Muchos habrán visto a este hombre José Antonio Maldonado hablando sobre el clima en los noticieros de TVE. Experto en temas de meteorología, José Antonio Maldonado reafirma lo que ya se sospecha desde hace un tiempo: que el tema del Calentamiento Global carece de fundamentación científica, y que los pronósticos a futuro son proyecciones elaboradas con computadoras donde pueden haber infinitas variables no tenidas en cuenta que darían un falso resultado de dichas proyecciones.
Ahora, la cúpula del movimiento por la lucha contra el Calentamiento Global admite que muchos informes son falsos.
noviembre 26, 2009
Activistas del Calentamiento Global admiten que los informes eran falsos
julio 27, 2008
Clima de corrupción
Esa supuesta influencia antropogénica sobre el clima se basa en la hipótesis según la cual las emisiones de CO2 propias de la actividad industrial humana son las responsables del aumento de temperaturas observado. Claramente documentado tenemos un aumento de las temperaturas a nivel global entre 1975 y 2000. Este aumento de temperaturas es considerado hoy por la mayoría de los científicos como resultado de las fluctuaciones naturales del clima, exactamente como la actual caída de temperaturas.
La teoría del CO2 como “asesino del clima” no ha podido ser demostrada experimentalmente, a pesar de las ingentes cantidades de dinero y recursos humanos en ello invertidas. Al co
ntrario, a pesar del contínuo aumento en las emisiones de CO2, las temperaturas globales no aumentan desde 2000 por encima de los niveles de 1998, incluso han experimentado un notable descenso en los últimos tres años.Dado que muchos políticos y periodistas se han decidido por la defensa activa de un clima en peligro, no resulta fácil ahora rectificar y reconocer que se estaba equivocado.
noviembre 05, 2007
El desafío del Nobel para Al Gore
Al Gore finalmente ganó el premio Nobel, al igual que la pequeña proverbial nuez que evolucionó hasta convertirse en un roble gigante. Ahora sólo podemos esperar que se lance como candidato a presidente, un puesto que, dada la historia reciente, seguramente lo merece.
¿Dónde más sino quizás a través del Protocolo de Kyoto sobre calentamiento global, el cual Gore negoció, se puede lograr tan poco gastando mucho? Pero para llegar ahí, o por lo menos para ser nominado, Al Gore tendría que hacer algo que hasta el momento ha evitado diligentemente: debatir.
La regla que Al Gore ha utilizado para salir en televisión es clara; no puede haber cuestionamientos. La última vez que fue candidato a presidente en el 2000, tuvo éxito contra George Bush, un peso liviano en el tema de calentamiento global. En esta ocasión hay debate de verdad.
Esto sucede porque Al Gore representa un partido que ha perdido la cordura en lo que concierne el cambio climático y que ha elaborado la legislación más ridícula de la historia, la cual, espera un veto de Bush y una firma de Al Gore.
Es importante considerar lo que el senador Bernie Sanders (“Independiente” de Vermont) tiene en el expediente: Una varita mágica legislativa que requerirá de cada uno de nosotros una reducción de emisiones de dióxido de carbono del 90% en 42 años. Considerando desde 1990, ha aumentado la emisión por casi un 20%. La legislación de Sanders nos lleva a la década de los treintas una era tecnológica de piedra. Es verdad que existe otra legislación más “moderada”. La propuesta de John Kerry (Demócrata de Massachusetts) lo reduciría en un 80%. Dianne Feinstein (Demócrata de California) en un 50%. Cada uno de estos proyectos tiene oportunidad de ser aprobado por el Senado y todavía una mejor oportunidad de ser vetado. Ahora que tiene su Nobel Sr. Gore, salga y pelee como un hombre, no se preocupe siquiera de escoger a alguien de su tamaño.
Lo cierto es que Gore ha evitado cada oportunidad de mantener un debate razonado con algún científico experto en el calentamiento global que no sea de su elección. El Heartland Institute, un centro de estudios en Chicago, ha gastado más de un millón de dólares en anuncios colocados en el Wall Street Journal y el New York Times, suplicándole a Al Gore que acepte debatir. No lo han logrado. En un lugar menos público, mi propio Cato Institute mandó una serie de cartas invitándolo a compartir nuestro auditorio en la Avenida Massachusetts en Washington, para mantener una discusión razonada con nuestros expertos. Una vez más, no recibimos respuesta.
Aquí está el problema: si cualquier oposición fuera tan fácil de vencer, Gore disfrutaría la oportunidad. Obviamente existe un argumento sustantivo y convincente que él no puede atacar. En esencia, este es que Al Gore ha abandonado la corriente científica dominante en el calentamiento global, aún cuando esa comunidad puede estar influenciada por el financiamiento que enfatiza los aspectos negativos.
Por ejemplo, el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas (del cual soy miembro y Gore no) predice un ascenso del nivel del mar de 13 pulgadas para el año 2100. El libro y la película de Al Gore contienen un montaje sin fecha que muestra a la Florida hundiéndose bajo las olas, algo que sólo podría suceder con 13 pies o más.
¿Cómo es posible alcanzar tal desconexión de la realidad científica?
Al Gore sólo tiene un científico, James Hansen de la NASA, susurrándole en el oído que el nivel del mar podría subir mucho más en los próximos 92 años, conforme el hielo de Groenlandia se derrite a consecuencia del cambio climático.
Ningún otro científico está dispuesto a arriesgarse, pues ese argumento simplemente no está respaldado por la historia climática observada en Groenlandia desde el fin de la última era glaciar. Durante la mayor parte de seis milenios, concluyendo hace 3.000 años, estuvo más caliente, y aún así, el hielo permaneció pegado como una goma. La respuesta asombrosa de Hansen, que usted puede leer en su blog, documentado en www.realclimate.org [0] (no es exactamente un diario científico) es que otros científicos no están de acuerdo con él porque sufren de lo que él llama la "reticencia científica". En otras palabras, todos sus colegas son unos cobardes porque no están de acuerdo con él.
¿Y qué hay del otro polo? Cada modelo computarizado mencionado por las Naciones Unidas muestra que en este siglo, la Antártida ha recibido más hielo porque el calentamiento provoca mayor precipitación que cae en forma de nieve. ¿Le gustaría a Al Gore que eso se hiciera público? ¿O qué tal el hecho de que Antártida acaba de establecer el récord máximo de la extensión de mar/hielo con una medición vía satélite?
El mundo sólo puede esperar que el premio Nobel empuje a Al Gore a postularse de nuevo para la presidencia. Él recibió este premio por su locura con respecto al clima. Ahora él puede defender el premio Nobel debatiendo solamente con aquellos que son fáciles de derrotar.
Este artículo apareció en American Spectator el 12 de octubre de 2007.
Source URL:http://www.elcato.org/node/2892
octubre 23, 2007
El dogma Gore-Clinton
Visitaba el sitio web del Cato Institute www.elcato.org, uno de mis sitios preferidos para buscar y leer excelente material de lectura y, vi este artículo publicado por Pedro Schwartz que es Presidente del MTS Spain, profesor de la Universidad San Pablo CEU de Madrid y Académico Asociado del Cato Institute.
El dogma de que el mundo marcha hacia un recalentamiento que pone en peligro la continuidad de nuestra civilización se ha convertido en el argumento capital de todos aquellos intervencionistas que no pueden soportar la idea de que el sistema de libre economía funciona bien y contribuye a mejorar la situación de todos, incluso los más pobres. Por fin han encontrado un argumento para defender la idea de que el mercado, si se le deja solo, acaba destruyendo la sociedad e incluso el mundo. El vehículo más poderoso en esta campaña de alarma es la película producida por Al Gore, “Una verdad inconveniente”, galardonada con un Oscar. También Leonardo di Caprio está paseando por todo el globo una película con el mismo mensaje producida por él. Ahora se une al clamor a favor de la regulación del control de las emisiones de CO2 el ex-presidente Clinton, quien ha centrado la reunión de su asociación de filántropos, la “Iniciativa global Clinton”, en la lucha contra el recalentamiento de la atmósfera terrestre.
