junio 24, 2007

Muere Hans F. Seenholz


Hans F. Sennholz: 3/2/1922–23/6/2007
Quien ha vivido bien sabe como morir bien. La muerte no le asusta. Es simplemente la última aventura de su vida. La muerte de Hans Sennholz el 23 de junio de 2007 concluye una vida llena de aventuras inerranables. Nació el 3 de febrero de 1922 en Alemania durante la hiperinflación y poco después de la Primera Guerra Mundial, sufrió la Gran Depresión y el auge del nacional socialismo alemán de Hitler. En la II Guerra Mundial, perdió a su madre en un bombardeo aliado en su ciudad natal y a su padre en un accidente minero. Su hermano, que sirvió en el ejército alemán, no regresó de Rusia. Él mismo fue reclutado forzosamente para la Luffwaffe y entrenado como piloto. Acometió numerosas misiones en Francia, Rusia y en Norte de África y fue condecorado por su valor.En una de sus misiones en Egipto, la artilleria neozelandesa lo abatió y lo apresó. Lo trasladaron a Sudáfrica, luego a Nueva Zelanda y finalmente a los EEUU, donde pasó el resto de la guerra en los campos de Nuevo México, Texas, Oklahoma, Kansas y Arkansas. Bajo el arresto americano, disfrutó del cuidado y el apoyo de diversos familiares estadounideses que habían emigrado durante los años 20. Su apoyo financiero le permitió estudiar por correspondencia en la Universidad de Texas, en Austin.Una vez fue liberado en 1946, Sennholz completó su educación en Alemania, obteniendo un Master por la Universidad de Marburgo en 1948 y el doctorado en la Universidad de Colonia en 1949. Después de su corta carrera como abogado en Colonia, volvió a los EEUU y continuó sus estudios en la Universidad de Nueva York, consiguiendo el doctorado en economía y en 1955 el codiciado premio del Día de los Fundadores.Sennholz empezó su carrera docente en la Universidad de Iona en New Rochelle, y continuó en la Universidad de Grove City. Durante 37 años de ensañanza ha dado clase a unos 10000 estudiantes. En la Universidad de Grove City incluso dirigió un graduado de la Universidad internacional de los Ángeles, que concedía masters y doctorados. En sus vacaciones daba numerosas conferencias a grandes audiencias volando de costa a costa.Hasta su jubilación a los 70, Sennholz asumió la presidencia de The Foundation for Economic Education en Irvington, Nueva York. En sólo cinco años, revivió la difunta organización mediante la economización y la productividad. Celebró el 50 aniversario de la Fundación con Margaret Thatcher como conferenciante especial. Se retiró de presidente emerito a los 75. Pero continuó como adjunto en el Ludwig von Mises Institute.Sennholz era un escritor prolífico en asuntos económicos, sociales y de pensaminto político. Su carrera como escritor comenzó en el Cologne Rundschau de Alemania. Continuó con ensayos y artículos de opinión en publicaciones a lo largo de todo el mundo anglófono. En más de 1000 textos, incluyendo 17 libros y panfletos, cubrió casi cualquier aspecto del pensamiento contemporáneo. Aun jubilado, continuó publicando en Internet para todo el mundo. Su página web contó con más de 12 millones de visitas internacionales.Sennholz ha recibido muchos galardones. Era ciudadano honorífico de Lubbock, Texas, y de Houston; coronel honorario de Nuevo México, doctor honorífico de la Universidad Francisco Marroquín en Guatemala, doctor honorífico en derecho por la Universidad de Culver-Stockton, Missouri; y doctor honorífico en derecho en la Universidad de Grove City. Recibió el Premio Gary Schlarbaum por la libertad y le fue dedicado un libro conmemorativo por 36 autores.Deja a su esposa Mary, de 52 años; un hijo y una nuera, Robert y Lyn; y dos nietos, Roland y Emil.


