Con la película producida por el Sr Albert Gore con el nombre de este título, ahora parece que la verdad incómoda se viene contra él.
Después del fraude descubierto por hackers de internet por parte de los activistas del Cambio Climático, estos últimos se niegan a responder preguntas a periodistas. Preguntas que podrían ponerlos en una situación muy incómoda o que puedan descubrir más fraudes todavía. Las sospechas previas al escándalo por las cuales se creía que el tema del Cambio Climático era una acción de lobbies en busca de fondos públicos se hace cada vez más evidente.
En este video, un periodista de nombre Phelin McAleer formula preguntas "Inconvenientes" al Profesor Sthephen Schneider de la Universidad de Stanford, acerca de los correos electrónicos que revelaron la falsificación de datos del clima. El periodista es interrumpido dos veces por una asistente del profesor Schneider y luego es retirado por la intervención de un guardia de las Naciones Unidas, que ordenó detener la filmación del hecho.
La preocupación mostrada por los activistas es que el "negocio" de extorsionar empresas y gobiernos se heche a perder. Una vez más se repite la historia con las causas supuestamente nobles que buscan financiación pública y después quedan en una estafa contra los contribuyentes.
diciembre 15, 2009
Una Verdad Inconveniente
noviembre 05, 2007
El desafío del Nobel para Al Gore
Al Gore finalmente ganó el premio Nobel, al igual que la pequeña proverbial nuez que evolucionó hasta convertirse en un roble gigante. Ahora sólo podemos esperar que se lance como candidato a presidente, un puesto que, dada la historia reciente, seguramente lo merece.
¿Dónde más sino quizás a través del Protocolo de Kyoto sobre calentamiento global, el cual Gore negoció, se puede lograr tan poco gastando mucho? Pero para llegar ahí, o por lo menos para ser nominado, Al Gore tendría que hacer algo que hasta el momento ha evitado diligentemente: debatir.
La regla que Al Gore ha utilizado para salir en televisión es clara; no puede haber cuestionamientos. La última vez que fue candidato a presidente en el 2000, tuvo éxito contra George Bush, un peso liviano en el tema de calentamiento global. En esta ocasión hay debate de verdad.
Esto sucede porque Al Gore representa un partido que ha perdido la cordura en lo que concierne el cambio climático y que ha elaborado la legislación más ridícula de la historia, la cual, espera un veto de Bush y una firma de Al Gore.
Es importante considerar lo que el senador Bernie Sanders (“Independiente” de Vermont) tiene en el expediente: Una varita mágica legislativa que requerirá de cada uno de nosotros una reducción de emisiones de dióxido de carbono del 90% en 42 años. Considerando desde 1990, ha aumentado la emisión por casi un 20%. La legislación de Sanders nos lleva a la década de los treintas una era tecnológica de piedra. Es verdad que existe otra legislación más “moderada”. La propuesta de John Kerry (Demócrata de Massachusetts) lo reduciría en un 80%. Dianne Feinstein (Demócrata de California) en un 50%. Cada uno de estos proyectos tiene oportunidad de ser aprobado por el Senado y todavía una mejor oportunidad de ser vetado. Ahora que tiene su Nobel Sr. Gore, salga y pelee como un hombre, no se preocupe siquiera de escoger a alguien de su tamaño.
Lo cierto es que Gore ha evitado cada oportunidad de mantener un debate razonado con algún científico experto en el calentamiento global que no sea de su elección. El Heartland Institute, un centro de estudios en Chicago, ha gastado más de un millón de dólares en anuncios colocados en el Wall Street Journal y el New York Times, suplicándole a Al Gore que acepte debatir. No lo han logrado. En un lugar menos público, mi propio Cato Institute mandó una serie de cartas invitándolo a compartir nuestro auditorio en la Avenida Massachusetts en Washington, para mantener una discusión razonada con nuestros expertos. Una vez más, no recibimos respuesta.
Aquí está el problema: si cualquier oposición fuera tan fácil de vencer, Gore disfrutaría la oportunidad. Obviamente existe un argumento sustantivo y convincente que él no puede atacar. En esencia, este es que Al Gore ha abandonado la corriente científica dominante en el calentamiento global, aún cuando esa comunidad puede estar influenciada por el financiamiento que enfatiza los aspectos negativos.
