junio 10, 2007

Venezuela - Juventud Ansiosa


por Mary Anastasia O'Grady



Mientras que decenas de miles de estudiantes se manifestaban en contra del gobierno llenando las calles de Caracas la semana pasada y mientras que las tropas de la guardia nacional utilizaban gas lacrimógeno y balas de hule en contra de ellos, muchos observadores estaban preguntándose si el Presidente venezolano Hugo Chávez finalmente se había topado con su Waterloo. Su decreto de no renovarle la licencia a la estación de telecomunicaciones que tenía 53 años en el aire, Radio Caracas Televisión —lo que provocó las protestas— ¿resultará ser la última gota que derramo el vaso?
Si solo eso fuera posible…
El Sr. Chávez, un determinado marxista, está en el proceso de destruir a su país. De esto no hay duda. Pero también es una amenaza internacional y una amenaza con mucha riqueza. Él ha estado utilizando su riqueza petrolera para sembrar revoluciones, à la Fidel Castro, en Sudamérica y Centroamérica. ¿Mencionamos que es un gran amigo del gobierno iraní? Gran parte de Latinoamérica lo sabe y sería difícil encontrar un demócrata en el hemisferio occidental que no se alegraría con su salida del poder y con el regreso a la división de poderes y contrapesos en el gobierno venezolano.
Pero eso solo ocurrirá cuando los venezolanos decidan que están cansados de él. Y por eso es que las protestas en contra de la confiscación de RCTV han capturado tanta atención. Aunque nadie sabe si esto resultará ser un momento definitivo, es seguro que al tratar de limitar la libertad de expresión el Sr. Chávez ha energizado y ampliado su oposición.
Los vídeos de la violencia de la semana pasada en Caracas y en otras seis ciudades del país en gran parte mostraban a estudiantes universitarios desarmados en camisetas y jeans y enmarañados en una neblina de gas lacrimógeno, siendo perseguidos y golpeados por guardias con casco y botas, y siendo el blanco de cañones de agua. Pero nada de esto detuvo a los estudiantes para que realicen su acto de desobediencia civil.
Hasta ahora, los estudiantes no han jugado un papel en el activismo anti-Chávez. Ocho años de confiscación de propiedades, del encarcelamiento de adversarios del gobierno y de la manipulación de los padrones de votación y de las elecciones habían logrado provocar una respuesta estudiantil casi nula. Pero el ataque a la libertad de expresión dio con un nervio y los envió a las calles. Esto ha capturado la atención de la nación porque los movimientos de resistencia estudiantil tienen una historia importante en Venezuela. En los últimos días muchos han recordado que fue una manifestación universitaria la que precipitó la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez en 1958.
Todavía, no es seguro que este sea un movimiento espontáneo que sacará de Caracas al Sr. Chávez. Es verdad que los estudiantes que están en las calles asisten a grandes universidades estatales y que por lo tanto no vienen de las familias venezolanas de la élite. Pero tampoco vienen de las familias más pobres del país, de las cuales el Sr. Chávez deriva su respaldo más firme. Se puede decir con certeza que ellos representan en gran parte a la clase media y a la clase media baja. Aún así todavía es notable que las protestas se hayan esparcido más allá de Caracas para incluir las universidades estatales en partes más pobres del país en las que los cuerpos estudiantiles suelen venir de familias aún más humildes.
Lo que también es nuevo, y aún más interesante, acerca de este movimiento de resistencia es su énfasis en la “libertad” y en los llamados a un fin de “la dictadura”. La amada Revolución del Sr. Chávez puede que alguna vez haya podido tomarse el pedestal moral aseverando que sus enemigos planearon un golpe de estado no democrático para el 11 de abril de 2002. Pero ahora el presidente y sus chavistas parecen ser los que están a la defensiva, con las encuestas revelando que más de 70% de los venezolanos se oponían al cierre de RCTV. Esto sugiere que el descontento en realidad traspasa las clases económicas.
La razón de esta reacción puede ser práctica como también ideológica. RCTV tenía más de 44% del mercado nacional de televidentes y ofrecía, junto con otros puntos de vista políticos contrarios, una amplia gama de entretenimiento. Para muchos pobres, venezolanos de la clase trabajadora, para quienes la telenovela nocturna es uno de los pocos placeres en sus vidas, el fin de RCTV es casi imperdonable. Eso es especialmente así porque ha sido reemplazada por una estación de televisión estatal que los venezolanos dicen que es aburrida. El Sr. Chávez no solo se ha metido en un terreno político muy preciado sino que también ha sacado de los hogares venezolanos un derecho de propiedad casi sagrado.
Como indicamos en este espacio hace dos semanas, hay un descontento creciente con respecto a la economía también. Los precios del petróleo son altos pero los venezolanos no están mejor ahora de lo que estaban hace ocho años. La escasez de comida está volviéndose más común y hasta los pobres, a los cuales el Sr. Chávez dice querer ayudar, están pasando momentos difíciles. Ahora el mejor entretenimiento gratis en el país ha sido clausurado. Una tormenta perfecta puede estarse cocinando.
Que el Sr. Chávez haya caído de la gracia y que la mayoría de los venezolanos ahora quieren que él se vaya no es difícil de entender. Pero aún si eso fuese verdad, no es probable que él se vaya sin dar una pelea y está en una posición mucho mejor como para salir bien parado utilizando la fuerza que lo que estaba hace cinco años. Ha acumulado respaldo dentro de las fuerzas armadas, ha armado a una milicia callejera y ha refinado sus tácticas de inteligencia utilizando personal cubano. La semana pasada amenazó con llamar a las masas de los barrios marginales en los valles que rodean a Caracas para defender a la Revolución. Algunos venezolanos están preocupados de que él esté tratando de provocar a sus oponentes para que hagan una movida en contra de él y luego él pueda responder con la fuerza.
Esto revela la verdadera política del Sr. Chávez y sugiere que él ya no siente la necesidad de mantener las apariencias de una “democracia”. ¿Para qué? Su medida en contra de RCTV ya ha dañado su imagen de promotor de la justicia y ha sido criticada por grupos tales como Amnistía Internacional, Reporteros Sin Fronteras, Human Rights Watch y la Iglesia Católica. Hasta el Presidente Luis Inácio “Lula” da Silva, quien es un viejo amigo de Fidel Castro y quien, hasta ahora, no ha querido criticar al Sr. Chávez, ha señalado de manera sutil su descontento con el cierre de RCTV. En una conferencia de prensa en Brasil la semana pasada, dijo: “Si muchos veces una ola de cobertura negativa acerca del gobierno me parece mala a mi, sería mucho peor si la democracia no existiera en este país”. La democracia, añadió, es un sistema que permite a “la prensa decir lo que quiera decir, cuando lo quiera decir, para ser juzgada solo por aquellos que importan: los radioescuchas, los televidentes y los lectores”.
La única manera de recuperar el respaldo de Lula y el del resto del mundo civilizado sería la de revertir la decisión de clausurar RCTV. No es probable que el Sr. Chávez haga eso así como tampoco es probable que renuncie voluntariamente al poder. Dada su popularidad en declive, una confrontación, tarde o temprano, es más probable. Sigan atentos.


Mary Anastasia O’Grady es editora de la columna de las Américas del Wall Street Journal.
Este artículo fue originalmente publicado en Wall Street Journal el 4 de junio de 2007.

Los impuestos frenan inversiones y crean desempleo


Manuel F. Ayau Cordón*

Todos los que no practicamos la medicina admitimos ignorancia en la materia, pero cuando se trata de economía nadie admite ignorancia, aunque nunca hayan tomado el tiempo para estudiarla. Quizás se debe a que todos los días de la vida tomamos variadas decisiones económicas. Los hombres de negocios y muchos graduados en administración de empresas creen que por eso saben de economía, cuando en realidad los negocios y la economía son cosas muy distintas. Tanto es así que las mismas palabras como "capital", "costos" y "utilidad" tienen distintos significados en economía que en los negocios. Los banqueros saben de banca, pero no necesariamente conocen la teoría del dinero. Hasta los sacerdotes, estudiosos humanistas, de historia o psicología, pretenden saber de economía y opinan con autoridad. Otra diferencia es que quienes no han estudiado economía creen que es cuestión de opinión y que todas las opiniones son igualmente válidas. Esto se explica porque desde mediados del siglo XX las universidades abandonaron la rigurosidad intelectual y efectivamente han enseñado economía como si fuese una cuestión de opinión. No es sino hasta hace poco que se inició el retorno a la rigurosidad intelectual, en algunos centros de estudio primero y en otros después. A ese abandono de rigurosidad se debe tanta discrepancia entre escuelas de economía y que las discusiones económicas degeneren en actitudes ideológicas.
Como resultado de probar tantas fallidas recetas, en América Latina persiste tanta pobreza. La mayoría de esas recetas han sido adoptadas por consejo de importantes entidades extranjeras que desean ayudar. Pero es evidente que toda esa ayuda no ha servido de mucho y tenemos que concluir que no logran sus laudables objetivos. Probablemente no se hubieran seguido todos esos malos consejos si no vinieran acompañados de dinero.
Lo innegable y de sentido común es, primero, que se invertirán más capitales donde no se castiga su rendimiento y, segundo, que lo único que crea puestos de trabajo, productores de riqueza y de ingresos fiscales, es la demanda por mano de obra que ejercen las inversiones de capital, las cuales se efectúan para precisamente obtener un rendimiento.
Es una cruel ironía que el resultado de castigar a quienes invierten capital es el aumento de la pobreza.


