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diciembre 01, 2007

Hacia la libertad en la República Argentina




La Constitución de 1853/60 representó el pacto de gobernabilidad en virtud del cual se organizó la República Argentina. Reconoció las autonomías provinciales. Creó la autoridad central basada en la unicidad del Poder Ejecutivo. Estableció el Congreso Nacional compuesto por dos Cámaras y el Poder Judicial independiente.

Las facultades fiscales del gobierno federal fueron limitadas al cobro de los derechos de aduana y a la venta o locación de tierras públicas. Previó, para casos estrictamente excepcionales (guerra, conmoción interior), gravámenes directos mientras duraran las emergencias.

La Argentina moderna se construyó sobre la base de la garantía de la propiedad privada, el derecho de libre asociación y la libertad contractual. Estas circunstancias permitieron atraer las grandes inversiones provenientes de los centros financieros de mayor importancia del mundo .

La fortaleza y el arraigo de las instituciones permitieron los casi 80 años de continuidad constitucional.

Las leyes de corte totalitario que se sancionaron con el pretexto de paliar los efectos de la Gran Depresión, determinaron las causas socialistas del fracaso argentino. Este pasaje de nuestra historia no lo podemos desconocer, si los argentinos queremos resurgir en algún momento .

Perpetuados los impuestos federales de emergencia, la Coparticipación Federal Impositiva, y con la banca y el crédito centralizados a nivel nacional, resurgió la ingobernabilidad propia de los históricos fracasos del unitarismo. La Constitución de 1853/60 quedó en la práctica derogada. El Congreso Nacional pasó a convertirse en figura decorativa, en especial, en sus facultades financieras.En el nuevo modelo aislacionista e inflacionario se impuso un Poder Ejecutivo desmembrado en un sinnúmero de organismos deliberativos autárquicos, en forma de entes y empresas comerciales, solventado con dinero de los contribuyentes. De los ocho ministros-secretarios se pasó a las múltiples Secretarías y Subsecretarías de Estado, dependientes del Poder Ejecutivo. La degradación progresiva de los billetes de curso forzoso, emitidos a modo de moneda por el Banco Central, con el fin de financiar las nacionalizaciones y la demagogia política, redujo severamente los salarios reales de la población. El sistema ideado por el justicialismo socialista, para compensar la caída en los ingresos populares, engendró el conjunto de cargas sobre el aparato productivo nacional que alejó a la Argentina de su otrora importante papel en el comercio mundial. La «protección a los trabajadores» y las leyes sociales convirtieron a la Argentina en país emigratorio. Al igual que los cubanos fugados de la paradisíaca isla socialista, un elevado número de nuestros compatriotas gravitan fuertemente, hoy, en California, Florida, España y hasta en Brasil.

La perversión de las ideas en 1945, a los diez años de establecida la Coparticipación Federal y el funcionamiento del Banco Central, sus creadores habían logrado un inesperado objetivo. La grave confusión ideológica que afectó al sector más ilustrado de la sociedad argentina.

Para enfrentar al naciente peronismo, los partidos tradicionales argentinos, no encontraron nada más oportuno que sellar un pacto de «Unión Democrática» con el Partido Comunista.El drama se acentuó en 1955, tras la asunción de la Junta Militar que había derrocado a Juan Domingo Perón de la presidencia. El corporativismo fascista recibe un inesperado triunfo al convocarse a Raúl Prebisch para asesorar, en materia económica, al gobierno de la Revolución Libertadora. Lo demuestra a las claras el Dictamen de una llamada “Comisión Asesora” sobre el “Plan de Restablecimiento Económico” presentado por el Dr. Raúl Prebisch. La Comisión, estuvo presidida por el Dr. Eustaquio Mendez Delfino y como Secretario el Dr. Adalberto Krieger Vasena, quien fuera luego “Ministro de Economía”. Lo curioso de esta Comisión era su estilo corporativo. Se asemejaba, en un todo, a la estructura del último gabinete del denostado régimen depuesto. La Comisión se mostró conforme con los objetivos del Plan Prebisch.Las críticas a la política inflacionaria, negociados, dirigismo y estatizaciones de los servicios públicos del derrocado gobierno, en ningún momento apuntaron a las causas que hicieron posibles estos hechos. Tanto el Plan de Acción Económica de 1934 y la Reforma fiscal y monetaria, de 1932/35, fueron ignorados.

Eran la obra imperecedera del Dr. Raúl Prebisch, quien había pavimentado el camino a la catástrofe. Gracias a este nombramiento y dictamen de neto corte keynesiano, no es de sorprenderse que el Régimen Financiero de la Constitución de 1853/60 permaneciera sepultado 60 años más. Frente a las elecciones para convencionales de 1957, los partidos “democráticos” diferían en muy poco con los principales puntos de la plataforma del Partido Comunista.

El agregado del artículo 14 bis a la Constitución de 1853/60, fue lo único aprobado. Desde entonces, la ya inexistente libre contratación laboral, el derecho de huelga y las convenciones colectivas quedaron legitimados por el Derecho Constitucional argentino. La suma de estos desatinos hizo que, a nivel popular, la palabra Justicia dejara de entenderse como ciega, abstracta, fría e impersonal, propia de las naciones civilizadas. Devino, por el contrario, en «Justicia Social». La «responsabilidad colectiva», criterio imperante en el orden jurídico primitivo, obtuvo, en nuestro medio, una extraña dosis de prestigio. Se puso de moda la discriminación por nacionalidad: «extranjero» y «enemigo» pasaron a ser sinónimos, con especial énfasis en materia fiscal.

La ausencia de libertad de trabajo, la inflación y la plétora de cargas sociales e impositivas trajo clientelismo, desempleo y el renacer de la barbarie. De ahí las actitudes irracionales de piqueteros cortando calles, avenidas, o rutas nacionales en reclamo de trabajo. O, peor, enfermeros huelguistas que dejan morir a los pacientes, en salas de terapia intensiva. El fracaso de los gobiernos civiles y militares y de los «planes económicos», que se sucedieron a partir de 1955, responde—todos—a una causa común: Insistir en hacer compatibles el régimen republicano, representativo y federal de gobierno con el centralismo corporativo fascista que nos rige.

La salida a la crisis perpetuada

La crisis perpetuada por el estatismo no tiene otra salida que liberar recursos y energías de la ciudadanía. Esto implica legalizar en forma incondicional las actividades productivas de más de seis millones de trabajadores, desocupados o excluidos en el sector informal de la economía..La libertad laboral es el más perfecto sistema de seguro contra el desempleo. No puede existir ninguna severa reducción de los gastos estatales sin la previa emancipación de las actividades creativas respecto de los poderes públicos. Eliminar impuestos al trabajo, establecer el derecho a elegir libremente planes de jubilación, seguros de salud, asociaciones gremiales y volver al federalismo en materia laboral. Avanzar hacia el federalismo fiscal con abolición del Régimen de Coparticipación Impositiva, adecuando el sistema rentístico nacional a las prescripciones del aún vigente artículo cuarto de la Constitución Nacional. Considerar guerra perdida la que lleva a cabo el gobierno contra la evasión, atento al rechazo masivo popular al orden legal que rige en materia impositiva y de previsión social. Apelar, sin demoras, al inciso segundo del artículo cuarto de la Constitución Nacional, que autoriza la venta o locación de tierras públicas, sin distinguir suelo del subsuelo. Para alcanzar a ver, en breve, a las rezagadas provincias argentinas compitiendo en prosperidad con los estados norteamericanos de Texas y California, resulta imprescindible derogar el Código de Minería y toda la legislación minera que consagre la colectivización del subsuelo. De la privatización del subsuelo podrán provenir los ingresos extraordinarios para dejar de ser un país rico con gobierno en bancarrota y población en fuga.

Estos recursos deben sustituir a los ilegítimos impuestos al cheque, a las ganancias, IVA, a la transferencia de combustibles, etc. que no son otra cosa que aduanas interiores que distorsionan la economía nacional. El Banco Central lleva ya 30 años de sobre vida, respecto a los cuarenta que le fijó la carta orgánica original. Cumplida con creces su obra demoledora, no queda otro camino que disolverlo. Esto, equivale a transferir todo lo referente a moneda, crédito, bancos, cambios y tasas de interés a la esfera del Derecho Comercial y al control incorruptible de la libre competencia y la responsabilidad individual.

Orientada la acción legislativa en este sentido, pronto habrán desaparecido los mercados negros; los capitales prófugos retornarán sin temor a represalias. Dejarán de existir la mendicidad institucionalizada; los privilegios fiscales se extinguirán automáticamente y la reconciliación nacional será un hecho.


Autor: Meir Zylberberg

noviembre 30, 2007

Kirchner, los impuestos y el liberalismo

Un principio del liberalismo dice que “la performance de un gobierno la podemos medir simplemente con el nivel de impuestos”. Por esta razón “la ley de presupuesto” es la más importante de todas las leyes; ya que en ella se define el nivel de esclavitud y sometimiento -o de libertad- que tendrá la ciudadanía durante ese periodo.

Cuanto el ciudadano es dueño del fruto de su trabajo invierte su excedente para hacer crecer su economía; el efecto colateral –no buscado- de esta acción, es que hace crecer a la vez, la economía del país logrando mejorar la performance de todo el sistema.

Durante la gestión Kirchner el impuesto inmobiliario permaneció fijo mientras que las propiedades recuperaron su valor en dólares –por lo tanto triplicaron su valor en pesos-. Esto representó en hechos reales una reducción del Impuesto Inmobiliario del 66%. Suma que ahora esta –nuevamente- en las manos de los ciudadanos, que hacen crecer la economía al 9.2% anual y la desocupación decrece mes a mes. Esto es “la mano invisible” que describía Adam Smith; un efecto mágico que asigna recursos de la forma mas eficiente, de lo que la pudiera asignar una mente planificadora central “omnicomprensiva”.

Por esta “única” razón estoy en condiciones de afirmar que el presidente Néstor Kirchner fue el presidente más liberal de los últimos 70 años.

