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noviembre 06, 2008

La Mediocridad del Periodismo Argentino parece no tener fondo.



Constantemente me pregunto qué es lo que las universidades enseñan acerca de periodismo, porque he observado que los buenos periodistas que tienen programas en radio o televisión o escriben para diarios no tienen título universitario, tienen una mente mucho más abierta, son más hábiles para formular preguntas, y sobre todo muestran un bagaje cultural mucho más elevado; mientras quienes poseen el título se muestran encasillados en unos códigos de corrección política tan absurdos, tan estrechos de mente, tan carentes de conocimiento acerca de la evolución de las cosas, que parecen competir los periodistas titulados en hacer la pregunta más idiota. Pero hay una explicación a esto. El periodista debe entender o conocer acerca del problema para formular preguntas. Si no entiende sobre el asunto no puede hacer preguntas razonables. Tener conocimientos de cualquier materia es una enorme ayuda, pero los periodistas recibidos de las universidades tienen un título que los acredita como profesionales, pero la ignorancia de los graduados en casi todas las materias importantes como economía, historia, filosofía, o política es muy escasa y lo que poseen está impregnado de dogmatismo, casi fundamentalismo tan abundante en las universidades.

Y se ve claramente que los periodistas modernos con título universitario ya no les interesa la información, sino que el interés está puesto es juzgar a la gente que no concuerda con su ideología. Sus mentes han sido reducidas a los límites impuestos por las teorías de algún teórico, de cuyos libros hicieron su Biblia, y todo lo que encaja en la teoría es correcto y todo lo que la contradice es incorrecto. Tal es el caso del periodismo mediocre e idelogizado de la televisión argentina: mediocre, sobornado, adulón del gobierno y alcahuete del poder. Esa es la conducta poco profesional de periodistas como Guillermo Andino, Rodolfo Barrilli, María Laura Santillán, Magdalena Ruiz Guiñazú, Fanny Mandelbaum, Jorge Silvestre, Guillermo Bonelli, Gerardo Rozin y Alfredo Leuco. Han perdido todo crédito como informadores. Debe ser muy ingenua una persona para creerles lo que dicen.

Una semana atrás, el periodista (sin título que conste) José Benegas publicó en su blog, imágenes de unos recibos emitidos por esos falsos representantes de la “cultura nacional”, que permanentemente cantan consignas contra el capitalismo y a favor del socialismo, como: Mercedes Sosa, León Greco, Adriana Varela y Teresa Parodi. En esos recibos constan cifras elevadísimas por honorarios pagados por la Jefatura de Gabinete de la Nación. Cifras elevadísimas realmente; importes cuyos montos hacen suponer que se trata de grandes negocios capitalistas, que revelan la hipocresía de estos falsos amigos y defensores de los pobres, y que dejan al descubierto la complicidad que tienen con el poder. Es una irregularidad evidente, sin embargo el mediocre y corrupto periodismo de Argentina, en lugar de avanzar en el asunto, tratando de esclarecer el caso, ha encontrado un atajo para encubrir este asunto, acusando a José Benegas de no explicar qué es lo que cubre el pago de dichos recibos, e incluso el diario Página 12 va más lejos, y en su edición del domingo 2 de noviembre de 2008, publica un articulo donde consta que el diario ha estado investigando los movimientos y la vida, tal como lo hacían las polícias políticas del régimen nazi en Alemania, o la KGB en la URSS, sobre los movimientos y actividades de José Benegas y varios de sus lectores, pero la investigación del diario sobre esta gente tiene también relación con la oposición de este periodista a la estatización de los Fondos de Jubilaciones y Pensiones, y a la prédica constante del periodista a favor de los derechos individuales. José Benegas, está entre los pocos periodistas que no forman parte de la manada de periodistas obedientes del mandamás Kirchner.