___* Rector emeritus, Universidad Francisco Marroquín, Guatemala.
© http://www.aipenet.com/

Criminalidad y Desarrollo Económico


Por Gary S. Becker*

Aunque las estadísticas oficiales sobre crimen a menudo no son confiables, no hay duda que las tasas de criminalidad varían mucho entre diferentes países. Lo que más interesa es que los países pobres y aquellos que crecen más lentamente sufren de mayor criminalidad. Hay varias razones para ello, pero sí creo que la criminalidad contribuye a la pobreza y a un lento desarrollo.Las estadísticas claramente muestran que hay una relación negativa del crimen con los ingresos y el desarrollo. Por ejemplo, en el período 1998-2000, los países con las más altas tasas de asesinatos y secuestros incluían a Colombia, Jamaica, México, Sudáfrica, Rusia, Zimbabwe y otras naciones con poco crecimiento económico. Hay más criminalidad en una economía que le va mal porque los delitos aumentan cuando los salarios son bajos y el desempleo alto. La rentabilidad de la educación y demás capital humano suele ser baja en las economías estancadas, por lo que los jóvenes no terminan sus estudios y, por lo tanto, tienen más tiempo para dedicarse a robar o a vender drogas.
Aquí me concentraré en por qué las altas tasas de criminalidad también frenan el crecimiento económico y el progreso. Capté una de las razones hablando recientemente con un empresario en Ciudad de México, donde hay tasas muy altas de secuestros y robos. Me dijo que las esposas a menudo no quieren vivir en la capital mexicana por temor de lo que le puede suceder a los hijos. Por esa misma razón, muchos extranjeros con familia no aceptan ir a trabajar a países con alta criminalidad.
El crimen aumenta los costos de operación de las empresas. Para empezar, son altos los gastos en seguridad no solamente para los ejecutivos y empleados, sino también con respecto a las instalaciones, maquinarias e inventarios. Por ejemplo, los mexicanos, brasileños y sudafricanos ricos emplean a cientos de guardias de seguridad para proteger a sus familiares y ejecutivos. En parte, más gente va en su propio automóvil al trabajo y a las tiendas por temor a caminar y a usar el transporte público. Esto aumenta la congestión de las calles y autopistas, lo mismo que el costo y el tiempo del transporte diario de la casa al trabajo. Quienes caminan en ciudades como Caracas, Ciudad de México y Río de Janeiro dejan sus relojes y joyas en casa, como también se aseguran de tener poco dinero consigo.
Las altas tasas de criminalidad suelen ser el resultado de la corrupción de policías y jueces. Mucha gente deshonesta está dispuesta a ganar sueldos bajos como policías porque complementan sus ingresos con sobornos.
La corrupción entre quienes están supuestos a hacer cumplir las leyes promueve la corrupción en el cumplimiento de contratos y regulaciones, por lo que el soborno y las altas tasas de criminalidad tienden a crecer de manera paralela. Es cierto que la corrupción ayuda en los países con malas leyes, pero en general retarda el desarrollo porque desalienta las inversiones, ya que la rentabilidad suele decaer. Esto a menudo afecta especialmente a la inversión extranjera porque en esos países se suelen interpretar los contratos y las regulaciones a favor de los inversionistas nacionales y en contra de los extranjeros.
La producción y distribución de drogas también se dispara donde la policía y los jueces son corruptos. Y lo que es peor, los narcotraficantes entonces suelen dedicarse a comprar jueces y policías, por lo que el ambiente se deteriora progresivamente.
Por todas estas razones, a los países con altas tasas de criminalidad se les dificulta mucho el desarrollo económico.


___* Profesor de economía de la Universidad de Chicago y Premio Nobel.
© http://www.aipenet.com/

La Jaula Leninista


por Carlos Alberto Montaner



Carlos Alberto Montaner es periodista cubano residenciado en Madrid.
El 85 por ciento de los venezolanos no quería que Chávez se apoderara de Radio Caracas Televisión. Esa es, más o menos, la proporción de quienes tampoco desean que en Venezuela se implante una dictadura semejante a la cubana, desaparezca la propiedad privada, o toda la educación pase a manos del Estado. Los venezolanos —incluidos la mitad de quienes respaldan a Chávez— rechazan la creación de un Estado totalitario semejante al erigido en Cuba por Fidel Castro hace casi medio siglo. La inmensa mayoría son individualistas y aman la libertad de la manera intuitiva, sencilla y diáfana con que es posible definir ese sentimiento sin necesidad de entregarse a profundas disquisiciones filosóficas: prefieren tomar sus propias decisiones y no depender de un Estado que guíe sus vidas como si fueran corderos carentes de inteligencia o voluntad.
Pero Chávez decidió lo contrario. Su grito de ''Socialismo, patria o muerte'' es algo más que un fatigado eco copiado del griterío ideológico de La Habana. Encapsula una decisión trascendental: estabular definitivamente a los venezolanos en una jaula institucional semejante a la cubana para conducirlos a latigazos hacia la felicidad, la prosperidad y la victoria final contra el cruel imperialismo capitalista. Es así como único pueden interpretarse la confiscación de RCTV, el acoso a GLOBOVISION, la amenaza a los diarios y a la banca, el enfrentamiento con la Iglesia y el estímulo a la ocupación ilegal de tierras y propiedades. Es así como se entienden la creación de grupos paramilitares armados, vecinos al chavismo, y el creciente control de los cuerpos de inteligencia cubanos, dueños y señores de la vida privada de los militares, de las cabezas de la oposición y, en general, de la clase dirigente venezolana.
Venezuela es hoy un país sutilmente ocupado por Cuba con el objetivo de construir la jaula leninista, como en los años sesenta Cuba fue un país ocupado por cuarenta mil soviéticos que forjaron cuidadosamente la carpintería dictatorial calcada de la URSS. Sólo que esa triste realidad nos conduce a formular dos preguntas inevitables: primera, ¿por qué Chávez, que pretendía inaugurar ''el socialismo del siglo XXI'' para superar los horrores del comunismo real, se decantó, finalmente, por recurrir al viejo, cruel y fracasado modelo leninista, y, segunda, si es posible que este revival de la vieja dictadura diseñada en la extinta URSS podrá imponerse progresivamente de manera permanente?
La primera pregunta es fácil de responder: Chávez se acoge al modelo dictatorial comunista porque descubre, pasmado, que todo su discurso político no era más que un vacío chorro de saliva con el que resulta imposible gobernar. Toda esa cháchara de los nuevos ejes de desarrollo del Orinoco, de la tercera teoría universal gadaffiana —otro tonto con turbante y pistola—, del trueque solidario y de las monedas locales, sólo servían para aumentar la creciente disolución de la autoridad mientras se precipitaba a la sociedad en el desorden. El leninismo, sin embargo, era otra cosa mucho más seria: controles, cerrojos, represión organizada, asfixia de la oposición, obediencia obligatoria, aparatos de proyección de imagen, redes de apoyo internacional y el resto de los instrumentos de gobierno. Por supuesto que el leninismo es una forma perversa, improductiva y torpe de organizar a las personas y de obligarlas a obedecer, pero al menos era un método eficaz de control para que las riendas del poder no se le escaparan de las manos.
La respuesta a la segunda pregunta es más especulativa, pero resulta obvia: a medio o largo plazo ese anacrónico disparate no puede triunfar. El comunismo, que fracasó en la URSS y en todas partes, incluida Cuba (cuya sociedad no tardará en comenzar a sacudírselo cuando muera Fidel Castro), no va a arraigar en Venezuela. ¿Por qué? Porque Chávez, aunque posee los peores instintos —su actual embajador en la ONU asegura que es un asesino—, no es temido ni respetado; porque no es verdad que tiene a los pobres de su lado; porque las Fuerzas Armadas todavía no han sido totalmente cooptadas y corrompidas; y porque a los venezolanos les repugna profundamente haberse convertido en una colonia política de La Habana, país menesteroso y pedigüeño al que subsidian con una cifra cercana a los tres mil millones de dólares anuales, precio con el que Chávez paga la adquisición de su dictadura-llave-en-mano.
¿Cómo terminará la pesadilla? Todavía no sabemos. El mundo comunista europeo implosionó. Cayó fragmentado bajo el peso de sus propias contradicciones. Posiblemente al chavismo le sucederá algo parecido.


Artículo de Firmas Press: http://www.firmaspress.com/

junio 07, 2007

Propiedad revuelta, ganancia de dictadores


Por Yesenia E. Alvarez Temoche



El reciente atentado contra la libertad de expresión en Venezuela, pone de manifiesto la facilidad con que un gobernante goza de tal poder ante la impotencia de sus ciudadanos.

Conmovidos los latinoamericanos, hemos condenado la trasgresión de la libertad de expresión pero no se ha puesto en discusión la situación que permite que Rctv (Radio Caracas Televisión) y cualquier otro medio de radiodifusión se vean expuestos o sean potenciales víctimas de violaciones como ésta.

Lo ocurrido a Rctv, no es solo el condenable crimen contra la libertad de expresión sino que hay detrás un hecho -visto como absoluto e indiscutible para la mayoría- que merece ser cuestionado; esto es, que la propiedad y administración del espectro electromagnético estén en manos del estado.

A este espectro electromagnético -conjunto de ondas a través del cual se transporta la señal de radio y televisión- los particulares solo pueden acceder a través de licencias de uso, no es posible la propiedad privada dado que justifican que se trata de un bien de “propiedad colectiva”.

En ese sentido, los defensores de atribuirle mayores derechos, prerrogativas y poderes al estado nos explican que un bien como el espectro electromagnético no es de los particulares, ¡Ojo! que tampoco es del estado –agregan-, sino que es de “todos” y como es de “todos” es entonces el mismo estado quien debe tener el poder de administrarlo en su condición de autoridad soberana sobre “todos”. Con esta visión del tema, Hugo Chávez, con total descaro y desparpajo cierra Rctv y alega que “el estado es dueño del espectro radioeléctrico” (www.eltiempo.com.ve)

Y es que en teoría se sostiene que el espectro electromagnético que necesita un canal de televisión para salir al aire, es de propiedad de ese difuso titular “todos”, pero en la realidad resulta ser “propiedad del estado”, que a través de su burocracia estatal decide finalmente a quién y cómo darle la licencia de uso, así como también las razones para quitarla.

