Mostrando las entradas con la etiqueta Desarrollo Económico. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Desarrollo Económico. Mostrar todas las entradas

julio 26, 2007

Inversión y prosperidad


Por Porfirio Cristaldo Ayala




En la actualidad, los países no necesitan comenzar de cero a ahorrar, desarrollar tecnologías e invertir. Todo lo que precisan es crear las condiciones políticas y jurídicas de un mercado libre que incentive la llegada de capitales extranjeros.
El esfuerzo que realiza una familia durante largos años para alcanzar la prosperidad no es muy diferente al empeño que debe poner un país para crecer y desarrollarse. Los colonos recién establecidos trabajan de sol a sol cultivando, primero con caballos y luego con tractores y maquinarias que le permiten producir mucho más en menor tiempo. Para eso tienen que ahorrar, y se abstienen de consumir. El ahorro para la compra del caballo, el tractor y otros bienes es la inversión. Ni la familia ni el país progresa sin aumentar su capital. Este proceso requería antes el sacrificio de varias generaciones. Hoy puede lograrse en pocos años.

La clave del desarrollo y de la mejora de la calidad de vida es el ahorro. Se ahorra para más tarde invertir y poder consumir más. El ahorro que se invierte en la fabricación o adquisición de bienes de capital –herramientas, instalaciones– aumenta la capacidad de producir más bienes y servicios en menos tiempo; es decir, incrementa la productividad de la mano de obra. En relación con el caballo, el tractor mejora la producción quizás 20 veces, aumentando los ingresos en similar proporción.

Capital y trabajo no son factores opuestos o que estén en pugna permanente como denuncian los socialistas, sino que son factores que se complementan. El capital no es sino “trabajo almacenado” que surge del esfuerzo y del conocimiento humano sobre los recursos naturales. Por ejemplo, el capital invertido en una maquinaria aumenta la productividad del trabajador, lo cual hace posible los aumentos de salarios. El capital no desplaza al trabajador, sino que lo beneficia al darle mayor valor a su aporte.

En la medida que aumenta la tasa de capital, el salario tiende a incrementarse. Lo primero que suelen hacer los inversores es solicitar un crédito para comprar nuevas máquinas e instalaciones. La segunda inversión consiste en contratar el personal necesario para desarrollar sus negocios. La selección de estos empleados aumenta la demanda de trabajadores y tiende a incrementar los salarios medios vigentes en el país. Con cada nueva inversión, los salarios suben en todos los sectores.

En los países ricos y desarrollados, los salarios son mucho más elevados que en los países pobres y subdesarrollados. En estos últimos, los sueldos son más bajos debido a la falta de capital. Pero, a medida que la tasa tiende a subir, con la mayor acumulación de capital, el aumento del salario se limita solo por el incremento de la población y la oferta de trabajadores. Esto se evita incrementando la tasa de capital invertido más rápidamente que el crecimiento de la población.

Ni el gobierno ni los sindicatos pueden incrementar los salarios reales por encima de los valores establecidos por la tasa de capital. La única manera de aumentar los salarios y mejorar la calidad de la vida de la gente es tener más capital y poder disponer libremente del mismo en las decisiones empresariales. Para aumentar el empleo y los salarios es necesario aumentar las inversiones y el ahorro, y para aumentar las inversiones y el ahorro hay que eliminar la inflación, proteger los derechos de propiedad y garantizar la estabilidad política y jurídica.

El aumento del ahorro y las inversiones es un proceso largo y engorroso que a muchos países desarrollados les tomó más de 200 años. ¿En cuántos años lograrían nuestros países aumentar la inversión de capital por habitante a un nivel mínimo, capaz de incrementar radicalmente la productividad del trabajo, mejorar los salarios reales de la gente y sacar a nuestros pueblos del atraso y la miseria? La respuesta es sorprendente: en pocos años.

La explicación de ese milagro alcanzable está en la inversión extranjera. En la actualidad, los países no necesitan comenzar de cero a ahorrar, desarrollar tecnologías e invertir. Todo lo que precisan es crear las condiciones políticas y jurídicas de un mercado libre que incentive la llegada de capitales extranjeros. Los países que siguieron este camino hoy son desarrollados. Algunos lo lograron en 40 años y otros en poco más de una década. Varios países latinoamericanos avanzaban por ese camino, pero fueron desviados por el socialismo y el intervencionismo.
Fuente: AIPE

Porfirio Cristaldo Ayala es corresponsal de la agencia AIPE en Paraguay y presidente del Foro Libertario.