Clinton, en una reciente entrevista, tras dar por sentado que el clima terrestre está cambiando a peor debido al descontrol de nuestro uso de combustibles, ha afirmado que las medidas para combatir el recalentamiento global no tienen por qué reducir el crecimiento económico de los países que las apliquen ni afectar la cuenta de resultados de las empresas que ahorrarán energía. El argumento tiene interés porque es posible que una contaminación atmosférica al estilo de la que soportan algunas ciudades chinas resulte a la postre un freno para el progreso económico del país. También puede ser conveniente que las empresas examinen con atención si el ahorro energético no puede a la postre aumentar los beneficios que obtienen de su actividad. Sin embargo, en el caso del tipo de medidas más amplias, la pregunta crucial es si estamos seguros de que hay recalentamiento y, caso de haberlo, si se debe a la acción del hombre.
Las estadísticas de temperatura publicadas por el Instituto Goddard para Estudios Espaciales, de la NASA, son uno de los principales apoyos científicos de las tesis de Gore. Pues bien, el mes de agosto pasado el ingeniero Stephen MacIntyre recalculó la serie histórica de temperaturas de ese Instituto y descubrió que la cifra de temperatura más alta del siglo XX en Norteamérica fue 1934 y no 1998. También hizo ver que de los diez años más calientes desde 1880, cuatro se situaron en el decenio de 1930 y sólo tres en la década pasada. También es interesante saber que, tras ese nuevo cálculo, los años de 2000 a 2004 fueron todos algo menos cálidos que el de 1900. Las cifras recalculadas por MacIntyre indican una subida de 0,44 grados centígrados en los últimos diez años, si bien centrada al final del siglo pasado y no en los primeros años del siglo XXI. No hay que deducir de la reordenación de años máximos realizada por MacIntyre que las temperaturas de la década de los años treinta fueran de infierno, comparadas con las de final de siglo, pues el cambio se basa en un recálculo de las temperaturas hasta el centésimo lugar decimal significativo. La conclusión correcta es que las de los diversos años del siglo pasado marcharon parejas. Por lo tanto, quizá no haya tanto recalentamiento global como vienen diciendo Gore, di Caprio, Clinton y Zapatero.
Las medidas propuestas por los intervencionistas para reducir la emisión de anhídrido carbónico podrían además resultar contraproducentes. Me gustaría estar seguro que la producción de combustibles biológicos para sustituir los fósiles no acabará emitiendo más cantidades de CO2 a la atmósfera, lo que al menos en los primeros diez o veinte años iniciales es probable que ocurra. La extensión de la superficie de cultivo en el mundo, impulsada por medidas políticas y los consiguientes altos precios de los cereales y otras plantas capaces de ser transformadas en energía, podría suponer un aumento de la velocidad de deforestación contraria a las buenas intenciones de los defensores de la Naturaleza.
Por si estas llamadas de atención mías puedan resultar poco convincentes, quiero recoger de la columna de Christopher Booker en el “Daily Telegraph” del 19 de agosto pasado, un cálculo por el profesor William Nordhouse de la Universidad de Yale, del coste de los recortes de emisión de gases del tipo de los propuestos por Al Gore. El valor presente del beneficio obtenido por esas medidas lo calcula Nordhouse como cercano a 12 billones (españoles) de dólares. Por contra, el coste de tales medidas, traído también a valores presentes, podría llegar a ser de casi tres veces esa suma.
Mi conclusión de todas estas reflexiones es que sigo dudando. ¿Estamos tan seguros de que el recalentamiento global no es sino una repetición de momentos de un ciclo climático de miles de siglos? Las predicciones de elevación de temperaturas y sus efectos se basan en modelos meteorológicos basados en audaces supuestos. ¿Estamos seguros de que la catástrofe global se cierne sobre nosotros como dicen los jeremías de la intervención? Como ha dicho el presidente de la República Checa, Vaclav Klaus, quizá la víctima de la acción del hombre al utilizar más y más energía para seguir prosperando acabe siendo, no el clima, sino nuestras libertades.
URL: http://www.elcato.org/node/2872
septiembre 23, 2007
¿En qué quedó aquello del agujero en la capa de ozono?
En esta época de fieros debates sobre el calentamiento global, sus consecuencias y el protocolo de Kyoto como posible tabla de salvación, no está de más echar la vista atrás a otro problema ecológico cuya solución necesitó de un acuerdo entre todos los países del mundo. El pasado 16 de septiembre se cumplieron 20 años del protocolo de Montreal, en el que 40 naciones acordaron una reducción en el uso de los CFC para evitar que la capa de ozono adelgazara. Se fueron sumando más países y para 2010 todos habrán dejado de producirlos y consumirlos. El temor que causó esa reacción fue que ese fenómeno permitiera la llegada a la superficie de rayos ultravioleta B (UVB), radiación absorbida por el ozono, lo que produciría un aumento en los casos de cáncer de piel, además de daños diversos a multitud de especies.
La raíz, la aprobación y los resultados de esta medida presentan unos notables paralelos con el caso del calentamiento global. Una teoría presentada como un hecho cierto e indiscutible, apoyada por el consenso científico. Unos cuantos escépticos apuntando a la variabilidad natural, y no a la acción del hombre, como origen del problema. Una campaña mediática que provoca que los políticos se apunten al principio de precaución y prohíban el uso de unos compuestos químicos que no se sabe a ciencia cierta si son dañinos o no, con un impacto mayor en los países pobres, que tienen menos recursos disponibles para acceder a las alternativas, más caras.
El caso es que desde que se prohibieran los CFC, la histeria mundial pasó a centrarse en el calentamiento global y el dióxido de carbono, dejando el ozono en un segundo plano. Sin embargo, la teoría decía que parte de los compuestos químicos que ya estaban en la atmósfera tardarían entre 75 y 100 años en desaparecer, de modo que tendríamos que sufrir las consecuencias del daño que ya habíamos hecho; el protocolo de Montreal era una solución a largo plazo, porque a corto no teníamos ninguna. Sin embargo, el ozono hace mucho que dejó de desaparecer en la Antártida, que es el único lugar donde se tenía constancia que lo estuviera haciendo.
El caso es que el famoso agujero en la capa de ozono no era en realidad tal: se trataba de un adelgazamiento, no de una desaparición de este gas, y se limitaba a un periodo de tiempo corto; en el comienzo de la primavera en el hemisferio sur (septiembre-octubre), la concentración de ozono descendía para luego volver a la situación normal. Y aunque es cierto que el problema se incrementó durante los años 80 hasta el 87, también lo es que desde entonces se ha mantenido más o menos estable, pese a que la concentración de CFC en la atmósfera no empezó a disminuir hasta finales de los 90, como reconoció la Organización Meteorológica Mundial (WMO), habiendo crecido hasta entonces.
La propia Greenpeace lo reconoce implícitamente cuando, para indicar la gravedad del problema, pone cuatro imágenes de satélite correspondientes a 1980, 1983, 1986 y... ¡1998! Lo que quieren hacernos creer es que el "agujero" ha seguido aumentando, año tras año, incansablemente. Sin embargo, las cifras son claras. De 1982 a 2006 el tamaño del mismo, en millones de kilómetros cuadrados, según la NASA, ha seguido esta serie: 4, 8, 10, 14, 11, 19 (aquí se aprobó el protocolo de Montreal), 10, 18, 19, 18, 22, 23, 22, 22, 22, 21, 26, 23, 24, 25, 12, 25, 19, 24, 26. Como se ve, después de aumentar notablemente durante los años 80 parece que la cosa se ha estancado desde entonces.
Pero el problema es mayor aún. Debemos recordar que el riesgo del que se nos alertó no se refería a la disminución de ozono, sino a que eso dejaría entrar más rayos UVB, lo que afectaría a la vida marina y produciría un aumento en el número de casos de cáncer de piel. Pero la propia WMO reconoció que la variación en la llegada de esos rayos a las zonas pobladas de la tierra no presenta ninguna tendencia significativa durante todo ese periodo, y que en todo caso su posible aumento debido al ozono se perdía entre la variabilidad de fondo. Y aunque los melanomas han aumentado durante el periodo comprendido entre 1970 y 1990, es difícil separar el posible efecto de los problemas en la capa de ozono con los relacionados con el aumento en el nivel de vida, cambios en las costumbres y mejora en la detección.
En definitiva, por más que la ONU defina Montreal como "el más exitoso tratado internacional hasta la fecha" y considere que no da "un mensaje de esperanza para trabajar cooperativamente en pos de solucionar los grandes problemas medioambientales", lo cierto es que la realidad no es tan hermosa. Sin duda, tuvo éxito en aquello que materialmente buscaba lograr, es decir, acabar con los CFC. Pero que haya mejorado en algo el medio ambiente al hacerlo es dudoso. Eso no quita para que, ahora que la atención del público está en otra parte, las organizaciones internacionales y ecologistas celebren su éxito como un inmenso beneficio para la humanidad. Ya se sabe que nadie las va a pedir cuentas nunca por sus errores.
