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junio 04, 2008

Cristina Kirchner, FAO y la crisis de alimentos.



Cristina Fernández de Kirchner no parecer estar muy ocupada de los asuntos del gobierno. Cada vez se parece más a un sistema monárquico donde ella reina y su esposo es el primer ministro que gobierna.

Los discursos de Cristina Fernández de Kirchner son inentendibles, ni ella sabe lo que dice; le escriben un libreto y ella lo recita. Habla como un loro que aprende por repetición pero no es conciente de lo que dice. La presidente habla en un lenguaje que en el mundo hace mucho tiempo que no se habla y en parte de Argentina tampoco. La presidente tampoco pierde ocasión para culpar a alguien de algún problema que la aqueja, siempre tienen un culpable y a veces en cantidades.

En la reunión de FAO, realizada en Roma, Italia en estos días, aprovechó la ocasión para culpar a los pooles de los problemas en Argentina, también culpó a los grandes países centrales de los subsidios a los productos agrícolas. Se contradice cuando pide a los países que liberen los mercados y eliminen subsidios mientras regula los mercados internos y los estrangula con impuestos.

Cristina F de Kirchner y sus ministros, como ya dije están contra los pooles. Ella y sus ministros no saben lo que quieren, menos cómo conseguirlo. Hoy en día, una economía debe ser competitiva o desaparece. Parece que quieren volver a los viejos métodos de trabajo, costosos y sobre todo ineficientes para estos tiempos. Ignoran absolutamente el concepto de eficiencia. Ven como un pecado la ganancia y la rentabilidad. La eficiencia (uso óptimo de los recursos) es un factor clave para tener un negocio rentable, si un negocio no es rentable no atrae a los inversores, sin inversión de capital no es posible incrementar la producción.

El aumento de la productividad (producir más al mismo costo) en la agricultura sólo es posible hoy en dia con el uso de tecnología sofisticada, esa tecnología tan cara y fuera del alcance para un solo productor, sólo es posible adquirirla asociándose entre muchos productores, esta asociación es un pool y lo que el gobierno considera malo, pero tengo dudas si Cristina Kirchner sabe lo que es un pool.

Si los funcionarios estuvieran preocupados por el hambre en el mundo deberían facilitar la producción de alimentos. Establecer impuestos o barreras aduaneras, u hostilizar a los productores, no es facilitar las cosas sino entorpecerlas e impedirlas.

La crisis de alimentos que los progres de Argentina y del mundo llaman, es por un aumento de la demanda frente a una oferta rígida debido a la larga historia de restricciones crecientes en todos los países del mundo. El aumento de precios en los alimentos es una señal del mercado que indica a los productores que deben producir más, la ganancia es la motivación para producirla.

El incremento en la demanda es ya sabido por el crecimiento económico de China e India, las dos naciones que han adoptado políticas de liberación de los mercados de las sofocantes regulaciones estatales. Gracias a esas reformas que los progres llamarían con desprecio de “liberales” o “capitalistas” han permitido a millones de personas salir del estado de miseria; millones de personas tienen mayor poder adquisitivo y por ende demandan más; todo lo contrario de lo que hacen los países que tienen muchas regulaciones como el nuestro y que se empeñan en hacer todo lo necesario para hacerle las cosas imposibles a la gente que quiere producir, y que nunca resuelven sus problemas económicos.

Otro factor que también impulsa los precios al alza es el uso de alimentos para la producción de combustibles. El problema de los combustibles fósiles y sus elevados precios tiene semejanzas al de los alimentos: excesivas regulaciones. Los combustiblese se producen y comercializan en un mercado oligopólico, que está regulado por la acción de un cártel bastante mafioso como la OPEP, donde unos pocos deciden la cantidad a producir, se reparten el mercado y se fijan cuotas de producción, y casi nunca quieren aumentarla porque esto reduce sus ganancias. Un oligopolio está bastante alejado de un mercado libre, y muy cerca a un mercado regulado.

Los subsidios que los gobiernos establecen para los productores de aliementos tampoco son buenos para la producción en el largo plazo, los subsidios crean inseguridad y dependencia del productor respecto del gobierno. Un subsidio significa que se premia al más ineficiente a expensas del eficiente que produce más cantidad a menor costo, además el subsidio distorsiona los precios relativos y la relación de oferta y demanda, en el largo plazo. El subsidio es además un instrumento político que los políticos han usado con absoluta impunidad como arma de extorsión.