Por Juan Ramón Rallo Julián
http://www.liberalismo.org/bitacoras/1/4520/

El Subcomandante es un farsante



Bien es conocida la necesidad de la izquierda por construirse imágenes mesiánicas que justifiquen, escudándose en un barniz pseudointelectual, sus estúpidos proyectos totalizadores. Desde 1994, con el levantamiento zapatista en Chiapas, tenemos a otro de esos líderes chabacanos, con deseos de popularidad televisiva y de posteridad histórica. Hay que reconocer que, esta vez, a diferencia de intentonas anteriores, nos hemos topado con un tío graciosillo, un tanto grosero, pero simpático; esperpéntico, pero solemne; misterioso, pero conocidísimo; familiar, pero peligroso. Antes de enero del 94 podríamos haberlo encontrado en cualquier carnaval municipal, desfilando con su aspecto irrisible y ridículo. Porque, ni los más fieles epígonos del Subcomandante, podrán negar que esa combinación estilística del sombrero maoísta, más el uniforme guerrillero -amén de la bandolera- y la imitación de la pipa del Che, ungido, todo esto, con un negro pasamontañas que apenas permite entrever dos penetrantes ojos y una prominente nariz aguileña, no puede sino causar una rotunda hilaridad al observador. Sin embargo, es precisamente a partir de esa absurda imagen -perfectamente asumible por cualquier payaso de circo un tanto trasnochado- donde se empieza a fabricar el peligroso mito socialista; porque no hemos de olvidar que la izquierda es, ante todo, una multinacional que vende mentiras (en palabras de Fouret, "una masonería de dimensiones universales) y como tal, conoce que la publicidad es su mejor arma disuasoria. El paradigma de esta triste realidad lo encontramos, una vez más, en el ídolo y referente del Subcomandante, Ernesto Che Guevera (se dice que Marcos trató, incluso, de copiar su modo de respirar), la foto de quien ha sido, con diferencia, la más reproducida durante todo el siglo XX. Este retrato un tanto hortera cuelga en la habitación de todo joven que se precie de serlo, aunque en su mayoría desconozcan la obra y vida del Che. Con Marcos se ha tratado de hacer algo análogo; se sabe que este enigmático y atrayente personaje defiende los derechos de unos subyugados indios perdidos en alguna zona de Centro o Suramérica, pero nada más. A la simplicidad del pensamiento "progre" le basta eso, una caricaturesca imagen y una causa social poco definida, para erigir a este señor, de identidad desconocida (en realidad, no tanto), como el preboste de la lucha contra el neoliberalismo explotador. Él mismo, cuando fue inquirido sobre su personalidad contestó secamente: “Soy un mito genial”.Lo que no saben(o si lo saben no lo dicen) estos señores izquierdistas tan amigos de las libertades es que la lucha contra supuesta esclavización de los indios chiapanecos y la deforestación de la Selva Lacandona son tan sólo dos trampolines que ha utilizado de manera inteligente Marcos para llegar al estrellato de la intelectualidad. En el interesantísimo libro de Maite Rico y Bertrand de la Grange nos vamos introduciendo en la compleja sociedad mexicana, al momento que se nos explica el proceso de gestación y consolidación de Marcos como jefe del grupo terrorista zapatista. Nos hablan de la vida de Marcos, o mejor dicho, de Rafael Guillén, un joven, burgués y brillante profesor de filosofía, ducho en la oratoria, que tras pasar de manera fugaz por las aulas de la universidad, decide ayudar en el ensamblaje de viejas y desarticuladas milicias terroristas en la Selva Lacandona, dirigidas, en su momento, por el Comandante Germán, hasta formar finalmente el EZLN; del que, poco a poco, gracias a su verborrea y fotogenia, irá tomando el control.Se nos explica también que, en realidad, la banda terrorista, llamada ejército zapatista, no es tan cuantiosa como pretenden hacernos creer -unos cientos de hombres mal armados- y que su fuerza se fundamente básicamente en el poder fáctico de los medios de comunicación. Marcos es un genial actor, un cómico que sabe ganarse a la gente, a los periodistas ex marxistas y a los intelectuales estreñidos, que acuden en masiva peregrinación a los Cuarteles Centrales de los golpistas, como si de Santiago se tratara. Lo lamentable del asunto es que de haberlo deseado el ejército mexicano hubiera desahuciado ya a esta banda de golpistas, reconquistado los territorios arrebatados. Su capacidad para lograrlo se puso tan sólo una vez de manifiesto, cuando tras un berrinche, Zedillo mandó al ejército reocupar los territorios dominados, después de un chivatazo del Subcomandante Daniel -antigua mano derecha y compañero de la infancia de Marcos- gracias al cual, fue capaz de desvelar, al mismo tiempo, la identidad de toda la cúpula del EZLN. La eficacia fue máxima, proporcional a la presión internacional que la detuvo. No obstante, sobre todo, si algo queda claro a lo largo del libro es la pulsión totalitaria de Marcos. Bastaría con decir que es un cachorro adiestrado por Castro, pero, además, a ese contundente hecho hemos de añadir sus numerosísimas críticas y censuras a la prensa discrepante, y, por encima de cualquier otra consideración, la explotación de los chiapanecos, a quienes proclama urbi et orbi defender. Hablar de la reventa abusiva de armas (compradas en EEUU, el gran enemigo neoliberal) a los propios indios, con las más tarde lucharán y sacrificarán sus vidas en pro de la grandeza del Subcomandante, parece una obviedad presupuesta. La cuestión de fondo es que los chiapanecos han cambiado de una dictadura bastante cruel, como era la priísta, a una explotación tiránica en toda regla. Marcos, arrastrado por sus delirios de magnificencia, ha conducido las ya de por sí pobres tierras chiapanecas a unas improductivas políticas colectivistas que sólo han empeorado los rendimientos y la productividad, por lo que los indios se ven obligados a trabajar, bajo férrea disciplina y vigilancia, severas horas de más. Huelga comentar que esta situación, buscada desde un principio por el EZLN, difícilmente, pese a muchas coloridas marchas zapatistas que se efectúen, va a poder cambiar, si no es mediante la intervención militar. La voluntad de Marcos para ayudar a Chiapas es nula. Valga como incontestable ejemplo que el presidente Salinas, pocos días después del levantamiento del 1 de enero del 94, estaba de acuerdo en firmar todas y cada una de las exigencias de los zapatistas (exceptuando la que hacía referencia a su propia dimisión) Extrañamente, sin embargo, la Asamblea Extraordinaria que se convocó para decidir si se aceptaba el acuerdo, a pesar de estar en un inicio a favor, se opuso al final, más que nada, por la oposición frontal de Marcos.Las dos autoras, corresponsales en México de "El País" y "Le Monde", nos transcriben una contundente, reveladora y poco conocida imagen de Rafael Guillén, máximo responsable del fracasado golpe de Estado del 94 y de la actual situación pro belicista. El libro, empero, sólo abarca hasta el 98, por lo que no incluye el graciosísimo y frustrado episodio de la Marcha Zapatista y la derrota del PRI, con el consecuente advenimiento de Vicente Fox. Pero aún así, resulta de lectura obligada para entender la dinámica interna de la izquierda y el conflicto mexicano. Ya que, como se nos recuerda en la obra, "en Chiapas se están jugando muchos aspectos éticos y políticos de este milenio" Para ser sinceros, esperemos que no muchos


Por Juan Ramón Rallo Julián
Fuente: www.liberalismo.org.ar







junio 17, 2007

Por qué crecen los países.




José Ignacio García Hamilton presentó su nuevo libro "Por que crecen los países". A continuación el reporte publicado en el sitio web de la Fundación Atlas 1853. En el reporte explica cuales son los vicios de los sistemas políticos en Latinoamérica.


José Ignacio García Hamilton presentó Por qué crecen los países, libro en el que recoge reflexiones teóricas sobre el desarrollo de los modelos políticos imperantes en el continente. Militarismo, patrimonialismo y el auge de los gobiernos populistas preocupan al investigador.

La escena parecía sacada del ingenio de Cortázar. Como en “Casa tomada”, su célebre cuento, periodista y escritor se fueron mudando por diversas estancias del hotel Tamanaco. Primero del lobby, luego del interior del restaurante y finalmente de una mesa junto a la piscina. Sudorosos y enormes, dos empleados ataviados de traje oscuro, le comunicaron a la pareja que no se podían realizar entrevistas en los espacios del hotel sin el debido permiso: “O sea que ustedes me están diciendo que no puedo vivir en el hotel, pero no puedo hablar. No puedo recibir a la prensa acá. Es increíble, ni siquiera en la Alemania comunista me había pasado algo así, comentaba desolado el autor.
Invitado por el Cedice y la Cámara de Comercio, el historiador Ignacio García Hamilton visitó Venezuela para presentar Por qué crecen los países, libro recientemente publicado por la editorial suramericana.
En medio del estático tráfico caraqueño el escritor, finalmente, habla de ensayo: “Luego de estudiar casos como la Grecia clásica, la Roma Imperial, Inglaterra y los Estados Unidos, encontré que para que haya crecimiento a largo plazo es necesario que existan gobiernos limitados. Deben respetar la vida, los derechos y las propiedades de los habitantes, solamente así se crea un clima apto para el trabajo, el ahorro y la inversión.

