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junio 12, 2010

La victoria de Argentina es la derrota de su selección de fútbol.


Veo en Facebook muchos comentarios negativos respecto a la selección argentina de futbol proveniente de argentinos mismos. Me complace ciertamente porque observo que no soy el único que piensa negativamente. Tal vez sea injusto por el talento de algunos jugadores, desear una derrota de la selección, pero todos los jugadores están todos involucrados en el mismo negocio, y eso es suficiente como para desear que no ganen y que caigan todos por cómplices. El problema que veo no es que Maradona sean un deleznable fanfarrón y drogadicto, eso todo el mundo lo sabe, lo que me molesta es que se arrogue una representación de Argentina que nos pone en vergüenza. Yo también soy parte de Argentina. Yo no lo quiero a Maradona de ningún modo. Me molesta la conducta de Maradona, y que el gánster que preside la AFA y los gánsteres del gobierno hagan negocios con el dinero que me roban en impuestos. Maradona fue puesto en el cargo de Director Técnico por una extorsión del gobierno argentino a la AFA, y como recompensa le dan 600 millones de pesos extraídos del Tesoro Nacional. Es un negocio redondo entre gánsteres.

La mafiosa sociedad de Grondona con el gobierno, los 600 millones (en el mejor de los casos) robados de los contribuyentes para la mafia del futbol quedarán justificada con la victoria, y el gobierno argentino también lo tomará como una victoria política. Este campeonato mundial, el gobierno lo usa para consolidarse políticamente. Están aplicando las mismas técnicas de los emperadores romanos: pan y circo; sólo que actualmente es pan y fútbol.

Así una vez más los ladrones saldrán con la suya, y millones de argentinos estúpidos que dicen que aflojemos un poco esta vez, se verán frustrados pronto cuando se den cuenta de que el mundial es un modo de meterle un palo en el culo y la mano en el bolsillo. Y no quiero pensar en la dictadura que tendremos que sufrir de esta chusma futbolera, mafiosa e insolente, si sale victoriosa. La victoria de Argentina sería perder el campeonato, no ganarlo.

septiembre 29, 2008

El largo viaje de la emulación del resentimiento



Por Mariano Grondona


Si uno recorre los escritos de nuestros padres fundadores, de un Alberdi o de un Sarmiento, observará que en ellos reaparece de continuo un sentimiento de admiración por los países de punta de su tiempo, particularmente por los Estados Unidos. El progreso arrollador que experimentó la Argentina a partir de las últimas décadas del siglo XIX, haciéndola ascender de la retaguardia a la vanguardia de América latina y colocándola hacia el Primer Centenario entre las diez naciones con el producto por habitante más alto del orbe, se dio en etapas que tomaron el nombre de tres generaciones.

La primera de ellas fue la llamada Generación del 38, que tuvo como nombres emblemáticos a Esteban Echeverría, Alberdi, Sarmiento, Mitre y otros jóvenes exiliados por la dictadura de Rosas, quienes concibieron otro modelo de país cuya realización ellos y otros comenzaron a concretar a través de una segunda generación, la de la Organización Nacional, cuyo contrato fundacional fue la Constitución de 1853, proclamada bajo la presidencia de Urquiza, nuestro primer presidente constitucional y también el primero de una serie de presidentes como Mitre, Sarmiento y Avellaneda que, además de poner a la Argentina en el mapa de las naciones de avanzada, tuvieron como rasgo común no buscar su propia reelección inmediata.


La emulación

Este proceso de los grandes presidentes iniciales remató en el general Roca, emblema a su vez de la tercera generación de los fundadores, la llamada Generación del 80, bajo cuyo impulso la Argentina pasó a ocupar uno de los lugares más destacados de su época no sólo por su espectacular avance económico, sino también porque, a partir de la reforma electoral de 1912 del presidente Roque Sáenz Peña, la Argentina se colocó entre las primeras democracias del siglo XX.

El verbo "emular" está ligado al latín aemulus , "émulo", "el que trata de imitar o igualar a otro" y que, como "imitar", es un desarrollo del prefijo im- . Pero "emular" e "imitar" no son idénticos porque "emular", según el diccionario, es "imitar las acciones de otro, procurando igualarlo e incluso excederlo ". Más allá de la imitación, pues, la emulación conlleva la intención de sobrepasar al otro, al elegido como modelo, como si el imitado y el imitador compitieran en una vibrante carrera.