Sin embargo, también es cierto que tampoco ha afectado en exceso a la economía; en ese aspecto, no juega en la misma liga que el protocolo de Kyoto, que obliga a enormes sacrificios para unos resultados mínimos e indetectables dentro de la variabilidad natural del clima. Se esté o no a favor de estos grandes tratados, examinando los sacrificios a los que obliga con respecto a los hipotéticos beneficios que obtendrá, Montreal sale mucho mejor parado que Kyoto, de largo. Algo que debería hacernos pensar un poco.
http://www.juandemariana.org/comentario/1521/quedo/agujero/capa/ozono/
agosto 23, 2007
EL CALENTAMIENTO GLOBAL Y EL EFECTO 2000
El tema del calentamiento global nos está llevando al absurdo total. Se ha creado un clima de intolerancia para quien manifieste dudas o esté en desacuerdo sobre este tema, que se está pareciendo a la vieja y nefasta institución de la Inquisición para juzgar las almas de quienes osaban desafiar a la Iglesia.
Steve McIntyre un estadístico matemático que encontró un error estadístico que dice que el año más caluroso del siglo XX fue el de 1934 y no el de 1998, hecha por tierra todos los vaticinios de los activistas del calentamiento global, entre ellos el ex vicepresidente de los Estados Unidos Albert Gore.
Mucho antes el economista austriaco Fiedrich A Von Hayek, dijo: la "ecología va a ser la rueda de auxilio de la izquierda", después de que ésta no tenga respuestas para el problema económico. Sesenta años después, vemos cuán acertado estaba Hayek.
Por su puesto este informe de Steve McIntyre no le ha resultado gratis, su blog ha sido hackeado por activistas de izquierda y dejado fuera del servicio de internet.
Abajo publico un artículo publicado en el sitio web del Instituto Juan De Mariana, escrito por Daniel Rodríguez Herrera
Uno de los principales registros de temperaturas es el que recopila el Instituto Goddard (GISS) de la NASA. Es la referencia en lo que se refiere a Estados Unidos, que por otra parte es seguramente el país que posee los mejores registros del mundo. Pero por muy buenos que sean, la toma de temperatura en tierra, para series largas, tiene varios problemas imposibles de evitar. El primero son los cambios en el entorno de diversos puntos de recogida de temperaturas. El segundo, que hacer series de temperaturas medias es siempre complicado teniendo sólo algunos puntos de referencia, de modo que se calculan por medio de algoritmos ejecutados por computadores.
Pues bien, Steve McIntyre, el infatigable estadístico responsable de haber echado abajo la infame gráfica del palo de hockey, que mostraba unas temperaturas razonablemente estables durante siglos hasta una subida brutal durante éste, ha encontrado un error en la aplicación encargada de calcular la temperatura media. Un error que, quien lo iba a imaginar, hacía que las temperaturas recientes fueran mayores, exagerando el calentamiento.
Su efecto más significativo es que después de las correcciones pertinentes 1998 deja de ser el año más caluroso en Estados Unidos desde que se registra la temperatura; ahora el cetro le corresponde a 1934, año en el que tengo la impresión de había menos CO2. Será que las depresiones económicas calientan también. Hay quien ha empezado a argumentar que es un error pequeño. Pero todos los años del 2000 al 2005 tenían una temperatura media 0'15 grados superior a la real. El protocolo de Kyoto, ese cuyo cumplimiento nos salvará de la hecatombe, sólo reduciría el calentamiento en 0'07 grados.
Se dan varios hechos adicionales en este caso que resultan más bien graves. El primero es que el GISS está dirigido por James Hansen, el mismo que inició la histeria del calentamiento global en 1988 en una comparecencia en una comisión del Senado dirigida por nada más y nada menos que Al Gore. El segundo, que el instituto dirigido por tan honesto científico no pone a disposición de todo el mundo el software que emplea para calcular la temperatura media; McIntyre ha tenido que hacer ingeniería inversa para averiguar qué error podía tener. Y el tercero es que, estando los datos estadounidenses entre los mejores, ¿cómo no temer los errores que puedan existir en otros países?
Hansen y los suyos, en el mejor de los casos, no revisaron sus algoritmos porque daban los resultados que debían dar para confirmar sus teorías. En el peor, lo sabían perfectamente y por eso los ocultaron; es lo que habría que pensar por defecto de cualquier científico que oculte sus datos o sus métodos. Ninguna de las dos posibilidades resulta demasiado halagüeña para los defensores de la teoría del calentamiento global producido por el hombre. No sólo los modelos no tienen en cuenta muchas cosas, sino que ni siquiera podemos tener confianza en que los datos estén bien.
Por cierto, el blog de McIntyre ha sufrido un ataque de denegación de servicio, según informa Michelle Malkin, y el autor lo ha tenido que sustituir por una página en la que informa del mismo. Cabe imaginar que el culpable del hackeo es alguien para quien el calentamiento es una fe religiosa y no una hipótesis científica. Eso no reduce demasiado el campo de los sospechosos, la verdad.
OTRA MIRADA SOBRE LA ECOLOGÍA
Con razón se considera al agua indispensable para la vida del ser humano. Somos agua en un setenta por ciento y el planeta está compuesto en sus dos terceras partes por agua, aunque la mayor proporción sea salada y otra se encuentre atrapada por los hielos. F. Segerfeld nos informa de que la precipitación anual sobre tierra firma es de 113.500 kilómetros cúbicos, de los que se evaporan 72.000, lo cual deja un neto de 41.500. Eso significa nada menos que 19.000 litros por día y por persona en el planeta. A pesar de esto, se mueren, literalmente, millones de personas por año debido a la falta de agua o al agua contaminada.
El autor explica que esto se debe a la politización de ese bien tan preciado, situación que no ocurre cuando la recolección, purificación y distribución se encuentra en manos privadas, que si quieren prosperar deben atender los requerimientos del público sin favores ni componendas con el poder gubernamental del momento.
Ejemplifica con los casos de Ruanda, Haití y Camboya, donde las precipitaciones son varias veces mayores que en Australia. En los tres primeros casos hay crisis de agua, mientras que esto no ocurre respecto de Australia, por las razones apuntadas. Por esto es que el premio Nobel de Economía Vernon L. Smith escribe: “El agua se ha convertido en un bien de cantidad y calidad demasiado importante como para dejarlo en manos de las autoridades políticas”. En el mismo sentido, Martin Wolf, editor asociado de Financial Times, apunta: “El agua es demasiado importante para que no esté sujeta al mercado”.
La conservación de especies animales es un caso paradigmático. Las ballenas se extinguen, lo que no sucede con las vacas. Esto no siempre fue así. En la época de la colonia, se aniquilaban las vacas simplemente para usar un trozo de cuero o para comer algo de carne, situación que hizo que muchos mostraran su preocupación por la posible extinción de estos animales, hasta que apareció la revolución tecnológica del momento: la marca y el alambrado permitieron asignar derechos de propiedad y, así, conservar el ganado vacuno.
En Africa, se asignaron derechos de propiedad sobre los elefantes de Zimbabwe, mientras que en Kenya los elefantes son de propiedad común. En el último caso, en sólo once años la población de elefantes se redujo de 167.000 a 16.000, mientras que en el mismo período en Zimbabwe se elevó de 40.000 a 50.000, a pesar de contar con un territorio mucho más desventajoso que el de Kenya. En este país se favorece la posibilidad de que los elefantes sean eliminados en busca de marfil, ya que nadie está interesado en conservar y multiplicar la manada, como sucede en Zimbabwe.
Claro que la institución de la propiedad privada no asegura que serán conservadas todas las especies animales. Por ejemplo, es poco probable que el hombre deje de consumir antibióticos para conservar bacterias, ya que esto pondría en riesgo la supervivencia de la especie humana. Tampoco es probable que se desee conservar cucarachas. En la misma línea argumental, si bien es cierto que las emanaciones de monóxido de carbono deben ser castigadas, puesto que significan la lesión de derechos de terceros, la polución cero es imposible, puesto que requeriría que nos abstuviéramos de respirar, ya que al exhalar estamos contaminando.