No es de descartar, que una agresión física contra José Benegas y sus lectores “marcados” por las fuerzas de choque del gobierno y sus periodistas alcahuetes de Página 12 y también del grupo Clarín, sea posible. José Benegas ha sido identificado como enemigo y el gobierno va a buscar eliminarlo como lo ha hecho con cualquier persona que no se arrodille ante él. El reporte de Página 12, y los comentarios publicados en los blogs partidarios del gobierno son una amenaza latente.

El gobierno argentino carece de escrúpulos, y ha demostrado en los cinco últimos años que son capaces de cometer cualquier bajeza. No tienen respecto alguno por la libertad de las personas y sus propiedades; no respetan derechos ajenos, manipulan la constitución, los códigos legales y procesales; han establecido un estado de espionaje, persecución y hostigamiento contra ciudadanos opositores al régimen, dividiendo a la población en clases y buscando enfrentarlas entre si; después de haber estafado al mundo negándose a pagar las deudas públicas, ahora están yendo a manotear los ahorros para la vejez de más de 9 millones de argentinos con argumentos absolutamente falsos y en complicidad con las peores pandillas que se han apoderado de los sindicatos. Todos los actos del gobierno argentino han tenido rasgos propias de pandillas y totalmente carentes de un carácter democrático. Nunca en la historia argentina hubo un gobierno más demagógico que el de Néstor y Cristina Kirchner.
El periodismo para ser verdadero periodismo debe volver a ser un servicio informativo independiente y neutral; en vez de buscar la difamación, el juzgamiento de personas por sus opiniones diferentes, ser un agente de propaganda del gobierno, y sobre todo prostituir el título profesional a cambio de un soborno.

Sobre las Elecciones de Estados Unidos

El martes a la noche estaba viendo la televisión buscando noticias acerca de las elecciones en los Estados Unidos. Muchos periodistas argentinos, seguramente pagados con fondos del gobierno, han viajado para cubrir las noticias, pero me encontré con un problema, no encontraba información confiable y neutral. Los periodistas y analistas políticos de los que abundan, pero que no abundan en calidad, estaban tan a favor de Barak Obama, que no parecían reporteros sino agentes de campaña del candidato presidencial. Todo eran elogios para Barak Obama y descalificativos para John McCain y para el saliente presidente George W Bush. No se enciende el noticiero para escuchar un discurso político de un periodista, eso está bien si viene de un entrevistado por el periodista, pero no del periodista mismo.

Descubrí que casi todos no tienen idea acerca de la realidad política estadounidense. Apenas se habían escrutado unos pocos votos en sólo trece estados de la costa este, excepto Kentucky y ya habían dado ganador al candidato Obama, basándose en información falaz. Era evidente que Obama tenía una preferencia clara entre potenciales votantes previos a las elecciones, pero otra cosa diferente es dar por ganador, sin tener constancia suficiente de una victoria después del resultado. Cuando se mencionó la victoria en TN, sólo se habían contabilizado el 4% de los votos en Floridas, menos del 3% en Virginia y nada en Nueva York el estado más poblado de la región este. Sólo Kentucky con 11 electores había escrutado el 40% de sus votos. En total el número de votos escrutados al momento representaba el 1% del total nacional. Escuché luego otras frases harto repetidas en Argentina, que no tienen aplicación alguna en los Estados Unidos con una democracia 100 años más avanzada, y que reflejan la mediocridad periodística a la que me refiero, tales como: voto castigo, buscar al culpable, los ricos son más ricos y los pobres cada vez más pobres, justicia social, y otras propias de este país subdesarrollado, e incivilizado de Argentina.