Este era el sentido que Alberdi y Sarmiento tenían en vista al admirar a los países de punta, y particularmente a los Estados Unidos, que les servían de ejemplo en la carrera que la Argentina estaba emprendiendo para colocarse ella también, a su debido tiempo, a la cabeza de las naciones.

En algún momento, sin embargo, ese brioso corcel que había empezado la carrera con tanto ímpetu "se cansó en la partida", como diría el Martín Fierro , y fue perdiendo de vista a sus modelos mientras iniciaba un largo proceso de declinación del que todavía no ha salido. ¿Cuándo se inició este sorprendente proceso? Su manifiestación más evidente fue, piensan algunos, el populismo del Perón inicial. Pero hasta los que exaltamos con dolorosa nostalgia a la Argentina conservadora que nos dio el primer gran empujón, tendríamos que reconocer que, así como la primera fase de la gran expansión argentina habría que atribuírsela a los íconos de la Argentina conservadora, a un Roca, un Pellegrini o un Sáenz Peña, el pecado original de lo que sucedió después hay que atribuírselo al error capital de esa misma Argentina conservadora en su fase final: el golpe militar de 1930. En este año terrible, la Argentina perdió de vista los grandes principios de la Constitución y del progreso que la habían movilizado. Después de todo, tampoco el peronismo inicial habría sido posible sino sobre la huella que cavó el golpe del 30.

Según la mitología griega, Pandora, la primera mujer, fue la esposa de un dios que le había prohibido abrir una caja que guardaba cerca de él. Llevada por su curiosidad, Pandora abrió la misteriosa caja sin advertir que contenía nada menos que los males del mundo. De la misma manera, la ligereza conservadora de los años treinta abrió sin advertirlo nuestra propia caja de Pandora. Después del 30, los males paralelos de la inestabilidad institucional, la discordia interior y el populismo se volcaron sobre nosotros, empujándonos de la vanguardia a la retaguardia de las naciones.


El resentimiento

Una vez que la Argentina empezó a alejarse de sus modelos, brotaron en ella los primeros signos del resentimiento. Quizá los Montoneros fueron su expresión más audaz. "Resentido" es el que siente doblemente, el que re-siente , un dolor insoportable ante el progreso del rival. En su magistral estudio sobre el resentimiento, Max Scheler sostiene que su primera víctima es el propio resentido porque, al no poder admitir como un hecho que su rival lo superó, deforma la visión de la realidad para echarle la culpa a ese rival sin caer en la cuenta de la verdadera razón por la cual perdió. De este modo, el resentido se queda sin lo que para él sería lo más valioso: el conocimiento de su propio error, que es la única manera de superarlo. Desviar las culpas propias hacia el éxito ajeno es la característica habitual del resentido. A partir de la difusión de esta ponzoña espiritual, algunos argentinos empezaron a culpar a los Estados Unidos, ese gran exitoso, por nuestras falencias.

La serie de discursos que acaba de pronunciar la presidenta Kirchner en su visita a Nueva York no ha sido por cierto la única manifestación de nuestro resentimiento hacia los Estados Unidos, pero sí la más reciente.

Cuando Cristina se refirió, con abierta ironía y con apenas oculta satisfacción al efecto jazz que según ella experimentan hoy los norteamericanos, cuando afirmó además que "el Primer Mundo sucumbe como una burbuja" y cuando alegó que son los norteamericanos y no nosotros los que necesitan un "Plan B" para cambiar de modelo, mostró claramente la distorsión de su mirada porque, después de todo, somos nosotros más aún que ellos quienes suscitan fuertes dudas en el mundo por nuestra inflación, por nuestro grado de corrupción, por el aumento vertical de nuestra pobreza y por los poco creíbles esfuerzos que realiza el Gobierno para ocultar todo esto. La Presidenta está poniendo de manifiesto gracias a su locuacidad que, lejos de mirar la pantalla de lo real, los Kirchner están viendo otra película.

Esta patética malversación de los hechos podría cimentar empero nuestra esperanza porque es evidente que, no sólo enfrente del oficialismo kirchnerista sino hasta en su propio seno, está madurando una nueva generación que, cuando le llegue el turno no lejano de tomar el timón, podría superar la larga declinación argentina, poniéndola otra vez en el rumbo de sus grandes ideales no olvidados, como hicieron las generaciones de la segunda mitad del siglo XIX y de las primeras décadas del siglo XX que venimos de recordar, justamente incentivadas por la inmensa distorsión que las precedió. Después de la gran lección por el absurdo que dio Rosas, ¿no hizo eclosión acaso nuestro primer florecimiento? ¿Está prohibido pensar entonces que el nuevo absurdo que hoy encarnan los Kirchner podría ser la tierra abonada de un segundo florecimiento?

