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mayo 14, 2011

¡Vivir!



He escrito bastante de Ayn Rand en este blog. Es mi escritora preferida, incluso mi nombre usado aquí “Roark” fue tomado de uno de sus libros. Presento aquí un video realizado por mí acerca de otra de sus obras: Himno. Libro que publicó en 1938.

Gracias a las facilidades que provee Internet, las computadoras, y demás medios de comunicación, podré presentar en video, breves reseñas de libros que he tenido el gusto de leer y que he disfrutado mucho.

Espero que disfruten este video y conozcan acerca de esta grandiosa filósofa y escritora rusa, que escapó de las garras del comunismo soviético en 1926, hacia los Estados Unidos de América, donde se radicó hasta su muerte en 1982. Ayn Rand no regresó nunca más a Rusia, ni volvió a ver a sus parientes.

enero 23, 2011

El Ocaso del Estado: El Principio de No Agresión.



El ocaso del estado: El principio de no agresión



Una vez, se creyó que la Tierra era el centro del universo, con los planetas, las estrellas y el Sol orbitando alrededor de ella. A medida que las observaciones mejoraron, extrañas complicaciones comenzaron a estropear este modelo, particularmente la órbita de Marte. Mientras la Tierra gira alrededor del Sol, Marte a veces parece retroceder a medida que lo superamos.


En un fútil intento por resolver este problema, se crearon teorías terriblemente complicadas de círculos dentro de otros círculos, enredando las matemáticas en un creciente caleidoscopio de interminable complejidad. Algunos valientes pensadores -y debían ser valientes en esos días- probaron colocando al Sol en el centro del Sistema Solar. Ah, entonces todo cobró sentido de inmediato.


El loco enredo del Sistema Ptolemaico de círculos dentro de círculos y de ecuaciones sobre más ecuaciones, se evaporó en un instante. Sólo necesitaban de unas pocas ecuaciones para una precisión perfecta.


La misma simplicidad, claridad y precisión les fueron reveladas a los navegantes cuando aceptaron que el mundo era redondo, en vez de plano, y a los físicos, cuando aceptaron el argumento einsteiniano de que la velocidad de la luz es constante.


Los sistemas basados en premisas falsas siempre se tornan cada vez más complicados, mientras se acumulan infinidad de correcciones y ajustes para intentar que parezcan más correctas. Tras algunas generaciones, estos errores acumulados se tornan tan ridículamente complejos que el sistema entero se vuelve insostenible y un tanto embarazoso. Incluso el inexperto capta que debe haber algo fundamentalmente equivocado en todo este lío, y algunas almas valientes sacan un papel en blanco, dejan de lado sus preconceptos, y comienzan de cero, basándose en la razón y la evidencia, y no en los errores acumulados de la historia.


El principio central de todos los sistemas de la moral humana es el Principio de No Agresión. Todos lo aprendemos cuando somos niños: No golpees, no empujes, no lastimes, no robes. Aprendemos que la violencia, la intimidación y las amenazas están mal, son inmorales, y que sólo empeoran cualquier problema que estés intentando resolver. Esa es la regla que se nos enseña cuando somos niños, y es una buena regla: consistente, lógica, empírica. Pero luego, cuando crecemos, si tenemos el coraje de verlo, entendemos que no es así como se maneja la sociedad adulta, en absoluto.


En la sociedad adulta, debes pagarle con dinero a un grupo de hombres y mujeres o ellos llamarán a otros hombres y mujeres con disfraces azules para que vengan y te lo quiten. Y, si tratas de defenderte de este robo, te dispararán. Esta es la realidad de las sociedades con gobiernos. Tu sociedad.


En las sociedades estatistas, el libre intercambio entre adultos libres, que no es del agrado de algunos, puede hacer que te disparen. Si consigues un empleo e intentas evitar el pago de un plan fraudulento de “jubilación”, puedes ser secuestrado y fusilado si te resistes. Si rompes cualquiera de los cientos de miles de reglas inventadas sobre el intercambio y el comercio, eres arrestado. Si no quieres financiar a dictadores extranjeros, eres arrestado. Si no quieres pagar por una guerra nefasta, eres arrestado. Es una historia que nunca acaba.


Cuando éramos niños, nuestras maestras nos decían: “No uses la violencia”, pero si, siendo adultos, no pagamos el salario de una maestra del Estado, somos arrestados. A medida que crecemos, cuanto más miramos alrededor, más nos damos cuenta de que cada “ley” es un arma, y las armas están en todas partes en el mundo adulto, y de que el uso de la violencia para obtener lo que quieres es la base de la sociedad en la que vivimos.


Entonces, ¿en qué quedamos?, ¿la violencia es buena o mala?

Nuestro sistema estatista se ha tornado tan ridículamente complicado porque tiene, como el modelo geocéntrico del sistema solar, un error fundamental en su raíz misma. Este error es la creencia de que la violencia es la mejor forma de resolver problemas sociales complejos; la ilusión de que si se apuntan suficientes armas contra suficientes personas, si se crea suficiente deuda usando a los no-nacidos como garantía, si se secuestran y esclavizan suficientes almas libres, el mundo será cada vez mejor, mejor y mejor. ¿Cómo nos está funcionando?


El código tributario, agresiones en contra del libre intercambio y el consumo personal, la multiplicación interminable de leyes que gobiernan cada aspecto de nuestras vidas, éstos son los círculos dentro de círculos del modelo geocéntrico del Sistema Solar. El único final para esa complejidad cada vez mayor, es el colapso total.


Cuando reconozcas que las crecientes complicaciones revelan errores fundamentales en la raíz de un falso sistema, verás que el Principio de No Agresión necesita ser puesto en el centro de nuestras virtudes, de nuestra moral, de nuestra sociedad como un todo. Como el Sol mismo, necesita estar en el centro de todo lo que hacemos. El Principio de No Agresión no puede “orbitar” alrededor de una jerarquía primitiva y violenta, que de hecho hemos heredado de simios y cavernícolas.


Piensa en ello: una sociedad sin violencia organizada, sin la amenaza de la coerción del Estado, sin secuestros institucionalizados, sin robos, sin encarcelamientos… Sin impuestos, y sin el robo devastador de la moneda fiduciaria estatal (falsificación).


¿Te sientes mareado? Deberías.

Cuando el Sol fue puesto en el centro del Sistema Solar, donde de hecho se encuentra, fue desorientador para todos en esa época. Tal como la relatividad de tiempo y espacio de la física de Einstein fue desorientadora. Tal como la evolución es desorientadora para muchos, y la física cuántica juega con la mente de cualquiera que realmente la capta.


En la fase de las antiguas falsedades, la verdad es a menudo vertiginosa y confusa y ajena y extraña. Cuando ponemos el Principio de No Agresión en donde debe estar: en el centro de la moral y la sociedad, las creencias que sostuvimos por decenas de miles de años súbitamente se evaporan. El antiguo error del Estado moralmente justificado se desintegra en los átomos de maldad que lo componen. La vertiginosa y creciente complejidad de leyes sobre leyes, armas sobre armas, asesinato sobre asesinato, todo este horrendo desastre es develado como intentos desesperados para encubrir el crimen fundamental de la violencia institucional justificada.


El mito del “contrato social” es develado como un arma apuntada al cuello del no-nacido. Las leyes son expuestas como prejuicios bien provistos de armas. Los impuestos se develan como robo, el hacer lobby como soborno, el arresto como secuestro, los gobiernos y los ejércitos como las pandillas criminales más exitosas, y las escuelas como campos de adoctrinamiento, alimentados por la violencia, para niños indefensos y dependientes.


Es desconcertante, es confuso, es aterrador, es vertiginoso, y es… verdad.


La luz solar de la razón, de la moral y la verdad es esencial: debe estar en el centro de todo lo que hacemos, porque en la sociedad, así como en el mundo, el Sol puede estar saliendo o poniéndose, quizás hacia una noche sin otro amanecer.


Que la tenue luz de nuestro mundo moderno sea la de un ocaso o la de un amanecer… eso… depende de ti.


Autor: Stefan Moulyneux
Fuente: Free Domain Radio

febrero 21, 2010

Milton Friedman hablando del Estado Mínimo

En este video dividido en cuatro segmentos, el profesor Milton Friedman habla de las ineficiencias del Estado, las fallas en los controles que éste tiene y los costos que carga contra los ciudadanos. Propone ideas acerca de cómo darle información y libertad de elección a los ciudadanos y finalmente propone cuáles departamentos del gobierno deberían ser disueltas

Parte 1 de 4






Parte 2 de 4





Parte 3 de 4





Parte 4 de 4

febrero 16, 2008

Por qué fracasa el socialismo.



Tal como bautizar una niña como “hermosa”, por lo que siempre lo será, el sustantivo “socialismo” posee la virtud artificial intrínseca de referirse a lo social por encima de lo político, que el común introyecta como “preocupación por el sufrimiento del pueblo” como colectivo, con el sentido de solidaridad, por encima del individuo, entendido como egoísmo, cuando en la realidad es todo lo contrario: es un sistema que privilegia lo político por encima de lo económico, con el desastroso resultado para lo social. Es una de esas voces felices de fácil compra pero que esconde una perversa realidad antinatural que suprime la individualidad, centraliza la actividad pública y estatiza la vida de la nación eliminando el “interés propio” que es el combustible que mueve la economía. Y esta es una fórmula inequívoca para fracasar, por lo que este sistema de gobierno sobrevive entre los escombros de su fracaso gracias a la represión de un militarismo corrupto que se encarga de oprimir al pueblo y destruir la disidencia. Cuba es el ejemplo más cercano de la aplicación de la fórmula socialista en un país que, aunque bajo una dictadura militar, era para 1958, uno de los más prósperos de América Latina, con 1,4% de inflación, ocupando el 5º lugar en ingreso per cápita del hemisferio, el tercero en expectativa de vida, 76% de alfabetismo (cuarto más alto de América Latina para la fecha, en Venezuela llegaba al 50%), que se ha convertido en un lastimoso espectáculo de desolada miseria bajo 49 años de opresión colectivista. Un detallado artículo firmado por Juan Fernando Carpio, deduce el porqué fracasa inexorablemente el socialismo.

¿Por qué fracasa el socialismo?

Para empezar debemos definir qué es socialismo. A pesar de que su nombre provenga de “social”, algo muy inteligente por parte de quienes diseñaron la etiqueta en los siglos XVII al XX, lo que realmente implica es planificación central (socialización). Y claro, existen varios socialismos, desde el socialismo utópico, pasando por el socialismo marxista hasta llegar a su primo hermano, el nacionalsocialismo -nazi- alemán. Pero, ¿qué tienen en común estas tendencias, cuyos integrantes pasaron tanto tiempo tratando de diferenciarse entre sí? Algo fundamental: la desconfianza o desprecio por la autonomía del individuo y la insistencia en politizar y planificar centralmente las actividades de una sociedad. Y eso es lo que debe ser entendido por socialismo o socialización. Entonces, lo que quiero señalar en este artículo es que independientemente de las aparentes buenas intenciones y argumentos de quienes nos proponen este modelo social, el socialismo fracasó y fracasará siempre que se intente.