Entonces, ¿por qué no crecen nuestros países?

Porque nosotros creemos que los países crecen con gobiernos fuertes como las dictaduras y con caudillos. En realidad, hubo dictaduras que tuvieron crecimientos económicos como el nazismo en Alemania que terminó en la catástrofe. Los soviéticos también tuvieron crecimiento, pero implosionaron porque la falta de libertad para que haya ciencia, tecnología y para que se renueve. Si no hay libertad el crecimiento se detiene porque alcanza un techo.


Vicios del patrimonialismo.

¿Cuál fue el criterio de la investigación histórica para el ensayo?

Estudié nuestros gobiernos rentísticos, como los de países con grandes recursos como Venezuela y Argentina. Al final ambos se “latinoamericanizaron” en el mal sentido, porque ahora tenemos gobiernos populistas. El populismo es la forma moderna del patrimonialismo que es la concentración del poder político, económico, militar y, a veces, hasta religiosa en las mismas manos.

¿Qué raíces históricas consiguió de esos vicios?

Durante la colonia los gobernantes, virreyes y capitanes generales van a tener un poder mayor al que tenía los monarcas en España. No tienen límites porque no había señores feudales ni cortes. Entonces todas las tierras, las riquezas del subsuelo y la mano de obra para explotar las tierras pertenecían al Estado

Pero todo esto cambia cuando Bolívar consigue la independencia, ¿no?

Bolívar fue un liberador porque rompió el vínculo colonial con España y después fue un dictador. Siempre propuso un sistema con presidente vitalicio desde la convención de Angostura, pero los convencionales no lo aceptaron. En la convención de Cúcuta, propone lo mismo y los convencionales no lo aceptan, luego se va a Bolivia y en Chuquisaca dejan que recate la constitución.

¿Se refiere a la leyenda negra del Libertador?

Claro hay muchas. Como cuando en Bolivia redacta por fin una constitución a su gusto con un presidente vitalicio, una cámara de senadores hereditarios integrada por los generales de la independencia y una cámara de diputados de elección popular que fue su proyecto de siempre. Es un sistema igual al inglés con la cámara de los Lores, la cámara de los Comunes y un rey, la diferencia es que existe un presidente vitalicio que, por supuesto, era él.

¿Ese episodio aparece en el Simón, su biografía del héroe venezolano?

Aparece con detalle, incluso cuando Santander se queja del procedimiento ilegal y Bolívar le responde desde Pasto: “No será legal pero es popular y por lo tanto propio de una república eminentemente democrática”. Esa frase es el acta de nacimiento del populismo militar latinoamericano.

Los “buenos” gobernantes.



¿En el ensayo habla del modelo militar?

No crecemos porque tenemos constituciones democráticas pero las creencias compartidas de la población, es decir, las ideas, los sentimientos, las valoraciones y los miedos de la sociedad van por otro lado. El principal modelo de esta cultura es el militar o libertador que muere pobre. Eso se enseña en las escuelas y en todos los ámbitos como un ejemplo, cuando en la realidad ni Bolívar ni el General San Martín, ni O’Higgins murieron pobres. En este siglo ni Trujillo, ni Stroessner, ni Pinocho, ni Perón murieron pobres. Ninguno de los militares que ejercieron el poder político lo hizo, ni Chávez morirá pobre tampoco.

¿Qué otro modelo analizó?

El del gaucho o llanero pobre que se hace violento. Es un personaje literario que lo representa Martín Fierro pero en toda Latinoamérica existe. Es un gaucho pacífico que el servicio militar lo lleva a ser violento y asesino. Por eso se va a las tenderías para vivir sin trabajar. Sin embargo, la educación patriótica lo constituye en modelo. Lo he visto en Venezuela cuando el presidente d ice que el que tiene hambre tiene derecho a robar o en Argentina cuando se dice queso hay necesidad hay un derecho. Siempre se está exaltando la ruptura de la ley y es muy difícil tener una sociedad republicana que crezca económicamente con esta cultura.

¿Habla de la victimización de nuestras sociedades?

Los líderes crean la idea de que hay una conspiración internacional en contra de nuestros países. Dicen que hay un difuso peligro externo, esa teoría distrae al pueblo y convierte fracasos, como la pobreza en méritos. A la mendicidad en un derecho y a la violencia en un recurso frente a la supuesta injusticia del sistema. Esto anonada la responsabilidad individual y como nación, es decir, nos volvemos pasivos.

¿Es muy crítico con los gobernantes actuales?

Por su puesto, allí hablo del gobernante bueno que regala lo ajeno. El gobernante recauda impuestos, la población paga y el presidente lo regala y queda bien. En la cultura protestante el que se hace rico crea una fundación y regala sus bienes, en cambio en Hispanoamérica yo regalo lo que es del pueblo. Esto transforma el trabajo en dádiva, instaura esa cultura que degrada al que la recibe y corrompe al que la da. Porque el que regala lo ajeno generalmente se queda con unos honorarios.

¿Qué opina del socialismo bolivariano?

Siempre creí que el bolivarianismo de Chávez huele a dictadura. La gran lección del siglo XX es que nadie debe diseñar sociedades o establecer modelos absolutos desde arriba por mecanismos de ingeniería cultural o política. Esto es una pretensión utópica que siempre termina en dictaduras.

A nivel internacional la no renovación de la licencia se ha visto como un franco ataque a la libertad de expresión, porque disminuye el número de voces. La democracia es la pluralidad de ellas y sólo la gente puede elegir la voz que quiere escuchar. Todo lo que tienda a reducir esas voces, a construir países monocromáticos, se ve negativamente. “Yo no lo entiendo como una defensa del canal RCTV, sino como una defensa del derecho que ellos tiene a elegir. Son ellos los que tienen que decidir no ver el canal o verlo, lo siento como una suerte de Primavera de Praga tropical. Los estudiantes no van a ejercitar el poder porque no son un partido político pero son una levadura, una fuerza viva en toda sociedad. Siempre son el sector más dinámico y más idealista.

http://www.atlas.org.ar/articulos/articulos.asp?Id=9217

La factura de la falacia ecológica


Por Manuel Llamas


El Gobierno español se ha aferrado con una fuerza inusitada a las falsas tesis ecologistas contra el calentamiento global. Un error cuya factura ya estamos pagando entre todos. Al suculento coste que, de forma directa, supondrá el Protocolo de Kioto para la economía española (cercano a los 7.400 millones hasta 2012), habrá que sumar toda la estructura impositiva que prevé poner en marcha el Ejecutivo sobre la base de la denominada "fiscalidad verde", así como una infinidad de elementos regulatorios e intervencionistas que impregnarán de tufillo medioambiental crecientes áreas del ámbito político, económico y social.