Fuente: La Nación

julio 13, 2008

La lucha entre los principios y los intereses

Artículo de Mariano Grondona publicado hoy en el diario La Nación, de Buenos Aires.

Un caminante se ha perdido en el desierto. Cuando teme perecer por falta de agua, lo alcanza un jinete que le ofrece una cantimplora a cambio de una enorme suma de dinero, que equivale a todo su patrimonio. El caminante acepta. Pero el jinete agrega entonces una segunda condición: que el caminante, además, acepte ser su esclavo. El caminante se niega. Mientras se aleja de él después de haberlo condenado a una muerte inminente, el jinete no termina de comprender al caminante. Si estaba dispuesto a perder su patrimonio para salvar su vida, ¿por qué prefirió, después, perderla?

Lo que el jinete, que era mercader, no había comprendido, era que la segunda condición había cambiado la naturaleza de su encuentro con el caminante. Porque era traducible en dinero, la primera condición reflejaba un interés, y los intereses son negociables. De hecho, desde el punto de vista de los intereses, en esos momentos la cantimplora valía más que todo el patrimonio del caminante. Pero éste rechazó la segunda condición después de haber aceptado la primera porque ella ya no le planteaba una cuestión de intereses, sino una cuestión de principios y, a la inversa de los intereses, los principios no son negociables.

Cuando el oficialismo ganó raspando la votación sobre las retenciones en Diputados, algunos intereses que intuimos y otros que desconocemos lubricaron su victoria. Pero al lado de este triste espectáculo también tuvimos la ocasión de contemplar otro durante el cual varios diputados optaron por la dignidad en lugar de los intereses.

Si bien su caso no fue el único, estamos pensando en particular aquí en Felipe Solá cuando votaba contra Kirchner para recibir de inmediato los gruesos insultos del ultrakirchnerista Carlos Kunkel. Se podrá disentir en más de un punto con el proyecto que proponía Solá, pero lo que nadie podrá afirmar a partir de ahora es que al ex gobernador de Buenos Aires le faltan agallas.

De aquí al miércoles próximo, otros senadores que vienen del kirchnerismo se aprestan a repetir su hazaña. Al presentar su propio proyecto, el senador Carlos Reutemann ha venido a agregarles, junto con otros, lucidez a las agallas: la lucidez de anteponer a la palabra compensaciones con la que juega el Gobierno otra palabra en la cual reside el profundo conflicto que separa a los Kirchner del campo: la palabra retenciones.

Las retenciones
Dispuesto a reforzar la disciplina de su "tropa", el jueves último Kirchner tomó dos decisiones. Convocó a su propia plaza contra la plaza del campo el próximo martes, en el mismo día, a la misma hora y a pocas cuadras, para hacer valer su capacidad de reunir multitudes incentivadas contra las espontáneas multitudes rurales y ciudadanas, en un enfrentamiento que de todos modos evaluarán las pantallas. Llamó además ese mismo jueves a una conferencia de prensa de inusuales características, porque a la delgada capa de periodistas que intentaban cumplir con su deber la rodearon cientos de funcionarios que coreaban las diatribas y celebraban las ocurrencias del ex presidente.

Quien quiera apreciar en toda su dimensión hasta dónde puede llegar el alineamiento de los "ultrakirchneristas" no tiene más que recordar las escenas que mostró esta conferencia de prensa o repetirlas, llegado el caso, en los tapes correspondientes. Las pantallas mostraban, en efecto, no sólo a Kirchner, sino también a sus colaboradores más entusiastas, que lograron registrar sus rostros al lado del ex presidente. Si alguien quisiera hacer un estudio minucioso, por ejemplo, del lenguaje corporal del diputado Díaz Bancalari, que parecía anticipar el aplauso, la fervorosa aprobación y hasta las risas a los que invitaba el ex presidente con sus dichos y sus gestos, tendría una prueba elocuente de hasta dónde puede llegar, en casos extremos, el mimetismo de los incondicionales.

Pero, lejos ya de esta abrumadora derrota de la dignidad a manos de los intereses, el proyecto del senador Reutemann se impuso por su lucidez, porque pudo revelar el abismo que lo separa a él y a los que piensan como él o cerca de él del proyecto oficial que se discutirá el próximo miércoles. Si bien Reutemann hace pequeñas concesiones marginales a la idea de las compensaciones, su clara preferencia por la rebaja de las retenciones anticipa la verdadera discusión que madura en el Senado.