En estos momentos se debate acerca del “efecto invernadero” o calentamiento global debido al debilitamiento o perforación de la capa de ozono que envuelve el globo en la estratosfera. Sin embargo, los científicos D. L. Hartmann y D. Doeling sostienen, en un trabajo publicado en el Journal of Geophysical Research, que en muchas extensiones ha habido un engrosamiento de la capa de ozono. Añade que las perforaciones han hecho que al penetrar los rayos ultravioletas y tocar la superficie marina se generara mayor evaporación y, consecuentemente, nubes de altura, lo cual dificulta la entrada de rayos solares y provoca un enfriamiento del planeta.
Por su parte, R. C. Balling señala: “La atmósfera de la Tierra se ha enfriado en 0,13 grados centígrados desde 1979, según las mediciones satelitales. (...) A pesar de que modelos computarizados del efecto invernadero predicen que el calentamiento mayor ocurrirá en la región ártica, del hemisferio norte, los registros de temperatura indican que el Artico se ha enfriado en 0,88 grados centígrados durante los últimos cincuenta años”. El mismo autor enfatiza que, debido a su efecto de enfriamiento, el dióxido de sulfuro provocado por aerosoles más que compensa la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera.
En este último sentido, y debido a las alarmas del tipo de las expuestas recientemente en nuestro país por Al Gore, es de interés citar una declaración del comité ejecutivo de la Organización Meteorológica Mundial, en Ginebra, que dice: “El estado presente del conocimiento no permite ninguna predicción confiable respecto del futuro de la concentración de dióxido de carbono o su impacto sobre el clima”. También es importante subrayar que el fitoplancton consume dióxido de carbono en una proporción mayor que todo lo liberado por los combustibles fósiles y que los desajustes cíclicos en la capa de ozono se deben en buena medida a fenómenos meteorológicos, como las erupciones volcánicas.
Por otro lado, en estas situaciones siempre hay equilibrios entre las contrapartes (trade offs) que hay que tener en cuenta. Por ejemplo, se afirma que los clorofluocarbonos son responsables de la destrucción de las moléculas de la capa de ozono debido a las emisiones que provocan los refrigeradores, equipos de aire acondicionado, combustibles de automotores y ciertos solventes para limpiar circuitos de computadores. El trade off aparece cuando se documentan las intoxicaciones que se producen debido a la deficiente refrigeración y acondicionamiento de la alimentación y cuando se exhiben estadísticas de los aumentos de accidentes viales debido a la fabricación de automotores más livianos.
En cualquier caso, donde se detecta una lesión al derecho debe procederse a la rectificación, pero para cuidar los recursos naturales debe despolitizarse el proceso. Es preciso abstenerse de la actitud arrogante de pretender la manipulación del ecosistema por parte de la burocracia estatal. Hay que permitir que la compleja información dispersa pueda ponerse de relieve a través de los precios. Cuando se conjetura que cierto recurso será más escaso o se atribuye mayor valor para usos alternativos, los precios se elevan, lo cual fuerza a reducir el consumo, al tiempo que se incentiva el desarrollo de variantes sustitutivas y, en su caso, el reciclaje.
La sociedad abierta permite establecer los ritmos óptimos del crecimiento y asignar los recursos de la manera más adecuada a las necesidades presentes y futuras. La intromisión del aparato estatal en la producción a través de ideas como la del llamado “desarrollo sustentable” no hace más que distorsionar el uso y la asignación de recursos. Por ejemplo, la “tragedia de los comunes” irrumpe cuando se mantienen campos de forestación en manos fiscales, lo que incentiva la tala irracional. En ese caso, nadie se ocupa de forestar para que otros saquen buen partido de ello. La presunción de conocimiento ha hecho que ya en la época de la Revolución Industrial se sugiriera el establecimiento político de cuotas para el carbón al efecto de “aprovechar ese recurso no renovable”, que, a poco andar, fue reemplazado por el petróleo. Hoy es frecuente que se señale que existen determinadas reservas para tal cantidad de años, sin percibir que no es posible extrapolar precios a situaciones distintas. El movimiento de precios modifica la duración de las reservas.
T. L. Anderson y D. R. Leal, en su obra Free Market Enviromentalism, escriben: “El mercado libre enfatiza que el crecimiento económico y la calidad del medio ambiente no resultan incompatibles. Los ingresos altos permiten afrontar una mayor calidad del medio ambiente y, además, de los bienes materiales. No es ningún accidente que los países menos progresistas tengan más polución y más riesgos ambientales”.
junio 17, 2007
La factura de la falacia ecológica
El Gobierno español se ha aferrado con una fuerza inusitada a las falsas tesis ecologistas contra el calentamiento global. Un error cuya factura ya estamos pagando entre todos. Al suculento coste que, de forma directa, supondrá el Protocolo de Kioto para la economía española (cercano a los 7.400 millones hasta 2012), habrá que sumar toda la estructura impositiva que prevé poner en marcha el Ejecutivo sobre la base de la denominada "fiscalidad verde", así como una infinidad de elementos regulatorios e intervencionistas que impregnarán de tufillo medioambiental crecientes áreas del ámbito político, económico y social.
Pero lo más grave, si cabe, es la imposición por decreto del uso de las energías renovables, mucho más caras e ineficientes que las fósiles. Así, en base al objetivo fijado por el Gobierno para 2010 (elevar al 5,83% el porcentaje obligatorio de biocombustibles), España está abocada a multiplicar por 55 el consumo de biodiésel y por 8 el de bioetanol en sólo tres años.
Nos deberíamos sentir orgullosos, ¿no creen? Por fin, España se sitúa a la cabeza de algo en el ámbito internacional. Una pena que el Apocalipsis del calentamiento global sea una falacia difundida por los ecologistas; triste que la reducción de emisiones de CO2 a la atmósfera no sirva para reducir la caótica temperatura del planeta; calamitoso que, para ello, tengamos que prescindir de nuestras comodidades al tiempo que las facturas de nuestra economía alcanzan cifras desorbitadas; penoso que los ciudadanos confíen en la inteligencia y el olfato de sus políticos para dirigir sus actos y moldear sus voluntades... Qué bonito hubiera sido todo si el sueño ecolojeta no se sustentara sobre pies de barro. No busquen más. El comunismo del siglo XXI ya está aquí, y se hace llamar Economía Sostenible....
