Por Juan Ramón Rallo
No es infrecuente escuchar estos días que la crisis económica actual viene a demostrar los fallos del libre mercado y del capitalismo especulativo. Sin embargo, muy pocos se plantean que los problemas actuales pueden estar causados por la corrupta y obscena organización del sistema monetario internacional, donde una serie de instituciones, los bancos centrales, emiten con carácter monopolístico un dinero que todos los ciudadanos tienen, quiéranlo o no, que aceptar.
Los bancos centrales son la punta del iceberg de un sistema financiero que, desde hace un siglo, viola sistemáticamente los más elementales principios de prudencia y diligencia. Las entidades de crédito han dejado de preocuparse por su solvencia y su liquidez e intentan suplir sus necesidades estructurales de fondos con los créditos que los bancos centrales van creando casi de la nada.
Nuestra organización monetaria tiene más puntos en común con el socialismo que con un auténtico sistema liberal; por tanto, la crisis económica que nos acecha es una crisis causada por el intervencionismo financiero.
A pesar de ello, existe una especie de adoración por los bancos centrales y sus dirigentes. En buena medida, los operadores del mercado tratan de encontrar en ellos la luz que les conduzca al final del túnel. Sin embargo, quienes están al frente de dichas entidades no son más que personas de carne y hueso, por lo general con unos conocimientos de economía bastante limitados e intereses personales ocultos.
Los últimos meses han servido para que algunos despierten de su letargo y constaten su inutilidad e impericia. Bastará con que nos refiramos a los tres casos más conocidos en nuestro país.
Bernanke: tipos cuesta abajo
Dicen que el actual presidente de la Reserva Federal tuvo que asistir a un cursillo acelerado en el mes de agosto para que le explicaran qué era eso de las "hipotecas subprime" y los "productos financieros estructurados".
Lo único que se le ha ocurrido a Bernanke ha sido recurrir a su famoso helicóptero: desde agosto ha bajado los tipos de interés en cuatro ocasiones, desde el 5,25 al 3,5%. Sin embargo, no parece que estas simplistas y contraproducentes medidas hayan remediado en nada la situación crítica de los mercados inmobiliario y financiero estadounidenses.
La venta de viviendas de segunda mano ha alcanzado su nivel más bajo en nueve años, y los precios están cayendo por primera vez en 40. Por si fuera poco, los resultados de los bancos en 2007 no han podido ser más lamentables: los beneficios de Citigroup cayeron un 83%, los de JP Morgan un 33 y los de Wachovia un 98 en el cuarto trimestre; y Merrill Lynch perdió 7.777 millones de dólares: el peor resultado de su historia.
La última rebaja de tipos, que Bernanke ejecutó por sorpresa el martes pasado, no tenía otra finalidad que servir de propaganda para la comunidad internacional. La Reserva Federal tenía programada una reunión para decidir la rebaja de los tipos una semana más tarde. ¿Alguien cree que recortar los tipos una semana antes o después marca la diferencia? No, el objetivo no era arreglar la economía, sino evitar que la crisis se manifestase tan claramente. En otras palabras: fue una decisión dirigida a calmar los ánimos de los especuladores bursátiles, para que detuvieran sus órdenes masivas de venta.
Pero los fundamentos de la economía siguen tan maltrechos como antes. Aun cuando Bernanke lograra restaurar la burbuja del mercado inmobiliario, sólo lo haría para generar una crisis aún mayor en el futuro. De momento, la bajada de tipos sólo se está traduciendo en una inflación cada vez más desbocada en las materias primas; o, dicho de otro modo, en unos resultados empresariales cada vez más ahogados por los costes.
Greenspan: esquizofrenia áurea
Para muchos, Alan Greenspan, antecesor de Bernanke al frente de la Fed, es el pope de la banca central, el artífice del crecimiento económico de EEUU durante la década de los 90. Para otros, en cambio, es un oportunista al que cabe culpar de la crisis actual.