Al no existir propiedad privada sobre dicho bien, los concesionarios (no propietarios) se encuentran en una situación de dependencia respecto de quien detenta el poder de dar o quitar las licencias, situación a todas luces vulnerable, dado que no ejercen ningún derecho de propietario y no tendrían cómo defenderlo en caso de discrepancia con el poder político porque en este contexto el estado siempre contará con el poder de reclamar para sí, la propiedad del espectro electromagnético. En estas condiciones y circunstancias, al señor estado, excusas dentro de la ley, seguramente no le faltarán.

Así, la ausencia de propiedad a este nivel propicia por un lado, que los particulares que aspiren a tener o tengan una licencia se rindan a los caprichos y deseos del poder político generando mercantilismo al intercambiar privilegios a partir del uso de dicha licencia; y por otro lado aquéllos que discrepan del gobierno sean intimidados y censurados.

Como podemos apreciar, el ambiente de un medio de comunicación no es muy favorable cuando no se puede ejercer derechos de propietario: o cedes a la presión política y te mantienes, o si te opones te cierran. El resultado: un sector ineficiente, politizado y corrupto, por tanto proclive a mancillar derechos y libertades.

Reconozcámoslo, con una visión del estado dueño de todo lo que supuestamente es de todos, el individuo queda a merced de los caprichos de ese ente omnipotente.

Con un sistema que permite que el estado prohíba el uso de una frecuencia en nombre de conceptos tan contradictorios y debatibles como el fin social, bien común, etc., se está consintiendo más poder para el estado en lugar de limitarlo, se está tolerando y dando paso a futuras opresiones contra la libertad, lo cual deja a los ciudadanos de brazos cruzados cuando los defensores de un totalitario como Chávez argumentan que no se trata de un cierre sino del vencimiento de un licencia.

Las ventajas de contar con derechos de propiedad sobre el espectro electromagnético son demostradas por serios estudios, pero además el sentido común y la historia nos advierte sobre lo peligroso que resulta para la libertad permitir que tal poder recaiga en manos del estado.

Richard Pipes, en sus estudios sobre propiedad y la libertad, nos aconseja que “la propiedad, donde quiera que le sea permitido aparecer, se convierte en el medio más eficaz para limitar el poder del estado”. Una conclusión que no debemos perder de vista, por ello apelo a la coherencia en esta defensa acérrima de la libertad de expresión, que inundará lo medios esta semana, ya que por un lado denunciamos y rechazamos el abuso contra la libertad de expresión pero por otro lado consentimos un sistema que le da poder absoluto al estado de vulnerarla en cualquier momento.

Urge cuestionar la visión de un estado propietario de todo -realidad que hoy parece irrefutable- y que aún a contracorriente propongamos la propiedad privada del espectro electromagnético; porque el futuro de la libertad está amenazado allí donde no existen, ni se garantizan derechos de propiedad.



18 Años de la masacre de Tiananmen






Ya han pasado 18 años desde las trágicas muertes de manifestantes pro-democracia en la plaza de Tiananmen en Junio de 1989 y 25 años desde que Deng Xiaoping se embarcó en las reformas económicas. Actualmente China es una de las economías más abiertas del mundo, con exportaciones más importaciones llegan a ser cerca de un 62 por ciento del PIB. Sin embargo, poco se ha hecho para limitar el poder que tiene el Partido Comunista Chino (CPP, según sus siglas en inglés) sobre los derechos humanos fundamentales.






Las libertades de expresión y asamblea son garantizadas en la Constitución china pero carecen de soporte en la ley. El CPP sigue usando su posición monopólica para enriquecer a los suyos a expensas del público. Los peces pequeños pueden ser agarrados pero es raro que los altos oficiales del partido sean destituidos o penalizados por comportamientos corruptos. Los líderes locales imponen impuestos arbitrarios a los agricultores; confiscan tierras sin compensación justa y los desarrolladores de bienes raíces en áreas urbanas usan sus conexiones dentro del Partido para despojar de sus propiedades a los viejos dueños que tienen pocos recursos para emprender acciones legales.

De esta manera, mientras que China ha puesto en regla sus relaciones comerciales, su progreso para poner en regla las libertades personales es deprimente. Ese fracaso impedirá que China desarrolle todo su potencial porque, a menos que las personas sean libres para perseguir sus sueños y ejercer sus derechos naturales a la libertad y propiedad, no pueden desarrollarse plenamente.

Las enmiendas recientes a la Constitución de la PRC (República Popular China, según sus siglas en inglés), que fue aprobada por el Congreso Nacional Popular (NPC, según sus siglas en inglés) en marzo de este año, suena bien pero carece de un mecanismo creíble de enforzar la ley. No existe un sistema judicial independiente ni una comisión constitucional que protege tanto a las personas como a la propiedad.

El Artículo 13 establece que “La propiedad privada legítima no puede ser violada”, y el Artículo 33 que “El Estado respeta y salvaguarda los derechos humanos”. Esas dos enmiendas indican la importancia creciente del sector privado para el futuro desarrollo de China. Como afirmó Wang Zhaoguo, vicepresidente del comité permanente del NPC: “Con desarrollo económico y una mejora en los niveles de vida, muchas personas tienen diversos niveles de propiedad privada o de factores de producción. Por lo tanto encuentran una necesidad fuerte y urgente para que sus propiedades sean protegidas”.

Infortunadamente, no es probable que el CCP socave su poder respetando los derechos de propiedad. La pura esencia del Partido Comunista es la de negarle a otros los derechos que exige para sí mismo y sólo la propiedad estatal se considera “sagrada”. La realidad es que la inequidad de poder, no de derechos, es la marca del CCP. En la “República Popular” algunas personas son más iguales que otras. Aquellos que se sientan en el Comité Permanente del Politburó son más iguales que los oficiales locales y los miembros del CCP son más iguales que los ciudadanos corrientes.

La relación entre el individuo y el estado es todo lo contrario. Como anota el reformador constitucional Cao Siyuan, los ciudadanos deberían ser los amos y el estado el siervo, pero es justamente lo opuesto. Aquellos que traten de volver el sistema político chino hacia la forma correcta serán tratados con dureza, como fueron tratados los valientes líderes del movimiento democrático y el ex Secretario General del Partido Comunista, Zhao Ziyang, quien continúa bajo arresto domiciliario simplemente por sugerir el diálogo en lugar de la fuerza para resolver el impase en la Plaza de Tiananmen.

Antes de 1989, China estaba comenzando a liberalizar su sistema tanto económico como político. Hoy, no puede regresarse a la planeación central, pero el legado de esa era es un aparato político que es inconsistente con los derechos a la propiedad privada y de libertad individual. Según Li Shuguang, un profesor de la Universidad de Política y Leyes de China, el código civil en ese país refleja la pérdida de libertad que trajo la economía planificada.

Sin duda la liberalización económica ha abierto grietas en el edificio estatal. Los individuos tienen más espacio personal que el que tenían antes del crecimiento del sector no estatal y existe una naciente sociedad civil que se está desarrollando por fuera de la sociedad política. La política ya no domina la vida cotidiana como lo hacía durante la Revolución Cultural.

Ahora las empresas estatales contribuyen tan sólo con un 20 por ciento de la producción industrial y emplean mucho menos trabajadores que incluso hace una década. Los individuos pueden poseer casas, viajar al exterior, usar la Internet, trabajar en el sector privado y hablar más libremente. Pero todas esas libertades están restringidas: el estado sigue controlando los medios de comunicación, limitando las opciones de inversión y prohibiendo la privatización masiva de sus activos.

La adherencia de Beijing al socialismo de mercado es entendible dados los ingresos que pueden saquear los oficiales del partido, esto debido a que continúan controlando los gastos de inversión y distribuyendo fondos por medio de la política en lugar de tasas de interés de mercado. Permitir la libertad del capital y la privatización masiva despolitizaría la vida económica y acabaría con el monopolio de poder del partido.

Puede ser que China no tenga más opción que abrir su mercado de capitales y permitir la libertad de prensa si quiere convertirse en un jugador estelar en los mercados financieros globales. Las fuerzas de la globalización y la revolución de la información pueden ser el camino de China hacia la libertad. La continua contracción del sector estatal eventualmente hará obsoleto al CCP. La reforma política entonces se hará desde abajo, como la reforma económica. El estado podría entonces desempeñar su rol legítimo de protección a los derechos humanos fundamentales y reconocer la propiedad privada como base de la libertad. Esa es la visión que todo liberal chino desea y que cada ciudadano chino merece.