Esta crisis de aliementos se resuelve con más producción y todo lo que se necesita para conseguir un aumento es eliminar restricciones legales y reducir impuestos. Ni la FAO, ni la ONU ni los gobiernos incrementarán la producción, pero si pueden hacer algo por ella: abolir todo lo que han hecho y dejar en paz a la gente que quiere trabajar y producir.



noviembre 28, 2007

Aumento del precio de los alimentos


por Gary Becker
Gary S. Becker es Premio Nobel de Economía (1992), profesor de economía de la Universidad de Chicago, académico de Hoover Institution y miembro del consejo asesor del Proyecto de Privatización del Seguro Social del Cato
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Malthus y muchos de sus modernos seguidores asumen que el crecimiento de la población causa aumentos en los precios de los alimentos. En 1968, el biólogo Paul Ehrlich, en su libro “La bomba poblacional”, predijo que cientos de millones de personas morirían de hambre para mediados de los años 70. Desde luego que eso no sucedió y en los últimos 40 años el precio de los cereales y demás alimentos básicos ha bajado en relación con los precios de productos no alimenticios. Pero esto ha cambiado en los últimos dos años y en 2007 la inflación en el precio de los alimentos ha sido mayor que en todo lo demás.

Pero el aumento de la población mundial no resultó ser el factor determinante, entre otras cosas porque su crecimiento se ha reducido en los últimos 30 años. Una razón mucho más importante ha sido el aumento del ingreso per cápita en los países en desarrollo, especialmente en China y la India. Otro importante factor han sido los subsidios gubernamentales al maíz para producir biocombustibles que sustituyan al petróleo. La producción de etanol utilizará casi 30% de la cosecha total de maíz en Estados Unidos el próximo año.

El aumento del precio de los alimentos ha causado pánico en muchos países que han impuesto controles de precios y restricciones a las exportaciones de alimentos básicos. Otros países consideran ofrecer subsidios e imponer más regulaciones para impedir que sigan subiendo los precios de los alimentos.

La mayoría de esas medidas resultan contraproducentes porque desalientan en lugar de fomentar la producción de alimentos. Los agricultores se dedicarán a otros cultivos si les fijan un precio máximo al trigo, mientras que los subsidios agrícolas provocan mayor producción, pero distorsionan la asignación de recursos entre alimentos y demás bienes que los consumidores desean. Por el contrario, eliminar aranceles a la importación de alimentos, acabar con los subsidios a la exportación de alimentos y dejar que los agricultores hagan el uso que más les conviene de sus tierras contribuyen a la mayor eficiencia mundial en la producción y consumo de alimentos.

Los precios de los alimentos bajaron a lo largo de casi todo el siglo XX por los avances tecnológicos logrados. Éstos incluyen el desarrollo de mejores fertilizantes, la rotación de siembras, el control de enfermedades de las plantas y animales, modificaciones genéticas de cosechas y otras innovaciones. Todo esto debe seguir mejorando, especialmente si los gobiernos reducen sus restricciones a las modificaciones genéticas de los cultivos y si lo agricultores tienen la libertad de reaccionar libremente a los precios del mercado y demás indicaciones de lo que la gente quiere.

El rápido aumento del precio de los alimentos hace mucho más daño a los países pobres porque su gente gasta una considerablemente mayor proporción de sus ingresos en comida. La gente en Estados Unidos y en otros países ricos gasta alrededor de 10% de sus ingresos en alimentos, mientras que la gente de países muy pobres gasta más de 60%. Esto significa que un aumento de 30% anual en el precio de los alimentos durante cinco años reduciría el nivel de vida en apenas 3% en los países ricos, pero en 21% en los países pobres, si todo lo demás se mantiene igual.
Dentro de cada nación, los más pobres siempre son los más afectados por los aumentos de precio de los alimentos y por ello es que los gobiernos tienden a intervenir.

Mi conclusión es que los temores maltusianos no sucederán. La producción de alimentos se adaptará a la mayor demanda de los países en desarrollo y los precios futuros de los alimentos tenderán a la baja como sucedió en los últimos 100 años. Una incertidumbre tiene que ver con el calentamiento global y los biocombustibles porque cada vez mayores extensiones de tierras cultivables se dedicarían a la producción de etanol y no de alimentos.
Extraído del sitio:http://www.elcato.org/node/2962