El Efecto contrario lo sufrimos hace 10 años durante la gestión Duhalde en la provincia de Bs. As. En la efervescencia de las grandes reformas de la década del noventa el entonces Gobernador decidió un revaluó de las propiedades inmobiliarias para llevar los ingresos provinciales de 3.600 millones a 12.000 millones. El sistema entro en quebranto y colapsaría tres años después. La corrupción desatada durante este periodo de lucha política para conquistar el poder, llevo al país al abismo.

Por esta razón estoy en condiciones de afirmar que la tragedia del 2001 tuvo un gran responsable que fue Eduardo Duhalde.

El efecto mariposa. Tanto de la Rua en 1999 como Macri en 2007 ganaron las elecciones prometiendo bajar los impuestos. Ambos, al llegar al poder, traicionaron sus promesas –no solo, no bajaron los impuestos, sino que los subieron-. De la Rua, a dos años de haber ganado las elecciones con más del 50% de los votos –y con una expectativa de crecimiento del 10%-, tuvo que huir de Casa Rosada en helicóptero –fue la gota que renvalso el vaso, llenado por Duhalde-. Macri gracias a esta traicionera medida perdió casi el 70% de los votos en tan solo dos meses; alentando la desinversión en Capital Federal, que se trasladará a zonas del país donde se respete la propiedad privada.

López Murphy por asistir a las dos traiciones, en absoluto silencio, perdió todo su capital político.
Los hombres “Pro” llegan al gobierno agazapados detrás de la figura de los liberales Juan Bautista Alberdi y Ayn Rand –que figuran en todos sus folletos- y no son mas que lobos disfrazados de corderos para asaltar la propiedad privada de los ciudadanos. “El ladrón privado es el menos peligroso de los enemigos de la propiedad” Juan B. Alberdi.

Neoliberalismo es la idea de creer que se pueden alcanzar “los beneficios de la libertad”, aumentando los impuestos. Un contrasentido.

Cristina, el cambio recién comienza

Si un secreto del éxito del liberalismo es bajar los impuestos, la otra cara del liberalismo es el orden y la seguridad jurídica que nos garantiza reglas claras de juego en el largo plazo. Tanto Néstor como Cristina Kirchner –ambos abogados- fueron formados en la cuna del Positivismo Jurídico en la Argentina. Filosofía política -que influenciado por el Iluminismo Racionalista del Siglo XVIII y XIX- creyó en la idea de poder construir un nuevo “orden jurídico” independiente del Derecho natural. Las consecuencias de estas ideas fueron el aumento constante de “tensión de civilización” que derivo en el Siglo XX en más de 180 millones de muertos en el mundo. En la Argentina, su logro más importante fue la destrucción de la Constitución de 1853.

El desorden jurídico alcanzado por esta “nueva Filosofía Política” hace que la Justicia Argentina hoy, se encuentre entre una de las peores del mundo, que induce al país a la Barbarie –inseguridad sobre la vida y sobre los bienes de las personas-.

La gran asignatura pendiente para la presidente Cristina Fernández es –en mi opinión- primero: recuperar el orden jurídico, que solo se podrá conseguir, a partir de la reimplantación de la Declaración de Derechos de la Constitución de 1853.

Y segundo lugar hacer respetar en la Constitución el principio Cristiano de “Dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios” es decir separar la Iglesia del Estado. Principio que no fue respetado por el Catolicismo y que tanto daño le ha hecho a la Iglesia y al Estado.

Si Cristina en su gestión, logra reestablecer “el Estado de Derecho” en la Argentina estoy en condiciones de afirmar que su nombre cerrara un ciclo de más de 70 años de desencuentros entre los Argentinos, y resurgirá la paz y el progreso para todos.

Autor: Guillermo Andreau
Fuente: Fundación Atlas 1853

octubre 02, 2007

Los mensajes de Juan Bautista Alberdi

Mensaje Nº 1



Mensaje Nº 2



Mensaje Nº 3



Mensaje Nº 4



Fuente: http://elrelativismomoral.blogspot.com

septiembre 26, 2007

600 chicos, 650 millones






¿El Kirchnerismo es progresista?



Por Gustavo Lazzari
www.atlas.org.ar


Según un estudio del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires hay 600 chicos que viven en las calles de la ciudad. Estos chicos están condenados al miedo, y por lo tanto a la violencia. La ley de la calle es clara. Sos violento o morís. No hay término medio. [1]

Por otro lado, informaciones periodísticas dan cuenta que el gobierno de Néstor Kirchner gastó en publicidad oficial 650 millones de pesos en cuatro años. Según el diario Perfil, el gobierno “gastó en materia de publicidad

• 2003: $ 46,2 millones. • 2004: $ 99,8 millones. • 2005: $ 127,4 millones. • 2006: $ 209,6 millones. • 2007: $ 164,7 millones en el primer semestre, de los $ 202,8 millones presupuestados”

¿Cuál es la relación entre una noticia y otra?

Unir los das dos informaciones nos permite inferir una sola conclusión: El progresismo argentino es criminal.

Hay un doble discurso, un patológico doblepensar, por el cual está bien que el gobierno tire a la cloaca 650 millones de pesos y al mismo tiempo 600 chicos están viviendo la peor de las dictaduras, la del miedo.

En tiempos de números falsos donde los funcionarios hablan de millones como si fueran monedas, es necesario poner en realidad los números.

Un simple y conservador ejercicio nos permite comprender por qué es criminal derrochar 650 millones de pesos.

En estos cuatro años, podría haberle salvado literalmente la vida a los chicos de la calle.

A cada uno de dichos niños podría haberle asignado: $ 1.083.000 lo cual es dinero suficiente para comprar:

· 1 casa de 80 m2 a valor de mercado (U$S 1000): $ 240.000
· Pagar educación primaria, secundaria y universitaria en instituciones privadas a precio de mercado. ($ 59.000)
· Pagar salud en prepagos privados por $ 500 mensuales durante 20 años : ( $ 120.000)
· Atender a gastos personales de alimentación y vestimenta por $ 1000 mensuales durante 20 años: ($ 240.000)
· Aún así, cada niño tendría un ahorro de $ 424.000 para financiar cualquier proyecto productivo.

Estos cálculos son mas que conservadores pues suponen que no hay parentesco entre los niños que están en la calle, y supone ninguna capitalización durante los 20 años considerados.

Cierto es que los únicos niños con problemas no son los de la Ciudad de Buenos Aires. El punto es ejemplificar que el supuesto progresismo del gobierno es un verso. No es la falta de recursos sino el nefasto orden de prioridades lo que nos permite ver a niños pidiendo en la calle debajo de carteles oficialistas.

¿Tanto mas importante es pretender adoctrinarnos que “somos un país en serio” o ver las fotos de las obras públicas previas a cada acto del presidente?

¿Tanto mas importante son los periodistas amigos y los comentarios chupamedias?

El Congreso de la Nación está debatiendo el presupuesto de la Administración Nacional para el año 2008. Allí está la partida correspondiente al gasto en publicidad oficial. Los diputados y senadores tienen en sus manos la responsabilidad y la posibilidad de abolir ese gasto auténticamente cloacal y perverso.




[1] Artículo “Córtenla, dijo la corte” de Edi Zunino. http://www.perfil.com/system/modules/com.tfsla.perfil.diario/elements/articulo_print.jsp?filename=contenidos/2007/09/09/noticia_0002.html. Y “Traspasan a la ciudad planes de atención a la niñez” La Nación Jueves 7 de Septiembre de 2006. www.lanacion.com.ar