EL ALEGATO DE HOWARD ROARK

Miles de años atrás, un gran hombre descubrió cómo hacer fuego. Probablemente fue quemado en la misma estaca que había enseñado a encender a sus hermanos. Seguramente se le considero un maldito que había pactado con el demonio. Pero, desde entonces, los hombres tuvieron fuego para calentarse, para cocinar, para iluminar sus cuevas. Les dejó un legado inconcebible para ellos y alejó la oscuridad de la Tierra. Siglos más tarde un gran hombre inventó la rueda. Probablemente fue atormentado en el mismo aparato que había enseñado a construir a sus hermanos. Seguramente se le consideró un trasgresor que se había aventurado por territorios prohibidos. Pero desde entonces los hombres pudieron viajar más allá de cualquier horizonte. Les dejó un legado inconcebible para ellos y abrió los caminos del mundo.
Ese gran hombre, el rebelde, está en el primer capítulo de cada leyenda que la humanidad ha registrado desde sus comienzos. Prometeo fue encadenado a una roca y allí devorado por los buitres, porqué robó el fuego a los dioses. Adán fue condenado al sufrimiento porque comió del fruto del árbol del conocimiento. Cualquiera sea la leyenda, en alguna parte en las sombras de su memoria, la humanidad sabe que su gloria comenzó con un gran hombre y que ese héroe pagó por su valentía.
A lo largo de los siglos ha habido hombres que han dado pasos en caminos nuevos sin más armas que su propia visión. Sus fines diferían, pero todos ellos tenían esto en común: su paso fue el primero, su camino fue nuevo, su visión fue trascendente y la respuesta recibida fue el odio. Los grandes creadores, pensadores, artistas, científicos, inventores, enfrentaron solos a los hombres de su época. Todo nuevo pensamiento fue rechazado. Toda nueva invención fue rechazada. Toda gran invención fue condenada. El primer motor fue considerado absurdo. El avión imposible. El telar mecánico, un mal. A la anestesia se la juzgó pecaminosa. Sin embargo, los visionarios siguieron adelante. Lucharon, sufrieron y pagaron por su grandeza. Pero vencieron.
Ningún creador estuvo impulsado por el deseo de servir a sus hermanos, porque sus hermanos rechazaron siempre el regalo que les ofrecía, ya que ese regalo destruía la rutina perezosa de sus vidas. Su único móvil fue su verdad. Su propia verdad y su propio trabajo para concretarla a su manera: una sinfonía, un libro, una máquina, una filosofía, un aeroplano o un edificio; eso era su meta y su vida. No aquellos que escuchaban, leían, trabajaban, creían, volaban o habitaban lo que él realizaba. La creación, no sus usuarios. La creación, no los beneficios que otros recibían de ella. La creación que daba forma a su verdad. Él sostuvo su verdad por encima de todo y contra todos.
Su visión, su fuerza, su valor, provenían de su espíritu. El espíritu de un hombre es, sin embargo, su ego, esa entidad que constituye su conciencia. Pensar, sentir, juzgar, obrar son funciones del ego.
Los creadores no son altruistas. Ese es todo el secreto de su poder. Son autosuficientes, auto inspirados, auto generados. Una causa primigenia, una fuente de energía, una fuerza vital, un primer motor original. El creador no atiende a nada ni a nadie. Vive para sí mismo.
Y solamente viviendo para sí mismo, el creador ha sido capaz de realizar esas cosas que son la gloria de la humanidad. Tal es la naturaleza de la creación.
El hombre no puede sobrevivir, salvo mediante su propia mente. Llega desarmado a la Tierra. Su cerebro es su única arma. Los animales obtienen el alimento por la fuerza. El hombre no tiene garras, ni colmillos, ni cuernos, ni gran fuerza muscular. Debe cultivar su alimento o cazarlo. Para cultivar, necesita un proceso de su pensamiento. Para cazar, necesita armas y para hacer armas necesita de un proceso de pensamiento. Desde la necesidad más simple hasta la más alta abstracción religiosa, desde la rueda hasta el rascacielos, todo lo que somos y todo lo que tenemos procede de un solo atributo del hombre: la función de su mente razonadora.
Pero la mente es una propiedad individual. No existe tal cosa como un cerebro colectivo. No hay tal cosa como un pensamiento colectivo. Un acuerdo realizado por un grupo de hombres es sólo una negociación de principios o un promedio de muchos pensamientos individuales. Es una consecuencia secundaria. El acto primordial, el proceso de la razón, debe ser realizado por cada persona. Podemos dividir una comida entre muchos, pero no podemos digerirla con un estómago colectivo. Nadie puede usar sus pulmones para respirar por otro. Nadie puede usar su cerebro para pensar por otro. Todas las funciones del cuerpo y del espíritu son personales. No pueden ser compartidas ni transferidas.
Heredamos los productos del pensamiento de otros. Heredamos la rueda. Hicimos un carro. El carro se transformó en automóvil. El automóvil ha llegado a ser un avión.
Pero a lo largo del proceso, aquello que recibimos de los demás es el producto final de su pensamiento. La fuerza que lo impulsa es la facultad creativa que toma ese producto como un material, lo usa y origina el siguiente paso. Esta facultad creativa no puede ser dada ni recibida, compartida, ni concedida en préstamo. Pertenece a un ser único y singular. Aquello que se crea es propiedad de su creador. Las personas aprenden una de otra, pero todo aprendizaje es solamente un intercambio de material. Nadie puede darle a otro la capacidad de pensar. Sin embargo, esa capacidad es nuestro único medio de supervivencia.
Nada nos es dado en la Tierra. Todo lo que necesitamos debe ser producido. Y aquí el ser humano afronta su alternativa básica, la de que puede sobrevivir en sólo una de dos formas: por el trabajo autónomo de su propia mente, o como un parásito alimentado por las mentes de los demás. El creador es original. El parásito es dependiente. El creador enfrenta la naturaleza a solas. El parásito enfrenta la naturaleza a través de un intermediario.
El interés del creador es conquistar la naturaleza. El interés del parásito es conquistar a los hombres.
El creador vive para su trabajo. No necesita de otros hombres. Su fin esencial está en sí mismo. El parásito vive de otros. Necesita de los demás. Los demás se convierten en su motivo principal


La necesidad básica del creador es la independencia. La mente que razona no puede trabajar bajo ninguna forma de coerción. No puede ser sometida, sacrificada o subordinada a ninguna consideración, cualquiera sea esta. Exige una independencia total en su función y en su móvil. Para un creador todas las relaciones con los hombres son secundarias.
La necesidad básica del parásito es asegurar sus vínculos con los hombres para que lo alimenten. Coloca las relaciones en primer lugar. Declara que el hombre existe para servir a los demás. Predica el altruismo.
El altruismo es la doctrina que exige que el hombre viva para los demás y coloque a los otros sobre sí mismo.
Pero nadie puede vivir para otro. No puede compartir su espíritu, como no puede compartir su cuerpo. El parásito se vale del altruismo como arma de explotación e invierte los principios morales del género humano. Les enseña a los hombres preceptos para destruir al creativo. Les enseña que la dependencia es una virtud.
Quien intenta vivir para los demás es un dependiente. Es un parásito en su motivación y hace parásitos a quienes sirve. La relación no produce más que una mutua corrupción. Es imposible conceptualmente. Lo que más se aproxima a ello en la realidad –el hombre que vive para servir a otros- es el esclavo. Si la esclavitud física es repulsiva, ¿cuánto más repulsivo es el servilismo del espíritu? El esclavo conquistado tiene un vestigio de honor, tiene el mérito de haber resistido y de considerar que su condición es mala. Pero aquel que se esclaviza voluntariamente, en nombre del amor, es la más baja de las criaturas. Degrada la dignidad humana y degrada el concepto de amor. Esta es la esencia del altruismo.
A los hombres se les ha enseñado que la virtud más alta no es crear, sino dar. Sin embargo, no se puede dar lo que no ha sido creado. La creación es anterior a la distribución, pues, de lo contrario, no habría nada que distribuir. La necesidad de un creador es previa a la de un beneficiario. No obstante, se nos ha enseñado a admirar al parásito que distribuye como regalos lo que no ha producido. Elogiamos un acto de caridad. Nos encogemos de hombros ante un acto de realización.
Se nos ha enseñado que la primera preocupación debe consistir en aliviar el sufrimiento de los demás. Pero el sufrimiento es una enfermedad. Si uno se la encuentra, intenta dar consuelo y asistencia. Hacer de eso el más alto testimonio de virtud es considerar al sufrimiento como lo más importante de la vida. Entonces el hombre debe desear ver sufrir a los demás para poder ser virtuoso. Tal es la naturaleza del altruismo. El creador no tiene interés en la enfermedad, sino en la vida. Sin embargo, la obra de los creadores ha eliminado una enfermedad tras otra, en el cuerpo y en el espíritu humanos, y ha producido más alivio para el sufrimiento que lo que cualquier altruista pueda jamás concebir.
Se nos ha enseñado que es una virtud estar de acuerdo con los otros. Mas el creador es alguien que disiente. Se nos ha enseñado que es una virtud nadar con la corriente. Pero el creador nada contra la corriente. Se nos ha enseñado que estar juntos constituye una virtud. Pero el creador está solo.
Se nos ha enseñado que el ego es sinónimo de mal y el altruismo el ideal de la virtud. Pero mientras el creador es egoísta e inteligente, el altruista es un imbécil que no piensa, no siente, no juzga, no actúa. Esas son funciones del ego.
En esto la reversión de los valores básicos es más mortífera. Toda virtud ha sido pervertida y al hombre no se le ha dejado libertad alguna. Como polos del bien y del mal, se le ofrecieron dos concepciones: altruismo y egoísmo. El altruismo se define como el sacrificio del yo por los otros. El egoísmo, como el sacrificio de los otros por el yo..... Esto ató al hombre irrevocablemente a otros hombres y no le dejó más que una elección de dolor: su propio dolor en aras del bien de los demás, o el dolor de los demás en aras de su propio bien. Cuando se agregó la monstruosa idea de que el hombre debe encontrar felicidad en el sacrificio, la trampa quedó sellada. El hombre se vio forzado a aceptar el masoquismo como su ideal, con el sadismo como alternativa. Este es el fraude más terrible que se ha perpetrado en contra de la humanidad.
Este es el sacrificio por el cual la dependencia y el sufrimiento se perpetuaron como los fundamentos de la vida.
No se trata de elegir entre el auto sacrificio y dominación, sino entre independencia y dependencia. El código del creador o el código del parásito. Esta es la cuestión básica, cuestión que descansa sobre la opción de la vida o la muerte. El código del creador está construido sobre las necesidades de la mente que razona y que permite al hombre sobrevivir. El código del parásito está construido sobre las necesidades de una mente incapaz de sobrevivir. Todo lo que procede del ego independiente es bueno. Todo lo que procede del parásito dependiente es malo.
El verdadero egoísta no es quien sacrifica a los demás. Es el que no tiene necesidad de usar a los demás de ninguna forma. No obra por medio de ellos. No está interesado en ellos en ningún aspecto fundamental. Ni en su objeto, ni es su móvil, ni en su pensamiento, ni en su deseo, ni en la fuente de su energía. El verdadero egoísta no vive para ninguna otra persona y no le pide a nadie que viva para él. Esta es la única forma de fraternidad y de respeto mutuo posible entre los seres humanos.
Los grados de capacidad varían, pero el principio básico es siempre el mismo: la medida de la independencia de alguien, su iniciativa y su amor por su trabajo determinan su talento y su valor. La independencia es la regla para evaluar la virtud y el valor humano. Lo que vale es lo que el hombre es y hace de sí mismo, no lo que haya o no haya hecho por los demás. No hay sustitutos para la dignidad personal. No hay más parámetro de la dignidad personal que la independencia.
En las relaciones adecuadas no hay sacrificio de nadie hacia nadie. Un arquitecto necesita clientes, pero no subordina su obra a los deseos de ellos. Ellos lo necesitan, pero no le encargan una casa sólo para darle trabajo. Las personas comercian por libre y mutuo consentimiento, y en beneficio mutuo, cuando sus intereses coinciden y ambos desean el intercambio. Si alguno no lo desea, no está obligado a tratar con el otro, entonces ambos siguen buscando. Esta es la única forma posible de relación entre iguales. Cualquier otra es una relación de esclavo y amo, de víctima y verdugo.
Ningún trabajo se hace colectivamente por la decisión de una mayoría. Todo trabajo creativo se realiza bajo la guía de un único pensamiento individual. Un arquitecto necesita muchos hombres para levantar un edificio, pero no les pide que sometan a votación su diseño. Trabajan juntos por libre acuerdo y cada uno es libre en su función respectiva. Un arquitecto emplea acero, cristal y cemento que otros han producido. Pero esos materiales siguen siendo sólo acero, cristal y cemento hasta que él los utiliza. Lo que él hace con ellos es su producto y su propiedad como individuo. Esta es la única forma de cooperación entre los hombres.
El primer derecho en la Tierra es el derecho al ego. El primer deber del hombre es para consigo mismo. Su ley moral consiste en nunca hacer de los demás su objetivo principal. Su obligación moral es hacer lo que él desee, siempre que su deseo no dependa primordialmente de los demás. Esto incluye las acciones del creador, el pensador y el verdadero trabajador. Pero no incluye las del gángster, el altruista y el dictador.
Una persona piensa y trabaja sola. Pero no puede robar, explotar ni gobernar sola. El robo, la explotación y el gobierno presuponen la existencia de víctimas. Implican dependencia.
Corresponden a la jurisdicción del parásito.
Los que gobiernan no son egoístas. No crean nada. Existen, enteramente, a través de los demás. Su fin está en sus súbditos, en la actividad de esclavizar. Son tan dependientes como el mendigo, el trabajador social o el bandido. La forma de dependencia carece de importancia.
Pero se nos ha enseñado a considerar a los parásitos, tiranos, emperadores y dictadores, como los exponentes del egoísmo. Mediante este fraude fuimos obligados a destruir al ego, a nosotros mismos y a los demás. El propósito del fraude fue destruir a los creadores, o someterlos, que es lo mismo.
Desde el principio de la historia, los dos antagonistas han estado frente a frente: el creador y el parásito. Cuando el antiguo creador inventó la rueda, el antiguo parásito respondió inventando el altruismo.
El creador, negado, combatido, perseguido, explotado, continuó, siguió adelante y guió a toda la humanidad con su energía. El parásito no contribuyó en nada, más allá de los obstáculos. La contienda tiene otro nombre: lo individual contra lo colectivo.
El bien común de una colectividad, una raza, una clase, un Estado, ha sido la pretensión y la justificación de toda tiranía que se haya establecido sobre los hombres. Los mayores horrores de la historia han sido cometidos en nombre de móviles altruistas. ¿Acaso alguna vez algún acto de generosidad altruista ha igualado a todas las carnicerías perpetradas por los discípulos del altruismo? ¿El defecto reside en la hipocresía humana, o en la naturaleza del principio? Los carniceros más temibles han sido los más sinceros. Creían en la sociedad perfecta alcanzada mediante la guillotina y el pelotón de fusilamiento. Nadie cuestionó su derecho a asesinar, porque asesinaban con un propósito altruista. Se aceptó que el hombre debe ser sacrificado por otros hombres. Cambian los actores, pero el curso de la tragedia se mantiene idéntico: un humanitario que empieza con declaraciones de amor hacia la humanidad y termina con un mar de sangre. Continúa y continuará mientras los hombres crean que una acción es buena si no es egoísta. Eso permite que el altruista actúe y obliga a su víctima a soportarlo. Los líderes de los movimientos colectivistas no piden nada para sí mismos pero miren los resultados.
El único bien que los hombres pueden darse recíprocamente y la única declaración de su correcta relación es: ¡Déjenme en paz!