En su juventud, Greenspan frecuentó el grupúsculo objetivista que rodeaba a la filósofa y novelista Ayn Rand. De hecho, llegó a publicar dos artículos en un libro editado por ésta: Capitalism, the Unknown Ideal. Uno de ellos se titulaba "Patrón oro y libertad económica", y en él decía cosas como ésta:
En ausencia de patrón oro no hay manera alguna de evitar que los ahorros se confisquen mediante la inflación. No hay un solo depósito de valor seguro (…) La política financiera del Estado del Bienestar requiere que los propietarios no puedan proteger su riqueza. Éste es el mezquino secreto de las diatribas estatistas contra el oro. El déficit público es sólo un esquema para la confiscación de la riqueza. El oro obstaculiza este proceso. Se convierte en un protector de la propiedad privada. Cuando uno ha comprendido esto, ya no tiene ninguna dificultad para entender el antagonismo de los estatistas al patrón oro.
Con el correr del tiempo, el autor de este sorprendente alegato se situaría al frente de ese esquema confiscatorio dedicado a financiar los déficits públicos con el envilecimiento de la moneda. Muchos creyeron que, simplemente, Greenspan había cambiado de ideas, que la madurez lo había llevado por otros derroteros más pragmáticos... y a declarar ante el Congreso lo que sigue:
La cuestión es, ¿existiría algún beneficio, en este momento histórico, si se retomara el patrón oro? La respuesta es: no lo creo, porque estamos actuando como si ya tuviéramos patrón oro.
Si de joven creía que el patrón oro era insustituible, de mayorcito piensa que basta con actuar como si estuviera entre nosotros. Será la fuerza del voluntarismo.
Pero la evolución intelectual de Greenspan parece no terminar aquí. Ahora que ya no dirige la Fed, parece volver a sus raíces ideológicas. Hace unos días dijo, en una entrevista para Fox News:
Debería haber algún mecanismo que restringiera la cantidad de dinero que se puede imprimir, ya sea el patrón oro o algo similar. A menos que tengas eso, la historia sugiere que la inflación tendrá efectos destructivos sobre la actividad económica (...) Muchos economistas creemos a pie juntillas que EEUU tuvo mucho éxito en el período 1870-1914 con un patrón oro internacional.
De nuevo, parece ser que la voluntad no basta para evitar la inflación: sin patrón oro, la confiscación y las crisis económicas no se detienen. Entonces, la cuestión es: ¿a qué se dedicó durante los casi veinte años que estuvo al frente de la Fed?
MAFO: duros a cuatro pesetas
El Banco de España tampoco parece ser muy amigo del oro. Será que en nuestro país la práctica confiscatoria de la inflación agrada mucho a los burócratas: no en vano la divisa española (la peseta, y luego el euro) se ha depreciado más de 23 veces con respecto al oro en los últimos 35 años.
Al Banco de España no se le ha ocurrido mejor idea que vender más del 40% de sus reservas de oro en los últimos tres años. Dicen que en tiempos de tribulación no conviene hacer mudanza; por lo visto, a MAFO lo de la mudanza se le queda corto y prefiere dinamitar la casa.
Y es que las ventas precipitadas de oro han hecho perder al Banco de España, de momento, más de 1.000 millones de euros, según un reciente informe del Instituto Juan de Mariana. No está mal, sobre todo después de que Solbes dijera que el oro ya no era un "activo rentable".
Con todo, no se ve amago de rectificación alguno entre las autoridades monetarias nacionales. Es más, su cultura económica es tan vasta que incluso se muestran satisfechos:
El objetivo [de las ventas de oro] era capitalizar la entidad, que ahora tiene unas reservas en torno a los 2.000 millones de euros, una cifra que era muy inferior antes de estas operaciones.
Pues felicidades: sois tan listos que os habéis descapitalizado en más de 1.000 millones. Y ahora sacad pecho, no sea que la gente se dé cuenta de que en vez de músculos sólo tenéis grasa.