Así, según estimaciones realizadas por los propios constructores y promotores inmobiliarios, el cumplimiento del nuevo Código Técnico de Edificación impulsado por el Ministerio de Vivienda implicará un encarecimiento artificial de la obra cercano al 15%. Además, normas como la nueva Ley del Suelo o el Anteproyecto de Ley del Patrimonio Natural y la Biodiversidad anteponen la protección ambiental sobre la ordenación territorial y urbanística, limitando con ello, aún más, la oferta del sector inmobiliario y residencial.

Pero lejos de acabar aquí, la mancha verde se extiende. Los nuevos estatutos autonómicos incluyen diversos principios inspiradores para legitimar el desarrollo, en un futuro inmediato, de todo un elenco de medidas legislativas destinadas a la defensa de fines ecológicos: nuevos impuestos, licencias y autorizaciones medioambientales para la apertura de actividades empresariales, limitaciones al tráfico de vehículos, multas y sanciones para castigar el consumo excesivo de recursos como el agua o la electricidad, y un largo etcétera.

España, junto a la UE, se vanagloria de ser un referente mundial en la lucha contra el cambio climático y, mientras tanto, nuestras economías (es decir, nuestros bolsillos) han de soportar las consecuencias de este frenesí interventor, sin control, propio de la Política. La previsión de que la UE incluya el transporte aéreo, tanto continental como internacional, en el mercadeo de las emisiones de CO2 a partir de 2011, supondrá un coste aproximado de unos 4.000 millones de euros anuales. Un coste que, por supuesto, incorporarán los correspondientes billetes de avión.
Pero lo más grave, si cabe, es la imposición por decreto del uso de las energías renovables, mucho más caras e ineficientes que las fósiles. Así, en base al objetivo fijado por el Gobierno para 2010 (elevar al 5,83% el porcentaje obligatorio de biocombustibles), España está abocada a multiplicar por 55 el consumo de biodiésel y por 8 el de bioetanol en sólo tres años.

Aprovechando el boom de la burbuja ecológica, inflada gracias al poder político, los sectores interesados han acelerado su marcha para que la producción española de biocarburantes alcance el próximo año el 80% de la cuota de mercado (en 2006, se elevó al 28% del total), según las previsiones de la consultora DBK. De este modo, se prevé la puesta en marcha de unas 50 plantas de este producto en 2008 (en 2006, había 16).

Lo curioso es que la propia OCDE acaba de llamar la atención sobre un hecho relevante: sólo algunos biocarburantes, en particular, los obtenidos de la caña de azúcar en Brasil, ofrecen un balance claramente positivo en términos de emisiones contaminantes, por lo que sólo éstos deberían promoverse. De hecho, este organismo vislumbra "incertidumbres" en un mercado que, para llegar a sustituir al petróleo, tendría que dedicar a la producción tal cantidad de tierras que medio mundo acabaría, literalmente, muriéndose de hambre. Además, se trata de un sector altamente subvencionado, como no podía ser menos, pues nace al abrigo del poder político: un coste superior a los 15.000 millones de dólares anuales en sus 30 países miembros, según el informe de la OCDE. Parece que los agricultores europeos y norteamericanos han encontrado en el medioambiente su particular tabla de salvación para afrontar con éxito la pérdida paulatina de ayudas gubernamentales que exige la globalización.

Y qué decir del objetivo de la UE para que en 2020, nada más y nada menos que el 20% de la energía primaria que consumamos provenga de fuentes renovables, como la energía eólica o solar, igualmente costosa. En esto, los españoles, por desgracia, volvemos a ser pioneros y "ejemplo" mundial, tal y como publicita nuestro Gobierno. España, un país altamente dependiente en materia energética, destina ingentes sumas de recursos públicos al desarrollo de estas fuentes alternativas (unos 1.000 millones de euros anuales en I+D en el futuro inmediato) de carácter "incierto" y precio "muy elevado", tal y como advierten ahora numerosos expertos.
Nos deberíamos sentir orgullosos, ¿no creen? Por fin, España se sitúa a la cabeza de algo en el ámbito internacional. Una pena que el Apocalipsis del calentamiento global sea una falacia difundida por los ecologistas; triste que la reducción de emisiones de CO2 a la atmósfera no sirva para reducir la caótica temperatura del planeta; calamitoso que, para ello, tengamos que prescindir de nuestras comodidades al tiempo que las facturas de nuestra economía alcanzan cifras desorbitadas; penoso que los ciudadanos confíen en la inteligencia y el olfato de sus políticos para dirigir sus actos y moldear sus voluntades... Qué bonito hubiera sido todo si el sueño ecolojeta no se sustentara sobre pies de barro. No busquen más. El comunismo del siglo XXI ya está aquí, y se hace llamar Economía Sostenible....


Publicada el 13/06/07 en Libertad Digital






"><$BlogItemTitle$>




Izquierda vegetariana Vs Izquierda carnívora




Por Mario Vargas LLosa



Izquierda vegetariana' Vs. 'Izquierda carnívora', enfrentamiento que toma fuerza en América Latina