Por ejemplo, el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas (del cual soy miembro y Gore no) predice un ascenso del nivel del mar de 13 pulgadas para el año 2100. El libro y la película de Al Gore contienen un montaje sin fecha que muestra a la Florida hundiéndose bajo las olas, algo que sólo podría suceder con 13 pies o más.
¿Cómo es posible alcanzar tal desconexión de la realidad científica?
Al Gore sólo tiene un científico, James Hansen de la NASA, susurrándole en el oído que el nivel del mar podría subir mucho más en los próximos 92 años, conforme el hielo de Groenlandia se derrite a consecuencia del cambio climático.
Ningún otro científico está dispuesto a arriesgarse, pues ese argumento simplemente no está respaldado por la historia climática observada en Groenlandia desde el fin de la última era glaciar. Durante la mayor parte de seis milenios, concluyendo hace 3.000 años, estuvo más caliente, y aún así, el hielo permaneció pegado como una goma. La respuesta asombrosa de Hansen, que usted puede leer en su blog, documentado en www.realclimate.org [0] (no es exactamente un diario científico) es que otros científicos no están de acuerdo con él porque sufren de lo que él llama la "reticencia científica". En otras palabras, todos sus colegas son unos cobardes porque no están de acuerdo con él.
¿Y qué hay del otro polo? Cada modelo computarizado mencionado por las Naciones Unidas muestra que en este siglo, la Antártida ha recibido más hielo porque el calentamiento provoca mayor precipitación que cae en forma de nieve. ¿Le gustaría a Al Gore que eso se hiciera público? ¿O qué tal el hecho de que Antártida acaba de establecer el récord máximo de la extensión de mar/hielo con una medición vía satélite?
El mundo sólo puede esperar que el premio Nobel empuje a Al Gore a postularse de nuevo para la presidencia. Él recibió este premio por su locura con respecto al clima. Ahora él puede defender el premio Nobel debatiendo solamente con aquellos que son fáciles de derrotar.
Este artículo apareció en American Spectator el 12 de octubre de 2007.
Source URL:http://www.elcato.org/node/2892
octubre 23, 2007
El dogma Gore-Clinton
Visitaba el sitio web del Cato Institute www.elcato.org, uno de mis sitios preferidos para buscar y leer excelente material de lectura y, vi este artículo publicado por Pedro Schwartz que es Presidente del MTS Spain, profesor de la Universidad San Pablo CEU de Madrid y Académico Asociado del Cato Institute.
El dogma de que el mundo marcha hacia un recalentamiento que pone en peligro la continuidad de nuestra civilización se ha convertido en el argumento capital de todos aquellos intervencionistas que no pueden soportar la idea de que el sistema de libre economía funciona bien y contribuye a mejorar la situación de todos, incluso los más pobres. Por fin han encontrado un argumento para defender la idea de que el mercado, si se le deja solo, acaba destruyendo la sociedad e incluso el mundo. El vehículo más poderoso en esta campaña de alarma es la película producida por Al Gore, “Una verdad inconveniente”, galardonada con un Oscar. También Leonardo di Caprio está paseando por todo el globo una película con el mismo mensaje producida por él. Ahora se une al clamor a favor de la regulación del control de las emisiones de CO2 el ex-presidente Clinton, quien ha centrado la reunión de su asociación de filántropos, la “Iniciativa global Clinton”, en la lucha contra el recalentamiento de la atmósfera terrestre.
Clinton, en una reciente entrevista, tras dar por sentado que el clima terrestre está cambiando a peor debido al descontrol de nuestro uso de combustibles, ha afirmado que las medidas para combatir el recalentamiento global no tienen por qué reducir el crecimiento económico de los países que las apliquen ni afectar la cuenta de resultados de las empresas que ahorrarán energía. El argumento tiene interés porque es posible que una contaminación atmosférica al estilo de la que soportan algunas ciudades chinas resulte a la postre un freno para el progreso económico del país. También puede ser conveniente que las empresas examinen con atención si el ahorro energético no puede a la postre aumentar los beneficios que obtienen de su actividad. Sin embargo, en el caso del tipo de medidas más amplias, la pregunta crucial es si estamos seguros de que hay recalentamiento y, caso de haberlo, si se debe a la acción del hombre.