Ética luego economía.

Mi argumentación toma prestados los descubrimientos de las mentes más grandes de las ciencias sociales, entre las cuales están Max Weber, Friedrich A. Hayek y el gran economista del siglo XX, Ludwig von Mises. Sin embargo, antes de llegar al meollo del asunto -el tema económico- no puedo pasar por alto un tema que debe siempre anteceder a cualquier análisis económico o político: la ética. Como observó el genial John Locke en el siglo XVIII, la actividad humana genera propiedad. Para empezar somos dueños de nuestro propio cuerpo, y por añadidura de los frutos obtenidos mediante su uso. Es bajo ese concepto que los liberales del siglo XIX habían formulado la gran verdad universal de que somos dueños de “nuestra vida y nuestra propiedad”. Ya que nuestra supervivencia como seres humanos es inseparable de nuestras necesidades materiales, pero a la vez nuestros derechos terminan donde empiezan los del otro, la ética que emergió una y otra vez en la historia confirma esos principios que son tan evidentes ahora. Consagrarlo en formas de gobierno competitivas o un monopolio de funciones mínimas y limitado por una Constitución, aseguraba la convivencia social pacífica y la prosperidad relativa a los avances de ese tiempo. Nada de esto es posible si existe planificación central de la economía y otras áreas de la vida social. Puesto en otras palabras, el socialismo es por definición un modelo que actúa por encima de los derechos inalienables de los individuos, violándolos. La cooperación social voluntaria y mutuamente beneficiosa nunca requiere de imposición política de una mayoría, un dictador o un partido único.

Imposibilidad del cálculo económico en el socialismo.

Imagine usted, estimado lector, que su negocio es un pequeño quiosco de “perros calientes”. Sus “perros calientes” tienen una serie de ingredientes, y además usted incurre en otros costos para obtener el producto final. La única forma dinámica, eficiente y legítima de saber si la gente quiere sus “perros calientes”, es producirlos y ponerlos a la venta. Si la gente los compra, usted sabrá que el “perro caliente” vale más que la suma de sus partes: pan, salchicha, mostaza, cebollas, su tiempo, el gas de la cocina, la compra del quiosco, etc. En términos más precisos, el “perro caliente” es socialmente útil como actividad económica si la diferencia entre el precio final y los costos incurridos hace que valga la pena el esfuerzo. Eso, que sabemos a nivel individual en un negocio o actividad sin fines de lucro, es inexistente en el socialismo. Simplemente es imposible la contabilidad de costos, y si eso ocurre en una serie de industrias o la mayoría, es evidente la clase de desastre que se provoca. En ausencia de propiedad privada de los “medios de producción” y otros bienes, es imposible asignarlos a las tareas más prioritarias; su propia conservación y buen uso se ven comprometidos. Y hay que aclarar que en esto no tiene absolutamente nada que ver el carácter de los individuos que participan. Si se reúnen 10 millones de marxistas en una isla coherentemente socialista, no podrían coordinar sus actividades económicas y su supervivencia se vería comprometida casi enseguida. Este problema fue visualizado originalmente por el sueco Nicholas G. Pierson y el inglés Max Weber, antes de que fuese magistralmente expuesto por Ludwig von Mises. El tema es ineludible: dado que el valor es subjetivo y los precios reflejan la suma de esa subjetividad y la escasez de un bien, un sistema económico o industria que no cuente con precios libremente fijados -reales- va a desembocar siempre y cada vez en la entropía y el retroceso económicos. Este debate no es nuevo, y los autores socialistas nunca pudieron darle solución. A diferencia de lo que Marx pensaba, el mercado no representa una “anarquía de la producción”: es el único mecanismo capaz de coordinar cientos de miles de actividades simples y complejas hacia la elaboración de bienes que eleven la calidad de vida del consumidor final. A través del sistema de precios se reflejan millones de gustos, preferencias y disponibilidad de bienes productivos y de consumo. ¿Es perfecto? Nada humano lo es. ¿Existe desperdicio e ineficiencia en muchas ocasiones? Por supuesto, pero su alternativa es peor. Sencillamente no hay reemplazo para el sistema de precios, que refleja las prioridades sociales y guía el proceso económico. Intentar sustituirlo con planes nacionales, regulaciones económicas o nacionalizaciones es un esfuerzo vano y económicamente destructivo.

Lo que nos dice la historia al respecto.

La socialización de la agricultura había ya acabado con la vida de millones de personas por hambrunas en la naciente URSS, cuando Lenin decide aplicar la llamada Nueva Política Económica (NPE). Lenin, un marxista de formación, introduce entonces y por emergencia los primeros elementos de capitalismo cabal en Rusia. Reprivatiza alrededor del 4% de granjas colectivizadas, elimina ciertos controles, y establece el patrón oro (moneda dura) con respaldo para el rublo. Estos incipientes elementos de capitalismo fueron responsables por la supervivencia material del pueblo ruso. Ese pequeño porcentaje de kulaks que recuperaron su propiedad, generaron el 28% de la producción agrícola de la URSS durante los siguientes 70 años. Tan concientes estaban los soviéticos de que los precios eran el sistema de señales de una economía (cosa que nuestros economistas neokeynesianos locales, por el contrario, ignoran o pretenden obviar) que mantenían suscripciones regulares a catálogos industriales y de tiendas departamentales de los EE UU y Europa, para tener algún tipo de referencia. Alrededor de 18 mil economistas participaban de la tarea centralizada en el Kremlin por fijar precios sin mercado, un esfuerzo vano por definición. Cada año más fábricas quedaban paradas por falta de partes pequeñas que no podían solicitarse dinámicamente mediante compras libres. La economía soviética, en palabras de un economista ruso contemporáneo, era un “ferrocarril tosco y feo, detenido por falta de tornillos”. Lo mismo le sucede a Cuba. Sólo 13% de los ingenios azucareros que la revolución confiscó a sus propietarios sigue en condiciones funcionales, el resto son chatarra gracias a la falta de piezas de repuesto. Ni la U.R.S.S ni Cuba pudieron ni podrían sostenerse sin socios más cercanos al concepto capitalista, ya sea por imitación permanente de industrias, métodos y especializaciones profesionales, o bien por comercio estatal, en lo que se conoce como “capitalismo de Estado”. Los ciudadanos de los modelos totalitarios por su parte complementaron siempre sus necesidades en el mercado negro.

¿Qué sucede con las industrias socializadas en países relativamente libres?

Cada actividad económica que se aísle del sistema de precios, empezará necesariamente un lento declive y deformación. Así lo atestiguan tanto la educación francesa, con la pérdida de sus estándares de posguerra, como la medicina socializada en Canadá, que hace esperar a pacientes críticos alrededor de 6-18 meses y cuenta con una tecnología muy inferior a la de su vecino EE.UU. Lo mismo sucede con el sistema de pensiones en Suecia, que empieza ya a imitar a Chile en un modelo individual de ahorro en vez de la mal llamada seguridad social. Pero ni la administración extranjera, la concesión u otros parches podrán subsanar el problema fundamental: al igual que en un quiosco de “perros calientes” se necesita información real y libre para crear valor agregado.

El socialismo no es social, es político.

Luego de una objeción desde la ética y una exposición de por qué la planificación central (socialismo) no es viable, hagamos una última disección del término: como dije al principio los ingenieros sociales, diseñadores de utopías a costa de vida y propiedad ajenas, tuvieron el mejor acierto en la historia del marketing político al apropiarse del nombre socialista para auto etiquetarse. Sin embargo el nombre sigue causando confusión entre quienes tienen una gran sensibilidad social y aman el concepto de comunidad, sobre todo en nuestro estilo latino.

Sencillamente, el socialismo es lo contrario a la comunidad, en su concepto pacífico y voluntario. La imposición gubernamental es la señal de fracaso de quienes no lograron liderar voluntariamente un tema o proyecto social. Si usted al igual que yo, cree en la comunidad, en el liderazgo y en la ayuda a los más necesitados, no piense que es socialista. Sencillamente usted es humano. Politizar esas nobles intenciones provoca el efecto contrario: autoritarismo y subdesarrollo. Y por eso precisamente, el socialismo fracasa.

“Todos deberíamos estar agradecidos a los soviéticos porque probaron de forma concluyente que el socialismo no funciona. Nadie puede decir que no tuvieron suficiente poder o suficiente burocracia o suficientes planificadores (o suficiente tiempo) o que no llevaron las cosas hasta el grado suficiente”.

Para indignarse con la injusticia, ser rebelde social y luchar por los excluidos, no hay que ser “socialista”, sino justo.


Rafael Marrón González

Fuente: http://www.correodelcaroni.com/

noviembre 30, 2007

Entendiendo el liberalismo


por Juan Carlos Hidalgo

Carlos Hidalgo es Coordinador para Proyectos de América Latina del Cato Institute.


El liberalismo es el responsable de los mayores avances experimentados por la humanidad en los campos político, social y económico. Y aún así, a lo largo y ancho del planeta, el pensamiento liberal es víctima del asalto constante de académicos, políticos y activistas que le achacan los principales males contemporáneos, desde la pobreza extrema hasta la degradación ambiental.

Muchas de estas críticas se derivan de la ignorancia, otras son malintencionadas. Lo cierto es que los liberales nos encontramos en un estado defensivo permanente. De ahí que la publicación de Liberalismo: Una aproximación de David Boaz, vicepresidente ejecutivo del Cato Institute, sirve de un importante insumo intelectual en la batalla de ideas.

El pensamiento liberal es bastante sencillo. Como explica Boaz, “El liberalismo sostiene que cada individuo tiene derecho a vivir su vida como desee, siempre y cuando respete los derechos iguales de los demás. Los liberales defendemos el derecho de cada individuo a la vida, la libertad y la propiedad, derechos que el ser humano posee de forma natural, antes que se crearan los gobiernos. Según la visión liberal, todas las relaciones entre seres humanos deben ser voluntarias, La ley debe prohibir solamente las acciones que implican el uso de la violencia contra aquellos que no la han ejercido. En otras palabras, la ley debe circunscribirse a reprimir asesinatos, robos, secuestros y fraudes”.