Fuente: Instituto Juan de Mariana
http://www.uruguayinforme.com/news/15022008/15022008_juan_ramon_rallo.php
febrero 18, 2008
¡Vaya tropa!
junio 24, 2007
Muere Hans F. Seenholz
Hans F. Sennholz: 3/2/1922–23/6/2007
Quien ha vivido bien sabe como morir bien. La muerte no le asusta. Es simplemente la última aventura de su vida. La muerte de Hans Sennholz el 23 de junio de 2007 concluye una vida llena de aventuras inerranables. Nació el 3 de febrero de 1922 en Alemania durante la hiperinflación y poco después de la Primera Guerra Mundial, sufrió la Gran Depresión y el auge del nacional socialismo alemán de Hitler. En la II Guerra Mundial, perdió a su madre en un bombardeo aliado en su ciudad natal y a su padre en un accidente minero. Su hermano, que sirvió en el ejército alemán, no regresó de Rusia. Él mismo fue reclutado forzosamente para la Luffwaffe y entrenado como piloto. Acometió numerosas misiones en Francia, Rusia y en Norte de África y fue condecorado por su valor.En una de sus misiones en Egipto, la artilleria neozelandesa lo abatió y lo apresó. Lo trasladaron a Sudáfrica, luego a Nueva Zelanda y finalmente a los EEUU, donde pasó el resto de la guerra en los campos de Nuevo México, Texas, Oklahoma, Kansas y Arkansas. Bajo el arresto americano, disfrutó del cuidado y el apoyo de diversos familiares estadounideses que habían emigrado durante los años 20. Su apoyo financiero le permitió estudiar por correspondencia en la Universidad de Texas, en Austin.Una vez fue liberado en 1946, Sennholz completó su educación en Alemania, obteniendo un Master por la Universidad de Marburgo en 1948 y el doctorado en la Universidad de Colonia en 1949. Después de su corta carrera como abogado en Colonia, volvió a los EEUU y continuó sus estudios en la Universidad de Nueva York, consiguiendo el doctorado en economía y en 1955 el codiciado premio del Día de los Fundadores.Sennholz empezó su carrera docente en la Universidad de Iona en New Rochelle, y continuó en la Universidad de Grove City. Durante 37 años de ensañanza ha dado clase a unos 10000 estudiantes. En la Universidad de Grove City incluso dirigió un graduado de la Universidad internacional de los Ángeles, que concedía masters y doctorados. En sus vacaciones daba numerosas conferencias a grandes audiencias volando de costa a costa.Hasta su jubilación a los 70, Sennholz asumió la presidencia de The Foundation for Economic Education en Irvington, Nueva York. En sólo cinco años, revivió la difunta organización mediante la economización y la productividad. Celebró el 50 aniversario de la Fundación con Margaret Thatcher como conferenciante especial. Se retiró de presidente emerito a los 75. Pero continuó como adjunto en el Ludwig von Mises Institute.Sennholz era un escritor prolífico en asuntos económicos, sociales y de pensaminto político. Su carrera como escritor comenzó en el Cologne Rundschau de Alemania. Continuó con ensayos y artículos de opinión en publicaciones a lo largo de todo el mundo anglófono. En más de 1000 textos, incluyendo 17 libros y panfletos, cubrió casi cualquier aspecto del pensamiento contemporáneo. Aun jubilado, continuó publicando en Internet para todo el mundo. Su página web contó con más de 12 millones de visitas internacionales.Sennholz ha recibido muchos galardones. Era ciudadano honorífico de Lubbock, Texas, y de Houston; coronel honorario de Nuevo México, doctor honorífico de la Universidad Francisco Marroquín en Guatemala, doctor honorífico en derecho por la Universidad de Culver-Stockton, Missouri; y doctor honorífico en derecho en la Universidad de Grove City. Recibió el Premio Gary Schlarbaum por la libertad y le fue dedicado un libro conmemorativo por 36 autores.Deja a su esposa Mary, de 52 años; un hijo y una nuera, Robert y Lyn; y dos nietos, Roland y Emil.