septiembre 06, 2007

LA RIQUEZA DE GENERACIONES: CAPITALISMO Y LA FE EN EL FUTURO


Autor: Johan Norberg


Creer en el futuro es quizá el más importante valor para una sociedad libre. Es lo que hace que estemos interesados en lograr una educación, o en invertir en un proyecto, o incluso en ser amables con nuestros vecinos. Si pensamos que nada puede mejorar o si creemos que el mundo se acabará pronto, entonces no nos esforzaremos en lograr un futuro mejor y más civilizado. Y todos seremos miserables.
Los filósofos de la Ilustración crearon la fe en el futuro durante los siglos XVII y XVIII, haciéndonos reconocer que nuestras facultades racionales pueden entender al mundo y que con libertad podemos mejorarlo. El liberalismo económico probó que estaban en lo correcto. Adam Smith explicó que no es de la benevolencia del carnicero que esperamos nuestra carne, sino de su propio interés; es mucho más que una afirmación económica, es una visión del mundo. Es una manera de decir que el carnicero no es mi enemigo. Al cooperar e intercambiar voluntariamente, ambos ganamos. Y hacemos del mundo un mejor lugar, paso a paso.
Desde esos días, la humanidad ha logrado un progreso sin precedente. Pero sorprendentemente no vemos eso, por causa de viejos mecanismos mentales que fueron desarrollados en épocas más peligrosas, cuando la ganancia de uno era con frecuencia la pérdida de otro. Esta noche, hablaré de esos mecanismos, de lo que son y cómo tratar con ellos. Y un buen lugar para comenzar es con una ideología que ha aprovechado al máximo esos viejos mecanismos mentales: el socialismo.
Carlos Marx explicó que el capitalismo haría más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. En el mercado libre, si uno ganaba el otro perdía. La clase media se convertiría en proletariado y el proletariado moriría de hambre. Fue un momento desafortunado para hacer esa predicción. La revolución industrial dio libertad para innovar, producir y comerciar, y creó riqueza en una escala enorme. Llegó a la clase trabajadora, ya que la tecnología los hizo más productivos y de mayor valor para sus empleadores. Sus ingresos se elevaron estrepitosamente.
Lo que sucedió fue que los proletarios se volvieron clase media y la clase media comenzó a vivir como la clase alta. El país más liberal, Inglaterra, lideró ese camino. De acuerdo a las tendencias de la humanidad hasta ese entonces, se hubieran necesitado 2,000 años duplicar el ingreso medio. A mitad del siglo 19, los ingleses lo hicieron en 30 años. Cuando murió Marx en 1883, el inglés promedio era tres veces más rico que el año en el que Marx nació, en 1818.
Los pobres en las sociedades occidentales tienen vidas más largas, con mayor acceso a bienes y tecnologías, y más oportunidades que los monarcas en tiempos de Marx.
Muy bien, dijo Lenin, el malvado aprendiz de Marx, nos equivocamos en eso. Pero la clase trabajadora de Occidente sólo pudo enriquecerse porque fue sobornada por los capitalistas. Alguien tuvo que pagar el coste de esos sobornos: los países pobres. Lenin quiso decir que el imperialismo era el siguiente paso natural del capitalismo, por el que los países pobres dedicaban su trabajo y sus recursos a satisfacer a Occidente.
El problema de esta teoría es que todos los continentes se volvieron más ricos, si bien a un paso diferente. El europeo occidental o el norteamericano es 19 veces más rico que en 1820, pero un latinoamericano es 9 veces más rico, un asiático 6 veces y un africano, 3. ¿De dónde fue robada la riqueza? La única manera de que esta teoría de suma cero se mantuviera en pie es que se hubieran encontrado los restos de una nave espacial muy avanzada a la que saqueamos hace 200 años. Y ni siquiera eso salvaría la teoría. Necesitaríamos saber a quién habían quitado esa riqueza los extraterrestres.
Es correcto decir que el colonialismo fue a menudo un crimen, y que en muchas instancias llevó a terribles acciones. Pero la globalización en las últimas décadas muestra que la existencia de países ricos facilita el desarrollo de los países pobres, cuando ambos participan en un intercambio voluntario y libre de ideas y bienes.
La globalización significa que las tecnologías que costaron miles de millones de dólares desarrollar a las naciones ricas pueden ser usadas de inmediato en los países pobres. Si usted trabaja en una empresa estadounidense en un país de bajos ingresos, su ingreso personal es en promedio 8 veces el de ese país. No es que las empresas multinacionales sean más generosas, sino que están globalizadas y usan máquinas y sistemas de gestión que eleva la productividad de los trabajadores, y por consiguiente sus sueldos.
Por lo tanto, las oportunidades de un país pobre con instituciones abiertas, proclives al libre mercado, se elevan conforme el mundo se desarrolla más. A Inglaterra le llevó 60 años duplicar su ingreso a partir de 1780; Suecia hizo lo mismo en 40 años. Un siglo después, países como Taiwán, Corea del Sur, China y Vietnam lo han hecho en menos de 10 años.
Durante los años 90, el siglo pasado, países pobres en los que en conjunto viven unos 3.000 millones de habitantes se han integrado a la economía global y han visto elevar sus tasas de crecimiento hasta casi el 5% per cápita. Eso significa que el ingreso promedio se duplica en menos de 15 años. Debe compararse esto con el crecimiento más lento de los países ricos y el crecimiento negativo en otros países pobres donde viven 1.000 millones de personas. Estos países, especialmente en la África sub-sahariana, son los menos liberales, menos capitalistas y menos globalizados. Parece que Lenin entendió las cosas al revés: los países pobres que están conectados con los países capitalistas por medio del comercio y la inversión crecen más rápidamente que los demás, no se vuelven más pobres.
Echemos un vistazo a las estadísticas para ver la historia más grande jamás contada. La proporción en pobreza absoluta en países en desarrollo ha sido reducida del 40 al 21% desde 1981. Casi 400 millones han salido de la pobreza, la mayor reducción de pobreza de toda la historia humana. En los últimos 30 años el hambre crónica ha sido reducida a la mitad, al igual que el trabajo infantil. Desde 1950 el analfabetismo se ha reducido del 70% al 23% y la mortalidad infantil en dos tercios.
De modo que los ricos se vuelven más ricos y los pobres se hacen ricos a mayor velocidad que los primeros. Ambos, Marx y Lenin se equivocaron. Ahora, es el turno de un economista socialista moderno, Robert Heilbroner, quien en 1989 admitió célebremente:
Menos de 75 años después del inicio oficial de la competencia entre capitalismo y socialismo, ésta se acabó: el capitalismo ha ganado. Los grandes cambios que están sucediendo en la URSS, China y Europa del Este nos han dado la prueba más clara posible que el capitalismo organiza más satisfactoriamente los asuntos materiales de la humanidad que el socialismo. (New Perspectives Quarterly, Otoño de 1989)
Pero Heilbroner no hizo las paces con el capitalismo. Las mentalidades de suma cero no mueren fácilmente. Alguien ha tenido que pagar por el éxito del sistema, ¿verdad? Pues sí, efectivamente. Heilbroner ha dicho que aún se opone al capitalismo, pero ahora porque significaba un alto coste ambiental. Después de oponerse al capitalismo porque creaba desperdicios, ineficiencias y pobreza, un socialista ahora podría oponerse al capitalismo porque es eficiente y crea mucha riqueza, y eso destruye la naturaleza.
Ese argumento es tan popular como falso. Antes que nada, los peores problemas ambientales no son las chimeneas. Es mucho peor que la gente queme madera, carbón, los desperdicios de las cosechas y estiércol para cocinar y calentarse. Sí, la producción moderna de energía crea problemas ambientales pero no mata a nadie cada 20 segundos, como ese asesino en las cocinas. Y las enfermedades trasmitidas por el agua matan otros 5 millones cada año. Tan sólo el número de personas que mueren por causa de estos dos problemas ambientales tradicionales es 300 veces superior al número de muertos en guerra en un año. Estas enfermedades, por cierto, han sido eliminadas en las naciones industrializadas de la tierra.
Más aún, cuando nos volvemos más ricos también podemos enfrentarnos a los nuevos problemas ambientales que las nuevas industrias crean. Cuando tenemos los recursos para salvar a ambos, a nuestros hijos y a nuestros bosques, empezamos a pensar en salvar a la naturaleza, para lo que el progreso económico y tecnológico nos da los medios. El medio ambiente es el resultado de un giro en las preferencias.
En los últimos 25 años la contaminación del aire en Europa se ha reducido en 40% y en los Estados Unidos, el 30%. Tenemos estudios detallados de la calidad del aire en Londres desde el siglo XVI, que se deterioró hasta 1890, para mejorar desde entonces: hoy es tan limpio como lo era en la Edad Media. Los bosques han crecido cada década en los Estados Unidos y la Unión Europea desde los años 70. Lagos y ríos están menos contaminados. La cantidad de petróleo que se ha derramado en los océanos se ha reducido en 90% desde 1980.
Sí, seguro tenemos grandes problemas ambientales frente a nosotros. Pero tuvimos aún mayores problemas antes, y los logramos solucionarlos gracias a mayor riqueza, conocimiento y tecnología. Y no veo razón por la que no sigamos haciendo lo mismo.
Así que, ¿hemos visto finalmente los beneficios del liberalismo y del capitalismo? Pues casi. Uno de los socialistas que ha visto muchas de sus visiones caer es el historiador marxista Eric Hobsbawm. Con renuencia ha terminado por reconocer que el capitalismo ha demostrado su valor en lo que se refiere a casi todo. Pero tiene una objeción final: ¿Nos hace felices? ¿Qué sucede con la calidad de vida? Éste es el último argumento que se ha difundido contra los mercados libres. El encargado de popularizarlo ha sido el economista británico Richard Layard y consiste más o menos en esto:
El desarrollo económico no contribuirá a mayor felicidad, porque estamos más interesados en nuestra posición relativa. El hecho de que alguien tenga mayores ingresos –que lo hacen feliz– hace a otros menos felices, lo que los fuerza a trabajar más y mantener su posición relativa. Al final todos somos más ricos, pero no somos más felices que antes, ya que no podemos ser más ricos que el resto de la gente. En otras palabras, un mejor futuro no resultará en un mejor futuro.
Sabemos que existe un salto dramático en el bienestar reportado por los ciudadanos cuando los países pasan de un ingreso per cápita de unos 5.000 a unos 15.000 dólares anuales. Pero entonces la satisfacción se nivela, de lo que Richard Layard concluye que ya no debe importarnos mucho el crecimiento en los países ricos. En realidad, él quiere menos movilidad y cambio, y desalentar el trabajo duro con impuestos altos, para dejarnos tiempo a lo que nos hace más felices: la familia y los amigos.
¿Es ésa la conclusión correcta? Imagine que usted está feliz porque tiene una fiesta la semana que viene. Después de la fiesta, Richard Layard lo entrevistaría a usted para ver que no es más feliz después de la fiesta que antes de ella. Así que probablemente lo alentaría a dejar de dedicar un montón de tiempo y energía a las fiestas, porque aparentemente esto no eleva su bienestar.
Es una conclusión grotesca. Usted no tendría el sentido de alegría y felicidad en primer lugar si no tuviera cosas agradables en perspectiva, cenas interesantes y buenas fiestas, por ejemplo. ¿Es posible que lo mismo suceda con la riqueza? El hecho de que el crecimiento no eleve la felicidad no significa que sea inútil. En realidad, podría ser el hecho de que el crecimiento continúe lo que nos hace posible que sigamos creyendo en un futuro mejor y seguir experimentando esos altos niveles de felicidad.
Gracias a las encuestas sabemos que la esperanza está correlacionada con la felicidad. Si se quiere encontrar a un europeo feliz, busque a alguien que crea que su situación personal va a ser mejor dentro de cinco años. Y vemos lo mismo cuando comparamos a estadounidenses y europeos. De acuerdo con la Harris Poll, el 65% de los estadounidenses y sólo el 44% de los europeos piensan que su situación será mejor en cinco años. En consecuencia, el 58% de los estadounidenses están satisfechos con sus vidas, y sólo un 31% de los europeos.
En países pobres y mal gobernados sociedades enteras sufren de desesperanza. Se tienen pocas oportunidades, sin expectativas de que mañana pueda ser un día mejor. La creencia en el futuro crece cuando los países pobres comienzan a experimentar crecimiento, cuando los mercados se abren y los ingresos se elevan. Eso puede explicar por qué la felicidad alcanzó altos niveles en Occidente después de la Segunda Guerra Mundial. Con las economías creciendo rápidamente, la gente comenzó a pensar que sus hijos tendrían una vida mejor que la de ellos.
Elevar los impuestos para desalentar el trabajo y reducir el crecimiento económico sería una manera de suspender ese progreso. Casi todos los estudios muestran que la pérdida de ingresos y oportunidades reducen la felicidad.
En realidad, la felicidad no ha dejado de crecer. De acuerdo al World Database of Happiness, dirigido por el investigador holandés Ruut Veenhoven, la felicidad se ha elevado en la mayoría de los países occidentales en los que la encuesta se ha realizado desde 1975. Hay retornos decrecientes, pero incluso en nuestro nivel de vida la gente eleva su felicidad cuando las sociedades se vuelven más ricas. Y los lugares más felices son los más individualistas: Norteamérica, Europa del Norte y Australasia.
Otra razón de esta felicidad es que las sociedades liberales y de mercado permiten a las personas libertad de elección. Si nos acostumbramos a ella seremos cada vez mejores escogiendo cómo vivir y trabajar de la manera que nos gusta. Quien no crea que será más feliz trabajando más duro, puede dejar de hacerlo. Una encuesta mostró que 48% de los estadounidenses, en los últimos cinco años, redujeron sus horas de trabajo, rechazaron promociones de trabajo, redujeron sus expectativas materiales o se mudaron a lugares más sosegados. ¿Comida rápida o comida lenta? ¿Con logo o sin logo? En una sociedad abierta, usted decide.
Eso será mientras seamos libres para tomar las decisiones nosotros mismos. Quienes usan los estudios de felicidad para proponer un programa contrario al mercado nos negarían esa libertad. Nos dirían cómo vivir nuestras vidas y por eso, reducirían nuestra habilidad para tomar esas decisiones en el futuro.
A pesar de las críticas de Layard contra el materialismo y el individualismo incluso él admite que "nosotros en Occidente somos más felices que ninguna otra sociedad previa". Pues bien, en ese caso, por favor, o socave esa sociedad.
Somos más ricos, más sanos y más felices de lo que jamás lo hemos sido. Vivimos más, vivimos más seguros, vivimos más libres que nunca antes. En cada generación sucesiva hemos sido capaces de lograr construir sobre el conocimiento, la tecnología y la riqueza de generaciones anteriores, y agregar la nuestra. Hemos aumentado más la libertad, creado más riqueza y elevado más la expectativa de vida en los últimos 50 años que en los anteriores 5.000.
No sólo estoy diciendo que el vaso está medio lleno y no medio vacío. Estoy diciendo que antes estaba vacío. Sólo hace 200 años la esclavitud, el feudalismo y la tiranía regían al mundo. De acuerdo a nuestros estándares los países más ricos eran extremadamente pobres. La probabilidad media de pasar el primer año de vida era menor a la probabilidad que tenemos hoy de llegar a la jubilación.
El vaso está ahora al menos medio lleno y se está llenado mientras hablamos. Y si lo tuviera aquí, frente a mí, propondría un brindis a la creatividad y la perseverancia de la humanidad.
En otras palabras: no se preocupen, sean felices.
Pero a pesar del hecho de que somos felices, parece como si no nos diéramos cuenta, y en verdad nos preocupamos.
Cuando le preguntamos a la gente qué está pasando en el mundo, la mayoría dice que las cosas van a peor, que la pobreza está creciendo, que la naturaleza se está destruyendo. La semana pasada publiqué una investigación mostrando que los suecos piensan que todos los indicadores de estándar de vida y del medio ambiente empeoran, cuando en realidad están mejorando. Cuando leemos los periódicos vemos problemas, pobreza y desastres. Poderosos movimientos internacionales se oponen a la globalización y al capitalismo porque piensan que elevan la miseria y el hambre. Y los académicos escriben libros diciendo que todos estamos tristes y deprimidos.
Si hay algo que no mejora en el mundo es nuestra visión del mundo. ¿Por qué? Si la aventura de la humanidad es ese gran triunfo, ¿por qué no nos damos cuenta? ¿Por qué tenemos una tendencia a pensar, como Marx, Lenin, Heilbroner y Hobsbawm, que el progreso que hemos tenido debe provocar un problema u otro? Intentaré darles unas pocas explicaciones de este asombroso y molesto hecho.