Si analizamos bien, los preceptos liberales se encuentran dentro de las primeras enseñanzas que los padres dan a sus hijos: “no le pegues a otros niños, no robes, y no mientas”. Sin embargo, por alguna razón, cuando crecemos empezamos a hacer excepciones a estas reglas. La mayor de ellas es el Estado. Boaz indica que lo que nos caracteriza como liberales es la coherencia con que aplicamos estos principios, tanto a gobiernos como a individuos. El Estado fue creado para proteger los derechos a la vida, la libertad y la propiedad que poseen las personas. Sin embargo, como escribiera Frédéric Bastiat hace más de 150 años, esta ley ha sido pervertida y a lo largo de los siglos el Estado se ha convertido en el principal violador de los derechos individuales. De tal forma, el pensamiento liberal se ha vuelto sinónimo de lucha contra el avance del poder estatal en áreas que van más allá de sus funciones legítimas.

Para el lector liberal, Liberalismo tiene mucho qué ofrecer. En particular, el capítulo 2 del libro hace una reseña detallada de la evolución del pensamiento liberal, partiendo de los escritos de Lao Tse en el siglo VI antes de Cristo, y culminando con el movimiento liberal contemporáneo, el cual experimenta un resurgimiento luego de la Segunda Guerra Mundial con las publicaciones de luminarias como Ludwig von Mises, F. A. Hayek, Ayn Rand, Milton Friedman, entre muchos otros.

El libro es bastante polémico, incluso para un lector liberal. Luego de hacer un análisis filosófico exhaustivo de la teoría de derechos naturales, Boaz analiza los alcances de ésta en una serie de debates de políticas públicas contemporáneos, tanto en el campo económico como social.

Refiriéndose a muchos de los problemas que enfrentan nuestras sociedades en la actualidad, Boaz aplica la máxima liberal de que “el gobierno no puede resolver estos problemas. Y muchas veces es precisamente el que los causa”. De esta forma ofrece un recetario de políticas públicas liberales en materia de salud, educación, pensiones, combate al crimen, asistencia social, entre otros.

Si bien el libro fue originalmente escrito para el público estadounidense, muchos de los temas que se tratan en él también tienen relevancia dentro del debate político latinoamericano. No obstante, el lector de la región encontrará en la discusión filosófica las páginas más interesantes.
Este volúmen no es una respuesta a todas las preguntas que enfrentamos los liberales a diario, ni pretende serlo. Como lo dice el título, es una aproximación de lo que consiste el ideario liberal, y los principios sobre los cuales se sustenta. Para aquel que quiera profundizar en alguna de las áreas cubiertas por Boaz, el libro ofrece al final una amplia recomendación bibliográfica.

En América Latina, a pesar del surgimiento del populismo y el socialismo del siglo XXI en países como Venezuela, Ecuador y Bolivia, las ideas liberales siguen teniendo gran relevancia en cualquier discusión política. Los liberales en la región cargamos con la cruz de que las reformas económicas llevadas a cabo en los noventa no fueron en su mayoría puestas en práctica por liberales. Por lo tanto se le achaca al liberalismo problemas sobre los cuales no tiene responsabilidad alguna. Aún así, aquellos países como Chile y El Salvador que implementaron reformas liberales de manera más consistente son los que destacan por sus avances en lo económico y social.

Boaz culmina su libro con una nota positiva: “El liberalismo es mucho más que una plataforma para construir una utopía. Es la plataforma indispensable para construir el futuro”. Cuando miramos alrededor nuestro en América Latina ciertamente vemos la necesidad de más liberalismo, más mercado, más derechos de propiedad, más Estado de Derecho, más libertad de escogencia, más tolerancia, más sociedad civil. La tarea no es sencilla.

Sin embargo sabemos que el juicio de la historia falla a nuestro favor. Las ideas liberales han probado generar riqueza, bienestar y paz donde quiera que han sido intentadas. Nuestra responsabilidad es hacerlas una realidad en toda América Latina.


Este artículo fue publicado originalmente en la revista Perpectivas (Colombia) en la edición de noviembre de 2007.

Source URL:http://www.elcato.org/node/2967

noviembre 17, 2007

LLamazares, el amigo de Fidel Castro

Insólita imagen. Llamazares, el amigo de Castro, increpando a Aznar por su apoyo al golpismo en Venezuela. La respuesta de Aznar fue tajante: sólo recibió llamadas de Carmona y de los sicarios del sátrapa cubano para evitar la destrucción de sus embajadas. Si lo hubiera hecho, Aznar hubiera actuado como corresponde a un hombre decente: ayudando al fin de una tiranía.Llamazares, al igual que todos los hijos del comunismo, considera que todo régimen que pisotee los derechos humanos es digno si lo hace en nombre de la revolución. Para Llamazares y otros del mismo pelaje, Chávez es un gran estadista que gobierna legítimamente. Pero no se acuerdan del golpe que dio, ni de los francotiradores que empezaron a arrasar Venezuela hace algún tiempo.Derrocar a un tirano no sólo no es inmoral sino que es una de las cosas más dignas que puede hacer una persona: acabar con la opresión. Y perdónenme los socialistas, pero opresión implica la imposibilidad de disponer de nuestras vidas y propiedades para buscar la felicidad como se nos antoje. No significa ser "esclavos del capital" ni implica que el capitalismo conduzca a una lucha darwiniana por la supervivencia donde el menos capaz se muere de hambre. Más bien sucede lo contrario: el intervencionismo arrasa con los derechos individuales y la prosperidad.Si en vez de derrocar a Chávez sin violencia, se le hubiera asesinado, habría que evaluar el encaje del caso en el tiranicidio. Nuestro escolástico jesuita, Juan de Mariana, entendía que cualquier ciudadano puede matar al rey si éste impone impuestos sin el consenso de la gente, expropia la propiedad privada o previene las reuniones de los parlamentos democráticos. Chávez ha limitado la libertad de prensa, ha asesinado a ciudadanos que se manifestaban en paz y además ha tratado de modificar la constitución venezolana para hacer lo que le viniera en gana.Como estableció John Locke, "cuando la ley termina, comienza la tiranía". Y añade que "cualquiera que tenga autoridad y se exceda en los poderes que le han sido concedidos por la ley utilizando la fuerza para sobrepasar los términos de la ley, deja de ser un magistrado y al actuar sin autoridad, se expone a que se le opongan como sucedería en el caso de que un hombre que mediante la coacción vulnerara el derecho de otro". Por último, Locke señalaba que la injusticia puede ser respondida por la fuerza (de la ciudadanía se entiende) sin ser ésta última injusta ya que se opone al ejercicio ilegítimo de la coacción.Castro en "La historia me absolverá" defiende precisamente el uso de la violencia para desembarazarse de un tirano. Hitler llegó al poder a través de unas elecciones, pero sólo un canalla seguiría oponiéndose a un golpe de estado contra él, después de que aprobase las leyes raciales de Nüremberg. Pero de esto no se acuerdan nuestros amigos socialistas. A ellos hay que recordarles que los derechos son inalienables y que los individuos no pueden ser sacrificados por ninguna causa. A Chávez convendría retirarle de su cargo y enviarlo a la cárcel. Si se resiste y utiliza la fuerza para evitarlo, creo que ya hemos dicho lo que se puede hacer.

Autor: Gorka Extchevarría
Fuente: www.liberalismo.org

Los Estados Unidos constituyen el fenómeno completamente original de la historia



Para el pensador francés Europa y EEUU no pueden ser rivales. Guy Sorman cree que los EEUU constituyen un fenómeno completamente original en la historia del mundo.

Guy Sorman acaba de presentar su último libro, "Made in USA", en donde intenta elaborar una guía para entender a los EEUU. los EEUU constituyen un fenómeno completamente original en la historia del mundo.
De las claves del mismo y de las relaciones de EEUU con Europa fueron los temas a los que se refirió Sorman ayer en Madrid.
"El proyecto de una Constitución federal se inspira notablemente en la Constitución de los Estados Unidos y le da la espalda, de manera también notoria, a la experiencia europea. Mientras que Europa es valiosa por sus ágiles equipos, la Comisión, la Banca y la Corte son instituciones burocráticas y políticas que la Constitución volvería aún más pesadas. Más allá de crear empleos e instalar podios para la clase política y burocrática, ¿en qué mejoraron la unidad, la prosperidad y la dicha de los europeos, la Presidencia y la Asamblea europeas? No lo vemos. La dicha de Europa reside en algo muy simple: ir de París a Varsovia o Madrid sin fronteras, sin papeles y sin angustia. ¿Confesaré que el inglés es nuestra lengua común?", dijo Sorman ante el nutrido público que se congregó en la sede de la Mutua Madrileña de Madrid con motivo del III Foro Atlántico.
"Lo que debemos comprender con urgencia es que, si no logramos creer que una solución es posible, abandonaremos definitivamente cualquier esperanza de jugar un papel en el mundo. Lo que significa que los mayores problemas del mundo actual: el encuentro de Islam y Occidente, la estrecha rivalidad entre Estados Unidos y China para la dominación de la economía mundial, la difícil supervivencia de un África en vías de subdesarrollo acelerado, por no mencionar problemas que no se expresan geográficamente como los del lugar de la religión en la vida pública, el respecto de los derechos humanos o la realización de un desarrollo sostenible, un tema que nunca ha salido hasta ahora de las salas de conferencia", agregó el pensador francés quie, inexplicablemente, no tiene editor en España para su libro Made in USA, a pesar de que éste acaba de ser publicado en español por una editorial argentina.
Ante una pregunta sobre la integración de Turquía a la UE, Sorman se mostró favorable a su ingreso: "Rechazar Turquía equivale a cerrar nuestro horizonte y a renunciar a cualquier responsabilidad mundial. Si nos limitamos a un juicio dentro de Europa, partidarios y adversarios a la entrada de Turquía podrán hablar mucho, a sabiendas de que Francia asumiría riesgos inútiles oponiéndose a decisiones cuyo principio ya ha sido adoptado a nivel europeo".
Guy Sorman acaba de presentar su último libro, Made in USA, en donde intenta elaborar una guía para entender a los EEUU. Los EEUU constituyen un fenómeno completamente original en la historia del mundo. Nunca, ni antes ni después de su nacimiento como república independiente, un proyecto nacional se propuso la epopeya norteamericana.
"Sostenemos estas verdades como autoevidentes: que todos los hombres son creados iguales y dotados por el Creador con ciertos derechos inalienables, entre ellos, la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Esta referencia a la felicidad individual, de acuerdo a cómo cada uno la defina, es el más poderoso misil jamás lanzado a la creencia de que los perfiles de la vida pueden ser definidos por alguien ajeno a nuestra propia persona. Esta es la gran contribución norteamericana a la filosofía de la vida", sostuvo ante un público cautivado por la sencillez e inteligencia de este pensador liberal insoslayable.

noviembre 09, 2007

Chile y Perú unidos jamás serán vencidos


Este es un articulo publicado por José Piñera, ex ministro de Economía de Chile el el sitio http://www.libremente.org/


Las “cumbres” de presidentes –como la que “sufrirán” los santiaguinos en estos días– son pretenciosas, congestionadoras, caras, contaminadoras, calentadoras del planeta… y completamente inútiles. Y en este caso habrá que soportar además la verborrea del comandante Chávez, sin que ningún presidente tenga el coraje de enfrentarlo y denunciarlo como un dictador, un populista y un coimeador de países pobres.