Por suerte el periodismo está perdiendo el monopolio de la información. La aparición de Internet, y de muchos medios de comunicación, están dando medios a los individuos de escribir lo que deseen decir, sin tener que soportar la intermediación y la censura de un intermediario. Pero seguramente los periodistas no harán algo para retener la audiencia brindando un mejor periodismo, menos ideologizado y menos sobornado por el gobierno o por quien sea. Se me ocurre que en lugar de competir y mejorar buscarán en el Estado, protección contra los blogs, estableciéndoles reglamentos para que sea imposible tener uno, y/o subsidios para los medios de prensa;y el Estado haciendo gala de lo que desde siempre ha hecho: ser el refugio preferido de todos los inútiles que buscan distribuir pérdidas, ladrones que buscan dinero fácil, vagos que quieren trabajar dos días por semana y descansar cinco, delincuentes que quieren inmunidad, les proporcionará sin mayor dilación.


octubre 13, 2008

El Cambio en la Política


La palabra cambio se pronuncia constantemente en todas las campañas electorales, tanto aquí en Argentina como en cualquier lugar. En los Estados Unidos, los candidatos presidenciales siempre han usado este término. Bill Clinton, en su campaña electoral de 1992, usó el término “cambio” hasta el hartazgo para desbancar del puesto al ex presidente George H. Bush, lo consiguió, pero en el ejercicio de su administración, Clinton no cambió nada, pretendió seguir con el statu quo: más regulación, más seguridad social, más intromisión del gobierno en la vida de los individuos. Fue, en 1994, cuando se produjo la primera renovación del Congreso, que una mayoría republicana triunfante en esa elección, le obligó a Clinton a modificar su política; precisamente de un congreso que era mayoritariamente conservador.

Más abajo, transcribo el artículo escrito por Thomas Sowell, profesor del Instituto Hoover, hace unos días atrás, hablando sobre el uso abusivo de la palabra “cambio” por parte del candidato demócrata Barak Obama, y de la retórica de Franklin Delano Roosevel, quien con sus keynesianas de despilfarro público demoró la recuperación de la economía después de la crisis de 1930.



EL CAMBIO EN POLITICA

La retórica política de Roosevelt era buenísima. Para aquellos que la admiran, como parece que hacen muchos partidarios de Barack Obama, Roosevelt era lo máximo. Para los que se guían por los resultados reales, el Gobierno de Roosevelt fue pésimo.

Thomas Sowell

Uno de los pocos clichés políticos que tienen sentido es el que dice: "En política, todo puede cambiar de la noche a la mañana".

Hace menos de un año, la gran pregunta era si Rudolph Giuliani podría ganarle a Hillary Clinton en las presidenciales de este año. Hace menos de dos meses, Barack Obama le llevaba una gran ventaja a John McCain en las encuestas.
Hace menos de una semana los enterados decían que Mitt Romney sería la opción de McCain para vicepresidente.

No nos hace falta Barack Obama para crear el "cambio". Las cosas cambian en la política, en la economía y en otras áreas de la sociedad norteamericana sin que un Mesías político nos conduzca a la tierra prometida. ¿Quién habría pensado que el gran discurso de Obama en la convención demócrata decepcionaría las expectativas puestas en él, mientras que McCain encandilaría a su audiencia cuando anunció a la gobernadora Sarah Palin como su candidata a la vicepresidencia? Algunos se sorprendieron al ver que había elegido a una mujer. Lo más asombroso es que se trata de una republicana que sabe hablar. ¿Cuántas ha visto usted?

A pesar del incesantemente repetido mantra del "cambio", la política de Barack Obama es tan vieja como el New Deal y en economía está aún más anticuada. La declaración del senador Obama de que "nuestra economía está en un estado de agitación" es la típica mercancía ofrecida por la izquierda y los medios de comunicación, que se mueren por usar la palabra "recesión".

La ralentización de la economía no sólo no ha llegado a la recesión. Los datos más recientes muestran que está creciendo a un ritmo del 3%, un nivel por el que muchas economías europeas darían la vida a pesar de que algunos nos exhortan constantemente a imitar a esos países, cuyos resultados no son tan buenos como los nuestros.

El "cambio" de Barack Obama es el reciclaje del tipo de política y retórica del New Deal, que alargó la Gran Depresión de los años 30 haciéndola durar mucho más que cualquier otra recesión, previa o posterior. Es el mismo tipo de política progresista que llevó a una inflación de dos dígitos, a tipos de interés de dos dígitos y a un creciente desempleo durante la administración Carter. Este es el "regreso al futuro" que desean.