¿Qué quieren, en efecto, los productores del interior y todos aquellos que los apoyan en la ciudad y en el Senado? El descenso de las retenciones móviles previstas en la ya famosa resolución 125 por debajo del nivel a partir del cual resultan confiscatorias porque violan el derecho de propiedad consagrado por la Constitución.

Como señaló Alfredo De Angeli con su lenguaje cargado de sentido común: "Si prometen devolvernos mediante compensaciones lo que nos quitan mediante las retenciones, ¿por qué no empiezan por respetar eso que nos prometen devolver?".

El Estado "asiático"
Dos razones avalan la pregunta de De Angeli. La primera es circunstancial: como no ha cumplido con promesas anteriores, el Gobierno ha perdido su credibilidad. La segunda es profunda: ni el campo ni los que lo apoyan en la ciudad y en el Senado quieren caer en manos de un Estado asiático.

Cuando Marx analizó los tipos de explotación que se habían dado en la historia, a los tres que siempre se le recuerdan (la explotación del esclavo por el amo, del siervo de la tierra por el señor feudal y del obrero por el industrial) agregó un cuarto: la explotación de toda la sociedad, con sus industriales y proletarios adentro, por el Estado. Paradójicamente, el Estado soviético consumó este proyecto en nombre del propio Marx.

Por eso, al referirse a las retenciones que él también rechaza, el ex gobernador De la Sota llamó "estalinista" al gobierno de los Kirchner. Lo cual quiere decir en buen romance que, a lo largo de su política económica, lo que quieren los Kirchner es quedarse con todo, incluido lo que en un Estado de Derecho correspondería tanto a la propiedad privada de los individuos como a los derechos fiscales de las provincias y las intendencias.

El campo ya no lucha entonces sólo por sus propios derechos, sino también por los de todos aquellos que, en la ciudad o en el campo, quieren resistir la voracidad del "Estado asiático", que hoy trata de avanzar en la Argentina y en los gobiernos "chavistas" de América latina. Para aquellos que quieren defender el derecho de propiedad consagrado por la Constitución, la resistencia del campo se ha convertido, por ello, en una bandera universal.

Pero esta bandera no es abstracta. La Argentina progresó como ninguna otra nación en el mundo mientras defendió el derecho de propiedad. Este fue el principio que le permitió atraer a millones de inmigrantes, mostrándose al mundo con orgullo cuando sonó la hora, ahora denostada, del Primer Centenario. Lo que quieren en suma quienes ahora defienden al campo es restablecer, para todos, un principio. Los que quieren ampliar las compensaciones en vez de limitar las retenciones lo que en verdad procuran, en cambio, es convertir a los argentinos en una inmensa legión de clientes que deberán al Estado los mendrugos que éste se digne concederles como contrapartida de su sujeción política y económica.

abril 13, 2008

El rumbo del sistema kirchnerista

Por Mariano Grondona

Súbitamente, síntomas de desgaste habían empezado a acosar al Gobierno. La vasta y prolongada protesta del campo figuró, por cierto, a la cabeza de ellos. Pero no fue el único. Por primera vez en la gestión de los Kirchner, hubo cacerolazos en diversas ciudades. La inflación de marzo, por su parte, trepó a un inquietante nivel del 30 por ciento anual. Gobernadores como el cordobés Juan Carlos Schiaretti y el chubutense Mario Das Neves amenazaron con "sacar los pies del plato" de la disciplina kirchnerista. Por fuera del mundo estrictamente político, la Corte Suprema dio una fuerte señal de independencia al devolverle su banca a Luis Patti.

Fue en medio de un clima de tensión inclinado al pesimismo que Cristina Kirchner conversó por tres horas, el viernes por la tarde, con los dirigentes rurales. Si bien sólo mañana, en la reunión que los dirigentes sostendrán con Alberto Fernández, se verá si se ha iniciado de veras un período de convergencia entre el Gobierno y el campo, la pregunta que sobrevuela esta nueva expectativa va más allá de la amplia temática agropecuaria para centrarse en torno de una duda de alcance existencial: ¿puede cambiar, está por cambiar, el sistema kirchnerista de poder?

La pregunta es esencial porque, en tanto que otros presidentes latinoamericanos como Lula, Bachelet o Tabaré son simplemente hombres o mujeres del poder -esto es, gobernantes sometidos a reglas y plazos constitucionales que los exceden y que no pretenden cambiar-, Néstor Kirchner ha pretendido ser él mismo un sistema de poder situado por encima de las reglas y los plazos constitucionales que condicionan en América latina y en el resto del mundo a los presidentes republicanos.