En contraste, tres buenas noticias sobre Perú. Primero, esta mañana la Casa de Representantes de EE.UU. aprobó por 285 votos contra 132 el TLC entre ambos países. Lo celebré con mi buen amigo Felipe Ortiz de Zevallos, el Embajador de lujo que tiene Perú en Washington y artífice de este triunfo. Ahora sólo falta la aprobación del Senado (Obama a favor, Edwards en contra, y Madame Hillary todavía está “calculando” si le conviene votar a favor o en contra).


Segundo, el prestigioso periodista Jaime de Althaus recién publicó su interesante libro “La Revolución Capitalista en el Perú”. Estoy convencido de que el valioso y pionero discurso liberal de Mario Vargas Llosa en su campaña presidencial de 1989, las reformas estructurales de la primera presidencia de Alberto Fujimori, y la consolidación bajo Toledo/Kuzcinsky han puesto claramente a Perú en la vía del desarrollo.


Y finalmente este extraordinario artículo del Presidente Alan García, titulado “El síndrome del perro del hortelano“. Propongo que sea lectura obligatoria –y en voz alta– en la “cumbre”.
Algunos párrafos me recordaron mi discurso de 1981 de anuncio de la Ley Constitucional Minera, cuando abogué por explotar nuestras riquezas naturales, asegurando sólidos derechos de propiedad, y transformarla en capital humano, en educación de calidad, la verdadera “llave del tesoro” para todos.


Pues bien, Chile ahora produce casi 6 millones de toneladas de cobre, en vez del millón que producía cuando fui Ministro de Minería en 1981, y las empresas mineras privadas –que no existirían sin esa ley– pagan en impuestos a la renta más que el presupuesto del Ministerio de Educación.


Conclusión: Si además del TLC, el Presidente García transforma estas ideas en políticas públicas, sería un gran triunfo para Perú , y el emergente polo Chile-Perú de desarrollo sería un ejemplo para todo el continente mucho más trascendente que aquel experimento condenado al desastre del tirano venezolano.

agosto 30, 2007

CRISTIANISMO Y LIBERALISMO


Autor: Armando Ribas

Pienso que la relación entre el cristianismo y el liberalismo es de la mayor trascendencia en general y en particular para la Argentina. No hay duda de que en este ámbito reinan incomprensiones de vieja data, que reflejan, a mi juicio, confusión profunda respecto a la esencia misma del denominado liberalismo que hoy se lo llama peyorativamente neo-liberalismo. Así, nuestro léxico político plagado de inexactitudes ya que los mismos vocablos implican conceptos diferentes y discutibles se centra en las virtudes de la democracia y el anatema del neo-liberalismo. Esta dicotomía ética es compartida desde el cristianismo, al menos según consta de las declaraciones de múltiples de los obispos, hasta el "socialismo" cuyo origen indubitable, fueran el positivismo y el marxismo que consideran a la religión como la causa fundamental de la alienación del hombre. Ante esto que considero la confusión reinante aun vigente en el mundo de las comunicaciones, me voy a permitir algunas reflexiones que espero contribuyan a una mejor comprensión mutua de las partes involucradas.

Fue hace muy poco que el Papa pidió perdón por los hechos históricos de la Iglesia tales como la Inquisición, las cruzadas y el enfrentamiento con la ciencia (Galileo), etc. Estas palabras del Papa que tienen mi mayor respeto, sin embargo ocultan la verdadera naturaleza del problema. A mi juicio, no se puede culpar a la Iglesia Católica como el origen de tales pecados históricos, sino que ellos reflejaban el sentir y el comportamiento generalizado de ese "Occidente" que hoy pretende igualmente representar desde sus orígenes la ética contemporánea. Debe recordarse que por mucho tiempo la amante de Zeus era conocida como la cristiandad hasta bien entrado el siglo XVI. O sea que si pecadores hubo y no hay dudas de que así fuese, pues la Segunda Guerra Mundial y el holocausto son sus ejemplos más cercanos, no fue por la existencia de la Iglesia. Si de algo puede culparse a esta institución no fue que generara el pecado, sino que no pudo, no supo o no quiso evitarlos y ni siquiera reducirlos Las cruzadas eran luchas entre los propios cristianos, y yo no podría decir que en la disputa entre los iconoclastas y los iconodules que diera por resultado la culminación del denominado cisma de Oriente, aquellos eran mejores ni menos autoritarios que éstos.

Tampoco encuentro en Lutero, ni en Calvino un pensamiento ni un comportamiento más digno y ético. El absolutismo y el fanatismo religioso impregnaba la mente de los hombres, y la lucha por el poder terrenal tenía su campo de batalla en el ámbito celestial; pero fundamentalmente en la naturaleza falible del ser humano por más que hubiera sido creado a imagen y semejanza de Dios. No obstante esa realidad de la naturaleza no se puede desconocer la gran contribución del cristianismo a la civilización al reconocer a la persona individual como el centro mismo de la creación.

Los pecados son de los hombres y el cristianismo lo señala claramente en el Evangelio que dice "el justo peca siete veces". Pero aun más dice "el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra" y sigue diciendo "no juzguéis y no seréis juzgados" y más "se ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio". Lamentablemente esos principios del cristianismo, incluido aquel más importante de "dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" y no podemos olvidar que Jesús también dijo "Mi reino no es de este mundo", fueron olvidados en la simbiosis histórica entre el Estado y la Iglesia y que se expresa en la colusión entre la cruz y la espada para representar en la tierra a quien había dicho que “se debía poner la otra mejilla."

La sabiduría del cristianismo abunda en el mandato de "amar al prójimo como a ti mismo". Ese mandato existe precisamente porque ese amor no existe como una universalidad y por tanto difícilmente puede construirse una sociedad a partir de presuponerlo. En segundo término el prójimo es el cercano por tanto ni siquiera el cristianismo pretende un amor a la humanidad que no forma parte de la naturaleza del hombre donde los sentimientos en muchos casos privan por encima de la voluntad. Y tercero el poner como límite de bien el amor a sí mismo, es la manifestación paladina de la conciencia de que el hombre, por encima de todo se quiere a sí mismo. Es decir, ese no es un mandato, sino un parámetro de la realidad de la naturaleza humana.

Otro aspecto trascendente del cristianismo es el reconocimiento de la propiedad privada tal como se manifiesta en la parábola de los trabajadores que llegados a la hora nona fueron pagos iguales que los primeros. Cuando estos protestaron el Señor (propietario) manifestó yo cumplí con ustedes y les pagué lo convenido por tanto nada pueden quejarse por mis contratos posteriores. Evidentemente aquí no sólo se reconoce el derecho de propiedad, sino la libertad de contratación y el valor conmutativo de los contratos.

Igualmente, en la parábola de los talentos se reconocen la responsabilidad individual por nuestras acciones y los resultados de las mismas. Por último la admonición sobre que "es más difícil que entre un rico en el reino de los cielos que pase un camello por el ojo de una aguja", no tiene otro sentido que el que tiene más posibilidades a su vez tiene más tentaciones para pecar. Pero al mismo tiempo, debe tenerse en cuenta que el mismo concepto de rico debe entenderse como poder en general. Particularmente porque en los tiempos del Evangelio la relación de causalidad era del poder a la riqueza y no viceversa. Así, los reyes eran ricos por reyes y no que eran reyes por ricos. Esto fue otro de los grandes errores de Marx al considerar que el poder político era una superestructura de los intereses económicos. En fin, si la Iglesia ha errado como institución, y no pecado, pues los pecados son personales, fue por no haber quizás logrado que se avanzara en la civilización y en la libertad a partir de los propios valores que ella representaba. Al respecto ya en 1536 el Papa Pablo III designó una comisión para estudiar los abusos en la Iglesia que en marzo de 1537 produjo un informe famoso titulado "Consilium de enmenda ecclesia", cuya conclusión fue: "La causa de todos los problemas yace en los papas mismos que han permitido que sus deseos imperen y han escuchado a falsos consejeros, con el resultado de que se creyeron tan completamente dueños de la Iglesia que tenían el derecho de comprar y vender sus empleos, designaciones y beneficios sin peligro de pecado... De ello se deriva Padre Santo, como de un caballo de Troya han surgido en la Iglesia tantos abusos y tales graves enfermedades que por nuestra culpa el nombre de Cristo ha sido blasfemado entre las naciones".

No fue otro que Erasmo de Rotterdam, quien dijo: “Ningún hombre puede esperar alcanzar el cielo usando la maquinaria de la Iglesia; sin ceremonias, tal vez uno no sería cristiano, pero no lo hacen a Ud. cristiano. La idea fundamental de Erasmo y que a nuestro criterio coincide con el cristianismo o sea los evangelios, es reducir la teología a un mínimo, conciente de las dificultades en las definiciones y fueron éstas las que causaron el cisma de Oriente y la destrucción de Bizancio, que finalmente cayó en manos del Imperio Otomano. Más tarde determinó las guerras religiosas que todavía no han terminado, a pesar de la paz de Westfalia. Así escribió Erasmo: “Ud. no será condenado si no sabe si el Espíritu que procede del Padre y del Hijo tiene uno o dos comienzos, pero no escapará a la condenación si no cultiva las fuentes del espíritu: amor, felicidad, paz, paciencia, bondad, sufrimientos, compasión, fe, modestia, continencia y castidad”. Este pensamiento es perfectamente compatible con el liberalismo en su proyección de separar al Estado de la Iglesia, y permitir la libertad de creencias siempre y cuando no violaran las normas de la convivencia. Lamentablemente en 1546 el Concilio de Trento declaró heréticas las doctrinas de Erasmo y así podría decir que dio lugar a que el Papa considerara finalmente procedente pedir perdón por los errores de la Iglesia.

