noviembre 26, 2009

Activistas del Calentamiento Global admiten que los informes eran falsos



Muchos habrán visto a este hombre José Antonio Maldonado hablando sobre el clima en los noticieros de TVE. Experto en temas de meteorología, José Antonio Maldonado reafirma lo que ya se sospecha desde hace un tiempo: que el tema del Calentamiento Global carece de fundamentación científica, y que los pronósticos a futuro son proyecciones elaboradas con computadoras donde pueden haber infinitas variables no tenidas en cuenta que darían un falso resultado de dichas proyecciones.

Ahora, la cúpula del movimiento por la lucha contra el Calentamiento Global admite que muchos informes son falsos.

La gran solución

Vas a tener relaciones sexuales?
El Gobierno te facilita los preservativos.

¿Ya las tuviste?
El Gobierno te ofrece la píldora del día después.

Has quedado embarazada?...
El Gobierno te garantiza el aborto.

Tuviste un niño?
El Gobierno te regala $ 180 (por cada chico y hasta cinco hijos)

Estás desempleado?
El Gobierno te paga el paro.

Eres vago y no te gusta trabajar?
El Gobierno te concede ALGÚN PLANCITO de subsistencia.

AHORA.... PROBA ESTUDIAR, TRABAJAR, PRODUCIR... A VER QUÉ OCURRE!!!

EL GOBIERNO TE SUBE LOS IMPUESTOS PARA PAGAR TODO LO ANTERIOR

No seamos pelotudos pasémoslo a todos los que de una forma u otra
contribuimos con estos H. D .P. para que sigan fomentando la
vagancia


Enviado por Luis

El Revival de Ayn Rand


Sorprendente artículo publicado en un diario muy populista y de izquierda en Buenos Aires: Declaraciones del Gobernador del Estado de South Carolina, acerca del curso que está tomando la política de su país: Estados Unidos de América.

noviembre 18, 2009

Thomas Szasz, y el crimen psiquiátrico

Thomas Szasz es un médico psiquiatra de origen húngaro que nació en Budapest en 1920, emigró en la adolescencia con su familia a Estados Unidos, huyendo de la persecución nazi. Szasz es un crítico de los fundamentos morales y científicos de la psiquiatría y uno de los referentes de la antipsiquiatría. Desde hace más de cuarenta años Szasz lucha contra las internaciones psiquiátricas. Según él, los enfermos mentales no existen; lo que llamamos "locos" no son otra cosa que individuos cuyos comportamientos nos molestan. Es por eso que se encierra a los locos desde el siglo XVIII, y es por eso que se los trata como a enfermos.

En Libertad fatal Szasz regresa para desvelar el tabú del suicidio. Su postura sobre el tratamiento involuntario es consecuencia de sus raíces conceptuales en el liberalismo clásico y el principio de que cada persona tiene jurisdicción sobre su propio cuerpo y su mente. Szasz es un libertario que cree que la práctica de la medicina y el uso de medicamentos debe ser privado y con consentimiento propio, fuera de la jurisdicción del Estado; es un portavoz de la contracultura y cuestiona tanto a la sociedad occidental capitalista como a los extintos estados socialistas.

Este profesor de psiquiatría —del Health Science Center de la Universidad del Estado de Nueva York, en Syracuse—, se ha destacado por sus trabajos sobre ética y filosofía. De hecho, es uno de los pensadores más radicales en el panorama universitario estadounidense. Si bien no fue el único, fue de los primeros en denunciar la represión de la locura con su cortejo de chalecos de fuerza, electroshocks y embrutecimientos químicos. Michel Foucault emprendió una batalla similar con su obra La historia de la locura en la época clásica, y lo mismo hicieron Ronald Laing y David Cooper en Inglaterra setentista.

Es conocido por sus libros El mito de la enfermedad mental y La fabricación de la locura: un estudio comparativo de la inquisición con el movimiento de salud mental, en los que planteó sus principales argumentos con los que se le asocia. Sin embargo, Szasz no idealiza la locura. Sencillamente opina que la locura no puede ser definida con ningún criterio objetivo. "Para comprender el papel del enfermo mental", dice, "hay que tener en cuenta que estamos ante un fenómeno religioso, y no científico". Según Szasz, en la civilización occidental y cristiana el diagnóstico de locura sucedió a la noción de posesión diabólica. Las brujas, los poseídos, molestaban y por lo tanto, eran eliminados por la Inquisición en nombre de la fe. Hoy los psiquiatras son los nuevos inquisidores, y llevan a cabo una eliminación comparable, sólo que en nombre de la ciencia. En los últimos veinte años Szasz extendió el campo de su cruzada a las drogas. Opina que las diferencias entre el alcohol y la cocaína, o la marihuana y el tabaco, no son químicas sino "ceremoniales". En otras palabras, la cocaína y la marihuana no son deseables o evitables porque son más adictivas o peligrosas que el alcohol o el tabaco, sino porque son más sagradas o profanas, según los casos. En su libro Droga y ritual (1985) y en Nuestro derecho a las drogas (1992), elabora la siguiente teoría: lo que llamamos la "guerra contra el abuso de las drogas" es en realidad una guerra para eliminar el uso de aquellas que desaprobamos, y al mismo tiempo fomentar el consumo de las drogas que aprobamos.