Un "sistema" supone, según el diccionario, un conjunto de reglas o principios entrelazados entre ellos. ¿Cómo definiríamos entonces al sistema kirchnerista de poder? Como el poder absoluto de un hombre, entendiéndose por "absoluto" que pretende estar "absuelto" de limitaciones constitucionales y temporales, como serían un Congreso y un Poder Judicial efectivamente independientes, gobernadores verdaderamente autónomos y un plazo de vigencia blindado contra las reelecciones indefinidas. Desde el momento en que fue el propio Kirchner quien nominó a su esposa para sucederlo, el sistema kirchnerista de poder implica que sólo ella es su asociada y que los demás funcionarios que los rodean son desechables. Para usar una analogía ajedrecística, Néstor es el rey y Cristina, la reina, mientras todos los demás son peones sacrificables. ¿Nos hallamos entonces no sólo frente a un poder absoluto, sino, además, "dinástico"? Un rápido ascenso de Máximo Kirchner a la cabeza de su organización La Cámpora en la jerarquía kirchnerista se acercaría a esta conjetura.

¿Cómo ha conseguido Kirchner, en todo caso, obtener la obediencia incondicional de sus seguidores? Recurriendo a dos sentimientos políticamente eficaces aunque moralmente objetables: el temor y la codicia. El ex presidente tiene una manera de dirigirse a los que actúan cerca de él que inspira temor. Cuanto más cerca de él se encuentra un dirigente, más le teme; sólo lejos de él renace una sensación de libertad. Pero si sus temibles arranques de mal humor funcionan como un "castigo" para los díscolos potenciales, quienes se pliegan incondicionalmente a él también pueden esperar el "premio" de abundantes remesas. Por eso a Kirchner le es imprescindible un generoso superávit fiscal.
Sin "caja", no habría kirchnerismo.

La fantasía

En una célebre conversación con Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges le dijo que la ambición de controlar todo el poder por todo el tiempo, antes que perversa, es pueril, por responder a una fantasía sobrehumana. Siguiendo esta línea de razonamiento, lo primero que habría que decir entonces es que el sistema de poder al que ha aspirado Kirchner no es sustentable.

Pero una cosa es sostener que un sistema de poder no es sustentable y otra es demostrar que su declinación ya ha comenzado. Hay, sin duda, signos de desgaste. Uno ha sido, por lo pronto, la rebelión del campo. Otro es la inflación ya casi desbordante. La fuente de la inflación ha sido la desmesura del gasto público que Kirchner necesitaba para alimentar su insaciable "caja" y que aumentó sólo en 2007 en un 60 por ciento. Pero el Gobierno necesita desesperadamente mantener y hasta aumentar el superávit para lubricar su política de acumulación de poder. El desmesurado aumento de las retenciones que anunció el ministro Lousteau respondió, en definitiva, a esta aguda ansiedad fiscalista. La fantasía, empero, se va a acabar. Lo que no sabemos todavía es cuándo y cómo se va a acabar.

El giro

La negociación entre el Gobierno y el campo que empieza mañana responderá en cierto modo a estas inquietudes. El campo viene de decirle "basta" a la creciente presión fiscal del Gobierno. ¿Cuándo dirán "basta" otros sectores, como, por ejemplo, los jubilados, nuevamente postergados? ¿Hasta cuándo podrá competir la industria con un dólar que, según los expertos, habiendo perdido la ventaja comparativa de la devaluación de 2002, se ha vuelto equivalente al fatídico "uno a uno" de 2001? Ante una inflación real del 30 por ciento ¿se resignarán los sindicatos al 20 por ciento que consiguió Moyano? Detrás de una fantasía política de dominación sin límites ni plazos y sin poder renunciar al superávit de la "caja", el Gobierno está forzando su presión sobre el ingreso de los demás sectores y no sólo del campo. ¿Cómo hará para responder financieramente a sus crecientes necesidades de dominación en un país en el que ha despojado de sus ingresos fiscales a las provincias y en el que ha desalentado sistemáticamente a los inversores internos y externos, acuciados a su vez por la crisis del capitalismo internacional?

Cuando la presidenta recibió a los representantes del campo de buen modo y ya sin agredirlos, ¿estaban entonces los Kirchner pensando en girar? ¿Pero qué es "girar"? ¿Cambiar algunos rasgos secundarios del sistema de poder o cambiar el propio sistema de poder?