No se confunda, la retórica política de Franklin Delano Roosevelt era buenísima. Para aquellos que la admiran, como parece que hacen muchos partidarios de Barack Obama, Roosevelt era lo máximo. Para los que se guían por los resultados reales, el Gobierno de Roosevelt fue pésimo.

Aunque la Gran Depresión de los años 30 comenzó durante la presidencia de Herbert Hoover, el desempleo en el último año de su presidencia no fue tan alto como el nivel que alcanzó durante cada uno de los primeros 5 años de Roosevelt. Durante los 8 años de los 2 primeros mandatos presidenciales de Roosevelt, sólo hubo 2 en los que el desempleo fuese menor que con Herbert Hoover, y no por mucho. Algunos dicen que la Segunda Guerra Mundial sacó a Estados Unidos de la Gran Depresión. Lo que la guerra hizo fue poner punto final al New Deal, ya que la supervivencia de la nación se convirtió en la mayor prioridad y reemplazó la retórica antiempresarial y de lucha de clases de Roosevelt.

La retórica del senador Obama es el mismo discurso antiempresarial y de lucha de clases que políticamente funcionó tan bien para Roosevelt en los años 30. Pero cuando de las amenazas a la seguridad nacional norteamericana se trata, el candidato sigue un camino opuesto al de Roosevelt. En muchas ocasiones, el senador Obama ha intentado lidiar con las amenazas a la seguridad nacional mediante la retórica. Intentó restarle importancia a la amenaza de un Irán nuclear porque Irán es una "nación pequeña" (a pesar que es mayor que Japón, país que lanzó un ataque devastador contra Estados Unidos en Pearl Harbor).

Roosevelt tuvo la sensatez de comenzar a exigir una mayor preparación militar en 1940, más de un año antes de que Estados Unidos se viera atacado. Y afirmó: "Si usted espera hasta poder mirar al enemigo a los ojos, nunca se enterará de qué le golpeó".

Recortar el presupuesto militar y llevar los problemas de política exterior a la ONU es la versión del "cambio" de Obama, y es el cambio en que no nos atrevemos a creer.

Thomas Sowell es doctor en Economía y escritor. Es especialista del Instituto Hoover.

enero 06, 2008

Ron Paul tiene sentido


El candidato presidencial republicano en los EstadosUnidos, Ron Paul, ha recaudado más fondos de sus partidarios en un solo que lo que jamás haya recaudado un candidato presidencial en la historia de ese país.

Ron Paul defiende los principios libertarios que sostuvieron los “Padres Fundadores” de esa nación; está decididamente en contra del gobierno grande que todo lo controla y todo lo dirige.





Aboga por un retorno al respeto constitucional, y a reducir el papel del gobierno en todos los aspectos. Nunca ha votado en favor de subidas de impuestos. Se ha opuesto a aumentar las atribuciones del ejecutivo. Ha votado en contra de la “Patriot Act”. Está en contra de regular Internet. Ha votado en contra del envío de fuerzas militares a Irak. siempre ha defendido el libre mercado, y la libre empresa.

Está firme y decididamente en contra de la política exterior del presidente George W. Bush, reclama desde su escaño en el Congreso el retorno de las tropas acantonadas en Irak. Curiosamente las contribuciones financieras más grandes de su campaña, provienen de miembros de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos.

Aunque en las encuestas aparece con una intención de voto de alrededor del 10%, su recaudación se ha puesto a los niveles de los candidatos más probables de ser nominados, pero considerando que las elecciones primarias recién comienzan, los abultados fondos de Ron Paul le permitirán tener una cobertura en los medios de prensa al nivel de los candidatos más populares. Es una excelente noticia para los libertarios.

The Tea Party 2007





Ron Paul tiene sentido

enero 03, 2008

Elegir al nuevo emperador


El imperio supone una suma de muchas victorias, de muchos éxitos. La cuestión es simple, las victorias construyen imperios, los fracasos no.