Así lo analiza el escritor peruano Mario Vargas Llosa en el prólogo de 'El regreso del idiota', de los escritores Carlos A. Montaner, Plinio Mendoza y Vargas Llosa hijo.
Hace diez años apareció el Manual del perfecto idiota latinoamericano en el que Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa arremetían con tanto humor como ferocidad contra los lugares comunes, el dogmatismo ideológico y la ceguera política que están detrás del atraso de América Latina. El libro, que golpeaba sin misericordia, pero con sólidos argumentos y pruebas al canto, la incapacidad casi genética de la derecha cerril y la izquierda boba para aceptar una evidencia histórica -que el verdadero progreso es inseparable de una alianza irrompible de dos libertades, la política y la economía, en otras palabras de democracia y mercado-, tuvo un éxito inesperado. Además de llegar a un vasto público, provocó saludables polémicas y las inevitables diatribas en un continente 'idiotizado' por la prédica ideológica tercermundista, en todas sus aberrantes variaciones, desde el nacionalismo, el estatismo y el populismo hasta, cómo no, el odio a Estados Unidos y al "neoliberalismo".
Una década después, los tres autores vuelven ahora a sacar las espadas y a cargar contra los ejércitos de "idiotas" que, quién lo duda, en estos últimos tiempos, de un confín al otro del continente latinoamericano, en vez de disminuir parecen reproducirse a la velocidad de los conejos y cucarachas, animales de fecundidad proverbial. El humor está siempre allí, así como la pugnacidad y la defensa a voz en cuello, sin el menor complejo de inferioridad, de esas ideas liberales que, en las circunstancias actuales, parecen particularmente impopulares en el continente de marras.
Pero ¿es realmente así? Las mejores páginas de El regreso del idiota están dedicadas a deslindar las fronteras entre lo que los autores del libro llaman la "izquierda vegetariana" con la que casi simpatizan y la "izquierda carnívora", a la que detestan. Representan a la primera los socialistas chilenos -Ricardo Lagos y Michelle Bachelet -, el brasileño Lula da Silva, el uruguayo Tabaré Vásquez, el peruano Alan García y hasta parecería -¡quién lo hubiera dicho!- el nicaragüense Ortega, que ahora se abraza con, y comulga con frecuencia de manos de su viejo archienemigo, el cardenal Obando. Esta izquierda ya dejó de ser socialista en la práctica y es, en estos momentos, la más firme defensora del capitalismo -mercados libres y empresas privada-, aunque sus líderes, en sus discursos, rindan todavía pleitesía a la vieja retórica y de la boca para fuera homenajeen a Fidel Castro y al comandante Chávez. Esta izquierda parece haber entendido que las viejas recetas del socialismo jurásico -dictadura política y economía estatizada- sólo podían seguir hundiendo a sus países en el atraso y la miseria. Y, felizmente, se han resignado a la democracia y al mercado.
La "izquierda carnívora" en cambio, que, hace algunos años, parecía una antigualla en vías de extinción que no sobreviviría al más longevo dictador de la historia de América Latina -Fidel Castro-, ha renacido de sus cenizas con el "idiota" estrella de este libro, el comandante Hugo Chávez, a quien, en su capítulo que no tiene desperdicio, los autores radiografían en su entorno privado y público con su desmesura y sus payasadas, su delirio mesiánico y su anacronismo, así como la astuta estrategia totalitaria que gobierna su política. Discípulo e instrumento suyo, el boliviano Evo Morales, representa, dentro de la "izquierda carnívora", la subespecie "indigenista", que, pretendiendo subvertir cinco siglos de racismo "blanco", predica un racismo quechua y aymara, idiotez que, aunque en países como Bolivia, Perú, Ecuador, Guatemala y México carezca por completo de solvencia conceptual, pues en todas esas sociedades el grueso de la población es ya mestiza y tanto los indios y blancos "puros" son minorías, entre los "idiotas" europeos y norteamericanos, siempre sensibles a cualquier estereotipo relacionado con América Latina, ha causado excitado furor. Aunque en la "izquierda carnívora" por ahora sólo figuran, de manera inequívoca, tres trogloditas -Castro, Chávez y Morales-, en El regreso del idiota se analiza con sutileza el caso del flamante presidente Correa, del Ecuador, grandilocuente tecnócrata, quien podría venir a engordar sus huestes. Los personajes inclasificables de esta nomenclatura son el presidente argentino Kirchner y su guapa esposa, la senadora Cristina Fernández (y acaso sucesora), maestros del camaleonismo político, pues pueden pasar de "vegetarianos" a "carnívoros" y viceversa en cuestión de días y a veces de horas, embrollando todos los esquemas racionales posibles (como ha hecho el peronismo a lo largo de su historia).
Una novedad en El regreso del idiota sobre el libro anterior es que ahora el fenómeno de la idiotez no lo auscultan los autores sólo en América Latina; también en Estados Unidos y en Europa, donde, como demuestran estas páginas con ejemplos que producen a veces carcajadas y a veces llanto, la idiotez ideológica tiene también robustas y epónimas encarnaciones. Los ejemplos están bien escogidos: encabeza el palmares el inefable Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, tribuna insuperable de toda la especie en el Viejo Continente y autor del más obsecuente y servil libro sobre Fidel Castro -¡y vaya que era difícil lograrlo!- ;y lo escolta Noam Chomsky, caso flagrante de esquizofrenia intelectual, que es inspirado y hasta genial cuando se confina en la lingüística transformacional y un "idiota" irredimible cuando desbarra sobre política. La Madre Patria está representada por el dramaturgo Alfonso Sastre y sus churriguerescas distinciones entre el terrorismo bueno y el terrorismo malo, y los Premios Nobel por Harold Pinter, autor de espesos dramas experimentales raramente comprensibles y sólo al alcance de públicos archiburgueses y exquisitos, y demagogo impresentable cuando vocifera contra la cultura democrática. En le capítulo final, El regreso del idiota propone una pequeña biblioteca para desidiotizarse y alcanzar la lucidez política. La selección es bastante heterogénea pues figuran en ella desde clásicos de pensamiento liberal, como Camino de servidumbre, de Hayek, La sociedad abierta y sus enemigos, de Popper, y La acción humana de von Mises, hasta novelas como El cero y el infinito, de Koestler, y los mamotretos narrativos de Ayn Rand El manantial y La rebelión de Atlas (...)
Nada que objetar a la presencia en esta lista de Gary Becker, Jean F. Revel, M. Friedman y (el único hispano hablante de la selección) Carlos Rangel, cuyo fantasma debe sufrir lo indecible con lo que está ocurriendo en su tierra, una Venezuela que ya no reconocería.
Pese a su buen humor, a su refrescante insolencia y a la buena cara que sus autores se empeñan en poner ante los malos vientos que corren por América Latina, es imposible no advertir en las páginas de este libro un hálito de desmoralización. No es para menos. Porque lo cierto es que a pesar de los casos exitosos de modernización que señala -el ya conocido de Chile y el promisorio de El Salvador sobre el que aporta datos muy interesantes, así como los triunfos electorales de Uribe en Colombia, de Alan García en el Perú y de Calderón en México que fueron claras derrotas para el "idiota" en cuestión-, lo cierto es que en buena parte de América Latina hay un claro retroceso de la democracia liberal y un retorno del populismo, incluso en su variante más cavernaria: la del estatismo y colectivismo comunistas. Ésa es la angustiosa conclusión que subyace en este libro afiebrado y batallador: en América Latina, al menos, hay una cierta forma de idiotez ideológica que parece irreductible. Se le puede ganar batallas pero no la guerra, porque, como la hidra mitológica, sus tentáculos se reproducen una y otra vez, inmunizada contra las enseñanzas y desmentidos de la historia, ciega, sorda e impenetrable a todo lo que no sea su propia tiniebla.