Decía el cardenal Richelieu, en su famoso Testamento político, que la diferencia entre un político del montón y un estadista es que éste, pero no aquél, ve venir los problemas a tiempo. El tiempo final del sistema del poder absoluto kirchnerista se ha empezado a anunciar. Si el cambio de actitud que reveló la Presidenta cuando recibió cordialmente a los ruralistas el último viernes no es sólo una finta, sino que responde a la comprensión del nuevo tiempo político que se avecina, asistiremos a negociaciones fructíferas pero no sólo con el sector agropecuario, porque en tal caso el Gobierno habrá comprendido la verdadera dimensión del problema que lo acecha para dialogar con el campo y con los demás sectores políticos y sociales a los que había ignorado, en busca de la normalización republicana. Si éste es el caso, los Kirchner todavía pueden salvarse y salvarnos. En caso contrario, la Argentina agregará una frustración más a las incesantes contradicciones de su desarrollo. La cita entre el Gobierno y el campo no dará ocasión por ello sólo a una discusión sobre impuestos y reintegros. Podría ser, además, la apertura de una nueva oportunidad republicana.

Publicado en La Nación el 13/04/2008


El rumbo del sistema kirchnerista

Por Mariano Grondona


LANACION.com Opinión Domingo 13 de abril de 2008

septiembre 30, 2007

Jorge Sobich en Hora Clave

Jorge Sobich, candidato presidencial, fue entrevistado por Mariano Grondona en Hora Clave, el 28.09.07

Parte 1/2



Parte 2/2

septiembre 19, 2007

Pilar Rahola habla de la izquierda y de Argentina


La pura verdad ha dicho Pilar Rahola en El País. La hipocresía de la izquierda en Argentina y en cualquier lugar del mundo no tiene límites. Nadie más a cometidos más carnicerías que la izquierda para imponer su ideal en el mundo. Las guerras para la instauración de regímenes totalitarios ha provocado más de 140.000.000 de muertos, sin contar cuantos millones de personas más han muerto por causa de las torturas, las hambrunas, el terrorismo, y los intentos de búsqueda de libertad de quienes intentaron huir de la esclavitud que había creado la izquierda.

Los de la izquierda argentina no tienen ni una gota de vergüenza de defender los actos de terrorismo, celebrar las carnicerías hechas por terroristas y al mismo tiempo hablar de derechos humanos, haciendo activismo por todo el mundo; hablando en nombre de una nación sin que nadie les haya dado tal poder y sin tener derecho a hacerlo, porque no han contribuido en nada a república, a la paz, y la comunidad, ni tampoco han tenido un mandato legal.

En que se queda el legado de Manuel Belgrano, José de San Martín, Domingo F. Sarmiento, Juan Bautista Alberdi y de tantos próceres que hicieron tanto por engrandecer Argentina, y ahora queda gobernada por la peor escoria de la humanidad, que defiende al terrorismo, la barbarie, y promueven la estafa a quienes creyeron en este país invirtiendo sus ahorros y fortunas personales. Han hecho que mucha gente como quien escribe este mensaje sienta como una deshonra tener el gentilicio argentino ante la comunidad internacional. Los argentinos que mencioné más arriba son quienes hicieron grande este país, ellos son los argentinos más grandes, no quienes secuestran, asesinan o apañan el terrorismo.

La izquierda argentina discrimina duramente a quien diga algo que a ese sector político no le agrada. Cualquier cosa que se diga que no sea de su agrado es calificado de apología del delito, o le ponen motes ofensivos como facho, genocida, asesino, lamebotas, etc., se creen los únicos buenos argentinos, pero son buenos argentinos quienes trabajan para darle bienestar a su familias y a sus prójimos, no quienes han hecho de la ley un instrumento para el saqueo, el chantaje y un modo de vida parasitario a expensas de quienes producen.