Mañana comienza el proceso de elección de un nuevo presidente en los Estados Unidos. Ese gran imperio. Un proceso que se prolongará hasta el 3 de enero del 2009 cuando el Congreso de los Estados Unidos apruebe el escrutinio de los grandes electores. El proceso electoral comienza con la elección de delegados a las respectivas convenciones partidarias. Todos los delegados a estas convenciones serán electos antes de julio próximo, y en el mes de agosto se celebrarán las convenciones que nominarán candidatos a presidente y vicepresidente de los Estados Unidos. El proceso sigue luego, cuando el primer martes después del primer lunes de noviembre, todo los ciudadanos eligen los grandes electores o compromisarios que designarán al nuevo presidente y vicepresidente. Estos grandes electores se reúnen el primer lunes después del segundo miércoles de diciembre, en las capitales de sus respectivos estados, y proceden a votar por dos personas para presidente y vicepresidente. El total de grandes electores es de 538, y son necesarios al menos 270 votos para que una persona sea elegida. Si no hubiese esa mayoría decide el Congreso en la primera sesión que realice. La Cámara de Representantes votando por estados, y contando sólo un voto por estado, cualquiera sea el número de representantes, vota por el presidente de Estados Unidos entre los tres candidatos más votados por los grandes electores. Son necesarios 26 votos de estados para ser elegido. Por otro lado, el Senado elige al vicepresidente entre los dos candidatos más votados por los grandes electores, por mayoría absoluta del total de miembros del Senado, que en este caso son 51. Esta última instancia sólo se realiza cuando el los candidatos a vicepresidentes no han alcanzado el mínimo de votos de los grandes electores que son 270.

El proceso político de los Estados Unidos se ha mantenido fuerte y sólido. Ninguna crisis, o guerra ha alterado el funcionamiento de la constitución de 1787, ni ha impedido o postergado la realización de una elección. Ni la guerra de secesión pudo impedir la realización de elecciones. En efecto las 27 enmiendas que se le han añadido al texto original de la constitución de 1787, no han reformado la constitución original, sino que la han desarrollado.

Como describen Guy Sorman en un artículo publicado en el diario La Nación de Buenos Aires, y reproducido más abajo, las diferencias que puedan existir entre los diferentes candidatos son menos que más. Prevalece, perdura en los Estados Unidos un conservadorismo en cuestiones cívicas. Los candidatos pueden disentir entre sí sobre diferentes temas, pero en lo único en que todos son idénticos, es que deben ser practicantes de una religión. Los ateos están muy lejos de ser los preferidos del pueblo de los Estados Unidos.