http://www.libertaddigital.com/opiniones/opinion_38152.html

junio 10, 2007

Los impuestos frenan inversiones y crean desempleo


Manuel F. Ayau Cordón*

Todos los que no practicamos la medicina admitimos ignorancia en la materia, pero cuando se trata de economía nadie admite ignorancia, aunque nunca hayan tomado el tiempo para estudiarla. Quizás se debe a que todos los días de la vida tomamos variadas decisiones económicas. Los hombres de negocios y muchos graduados en administración de empresas creen que por eso saben de economía, cuando en realidad los negocios y la economía son cosas muy distintas. Tanto es así que las mismas palabras como "capital", "costos" y "utilidad" tienen distintos significados en economía que en los negocios. Los banqueros saben de banca, pero no necesariamente conocen la teoría del dinero. Hasta los sacerdotes, estudiosos humanistas, de historia o psicología, pretenden saber de economía y opinan con autoridad. Otra diferencia es que quienes no han estudiado economía creen que es cuestión de opinión y que todas las opiniones son igualmente válidas. Esto se explica porque desde mediados del siglo XX las universidades abandonaron la rigurosidad intelectual y efectivamente han enseñado economía como si fuese una cuestión de opinión. No es sino hasta hace poco que se inició el retorno a la rigurosidad intelectual, en algunos centros de estudio primero y en otros después. A ese abandono de rigurosidad se debe tanta discrepancia entre escuelas de economía y que las discusiones económicas degeneren en actitudes ideológicas.
Como resultado de probar tantas fallidas recetas, en América Latina persiste tanta pobreza. La mayoría de esas recetas han sido adoptadas por consejo de importantes entidades extranjeras que desean ayudar. Pero es evidente que toda esa ayuda no ha servido de mucho y tenemos que concluir que no logran sus laudables objetivos. Probablemente no se hubieran seguido todos esos malos consejos si no vinieran acompañados de dinero.
Lo innegable y de sentido común es, primero, que se invertirán más capitales donde no se castiga su rendimiento y, segundo, que lo único que crea puestos de trabajo, productores de riqueza y de ingresos fiscales, es la demanda por mano de obra que ejercen las inversiones de capital, las cuales se efectúan para precisamente obtener un rendimiento.
Es una cruel ironía que el resultado de castigar a quienes invierten capital es el aumento de la pobreza.


___* Rector emeritus, Universidad Francisco Marroquín, Guatemala.
© http://www.aipenet.com/

Criminalidad y Desarrollo Económico


Por Gary S. Becker*

Aunque las estadísticas oficiales sobre crimen a menudo no son confiables, no hay duda que las tasas de criminalidad varían mucho entre diferentes países. Lo que más interesa es que los países pobres y aquellos que crecen más lentamente sufren de mayor criminalidad. Hay varias razones para ello, pero sí creo que la criminalidad contribuye a la pobreza y a un lento desarrollo.Las estadísticas claramente muestran que hay una relación negativa del crimen con los ingresos y el desarrollo. Por ejemplo, en el período 1998-2000, los países con las más altas tasas de asesinatos y secuestros incluían a Colombia, Jamaica, México, Sudáfrica, Rusia, Zimbabwe y otras naciones con poco crecimiento económico. Hay más criminalidad en una economía que le va mal porque los delitos aumentan cuando los salarios son bajos y el desempleo alto. La rentabilidad de la educación y demás capital humano suele ser baja en las economías estancadas, por lo que los jóvenes no terminan sus estudios y, por lo tanto, tienen más tiempo para dedicarse a robar o a vender drogas.
Aquí me concentraré en por qué las altas tasas de criminalidad también frenan el crecimiento económico y el progreso. Capté una de las razones hablando recientemente con un empresario en Ciudad de México, donde hay tasas muy altas de secuestros y robos. Me dijo que las esposas a menudo no quieren vivir en la capital mexicana por temor de lo que le puede suceder a los hijos. Por esa misma razón, muchos extranjeros con familia no aceptan ir a trabajar a países con alta criminalidad.
El crimen aumenta los costos de operación de las empresas. Para empezar, son altos los gastos en seguridad no solamente para los ejecutivos y empleados, sino también con respecto a las instalaciones, maquinarias e inventarios. Por ejemplo, los mexicanos, brasileños y sudafricanos ricos emplean a cientos de guardias de seguridad para proteger a sus familiares y ejecutivos. En parte, más gente va en su propio automóvil al trabajo y a las tiendas por temor a caminar y a usar el transporte público. Esto aumenta la congestión de las calles y autopistas, lo mismo que el costo y el tiempo del transporte diario de la casa al trabajo. Quienes caminan en ciudades como Caracas, Ciudad de México y Río de Janeiro dejan sus relojes y joyas en casa, como también se aseguran de tener poco dinero consigo.
Las altas tasas de criminalidad suelen ser el resultado de la corrupción de policías y jueces. Mucha gente deshonesta está dispuesta a ganar sueldos bajos como policías porque complementan sus ingresos con sobornos.
La corrupción entre quienes están supuestos a hacer cumplir las leyes promueve la corrupción en el cumplimiento de contratos y regulaciones, por lo que el soborno y las altas tasas de criminalidad tienden a crecer de manera paralela. Es cierto que la corrupción ayuda en los países con malas leyes, pero en general retarda el desarrollo porque desalienta las inversiones, ya que la rentabilidad suele decaer. Esto a menudo afecta especialmente a la inversión extranjera porque en esos países se suelen interpretar los contratos y las regulaciones a favor de los inversionistas nacionales y en contra de los extranjeros.
La producción y distribución de drogas también se dispara donde la policía y los jueces son corruptos. Y lo que es peor, los narcotraficantes entonces suelen dedicarse a comprar jueces y policías, por lo que el ambiente se deteriora progresivamente.
Por todas estas razones, a los países con altas tasas de criminalidad se les dificulta mucho el desarrollo económico.


___* Profesor de economía de la Universidad de Chicago y Premio Nobel.
© http://www.aipenet.com/