Titulo de la Obra: El Manantial
Título Original: The Fountainhead
Autor: Ayn Rand
Primer Edición: 1943
Obras de la autora: The Atlas Shrugged, conocida en español como “La rebelión de Atlas”; The virtue of Selfishness (La virtud del egoísmo), Capitalism:(The Unknown Ideal) (Capitalismo: el ideal desconocido), The Romantic Manifesto (Manifiesto Romántico), Introducción to Objetivist Epistemology, Philophy: Who need it (Introducción a la espistemiología del Objetivismo. Filosofía: quien necesita esto), For The Intellectual (Para el nuevo intelectual), The New Left: The Anti-Industrial Revolution (La Nueva Izquierda: La Revolución Anti-industrial; The Voice of Reason (La voz de la razón)

junio 06, 2007

¿Piensa Usted que el dinero es el origen de todos los males?




























¿Se ha preguntado cual es el origen del dinero? El dinero es solo un instrumento de intercambio que no puede existir a menos que existan bienes y personas capaces de producirlos. Es la forma material del principio según el cual quienes deseen tratar con otros deben hacerlo mediante transacciones, entregando valor por valor. No es un instrumento de los pordioseros, que exigen llorando el producto del trabajo ajeno, ni de los saqueadores que lo arrebatan por la fuerza; el dinero se hace sólo posible gracias a quienes producen. ¿Es eso lo considera malvado?


Cuando se acepta dinero en pago del esfuerzo propio, se hace con la condición de que luego uno lo podrá cambiar por el producto del esfuerzo ajeno. No son los pordioseros ni los saqueadores los que dan valor al dinero. Ni un océano de lágrimas, ni todos los cañones de la Tierra, podrán transformar los pedazos de papel que lleva en su billetera, en el pan que necesitará mañana para sobrevivir. Esos papeles, que en realidad deberían ser oro, son un pacto de honor; su tenencia da derecho a la energía de la gente que produce. Su billetera es la declaración de su convicción de que, en algún lugar del mundo, hay personas que no quebrantarán ese principio moral que es la raíz del dinero. ¿Eso es lo que considera malvado?


¿Alguna vez se ha preocupado por investigar las raíces de la producción? Observe un generador eléctrico y atrévase a pensar que ha sido creado por la fuerza bruta de seres carentes de inteligencia; intente cultivar una semilla de trigo sin los conocimientos transmitidos por quienes lo hicieron anteriormente; o trate de obtener alimento tan solo con movimientos físicos, y se dará cuenta de que la mente humana es la raíz de todos los bienes producidos y de toda la riqueza que alguna vez haya existido sobre la Tierra.


Sin embargo, hay personas que aseguran que el dinero lo consiguen los fuertes a expensas de los débiles. ¿Pero a qué fuerza se refiere? No es la fuerza de las armas ni de los músculos, ya que la riqueza es el producto de la capacidad del hombre para pensar. Entonces, ¿el dinero lo obtiene quien inventa un motor a expensas de quienes no lo inventaron? ¿Lo obtiene el inteligente a expensas del idiota? ¿El capaz a expensas del incompetente? ¿El ambicioso a expensas del holgazán? El dinero debe hacerse, antes de que pueda ser saqueado, y es hecho a través del esfuerzo de las personas honradas, en la medida de la capacidad de cada una; y el honrado es aquel que comprende que no puede consumir más de lo que ha producido.


Comerciar utilizando dinero es el código de los hombres de buenas intenciones, porque el dinero se basa en el axioma de que cada uno es dueño de su mente y de su esfuerzo. El dinero no otorga ningún poder para prescribir el valor de un esfuerzo, más allá de la elección voluntaria de quien desea ofrecer el suyo a cambio.


El dinero le permite obtener por sus bienes y su trabajo lo que vale para los que lo compran, pero no más que eso. El dinero sólo permite tratos que se hacen en beneficio mutuo, según el libre juicio de ambas partes.


El dinero exige el reconocimiento de que se debe trabajar en beneficio, y no en perjuicio, propio; para ganar, y no para perder. El dinero reconoce que el hombre no es una bestia de carga nacida para transportar el fardo de su propia miseria, que debe ofrecer valores y no agravios, que el lazo común entre los seres no es un intercambio de sufrimientos, sino de bienes. El dinero exige vender, pero no debilidad a cambio de estupidez, sino talento a cambio de razón; exige comprar, no lo peor sino lo mejor que pueda conseguir. Y cuando las personas viven basadas en el intercambio, poniendo como árbitro decisivo a la razón en lugar de la fuerza, lo que triunfa es el mejor producto, el trabajo más perfecto, el hombre de mejor juicio y mayor idoneidad. El grado de productividad de cada uno es también el de su recompensa. Éste es
el código de existencia, cuya herramienta y símbolo es el dinero. ¿Es esto lo que considera malvado?


El dinero es sólo un instrumento que lo llevará adonde quiera, pero no lo reemplazará como conductor; le dará los medios para la satisfacción de sus deseos, pero no le proveerá dichos deseos.



El dinero es el azote de quienes intentan revertir la ley de causalidad; de quienes buscan reemplazar la mente apoderándose de los productos de la mente.



El dinero no comprará la felicidad para quien no sepa qué desea; no le dará un código de valores a quien haya rehusado adoptarlo, ni proporcionará un propósito a quien haya eludido la elección.