Las estadísticas de temperatura publicadas por el Instituto Goddard para Estudios Espaciales, de la NASA, son uno de los principales apoyos científicos de las tesis de Gore. Pues bien, el mes de agosto pasado el ingeniero Stephen MacIntyre recalculó la serie histórica de temperaturas de ese Instituto y descubrió que la cifra de temperatura más alta del siglo XX en Norteamérica fue 1934 y no 1998. También hizo ver que de los diez años más calientes desde 1880, cuatro se situaron en el decenio de 1930 y sólo tres en la década pasada. También es interesante saber que, tras ese nuevo cálculo, los años de 2000 a 2004 fueron todos algo menos cálidos que el de 1900. Las cifras recalculadas por MacIntyre indican una subida de 0,44 grados centígrados en los últimos diez años, si bien centrada al final del siglo pasado y no en los primeros años del siglo XXI. No hay que deducir de la reordenación de años máximos realizada por MacIntyre que las temperaturas de la década de los años treinta fueran de infierno, comparadas con las de final de siglo, pues el cambio se basa en un recálculo de las temperaturas hasta el centésimo lugar decimal significativo. La conclusión correcta es que las de los diversos años del siglo pasado marcharon parejas. Por lo tanto, quizá no haya tanto recalentamiento global como vienen diciendo Gore, di Caprio, Clinton y Zapatero.
Las medidas propuestas por los intervencionistas para reducir la emisión de anhídrido carbónico podrían además resultar contraproducentes. Me gustaría estar seguro que la producción de combustibles biológicos para sustituir los fósiles no acabará emitiendo más cantidades de CO2 a la atmósfera, lo que al menos en los primeros diez o veinte años iniciales es probable que ocurra. La extensión de la superficie de cultivo en el mundo, impulsada por medidas políticas y los consiguientes altos precios de los cereales y otras plantas capaces de ser transformadas en energía, podría suponer un aumento de la velocidad de deforestación contraria a las buenas intenciones de los defensores de la Naturaleza.
Por si estas llamadas de atención mías puedan resultar poco convincentes, quiero recoger de la columna de Christopher Booker en el “Daily Telegraph” del 19 de agosto pasado, un cálculo por el profesor William Nordhouse de la Universidad de Yale, del coste de los recortes de emisión de gases del tipo de los propuestos por Al Gore. El valor presente del beneficio obtenido por esas medidas lo calcula Nordhouse como cercano a 12 billones (españoles) de dólares. Por contra, el coste de tales medidas, traído también a valores presentes, podría llegar a ser de casi tres veces esa suma.
Mi conclusión de todas estas reflexiones es que sigo dudando. ¿Estamos tan seguros de que el recalentamiento global no es sino una repetición de momentos de un ciclo climático de miles de siglos? Las predicciones de elevación de temperaturas y sus efectos se basan en modelos meteorológicos basados en audaces supuestos. ¿Estamos seguros de que la catástrofe global se cierne sobre nosotros como dicen los jeremías de la intervención? Como ha dicho el presidente de la República Checa, Vaclav Klaus, quizá la víctima de la acción del hombre al utilizar más y más energía para seguir prosperando acabe siendo, no el clima, sino nuestras libertades.
URL: http://www.elcato.org/node/2872
agosto 25, 2007
LA HIPOCRECIA DE LOS FAMOSOS ECOLOGISTAS
Son guapos y famosos. Cantan, actúan, ocupan cargos políticos, pero tienen tiempo para mucho más. Para erigirse en reserva moral de esta sociedad injusta, corrompida, abocada al Apocalipsis medioambiental. No tenemos más que acercarnos a la página web de Barbra Streisand, que recoge las recomendaciones de un científico expresadas en el New York Times y que llaman al ejemplo personal, a la renuncia, al ahorro, como forma de contribuir privadamente a moderar la contribución humana al efecto invernadero: cambie su sistema de calefacción por otro más eficiente, no utilice las viejas bombillas para iluminarse, cierre bien puertas y ventanas cuando ponga el aire acondicionado… Todo ello está muy bien y alguna de las recomendaciones tienen todo el sentido. Pero la cuestión cambia radicalmente cuando el comportamiento que observamos es el de la propia Streisand. El pasado mes de julio visitó Gran Bretaña, venciendo una vez más su timidez ante los escenarios, para cantar a sus incondicionales. Pero para desplazarse no eligió un avión de línea, sino que lo hizo en jet privado, tal como recogió el diario Daily Mail. Para acompañar a su voz necesitó 13 camiones de trailer con acompañantes, técnicos y todo tipo de bienes. Si por un lado recomienda en su página no poner el lavaplatos hasta que no esté cargada de vajilla sucia, por otro necesita para el backstage 120 toallas. Mucha agua tendrá que secar.