Por Juan Ramón Rallo Julián
http://www.liberalismo.org/bitacoras/1/4520/
El Subcomandante es un farsante
Bien es conocida la necesidad de la izquierda por construirse imágenes mesiánicas que justifiquen, escudándose en un barniz pseudointelectual, sus estúpidos proyectos totalizadores. Desde 1994, con el levantamiento zapatista en Chiapas, tenemos a otro de esos líderes chabacanos, con deseos de popularidad televisiva y de posteridad histórica. Hay que reconocer que, esta vez, a diferencia de intentonas anteriores, nos hemos topado con un tío graciosillo, un tanto grosero, pero simpático; esperpéntico, pero solemne; misterioso, pero conocidísimo; familiar, pero peligroso. Antes de enero del 94 podríamos haberlo encontrado en cualquier carnaval municipal, desfilando con su aspecto irrisible y ridículo. Porque, ni los más fieles epígonos del Subcomandante, podrán negar que esa combinación estilística del sombrero maoísta, más el uniforme guerrillero -amén de la bandolera- y la imitación de la pipa del Che, ungido, todo esto, con un negro pasamontañas que apenas permite entrever dos penetrantes ojos y una prominente nariz aguileña, no puede sino causar una rotunda hilaridad al observador. Sin embargo, es precisamente a partir de esa absurda imagen -perfectamente asumible por cualquier payaso de circo un tanto trasnochado- donde se empieza a fabricar el peligroso mito socialista; porque no hemos de olvidar que la izquierda es, ante todo, una multinacional que vende mentiras (en palabras de Fouret, "una masonería de dimensiones universales) y como tal, conoce que la publicidad es su mejor arma disuasoria. El paradigma de esta triste realidad lo encontramos, una vez más, en el ídolo y referente del Subcomandante, Ernesto Che Guevera (se dice que Marcos trató, incluso, de copiar su modo de respirar), la foto de quien ha sido, con diferencia, la más reproducida durante todo el siglo XX. Este retrato un tanto hortera cuelga en la habitación de todo joven que se precie de serlo, aunque en su mayoría desconozcan la obra y vida del Che. Con Marcos se ha tratado de hacer algo análogo; se sabe que este enigmático y atrayente personaje defiende los derechos de unos subyugados indios perdidos en alguna zona de Centro o Suramérica, pero nada más. A la simplicidad del pensamiento "progre" le basta eso, una caricaturesca imagen y una causa social poco definida, para erigir a este señor, de identidad desconocida (en realidad, no tanto), como el preboste de la lucha contra el neoliberalismo explotador. Él mismo, cuando fue inquirido sobre su personalidad contestó secamente: “Soy un mito genial”.Lo que no saben(o si lo saben no lo dicen) estos señores izquierdistas tan amigos de las libertades es que la lucha contra supuesta esclavización de los indios chiapanecos y la deforestación de la Selva Lacandona son tan sólo dos trampolines que ha utilizado de manera inteligente Marcos para llegar al estrellato de la intelectualidad. En el interesantísimo libro de Maite Rico y Bertrand de la Grange nos vamos introduciendo en la compleja sociedad mexicana, al momento que se nos explica el proceso de gestación y consolidación de Marcos como jefe del grupo terrorista zapatista. Nos hablan de la vida de Marcos, o mejor dicho, de Rafael Guillén, un joven, burgués y brillante profesor de filosofía, ducho en la oratoria, que tras pasar de manera fugaz por las aulas de la universidad, decide ayudar en el ensamblaje de viejas y desarticuladas milicias terroristas en la Selva Lacandona, dirigidas, en su momento, por el Comandante Germán, hasta formar finalmente el EZLN; del que, poco a poco, gracias a su verborrea y fotogenia, irá tomando el control.Se nos explica también que, en