El dinero no brindará inteligencia al estúpido, ni coraje al cobarde, ni respeto al incompetente. Quien intenta comprar el cerebro de sus superiores, reemplazando con su dinero su mayor capacidad de juicio, termina convirtiéndose en víctima de sus inferiores. Los hombres inteligentes lo abandonarán, pero los embaucadores y los farsantes irán en manadas hacia él, atraídos por una ley que él desconoce: la de que nadie puede ser menos que su dinero. ¿Es éste el motivo por el que considera malvado al dinero?


Sólo quien no la necesita está capacitado para heredar riqueza, o sea aquel que de todos modos haría su propia fortuna sin que importe su punto de partida. Si un heredero está a la altura de su dinero, el dinero le sirve; de lo contrario, lo destruye. Pero cuando usted y quienes comparten sus ideas observan a alguien así, dicen que el dinero lo ha corrompido. ¿Es verdad?¿O ha sido él quien ha corrompido al dinero? No envidie a un heredero inútil, pues su riqueza no es suya. No le habría ido mejor en caso de obtenerla. No tiene sentido considerar que esa riqueza debería haberse distribuido entre usted y los otros, pues cargar al mundo con cincuenta parásitos en vez de uno no reviviría la virtud muerta de esa fortuna. El dinero es un poder viviente que si es despojado de su raíz, muere; por eso no le servirá a una mente que no esté a su altura. ¿Es éste el motivo por el que se lo considera malvado?


El dinero es su medio de supervivencia. El veredicto que pronuncia sobre su fuente de supervivencia es el mismo que pronuncia sobre su vida. Si la fuente es corrupta, está condenando su propia existencia. ¿Ha conseguido el dinero por medio del fraude? ¿Siendo alcahuete de los vicios o de la estupidez humana? ¿Sirviendo a los imbéciles con la esperanza de conseguir más de lo que su capacidad merece? ¿Degradando sus ideales? ¿Realizando una tarea que desprecia para vendérselas a quienes aborrece? En tal caso, su dinero no le proporcionará ni un momento de auténtica felicidad, pues todo lo que compre no será un elogio hacia su persona, sino un reproche; no un triunfo, sino un constante recordatorio de la vergüenza. Entonces gritará que el dinero es malo. ¿Malo porque no sustituye al respeto que se debe a sí mismo? ¿Malo porque no deja disfrutar de su corrupción? ¿Es ésta la causa del odio hacia el dinero?


El dinero será un efecto del que las personas somos causa. Es producto de la virtud, pero no lo hará virtuoso ni lo redimirá de sus vicios. El dinero no le dará lo que no se merezca, ni material ni espiritualmente. ¿Es ésa la razón por la que se lo aborrece?


¿O acaso sostiene que el amor al dinero es el origen de todos los males? Amar una cosa es conocerla y respetar su naturaleza; por lo tanto, amar al dinero es conocer y respetar el hecho de que representa lo mejor de cada uno, que es la llave maestra para intercambiar su esfuerzo por el mejor esfuerzo de los demás. La persona que vendería su alma por unos centavos es la que proclama a gritos su odio hacia el dinero; y hay que reconocer que tiene motivos para odiarlo. Pero los amantes del dinero están dispuestos a trabajar por él, y saben que están en condiciones de merecerlo. Quien maldice el dinero, lo ha obtenido de manera deshonrosa, pero quien lo respeta, se lo ha ganado honestamente.


Huya de quien le diga que el dinero es malvado, pues esa frase es la señal que anuncia la presencia de un saqueador. En tanto los hombres vivamos en sociedad y necesitemos medios para tratar unos con otros, el único sustituto, en caso de abandonar el dinero, serían las armas.


El dinero exige las más elevadas virtudes para conseguirlo o conservarlo. Quienes carecen de valentía, de orgullo o de autoestima, los que no tienen sentido moral de su derecho al dinero y no están dispuestos a defenderlo como si se tratara de su propia vida, esos que parecen pedir perdón por ser ricos, no lo serán por mucho tiempo, pues son un cebo natural para las bandas de saqueadores, que desde hace siglos se agazapan bajo las rocas y salen en cuanto huelen a alguien que ruega ser perdonado por ser rico, y se apresuran a aliviarlo de su culpa, de su dinero y de su vida, tal como lo merece.


Entonces verán aparecer los hombres de doble moral: los que se basan en la fuerza, y sin embargo, dependen de quienes viven del comercio para darle valor a su dinero robado. Son los que quieren ser virtuosos gratuitamente, aquellos que en una sociedad moral son los criminales de quienes la ley debería proteger a los demás. Pero cuando una sociedad establece la existencia de criminales por derecho y de saqueadores legales, es decir de personas que utilizan la fuerza para apoderarse de la riqueza de víctimas desarmadas, entonces el dinero se convierte en vengador de su creador.


Esos ladrones se sienten seguros al robar a indefensos, luego de haber sancionado una ley para desarmarlos, pero su botín se convierte en un imán para otros saqueadores que también se lo arrebatan de la misma forma como ellos lo hicieron. Entonces el éxito irá, no la más competente en la producción, sino al capaz de la más despiadada brutalidad y crueldad. Cuando la fuerza se convierte en norma, el asesino vence al carterista, y la sociedad desaparece entre ruinas y cadáveres.


¿Quieren saber si ese día se acerca? Observe al dinero, pues es el barómetro de las virtudes de una sociedad. Cuando vea que el comercio se hace, no por consentimientos de las partes, sino por coerción; cuando adviertan que para producir, necesitan obtener autorización de quienes no producen nada; cuando comprueben que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciban que muchos se hacen ricos por el soborno y por las influencias más que por el trabajo, y que las leyes no los protegen contra ellos, sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra usted; cuando repare en que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en auto sacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada.


El dinero es un medio tan noble que no compite con las armas, ni pacta con la brutalidad. Nunca permitirá sobrevivir a un país basado parcialmente en la propiedad y parcialmente en el robo. Siempre que aparezcan elementos destructores entre los humanos, comienzan destruyendo al dinero, porque éste es la protección del hombre y la base de su existencia moral. Los destructores se apoderan del oro, y entregan a cambio un montón de papel impreso. De esta forma, destruyen todas las normas objetivas del valor y dejan al hombre en las garras de un juez arbitrario. El oro era un valor objetivo, un equivalente a riqueza producida. El papel es una hipoteca sobre riqueza que no existe, respaldada por un arma apuntada al pecho de quienes se espera ha de producirla.


El papel es un cheque librado por saqueadores legales sobre una cuenta ajena: sobre la virtud de las víctimas. Espere al día en que ese papel sea rechazado con la leyenda “sin fondos”.


Cuando se haya convertido a la maldad en medio de supervivencia, no espere que los hombres sigan siendo buenos, no espere que conserven la moral y pierdan la vida convertidos en forraje de los inmorales, no espere que produzcan cuando la producción sea castigada y el robo recompensado. Entonces, no deberá preguntar “¿Quien está destruyendo al mundo? Porque será usted mismo el que lo estará haciendo.


Se encuentra entre los mayores logros de la civilización más productiva y se pregunta porqué todo se derrumba, mientras maldice la fuente que le da la vida: el dinero. Ve al dinero como lo han hecho sus antepasados salvajes. En la historia de la humanidad, el dinero ha sido siempre botín de saqueadores, de un tipo o de otro, cuyos nombres fueron cambiando, pero cuyos métodos fueron siempre los mismos: apoderarse del dinero por la fuerza y mantener cautivos a los productores, degradándolos, difamándolos y despojándolos de su honor. Esa frase acerca de la maldad del dinero, que expresa con meticulosa imprudencia, viene de la época en que la riqueza era producida por el trabajo de los esclavos, esclavos que repetían los movimientos inventados con anterioridad por la mente de alguien y que siguieron ejecutándose sin mejora alguna durante siglos. Mientras la producción fue gobernada por la fuerza y la riqueza se consiguió por usurpación, había poco para conquistar. Sin embargo, a lo largo de los siglos de
miseria y de hambre, las personas exaltaron a los saqueadores como aristócratas de la espada, como aristócratas desde la cuna, y más tarde, como aristócratas de la burocracia, despreciando a los productores, como esclavos, comerciantes, vendedores o industriales.


Para gloria de la humanidad, existió por primera y única vez en la historia un país del dinero y no es posible dar un mayor tributo a los Estados Unidos de América, porque eso significa un país donde reinan la razón, la justicia, la libertad, la producción y el progreso. Por primera vez, la mente y el dinero de los hombres quedaron libres, dejó de existir la fortuna como botín de conquista y, en lugar de guerreros y esclavos, surgió el verdadero productor de riqueza, el gran trabajador convertido en el tipo más elevado de ser humano: el auto suficiente, el industrial estadounidense.


Si se pide que dé algún nombre a la distinción de la cual los estadounidenses pueden estar orgullosos, elegiría porque contiene a todas las demás, la de haber sido el pueblo que acuñó la expresión “ hacer dinero” Ninguna otra lengua o nación había utilizado semejante fórmula, porque los hombres siempre consideraron a la riqueza como una cantidad estática que sólo podía ser arrebatada, mendigada, heredada, distribuida, saqueada o obtenida como favor. Los estadounidenses fueron los primeros o mejor dichos los únicos que comprendieron que la riqueza debe ser creada. La frase hacer dinero contiene la esencia de la moralidad humana.


Sin embargo, debido a esas palabras, los estadounidenses fueron denunciados por las culturas podridas de estos continentes de ladrones. Ahora, el credo de los saqueadores los ha llevado a pensar que los más dignos industriales son motivo de vergüenza, que su prosperidad es motivo de culpa, que los industriales más eminentes son unos canallas, que sus magníficas fábricas producto de su trabajo honrado son el fruto del trabajo de esclavos movidos por el látigo, como los que construyeron las pirámides de Egipto. El depravado que se lamenta de no ver la diferencia en su propia piel como ocurrirá a la larga.