Di Caprio es ecologista "cuando puede"
Un reciente artículo del periodista Jeff Bercouvici, publicado en la revista Radad, recoge las incoherencia de los "green fakers", de los verdes de mentira. De los famosos que son ecologistas sobre la alfombra roja, pero que dejan de serlo cuando retoman sus privilegiadas vidas. Lo de viajar en jet privado, alejado del entusiasmo del público, no es exclusivo de la diva americana. La pareja de baile ecologista de Al Gore, Leonardo di Caprio, tampoco necesita a las líneas aéreas para desplazarse de ciudad a ciudad. "Yo intento viajar en líneas comerciales siempre que puedo", dice al respecto. Pero le ocurre como a cualquier otra persona, que hay ocasiones en que se ve abocado a viajar sin más compañía que la que él elija.
El éxito de Al Gore con su docudrama "Una verdad incómoda" (con su uso recreativo de la ciencia), no será ajeno a las artes de la productora Laurie David (cuyo marido fue, a su vez, productor de Seinfeld). Si uno entra en su página web lo primero que verá no es su perfil profesional sino el hecho de que es una "Global Warming Activist", una activista del calentamiento global. Será porque, ella también, prefiere el jet privado para sus desplazamientos a tener que compartir asiento con las personas a las que quiere "concienciar". Cuando se le pregunta por tan violento contraste entre lo que dice y lo que hace, su respuesta es a la vez clara y reveladora: "No soy perfecta. Esto no trata de la perfección. No espero que todos los demás sean perfectos, tampoco. Eso es lo que está dañando al movimiento ecologista: llevar a la gente a estándares (de comportamiento) que no pueden alcanzar". Y ella no quiere dañar al movimiento ecologista. El autor del artículo no ha hecho mención a Sheryl Crow, que gana honradamente mucho dinero convocando a miles de seguidores en sus conciertos, a los que inunda de chorros de voz y de electricidad, pero pide que se imponga un racionamiento en todo el mundo al uso del papel higiénico. Todo, por el medio ambiente.
Viva la energía eólica, lejos de mi vista
Los políticos también tienen tiempo para hacer lo contrario de lo que dicen, y eso que hablar les ocupa, a su vez, una porción importante de sus horas. Jeff Bercouvici pone el ejemplo del joven Robert Kennedy, que debate sus esfuerzos entre las organizaciones ecologistas Waterkeeper Alliance y Natural Resources Defense Council. No hay nada como las energías renovables, claro está, como la eólica. Pero siempre que los molinos de viento queden lejos de su vista. Lejos, muy lejos de su finca en Hyannis Port. O el candidato demócrata a la presidencia John Edwards, aferrado a su discurso demagógico sobre "las dos américas", una rica y otra pobre. También se podría hablar de las dos américas, la que cabe en su casa, la más grande de todo Estados Unidos, y la que se quedaría fuera.
Al Gore
Pero el campeón de todos ellos es, sin duda, Al Gore. Es el profeta del calentamiento global y ha llevado su docudrama por todo el mundo. Lo llamó "Una verdad incómoda". Como si se refiriera a su propia persona. Pues nuestro flamante premio Príncipe de Asturias gasta, en un solo mes, más que la familia estadounidense media en todo un año. Posee una mina de cinc que ensucia como la que más y rechaza, en el Capitolio, asumir él los "mandamientos" sobre el calentamiento global que prescribe para los demás. Para vender el apocalipsis en Canarias, lo ha adelantado a la zona, pero para los presupuestos públicos y privados.
La Tierra agradecerá a la bella Jennifer Aniston que se duche en sólo tres minutos y que, mientras, aproveche para limpiarse los dientes. Pero a lo mejor no es tan importante. Pero acaso más importante que eso sea no caer en determinados excesos.