El dólar, Irak, la seguridad social, el colapso del crédito inmobiliario, el cambio climático, Irán... Nada de esto –que, visto desde afuera, parece constituir una especie de crisis norteamericana– decidirá las próximas elecciones presidenciales en los Estados Unidos. Tanto en las primarias como en las generales, el resultado dependerá, ante todo, de la moral, de la religión y de la psicología de los candidatos. Todos practican una religión o lo simulan. En los demócratas, la devoción es más íntima; en los republicanos, ostentosa. Mitt Romney es mormón, ¿será suficientemente cristiano? Huckabee es pastor bautista y, por ende, un candidato creíble. Pero se sospecha que, tanto él como Hillary Clinton, han aceptado regalos: ¿es moralmente correcto? Barak Obama, con semejante nombre, ¿no será un poquito musulmán? Por suerte, un pastor garantiza su fe cristiana. Rudolf Giuliani se casó tres veces, pero jura ser un marido fiel de aquí en más. El presidente de los Estados Unidos podrá ser de raza negra o sexo femenino, pero ¡jamás ateo! Otro detalle importante: no debe ser de izquierda. Si bien no existe un Partido Socialista, todos los demócratas tienen que defenderse del mote de “liberales”. En Estados Unidos significa lo contrario que en Francia y es tan ofensivo que se menciona tan sólo por su inicial. “Ser L” implica pensar que el Estado resolvería los problemas socioeconómicos mejor que la economía de mercado y la responsabilidad individual, cuando el verdadero problema (Reagan dixit) es el Estado, es Washington. Quien pretenda acceder a Washington debe oponerse a Washington. El pacifista es tan suicida como el L. Por tanto, el candidato será un adalid creíble que inspire confianza en las tropas. El único pacifista declarado, Ron Paul, pasa por extravagante, desviación que compensa con una pasión desmedida por el capitalismo. Del lado republicano, el aire marcial sienta bien a John McCain, héroe de Vietnam, y Giuliani es el héroe del 11 de Septiembre. Entre los demócratas, Hillary Clinton lo cultiva borrando su femineidad y recorriendo el frente. El observador europeo que busque una izquierda norteamericana sólo encontrará un puñado de antiimperialistas en Nueva York (en el Upper West Side de Manhattan) o en algunos campus. Por eso, desde afuera, las semejanzas entre los candidatos resultan más obvias que sus diferencias. Para todos ellos, Estados Unidos tiene un destino manifiesto cuasi místico. Todos dialogan con Cristo. Todos consideran que el capitalismo norteamericano es insuperable. Ninguno contempla un retiro del mundo económico o militar. Sobre esto no cabe duda alguna: el corazón de los Estados Unidos sigue siendo conservador al estilo Reagan. Un presidente demócrata será menos conservador que uno republicano, pero se mantendrá dentro del cuadrado mágico trazado por Reagan en 1980: moral, mercado, activismo militar y un Estado pequeño. En cuanto a Irak, sólo Obama lamenta el envío de tropas y desea su pronto retiro, eso sí, para reforzar la posición en Afganistán. Ningún otro candidato serio imagina una partida de Medio Oriente, menos aun cuando, en Bagdad, la suerte parece inclinarse en favor de Estados Unidos. Además, a ojos del telespectador norteamericano, Irak está bastante lejos y es un asunto para profesionales. El seguro de salud es una cuestión más inmediata, aunque no por ello central. Decenas de millones de norteamericanos carecen de él (se atienden en los hospitales). Los dos partidos proponen una mejor cobertura, siempre y cuando no sea centralizada ni estatal. Nadie querría un monopolio público. La libre elección y la privatización persisten como normas insoslayables. La misma prudencia se aplica al crédito inmobiliario. Unos pocos millones de familias demasiado endeudadas habrán perdido su hogar, pero importa más mantener el acceso a la propiedad para la mayoría. Ningún candidato atacaría ese sueño. Pasemos a los temas que verdaderamente irritan y enfrentan a algunos norteamericanos: el aborto, el derecho a portar armas, la pena de muerte, la inmigración. Es un ejercicio de equilibrismo para todos los candidatos. Los demócratas se inclinan por la libre elección para la mujer, el control de las armas personales y la abolición de la pena capital, aunque en forma moderada: se remiten de buena gana a la sabiduría de la Suprema Corte y la responsabilidad local de los estados. Los republicanos pujan por ver quién condena más el aborto en las primarias. Frente al electorado nacional, caminan sobre la misma cuerda floja que sus adversarios, confían en los jueces y estados, y esperan que se inclinen hacia la derecha. En materia de inmigración, entra a tallar la aritmética electoral. Desde Reagan en adelante, los republicanos han sido más acogedores que los demócratas, porque son más individualistas, o bien, porque están más atentos a la necesidad de mano de obra. Los demócratas, más cercanos a los sindicatos, son prudentemente restrictivos. En las urnas, los latinos pesan más que los xenófobos y los electorados fronterizos hostiles a la inmigración clandestina desde México. La misma aritmética acerca a los candidatos frente a la globalización y los productos chinos: los empleos perdidos cuestan votos, pero los consumidores de los supermercados aportan más. ¿Y el cambio climático? La mayoría del pueblo no cree en él, salvo los californianos, siempre en la vanguardia o siguiendo la moda. Quienes le temen son menos que quienes rechazan un impuesto a la energía, aunque sea para salvar el planeta. Ni Clinton ni Bush hicieron ratificar el Protocolo de Kyoto por el Senado; lo sabían unánimemente hostil. Apuesto a que el próximo presidente confiará en el avance técnico –el credo norteamericano– antes que aceptar la coacción internacional. No me he referido a la economía porque, en los Estados Unidos, no es un tema político. No existe un Ministerio de Economía. La nación se encomienda al mercado y sus instituciones. Las controversias se limitan a la redistribución del crecimiento. Los demócratas están dispuestos a gravar a los multimillonarios, sin caer en excesos. Saben que los capitales y los presidentes de empresas son volátiles. Resulta inconcebible que los votantes deban arbitrar entre programas tan matizados. La personalidad de los candidatos será decisiva. El carácter y la psicología importarán más que la economía o la guerra, como en un reality show en escaLA NACIONal. ¿El mundo debería inquietarse por esto? En cierto modo, el presidente de los Estados Unidos también preside a otros pueblos. La prosperidad, la paz y la libre circulación dependen del curso del dólar, del mercado norteamericano, de la presencia militar norteamericana, ese gendarme planetario. Pero el resultado de las elecciones ¿será decisivo? La Casa Blanca es básicamente un sistema autogerenciado. Las instituciones norteamericanas son más duraderas que el piloto. Las elecciones de 2008 no prefiguran una mutación comparable a las de 1932, con el New Deal, o la de 1964, con la Gran Sociedad de Johnson, ni a la Realpolitik de Nixon en 1968. La revolución conservadora de los ochenta todavía no ha perdido impulso. Y todavía no tiene alternativas.