Calentamiento global, ecologismo y socialismo
Por Bjorn Lomborg
En el año 1998 saltaron todas las alarmas en el ecologismo mundial. Esta vez, no se trataba de las fingidas y apocalípticas exageraciones sobre las consecuencias que el calentamiento global causaría en el medio ambiente; ni tampoco de los supuestos trastornos que nos ocasionarían los cultivos transgénicos; ni siquiera de los peligros del DDT. Esta vez la alarma era real y gravísima. Era de tal magnitud que ponía en peligro todo “el sistema” que tantos años les había costado construir e incluso podría provocar, a largo plazo, la destrucción del Planeta Tierra. Todos los lobbies ecologistas del mundo unificaron criterios, como si de defenderse de una invasión extraterrestre se tratara, para atajar el problema antes de que pudiera empeorar. No tuvieron éxito y el “problema”, que surgió en Dinamarca y fue bautizado como “Verdens Sande Tilstand”, siguió extendiéndose. En el año 2001 ya se había convertido en un problema mundial denominado “The skeptical environmentalist”. Por suerte para nuestra galopante angustia hispana, en el año 2003 llegó a nuestro país y pudimos comprobar que lo que traía de cabeza al mundo ecologista, lo que llenó páginas y páginas de medios de comunicación y de revistas “científicas” era un libro titulado, ahora sí en español, “El ecologista escéptico”1. ¡Sí, un libro! Todo el problema era un libro escrito por un insignificante profesor de estadística de una universidad danesa llamado Bjorn Lomborg.¿Y qué tenía este libro para que pusiera en pie de guerra a todos los ecologistas del mundo, para que le causara a su autor tantas descalificaciones, tantos intentos de desprestigiarle en lo personal y en lo profesional e incluso hasta una agresión física?En primer lugar, este libro contradice los argumentos de los ecologistas. Es una refutación total de esa auténtica “religión” en la que se ha convertido el ecologismo en los países occidentales, cada vez más vacíos de los valores tradicionales que procedían de nuestra secular cultura cristiana y cada vez más invadidos por valores “progresistas” y “modernos” —como la multiculturalidad, el laicismo radical, el ecologismo y el relativismo—. Se trata de construir, una vez más, “hombres nuevos” mediante “valores nuevos” que por supuesto no hemos elegido sino que determinados grupos de interés, —los ingenieros de almas de siempre— se encargan de decidir por nosotros. Grupos que nos dicen lo que tenemos que pensar, cómo tenemos que actuar, lo que podemos hacer y lo que no, y que por lo tanto están configurando una nueva cosmovisión. Este totalitarismo de nuevo cuño demostró, con su actitud ante el libro de Lomborg, que será implacable con los disidentes, demostró al fin y al cabo que no nos deja libertad para elegir. El ecologismo, que poco tiene que ver con la ecología y mucho con la recaudación de billonarias cantidades de dinero público, es obligatorio.En segundo lugar, la dificultad que tienen los ecologistas para contrarrestar a Lomborg es muy simple, no pueden acusarle, como hacen habitualmente este tipo de grupos, de neoconservador o neoliberal porque sencillamente es cuña de su misma madera. Además, resulta extremadamente convincente y honesto al contarnos que su intención inicial era refutar los argumentos antiecologistas y “negacionistas” de los problemas medioambientales, que había leído en un artículo del gran economista liberal Julian Simon. Para lo que se dispuso, en trabajo conjunto con sus alumnos, a encontrar todos los datos estadísticos —era su especialidad— que demostraran la rotunda realidad del deterioro del planeta. La honradez intelectual del profesor se demuestra en que, lejos de dejarse llevar por sus creencias previas, asumió los datos que resultaron ser completamente contrarios a lo que esperaba encontrarse. Y fue con esos datos con los que planteó, humildemente, grandes dudas e interesantes contradicciones en el libro “maldito”. Datos que pusieron en un brete a los grupos ecologistas y sus ridículos argumentos de película de terror de serie B, como el de la desaparición de las playas por el deshielo de los polos y otros muchos.Ahora ya tenemos más claro lo que provocó la polémica, pero si leemos lo que decía en el año 1989 Stephen Schneider —uno de los más convencidos de la teoría del calentamiento global— en una de las revistas si no seudocientífica, al menos científica a tiempo parcial y poco honesta, lo tendremos todavía más claro: “Nosotros no somos sólo científicos sino seres humanos también. Y como a la mayoría de la gente nos gustaría que el mundo fuera un lugar mejor. Para hacerlo, necesitamos conseguir un apoyo sólido, para entusiasmar a la opinión pública. Eso, por supuesto, implica conseguir una gran cobertura en los medios de comunicación. Así que tenemos que ofrecer perspectivas de terror, hacer simplificaciones, afirmaciones dramáticas, y hacer poca mención de las dudas que podamos tener… Cada uno de nosotros tiene que decidir cual es el equilibrio correcto entre ser efectivo y ser honesto.” En una cosa nos engañó Schneider, nadie tenía que decidir su equilibrio personal porque ya lo habían decidido ellos por todos nosotros, una vez más el fin justificaba los medios, había que ser deshonesto para ser efectivo. Y el que no lo fuera sería quemado en la hoguera de esta nueva inquisición ideológica, que mediante la retórica abandera el diálogo y mediante los hechos demuestra que no acepta la discrepancia.Pero conozcamos un poco mejor a Bjorn Lomborg, según él mismo nos relata: Soy danés, de izquierdas, vegetariano, ex-miembro de Greenpeace; y creía en la letanía de nuestro medio ambiente en permanente deterioro. Ya saben, el catastrofista mensaje repetido por los medios de comunicación, como cuando la revista “Time” nos dice que “todo el mundo sabe que el planeta está muy mal”. Estamos dañando la Tierra, se nos dice. Nuestros recursos se están agotando. Nuestro aire y agua están más y más contaminados. Las especies del planeta están extinguiéndose, estamos lapidando la naturaleza, diezmando la biosfera.El problema es que esta letanía no parece estar respaldada por hechos. Cuando empecé a comprobarlo con los datos de fuentes solventes —la ONU, el Banco Mundial, la OCDE, etc.— emergió una imagen diferente. No estamos agotando la energía o los recursos naturales. Hay incluso más comida, y muere por hambre menos gente. En 1900, la esperanza media de vida era de 30 años; hoy es de 67. En los últimos cincuenta años hemos reducido la pobreza más que en los quinientos anteriores. La contaminación del aire en el mundo industrializado ha disminuido —en Londres el aire nunca ha estado más limpio desde la edad media—.Esta información tiene que llegar a una audiencia más amplia, porque afecta a nuestras prioridades básicas. Si somos presa de amenazas de poca importancia y gastamos una desproporcionada parte de nuestros recursos en ello, nos quedarán menos recursos para otros temas.En los años posteriores a la publicación del libro, Lomborg se ha centrado en el desarrollo de una idea que le atormentaba, el aprovechamiento de los recursos financieros. Para ello creó el Copenhagen Consensus Center, una institución cuyo reciente logro ha sido organizar una reunión en la ONU, con la presencia de representantes de treinta países, algunos tan importantes como el Reino Unido, Canadá, Alemania, Chile, Australia, China, India y EEUU, en la que el objetivo era establecer una prioridad en el uso de los escasos recursos disponibles para la lucha contra los desafíos globales actuales. El consenso fue que las enfermedades contagiosas, la sanidad, el agua, la malnutrición, el hambre y la educación, eran todas ellas más prioritarias que la lucha contra el cambio climático.Quede claro que Lomborg no es un liberal, pues aún estando en contra de la urgencia y la gravedad esgrimida por los ecologistas y con ellos por personajes tan relevantes como el Primer Ministro británico, asume ese inmenso gasto público y esa necesaria intervención de los gobiernos para solucionar los problemas alternativos y prioritarios que plantea. Pero sin embargo Lomborg ha sido el causante de abrir el debate, de que se puedan cuestionar las “verdades” ecologistas, de revolucionar el mundo medioambiental. Sus propuestas, que como digo no son liberales, no empañan la honradez intelectual de este danés. No es liberal pero cuando descubrió la verdad y la difundió, ésta le hizo libre.Sin embargo, en España todavía no somos libres. No lo somos porque aún no se ha abierto el debate público, porque no hay lugar para la crítica, porque se ha situado a los ecologistas en lo políticamente correcto, incluso en el ámbito de lo ético. El ecologismo —vean que no exagero— ya se promociona desde los libros de texto de educación secundaria en los que figura como proyecto ético: “En este campo temático hay que analizar el significado ético, jurídico y político de la democracia como espacio de la vida moral, que posibilite y enmarque la realización pública de proyectos éticos tales como el pacifismo, el ecologismo, el feminismo, etc.” A diferencia de los países anglosajones, en materia medioambiental en España sólo existe el mensaje único de la izquierda mientras la derecha acomplejada no se atreve ni siquiera a discrepar. De esta última hay que señalar la excepción de una pequeña parte liberal. Es por ello que en España tenemos grandes problemas para establecer diferencias entre las actitudes respetuosas con el medio ambiente de la gran mayoría de los ciudadanos y los ecologistas profesionales, ya sean políticos o militantes de esos grandes lobbies como Greenpeace, que tienen otros intereses bien distintos. La mayoría de personas de bien son “ecologistas”, se preocupan por la naturaleza, por la escasez del agua, por el exceso de contaminación, sin embargo esto no quiere decir que estén de acuerdo con las soluciones o coincidan con los planteamientos de los grupos ecologistas que bien poco tienen que ver con las preocupaciones de los ciudadanos, salvo en el nombre y en la apariencia.Curiosamente y a pesar de que la mayoría de los ciudadanos, ya sean de izquierdas o de derechas, simpatice con el ecologismo, éste está invadido totalmente por la izquierda. Tanto los partidos verdes como los grupos ecologistas están dominados por la izquierda, pero además por una izquierda bastante radical. Una vez más, hábilmente, la izquierda ha hecho propio un movimiento estimado por el público en general y lo ha orientando hacia su manera de ver la vida, el colectivismo, el intervencionismo, el socialismo al fin y al cabo. Los problemas medioambientales se solucionan según los ecologistas con más planificación (Kyoto) y con más dinero público (que por supuesto gestionan ellos), y siempre bajo el paraguas de esa, cuando menos discutible, organización donde todos los dictadores y truhanes del mundo tienen cabida, la