Hasta que descubra que el dinero es la raíz de todo lo bueno, seguirá encaminándose hacia su propia destrucción. Cuando el dinero deje de ser la herramienta mediante la cual los hombres se relacionan entre sí, los hombres mismos se convertirán en herramientas e otros hombres. Sangre, látigos, armas; o dólares. Debe elegir. No hay otra opción.

Autor:Ayn Rand
Libro: La Rebelión de Atlas


Libro editado en castellano por Editorial Grito Sagrado. www.gritosagrado.com.ar

junio 05, 2007

Yo soy. Yo pienso. Yo quiero.

Mis manos... mi espíritu... mi cielo... mi bosque... esta tierra mía... ¿Qué debo añadir? Estas son las palabras. Esta es la respuesta.

Estoy aquí de pie, en la cumbre de la montaña. Levanto mi cabeza y extiendo mis brazos. He aquí mi cuerpo y mi espíritu, he aquí el fin de la búsqueda. Deseaba conocer el sentido de las cosas. Yo soy el sentido. Deseaba encontrar un permiso para existir. No necesito permiso alguno para existir; ni que me den el visto bueno para vivir. Yo soy el permiso y el visto bueno.

Son mis ojos los que ven, y la mirada de mis ojos confiere belleza a la tierra. Son mis oídos los que oyen, y la audición de mis oídos da su canción al mundo. Es mi mente la que piensa, y el juicio de mi mente es la única linterna que puede hallar la verdad. Es mi voluntad la que elige, y la elección de mi voluntad es el único edicto que debo respetar.

He conocido muchas palabras, algunas resultaron sabias y otras resultaron falsas, pero sólo tres son sagradas: "¡lo deseo así!"

Cualquiera que sea el camino que yo tome, la estrella que me guía está en mi interior; la estrella que me guía y la brújula que señala el camino. Señalan en una única dirección. Señalan hacía mí.

No sé si esta tierra en la que estoy es el corazón del universo o si no es más que una mota de polvo perdida en la eternidad. Ni lo sé ni me importa. Pues sé qué felicidad puedo alcanzar en esta tierra. Y mi felicidad no requiere un propósito más elevado para ser vindicada. Mi felicidad no es el medio para fin alguno. Ella es el fin. Es su propio objetivo. Es su propia razón de ser.

Tampoco soy yo el medio para que otros lleguen a los fines que anhelan conseguir. No soy una herramienta para que me usen, ni un sirviente de sus necesidades, ni un vendaje para sus heridas, ni un cordero a sacrificar en sus altares.

Soy un hombre. Este milagro de mi ser está para que lo posea yo y lo vele yo, y lo guarde yo, y lo use yo, y sea yo quien se arrodille ante él.

No cedo mis tesoros ni los comparto. La fortuna de mi espíritu no está para ser convertida en monedas de cobre y ser esparcida al viento cual limosna para los pobre de espíritu. Yo guardo mis tesoros: mi pensamiento, mi voluntad, mi libertad. Y el mayor de ellos es la libertad.

Nada debo a mis hermanos, ni voy buscando que estén en deuda conmigo. A nadie le pido que viva por mí, ni me ofrezco para vivir por los demás. No anhelo el alma de ningún hombre, ni está mi alma para que la anhelen los demás.

No soy ni amigo ni enemigo de mis hermanos, sino tan sólo lo que cada uno de ellos se merezca. Y para ganarse mi amor, mis hermanos han de hacer más que haber nacido. No otorgo mi amor sin razón alguna, ni al primero que se cruce en mi camino y me lo pida. Honro a los hombres con mi amor. Pero el honor es algo que cada cual ha de ganarse.

Escogeré amigos entre los hombres, pero no esclavos ni amos. Y escogeré sólo a los que me satisfagan, y a ellos les amaré y respetaré, pero no les mandaré ni les obedeceré. Y uniremos nuestras manos cuando queramos, o andaremos solos cuando así nos parezca preferible. Pues en el templo de su espíritu, cada hombre está solo. Que cada hombre guarde su templo intacto e inmaculado. Y entonces, que una sus manos con otros si lo desea, pero sólo más allá de su sagrado umbral.

Pues la palabra "Nosotros" jamás debe pronunciarse, salvo por propia elección y como segundo pensamiento. Esta palabra jamás debe ocupar el primer lugar en el alma del hombre; que sino se convierte en un monstruo, la raíz de todos los males sobre la faz de la tierra, la raíz de la tortura del hombre por parte de los hombres, y de una mentira indecible.

La palabra "nosotros" es como cal que se vierte sobre los hombres, se va depositando y se endurece como una piedra aplastándolo todo bajo su peso. Y lo blanco y lo negro se pierden en su color grisáceo. Es la palabra con la que los depravados roban la virtud a los hombres rectos, con la que los débiles roban el poderío a los fuertes, con la que los necios roban el conocimiento a los sabios.

¿En qué se queda mi alegría si todas las manos, incluso las más inmundas, pueden manosearla? ¿En qué se queda mi sabiduría si hasta los necios pueden mandarme? ¿En qué se queda mi libertad, si todas las criaturas, incluso las más viles e impotentes, son mis amos? ¿En qué se queda mi vida, si he de inclinarme, aceptar y obedecer?

Pero ya no tolero más este credo de corrupción.

He acabado con el monstruo "Nosotros", la palabra de la servidumbre, el saqueo, la miseria, la falsedad y la infamia.

Y ahora veo el rostro del dios, y alzo este dios sobre la tierra, este dios que los hombres han buscado desde que existen, este dios que les dará la alegría, la paz y el orgullo.

Este dios, esta sola palabra: “Yo”.

Autor: Ayn Rand
Libro: Himno

junio 04, 2007

Nicolás Sarkozy Nuevo Presidente de Francia


Nicolás Sarkozy es el nuevo Presidente de la República en Francia. Tiene 52 años de edad, es hijo de inmigrantes húngaros, y ha sido varias veces ministro de carteras diferentes, -la última desempeñada por él ha sido la de Economía-, significa una ruptura de la política francesa. Sarkozy significa un giro a la derecha en Francia. Pronunció un discurso dias previos a la segunda ronda electoral, que aboga por la vuelta a los valores perdidos por el movimiento izquierdista de mayo de 1968, como el trabajo, la virtud, el honor, etc. También en su programa establece combatir al clientelismo político, la corrupción en las áreas gubernamentales, y el intervencionismo excesivo del Estado en la economía. En las próximas elecciones para diputados que se celebrarán el 10 y 17 de junio cómo queda conformada la Asamblea Nacional, donde se apoya el gobierno y luego las elecciones senatoriales en septiembre, si Francia gira hacia las políticas más liberales y con menos regulaciones y menor participación del Estado en la economía. Ha propuesto fijar un tope máximo a los impuestos.
Francia en un Estado con una tradición estatista intervencionista que puede remitirse a la revolución de 1789 e incluso antes durante la monarquía. Las propuestas de Sarkozy van más lejos que los de cualquier presidente anterior, veremos cuanta resistencia al cambio puede surgir cuando comiencen a debatirse las reformas que propuso en su campaña como reducir el poder de los sindicatos, terminar con privilegios de los burócratas que viven como parásitos del resto de la sociedad, o de erradicar los desvalores izquierdistas. A continuación el discurso:

«El pensamiento único, que es el pensamiento de quienes lo saben todo, de quienes se creen no sólo intelectualmente sino también moralmente por encima de los demás, ese pensamiento único había denegado a la política la capacidad para expresar una voluntad. Había condenado la política. Había profetizado su caída imparable frente a los mercados, las multinacionales, los sindicatos, Internet. Se sostenía que en el mundo tal cual es hoy, con sus informaciones que se difunden instantáneamente, sus capitales que se desplazan cada vez más rápido y sus fronteras ampliamente abiertas, la política ya no jugaría más que un papel anecdótico y que ya no podría expresar una voluntad, porque el poder pronto estaría compartido, diluido, disperso en red; porque las fronteras estarían totalmente abiertas y los hombres, los capitales y las mercancías circularían sin obedecer a nadie.
Pero la política retorna. Retorna por todas partes en el mundo. La caída del Muro de Berlín pareció anunciar el fin de la Historia y la disolución de la política en el mercado. Dieciocho años después, todo el mundo sabe que la Historia no ha terminado, que siempre es trágica y que la política no puede desaparecer porque los hombres de hoy sienten una necesidad de política, un deseo de política como rara vez se había visto desde el fin de la segunda guerra mundial.

Necesidad de nación

La necesidad de política tiene por corolario la necesidad de nación. La nación también había sido condenada. Pero aquí está de nuevo, para responder a la necesidad de identidad frente a la mundialización, vivida como una empresa de uniformización y mercantilización del mundo en la que ya no quedaría lugar para la cultura y para los valores del espíritu. Quizá la inquietud es excesiva, pero es bien real y expresa una necesidad de identidad muy fuerte. Por todas partes la he encontrado en esta campaña; en todas partes me han hablado de ella gentes de toda condición. Pero la nación no es sólo la identidad. Es también la capacidad de estar juntos para protegerse y para actuar. Es el sentimiento de que no se está solo para afrontar un futuro angustioso y un mundo amenazante. Es el sentimiento de que, juntos, se es más fuerte, y podremos hacer frente a lo que, solos, no podríamos afrontar.
Yo he querido volver a poner la voluntad política y Francia en el corazón del debate político. La voluntad política y la nación están siempre para lo mejor y para lo peor. El pueblo que se moviliza, que se convierte en una fuerza colectiva, es una potencia temible que puede actuar tanto para lo mejor como para lo peor. Hagamos las cosas de manera que sea para lo mejor.
Conjuraremos lo peor respetando a los franceses, manteniendo nuestros compromisos, respetando la palabra dada. Conjuraremos lo peor haciendo que la moral retorne a la política.


