Gabriel Calzada , presidente del Instituto Juan De Mariana, de Madrid, explica ante el público estadounidense como la creación de nuevos generadores de energía verde, ecologista o energía renovable como otros les llaman suprime 2,2 empleos en la producción de energía convencional por cada empleo nuevo que genera esa nueva energía.
En la ciudad de Los Angeles, en California hay un plan para reemplazar las energías convencionales por otras ecológicas. De los costos de producir la energía no se habla por los medios. El ciudadano común no sabe cuanto tendrá que pagar y menos si podrá pagarla.
junio 15, 2009
La energía ecológica suprime empleos.
julio 13, 2008
La Noche del Gallo
Autor: Alberto Benegas Lynch (h)
Jesús vaticinó que su apóstol Pedro lo negaría tres veces antes de que cantara el gallo.
En nuestra época hay tres negaciones horrendas al orden natural que constituyen un serio peligro para la subsistencia de la sociedad abierta. Estas tres huidas del sentido común son el socialismo, el ecologismo y el terrorismo.
Es bien sabido que Jesús vaticinó que su apóstol Pedro lo negaría tres veces antes de que cante el gallo. En nuestra época hay tres negaciones horrendas al orden natural que constituyen un serio peligro para la subsistencia de la sociedad abierta. Estas tres huidas del sentido común son el socialismo, el ecologismo y el terrorismo. Nos encontramos así insertos también en la noche del gallo.
De tanto machacar en las tres vertientes de una misma concepción totalitaria, el mundo libre, poco a poco, ha ido absorbiendo parte del veneno que amenaza con incrementar la dosis mientras que los anticuerpos no parecen revitalizarse con la energía suficiente para detener el aluvión de reverencias y panegíricos a megalómanos atrincherados en el aparato estatal que se toman como dioses laicos, hasta que el fracaso estrepitoso reemplaza la veneración por nuevos milagreros y así sucesivamente.
El primer caso es el más antiguo: se trata del debilitamiento y finalmente la extinción de la propiedad privada en nombre de los pobres. Todas las vertientes de esta tradición de pensamiento sucumben en la realidad, aunque se siguen alimentando en la fantasía del discurso. Todas revelan una alarmante pobreza conceptual ya que no sólo significan una falta de respeto al derecho sino que barren con las únicas señales con que se cuenta para operar y saber donde se está parado. Así, al enervar la institución de la propiedad no hay precios y, por ende, resulta imposible la contabilidad, la evaluación de proyectos y el cálculo económico. No se sabe cuándo y en qué se consume capital. El conocimiento disperso se transforma en ignorancia concentrada en ampulosas comisiones de planificadores estatales que inexorablemente operan a ciegas, con lo que naturalmente se perjudica a todos pero de modo muy especial a los más necesitados.
En el segundo caso, a través de las trasnochadas figuras de la “subjetividad plural” y los “derechos difusos” se pretende que en nombre de la preservación de las especies y del medio ambiente cualquiera pueda dictaminar acerca del uso que terceros le asignan a sus respectivas propiedades. Paradójicamente, para preservar la propiedad del planeta Tierra se propicia la liquidación de la propiedad vía lo que con acierto se ha denominado “la tragedia de los comunes” puesto que lo que es de todos no es de nadie y los incentivos para cuidar los bienes desaparecen.
Hoy en día las vacas no se extinguen mientras que las ballenas tienden a desaparecer. Esto es así precisamente porque las vacas tiene dueño mientras que las ballenas “son de todos”. Esto no siempre fue así: en la época colonial cuando no existía la revolución tecnológica del alambrado y la marca cualquiera mataba ganado vacuno para cuerear o para comer un trozo de carne con lo que esos animales estaban en riesgo de extinción. Hoy, en cambio, de lo que se trata es de multiplicar el ganado y no de hacerlo desaparecer debido a los incentivos de la propiedad privada.
Idéntico fenómeno ocurre cuando una manada de elefantes pertenece a alguien, a diferencia de la masacre que tiene lugar si “es de todos” donde se ametralla para obtener marfil en lugar de estimular la reproducción.