ONU. Algunos creíamos que el socialismo real había terminado con la caída del muro de Berlín y con la posterior descomposición de la Unión Soviética, que sólo quedaban los restos del naufragio, para ejemplo de todos, en Cuba o en Corea del Norte, pero estábamos equivocados. El socialismo real estuvo una larga década sin recuperarse, sí, pero ha vuelto con fuerza utilizando banderas populistas como el ecologismo para dominarnos, para dirigirnos, para decirnos una vez más lo que tenemos que hacer, cómo tenemos que pensar, y todo ello, presuntamente, por nuestro bien o en este caso por el bien del planeta. Sólo les ha faltado un pequeño detalle demostrar científicamente sus conclusiones y convencernos de que con sus billonarias planificaciones no vamos a terminar de nuevo como ese “pueblo” en el nombre del que actuaban y al que prometían igualdad, justicia social… y al que sólo proporcionaron una total ausencia de libertad en medio de la miseria, hambrunas generalizadas y muerte.Aunque muchos no lo sepan, este ecologismo radical y pseudocientífico ha producido ya muchas muertes. Con la prohibición del DDT en el año 1972, tras las denuncias ecologistas de Raquel Carlson (nunca demostradas y refutadas en el año 2000 por la OMS), la malaria, que estaba controlada, volvió a propagarse y causó entre uno y dos millones de muertes al año en el Tercer Mundo. Las cifras son claras, entre treinta y sesenta millones de muertes causadas por la malaria, gracias a una frivolidad ecologista, la de defender a los pájaros de la supuesta lluvia ácida producida por el DDT. Sólo es un ejemplo de los problemas que pueden causar las medidas poco meditadas y erróneas. Pero un ejemplo que tiene que hacernos reflexionar, y que tiene que llevarnos a no aceptar sin más lo que nos digan los políticos o los grupos ecologistas, que además tienen sus propios intereses. Debemos ser críticos, debemos ejercer la crítica para controlar al poder público y a los poderosos lobbies ecologistas, porque de lo contrario intentarán quitarnos nuestra capacidad de elección, nuestra libertad de opinión, como ya intentaron de mil maneras con Bjorn Lomborg.En España, como he dicho antes, ya está el ecologismo situado en la obligatoriedad moral de lo políticamente correcto. ¡Ay! Como se le ocurra a alguien decir algo contra los ecologistas o sus propuestas-exigencias. Pero como les he contado en este capítulo, los beneficios para el planeta y para nuestras vidas en caso de llevarse a cabo sus reclamaciones son, como mínimo, más que dudosos y siempre situados en el impredecible futuro. Sin embargo su particular cosmovisión y muchos de los objetivos que ya han conseguido están perjudicando al hombre, de eso no hay ninguna duda, lo han hecho en el pasado, recuerden la malaria, lo están haciendo en el presente y si les dejamos lo harán en el futuro. A continuación les cito algunos ejemplos:La moratoria nuclear, de la que todos los españoles tendremos tiempo de arrepentirnos en un futuro muy cercano, dados los problemas de capacidad de producción y de distribución de energía eléctrica que ya padecemos. Precisamente en los días que escribo este capítulo se encuentra desesperada la Unión Europea buscando una solución a los boicots energéticos de algunas ex-repúblicas soviéticas. Curiosamente la única solución que han encontrado, inventada hace ya mucho tiempo, es potenciar la energía nuclear, porque si seguimos haciendo caso a los ecologistas, cerrando las centrales nucleares y llenando los montes de “molinillos” acabaremos sin dinero e iluminándonos con velas. Las energías alternativas, como a nadie se le oculta, malgastan el dinero público —aunque son empresas privadas las que invierten, nunca lo harían si no fuera un sector totalmente subvencionado—, y son insostenibles dado su elevado precio y su baja productividad.El Protocolo de Kyoto no es más que un nuevo intento de planificación de la economía a nivel mundial, que sólo provocará el aumento de la pobreza y el hambre. Curiosamente los gobernantes españoles corrieron a firmarlo, a pesar de que ya a nadie se le oculte, tras el fracaso y hundimiento de todos los regímenes comunistas, lo que llevan consigo las economías socialistas. Si se sigue adelante con el protocolo, cosa dudosa, lo pagarán las empresas españolas, o sea, lo pagaremos los españoles.La derogación del trasvase del Ebro, deja a los ciudadanos del Levante español en una situación desesperada para los próximos años. Pero además, según los ecologistas, deben alegrarse por haber “salvado” a la garza pequeña y al chorlitejo patinegro del Delta del Ebro.Los cultivos transgénicos, tan denostados por los ecologistas, incrementan el rendimiento de las cosechas al mejorar la resistencia a los factores negativos del clima, aumentando además las posibles zonas de explotación al extenderse a zonas actualmente improductivas como las desérticas. Esto que podría ser la solución para las zonas con escasez de agua de España, pero sobre todo fundamental para acabar con la escasez de alimentos en los países del Tercer Mundo, no es aceptado por los ecologistas. Greenpeace “reitera una vez más que el gobierno español debe cambiar drásticamente su política de transgénicos y prohibir el cultivo en España, porque no se dan ni existen las condiciones para garantizar que estos cultivos no tengan efectos negativos sobre el medio ambiente y la salud”.El Proyecto Gran Simio, mediante el que algunos grupos políticos, como el socialista, piden para los chimpancés, gorilas y orangutanes “la protección moral y legal de la que, actualmente, sólo gozan los seres humanos”. “Como no serán capaces de defender sus propios derechos, deben ser salvaguardados por la sociedad, como se salvaguardan los intereses de los menores de edad y de los discapacitados mentales de nuestra propia especie”. Este tipo de argumentos, en realidad, no están centrados en beneficiar a los animales sino en degradar la dignidad humana, buscando igualar a los hombres con los animales. Pero es que para el ecologismo es fundamental situar a la naturaleza por encima de la humanidad, idolatrar a la naturaleza como el objeto de culto de un nuevo paganismo. Carl Armey, miembro del Partido de los Verdes alemán, ha declarado que "nosotros, los verdes, aspiramos a un modelo cultural en el que la matanza de un bosque sea considerada más condenable y más criminal que la venta de un niño de seis años a la prostitución asiática".A pesar de todo lo anterior, los medios de comunicación en España, ya han comenzado a manipular nuestras mentes, a lanzar mensajes que están en la línea ecologista de impresionar al público con mensajes catastrofistas para que aceptemos todas sus descabelladas propuestas. Vean cómo los periódicos cada cierto tiempo nos bombardean en sus titulares con las dramáticas consecuencias del cambio climático que les remiten los ecologistas, dándolas por buenas y sin un ápice de crítica: “El cambio climático provocará en las playas españolas un retroceso de entre 20 y 70 metros para 2050”. En los periódicos locales para tener un mensaje más efectivo se han dedicado a concretar las zonas de la siguiente manera: “El cambio climático hará desaparecer el 70% de las playas guipuzcoanas”. “El cambio climático pondrá en peligro la playa de Salinas y afectará a los sistemas de dunas de El Espartal, Bayas y Xagó”. “Las playas canarias retrocederán hasta 50 metros por el cambio climático”. “El 40% de las playas del Cantábrico podrían desaparecer”. “Los deltas del Ebro y Llobregat en peligro”. La Manga del Mar Menor, Doñana…, podría seguir y no acabar.Desde el poder público también están en campaña para orientar nuestras ideas hacia sus oscuros intereses. Cristina Narbona, Ministra de Medio Ambiente, anuncia “efectos desastrosos para España en este siglo por el cambio climático. Podrían desaparecer playas enteras en España”. En lugar de llevar a cabo las políticas necesarias para resolver los problemas de sequía que tenemos en muchas zonas de España se dedica a hacer de palmera de los grupos ecologistas. En el caso del presidente Zapatero, además intenta que nos olvidemos de otras. En una cumbre internacional en Montevideo dijo: “El calentamiento global ha producido ya más víctimas que el terrorismo”. Yo le añadiría que también los accidentes de tráfico, pero como dicen los castizos ¿qué tiene que ver el culo con las témporas o el tocino con la velocidad? La triste realidad es que ese fenómeno que se da por supuesto, el calentamiento global, ni siquiera está probado científicamente. Los mismos propagandistas del “global warming” cuando las circunstancias no les son propicias —durante las grandes nevadas, por citar un ejemplo— le cambian el nombre y lo sustituyen por “el cambio climático”, para evitar que a alguien se le encienda la bombilla y pueda ser crítico. Si unimos esta falta de demostración científica, a lo ocurrido en décadas anteriores cuando se nos dijo que estábamos entrando en una nueva glaciación causada por la contaminación, o la ridícula teoría de la bomba poblacional, que terminaría con los recursos de la Tierra por lo que millones de personas morirían de hambre, nos lleva a dudar no sólo de las tesis ecologistas sino también a reflexionar sobre quién estará detrás de este movimiento y cuales serán sus verdaderas pretensiones.En España, —y en el resto del mundo occidental tres cuartos de lo mismo— una vez más nos están vendiendo una burra coja, como nos vendieron la utopía comunista, en este caso se trata de la utopía ecologista ¡pero es que resulta que son los mismos vendedores! El verdadero objetivo es claro: acabar con el liberalismo económico, con la globalización, ellos lo llamarían el “capitalismo salvaje” que en realidad es el causante del verdadero progreso de la humanidad en libertad, y volver al Socialismo, a la planificación, al intervencionismo del Estado en todos los ámbitos de la vida del individuo, que está íntimamente ligado al totalitarismo, al retroceso de la libertad del hombre y a la igualdad, pero a la igualdad en la pobreza. Del análisis de sus objetivos tenemos que concluir que detrás de este movimiento, como de muchos otros actualmente en pleno apogeo, no están otros sino los supervivientes de la caída del Muro, una vez reorganizados y reciclados para engañar de nuevo a la sociedad moderna, toda vez que sus antiguas diatribas están desechadas.El mensaje es burdo pero está ahí. Nos lo simplifica perfectamente Judi Barri, miembro de una organización, aparentemente ecologista, EarthFirst! (¡La Tierra primero!):"Creo que si no derrotamos al capitalismo, no tendremos opción de salvar el mundo ecológicamente" "Creo que es posible tener una sociedad ecológica bajo el socialismo, no bajo el capitalismo" Esto es lo que cree Judi Barri, yo sin embargo creo que con este artículo ha quedado bastante claro qué es el ecologismo y a quién representa. Pues eso...