Son buenos argentinos quienes defienden la paz, el progreso y sobre todo la libertad, no quienes buscan la guerra, la división, ni contribuyen en nada para el progreso, ni quienes defienden la esclavitud. Tampoco son buenos argentinos quienes hablan en nombre de toda la nación, poniendo en vergüenza y humillación a una gran parte de la población con conductas impropias de una nación civilizada.
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Este es el párrafo más destacado del artículo:
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“Lacra de toda Latinoamérica y no sólo de Argentina, la actitud de una parte del espectro social, que minimiza, justifica e incluso avala el terrorismo, es un penoso síntoma del relativismo ético que practican muchos líderes de izquierdas, hasta el punto de no conmoverse ni con la muerte masiva. Ahí está, para vergüenza de Argentina y para vergüenza de la humanidad, el brindis que Hebe de Bonafini -la antigua presidenta de las madres de Mayo- hizo, celebrando el atentado del 11-S. Un total de 4.000 muertos, 4.000 personas con sus vidas, sus esperanzas, sus ilusiones, convertidas en humo en manos del terror, y la risa de Bonafini bendiciendo la matanza. Y su famoso ¡Viva ETA! En la España que la había invitado y aún lloraba la muerte de Ernest Lluch. Hebe representa el paradigma de una izquierda violenta, revanchista hasta la locura, inequívocamente reaccionaria. Sin embargo, ¿es ella lo alarmante? Al fin y al cabo, personajes como Hebe o como otros que pululan por el continente, con el delirante Chávez a la cabeza, no son nuevos en el mercado del populismo demagógico. No. Lo alarmante es que el día después del brindis de muerte, las Hebes continúen teniendo micrófonos, vida social activa, miles de pesos de ayuda pública y hasta el aval institucional. “Todos somos hijos de Hebe”, me aseguran que dijo Néstor Kirchner. Sobran palabras… Eso es el relativismo ético, ésa es la quiebra de valores que, con angustiosa naturalidad, se puede respirar en la Argentina que avala determinado progresismo. En esa Argentina, y en alguna de las Españas… Como dijo el sabio, “habrá que defenderse de una derecha muy diestra, y de una izquierda muy siniestra”.
(Este resúmen es de José Benegas en su blog No me parece)
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Pilar Rahola, visitó Argentina hace poco tiempo en conmemoración del 13º aniversario del atentado a la AMIA el 18 de julio de 1994.
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Pilar Rahola también estuvo y fue entrevistada por el periodista Mariano Grondona, en su programa "Hora Clave"
Primera Parte