Fuente: El Tiempo







Calentamiento global, ecologismo y socialismo

Por Bjorn Lomborg

En el año 1998 saltaron todas las alarmas en el ecologismo mundial. Esta vez, no se trataba de las fingidas y apocalípticas exageraciones sobre las consecuencias que el calentamiento global causaría en el medio ambiente; ni tampoco de los supuestos trastornos que nos ocasionarían los cultivos transgénicos; ni siquiera de los peligros del DDT. Esta vez la alarma era real y gravísima. Era de tal magnitud que ponía en peligro todo “el sistema” que tantos años les había costado construir e incluso podría provocar, a largo plazo, la destrucción del Planeta Tierra. Todos los lobbies ecologistas del mundo unificaron criterios, como si de defenderse de una invasión extraterrestre se tratara, para atajar el problema antes de que pudiera empeorar. No tuvieron éxito y el “problema”, que surgió en Dinamarca y fue bautizado como “Verdens Sande Tilstand”, siguió extendiéndose. En el año 2001 ya se había convertido en un problema mundial denominado “The skeptical environmentalist”. Por suerte para nuestra galopante angustia hispana, en el año 2003 llegó a nuestro país y pudimos comprobar que lo que traía de cabeza al mundo ecologista, lo que llenó páginas y páginas de medios de comunicación y de revistas “científicas” era un libro titulado, ahora sí en español, “El ecologista escéptico”1. ¡Sí, un libro! Todo el problema era un libro escrito por un insignificante profesor de estadística de una universidad danesa llamado Bjorn Lomborg.¿Y qué tenía este libro para que pusiera en pie de guerra a todos los ecologistas del mundo, para que le causara a su autor tantas descalificaciones, tantos intentos de desprestigiarle en lo personal y en lo profesional e incluso hasta una agresión física?En primer lugar, este libro contradice los argumentos de los ecologistas. Es una refutación total de esa auténtica “religión” en la que se ha convertido el ecologismo en los países occidentales, cada vez más vacíos de los valores tradicionales que procedían de nuestra secular cultura cristiana y cada vez más invadidos por valores “progresistas” y “modernos” —como la multiculturalidad, el laicismo radical, el ecologismo y el relativismo—. Se trata de construir, una vez más, “hombres nuevos” mediante “valores nuevos” que por supuesto no hemos elegido sino que determinados grupos de interés, —los ingenieros de almas de siempre— se encargan de decidir por nosotros. Grupos que nos dicen lo que tenemos que pensar, cómo tenemos que actuar, lo que podemos hacer y lo que no, y que por lo tanto están configurando una nueva cosmovisión. Este totalitarismo de nuevo cuño demostró, con su actitud ante el libro de Lomborg, que será implacable con los disidentes, demostró al fin y al cabo que no nos deja libertad para elegir. El ecologismo, que poco tiene que ver con la ecología y mucho con la recaudación de billonarias cantidades de dinero público, es obligatorio.En segundo lugar, la dificultad que tienen los ecologistas para contrarrestar a Lomborg es muy simple, no pueden acusarle, como hacen habitualmente este tipo de grupos, de neoconservador o neoliberal porque sencillamente es cuña de su misma madera. Además, resulta extremadamente convincente y honesto al contarnos que su intención inicial era refutar los argumentos antiecologistas y “negacionistas” de los problemas medioambientales, que había leído en un artículo del gran economista liberal Julian Simon. Para lo que se dispuso, en trabajo conjunto con sus alumnos, a encontrar todos los datos estadísticos —era su especialidad— que demostraran la rotunda realidad del deterioro del planeta. La honradez intelectual del profesor se demuestra en que, lejos de dejarse llevar por sus creencias previas, asumió los datos que resultaron ser completamente contrarios a lo que esperaba encontrarse. Y fue con esos datos con los que planteó, humildemente, grandes dudas e interesantes contradicciones en el libro “maldito”. Datos que pusieron en un brete a los grupos ecologistas y sus ridículos argumentos de película de terror de serie B, como el de la desaparición de las playas por el deshielo de los polos y otros muchos.Ahora ya tenemos más claro lo que provocó la polémica, pero si leemos lo que decía en el año 1989 Stephen Schneider —uno de los más convencidos de la teoría del calentamiento global— en una de las revistas si no seudocientífica, al menos científica a tiempo parcial y poco honesta, lo tendremos todavía más claro: “Nosotros no somos sólo científicos sino seres humanos también. Y como a la mayoría de la gente nos gustaría que el mundo fuera un lugar mejor. Para hacerlo, necesitamos conseguir un apoyo sólido, para entusiasmar a la opinión pública. Eso, por supuesto, implica conseguir una gran cobertura en los medios de comunicación. Así que tenemos que ofrecer perspectivas de terror, hacer simplificaciones, afirmaciones dramáticas, y hacer poca mención de las dudas que podamos tener… Cada uno de nosotros tiene que decidir cual es el equilibrio correcto entre ser efectivo y ser honesto.” En una cosa nos engañó Schneider, nadie tenía que decidir su equilibrio personal porque ya lo habían decidido ellos por todos nosotros, una vez más el fin justificaba los medios, había que ser deshonesto para ser efectivo. Y el que no lo fuera sería quemado en la hoguera de esta nueva inquisición ideológica, que mediante la retórica abandera el diálogo y mediante los hechos demuestra que no acepta la discrepancia.Pero conozcamos un poco mejor a Bjorn Lomborg, según él mismo nos relata: Soy danés, de izquierdas, vegetariano, ex-miembro de Greenpeace; y creía en la letanía de nuestro medio ambiente en permanente deterioro. Ya saben, el catastrofista mensaje repetido por los medios de comunicación, como cuando la revista “Time” nos dice que “todo el mundo sabe que el planeta está muy mal”. Estamos dañando la Tierra, se nos dice. Nuestros recursos se están agotando. Nuestro aire y agua están más y más contaminados. Las especies del planeta están extinguiéndose, estamos lapidando la naturaleza, diezmando la biosfera.El problema es que esta letanía no parece estar respaldada por hechos. Cuando empecé a comprobarlo con los datos de fuentes solventes —la ONU, el Banco Mundial, la OCDE, etc.