El liberalismo, pues, a nuestro juicio, fue precisamente el intento de evitar los abusos del poder cualquiera que fuese su origen, ya fuere político o eclesiástico, y al mismo tiempo permitir la libertad de conciencia. Así, John Locke en su Carta sobre la Tolerancia, publicada después de la Revolución Gloriosa en Inglaterra en 1688, escribió que toda la Iglesia era ortodoxa con respecto a sí misma. Consecuentemente "El Evangelio frecuentemente declara que los verdaderos discípulos de Cristo deben sufrir persecución, per que la Iglesia de Cristo debe perseguir a otros y forzar a otros mediante el fuego y la espada para que abracen su fe y su doctrina, yo nunca lo encontré en ninguno de los libros del Nuevo Testamento." En otras palabras, el liberalismo, cuyo primer exegeta fue Locke, pretendió, pues, conforme a lo dicho por Jesucristo separar la Iglesia del Estado, pues el gobierno de la sociedad civil estaba instituido tan sólo por cuidar de los intereses civiles tales como la vida, la libertad, la salud y la posesión de las cosas externas. Al mismo tiempo, señala que el cuidado de las almas no le corresponde al gobierno y así escribió: "Toda la vida y el poder de la verdadera religión consisten en la completa persuasión interna de la mente: y la fe no es fe sin creer". Por ello "el cuidado de las almas no puede pertenecerle al gobierno civil, porque su poder consiste solamente en la fuerza externa".

Como vemos, el liberalismo está muy lejos de ser ateo, como se ha pretendido a partir de haber tomado al crimen histórico de la Revolución Francesa de 1789 como su paradigma. La realidad es que ella representó tan sólo el intento de crear una religión seglar que pretendió darle a la razón el lugar de Dios. A través de la historia de sus filósofos, el liberalismo ha mostrado no sólo su respeto por la religión como el ámbito de la conciencia individual, sino su conciencia de la falencia permanente del ser humano en su búsqueda del conocimiento y no la confusión del racionalismo que hay una sinonimia entre razón y verdad.

Fue igualmente la realización de que los gobernantes son igualmente hombres con iguales falencias que sus congéneres, la que determinó la necesidad de la limitación del poder político. En ese sentido igualmente se pronunció Locke y fue éste el criterio con que se constituyeron los Estados Unidos a partir del pensamiento de James Madison quien dijera: "Si los hombres fueran ángeles no haría falta el gobierno y si fueran a ser gobernados por ángeles no se requeriría ningún control sobre ellos". Por la misma razón ya David Hume se había percatado de que la razón lejos de prescribir la moral eran tan sólo el instrumento de las pasiones. Por ello, la estructura de la sociedad debía reconocer éticamente los intereses y sólo la confrontación de las pasiones habría de limitarlos. De ahí surgía la necesidad de la seguridad en la propiedad privada, y a ella se refiere precisamente el concepto mismo de justicia que se diferencia de la moral en que esta es intencional en tanto que la primera es consecuencial. Así, dijo Hume al respecto: “Es sólo como consecuencia del amor a sí mismo y la limitada generosidad de los hombres, conjuntamente con la escasa provisión que la naturaleza hace a sus necesidades, que la justicia deriva su origen... Es evidente que la única causa por la que la gran generosidad del hombre y la perfecta abundancia de todas las cosas destruirían la mera idea de justicia, es porque la haría inútil.”

Como vemos no existe una contradicción entre los principios cristianos y la filosofía liberal, sino que ésta surge únicamente cuando la Iglesia ha pretendido un rol que conforme al Evangelio no le corresponde y que es el de dominar el poder político en una conciencia de absoluto que ignora precisamente las falencias del ser humano reconocidas por el propio Evangelio: “El justo peca siete veces”. En ese sentido, debe destacarse precisamente el gran aporte de León XIII a la comprensión del problema en su encíclica “Rerum Novarum” donde escribió: “Sea pues, el primer principio y como la base de todo que no hay más remedio que acomodarse a la condición humana: que en la sociedad civil ni pueden ser todos iguales, los altos y los bajos...” Y sigue: “...que la verdadera dignidad y excelencia del hombre consiste en las costumbres, es decir en la virtud, que la virtud es patrimonio común a todos los mortales y que igualmente la pueden alcanzar los altos y los bajos, los ricos y los proletarios... que se guarde y se fomente la religión, que florezcan en la vida privada y en la pública costumbres puras; que se mantenga la justicia y no se deje impune al que viole el derecho del otro (el resaltado es propio)... quitar a otro lo que es suyo o en pro de una absurda igualdad apoderarse de la fortuna ajena, lo prohíbe la justicia y lo rechaza la naturaleza misma del bien común: que no se abrume a la propiedad privada con enormes tributos e impuestos...” y con una clarividencia que pareciera hubiese conocido al mundo comunista hizo la siguiente admonición respecto a la abolición de la propiedad privada; ...y fuera de esta injusticia, vese demasiado claro cuál sería en todas las clases el trastorno y perturbación, a que se seguiría una dura y odiosa esclavitud de los ciudadanos. Abriríase la puerta a mutuos odios, murmuraciones y discordias, quitando al ingenio y diligencias de cada uno todo estímulo, secaríanse necesariamente las fuentes mismas de la riqueza, y esa igualdad que en su pensamiento se forjan, no sería, en hecho de verdad, otra cosa que un estado tan triste como innoble de todos los hombres sin distinción alguna. De todo lo cual se ve que aquel dictamen de los socialistas, a saber, que toda propiedad ha de ser común, debe absolutamente rechazarse, porque daña a los mismos a quienes se trata de socorrer; pugna con los derechos naturales de los individuos y perturba los deberes del Estado y la tranquilidad común.”

En ese sentido de reconocimiento de la responsabilidad propia y de los derechos de propiedad León XIII se extiende al decir: “Verdad es que nadie se manda a socorrer a otros con lo que para sí o para los suyos necesita, ni siquiera dar a otros lo que para él debido decoro de su propia persona ha menester, pues nadie está obligado a vivir de un modo que a su estado no convenga. Pero satisfechos la necesidad y el decoro deber nuestro es de lo que sobre, socorrer a los indigentes. Lo que sobre dadlo de limosna. No son estos, salvo casos de necesidad, deberes de justicia, sino de caridad cristiana, a la cual no tiene derecho a contradecir las leyes”. No son palabras muy diferentes de lo que había dicho Adam Smith en su Teoría de los Sentimientos Morales, donde escribió: “La beneficencia es siempre libre, no se puede exigir por la fuerza, y la mera carencia de la misma no expone al castigo”... y continua “El obligar a alguien a hacer por fuerza lo que en gratitud debería hacer, y lo que cualquier espectador imparcial aprobaría que hiciera, sería si fuese posible más inapropiado que su falta por hacerlo”. Esta, lamentablemente, ha sido la tendencia del socialismo que ha pretendido que el hombre ame a la humanidad más que a sí mismo y lo ha colocado como presupuesto del bienestar social, lo que significa como bien observara León XIII, ignorar la naturaleza del hombre.

En un sentido similar se pronunció el Papa Juan Pablo II en su encíclica “Centesimus annus” revirtiendo la doctrina social a sus orígenes después que, a nuestro juicio, se podían percibir desvíos hacia el fascismo de la “Quadragesimus Annus” y más tarde hacia una competencia con el marxismo en la “Populorum Progressio”. Ésta dio como resultado los documentos de Puebla que derivaran en la Teología de la liberación, hoy afortunadamente descalificada por Juan Pablo II. No voy a insistir en las citas pertinentes de este documento que a nuestro juicio igualmente revaloriza los principios liminares del cristianismo y que como expresara anteriormente constituyen la fuente del liberalismo. Pero no querría terminar este ensayo sin mencionar las palabras de Juan Pablo II, que consideró como una revelación de la conciencia profunda entre el cristianismo y el liberalismo cuando dice: “Por otra parte, el hombre creado para la libertad lleva dentro de sí la herida del pecado original que lo empuja continuamente hacia el mal y hace que necesite redención. Esta doctrina no sólo es parte integrante de la revelación cristiana, sino que tiene también un gran valor hermenéutico en cuanto ayuda a comprender la realidad humana. El hombre tiende hacia el bien, pero es también capaz del mal; puede trascender su interés inmediato y, sin embargo, permanece vinculado a él. El orden social será tanto más sólido cuanto más tenga en cuenta este hecho y no oponga el interés individual al de la sociedad en su conjunto, sino que busque más bien los modos de su fructuosa coordinación. De hecho, donde el interés individual es suprimido violentamente, queda sustituido por un oneroso y opresivo sistema de control burocrático que esteriliza toda iniciativa y creatividad. Cuando los hombres se creen en posesión del secreto de una organización social perfecta que haga imposible el mal, piensan también que pueden usar todos los medios, incluso la violencia o la mentira, para realizarla. La política se convierte entonces en una “religión secular”, que cree ilusoriamente que puede construir el paraíso en este mundo”

agosto 26, 2007

LA BASE DE LA ÉTICA LIBERAL ES MUY SIMPLE

La base de la ética liberal es muy simple: El Axioma de la No Agresión. No agresión, no significa que no podamos defendernos de agresiones o invasiones externas. No agresión significa, no agredir a otra persona o a su propiedad privada sino ha habido un ataque previo. El ilustre filósofo John Locke lo expresó así:


“[…] aquél que, en estado de sociedad [de paz], arrebate la libertad que pertenece a los miembros de dicha sociedad o estado, debe ser tenido por alguien que se propone arrebatarles todo lo demás y así considerárselo en estado de guerra.”
“Porque cuando alguien, haciendo uso de la fuerza, me pone bajo su poder sin tener derecho alguno para hacerlo, sea cual fuere su pretensión, no tengo razón para suponer que quien me arrebata mi libertad, cuando me tenga en su poder, no me quitará todo lo demás. Y, por lo tanto, es legal que yo lo trate como alguien que se ha puesto en estado de guerra conmigo, es decir, matándolo si puedo, pues a ese riesgo se expone con justicia quien introduce el estado de guerra y dentro de él es agresor.”

El acto que no vulnere el axioma de la no agresión, no puede considerarse contra la ética —aunque sí podría ser considerado inmoral. Aquellos que desafían las leyes y se enfrentan al estado y grupos de presión para servir a la sociedad y ganar un beneficio no son miserables, ni delincuentes, ni antisociales; sino héroes de la libertad que actúan bajo su propio riesgo beneficiando a toda la comunidad.