realidad, la banda terrorista, llamada ejército zapatista, no es tan cuantiosa como pretenden hacernos creer -unos cientos de hombres mal armados- y que su fuerza se fundamente básicamente en el poder fáctico de los medios de comunicación. Marcos es un genial actor, un cómico que sabe ganarse a la gente, a los periodistas ex marxistas y a los intelectuales estreñidos, que acuden en masiva peregrinación a los Cuarteles Centrales de los golpistas, como si de Santiago se tratara. Lo lamentable del asunto es que de haberlo deseado el ejército mexicano hubiera desahuciado ya a esta banda de golpistas, reconquistado los territorios arrebatados. Su capacidad para lograrlo se puso tan sólo una vez de manifiesto, cuando tras un berrinche, Zedillo mandó al ejército reocupar los territorios dominados, después de un chivatazo del Subcomandante Daniel -antigua mano derecha y compañero de la infancia de Marcos- gracias al cual, fue capaz de desvelar, al mismo tiempo, la identidad de toda la cúpula del EZLN. La eficacia fue máxima, proporcional a la presión internacional que la detuvo. No obstante, sobre todo, si algo queda claro a lo largo del libro es la pulsión totalitaria de Marcos. Bastaría con decir que es un cachorro adiestrado por Castro, pero, además, a ese contundente hecho hemos de añadir sus numerosísimas críticas y censuras a la prensa discrepante, y, por encima de cualquier otra consideración, la explotación de los chiapanecos, a quienes proclama urbi et orbi defender. Hablar de la reventa abusiva de armas (compradas en EEUU, el gran enemigo neoliberal) a los propios indios, con las más tarde lucharán y sacrificarán sus vidas en pro de la grandeza del Subcomandante, parece una obviedad presupuesta. La cuestión de fondo es que los chiapanecos han cambiado de una dictadura bastante cruel, como era la priísta, a una explotación tiránica en toda regla. Marcos, arrastrado por sus delirios de magnificencia, ha conducido las ya de por sí pobres tierras chiapanecas a unas improductivas políticas colectivistas que sólo han empeorado los rendimientos y la productividad, por lo que los indios se ven obligados a trabajar, bajo férrea disciplina y vigilancia, severas horas de más. Huelga comentar que esta situación, buscada desde un principio por el EZLN, difícilmente, pese a muchas coloridas marchas zapatistas que se efectúen, va a poder cambiar, si no es mediante la intervención militar. La voluntad de Marcos para ayudar a Chiapas es nula. Valga como incontestable ejemplo que el presidente Salinas, pocos días después del levantamiento del 1 de enero del 94, estaba de acuerdo en firmar todas y cada una de las exigencias de los zapatistas (exceptuando la que hacía referencia a su propia dimisión) Extrañamente, sin embargo, la Asamblea Extraordinaria que se convocó para decidir si se aceptaba el acuerdo, a pesar de estar en un inicio a favor, se opuso al final, más que nada, por la oposición frontal de Marcos.Las dos autoras, corresponsales en México de "El País" y "Le Monde", nos transcriben una contundente, reveladora y poco conocida imagen de Rafael Guillén, máximo responsable del fracasado golpe de Estado del 94 y de la actual situación pro belicista. El libro, empero, sólo abarca hasta el 98, por lo que no incluye el graciosísimo y frustrado episodio de la Marcha Zapatista y la derrota del PRI, con el consecuente advenimiento de Vicente Fox. Pero aún así, resulta de lectura obligada para entender la dinámica interna de la izquierda y el conflicto mexicano. Ya que, como se nos recuerda en la obra, "en Chiapas se están jugando muchos aspectos éticos y políticos de este milenio" Para ser sinceros, esperemos que no muchos
Fuente: www.liberalismo.org.ar