— emergió una imagen diferente. No estamos agotando la energía o los recursos naturales. Hay incluso más comida, y muere por hambre menos gente. En 1900, la esperanza media de vida era de 30 años; hoy es de 67. En los últimos cincuenta años hemos reducido la pobreza más que en los quinientos anteriores. La contaminación del aire en el mundo industrializado ha disminuido —en Londres el aire nunca ha estado más limpio desde la edad media—.Esta información tiene que llegar a una audiencia más amplia, porque afecta a nuestras prioridades básicas. Si somos presa de amenazas de poca importancia y gastamos una desproporcionada parte de nuestros recursos en ello, nos quedarán menos recursos para otros temas.En los años posteriores a la publicación del libro, Lomborg se ha centrado en el desarrollo de una idea que le atormentaba, el aprovechamiento de los recursos financieros. Para ello creó el Copenhagen Consensus Center, una institución cuyo reciente logro ha sido organizar una reunión en la ONU, con la presencia de representantes de treinta países, algunos tan importantes como el Reino Unido, Canadá, Alemania, Chile, Australia, China, India y EEUU, en la que el objetivo era establecer una prioridad en el uso de los escasos recursos disponibles para la lucha contra los desafíos globales actuales. El consenso fue que las enfermedades contagiosas, la sanidad, el agua, la malnutrición, el hambre y la educación, eran todas ellas más prioritarias que la lucha contra el cambio climático.Quede claro que Lomborg no es un liberal, pues aún estando en contra de la urgencia y la gravedad esgrimida por los ecologistas y con ellos por personajes tan relevantes como el Primer Ministro británico, asume ese inmenso gasto público y esa necesaria intervención de los gobiernos para solucionar los problemas alternativos y prioritarios que plantea. Pero sin embargo Lomborg ha sido el causante de abrir el debate, de que se puedan cuestionar las “verdades” ecologistas, de revolucionar el mundo medioambiental. Sus propuestas, que como digo no son liberales, no empañan la honradez intelectual de este danés. No es liberal pero cuando descubrió la verdad y la difundió, ésta le hizo libre.Sin embargo, en España todavía no somos libres. No lo somos porque aún no se ha abierto el debate público, porque no hay lugar para la crítica, porque se ha situado a los ecologistas en lo políticamente correcto, incluso en el ámbito de lo ético. El ecologismo —vean que no exagero— ya se promociona desde los libros de texto de educación secundaria en los que figura como proyecto ético: “En este campo temático hay que analizar el significado ético, jurídico y político de la democracia como espacio de la vida moral, que posibilite y enmarque la realización pública de proyectos éticos tales como el pacifismo, el ecologismo, el feminismo, etc.” A diferencia de los países anglosajones, en materia medioambiental en España sólo existe el mensaje único de la izquierda mientras la derecha acomplejada no se atreve ni siquiera a discrepar. De esta última hay que señalar la excepción de una pequeña parte liberal. Es por ello que en España tenemos grandes problemas para establecer diferencias entre las actitudes respetuosas con el medio ambiente de la gran mayoría de los ciudadanos y los ecologistas profesionales, ya sean políticos o militantes de esos grandes lobbies como Greenpeace, que tienen otros intereses bien distintos. La mayoría de personas de bien son “ecologistas”, se preocupan por la naturaleza, por la escasez del agua, por el exceso de contaminación, sin embargo esto no quiere decir que estén de acuerdo con las soluciones o coincidan con los planteamientos de los grupos ecologistas que bien poco tienen que ver con las preocupaciones de los ciudadanos, salvo en el nombre y en la apariencia.Curiosamente y a pesar de que la mayoría de los ciudadanos, ya sean de izquierdas o de derechas, simpatice con el ecologismo, éste está invadido totalmente por la izquierda. Tanto los partidos verdes como los grupos ecologistas están dominados por la izquierda, pero además por una izquierda bastante radical. Una vez más, hábilmente, la izquierda ha hecho propio un movimiento estimado por el público en general y lo ha orientando hacia su manera de ver la vida, el colectivismo, el intervencionismo, el socialismo al fin y al cabo. Los problemas medioambientales se solucionan según los ecologistas con más planificación (Kyoto) y con más dinero público (que por supuesto gestionan ellos), y siempre bajo el paraguas de esa, cuando menos discutible, organización donde todos los dictadores y truhanes del mundo tienen cabida, la ONU. Algunos creíamos que el socialismo real había terminado con la caída del muro de Berlín y con la posterior descomposición de la Unión Soviética, que sólo quedaban los restos del naufragio, para ejemplo de todos, en Cuba o en Corea del Norte, pero estábamos equivocados. El socialismo real estuvo una larga década sin recuperarse, sí, pero ha vuelto con fuerza utilizando banderas populistas como el ecologismo para dominarnos, para dirigirnos, para decirnos una vez más lo que tenemos que hacer, cómo tenemos que pensar, y todo ello, presuntamente, por nuestro bien o en este caso por el bien del planeta. Sólo les ha faltado un pequeño detalle demostrar científicamente sus conclusiones y convencernos de que con sus billonarias planificaciones no vamos a terminar de nuevo como ese “pueblo” en el nombre del que actuaban y al que prometían igualdad, justicia social… y al que sólo proporcionaron una total ausencia de libertad en medio de la miseria, hambrunas generalizadas y muerte.Aunque muchos no lo sepan, este ecologismo radical y pseudocientífico ha producido ya muchas muertes. Con la prohibición del DDT en el año 1972, tras las denuncias ecologistas de Raquel Carlson (nunca demostradas y refutadas en el año 2000 por la OMS), la malaria, que estaba controlada, volvió a propagarse y causó entre uno y dos millones de muertes al año en el Tercer Mundo. Las cifras son claras, entre treinta y sesenta millones de muertes causadas por la malaria, gracias a una frivolidad ecologista, la de defender a los pájaros de la supuesta lluvia ácida producida por el DDT. Sólo es un ejemplo de los problemas que pueden causar las medidas poco meditadas y erróneas. Pero un ejemplo que tiene que hacernos reflexionar, y que tiene que llevarnos a no aceptar sin más lo que nos digan los políticos o los grupos ecologistas, que además tienen sus propios intereses. Debemos ser críticos, debemos ejercer la crítica para controlar al poder público y a los poderosos lobbies ecologistas, porque de lo contrario intentarán quitarnos nuestra capacidad de elección, nuestra libertad de opinión, como ya intentaron de mil maneras con Bjorn Lomborg.En España, como he dicho antes, ya está el ecologismo situado en la obligatoriedad moral de lo políticamente correcto. ¡Ay! Como se le ocurra a alguien decir algo contra los ecologistas o sus propuestas-exigencias. Pero como les he contado en este capítulo, los beneficios para el planeta y para nuestras vidas en caso de llevarse a cabo sus reclamaciones son, como mínimo, más que dudosos y siempre situados en el impredecible futuro. Sin embargo su particular cosmovisión y muchos de los objetivos que ya han conseguido están perjudicando al hombre, de eso no