Para Szasz las adicciones son hábitos; los hábitos nos capacitan para hacer algunas cosas y nos incapacitan para hacer otras; por lo tanto, podemos —y en realidad debemos— juzgar las adicciones como buenas o malas de acuerdo con el valor que atribuyamos a lo que nos capacitan o incapacitan para hacer. Para Szasz sólo existe un pecado político: la independencia. Y sólo existe una virtud política: la obediencia. Dicho de otro modo, sólo existe una ofensa contra la autoridad: el autocontrol. Con El segundo pecado y Libertad fatal (el primero publicado en España en 1992 pero nunca distribuido en Argentina, el segundo editado recientemente por Paidós) Szasz extiende ahora el campo de acción de su cruzada al suicidio. Ya en Herejías, de 1983, había "ensayado" una corta serie de premisas que vuelven a encontrarse más desarrolladas en Libertad fatal. "Si una persona no sabe qué hacer con su vida, puede conservarla para uso futuro o decidir que es inútil y desecharla", escribió entonces. "Consideramos razonable desechar un trasto inútil; pero consideramos un síntoma de enfermedad mental desechar una vida inútil", escribe ahora. Lo que Szasz nos dice siempre es que el suicidio es una elección intrínseca a la existencia humana, "nuestra última y definitiva libertad". Ahora bien, se considera que nadie en su sano juicio se quita la vida y que el suicidio es, por lo tanto, un "problema" de salud mental (Szasz insiste mucho en desechar la apelación a un "problema": los nazis tenían un "problema judío", un eufemismo con el que se designaba la persecución y el aniquilamiento; quien ve el suicidio o el uso de drogas como un "problema", lo que hace es excluir la posibilidad de entenderlo). En el transcurso del tiempo, las actitudes sociales ante muchas conductas han cambiado: "lo que anteriormente se juzgaba pecado puede haberse convertido en un crimen, una enfermedad, un estilo de vida, un derecho constitucional o incluso un tratamiento médico".

Szasz recuerda que no hace mucho tiempo se creía que la masturbación, la homosexualidad y otros actos llamados "antinaturales" eran problemas de cuya "solución" se encargaba la medicina, pero con el tiempo hemos podido recuperar esas conductas de manos de los médicos y aceptarlas con comodidad, hablar de ellas y distinguir claramente entre "hechos y juicios de valor, entre descripción y denuncia". En Libertad fatal, el autor se propone contribuir a que aceptemos sin incomodidad el suicidio, que hablemos de él y "distingamos claramente entre describir y condenar (o recomendar) la muerte voluntaria". Para eso es necesario "desmedicalizar y desestigmatizar la muerte voluntaria y aceptarla como un comportamiento que siempre ha formado y siempre formará parte de la condición humana. Querer morir o suicidarse es a veces digno de reproche, otras veces digno de elogio y otras ninguna de las dos cosas, pero nunca es una justificación adecuada para la coerción estatal".

La eutanasia y el suicidio asistido también son desechados por Szasz en virtud de la mediación de la ciencia. Es con este argumento que critica al evolucionista y especialista en ética Peter Singer, un militante de la eutanasia aún en niños discapacitados, que dirige desde hace unos años el Centro para los Valores Humanos, de Princeton. Al delegar la responsabilidad de nuestra propia muerte en los profesionales médicos, "estamos dando un paso gigante hacia la pérdida de nuestros derechos elementales", dice. La muerte, como el control de la natalidad, es una decisión personal. El Estado y los médicos no deben interferir en su control. Ya Albert Camus, en El mito de Sísifo, había sostenido que el suicidio "es el único problema filosófico realmente serio". Szasz es todavía más exacto: el suicidio "es el principal problema político y moral", anterior a aquellos problemas relacionados como el derecho a rechazar un tratamiento o el derecho al suicidio asistido. Materia reservada durante mucho tiempo a la Iglesia y los sacerdotes, ahora tema del Estado y de la medicina, en el futuro el suicidio será una elección individual y no tendremos en cuenta lo que la Constitución o la medicina nos digan. La tesis de Szasz se repite, retroalimentando su rechazo a toda manifestación de poder: hasta que el individuo no tome decisiones sobre el control de su vida y muerte de manera integral, sin la ayuda ni el estorbo del Estado, el ser humano seguirá siendo un esclavo sumiso.