Segunda Parte



Tercera Parte

mayo 20, 2007

Un presidente en el túnel del tiempo


Mariano Grondona



El sábado 12 de este mes Alicia Kirchner fue brutalmente acosada por una multitud enardecida, huevos y harina mediante, al salir de un restaurante de Río Gallegos. Tres días más tarde, el martes 15, otra multitud enardecida saqueó e incendió el hall central de Plaza Constitución. Esa misma jornada, sin referirse a los gravísimos incidentes que conmovían al país, el presidente Kirchner encabezó en Resistencia un homenaje a los militantes políticos asesinados en Margarita Belén en el curso de los años setenta, exigiendo una vez más la aceleración de los juicios a los militares. Eran dos mundos en contraste. Uno, la crispación social de los años dos mil. Otro, la tragedia ideológica de los años setenta.
En Resistencia, el Presidente, ¿ignoró entonces por completo el presente que estamos viviendo? No del todo, ya que se refirió a las elecciones presidenciales del próximo 28 de octubre. Pero lo hizo con estas palabras: "Sueño con un 28 de octubre que, cuando se abran las urnas, estén llenas de buena memoria ".
La concentración presidencial en los conflictos del pasado, la prioridad que otorga a la memoria por delante del cuidado del presente y del diseño del futuro podrían explicarse en un país que viviera en paz, seguro de su destino, y al que sólo le quedara repasar con lánguida nostalgia su propia historia. Pero ¿corresponde acaso a un país que está viviendo días de furia en diversos puntos de su geografía, con "escraches" y saqueos que amenazan revivir el clima de lo que el propio Kirchner ha llamado el "infierno" de 2001?
Estamos en presencia, por lo visto, de una suerte de "dislocación temporal". El presente nos aprieta. El futuro de mediano y largo plazo brilla por su ausencia. Para el Presidente, sin embargo, el factor decisivo parecería ser la memoria, una memoria que se aleja cada día más de nosotros y que la mitad joven de los argentinos ni siquiera vivió. Al ciudadano a quien lo preocupa sobremanera la furia del presente y el velo del futuro, le queda entonces la sensación de que su presidente vive atrapado en el túnel del tiempo .
Refutaciones
Quienes continúan apostando a Kirchner desechan por excesivos estos temores. Destacan, por lo pronto, la ágil cintura del Presidente. Al día siguiente del "martes negro" de Constitución, ¿no echó acaso en forma fulminante a dos altos funcionarios implicados en el escándalo de Skanska, aun antes de que la Justicia se pronunciara? Los creyentes en Kirchner elogian su "cintura" en este caso por dos razones. Primero, porque en cuestión de minutos intentó evitar que el escándalo de Skanska llegara aún más arriba, por ejemplo, hasta el poderoso ministro De Vido, indicándoles de paso a éste y a los más íntimos colaboradores presidenciales que, si las circunstancias lo exigieran, tampoco vacilaría en soltarles la mano. Segundo, porque también desvió la atención pública en torno de los "días de furia", colocando en los titulares, en su reemplazo, a los sospechosos de Skanska.
La concentración del Presidente en la memoria de la tragedia que ocurrió hace treinta años, agregan sus exegetas, no ha de ser considerada por otro lado tan profunda como para que nunca decida atenuarla desde el momento en que el propio Kirchner, quien nunca fue un activista destacado en los años setenta, parece haber adoptado frente a ellos una postura distinta de la de los auténticos Montoneros, una postura que, por ser táctica y no visceral, podría corregirse en un instante si la marcha de los acontecimientos lo aconsejara. ¿Podría llegar entonces el día en que viéramos desilusionarse con Kirchner a las Madres de Plaza de Mayo?
La propia ministra Garré, el símbolo mismo del odio a todo lo militar, ¿no acaba de reforzar levemente acaso los fondos destinados, si no a curar, a dar al menos una señal distinta de las anteriores frente a la anemia material (no espiritual: la epopeya del capitán Tarapow lo prueba) de nuestras Fuerzas Armadas?
Para medir el arco táctico del Presidente, bastaría en todo caso con contemplar el video que acaba de producir el periodista López Macías, donde pueden apreciarse, entre otros pasajes igualmente llamativos, los encendidos elogios del entonces gobernador Kirchner al presidente Menem.
Es verdad, aceptan sus intérpretes favorables, que en Kirchner todo es táctico y nada es estratégico. Su horizonte operacional se detiene en el 28 de octubre y su meta excluyente es ganar las elecciones presidenciales de aquí a pocos meses, pero nadie puede negarle al mismo tiempo su talento en la tarea de apagar incendios. ¿Por qué no pensar entonces que mantendrá esta capacidad en el futuro, desarticulando los peligros que lo acechen?
Se dirá que este rasgo absolutamente pragmático de su carácter lo muestra como un operador desaprensivo, carente de grandes principios y de grandes metas, pero es indudable que también le otorga una extraordinaria elasticidad de acción en dirección de lo único que en verdad le importa: retener el poder.
Desde la Nación
Lo que es mejor para Kirchner, empero, ¿será siempre mejor para la Nación? Cuando Ortega y Gasset definió la nación como "un proyecto sugestivo de vida en común", no se limitó a los proyectos personales de los poderosos. Hay que aceptar que a veces la continuidad de un hombre en el poder puede satisfacer las condiciones de estabilidad que necesitan las naciones. Nadie querría en tal sentido que el eventual agotamiento de las intenciones personales del Presidente nos retrotrajera a una situación similar a la anarquía que encarnó De la Rúa. Si Kirchner ha de "aterrizar" en el llano en el futuro, todos querríamos que ese aterrizaje no fuera forzoso sino suave .
Pero, si lo que queremos como "proyecto sugestivo de vida en común" es, por lo pronto, una república democrática y no una dictadura de origen pero no de espíritu democrático, quizás el primer menester de los dirigentes políticos no kirchneristas sea encontrar la manera de instalar la perspectiva de un aterrizaje suave dentro del futuro previsible, si no en 2007, al menos en 2011.
Para aquellos que se decidan a no pensar en la Argentina de los próximos meses sino en la de las próximas décadas, la tarea imperiosa será por ello imaginar y concretar el ordenado paso de la democracia autoritaria que aún somos a una república democrática, con la actuación a la vez conjunta y alternativa de diversas fuerzas políticas, entre ellas, el peronismo, igualmente empeñadas en llevar a nuestra Nación del subdesarrollo y la pobreza que aún la acosan al pleno desarrollo que la espera.
En esta dirección, no alcanza por cierto la ilimitada ambición personal de un hombre. Si queremos ser España de aquí a veinte años, tendremos que hacer lo que hizo España hace treinta: primero, labrar un pacto de desarrollo institucional, económico y social en el que coincida una inmensa mayoría; segundo, asegurar la marcha por ese camino a través de dos grandes partidos en condiciones de acordar, competir y rotar entre ellos. Aquí podría anidar un "proyecto sugestivo de vida en común", que fatalmente trascendería la estrecha visión de quienes hoy nos gobiernan. Un proyecto cuya ausencia quizás explica, más aún que los exabruptos de nuestro Presidente, la crispación actual de los argentinos.