El problema del sesgo

El primer y más obvio villano de esta historia es la evolución. La selección natural ha girado la atención de la humanidad a los problemas. Es fácil de entender que los primeros seres humanos que se sentaban después de una buena comida a descansar y disfrutar la vida probablemente no encontraran después suficiente comida para llenar sus estómagos al siguiente día, además de correr el riesgo de ser devorados por un león. Mientras tanto, los que estaban permanentemente estresados y previniendo posibles problemas que pudieran encontrarse, quienes siempre cazaban y recogían un poco más de comida por si acaso y quienes siempre miraban con sospecha el horizonte, fueron quienes encontraron refugio antes de una tormenta o antes del ataque de un león. Así que ellos sobrevivieron y pasaron sus genes llenos de ansiedad y estrés hasta nosotros.
Es importante ser consciente de los problemas porque los problemas nos indican que debemos actuar. Si mi casa se está incendiando, necesito saberlo ahora. Que mi casa sea bonita no es tan importante. Si escucho información acerca de algo en la comida que puede matar a mis hijos, necesito la información ya. Que haya algunas comidas nuevas y deliciosas en el mercado no es tan importante.
La humanidad es una especie de solucionadores de problemas. Quienes resolvieron los problemas sobrevivieron. Y significa que los buscamos. No nos detenemos en el momento en el que solucionamos un problema viejo y nos alegramos, buscamos el siguiente gran problema y comenzamos a trabajar para solucionarlo.
No permanecemos despiertos por las noches contemplando el hecho de que hemos sido capaces de tratar a la polio y la tuberculosis. Nos quedamos despiertos en la noche y nos preocupamos por el SIDA, y nos preocupamos de lo que la gripe aviar pueda significar en el futuro. No pensamos en lo grandioso que fue la erradicación de la malaria en los países desarrollados. Pensamos lo terrible que es que tantas personas mueran a diario de malaria en los países en desarrollo.
El autor estadounidense Gregg Easterbrook ha señalado el hecho de que los problemas viejos, por terribles que hayan sido en el pasado, parecen menos temibles en retrospectiva, porque sabemos que los pudimos resolver. Pero los problemas de hoy son inciertos y están sin resolver, y por eso se quedan en nuestra mente.
Hace pocas semanas, la primera noticia en los medios principales de televisión fue la existencia de "una creciente amenaza ambiental" en Europa. El problema era el transporte marítimo, que rápidamente se ha convertido en el mayor emisor de dióxido de sulfuro en Europa. Sin embargo, escuchando atentamente el reportaje, se podía entender que la causa no era el crecimiento de las emisiones de ese transporte –que sí crecieron un poco–, sino la reducción de otras fuentes emisoras. Las emisiones totales de dióxido de sulfuro en Europa (incluyendo a los barcos) han sido reducidas en un 60% en 15 años. Así que la historia real versaba sobre la dramática mejora de las condiciones ambientales, pero ahora el problema era el transporte marítimo, con el que teníamos que enfrentarnos, y eso era la noticia.
Soy un optimista. Creo que este sesgo de percepción es algo bueno. Es lo que nos mantiene alertas, para así resolver problemas y mejorar el mundo. Pero tenemos que entender que esto también significa que nuestras mentes están constantemente ocupadas con problemas. Y que por eso tendemos a ver el mundo peor de lo que es.
El progreso siempre crea algún nuevo reto y los solucionadores de problemas piensan más en los retos que en el progreso. Vivimos más tiempo que nunca antes. ¿No es eso fantástico? No, porque resulta en mayores costos de pensiones y salud. Al fin los países pobres avanzan económicamente. ¿No es eso maravilloso? No, porque ahora tememos que los fontaneros polacos y los programadores de la India nos quiten nuestros trabajos.
Siempre hay algo que nos asusta. En los años 70, cuando las temperaturas estaban descendiendo, nos preocupamos de una nueva edad del hielo. Ahora nos preocupamos del calentamiento global. Solíamos preocuparnos de todo aquel que padecía depresión, y ahora con las nuevas medicinas antidepresivas se ha reducido en una quinta parte la tasa de suicidios en los países ricos. Y entonces nos preocupamos por el gran número de personas que toman esas medicinas.


El sesgo de los medios


Los medios explotan este interés en los problemas y desastres. Queremos oír la última historia, la más terrible, porque nuestros cerebros de la edad de piedra piensan que ésta es una información importante sobre la que debemos reaccionar. Al final del milenio, una encuesta de la Universidad de Nueva York hizo una lista de los "grandes éxitos del periodismo". ¿Esperaba encontrar entre ellos noticias sobre nuevas vacunas, invenciones fantásticas, elevación de estándares de vida, la propagación de la democracia del 0% de los países hace 100 años al 60% actual? Sufriría una decepción. Los grandes éxitos fueron todos noticias de guerras, desastres naturales, sustancias químicas peligrosas y coches inseguros.
Riesgos, acciones horribles y desastres son fáciles de dramatizar y baratos de producir. Por eso los crímenes son un tema tan popular en las noticias. Un estudio de los Estados Unidos muestra que cuando más pasa la gente viendo las noticias en televisión, más exageran el grado de criminalidad en sus ciudades. Un fascinante estudio sobre Baltimore mostró que el 84% de sus habitantes temía que los delincuentes les hicieran daño a ellos o a sus familias, pero al mismo tiempo casi todos, el 92%, dijo que se sentía seguro en su barrio, sobre los que tenían información de primera mano. Todos piensan que hay mucha criminalidad en Baltimore, pero que tiene lugar en otras partes de la ciudad, en los lugares sobre los que oyen hablar sólo a los medios.
Estos resultados aparecen una y otra vez en las encuestas. La gente cree que el medio ambiente está siendo destruido, que la economía se cae a pedazos y los alemanes piensan que la reunificación fue mala para la mayoría de la gente. Pero también piensan que el medio ambiente del lugar donde viven está bien, que sus finanzas personales están mejorando y que la reunificación alemana fue buena para su caso particular. Los problemas y desastres siempre suceden en otro lugar. Y si eso es lo que pensamos todos, todos debemos estar equivocados.
El problema de un mundo globalizado es que siempre hay una inundación en alguna parte, un asesino en serie en algún lado y una hambruna en algún sitio. Y por tanto hay una oferta constante de horrores para llenar las pantallas de nuestros televisores. Si usted no conoce los antecedentes o estudia las estadísticas, es tentador concluir que el mundo está empeorando.
En cierto modo, creo que el movimiento anti-globalizació n es el resultado de esta globalización de la información. Al mismo tiempo que la pobreza extrema ha sido reducida a la mitad en los países pobres, demasiados creen que la pobreza está creciendo porque la ven por primera vez en la televisión. Y en parte nos preocupa ahora porque los vietnamitas o los chinos pobres hacen las camisas que vestimos. A pesar de que, como he dicho, la gente que trabaja para una multinacional estadounidense en un país pobre gana ocho veces más que el ingreso promedio de ese mismo país.