Del mismo modo, nadie reforesta si sabe que los beneficios completos serán para otros. Las talas indiscriminadas se deben a la insistencia en las así llamadas tierras fiscales. A su vez, tal como se ha expuesto reiteradamente en infinidad de trabajos, los problemas que genera el monóxido de carbono, la lluvia ácida o el efecto invernadero también se dirimen en el contexto de la asignación de derechos de propiedad.
Por último, el flagelo del terrorismo debe rechazarse haciendo uso de todos los caminos de que dispone la sociedad abierta pero nunca con procedimientos inherentes a la canallada terrorista como la detención sin juicio previo, las escuchas telefónicas, la intromisión en el secreto bancario, la tortura y, en general, la restricción a las libertades civiles tan caras y esenciales al mundo libre.
La moderna noche del gallo no tendría lugar si no fuera por el paulatino debilitamiento y abandono de las sólidas bases sobre las que se sustenta la sociedad abierta. En este sentido, resulta sumamente decepcionante y descorazonador observar buena parte de las campañas electorales -incluso en los lugares más insospechados- en las que reiteradamente y en forma creciente los candidatos prometen echar mano al fruto del trabajo ajeno para los más diversos propósitos, todos reñidos con elementales principios del respeto recíproco.
Se torna imperioso abrir un debate de ideas al efecto de fortalecer el resguardo a la dignidad de las personas y volver a las fuentes en cuanto a la consiguiente filosofía que preserve las autonomías individuales para que cada uno pueda seguir pacíficamente su camino y reservar el uso de la fuerza exclusivamente allí donde hay lesiones al derecho. Desde luego que el estudio de los fundamentos de la sociedad abierta deben estar siempre a prueba: como enseña Popper, todo está sometido al carácter de la provisionalidad y abierto a posibles refutaciones (del mismo modo que Borges escribe que “el concepto de texto definitivo no corresponde sino a la religión o al cansancio”). Pero con el mismo entusiasmo de los bibliófilos, siempre nómadas al acecho de nuevas aventuras intelectuales, es urgente explorar seriamente los múltiples andariveles de la libertad al efecto de salir del atolladero en que nos encontramos.
En este contexto, es menester la debida comprensión del orden jurídico y dejar de lado las concepciones positivistas que consideran que toda legislación debe ser obedecida independientemente de su contenido, con lo que se acumulan pseudoderechos de la misma naturaleza inaudita del que acaba de proponerse en el Parlamento de Ecuador para ser incorporado en una enmienda constitucional: “el derecho de la mujer al orgasmo” (puede facilitar si se le da permanencia al consejo de Woody Allen, aquello de “amaos los unos sobre los otros”... con lo que la noche del gallo adquiriría un matiz de ribetes bien diferentes).
Fuente: Diario de América
agosto 29, 2007
AMBIENTALISTAS MORTIFEROS
por Walter E. Williams
Walter Williams es profesor de economía en la Universidad George Mason y académico asociado del Cato Institute.
Los ambientalistas, con la ayuda de políticos y funcionarios del gobierno, tienen planes que pueden costar la vida a miles de personas.
Luego del huracán Betsy, que azotó a Nueva Orleáns en 1965, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos (U. S. Army Corps of Engineers) propuso se construyeran compuertas en el lago Pontchartrain, similares a las que protegen ciudades de Holanda. Estas se iban a construir en 1977, pero las organizaciones Fondo de Defensa del Ambiente y Salvemos Nuestros Pantanos buscaron una orden judicial para impedirlo.
Según el reciente libro de John Berlau, “Eco-Freaks: Environmentalism Is Hazardous to Your Health” (Estrafalarios del medio ambiente: Ambientalismo es peligroso para su salud), el Fiscal Gerald Gallinghouse declaró en el tribunal que no construir esas compuertas podía causar la muerte de miles de personas en Nueva Orleáns. Pero el juez Charles Schwartz procedió a emitir el interdicto contra la obra, a pesar de las evidencias presentadas de que no se dañaría el ambiente.
Nos dicen que el DDT hace daño a la gente y a los animales. Berlau, investigador del Competitive Enterprise Institute, mantiene que ningún estudio ha comprobado que el DDT sea tóxico para la gente. En una larga investigación, voluntarios ingirieron 32 onzas de DDT durante año y medio y 16 años más tarde no han sufrido efectos adversos a la salud.