El credo libertario descansa sobre un axioma central: de que ningún hombre o grupo de hombres puede tener el derecho de agredir a la persona o a la propiedad de cualquier otro. Esto puede ser llamado el axioma de la no agresión. Agresión es definida como la iniciación del uso, o la amenaza, de violencia física contra la persona o propiedad de cualquier otro. Agresión es consecuentemente sinónimo de invasión. Si ningún hombre puede agredir a otro; si, en breve, todos tienen el derecho absoluto de ser libres de agresión, entonces esto desde ya implica que el libertario lucha firmemente por las que son generalmente conocidas como "libertades civiles": la libertad de expresión, de publicación, de asamblea, y de participar en tales crímenes sin víctimas como la pornografía, la desviación sexual y la prostitución (las cuales el libertario no considera como crímenes en absoluto, ya que él define a un crimen como la violenta invasión de la persona o propiedad de otro). Además de esto, él considera a la conscripción como esclavitud en una escala masiva. Y ya que la guerra, especialmente la guerra moderna, involucra la masacre en masa de civiles, el libertario considera a tales conflictos como asesinatos en masa y, consecuentemente, totalmente ilegítimos. Todas estas posiciones son ahora consideradas "izquierdistas", en la escala ideológica contemporánea. Por otra parte, ya que el libertario también se opone a la invasión de los derechos de propiedad privada, significa ello también que él, con la misma resolución, se opone a la interferencia gubernamental en derechos de propiedad o en la economía de libre mercado a través de controles, regulaciones, subsidios, o prohibiciones. Pues si cada individuo tiene el derecho a su propia propiedad, sin tener que sufrir una depredación agresiva, entonces él también tiene el derecho de regalar su propiedad (legado y herencia) y de intercambiarla por la propiedad de otros (libre contrato y la economía de libre mercado), sin interferencias. El libertario favorece el derecho a la propiedad privada sin restricciones, y al libre intercambio, por lo tanto, a un sistema de "capitalismo laissez-faire." En la terminología actual, nuevamente, la posición libertaria con respecto a la propiedad y la economía sería llamada "extremadamente derechista." Pero el libertario no ve ninguna inconsistencia en ser izquierdista en algunos temas y "derechista" en otros. Por el contrario, él ve a su propia posición como virtualmente la única consistente, consistente en nombre de la libertad de cada individuo. ¿Por qué cómo puede el izquierdista estar opuesto a la violencia de la guerra y al reclutamiento mientras al mismo tiempo apoya a la violencia de la imposición de impuestos y al control gubernamental? ¿Y cómo puede el derechista pregonar al son de la trompeta, su devoción a la propiedad privada y a la libre empresa mientras al mismo tiempo está favoreciendo a la guerra, al reclutamiento y a la proscripción de actividades y prácticas no invasivas que él considera inmorales? ¿Y cómo puede el derechista favorecer a un libre mercado mientras no ve nada improcedente en los vastos subsidios, distorsiones e ineficiencias improductivas que atañen al complejo militar-industrial?


Traducción: Jorge Valin www.jorgevalin.com

agosto 21, 2007

EL LIBERALISMO AUTENTICO DE MURRAY ROTHBARD



Autor: Antonio Muñoz Ballesta

Ante el nuevo orden mundial que se viene estableciendo desde las guerras del Golfo I y II, se propone la dilucidación de la verdadera ideología que en el fondo pervive en el Imperio de los EEUU (el liberalismo auténtico) y la necesidad de una conversión del mismo en un verdadero Imperio generador
Cuando aparentemente la guerra de Irak ha terminado, renace la polémica de si las potencias ocupantes están fomentando el desorden público para justificarse como Estado, en un territorio que podría ser el nuevo ejemplo histórico en el que podría establecerse el «no estado» por el que lucha el liberalismo auténtico. Sin embargo no podemos olvidar, en ésta polémica, al liberalismo «social-demócrata» representado por Carlos Popper y su auténtico sucesor Jorge Soros, ni la propuesta de la conversión de EEUU a la categoría de un Imperio generador que se defiende en este artículo.
Entiendo por «liberalismo auténtico» el anarco-capitalismo o libertarios económicos, cuyo máximo representante ha sido en los último años Murray N. Rothbard (1926-1995). El liberalismo auténtico se caracteriza por luchar contra la existencia misma de los Estados. Los Estados son las agencias o instituciones que poseen el monopolio de la violencia sobre un territorio, al igual que la última decisión, también en monopolio, sobre los conflictos que en él se produzcan; y en los Estados totalitarios el monopolio se extiende a todos los ámbitos de la vida.
Para los libertarios los Estados son innecesarios. Es necesaria la sociedad pero no el Estado. Además los Estados son las instituciones que al intervenir en la economía provocan ineficacia económica en todos los mercados, y oprimen y reprimen la libertad de las personas privadas.
La idea de acabar o desmontar el Estado, políticamente hablando, puede encontrarse en los anarquistas españoles, pero, económicamente (y el destino del siglo XX y XXI puede que siga siendo la Economía, precisamente por haberse convertido en Economía política), es heredera, también, del liberalismo español de nuestro siglo de Oro: el arzobispo don Diego de Covarrubias y Leyva, Luis Saravia de la Calle, Luis de Molina, Jerónimo Castillo de Bovadilla, Juan de Lugo y Juan de Salas, y sobre todo Juan de Mariana, que influyeron directamente en Turgot y su laissez faire, laissez passer, y posteriormente en la Escuela austríaca, desde Menger y Von Mises, Hayek, &c.
Luchar contra los Estados, por lo tanto, es luchar por la libertad. Por ello Rothbard «ha sido el defensor más enérgico y coherente de la libertad en este siglo» al «rechazar el orden político establecido, el nihilismo, y el cinismo en que se apoya el poder del Estado». El Estado viene a ser, para el libertario, una banda organizada de ladrones y criminales de guerra.
Como he dicho en otro lugar, la posición del libertario es la de la Ética. Desde la ética se defiende la conservación del cuerpo y persona humana y sus propiedades y derechos. Sin embargo Rothbard y demás libertarios no han reparado que las mismas Ideas de persona y derechos de propiedad no proceden de un metafísico «Derecho Natural», sino de la misma sociedad política en su propio desarrollo histórico. O por lo menos es una hipótesis, la del Derecho natural, no necesaria, y de la que la Filosofía puede prescindir.
Rothbard consideraba, por otro lado, que los libertarios debían estar siempre en contra de todas las guerras. Debían estar en contra por principios éticos básicamente. Solamente luchando contra el Estado propio, como contra cualquier otro, se podía reducir las guerras al mínimo y sus consecuencias también al mínimo (Eofl, 1982)
El Estado, al pretender ser el monopolista de la violencia en un territorio determinado, ejerce dos tipos de violencias:
1. la violencia vertical contra los libertarios que se le oponen al «orden público» que pretende establecer y establece mediante el robo de los impuestos.
2. la violencia horizontal contra otros Estados vecinos (aunque se encuentren a miles de kilómetros de sus fronteras –Irak–, y ello debido a la tecnología extraordinaria contemporánea).
Con esta clasificación de «violencia» y «orden» que nos ofrece Rothbard, es obvio, que la «paz» no puede ser entendida nada más que como una «tregua». Rothbard no utiliza el término «tregua», pero lo da como implícito. Entiendo por «tregua» la Idea de filosofía política que expresa mejor lo que entendemos ideológicamente por «paz» desde la plataforma del realismo y materialismo filosófico, pues siempre en la «paz» los Estados se «preparan para la guerra» futuro o inminente, y ello tiene que ser así si quiere mantener la «eutaxia» del mismo.
La «paz» es para el libertario la situación que se da dentro de un territorio cuando nadie se opone ofreciendo resistencia a las depredaciones y extorsiones estatales, pues para el anarco-capitalismo el derecho de propiedad al producto del trabajo personal no puede ser enajenado nada más que mediante el contrato voluntario y nunca por el robo que supone el Fisco. Por lo que tenemos el ejemplo más evidente, aquí, de que la «paz» es una Idea ideológica y polémica, pues a esa violencia unidireccional, de arriba abajo, del Estado a las personas privadas, se la considera «paz», cuando en realidad, para los libertarios, es «violencia «o «guerra interna» contra el pueblo que no quiere ser súbdito o esclavo.
Ahora bien, la violencia abierta y los conflictos más sangrantes en la Historia no se han debido a organizaciones revolucionarias antiestatales como pudo ser la FAI (Federación Anarquista Ibérica) en la España de los años 30 del siglo XX, sino a las guerras inter-nacionales o «violencia horizontal», y no solamente por el número infinitamente superior de víctimas que producen las guerras internacionales respecto a la violencia revolucionaria, sino por la muerte de inocentes que ocasionan las guerras si la comparamos con la violencia anti-estatal.
Las guerras internacionales cumplen, pues, dos requisitos:
a) Que se producen entre dos territorios distintos y diferentes, separados en la distancia, perteneciente a cada Estado beligerante.
b) Que cada Estado beligerante vive a expensas de los Impuestos a sus súbditos, incluso y con más aumento fiscal cuando emprende una guerra.
Estos requisitos terminan por inclinar la balanza de la preferencia por la lucha libertaria frente a las guerras internacionales. Sin embargo Rothbard, a mi entender, no actúa con realismo político cuando condena a las guerras libertarias en legítima defensa de los Estados «civilizados», es decir, que tienden a «desaparecer». Pues, y el análisis de Von Mises así lo aconseja, es preferible el mal menor de un estado mínimo a soportar la tiranía de un imperialismo anti-libertario.
Las diferencias entre las guerras internacionales y la violencia revolucionaria libertaria (el liberalismo armado, pues es un derecho personal el poder llevar armas para la legítima defensa) son cuatro:
1. Las guerras internacionales tienden a recurrir (y por lo tanto los Estados a producirlas) a las armas de destrucción masiva: biológicas y nucleares (I y II Guerra Mundial).
2. Las guerras internacionales no pueden concretar lo suficiente el blanco militar o combatientes, muriendo víctimas inocentes o neutrales. Y ello a pesar de los modernos cohetes que permanentemente se perfeccionan en las guerras (objetivo de las guerras según Houellebecq).
3. Las guerras entre los Estados movilizan a todos los ciudadanos o población, convirtiéndolos en «enemigos». Aumentando los asesinatos a población civil, sobre todo desde las guerras modernas.
4. En ellas, los estados deben aumentar la presión fiscal a sus súbditos.
Rothbard concluye que las guerras son ilegítimas al ser entre Estados, y la objeción de la realidad de la existencia de los Estados es respondida con la siguiente réplica «Pero mientras existan los estados lo que tienen que hacer es reducir al menos sus actividades a las áreas en las que imponen su monopolio» y no en otras, pues, ni aún con la excusa de defender la persona del viajero a otro país o sus inversiones o propiedades en él, está justificada la guerra internacional, era el riesgo que adquiría ese ciudadano. Ahora bien, «romper la tregua» tiene su justificación si responde a una prólepsis y planificación civilizatoria de la sociedad política, y siempre que se intente «acotar la guerra», tratando también, en todo caso, de no caer en la que denomino «paradoja del Señor Superior».{1}
La reanudación de la Guerra del Golfo, y la ocupación prevista para diez años de las tropas de EEUU en las tierras ricas en petróleo{2}, plantean, en este sentido que venimos tratando, dos cuestiones urgentes:
1. ¿Qué hacer cuando se desencadena una guerra (contra Irak, Irán, Siria, Corea...) y los Estados beligerantes no están negociando la paz?
2. ¿Es el imperialismo norteamericano un imperialismo generador, o puede llegar a serlo?
La primera pregunta tiene dos respuestas, la primera como persona individual y desde la ética: Tenemos que intentar y condenar todo ataque a la población civil o personal neutral, pues son víctimas inocentes; y una segunda respuesta de carácter político-jurídico: Intentar hacer valer e intentar que se cumplan las «leyes para tiempos de guerra» para que no se violen los derechos a la población civil (empezando por el derecho a su existencia, al agua, &c.), y las «leyes de neutralidad» para que no se produzcan acciones bélicas contra terceros.
La respuesta a la segunda pregunta es de lo más complicada, pero no por ello imposible; utilizaremos para ello la noción de Gustavo Bueno «imperio generador / imperio depredador», distinguiéndola de la propuesta de Rothbard, y de la de Hardt y Negri en «Imperio».
Un Imperio, como los EEUU, sería depredador si por su estructura tiende a mantener con las sociedades por él coordinadas (Irak, Guatemala, &c.) unas relaciones de explotación en el aprovechamiento de sus recursos económicos o sociales tales que impidan el desarrollo político de esas sociedades, manteniéndolas en estado de salvajismo y, en el límite, destruyéndolas como tales. ¿Puede decirse tal cosa de los EEUU? Creo, que en esencia, no. Por lo que deberíamos empezar a considerar seriamente que EEUU es un Imperio generador, y no refugiarnos en supuestas distinciones de «Imperio» / «imperialismo», tal como realiza Negri y Hardt, para llegar, al final, en definitiva, a la misma conclusión.
El Imperio generador de EEUU, como el romano o el español, hace siglos, por su misma estructura, y sin perjuicio de las ineludibles operaciones de explotación colonialista o capitalista, determina el desenvolvimiento social, económico, cultural y político de las sociedades colonizadas, haciendo posible su transformación en sociedades políticas de pleno derecho.
Ahora bien esas «sociedades políticas de pleno derecho» no pueden ser meros «gobiernos indirectos o títeres» de un imperio depredador como el inglés u holandés desde el siglo XVII al XIX, sino «sociedades políticas» que consideren siempre a sus súbditos como hombres libres y que propicie siempre la conversión de las zonas ocupadas (Irak), o controladas(Guatemala), en verdaderas repúblicas o monarquías constitucionales, o en sociedades sin-estado pero de civilización superior. Y en esto último Rothbard estaría conforme, pues el objetivo del imperio generador de los EEUU, según lo planteo, es el de crear ciudadanos y personas privadas que no tengan que soportar la violencia que supone el nuevo Estado. (La situación sería parecida a la del Imperio romano que terminó concediendo la ciudadanía a prácticamente a todos los núcleos urbanos de sus dominios, pero acorde con el desarrollo de la economía y tecnología de hoy en día, en el sentido de generación por el Imperio EEUU de las sociedades sin estado y de mercado pletórico y sin monopolios.) Por su parte Rothbard era partidario de no tolerar el imperialismo occidental, al no ser legítima la violencia exterior de los Estados, pues no distingue entre el imperio depredador y el generador, y porque el mismo imperialismo occidental produce un status quo (o tregua) en el país ocupado o colonia, del cuál nunca se sabe si derivará en tiranía o subdesarrollo, y, a la vez, aumenta los impuestos en el Estado invasor para pagar los costes de la guerra de conquista y a la burocracia imperialista.
Sin embargo para Negri y Hardt el «Imperio», que no es EEUU, sí que introduce una nueva versión de la «guerra justa» que nos retrotrae a la época anterior al Ius Publicum Europeum:
«El concepto tradicional de la guerra justa implica la trivialización de la guerra y la celebración de ella como un instrumento ético (...), pero estas dos características tradicionales han reaparecido en nuestro mundo posmoderno: por un lado, la guerra es reducida al estatus de acción policíaca, y por otro se sacraliza un nuevo poder, que mediante la guerra queda facultado par ejercer funciones éticas.»
Eso quiere decir, que, a pesar de la propaganda, «una guerra justa no es ya en sentido alguno una actividad defensiva o de resistencia», sino que:
«...las acciones bélicas se justifican en sí mismas. Dos elementos distintos se combinan en este concepto de guerra justa: primero, la legitimación del aparato militar en tanto tiene fundamentos éticos, y segundo, la efectividad de las acciones militares en la consecución del orden y la paz deseados. La síntesis de ambos elementos pueden de hecho ser el factor determinante en la fundación y nueva tradición del Imperio. Hoy el enemigo, al igual que la guerra misma, nos llegan trivializados (reducidos a un objeto rutinario de represión policíaca) y se tornan en absolutos (como el Enemigo, una amenaza absoluta al orden ético). La guerra del Golfo fue tal vez el primer ejemplo plenamente articulado de esta nueva epistemología del concepto. La resurrección del concepto de guerra justa puede ser el síntoma de la emergencia de un Imperio, uno muy poderoso y plagado de sugerencias.»
Ahora bien ese Imperio se territorializa en EEUU, por ahora, y lo único que podemos reclamar es que tienda a convertirse en imperio generador. Esa es mi propuesta. Y en ese sentido coincido, en parte, con Jorge Soros, que en la reciente crítica de la Administración Bush II, el 7 de marzo de 2003, en la Escuela Paul H. Nitze de Estudios Internacionales Avanzados en Washington (adaptación en El Mundo, de 22 de junio de 2003, págs. 32 y ss.) reclama una actuación constructiva de los EEUU que permita la creación de un verdadero «mundo de sociedades abiertos». Jorge Soros, seguidor y amigo de Popper, reclama una sociedad abierta conseguida por el liderazgo positivo de EEUU, es decir, mediante la labor de una potencia imperial que ayude financiera, social y políticamente a los países del mundo en desarrollo, pero que abandone la prepotencia de imponer militarmente una concepción dogmática de lo que los ideólogos fundamentalistas de Bush II entienden por «libertad» y «democracia». EEUU debe ocuparse, con la globalización, no solamente al beneficio financiero, sino del bienestar del mundo. Sin embargo Soros reconoce que los gobiernos represivos y corruptos son la causa de la mayor pobreza existente en el mundo, por lo que reclama, en realidad, y como yo mismo, un imperio generador. Lo expone en los siguientes términos: «una forma de superar el problema es ofrecer a los países estímulos positivos para que se transformen en sociedades abiertas. Este es el ingrediente que falta en el actual orden mundial.» Mientras tanto, estaremos en tregua.