Contra los herederos de Mayo del 68

No me da miedo la palabra "moral". Desde mayo de 1968 no se podía hablar de moral. Era una palabra que había desaparecido del vocabulario político. Hoy, por primera vez en decenios, la moral ha estado en el corazón de la campaña presidencial. Mayo del 68 nos había impuesto el relativismo intelectual y moral. Los herederos del 68 habían impuesto la idea de que todo vale, de que no hay ninguna diferencia entre el bien y el mal, entre lo verdadero y lo falso, entre lo bello y lo feo. Habían querido hacernos creer que el alumno vale tanto como el maestro, que no hay que poner notas para no traumatizar a los malos alumnos, que no había diferencias de valor y de mérito. Habían querido hacernos creer que la víctima cuenta menos que el delincuente, y que no puede existir ninguna jerarquía de valores. Habían proclamado que todo está permitido, que la autoridad había terminado, que las buenas maneras habían terminado, que el respeto había terminado, que ya no había nada que fuera grande, nada que fuera sagrado, nada admirable, y tampoco ya ninguna regla, ninguna norma, nada que estuviera prohibido.

Recordad el eslogan de Mayo del 68 en las paredes de la Sorbona: "Vivir sin obligaciones y gozar sin trabas". Así la herencia de Mayo del 68 ha liquidado a la escuela de Jules Ferry en la izquierda francesa, que era una escuela de la excelencia, del mérito, del respeto, del civismo; una escuela que quería ayudar a los niños a convertirse en adultos y no a seguir siendo niños grandes, una escuela que quería instruir y no infantilizar, porque había sido construida por grandes republicanos que tenían la convicción de que el ignorante no es libre. Pero la herencia de Mayo del 68 ha liquidado esa escuela que transmitía una cultura común y una moral compartida, cultura y moral gracias a las que todos los franceses podían hablarse, comprenderse, vivir juntos. La herencia de Mayo del 68 ha introducido el cinismo en la sociedad y en la política. Han sido precisamente los valores de Mayo del 68 los que han promovido la deriva del capitalismo financiero, el culto del dinero-rey, del beneficio a corto plazo, de la especulación. El cuestionamiento de todas las referencias éticas y de todos los valores morales ha contribuido a debilitar la moral del capitalismo, ha preparado el terreno para el capitalismo sin escrúpulos y sin ética, para esas indemnizaciones millonarias de los grandes directivos, esos retiros blindados, esos abusos de ciertos empresarios, el triunfo del depredador sobre el emprendedor, del especulador sobre el trabajador.

La izquierda hipócrita

Los herederos de Mayo del 68 han degradado el nivel moral de la política.
Todos esos políticos que reivindican la herencia de Mayo del 68, dan al prójimo lecciones que jamás se aplican a sí mismos, quieren imponer a los demás comportamientos, reglas, sacrificios que jamás se imponen a sí mismos.
Proclaman: "Haced lo que yo digo, no hagáis lo que yo hago". Ésa es la izquierda heredera de Mayo del 68, la que está en la política, en los medios de comunicación, en la administración, en la economía. La izquierda que le ha tomado gusto al poder, a los Privilegios. La izquierda que no ama a la nación porque no quiere compartir nada. Que no ama a la República porque no ama la igualdad. Que pretende defender los servicios públicos, pero que jamás veréis en un transporte colectivo. Que ama tanto la escuela pública, que a sus hijos los lleva a colegios privados. Que dice adorar la periferia, pero que se cuida muy mucho de vivir en ella. Que siempre encuentra excusas para los violentos, a condición de que se queden en esos barrios a los que ella, la izquierda, no va jamás. Esa izquierda que hace grandes discursos sobre el interés general, pero que se encierra en el clientelismo y el corporativismo. Que firma peticiones y manifiestos cuando se expulsa a algún "okupa", pero que no aceptaría que se instalaran en su casa. Que dedica su tiempo a hacer moral para los demás, sin ser capaz de aplicársela a sí misma. Esa izquierda, en fin, que entre Jules Ferry y Mayo del 68 ha elegido Mayo del 68, es la que condena a Francia a un inmovilismo cuyas principales víctimas serán los trabajadores, los más modestos, los más pobres.
Ésa es la izquierda que desde Mayo del 68 ha renunciado al mérito y al esfuerzo, que ha dejado de hablar a los trabajadores, de sentirse concernida por la suerte de los trabajadores, de amar a los trabajadores; porque el valor trabajo ya no forma parte de sus valores, porque su ideología ya no es la de Jaurès o la de Blum, que respetaban a los trabajadores, sino que ahora la ideología de la izquierda es la del reparto obligatorio del trabajo, la de las 35 horas, la del asistencialismo. La crisis del trabajo es ante todo una crisis moral, y en ella la herencia de Mayo del 68 tiene una enorme responsabilidad. Yo quiero rehabilitar el trabajo, quiero devolver al trabajador el primer lugar en la sociedad.

Liquidar la herencia de Mayo del 68

La herencia de Mayo del 68 ha debilitado la autoridad del Estado. Esos herederos de los que en Mayo del 68 gritaban "CRS = SS", toman sistemáticamente partido por los violentos, los alborotadores y los estafadores contra la policía. Lo hemos visto tras los incidentes de la Estación del Norte. En lugar de condenar a los violentos y de apoyar a las fuerzas del orden y su difícil trabajo, no se les ha ocurrido nada mejor que esta frase, que merecería ser inscrita en los anales de la República: "Es inquietante constatar que se ha abierto una fosa entre la policía y la juventud". Como si los vándalos de la Estación del Norte representaran a toda la juventud francesa. Como si fuera la policía la que estaba actuando mal, y no los violentos. Como si los violentos hubieran destrozado todo y saqueado los comercios para expresar una revuelta contra una injusticia.
Como si el hecho de ser jóvenes lo excusara todo. Como si la sociedad fuera siempre culpable y el delincuente siempre inocente. Ésos son los herederos de Mayo del 68, que denigran la identidad nacional, que atizan el odio a la familia, a la sociedad, al Estado, a la nación, a la República.
En estas elecciones se trata de saber si la herencia de Mayo del 68 debe ser perpetuada o si puede ser liquidada de una vez por todas. Yo quiero pasar la página de Mayo del 68. Pero tiene que ser más que un gesto. No hay que contentarse con poner banderas en los balcones el 14 de julio y cantar la Marsellesa en vez de la Internacional en los mítines del Partido Socialista. No se puede decir que se desea el orden y tomar sistemáticamente partido contra la policía. No es posible seguir denunciando la "provocación" y el "Estado policial" cada vez que la policía intenta hacer respetar la ley. No se puede decir que uno apuesta por el valor del trabajo y, al mismo tiempo, generalizar las 35 horas, seguir cargándolo con impuestos y estimular la mentalidad del asistido, del que cobra del Estado para no trabajar. No se puede decir que se desea obstaculizar las deslocalizaciones y al mismo tiempo rechazar cualquier experimentación del IVA social, que permite financiar la protección social con las importaciones. No es posible proclamar grandes principios y negarse a inscribirlos en la realidad.

Yo propongo a los franceses romper realmente con el espíritu, con los comportamientos, con las ideas de Mayo del 68, con el cinismo de Mayo del 68. Propongo a los franceses devolver a la política la moral, la autoridad, el trabajo, la nación. Les propongo reconstruir un Estado que haga realmente su trabajo y que, en consecuencia, domine las feudalidades, los corporativismos y los intereses particulares. Les propongo rehacer una República una e indivisible contra todos los comunitarismos y todos los separatismos. Les propongo reedificar una nación que de nuevo esté orgullosa de sí misma.


Ciudadanía de deberes

Al poner sistemáticamente los derechos por encima de los deberes, los herederos de Mayo del 68 han debilitado la idea de ciudadanía. Al denigrar la ley, el Estado y la nación, los herederos de Mayo del 68 han favorecido el crecimiento del individualismo. Han incitado a cada cual a no pensar más que en sí mismo y a no sentirse concernido por los problemas del prójimo. Yo creo en la libertad individual, pero quiero compensar el individualismo con el civismo, con una ciudadanía hecha de derechos pero también de deberes.
Quiero derechos nuevos, derechos reales y no virtuales. Quiero un derecho real a un techo, al alojamiento. Un derecho real al cuidado de los hijos, a la escolarización de niños con minusvalías, a la dependencia para los mayores. Quiero el derecho a un contrato de formación para los jóvenes de más de 18 años, y a la formación a lo largo de toda la vida. Quiero el derecho a la caución pública para aquellos que no tienen padres, para los que no tienen relaciones, para los enfermos a los que no se les quiere prestar porque se considera que representan un riesgo demasiado elevado. Quiero el derecho a un contrato de transición profesional para los que están en paro.
Pero quiero que estos derechos estén equilibrados con los deberes. La ideología de Mayo del 68 habrá muerto cuando la sociedad se atreva a recordar a cada cual sus deberes, cuando en la política francesa se ose proclamar que, en la República, los deberes son la contrapartida de los derechos. Ese día al fin se habrá realizado la gran reforma moral e intelectual que Francia necesita una vez más. Entonces podremos reconstruir sobre cimientos renovados esa República fraternal que es el sueño siempre inacabado, nunca realizado de Francia desde el primer día en que tuvo conciencia de su existencia como nación. Porque Francia no es una raza, no es una etnia, ni sólo un territorio; Francia es un ideal incansablemente perseguido por un gran pueblo que, desde su primer día, cree en la fuerza de las ideas, en su capacidad para transformar el mundo y hacer la felicidad de la humanidad.

Quiero decírselo a los franceses: el pleno empleo, el crecimiento, el aumento del poder adquisitivo, la revalorización del trabajo, la moralización del capitalismo, todo eso es necesario y es posible. Pero eso no son más que medios que deben ser puestos al servicio de una cierta idea del hombre, de un ideal de sociedad donde cada cual pueda encontrar su lugar, donde la dignidad de todos y cada uno sea reconocida y respetada.»

Fuente: Fundación Atlas 1853