mayo 17, 2007

Los precandidatos presidenciales republicanos coincidieron en la necesidad de bajar los gastos del gobierno en EEUU


COLUMBIA, Carolina del Sur

Por LIZ SIDOTI / AP




Los precandidatos presidenciales republicanos coincidieron en la necesidad de reducir los impuestos durante un debate de campaña ayer por la noche, al tiempo que se comprometieron a reducir el gasto gubernamental.
Además, indicaron que recortarán la enorme cantidad de burócratas federales.
''Hemos tenido un Congreso que ha gastado dinero como John Edwards en un salón de belleza'', dijo el ex gobernador de Arkansas Mike Huckabee, en una crítica a la propensión del precandidato demócrata a la presidencia de pagar $400 por un corte de cabello.
Huckabee dijo que quería colocar un letrero de ''Cerrado'' frente al Servicio de Recaudación Fiscal, y el ex gobernador Mitt Romney aseveró: ``No voy a aumentar los impuestos''.
Por su parte, el senador John McCain indicó que se asegurará de que los recortes fiscales ordenados por el presidente George W. Bush continúen en forma permanente, aunque en el 2001 se opuso a ellos.
''Cuando fui gobernador bajé los impuestos'', dijo Jim Gilmore, ex gobernador de Virginia.
El ex alcalde neoyorquino Rudy Giuliani pidió ''recortes presupuestales generalizados tipo (Ronald) Reagan'' de entre el 5 y el 20 por ciento, y Tommy Thompson indicó que había aplicado muchos vetos cuando fue gobernador de Wisconsin con el fin de mantener bajos los gastos.
Los 10 candidatos a ocupar la Casa Blanca prometieron lealtad a la ortodoxia económica republicana, unos más que otros, aunque McCain y el representante Tom Tancredo dijeron que el Partido Republicano abandonó recientemente su antigua tradición de controlar el gasto.
Hace menos de dos semanas, los candidatos compartieron un escenario en Simi Valley, California, en el primer debate republicano en la Biblioteca Presidencial Ro-
nald Reagan.
Desde ese evento en California, Giuliani ha reafirmado su apoyo a los derechos de las mujeres a abortar, después de su intrincada respuesta en ese debate sobre sí recibiría con beneplácito el que la Corte Suprema revocara su histórica decisión de legalizar el procedimiento para interrumpir el embarazo. El personalmente se opone al aborto.