en las cifras que miden el porcentaje de la actividad económica en manos nacionales, Suecia está ubicada en un lamentable 18° lugar. Esto es natural, porque —frente a un impuesto como el que ahora será abolido— los emprendedores prefieren que el capital sujeto al mismo, en lugar de aumentar, se reduzca, para bajar la carga fiscal.
Luego de abolir el impuesto a los bienes personales, con absoluta coherencia, el gobierno de Reinfeldt se propone también ofrecer a los inversores, particularmente a aquellos que pertenecen al universo de las pequeñas y medianas empresas, incentivos tributarios importantes, que estimulen la inversión. Reinfeldt y Solá pertenecen, obviamente, a universos intelectuales bien distintos.
En paralelo con lo antedicho, Reinfeldt anunció que en los próximos tres años privatizará buena parte de los activos que hoy están en manos del sector público, esfuerzo del que espera obtener unos 21.800 millones de dólares para el erario común. La privatización será abierta y todos los inversores extranjeros, cualquiera sea su origen, podrán participar en ella.
En la actualidad, el gobierno sueco participa en 57 empresas o grupos distintos, que hoy emplean a unas 200.000 personas. Esto que incluye el 19,5% de Nordea (el más grande banco regional), el 45,3% de TeliaSonera (la empresa telefónica local), el 6,7% de OMX (la operadora de la Bolsa local), el 21,4% de SAS (la aerolínea de bandera sueca), además de una participación en V&S (el fabricante de licores, entre los cuales está el conocido vodka Absolut). El gobierno tiene también participación en propiedades inmuebles y empresas farmacéuticas.
El calendario para las privatizaciones programadas todavía no se conoce, pero el gobierno está trabajando activamente en el respectivo programa, que pronto se dará a conocer.
La Suecia socialista parece así estar dando paso a lo que el primer ministro Reinfeldt llama “un país normal”. Nosotros, comparativamente, vamos camino a lo que Reinfeldt seguramente llamaría “un país anormal”, lo que es muy diferente.


Emilio J. Cárdenas se desempeñó como representante permanente de la Argentina ante la Organización de las Naciones Unidas.
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