Fuentes:
www.clarin.com
www.wikipedia.com

noviembre 04, 2009

Ud. Lo Vio: El credo chavista ( Chavez - Chavismo )

¡Por favor no! Que no haya nunca más mesías en el mundo. Los mesías han sido una maldición. Ninguno ha servido para nada.

octubre 12, 2009

Ileana Ross Lehtinen: Obama y Hillary Clinton están mal asesorados.

Ileana Ross Lehtinen es diputada por Florida en el Congreso de los Estados Unidos. Ha sido por mucho tiempo miembro del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes y conoce bastante de la realidad latinoamericana.
Estuvo de visita en Honduras y pudo comprobar que el presidente Obama y la Secretaria de Estado, Hillary Clinton están siendo mal asesorados por el embajar estadounidense en Tegucigalpa.

Pero fuera de esto, Ross Lehtinen dice a la audiencia lo que mucha gente supone que es así: porqué se le dice al presidente Micheletti, presidente de facto, si ha sido nombrado en el cargo de acuerdo a las normas constitucionales de su país.

Se discute porqué a Zelaya no se le ha hecho un juicio político para destituirlo, y la razón es que ese instituto no ha sido establecido en la Constitución de Honduras. No solamente la Constitución de Honduras no lo establece, sino que al menos, la constitución de Guatemala tampoco lo establece.

Más absurdo todavía es la advertencia de gobiernos extranjeros de no reconocer al presidente que será electo en la elecciones generales previstas para el 29 de noviembre. No se realmente qué piensan los presidentes extranjeros que amenazana Honduras con este atropello. No reconocerán un gobierno electo, pero si uno que ha cesado en sus funciones, sea por vencimiento de mandato o por destitución; y que además perdió legitimidad de ejercicio al atropellar las instituciones de su país como hizo Manuel Zelaya, convocando un plebiscito que es ilegal; pretender hacerse reelegir cuando la reelección está prohibida.

Además dónde quedan los largos reclamos de intromisión en los asuntos internos de un estado por parte de otro como siempre se ha reclamado de América Latina contra Estados Unidos, si la intromisión grosera de Venezuela, Brasil y Argentina ha sido peor todavía; incluso Estados Unidos está interviniendo pero del lado de la ilegalidad; entonces ahora la intervención de los Estados Unidos es buena.

No es seria la postura de America Latina. Tampoco es seria la actitud del presidente Obama, que dirige el gobierno de un estado que ha sido el bastión de la legalidad por más de 233 años.

Más abajo los videos tomados del Canal 41 de Miami. La duración de los tres videos esde aproximadamente 20 minutos.

Parte 1/3




Parte 2/3



Parte 3/3

agosto 02, 2009

América, de la Libertad al Fascismo



Según el presente video, la Enmienda XVI a la Constitución de los Estados Unidos, por el cual, el Congreso queda facultado para establecer impuestos a los ingresos nunca fue ratificada, por lo tanto todas las actuaciones de ese organismo en esa materia serían nulas.

Se argumenta que la votación de la Enmienda fue fraudulenta, no observando las reglas como el quórum y las mayorías necesarias.

La Constitución de los Estados Unidos establece que las enmiendas a la Constitución serán adoptadas con los votos de las dos terceras partes de los miembros presentes en cada una de las cámaras y no entrarán en vigor si no son ratificadas al menos por las tres cuartas partes de las legislaturas de los diversos Estados.

La Enmienda XVI dice textualmente: "El Congreso tendrá facultades par establecer y recaudar impuestos sobre los ingresos, sea cual fuere la fuente de que provengan, sin prorratearlos entre los diferentes Estados y sin atender a ningún censo o recuento" , modifica radicalmente el texto original del artículo I que dice en su clausula tercera: "Los representantes (diputados) y los impuestos directos se prorratearán entre los distintos Estados que formen parte de esta Unión, de acuerdo con su población respectiva..."

Por las disposiciones del artículo I, Sección 8.5, el Congreso está facultado para acuñar monedas y determinar su valor, pero en ningún caso la Constitución dice que está facultado para crear un banco bajo la jurisdicción del gobierno federal ni establecer el curso forzoso de la moneda.