A pesar de que se ha comprobado que el DDT, apropiadamente utilizado, no hace daño a las personas ni a los animales, los ambientalistas extremistas siguen luchando para que se mantenga su prohibición. Eso ha costado la enfermedad y muerte por malaria a millones de personas, especialmente en Africa. Después de la Segunda Guerra, el DDT salvó millones y millones de vidas en la India, el sureste asiático y América del Sur. En algunos casos, las muertes por malaria llegaron casi a cero. Desde la prohibición de DDT, se han disparado las muertes por malaria y los enfermos.
Los ambientalistas extremistas ven al DDT de manera diferente. Alexander King, co-fundador del Club de Roma, dijo: “En Guyana, en casi dos años, se había casi eliminado la malaria, pero al mismo tiempo se doblaron los nacimientos. Por lo tanto, mi mayor preocupación con el DDT, en retrospectiva, es que ha aumentado mucho el problema poblacional”. Jeff Hoffman, abogado ambientalista, escribió en grist.org: “la malaria era un control natural de la población y el DDT causó una explosión de la población en algunas partes donde acabó con la malaria. Y una pregunta más fundamental, ¿por qué los seres humanos deben tener prioridad sobre otras formas de vida?... No veo ningún respeto por los mosquitos…”
El libro de Berlau cita muchos otros ejemplos de desprecio por la vida humana de parte de los ambientalistas y explica cómo ellos utilizan a políticos como idiotas manipulables.
En 2001, miles de personas perecieron en el ataque terrorista al World Trade Center. A comienzos de los años 70, cuando se construía el World Trade Center, comenzaba el miedo al asbesto. Los constructores planeaban rociar asbesto, que se adhiere al acero, para retardar el fuego. Pero las autoridades de Nueva York cedieron ante los ambientalistas y prohibieron su uso. Un sustituto menos efectivo contra los incendios fue entonces aplicado.
Después del ataque terrorista, el Instituto Nacional de Normas y Tecnología (NIST) confirmó las preocupaciones de otros expertos sobre los sustitutos del asbesto, concluyendo que “aún con el impacto de un avión y la gasolina prendiendo fuegos a varios pisos, lo cual no suele ocurrir en los incendios de edificios, el edificio probablemente no se hubiera derrumbado si no hubiera sido por el revestimiento contra incendios”.
Por las restricciones contra el asbesto, nuestros buques de guerra son más vulnerables, lo cual es una invitación al desastre y la desgracia de la nave espacial Columbia fue el resultado de la insistencia de la EPA en que la NASA no utilizara freón en el material aislante.
El Congreso impone normas de consumo de gasolina a los automóviles, lo cual resulta en vehículos más livianos y más peligrosos. En 2002, la Academia Nacional de Ciencias estimó que tales normas causan 2 mil muertes al año. En 1999, el diario USA Today determinó que desde que esas normas fueron establecidas en los años 70, 46 mil personas murieron en choques que hubieran sobrevivido en vehículos más pesados.
Nada de esto es noticia para los políticos. Es que los extremistas del medio ambiente gozan del oído de los políticos, pero no las víctimas.
Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
Publico en El Cato Institute www.elcato.org
agosto 25, 2007
LA HIPOCRECIA DE LOS FAMOSOS ECOLOGISTAS
Son guapos y famosos. Cantan, actúan, ocupan cargos políticos, pero tienen tiempo para mucho más. Para erigirse en reserva moral de esta sociedad injusta, corrompida, abocada al Apocalipsis medioambiental. No tenemos más que acercarnos a la página web de Barbra Streisand, que recoge las recomendaciones de un científico expresadas en el New York Times y que llaman al ejemplo personal, a la renuncia, al ahorro, como forma de contribuir privadamente a moderar la contribución humana al efecto invernadero: cambie su sistema de calefacción por otro más eficiente, no utilice las viejas bombillas para iluminarse, cierre bien puertas y ventanas cuando ponga el aire acondicionado… Todo ello está muy bien y alguna de las recomendaciones tienen todo el sentido. Pero la cuestión cambia radicalmente cuando el comportamiento que observamos es el de la propia Streisand. El pasado mes de julio visitó Gran Bretaña, venciendo una vez más su timidez ante los escenarios, para cantar a sus incondicionales. Pero para desplazarse no eligió un avión de línea, sino que lo hizo en jet privado, tal como recogió el diario Daily Mail. Para acompañar a su voz necesitó 13 camiones de trailer con acompañantes, técnicos y todo tipo de bienes. Si por un lado recomienda en su página no poner el lavaplatos hasta que no esté cargada de vajilla sucia, por otro necesita para el backstage 120 toallas. Mucha agua tendrá que secar.