Escrito por J.S.M. para Rebelión digital el 18 de febrero de 2007
1 Lea artículos de la prensa extranjera, traducidos por Rebelión digital, relacionados con Bjorn Lomborg o con el ecologismo en el siguiente enlace:http://prensaextranjera.rebeliondigital.es
2 Vea un interesantísimo video-documental titulado "La gran estafa del calentamiento global" en el siguiente enlace: http://www.rebeliondigital.es/prensaextranjera/La_gran_estafa_del_Calentamiento_Global
junio 13, 2007
La gran estafa del calentamiento global
Las teorias acerca de que el calentamiento global es causado por el hombre son "mentiras", según un documental presentado en el canal 4 de la televisión británica, el pasado 8 de marzo. Un documental muy polémico que ha sido elaborado con la colaboración de eminentes científicos con el fin de convulsionar el muy amplio consenso acerca de que el calentamiento global es causado por el hombre. El documental muestra un grupo de destacados científicos que atacan la propaganda que ellos alegan está matando a los pobres del mundo. Nadie en el documental defiende la teoría del efecto invernadero, sin embargo reinvidican que el cambio climático es natural, ha estado ocurriendo durante años y el desprendimiento de hielo de los glaciares sucede precisamente en la primavera, tan normal como que las hojas caigan en otoño. El cofundador de Greenpeace, Patrick Moore, ha sido mostrado reclamando que los paises africanos deber ser animados a producir más CO2.
El director del canal 4, Martin Durkin dijo: “Tu puedes ver las incoherencias con la ciencia del calentamiento global, pero la gente no te cree, son necesarios diez años para conseguir este objetivo.” “Pienso que se recordará en la historia como el primer capítulo en una nueva era de las relaciones entre los científicos y la sociedad. Los científicos legítimos -gente con títulos- son los chicos malos.” “Es una gran historia que va a causar polémica” “Es muy raro que una película cambie la historia, pero pienso que este es un punto de inflexión y en cinco años la idea de que el efecto invernadero es la principal razón del calentamiento global será visto como una total estupidez”
Haciendo click con el mouse sobre el hipervínculo se habre cada una de las ocho partes del documental, que ha sido emitido en inglés.
Parte 1 http://www.youtube.com/watch?v=8f8v5du5_ag
Parte 2 http://www.youtube.com/watch?v=R2S5OGS-g9g&mode=related&search=
Parte 3 http://www.youtube.com/watch?v=vufPWwsUu_k
Parte 4 http://www.youtube.com/watch?v=U9Ku1_gruaQ&mode=related&search=
Parte 5 http://www.youtube.com/watch?v=zalexeUwtNw&mode=related&search=
Parte 6 http://www.youtube.com/watch?v=MvkX3jNjPK8&mode=related&search=
Parte 7 http://www.youtube.com/watch?v=660hjo4f6Ig&mode=related&search=
Parte 8 http://www.youtube.com/watch?v=S0c9K4QGIMY&mode=related&search=
mayo 29, 2007
La noche del calentamiento global
Vivíamos en el clima perfecto (qué casualidad) sin saberlo, porque todos los cambios que pueden producirse se presentan como negativos. Tal vez sea que los posibles beneficiarios de un clima más cálido prefieren callar, y que todo el que tiene algún problema o perjuicio lo achaca al cambio climático a ver si Papá Estado se lo soluciona o indemniza.
La fibra sensible se toca de forma facilona recurriendo a los niños: "I love Kyoto" pinta uno que parece saber mucho del tema para su tierna edad (¿o quizás le han dicho lo que debe pensar?). Se lanza la pregunta de si tendrán alimentos, agua, y oxígeno en el futuro: no es broma.
En España probablemente habrá más olas de calor, pero se silencia que también habrá menos olas de frío, que son bastante más peligrosas para los seres humanos. El misterio de las abejas desaparecidas es probable que se deba a un parásito, pero se relaciona con el cambio climático: por si cuela, todo es posible. Algunos osos no han hibernado este último invierno tan benigno: tiene que ser muy malo seguir activo y pudiendo alimentarse. Parece que hay aves que se ahorran alguna migración porque ya no tienen que huir del frío: espantoso. Los fenómenos más extremos (sequías, lluvias torrenciales, huracanes, tornados) son muy espectaculares y se asegura que se intensificarán, pero en este ámbito la incertidumbre científica es grande. Tal vez haya menos precipitaciones en la península (las predicciones globales son al revés, de más precipitaciones), pero no se menciona que el problema del agua es que no se economiza porque no hay derechos de propiedad, ni mercados libres, ni precios; a cambio se ofrece moralina y concienciación.
Algunas especies podrían desaparecer (hasta un enorme 30%, según algunos), pero se trata de especulaciones teóricas sin contrastación empírica (cambios climáticos precedentes no produjeron tales catástrofes ecológicas). Muchos seres vivos se ven afectados más por la invasión humana de sus hábitat que por el cambio climático. Nos asustan con los mosquitos, el paludismo y la malaria, que se dan en zonas frías y que tienen mucho más que ver con condiciones sociosanitarias. No tiene nada que ver con el cambio climático, pero aumenta el cáncer de piel y nos lo cuentan (quizás se deba a que la gente toma más el sol, pero no nos lo sugieren). James Lovelock se queda tan tranquilo prediciendo que sólo sobrevivirá el 20% de la población mundial actual (migraciones, guerras). Al menos defiende la energía nuclear, pero se nos repite la falacia de que no está resuelto el problema de los residuos radiactivos.
Se insiste especialmente en el aumento del nivel del mar, con efectos especiales que muestran cómo se inundan zonas costeras e incluso alguna ciudad marítima. Se afirma que una elevación de un centímetro implica un retroceso de las playas de un metro, y como se prevén unos 40 centímetros de elevación en los próximos cien años se teme que muchas playas desaparecerán: se ignora que el nivel del mar lleva milenios subiendo a un ritmo parecido al actual (y las playas son entes dinámicos que no han cambiado tanto), y se olvida que los seres humanos pueden proteger o regenerar las playas y proteger con diques las zonas más delicadas. La gente sigue comprando viviendas cerca del mar (ZP da ejemplo); no parece que les preocupe demasiado la posible elevación de las aguas.