Agradecimiento a Manuel Guisone por enviar el video visto en este post.

julio 28, 2009

El Comandante Putañero



Los videos vistos más abajo, son anteriores al golpe que terminó con Mel Zelaya como presidente de de Honduras. El texto pegado más abajo, con el título de "El Golpe de las Burlas" fue publicado por el diario La Nación de Buenos Aires y fue escrito por Mario Vargas Llosa.

Jaime Bayly explica con el sentido del humor que lo caracteriza como el (ahora ex) presidente de Honduras fue desviándose de la plataforma del Partido Liberal que lo nominó como candidato presidencial y cómo la influencia de Chávez con el dinero del petróleo robado a su pueblo de Venezuela compra voluntades e incrementa su influencia.





EL GOLPE DE LAS BURLAS
por Mario Vargas Llosa
(Publicado en el diario La Nación de Buenos Aires, el 25 de julio de 2009)

Despertar a un presidente constitucionalmente elegido a punta de bayonetas y enviarlo al exilio sin darle tiempo siquiera a cambiarse el pijama, como hicieron los militares hondureños con Manuel Zelaya, es un acto de barbarie política y resulta justa la enérgica condena que este atropello ha merecido de las Naciones Unidas, la OEA y de la mayoría de las naciones del mundo entero.

Ahora bien, sentado este principio, que la interrupción de la democracia por una acción militar no es justificable en ningún caso, es preciso analizar lo ocurrido más de cerca y con prudencia, porque en este golpe de Estado, como en la famosa "cena de las burlas", nada es lo que parece ser y la frontera entre la verdad y la mentira resulta más escurridiza que una anguila.

Tal vez más que la acción misma del asalto a la residencia del jefe de Estado hondureño haya que reprochar a los militares, y a los jueces que les dieron la orden de hacerlo, que, con semejante atropello, hayan convertido en víctima de la democracia, y poco menos que en héroe de la libertad, a un demagogo irresponsable como Mel Zelaya, quien, en violación flagrante de la Constitución que había jurado respetar, se disponía a llevar a cabo un referéndum para hacerse reelegir, una pretensión que fue condenada por la Corte Suprema y la Fiscalía de la Nación, y por la que el Congreso hondureño había iniciado un proceso para destituirlo como jefe del Estado. Este era un procedimiento legítimo en defensa de la democracia que la acción militar frenó y desnaturalizó, sembrando una confusión de manicomio.

A tal extremo, que nada menos que el comandante Hugo Chávez, el comandante Daniel Ortega, Evo Morales y hasta el mismísimo Raúl Castro aparecieron de pronto liderando la protesta continental en defensa de la ley y de la democracia, exigiendo sanciones contra Honduras y convocando en Nicaragua una reunión de ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas) a la que el despistado José Miguel Insulza, secretario general de la OEA, dio, con su presencia, un aura de legitimidad.

Si el comandante Hugo Chávez, gran desestabilizador de la democracia latinoamericana, ex golpista y megalómano caudillo que ha convertido a Venezuela en una pequeña satrapía personal y aspira a hacer otro tanto con el resto de América latina, se arroga el rol de defensor del Estado de Derecho hondureño, además de un eclipse del sentido común y de la racionalidad, comprobamos una evidencia: que algo debía de andar podrido antes de este golpe en ese pequeño país latinoamericano, convertido hoy en el centro de la atención mundial. Y, en efecto, Honduras estaba a punto de caer, tras de Bolivia, Nicaragua y Ecuador, en la órbita de Hugo Chávez cuando sobrevino la intervención militar. Manuel Zelaya era la última conquista del caudillo venezolano.

Lo había sobornado, al igual que a sus otros vasallos latinoamericanos, vendiéndole el petróleo de su país a precio de ganga y con créditos generosos, y, sobre todo, apoyando sus apetitos reeleccionistas. Ni corto ni perezoso, Zelaya, antiguo destacado figurín de la oligarquía rural hondureña, vinculado en el pasado a matanzas de campesinos, y elegido presidente como candidato del Partido Liberal, de centroderecha, con un programa de apoyo a la inversión extranjera y a la empresa privada y de severa persecución a la delincuencia, de pronto, a media gestión, experimentó una conversión populista y revolucionaria (es decir, chavista), afilió su país a ALBA y comenzó a preparar su eternización en el poder mediante una reforma constitucional, tal como lo han hecho Chávez y sus discípulos, es decir, la hez política de América latina.