Las excepciones son más interesantes que las reglas


Otro sesgo de percepción refuerza este énfasis en los problemas, tanto en nuestras mentes como en los medios. Las novedades son noticia. Nos interesan las excepciones. No vemos las cosas que nos rodean a diario. Vemos las cosas nuevas, las extrañas, las inesperadas. Es natural. No tenemos que explicar lo normal de cada día, pero necesitamos entender las excepciones. Nunca le decimos a nuestra familia cómo regresamos del trabajo a la casa a menos que algo extraño realmente nos haya sucedido.
Esto significa que siempre tenemos un sesgo cognitivo que distorsiona nuestra visión del mundo. Notamos las cosas que sobresalen. En un mundo que está mejorando, enfatizamos aún más los problemas que quedan. No leemos en un periódico que un tren llegó a tiempo y con seguridad. Leemos sobre las colisiones. No leemos sobre alguien que caminó tranquilamente de un bar a su casa. Pero oímos hablar de las personas que fueron golpeadas y robadas en ese camino.
Que un avión aterrice bien fue noticia en 1903, cuando los hermanos Wright tuvieron su primer éxito. Pero desde diciembre de 1903, sólo es noticia cuando un avión se cae. Por tanto, exageramos la frecuencia de los accidentes. Desde la Segunda Guerra Mundial nunca se habían visto menos accidentes aéreos que en 2004, a pesar del dramático aumento del número de vuelos. El número de accidentes en los años 70 era cuatro veces el número actual, a pesar de que hay cuatro veces más vuelos hoy. Pero no es de esperar que los medios digan esto, lo lógico es ver grandes reportajes las pocas veces que sucede un accidente. Que un perro muerda a un hombre no es noticia, pero sí lo es que un hombre muerda a un perro.
El pensador liberal francés Tocqueville observó este mecanismo mental a principios del siglo XIX cuando notó que las personas comenzaron a hablar del problema de la pobreza durante la revolución industrial. Al principio pensó que esto era extraño, ya que el crecimiento del sistema manufacturero significaba salarios más altos y bienes más baratos. La pobreza estaba decreciendo pero al mismo tiempo se veía como un problema peor que antes.
Su conclusión fue que eso sucedió no a pesar, sino porque la pobreza estaba siendo reducida. En tiempos pasados, la pobreza se consideraba como algo dado. Algo que estaba en todas partes y que sencillamente debíamos soportar. Las religiones explicaron las virtudes de la pobreza. Pero en los siglos XVIII y XIX, la industrializació n creó una riqueza sin precedentes y millones salieron de la pobreza. El resultado fue ver a la pobreza que quedó como algo mucho peor. Ahora que la gente pudo ver que los pobres no tienen por qué ser algo permanente y obligatorio, empezó a pensar que la pobreza no debía soportarse. No era necesaria, podía –y debía– ser eliminada. La pobreza no era ya algo dado, ahora era un problema social.
Esto ha creado durante largo tiempo la impresión de que la revolución industrial había creado problemas sociales mayores. Bueno, en cierto modo lo hizo, al convertir la pobreza en una excepción creó a la pobreza como un problema en las mentes de las personas.
Ahora hay que aplicar el descubrimiento de Tocqueville al hecho de que la pobreza está siendo reducida rápidamente en los países en desarrollo y al hecho de que repentinamente la gente dedique tanta atención al problema de la pobres en esos países.


Qui bono?


Desde luego, algunos grupos, instituciones e intereses especiales de la izquierda y de la derecha usan nuestro sesgo mental para hacer avanzar su programa. Si son capaces de demostrar que hay un problema o un desastre potencial en algún lugar, pueden captar nuestra atención y hacernos actuar ahora.
¿Serán nuestras escuelas mejores con un poco de dinero extra? ¿A quién le importa? ¿Fracasarán las escuelas miserablemente y harán de nuestros hijos criminales si no les damos ese dinero extra? ¡Hagamos algo ahora! ¿Producirán los nuevos impuestos, para conseguir ese dinero, inversiones marginalmente inferiores y márgenes más pequeños para los contribuyentes? ¿A quién le importa? ¿Destruirán la economía y harán que las personas pierdan sus hogares? ¡Hay que abolirlos ahora!
Desde todos los ámbitos existe un interés en exagerar los problemas de nuestro mundo. Lo mismo sucede con los científicos y las autoridades públicas. Si quieren más dinero para su investigación deben mostrar que hay grandes riesgos en el campo de su especializació n y que sería muy peligroso no estudiar su materia específica de mejor manera.
Lo mismo puede aplicarse a las instituciones globales. En septiembre, el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas publicó su informe anual sobre desarrollo humano. El boletín de prensa habla de los lugares que tienen cada vez más problemas y de unos 18 países que se han quedado atrás. El informe resume la situación mundial con frases como "la evaluación general sobre el progreso es una lectura deprimente" y "el mundo se dirige a un desastre de desarrollo humano fuertemente anunciado".
Pero, ¿cómo le ha ido a los países pobres en conjunto? Escondido en otro lugar de los informes, con un lenguaje mucho menos dramático, el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas concluye:
Mirando hacia atrás en la década pasada vemos que la tendencia a largo plazo hacia el progreso en el desarrollo humano ha continuado. En promedio, se puede concluir que las personas nacidas en un país en desarrollo serán más ricos, más sanos y mejor educados que la generación de sus padres.
Sigue diciendo que en los últimos 15 años los países pobres han visto reducida la pobreza y la mortalidad infantil, ampliado el acceso a agua limpia, mejorado el analfabetismo, menores conflictos y más democracia. ¡Eso es lo que resumen como "un desastre de desarrollo humano"!
Pueden hacer eso porque es un desastre comparado con las expectativas de cada vez más rápidos progresos en cada vez más lugares. Pero si usted no es un lector atento, se queda con la idea de que todo está empeorando y, desde luego, esa es la impresión que el programa quiere crear. Porque piensa que solo la perspectiva de un desastre mundial nos obligará a actuar.
Pienso que la verdad es justamente lo contrario. Si estamos continuamente gastando tiempo y recursos para luchar contra los problemas del mundo y la ONU nos dice que nuestros esfuerzos no tienen el más mínimo efecto, ¿para qué continuar?
Pero no es ése el punto que me interesa. Lo que quiero es que entendamos el tipo de amenazas y advertencias que los intereses especiales utilizan, y cómo eso distorsiona nuestra visión del mundo. Algunos hablan de ello abiertamente. En una entrevista en Discover Magazine, de octubre de 1989, un ecologista muy citado y experto en cambio climático, el profesor Stephen Schneider, explicó que:
Para [salvar al planeta] necesitamos conseguir un apoyo amplio, capturar la imaginación del público. Eso, por supuesto, implica conseguir fuerte cobertura de los medios. Entonces, debemos ofrecer escenarios que den miedo, hacer aseveraciones simplificadas, dramáticas y poner poca atención en las dudas que podamos tener... Cada uno de nosotros tiene que decidir el balance correcto entre ser efectivo y ser honesto.
Hagamos un experimento mental. Imagine que mi conclusión es que ese sesgo mental es un poco problemático, pero que podemos vivir con él. ¿Piensa usted que mi conferencia obtendrá más o menos atención que si dijera que ese problema es horrible y nos llevará al desastre?
La destrucción creativa parece destructiva
Como si no fuese suficiente ese sesgo cognitivo hacia los problemas y las excepciones y el que los medios y los grupos de interés lo exploten al máximo, hay otro problema: enfocamos el corto plazo y lo personal en lugar del largo plazo y lo general. Hay cosas que vemos y cosas que no vemos, por usar la fórmula del economista francés del siglo XIX, Frédéric Bastiat.
Quiero ilustrar eso con un documental estadounidense sobre el que recientemente discutí en un debate televisivo. El filme, producido por el Public Broadcasting Service, trataba sobre el hecho de que Wal-Mart compra la mayoría de sus artículos en China. Esto fue presentado como un desastre para los Estados Unidos, y durante casi media hora entrevistaron a trabajadores y dueños de fábricas que han perdido sus trabajos y negocios por culpa de las importaciones baratas de China. 1 a 0 a favor de los anti-globalizació n.
Es cierto que un trabajador de la industria estadounidense puede perder su trabajo por esto, pero hay otros efectos que el documental no mostró. Un trabajador chino consigue un trabajo, desde luego, y si lo hace gastará su dinero de alguna manera, lo que significa que habrá más empleos para empresas de exportación y/o empresas Chinas. Los consumidores estadounidenses disponen de precios más bajos y así pueden gastar ese dinero extra en otros productos y servicios, así que un desempleado estadounidense puede conseguir un nuevo empleo en un nuevo sector. Trabajador chino, empresa exportadora, consumidores y nuevos sectores se desarrollan: cuatro puntos, es decir, 4 a 1 a favor de los partidarios de la globalización y el comercio libre.
Pero no vemos esos efectos, porque no son tan inmediatos ni personales. Vemos a una fábrica que cierra y a un trabajador que pierde su empleo, algo que es real, visible, de carne y hueso, y nos identificamos con ello. Que otros trabajadores consigan nuevos empleos, que el poder de compra mejore y que nuevos sectores sean creados es más abstracto, sucede más tarde y sus efectos son difusos y no son tan fáciles de ilustrar en las noticias, ni de relacionarlos con el comercio libre.
El capitalismo trabaja con la destrucción creativa. Continuamente estamos creando nuevos y mejores bienes y servicios y nuevos métodos de producción y comercio. Pero para hacer nuevas cosas de nuevas maneras, debemos dejar de hacer cosas viejas de la vieja manera. El problema es que tendemos a poner la atención e informar de la parte destructiva de ese proceso, no de la parte creativa. Los estadounidenses han hablado más del millón de empleos que han perdido en la industria desde 1970 que de los 60 millones de empleos mejor pagados que han ganado en otros sectores durante el mismo periodo.
Esta mentalidad es otra razón por la que el mundo se ve peor de lo que es y por la que el capitalismo siempre encuentra enemigos. Cuanto más crea y mejora, más veremos que socava y destruye.
Hace unos años un sueco opositor a la globalización explicó que él había estado en un debate en el que los pro-capitalistas habían "usado constantemente datos", pero los anti-capitalistas habían tenido más éxito porque usaron "ejemplos cogidos de la realidad". Hechos contra ejemplos, aparentemente. Estadísticas agregadas y amplias abstracciones contra seres de carne y hueso. No estoy seguro sobre quién gana ese debate. Los seres humanos gustamos de narraciones y ejemplos con los que identificarnos. Si la audiencia escucha que hay 400 millones menos de personas en pobreza absoluta hoy que en 1981, pero también escucha una historia de una persona específica que ha caído en la pobreza en ese tiempo no es seguro que concluyan que la pobreza ha disminuido. Y por causa de los mecanismos y mentalidades que he presentado, no escuchamos lo primero con tanta frecuencia como lo segundo.