Se critica que la gente derrocha recursos como si fueran ilimitados (no se habla de escasez, derechos de propiedad, precios) y se recomienda eficiencia y ahorro, cosas de sentido común que el desarrollo tecnológico y la acumulación de capital consiguen por sí solos (aunque quizás el consumo total de energía siga creciendo en contra de los deseos de algunos ecologistas, porque la gente aspira a vivir mejor y esto suele ir asociado con más consumo energético). Se proponen energías renovables, que tal vez sean las del futuro, pero que no son las del presente porque aún son muy caras y sólo subsisten por cuantiosas subvenciones estatales. Parece que no hay peor catástrofe que no hacer nada, pero quizás lo sea hacer algo equivocado.
mayo 14, 2007
La fábula del calentamiento global
El documental muestra muchas realidades científicas que chocan de frente con la propaganda ambientalista: las emisiones de dióxido de carbono provocadas por la gente son alrededor del 5 por ciento del total y el resto proviene de causas naturales como volcanes y la muerte de animales y plantas. Cada año, los volcanes producen más dióxido de carbono que todas las actividades humanas. La mayoría de los gases invernaderos son causados por los océanos y la conclusión es que el clamoreo de los ambientalistas es pura verborrea.
A lo largo de miles de millones de años ha habido infinidad de períodos de calentamiento y de enfriamiento. De hecho, en el siglo X, cuando no existían ni automóviles ni aviones, el clima era considerablemente más caliente que ahora. El mayor calentamiento del siglo pasado ocurrió antes de 1940, mientras que a lo largo de varias décadas después de la Segunda Guerra, durante la masiva industrialización del mundo, ocurrió un enfriamiento de la Tierra.
Lo que presenta un peligro mucho mayor para la humanidad es el empeño de los ambientalistas en reprimir cualquier opinión diferente a la de ellos. Según el reportaje publicado el 11 de marzo por el periódico Sunday Telegraph de Londres, Timothy Ball, ex profesor de climatología de la Universidad de Winnipeg en Canadá, ha recibido cinco amenazas de muerte desde que cuestiona que los humanos afecten los cambios climatológicos. Richard Lindzen, profesor de ciencias de la atmósfera de MIT, mantiene que “los científicos que no están de acuerdo con el alarmismo pierden apoyo económico, se desprecia su trabajo y son acusados de ser secuaces de los industriales”. Nigel Calder, anterior director de New Scientist, dice que “los gobiernos tratan de lograr unanimidad, reprimiendo a científicos que discrepan. Einstein no hubiera logrado ningún apoyo financiero bajo el actual sistema”.
Tratar de reprimir opiniones diferentes no es algo nuevo. Por no creer que la Tierra es el centro del universo, Galileo fue llevado ante un tribunal en 1633. Amenazado con torturas, se retractó y se le prohibió salir de su casa durante el resto de su vida.
Los nuevos inquisidores son gente como la Dra. Heidi Cullen del Weather Channel, quien insiste que la Sociedad Americana de Meteorología desapruebe a cualquier meteorólogo de la televisión que ponga en duda el calentamiento global causado por la gente. Por su parte, el columnista Dave Roberts exige un juicio tipo Nuremberg para los “bastardos” que causan el calentamiento global.
___* Profesor de economía de la Universidad George Mason y académico asociado del Cato Institute.
© http://www.aipenet.com/
mayo 12, 2007
¿Por qué estamos viviendo más tiempo, con más salud y con más comodidades?
– Robert W. Fogel, Premio Nóbel de Economía, acerca de El estado del mundo está mejorando (The Improving State of the World)
Muchas personas creen que la globalización y sus componentes principales —el crecimiento económico, el cambio tecnológico y el libre comercio—han empeorado las cosas para la humanidad y el medio ambiente. Como Goklany lo ilustra poderosamente, aquel es un mito y deberíamos considerar qué tanto peor sería el mundo sin estos componentes.
Goklany, anteriormente un delegado de EE.UU. ante el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, confronta a los enemigos de la globalización y demuestra que el crecimiento económico, el cambio tecnológico y el libre comercio han ayudado a estimular un “ciclo de progreso” que en los últimos dos siglos ha permitido mejoras sin precedentes en todas las medidas objetivas del bienestar humano. Su análisis está acompañado de un extenso rango de gráficos, datos históricos y estadísticas.
La pobreza, el hambre, la desnutrición, los niños que trabajan, el analfabetismo y la falta de acceso al agua han dejado de ser la norma a nivel mundial; la mortalidad infantil nunca ha sido más baja; y ahora vivimos más tiempo y con más salud. Además, la investigación de Goklany demuestra que la productividad agrícola mundial ha aumentado, los precios de los alimentos han bajado, el hambre y la desnutrición han disminuido a nivel mundial, la salud pública ha mejorado, las tasas de mortalidad han caído, y la expectación de vida ha aumentado.
El estado del mundo está mejorando es una contribución importante al debate sobre el ambiente versus el desarrollo y por primera vez reúne en un volumen los patrones de largo plazo de un amplio rango de los indicadores más importantes del bienestar humano y ambiental, y su dependencia en el desarrollo económico y en el cambio tecnológico.
Mientras que reconoce que el record ambiental es más complejo, el autor muestra cómo la innovación, la mayor prosperidad e instituciones esenciales se han combinado para lidiar con la degradación ambiental. Las primeras etapas de desarrollo de hecho pueden causar problemas ambientales, pero más desarrollo crea más riqueza, la cual a su vez permite que las sociedades creen y puedan costear tecnologías más limpias. El desarrollo se convierte en la solución en vez del problema, demuestra Goklany.
El sostiene que, por lo tanto, restringir la globalización perjudicaría el progreso del bienestar humano y ambiental y de la lucha en contra de los límites ambientales y de recursos naturales que habrá en el futuro para el crecimiento.
Puntos claves de El estado del mundo está mejorando:
Las mejoras en India desde 1950-51 y en China desde 1961 en la reducción del hambre y de la desnutrición son impresionantes. Para el 2002 la oferta alimenticia de China había aumentado un 80%, y la de India un 50%. En general, estos tipos de aumentos en la oferta de alimentos han reducido la desnutrición crónica en los países en vías de desarrollo de 37 en 1970 a 17% en el 2001, a pesar de un crecimiento neto de un 83% en sus poblaciones. No solo estamos viviendo más tiempo—estamos viviendo con más salud. La descapacitación de las poblaciones mayores de edad de países desarrollados tales como EE.UU., Canadá, y Francia, están en decaída. En EE.UU., por ejemplo, la tasa de descapacitación cayó por un 1,3% cada año entre 1982 y 1994 para personas mayores de 65 años. Las necesidades básicas de la vida, tales como la comida, son más abundantes y baratas. Por ejemplo, entre 1897-1902 y 1992-1994, los precios de venta al público en EE.UU. de la harina, el tocino y las papas, en relación al ingreso per cápita, cayeron por 92, 85 y 82 por ciento, respectivamente. Y el precio real global de las comodidades alimenticias ha caído por un 75% desde 1950. La tasa de alfabetismo ha aumentado a nivel mundial, como también han aumentado otras medidas de logros educacionales. Entre 1970 y los principios de la década del 2000, la tasa de analfabetismo global cayó de 46 a 18 por ciento. La libertad económica ha estado avanzando a nivel mundial durante los últimos 30 años. Además, la libertad económica ha aumentado en 102 de los 113 países para los cuales hubo información tanto en 1990 como en el 2000. Uno de los predominantes mitos acerca del medio ambiente es que antes de que el gobierno federal se encargara de las regulaciones ambientales, los contaminantes en el aire, el agua, y otras áreas estaban aumentando. En el caso de la Ley del Aire Puro de 1970, la Ley del Agua Limpia de 1972, y el de la Ley del Agua Potable de 1974—gran parte de las mejoras en los indicadores de los EE.UU. para la calidad del agua y del aire precedieron a la creación de estas estrictas leyes ambientales. Acerca del autor
Indur Goklany ha trabajado con gobiernos federales y estatales, centros de investigación y en el sector privado por más de 30 años, y ha escrito extensamente acerca de la globalización y de cuestiones ambientales incluyendo el desarrollo sustentable, el cambio tecnológico, los alimentos y la salud. Él ha representado a EE.UU. en el Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático y en las negociaciones que establecieron la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Fue el director de la División para el Asesoramiento Técnico de la Comisión Nacional para la Calidad del Aire y un consultor para la Oficina de Política, Planificación y Evaluación de la Agencia para la Protección Ambiental. Él es el autor de El principio de la precaución (The Precautionary Principle) y de Purificando el aire: La historia real de la guerra en contra de la contaminación del aire (Clearing the Air: The Real Store of the War on Air Pollution).