Pero, a diferencia de lo ocurrido en países como Ecuador, Bolivia o Nicaragua (o, en el otro extremo del espectro político, la Colombia de Uribe, un mandatario democrático que por desgracia incurrió también en el siniestro deporte de la reelección), donde los mandatarios reeleccionistas contaban con una base popular que apoyaba sus planes, en Honduras la pretensión de Zelaya fue desde el principio masivamente impopular y lo desprestigió en todos los ámbitos del espectro político.
Todas las instituciones rechazaron su intento, la Corte Suprema de Justicia, el Tribunal Electoral, todos los partidos políticos democráticos (empezando por el suyo, el Liberal), la Fiscalía de la Nación y la opinión pública en general. El rechazo no fue sólo al volteretazo ideológico del voluble mandatario. Fue, también, una clarísima toma de posición del grueso de la población hondureña en contra de la perspectiva de convertirse en un país dependiente de Hugo Chávez, es decir, en una pequeña dictadura populista enfeudada al caudillo venezolano.

Este es el contexto en el que hay que juzgar la situación hondureña. No para justificar una acción militar de una gran torpeza, que sólo ha servido para sembrar el descrédito en unas instituciones y un pueblo que habían emprendido una valerosa resistencia contra un intento claramente antidemocrático de un mandatario sin principios, sino, para no incurrir, creyendo actuar en defensa de la democracia, en una operación que termine legitimando los planes inconstitucionales, reeleccionistas y de entrega de Honduras al poder chavista de Manuel Zelaya.

¿Qué se puede hacer para reconstituir la demediada democracia hondureña? Lo ideal, que sería reponer a Zelaya en la presidencia, a condición de que renuncie a sus planes reeleccionistas y garantice que las elecciones de noviembre se lleven a cabo de manera impecable, bajo vigilancia de las Naciones Unidas, parece ahora difícil, por lo envenenada que está la situación, como se vio el 5 de julio, cuando el fracasado intento de retorno a Tegucigalpa del depuesto presidente, que provocó violentos incidentes y varios heridos. Honduras se ha retirado de la Organización de los Estados Americanos, lo que no debe sorprender a nadie, dada la pertinaz inutilidad de esta institución, que tiene, además, la nefasta propiedad de volver también inútiles a sus secretarios generales, incluso a los que, como José Miguel Insulza, parecían más despiertos que los otros, de modo que la OEA mientras menos intervenga ahora tanto mejor. La mediación del presidente de Costa Rica, Oscar Arias, premio Nobel de la Paz, es una buena idea: se trata de un estadista respetado y respetable, buen negociador y auténtico demócrata.

De otro lado, hay que evitar por todos los medios que la tensión existente evolucione hacia el derramamiento de sangre. Chávez ha amenazado con una intervención militar, en la que probablemente haría de peón de brega la Nicaragua del comandante Ortega, a la que el gobierno de facto ha acusado de movilizar tropas hacia la frontera con Honduras. Es cierto que no hay manera de verificar si las noticias, según las cuales esa frontera viene siendo cruzada ya desde antes del golpe por comandos venezolanos y cubanos, que denuncia la prensa de Honduras, son ciertas o meras operaciones publicitarias en defensa del gobierno de Roberto Micheletti; pero, dados los antecedentes y el contexto político de América Central, tampoco pueden ser descartadas. La situación inestable y precaria de Honduras, ahora en la picota de la opinión internacional, es propicia para una acción insurreccional teledirigida desde Caracas.

Tal vez estos riesgos puedan conjurarse con el adelanto de las elecciones presidenciales, ya convocadas para el mes de noviembre. Este proceso debería tener lugar a la brevedad posible, dentro de un par de meses a lo más, algo realizable si la comunidad internacional colabora con la infraestructura electoral, y llevarse a cabo bajo la responsabilidad y vigilancia de las Naciones Unidas, y con observadores internacionales de la Unión Europea y de organizaciones políticas y de derechos humanos como la Fundación Carter, Amnistía Internacional y Americas Watch. No veo otra manera más rápida de reconstruir el Estado de Derecho y poner fin a la anómala situación que vive Honduras por culpa tanto de los militares que asaltaron la presidencia con nocturnidad como de las arteras maniobras de Mel Zelaya y su gurú ideológico, Hugo Chávez.

julio 26, 2009

La Escuela Austriaca y la crisis financiera

El Dr. Óscar Vara, desde el punto de vista de la teoría económica de la Escuela Austriaca, explica las causas que provocaron la actual crisis mundial, situación que no es vista con sorpresa por sus seguidores dadas las predicciones de Ludwig von Mises.

Una producción de New Media / UFM Guatemala, 2009
http://www.newmedia.ufm.edu

julio 24, 2009