La cura


Considerando este sesgo mental y de percepción, encuentro maravilloso que el liberalismo y los mercados libres hayan sido capaces de sobrevivir hasta donde lo han hecho. Debe producir más beneficios de los que pensamos al sobreponerse a toda esta oposición inconsciente. Pero ciertamente es un obstáculo que hace más difícil el liberalismo. ¿Qué podemos hacer al respecto? ¿Cómo podemos aprender a vivir en un mundo, y con una mente, que constantemente exagera los problemas, los desastres y los riesgos? Creo que nuestro gran aliado es el conocimiento. El conocimiento acerca de nuestro sesgo mental puede ayudarnos a pasar por encima de él. Por ejemplo, cada vez que escuchamos que un problema está empeorando, debemos ver a las tendencias a largo plazo para ver si es cierto o si es sólo una exageración de una variación de corto plazo. Y cada vez que escuchemos algo sobre riesgos y posibles desastres debemos pensar que tan malo es el creerlo completamente como el ignorarlo del todo.
Pero también necesitamos conocimiento acerca de las cosas que mejoran nuestro mundo. Ahí es donde fallan los buenos pensadores. Mencioné a Gregg Easterbrook. Ha escrito un gran libro llamado La Paradoja del Progreso, acerca del extraño hecho de que la gente se sienta peor a pesar de que las cosas están mejor. He aprendido mucho de él, aunque tengo mis reservas sobre algunos puntos del mismo. Una de sus explicaciones a este misterio es la extendida "ansiedad del colapso". Es una especie de mala conciencia por llevar una buena vida, un miedo a que nuestra riqueza no sea sostenible y que un tipo de desastre económico, ambiental o de otro tipo pueda terminar con ella. ¿Quizás Marx, Lenin, Heilbroner and Hobsbawm sufrían esta ansiedad del colapso?
No estoy de acuerdo con que esto sea un problema psicológico. Creo que es una conclusión lógica si es que no se entiende de dónde viene toda esta riqueza. Desafortunadamente, no creo que el libro de Easterbrook ayude al lector a entender esto. Todo parece como si nos hubiera sucedido por suerte o casualidad, o porque se lo hayamos robado a alguien. Si fuese así, no sería irracional pensar que algún día pueda desaparecer.
Para recuperar la fe en el progreso y en el futuro, tenemos que comprender qué es lo que lo crea. No se trata de una coincidencia, es el capitalismo. Es el hecho de que la gente que es libre crea; que somos solucionadores de problemas; que cuantas más personas libres vivan para pensar e innovar, mayor será la oportunidad de que algunos de ellos desarrollen conocimiento, tecnología y riqueza; y que si los incentivos son correctos, si la gente obtiene los beneficios de sus esfuerzos, ellos usarán y aplicarán esto para cambiar nuestras vidas para mejor. Y en un mundo en el que miles de millones sean libres para crear, las oportunidades de un mundo mejor son más grandes que nunca.
Por lo tanto, debemos creer en el futuro. No ingenuamente, no como los deterministas que piensan que nada malo puede pasar. Sabemos que los conflictos, el terrorismo, las enfermedades y los desastres naturales pueden y van a causar grandes daños. Sino como reconocimiento de que la humanidad es inteligente y de que un libre flujo de información y de mercados nos hará aún más inteligentes. Y de que resolvemos mejor los problemas si somos libres y ricos. Cada generación construye sobre los logros de la anterior y así tenemos constantemente que construir sobre otros. Por lo tanto, los mayores progresos están aún por venir.
Las perspectivas a largo plazo son sorprendentes. Hoy existe más gente viviendo vidas más longevas en las sociedades libres que nunca antes, y tenemos más científicos vivos ahora que todos los que han vivido en todos los períodos anteriores combinados y todos ellos obtienen una educación que requiere tanto tiempo como el total de lo que se vivía en el pasado. Biotecnología, nanotecnologí a y robótica crearán mejoras masivas. Seremos más ricos, viviremos más y tendremos más salud. Los continentes que pensábamos estaban condenados a la miseria pronto tendrán los estándares de vida que nosotros tenemos hoy.
Sabemos que nuestro mundo mejorará de maneras y con tecnologías que son tan impredecibles como una computadora o un avión lo fueron a nuestros ancestros. Pero al mismo tiempo, esos mecanismos perceptuales y mentales significan que mucha gente se quejará constantemente y dirá que las cosas se están poniendo peor. Y cada vez que solucionemos un problema, buscarán otro nuevo.
Pero no tenemos que ser así. Podemos presuponer con certeza, cuando leemos en los periódicos noticias sobre un accidente aéreo o un desastre, que a pesar de los horrores de ese particular evento el hecho de que se trate de una noticia significa que es una excepción y que el mundo es razonablemente seguro. Cuando vemos a los demás quejándose y poniendo su atención en las dificultades, podemos concluir razonablemente que eso significa que son excepciones en este mundo y que la atención y los esfuerzos que se dedican a ciertos problemas quieren decir que están a punto de ser resueltos.
Ya que soy un optimista, me gustaría concluir con un pensamiento reconfortante: quizá cierto nivel de insatisfacció n es una precondición del progreso.
Vale la pena dar la última palabra a uno de los pensadores más incisivos de todos los tiempos, el historiador liberal inglés del siglo XIX, Lord Macaulay, cuya interpretació n whig de la historia ha sido condenada como ingenua, una idea digna de Pangloss, de que las cosas constantemente progresan, pero que era en realidad un reconocimiento a lo que las personas pueden crear siendo libres. Cuando Lord Macaulay escribió su historia de Inglaterra, él no podía creer por qué los ingleses pensaban que el pasado eran "esos buenos viejos tiempos" y previno a las siguientes generaciones –a nosotros– que no idealizáramos su propia época, porque a pesar de ser mejor que las anteriores no era ninguna utopía.
El efecto general de la evidencia que ha sido suministrada al lector no parece admitir duda [de que los estándares de vida están mejorando]. Sin embargo, y a pesar de la evidencia, muchos aún se imaginan a la Inglaterra de los Estuardos como un país más placentero que la Inglaterra en la que vivimos. A primera vista puede parecer extraño que la sociedad, al mismo tiempo que va hacia adelante con ágil velocidad, deba estar constantemente mirando hacia atrás con tierna pesadumbre.
Pero estas dos propensiones, inconsistentes por lo que se ve, pueden fácilmente ser resueltas en un mismo principio. Ambos emergen de nuestra impaciencia ante el estado en el que actualmente estamos. Esa impaciencia, al tiempo que nos estimula para sobrepasar a las anteriores generaciones, nos dispone a exagerar su felicidad. Es, en algún sentido, irracional y desagradecido de nuestra parte el estar constantemente insatisfechos con una condición que constantemente mejora. Pero en verdad, hay una mejora constante precisamente porque hay insatisfacció n constante. Si estuviésemos perfectamente satisfechos con el presente, cesaríamos de usar el ingenio, trabajar y ahorrar con la mirada puesta en el futuro.


Conferencia presentada en The Sofitel Wentworth, Sydney, 11 de octubre 2005 y en Langham Hotel, Auckland, 13 de octubre 2005, en ocasión de la 22nd Annual John Bonython Lecture, The Centre for Independent Studies. Publicado por cortesía de ContraPeso.info.

agosto 30, 2007

CRISTIANISMO Y LIBERALISMO


Autor: Armando Ribas

Pienso que la relación entre el cristianismo y el liberalismo es de la mayor trascendencia en general y en particular para la Argentina. No hay duda de que en este ámbito reinan incomprensiones de vieja data, que reflejan, a mi juicio, confusión profunda respecto a la esencia misma del denominado liberalismo que hoy se lo llama peyorativamente neo-liberalismo. Así, nuestro léxico político plagado de inexactitudes ya que los mismos vocablos implican conceptos diferentes y discutibles se centra en las virtudes de la democracia y el anatema del neo-liberalismo. Esta dicotomía ética es compartida desde el cristianismo, al menos según consta de las declaraciones de múltiples de los obispos, hasta el "socialismo" cuyo origen indubitable, fueran el positivismo y el marxismo que consideran a la religión como la causa fundamental de la alienación del hombre. Ante esto que considero la confusión reinante aun vigente en el mundo de las comunicaciones, me voy a permitir algunas reflexiones que espero contribuyan a una mejor comprensión mutua de las partes involucradas.

Fue hace muy poco que el Papa pidió perdón por los hechos históricos de la Iglesia tales como la Inquisición, las cruzadas y el enfrentamiento con la ciencia (Galileo), etc. Estas palabras del Papa que tienen mi mayor respeto, sin embargo ocultan la verdadera naturaleza del problema. A mi juicio, no se puede culpar a la Iglesia Católica como el origen de tales pecados históricos, sino que ellos reflejaban el sentir y el comportamiento generalizado de ese "Occidente" que hoy pretende igualmente representar desde sus orígenes la ética contemporánea. Debe recordarse que por mucho tiempo la amante de Zeus era conocida como la cristiandad hasta bien entrado el siglo XVI. O sea que si pecadores hubo y no hay dudas de que así fuese, pues la Segunda Guerra Mundial y el holocausto son sus ejemplos más cercanos, no fue por la existencia de la Iglesia. Si de algo puede culparse a esta institución no fue que generara el pecado, sino que no pudo, no supo o no quiso evitarlos y ni siquiera reducirlos Las cruzadas eran luchas entre los propios cristianos, y yo no podría decir que en la disputa entre los iconoclastas y los iconodules que diera por resultado la culminación del denominado cisma de Oriente, aquellos eran mejores ni menos autoritarios que éstos.