Di Caprio es ecologista "cuando puede"
Un reciente artículo del periodista Jeff Bercouvici, publicado en la revista Radad, recoge las incoherencia de los "green fakers", de los verdes de mentira. De los famosos que son ecologistas sobre la alfombra roja, pero que dejan de serlo cuando retoman sus privilegiadas vidas. Lo de viajar en jet privado, alejado del entusiasmo del público, no es exclusivo de la diva americana. La pareja de baile ecologista de Al Gore, Leonardo di Caprio, tampoco necesita a las líneas aéreas para desplazarse de ciudad a ciudad. "Yo intento viajar en líneas comerciales siempre que puedo", dice al respecto. Pero le ocurre como a cualquier otra persona, que hay ocasiones en que se ve abocado a viajar sin más compañía que la que él elija.
El éxito de Al Gore con su docudrama "Una verdad incómoda" (con su uso recreativo de la ciencia), no será ajeno a las artes de la productora Laurie David (cuyo marido fue, a su vez, productor de Seinfeld). Si uno entra en su página web lo primero que verá no es su perfil profesional sino el hecho de que es una "Global Warming Activist", una activista del calentamiento global. Será porque, ella también, prefiere el jet privado para sus desplazamientos a tener que compartir asiento con las personas a las que quiere "concienciar". Cuando se le pregunta por tan violento contraste entre lo que dice y lo que hace, su respuesta es a la vez clara y reveladora: "No soy perfecta. Esto no trata de la perfección. No espero que todos los demás sean perfectos, tampoco. Eso es lo que está dañando al movimiento ecologista: llevar a la gente a estándares (de comportamiento) que no pueden alcanzar". Y ella no quiere dañar al movimiento ecologista. El autor del artículo no ha hecho mención a Sheryl Crow, que gana honradamente mucho dinero convocando a miles de seguidores en sus conciertos, a los que inunda de chorros de voz y de electricidad, pero pide que se imponga un racionamiento en todo el mundo al uso del papel higiénico. Todo, por el medio ambiente.
Viva la energía eólica, lejos de mi vista
Los políticos también tienen tiempo para hacer lo contrario de lo que dicen, y eso que hablar les ocupa, a su vez, una porción importante de sus horas. Jeff Bercouvici pone el ejemplo del joven Robert Kennedy, que debate sus esfuerzos entre las organizaciones ecologistas Waterkeeper Alliance y Natural Resources Defense Council. No hay nada como las energías renovables, claro está, como la eólica. Pero siempre que los molinos de viento queden lejos de su vista. Lejos, muy lejos de su finca en Hyannis Port. O el candidato demócrata a la presidencia John Edwards, aferrado a su discurso demagógico sobre "las dos américas", una rica y otra pobre. También se podría hablar de las dos américas, la que cabe en su casa, la más grande de todo Estados Unidos, y la que se quedaría fuera.
Al Gore
Pero el campeón de todos ellos es, sin duda, Al Gore. Es el profeta del calentamiento global y ha llevado su docudrama por todo el mundo. Lo llamó "Una verdad incómoda". Como si se refiriera a su propia persona. Pues nuestro flamante premio Príncipe de Asturias gasta, en un solo mes, más que la familia estadounidense media en todo un año. Posee una mina de cinc que ensucia como la que más y rechaza, en el Capitolio, asumir él los "mandamientos" sobre el calentamiento global que prescribe para los demás. Para vender el apocalipsis en Canarias, lo ha adelantado a la zona, pero para los presupuestos públicos y privados.
La Tierra agradecerá a la bella Jennifer Aniston que se duche en sólo tres minutos y que, mientras, aproveche para limpiarse los dientes. Pero a lo mejor no es tan importante. Pero acaso más importante que eso sea no caer en determinados excesos.