Notas


{1} La Paradoja del Señor Superior consiste en que las ideologías defensoras del Estado, por un lado reclaman la existencia de un Señor Superior (el Estado) para controlar las vidas de las personas privadas, pero, en cambio, rechazan históricamente, la existrencia de un Super-Estado, en las relaciones internacionales, que detente el monopolio de la violencia sobre todas las regiones, estando en una situación de anarquía, o estado de naturaleza, entre los diferentes estados o naciones.
{2} Lo cual supone una continuación de la guerra de Irak, en guerra terrorista o sucia, siempre y cuando sea cierto que los atentados producidos contra las tropas de EEUU se deben a grupos de liberación nacional iraquí, cosa que falta por confirmar. +


Fuente: El Catoblepas • número 17 • julio 2003 • página 15El liberalismo auténtico y la tregua:Rothbard, Negri y Jorge Soros

www.nodulo.org

julio 09, 2007

Cómo los empresarios cambiaron el mundo

Por Johan Norberg




Johan Norberg es autor de varios libros sobre los derechos humanos, la libertad económica y la historia del liberalismo. Norberg es un Académico Titular del Cato Institute y dio este discurso en una conferencia de Cato de 2006.



Me acuerdo de un párrafo en el libro de Ludwig von Mises Acción humana en el que él dice que la economía de mercado libre no necesita defensores o propagandistas. El mejor argumento a favor de la economía de mercado libre está en el epitafio de Sir Christopher Wren, el arquitecto que construyó y está enterrado en la catedral de San Pablo: “si monumentum requiris, circumspice” (si está buscando un monumento, mire a su alrededor). Observe lo que el construyó. Observe su misión. Está parado en ella en este momento.
Esa, creo yo, es la mejor defensa de la economía de mercado libre que uno pueda concebir —que las personas miren a su alrededor y consideren las impresionantes cosas y oportunidades que los empresarios y los negocios le han dado al mundo durante los últimos 200 años. Solo observe la salud, la riqueza, las tecnologías, las oportunidades, y la comida en sus platos. ¿Podrían haber sido posibles cualquiera de esas cosas para un rey o una reina hace 200 años? Solo observe la salud, la riqueza, las tecnologías, las oportunidades y la comida en su plato. ¿Podrían haber estados a la disposición de un rey o reina hace 200 años cualquiera de esas cosas?
El impresionante hecho es que los empresarios y los innovadores y los negocios han convertido lujos que ni siquiera los reyes podían costear en ítems ordinarios de bajo costo a su disposición en su tienda local. Esa es la mejor defensa del capitalismo.
En muy poco tiempo, el mundo ha experimentado un cambio extremo. Y ese es el tema de mi reciente libro, Cuando el hombre creó al mundo (When Man Created the World). La cuestión interesante es que la historia nos muestra que la libertad funciona. Durante 1.000 años de monarquía absoluta, feudalismo, y esclavitud, el ingreso promedio de la humanidad aumentó por alrededor de un 50 por ciento. En los 180 años desde 1820, el ingreso promedio de la humanidad aumentó por aproximadamente 1.000 por ciento.
Durante los últimos 100 años, hemos creado más riqueza, reducido más pobreza, y aumentado la expectación de vida más que en los anteriores 100.000 años. Y aquello ocurrió gracias a personas como usted —empresarios, pensadores, creadores, innovadores— quienes tenían ideas nuevas, quienes viajaron distancias geográficas y, particularmente, distancias mentales para crear cosas nuevas y quienes se encargaron de que las tradiciones de antaño, las cuales hubiesen detenido las creaciones nuevas, no puedan detenerlas por mucho tiempo.
Por eso es que tenemos toda esta riqueza. Por eso es que nuestro hijo, el que nacerá en enero, tiene más probabilidades de llegar a la edad de jubilación que las probabilidades que tenían todos los niños de todas las épocas anteriores de llegar a experimentar su primer cumpleaños.