Tampoco encuentro en Lutero, ni en Calvino un pensamiento ni un comportamiento más digno y ético. El absolutismo y el fanatismo religioso impregnaba la mente de los hombres, y la lucha por el poder terrenal tenía su campo de batalla en el ámbito celestial; pero fundamentalmente en la naturaleza falible del ser humano por más que hubiera sido creado a imagen y semejanza de Dios. No obstante esa realidad de la naturaleza no se puede desconocer la gran contribución del cristianismo a la civilización al reconocer a la persona individual como el centro mismo de la creación.

Los pecados son de los hombres y el cristianismo lo señala claramente en el Evangelio que dice "el justo peca siete veces". Pero aun más dice "el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra" y sigue diciendo "no juzguéis y no seréis juzgados" y más "se ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio". Lamentablemente esos principios del cristianismo, incluido aquel más importante de "dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" y no podemos olvidar que Jesús también dijo "Mi reino no es de este mundo", fueron olvidados en la simbiosis histórica entre el Estado y la Iglesia y que se expresa en la colusión entre la cruz y la espada para representar en la tierra a quien había dicho que “se debía poner la otra mejilla."

La sabiduría del cristianismo abunda en el mandato de "amar al prójimo como a ti mismo". Ese mandato existe precisamente porque ese amor no existe como una universalidad y por tanto difícilmente puede construirse una sociedad a partir de presuponerlo. En segundo término el prójimo es el cercano por tanto ni siquiera el cristianismo pretende un amor a la humanidad que no forma parte de la naturaleza del hombre donde los sentimientos en muchos casos privan por encima de la voluntad. Y tercero el poner como límite de bien el amor a sí mismo, es la manifestación paladina de la conciencia de que el hombre, por encima de todo se quiere a sí mismo. Es decir, ese no es un mandato, sino un parámetro de la realidad de la naturaleza humana.

Otro aspecto trascendente del cristianismo es el reconocimiento de la propiedad privada tal como se manifiesta en la parábola de los trabajadores que llegados a la hora nona fueron pagos iguales que los primeros. Cuando estos protestaron el Señor (propietario) manifestó yo cumplí con ustedes y les pagué lo convenido por tanto nada pueden quejarse por mis contratos posteriores. Evidentemente aquí no sólo se reconoce el derecho de propiedad, sino la libertad de contratación y el valor conmutativo de los contratos.

Igualmente, en la parábola de los talentos se reconocen la responsabilidad individual por nuestras acciones y los resultados de las mismas. Por último la admonición sobre que "es más difícil que entre un rico en el reino de los cielos que pase un camello por el ojo de una aguja", no tiene otro sentido que el que tiene más posibilidades a su vez tiene más tentaciones para pecar. Pero al mismo tiempo, debe tenerse en cuenta que el mismo concepto de rico debe entenderse como poder en general. Particularmente porque en los tiempos del Evangelio la relación de causalidad era del poder a la riqueza y no viceversa. Así, los reyes eran ricos por reyes y no que eran reyes por ricos. Esto fue otro de los grandes errores de Marx al considerar que el poder político era una superestructura de los intereses económicos. En fin, si la Iglesia ha errado como institución, y no pecado, pues los pecados son personales, fue por no haber quizás logrado que se avanzara en la civilización y en la libertad a partir de los propios valores que ella representaba. Al respecto ya en 1536 el Papa Pablo III designó una comisión para estudiar los abusos en la Iglesia que en marzo de 1537 produjo un informe famoso titulado "Consilium de enmenda ecclesia", cuya conclusión fue: "La causa de todos los problemas yace en los papas mismos que han permitido que sus deseos imperen y han escuchado a falsos consejeros, con el resultado de que se creyeron tan completamente dueños de la Iglesia que tenían el derecho de comprar y vender sus empleos, designaciones y beneficios sin peligro de pecado... De ello se deriva Padre Santo, como de un caballo de Troya han surgido en la Iglesia tantos abusos y tales graves enfermedades que por nuestra culpa el nombre de Cristo ha sido blasfemado entre las naciones".

No fue otro que Erasmo de Rotterdam, quien dijo: “Ningún hombre puede esperar alcanzar el cielo usando la maquinaria de la Iglesia; sin ceremonias, tal vez uno no sería cristiano, pero no lo hacen a Ud. cristiano. La idea fundamental de Erasmo y que a nuestro criterio coincide con el cristianismo o sea los evangelios, es reducir la teología a un mínimo, conciente de las dificultades en las definiciones y fueron éstas las que causaron el cisma de Oriente y la destrucción de Bizancio, que finalmente cayó en manos del Imperio Otomano. Más tarde determinó las guerras religiosas que todavía no han terminado, a pesar de la paz de Westfalia. Así escribió Erasmo: “Ud. no será condenado si no sabe si el Espíritu que procede del Padre y del Hijo tiene uno o dos comienzos, pero no escapará a la condenación si no cultiva las fuentes del espíritu: amor, felicidad, paz, paciencia, bondad, sufrimientos, compasión, fe, modestia, continencia y castidad”. Este pensamiento es perfectamente compatible con el liberalismo en su proyección de separar al Estado de la Iglesia, y permitir la libertad de creencias siempre y cuando no violaran las normas de la convivencia. Lamentablemente en 1546 el Concilio de Trento declaró heréticas las doctrinas de Erasmo y así podría decir que dio lugar a que el Papa considerara finalmente procedente pedir perdón por los errores de la Iglesia.

El liberalismo, pues, a nuestro juicio, fue precisamente el intento de evitar los abusos del poder cualquiera que fuese su origen, ya fuere político o eclesiástico, y al mismo tiempo permitir la libertad de conciencia. Así, John Locke en su Carta sobre la Tolerancia, publicada después de la Revolución Gloriosa en Inglaterra en 1688, escribió que toda la Iglesia era ortodoxa con respecto a sí misma. Consecuentemente "El Evangelio frecuentemente declara que los verdaderos discípulos de Cristo deben sufrir persecución, per que la Iglesia de Cristo debe perseguir a otros y forzar a otros mediante el fuego y la espada para que abracen su fe y su doctrina, yo nunca lo encontré en ninguno de los libros del Nuevo Testamento." En otras palabras, el liberalismo, cuyo primer exegeta fue Locke, pretendió, pues, conforme a lo dicho por Jesucristo separar la Iglesia del Estado, pues el gobierno de la sociedad civil estaba instituido tan sólo por cuidar de los intereses civiles tales como la vida, la libertad, la salud y la posesión de las cosas externas. Al mismo tiempo, señala que el cuidado de las almas no le corresponde al gobierno y así escribió: "Toda la vida y el poder de la verdadera religión consisten en la completa persuasión interna de la mente: y la fe no es fe sin creer". Por ello "el cuidado de las almas no puede pertenecerle al gobierno civil, porque su poder consiste solamente en la fuerza externa".

Como vemos, el liberalismo está muy lejos de ser ateo, como se ha pretendido a partir de haber tomado al crimen histórico de la Revolución Francesa de 1789 como su paradigma. La realidad es que ella representó tan sólo el intento de crear una religión seglar que pretendió darle a la razón el lugar de Dios. A través de la historia de sus filósofos, el liberalismo ha mostrado no sólo su respeto por la religión como el ámbito de la conciencia individual, sino su conciencia de la falencia permanente del ser humano en su búsqueda del conocimiento y no la confusión del racionalismo que hay una sinonimia entre razón y verdad.

Fue igualmente la realización de que los gobernantes son igualmente hombres con iguales falencias que sus congéneres, la que determinó la necesidad de la limitación del poder político. En ese sentido igualmente se pronunció Locke y fue éste el criterio con que se constituyeron los Estados Unidos a partir del pensamiento de James Madison quien dijera: "Si los hombres fueran ángeles no haría falta el gobierno y si fueran a ser gobernados por ángeles no se requeriría ningún control sobre ellos". Por la misma razón ya David Hume se había percatado de que la razón lejos de prescribir la moral eran tan sólo el instrumento de las pasiones. Por ello, la estructura de la sociedad debía reconocer éticamente los intereses y sólo la confrontación de las pasiones habría de limitarlos. De ahí surgía la necesidad de la seguridad en la propiedad privada, y a ella se refiere precisamente el concepto mismo de justicia que se diferencia de la moral en que esta es intencional en tanto que la primera es consecuencial. Así, dijo Hume al respecto: “Es sólo como consecuencia del amor a sí mismo y la limitada generosidad de los hombres, conjuntamente con la escasa provisión que la naturaleza hace a sus necesidades, que la justicia deriva su origen... Es evidente que la única causa por la que la gran generosidad del hombre y la perfecta abundancia de todas las cosas destruirían la mera idea de justicia, es porque la haría inútil.”

Como vemos no existe una contradicción entre los principios cristianos y la filosofía liberal, sino que ésta surge únicamente cuando la Iglesia ha pretendido un rol que conforme al Evangelio no le corresponde y que es el de dominar el poder político en una conciencia de absoluto que ignora precisamente las falencias del ser humano reconocidas por el propio Evangelio: “El justo peca siete veces”. En ese sentido, debe destacarse precisamente el gran aporte de León XIII a la comprensión del problema en su encíclica “Rerum Novarum” donde escribió: “Sea pues, el primer principio y como la base de todo que no hay más remedio que acomodarse a la condición humana: que en la sociedad civil ni pueden ser todos iguales, los altos y los bajos...” Y sigue: “...que la verdadera dignidad y excelencia del hombre consiste en las costumbres, es decir en la virtud, que la virtud es patrimonio común a todos los mortales y que igualmente la pueden alcanzar los altos y los bajos, los ricos y los proletarios... que se guarde y se fomente la religión, que florezcan en la vida privada y en la pública costumbres puras; que se mantenga la justicia y no se deje impune al que viole el derecho del otro (el resaltado es propio)... quitar a otro lo que es suyo o en pro de una absurda igualdad apoderarse de la fortuna ajena, lo prohíbe la justicia y lo rechaza la naturaleza misma del bien común: que no se abrume a la propiedad privada con enormes tributos e impuestos...” y con una clarividencia que pareciera hubiese conocido al mundo comunista hizo la siguiente admonición respecto a la abolición de la propiedad privada; ...y fuera de esta injusticia, vese demasiado claro cuál sería en todas las clases el trastorno y perturbación, a que se seguiría una dura y odiosa esclavitud de los ciudadanos. Abriríase la puerta a mutuos odios, murmuraciones y discordias, quitando al ingenio y diligencias de cada uno todo estímulo, secaríanse necesariamente las fuentes mismas de la riqueza, y esa igualdad que en su pensamiento se forjan, no sería, en hecho de verdad, otra cosa que un estado tan triste como innoble de todos los hombres sin distinción alguna. De todo lo cual se ve que aquel dictamen de los socialistas, a saber, que toda propiedad ha de ser común, debe absolutamente rechazarse, porque daña a los mismos a quienes se trata de socorrer; pugna con los derechos naturales de los individuos y perturba los deberes del Estado y la tranquilidad común.”

En ese sentido de reconocimiento de la responsabilidad propia y de los derechos de propiedad León XIII se extiende al decir: “Verdad es que nadie se manda a socorrer a otros con lo que para sí o para los suyos necesita, ni siquiera dar a otros lo que para él debido decoro de su propia persona ha menester, pues nadie está obligado a vivir de un modo que a su estado no convenga. Pero satisfechos la necesidad y el decoro deber nuestro es de lo que sobre, socorrer a los indigentes. Lo que sobre dadlo de limosna. No son estos, salvo casos de necesidad, deberes de justicia, sino de caridad cristiana, a la cual no tiene derecho a contradecir las leyes”. No son palabras muy diferentes de lo que había dicho Adam Smith en su Teoría de los Sentimientos Morales, donde escribió: “La beneficencia es siempre libre, no se puede exigir por la fuerza, y la mera carencia de la misma no expone al castigo”... y continua “El obligar a alguien a hacer por fuerza lo que en gratitud debería hacer, y lo que cualquier espectador imparcial aprobaría que hiciera, sería si fuese posible más inapropiado que su falta por hacerlo”. Esta, lamentablemente, ha sido la tendencia del socialismo que ha pretendido que el hombre ame a la humanidad más que a sí mismo y lo ha colocado como presupuesto del bienestar social, lo que significa como bien observara León XIII, ignorar la naturaleza del hombre.

En un sentido similar se pronunció el Papa Juan Pablo II en su encíclica “Centesimus annus” revirtiendo la doctrina social a sus orígenes después que, a nuestro juicio, se podían percibir desvíos hacia el fascismo de la “Quadragesimus Annus” y más tarde hacia una competencia con el marxismo en la “Populorum Progressio”. Ésta dio como resultado los documentos de Puebla que derivaran en la Teología de la liberación, hoy afortunadamente descalificada por Juan Pablo II. No voy a insistir en las citas pertinentes de este documento que a nuestro juicio igualmente revaloriza los principios liminares del cristianismo y que como expresara anteriormente constituyen la fuente del liberalismo. Pero no querría terminar este ensayo sin mencionar las palabras de Juan Pablo II, que consideró como una revelación de la conciencia profunda entre el cristianismo y el liberalismo cuando dice: “Por otra parte, el hombre creado para la libertad lleva dentro de sí la herida del pecado original que lo empuja continuamente hacia el mal y hace que necesite redención. Esta doctrina no sólo es parte integrante de la revelación cristiana, sino que tiene también un gran valor hermenéutico en cuanto ayuda a comprender la realidad humana. El hombre tiende hacia el bien, pero es también capaz del mal; puede trascender su interés inmediato y, sin embargo, permanece vinculado a él. El orden social será tanto más sólido cuanto más tenga en cuenta este hecho y no oponga el interés individual al de la sociedad en su conjunto, sino que busque más bien los modos de su fructuosa coordinación. De hecho, donde el interés individual es suprimido violentamente, queda sustituido por un oneroso y opresivo sistema de control burocrático que esteriliza toda iniciativa y creatividad. Cuando los hombres se creen en posesión del secreto de una organización social perfecta que haga imposible el mal, piensan también que pueden usar todos los medios, incluso la violencia o la mentira, para realizarla. La política se convierte entonces en una “religión secular”, que cree ilusoriamente que puede construir el paraíso en este mundo”

agosto 28, 2007

QUE CUBA SE ABRA AL MUNDO




Autor: Martín Simonetta

Fuente: Fundación Atlas 1853

El ritmo de la transición cubana hacia un régimen institucionalmente más abierto parece acelerarse. El 31 de julio del 2006, el estado de salud de Fidel Castro y la asunción de su hermano Raúl, como presidente provisional de Cuba, marcó un nuevo paso en este lento pero firme proceso de cambio.

Las últimas décadas han sido testigos de deterioros en dos de los cimientos que dieron origen al régimen castrista y relevancia política a la isla. Por un lado, la desintegración de la Unión Soviética en el marco de un mundo bipolar. Por el otro, el ocaso de Fidel Castro.


90 Millas a la Libertad

Fidel asumió de facto la autoridad de la isla en 1958. En el contexto de aquel mundo bipolar, posterior a la Segunda Guerra Mundial, alineó a su país hacia el lado de la Unión Soviética. En ese juego, el valor de Cuba como socio estratégico y bastión del comunismo en el Caribe, fue clave para los comunistas en el mundo Este/Oeste.

Durante la “guerra fría”, la isla significó un énclave fundamental para la Unión Soviética situado como un estratégico “patio trasero” de los Estados Unidos, a apenas 90 millas . Hacia fines de la década del 90, la crisis financiera soviética puso fin al “rubloducto”, es decir al sistema de financiamiento soviético hacia Cuba que era fundamental para subsistencia de ese modelo.

La caída del comunismo en los países de Europa del Este dejó a Cuba y a Corea del Norte como “eslabones perdidos” en el mundo. Como un extemporáneos dinosaurios sobreviviendo en el lago Ness.

En el nuevo contexto, la Cuba de Castro debió hacer involuntarias modificaciones y permitir el ingreso del virus de la Libertad. La necesidad obligó al gobierno cubano a transar con el supuesto el enemigo: el capitalismo. Debió alimentarse del flujo de fondos generado por el turismo (según cifras extra-oficiales representa ¾ de los ingresos fiscales) y también, de forma limitada, abrirse a la inversión, predominantemente europea.

Los ciudadanos cubanos, a pesar de los altos riesgos de violar las prohibiciones, desarrollaron pequeños negocios, muchos de ellos orientados hacia el turista, en el marco de los mínimos márgenes de acción existentes. En el contexto más hostil, la informalidad fue, una vez más, una forma de Libertad conquistada por los ciudadanos sobrepasando a un gobierno “todo-poderoso”.



El Muro de la Información

La desconexión del pueblo cubano del mundo exterior era un requisito sine qua non para que el discurso oficial fuera creíble y la represión sistemática justificable. El contacto con ciudadanos extranjeros les hizo a ver a los cubanos que “afuera” no se vivía tan mal, como argumentaba Castro.

La necesidad fiscal llevó a derribar ladrillo a ladrillo el “muro de la información” que separaba al cubano de la realidad. Entre estas barreras que pretendían vender al “paraíso cubano” como cierto, podemos mencionar el acceso de los ciudadanos únicamente a periódicos oficiales –entre ellos, Granma-; la existencia de sólo dos canales de televisión, obviamente oficiales; las interferencias generadas por el gobierno para bloquear las ondas de radio Martí, transmitida desde Miami; el acceso restringido a libros, bibliografía no oficial y a Internet; la prohibición expresa para los cubanos de contactarse con turistas, sólo por mencionar algunas.

El contacto con los turistas extranjeros permitió a los isleños comenzar a tomar conciencia plena de la aterradora brecha de ingresos entre su inhumano nivel de vida y el del resto del mundo, inclusive de otros países latinoamericanos.

Sólo con un muro de información entre los cubanos y el exterior podía ser creíble el amplio listado de logros del régimen que Fidel enunciaba en cada uno de sus numerosos actos públicos masivos a través de interminables discursos, ante una audiencia caracterizada por una generalizada mala nutrición y cuya vida diaria no conoce otros productos como el arroz, el azúcar, los frijoles, el aceite y los huevos, provistos, de tanto en tanto, a través de su libreta de abastecimiento.

Claramente, el efecto no deseado para el gobierno, de esta apertura al turismo ha sido la perforación del muro de información -construido y preservado por décadas- existente entre el pueblo cubano y el mundo exterior. Este desbloqueo ha puesto en evidencia, ante los ojos del pueblo cubano, el abismo existente entre ellos y los extranjeros en términos de nivel de vida, derechos civiles, económicos y políticos.

La sustancial diferencia de poder adquisitivo, la ropa, las cámaras de video, mp3, laptops, el desolador contraste en términos de nutrición y, especialmente, la libertad de entrar y salir de sus respectivos países son, ante los ojos del pueblo cubano, embajadores silenciosos de los valores del mundo occidental que, a todas luces, contradicen abiertamente la imagen vendida por Fidel sobre el "paraíso cubano".

Estamos viviendo tiempos de cambio. En contraste con la imagen de Fidel, nos viene a la mente la imagen del balsero, aquel que arriesgó su vida en busca de Libertad. La riesgosa balsa es una apuesta a todo o nada, es elegir entre la posibilidad de perder la vida ante la opción de tenerla ya perdida. Es el hartazgo y la rebeldía en busca de ejercer el derecho a la felicidad.

En este proceso que está viviendo la isla recordamos las palabras de Juan Pablo II quien –considerado junto con Ronald Reagan y Margaret Thatcher, como padres de la derrota del comunismo en el mundo- durante su visita a la isla: “Que Cuba se abra al mundo. Que el mundo se abra a Cuba”.

El comunismo fracasó, generó más pobreza y muertes en el mundo. Estamos presencia el histórico momento del fin del último bastión latino de esta ideología contraria a la naturaleza del hombre.