La difusión global

En las últimas décadas de globalización, en las que nuevas oportunidades, tecnologías y medios de comunicación y de producir se han difundido alrededor del mundo, hemos presenciado un fenómeno impresionante: los países en vías de desarrollo están creciendo más rápido que los países más ricos del planeta. Nos tomó a nosotros alrededor de 40 años para duplicar nuestro ingreso promedio. A China, India, Bangladesh y Vietnam les toma entre 10 y 15 años. Ellos pueden usar las ideas y las tecnologías que nosotros nos demoramos generaciones en desarrollar de la manera correcta. Por eso es que la pobreza en el mundo se ha reducido por la mitad en los últimos 20 años.
Cada minuto que hablo, 13 niños pasan del trabajo, las tareas pesadas y el sudor en las haciendas o en las fábricas a las escuelas para obtener una educación, para tener una mejor vida después y para aumentar sus oportunidades.
Y cada minuto que hablo, su expectación de vida está aumentando por alrededor de 15 segundos gracias al aumento de riqueza y de nuevas tecnologías para la medicina.
Todo esto depende de innovadores y empresarios. El empresario es el explorador que viaja al territorio desconocido y abre nuevas rutas en su camino las cuales todos estaremos utilizando pronto.
Nada ha existido “desde el principio”. Ni siquiera los recursos naturales son naturales en cualquier sentido estricto —algo de lo que muchos gobiernos se han dado cuenta cuando han nacionalizado los recursos petroleros y de gas entre otras cosas. Ellos no habían comprendido que también necesitamos al espíritu emprendedor —la habilidad de descifrar cómo utilizar un recurso y cómo invertir en este de una manera positiva para asegurar que este sea utilizado de manera eficiente.
Los países de la OPEP crecieron aproximadamente en un 4 por ciento cada año gracias a sus recursos petroleros hasta 1973, cuando casi todos ellos nacionalizaron sus industrias petroleras. Desde ese entonces, ellos se han empobrecido en 1 por ciento anual.
Hace cincuenta años un camionero de Carolina del Norte, Malcolm McLean, pensó que debía haber una forma más sencilla de transportar los productos y los componentes alrededor de todo el mundo. Hasta ese entones, la gente llevaba sus camiones hasta el puerto. El barco se sentaría ahí por una semana más o menos mientras que una fuerza laboral sindicalizada lentamente y constantemente cargaba cada una de las piezas de la carga al barco. Lo opuesto sucedería en el puerto de destinación.
McLean pensó, “¿Que tal si usamos cajas sin ruedas y solo ponemos todos los productos en las cajas y así solo tenemos que cargar las cajas y ponerlas en el camión luego conducirlas al puerto y ahí solamente poner las cajas sin abrirlas en el barco?”
En una noche, McLean creó un tráfico moderno de contenedores. El redujo el costo de enviar productos y componentes a través de los océanos por algo cercano a un 97 por ciento. Para nosotros es posible tener una computadora particular con componentes de todos los continentes más importantes del planeta, las ropas que nos ponemos y la comida en nuestras mesas gracias a un hombre, su sueño y una cultura que no trató de detenerlo sino que apoyó sus sueños y sus visiones. Y los países en vías de desarrollo de repente tienen en qué utilizar su talento y arduo trabajo —para producir lo que ellos pueden producir mejor que nadie, ponerlo en contenedores, y enviarlo a otro lugar.
Pero la tecnología no es suficiente. También necesitamos libertad para la tecnología nueva. A menos de que los gobiernos se aparten del camino y permitan que los empresarios hagan lo suyo, nada de esto sucederá. Esto lo sabemos porque hay lugares en los que las tecnologías modernas no son utilizadas debido a la existencia de regulaciones, corrupción y la intervención gubernamental.
Si está enviando un camión lleno de frutas de Sudáfrica a Zimbabwe, le cuesta más a usted en tiempo, sobornos, pagos al gobierno por trámites e impuestos que lo que le costaría enviar el mismo camión a EE.UU.

Nuestros héroes

Hay una obra clásica de Joseph Campbell, un libro acerca de historia cultural titulado El héroe de las mil caras (The Hero with a Thousand Faces) acerca de los héroes en las distintas culturas. Puesto que Campbell viajó alrededor del mundo leyendo libros de otros continentes, pudo ver que hay héroes en todas las culturas, en todos los libros, y en todas las eras. Necesitamos héroes, porque ellos dicen algo acerca de cuáles son nuestros valores, de lo que es bueno, de lo que es grandioso, de lo que es malo, y de lo que deberíamos tratar de evitar.
Él vio un patrón común. Pensó que en la mayoría de las culturas y en la mayoría de las eras los mismos tipos de cosas eran vistas como heroicas.
Algo importante ocurre y nuestro héroe es forzado a embarcarse en un viaje para luchar contra enemigos hostiles, con todas las de perder y con una falta de conocimiento acerca de qué hacer, de cuándo y cómo. Pero a lo largo del camino, adquiere algunos amigos que lo ayudan y le dan el conocimiento y la inspiración para hacer lo correcto.
Piensen en el viaje heroico una vez más, y ahora piensen en las personas de las que acabé de hablar hace un rato —personas como usted, pensadores, innovadores, emprendedores. ¿Qué nos permite que sea posible comprar equipos y productos de otras partes del mundo? Los empresarios se enfrentan a tradiciones antiguas, obstáculos políticos, impuestos y regulaciones, pero también tienen amigos —gente con acceso al capital, con sabiduría, con otras empresas. Si tienen suerte, los empresarios triunfan. Si no, aprenden algo nuevo, luego lo mejoran para la próxima y traen a la comunidad algo nuevo que cambia las vidas para siempre.
Esa es la épica heroica. El empresario es el héroe de nuestro mundo. De verdad no necesitamos los Frodos, los Luke Skywalkers o las Buffys que cazan vampiros. Tenemos a los Malcolm McLeans del mundo.
Pero como todos ustedes saben, eso no es lo que la cultura popular piensa de los capitalistas y empresarios hoy. Si usted va a la típica película de Hollywood, el héroe es alguien un tanto distinto.
Los científicos y los capitalistas son los malos en gran parte de las producciones de Hollywood. Eso es un poco irónico, puesto que no tendríamos la tecnología para realizar filmes si no hubiera científicos así como tampoco tendríamos una industria de películas si no fuese por los capitalistas. Pero ellos son presentados como los villanos.
Algunos de los que se oponen a la globalización y de las personas que se oponen al libre comercio ahora son consultores bien pagados que se sientan en las juntas directivas de las grandes empresas y les dicen que lo que están haciendo es realmente algo malo y que deberían aceptar más responsabilidad corporativa social. En sus términos, la responsabilidad corporativa social significa que lo que usted ha hecho hasta ahora no es social. No es suficiente crear productos, servicios, y tecnologías que aumentan nuestra expectación de vida y salvan las vidas de nuestros niños. No, usted necesita hacer algo más. Luego de lograr sus ganancias, usted necesita devolverle algo a la sociedad.
¿Devolverle algo a la sociedad? ¡Cómo que si el empresario le hubiese robado algo que le pertenecía a la sociedad, lo cual ahora tiene que devolver!
Las ganancias no son algo por lo cual nos tenemos que disculpar. Las ganancias son una muestra de que el capitalista le ha dado algo a la sociedad que esta aprecia más que la riqueza material que el empresario ha recibido.
Debo recalcar que los empresarios nunca deberían estar agradecidos con una sociedad que les da licencia para actuar, soñar, innovar y crear. Pienso que nosotros, como una sociedad, deberíamos estar agradecidos con el empresario y con los hombres de negocios por lo que ellos hacen. Los empresarios son los héroes de nuestro mundo —a pesar de los riesgos, el trabajo duro, la hostilidad por parte de la sociedad, la envidia de sus vecinos, y las regulaciones estatales, ellos continúan creando, produciendo y comerciando. Sin ellos, nada estaría ahí.

La magia vive

Max Weber, el sociólogo alemán, pensaba que el mundo moderno estaba experimentando una desmitificación que era muy problemática. No quedaba magia ya en el mundo, la ciencia estaba explicándolo todo —la vida, la naturaleza, las enfermedades.
Discúlpeme, ¿no hay magia? Eso no tiene sentido. Yo llegué aquí volando. En 1901 oímos de un comentador muy incisivo quien dijo que eso era imposible. No podíamos volar. No ibamos a poder hacer algo similar dentro de por lo menos los próximos 50 años. Ese comentador era Wilbur Wright, uno de los dos hermanos Wright, quienes dos años más tarde tomaron el primer vuelo, porque el quería explorar. Se tomó el riesgo y logró que todo sucediera. Aquello es magia.
Tengo en mi computadora más poder de calculación que lo que existía en gran parte de los países hace 40 años. Mis pensamientos están siendo transformados a ‘1’ y ‘0’ que luego son transmitidos vía fibra óptica, cables ópticos de vidrio, tan delgados como un pelo, y luego vienen del otro lado del planeta en un décimo de un segundo. Y al clic de un mouse, puedo ordenar cualquier clase de conocimiento que exista en cualquier parte del mundo.
Encima de nosotros hay satélites que pueden guiar nuestra navegación. Y por debajo de nosotros hay robots que extraen metales de las rocas. Hemos viajado al espacio, y hemos leído el código genético dentro de nosotros. Hemos conquistado el hambre y enfermedades. Entonces yo le diré esto: vivimos en un mundo encantado, en un mundo mágico y es cada vez más encantado porque los creadores y los innovadores lo hacen así.
Hay visión. Están la inteligencia, la ingeniosidad, el trabajo duro en cada producto, en cada servicio, y en cada tecnología que utilizamos todos los días. Y ahora solo estamos comenzando. Tenemos más científicos vivos hoy que los que han existido en todas las épocas anteriores combinadas.
Imagínese lo que los individuos libres y los creadores pueden hacer con el nuevo descubrimiento en nanotecnología, biotecnología, y la robótica. Estoy seguro de que nos sorprenderá igual que la habilidad de volar y las computadoras han sorprendido a nuestros antecesores. Si las personas dan por hecho estas cosas, es solamente porque nuestros días ordinarios se han vuelto fantásticos.

El pozo de la libertad

Usted conoce el viejo proverbio, “Aquel que ha satisfecho le da la espalda al pozo”. Bueno, por eso es que nos reunimos y por eso es que estamos almorzando. Por eso es que trabajamos y por eso es que peleamos —para recordarle a la gente de aquel pozo de libertad y de individualismo, para evitar que el pozo se seque, y para recordarle a las personas las razones por las cuáles más personas viven más tiempo y con más riqueza que nunca antes en países que son más libres que nunca.
Es de costumbre al final de un discurso dar las gracias como indicación de que es el fin de la charla. Yo lo hago cuando hablo con personas que se oponen a la globalización y con marxistas y demás grupos. Pero realmente lo siento.
Debo darles las gracias por crear este mundo fantástico. Y muchas gracias sobre todo por su apoyo a las ideas que lo hacen posible.