hay ninguna duda, lo han hecho en el pasado, recuerden la malaria, lo están haciendo en el presente y si les dejamos lo harán en el futuro. A continuación les cito algunos ejemplos:La moratoria nuclear, de la que todos los españoles tendremos tiempo de arrepentirnos en un futuro muy cercano, dados los problemas de capacidad de producción y de distribución de energía eléctrica que ya padecemos. Precisamente en los días que escribo este capítulo se encuentra desesperada la Unión Europea buscando una solución a los boicots energéticos de algunas ex-repúblicas soviéticas. Curiosamente la única solución que han encontrado, inventada hace ya mucho tiempo, es potenciar la energía nuclear, porque si seguimos haciendo caso a los ecologistas, cerrando las centrales nucleares y llenando los montes de “molinillos” acabaremos sin dinero e iluminándonos con velas. Las energías alternativas, como a nadie se le oculta, malgastan el dinero público —aunque son empresas privadas las que invierten, nunca lo harían si no fuera un sector totalmente subvencionado—, y son insostenibles dado su elevado precio y su baja productividad.El Protocolo de Kyoto no es más que un nuevo intento de planificación de la economía a nivel mundial, que sólo provocará el aumento de la pobreza y el hambre. Curiosamente los gobernantes españoles corrieron a firmarlo, a pesar de que ya a nadie se le oculte, tras el fracaso y hundimiento de todos los regímenes comunistas, lo que llevan consigo las economías socialistas. Si se sigue adelante con el protocolo, cosa dudosa, lo pagarán las empresas españolas, o sea, lo pagaremos los españoles.La derogación del trasvase del Ebro, deja a los ciudadanos del Levante español en una situación desesperada para los próximos años. Pero además, según los ecologistas, deben alegrarse por haber “salvado” a la garza pequeña y al chorlitejo patinegro del Delta del Ebro.Los cultivos transgénicos, tan denostados por los ecologistas, incrementan el rendimiento de las cosechas al mejorar la resistencia a los factores negativos del clima, aumentando además las posibles zonas de explotación al extenderse a zonas actualmente improductivas como las desérticas. Esto que podría ser la solución para las zonas con escasez de agua de España, pero sobre todo fundamental para acabar con la escasez de alimentos en los países del Tercer Mundo, no es aceptado por los ecologistas. Greenpeace “reitera una vez más que el gobierno español debe cambiar drásticamente su política de transgénicos y prohibir el cultivo en España, porque no se dan ni existen las condiciones para garantizar que estos cultivos no tengan efectos negativos sobre el medio ambiente y la salud”.El Proyecto Gran Simio, mediante el que algunos grupos políticos, como el socialista, piden para los chimpancés, gorilas y orangutanes “la protección moral y legal de la que, actualmente, sólo gozan los seres humanos”. “Como no serán capaces de defender sus propios derechos, deben ser salvaguardados por la sociedad, como se salvaguardan los intereses de los menores de edad y de los discapacitados mentales de nuestra propia especie”. Este tipo de argumentos, en realidad, no están centrados en beneficiar a los animales sino en degradar la dignidad humana, buscando igualar a los hombres con los animales. Pero es que para el ecologismo es fundamental situar a la naturaleza por encima de la humanidad, idolatrar a la naturaleza como el objeto de culto de un nuevo paganismo. Carl Armey, miembro del Partido de los Verdes alemán, ha declarado que "nosotros, los verdes, aspiramos a un modelo cultural en el que la matanza de un bosque sea considerada más condenable y más criminal que la venta de un niño de seis años a la prostitución asiática".A pesar de todo lo anterior, los medios de comunicación en España, ya han comenzado a manipular nuestras mentes, a lanzar mensajes que están en la línea ecologista de impresionar al público con mensajes catastrofistas para que aceptemos todas sus descabelladas propuestas. Vean cómo los periódicos cada cierto tiempo nos bombardean en sus titulares con las dramáticas consecuencias del cambio climático que les remiten los ecologistas, dándolas por buenas y sin un ápice de crítica: “El cambio climático provocará en las playas españolas un retroceso de entre 20 y 70 metros para 2050”. En los periódicos locales para tener un mensaje más efectivo se han dedicado a concretar las zonas de la siguiente manera: “El cambio climático hará desaparecer el 70% de las playas guipuzcoanas”. “El cambio climático pondrá en peligro la playa de Salinas y afectará a los sistemas de dunas de El Espartal, Bayas y Xagó”. “Las playas canarias retrocederán hasta 50 metros por el cambio climático”. “El 40% de las playas del Cantábrico podrían desaparecer”. “Los deltas del Ebro y Llobregat en peligro”. La Manga del Mar Menor, Doñana…, podría seguir y no acabar.Desde el poder público también están en campaña para orientar nuestras ideas hacia sus oscuros intereses. Cristina Narbona, Ministra de Medio Ambiente, anuncia “efectos desastrosos para España en este siglo por el cambio climático. Podrían desaparecer playas enteras en España”. En lugar de llevar a cabo las políticas necesarias para resolver los problemas de sequía que tenemos en muchas zonas de España se dedica a hacer de palmera de los grupos ecologistas. En el caso del presidente Zapatero, además intenta que nos olvidemos de otras. En una cumbre internacional en Montevideo dijo: “El calentamiento global ha producido ya más víctimas que el terrorismo”. Yo le añadiría que también los accidentes de tráfico, pero como dicen los castizos ¿qué tiene que ver el culo con las témporas o el tocino con la velocidad? La triste realidad es que ese fenómeno que se da por supuesto, el calentamiento global, ni siquiera está probado científicamente. Los mismos propagandistas del “global warming” cuando las circunstancias no les son propicias —durante las grandes nevadas, por citar un ejemplo— le cambian el nombre y lo sustituyen por “el cambio climático”, para evitar que a alguien se le encienda la bombilla y pueda ser crítico. Si unimos esta falta de demostración científica, a lo ocurrido en décadas anteriores cuando se nos dijo que estábamos entrando en una nueva glaciación causada por la contaminación, o la ridícula teoría de la bomba poblacional, que terminaría con los recursos de la Tierra por lo que millones de personas morirían de hambre, nos lleva a dudar no sólo de las tesis ecologistas sino también a reflexionar sobre quién estará detrás de este movimiento y cuales serán sus verdaderas pretensiones.En España, —y en el resto del mundo occidental tres cuartos de lo mismo— una vez más nos están vendiendo una burra coja, como nos vendieron la utopía comunista, en este caso se trata de la utopía ecologista ¡pero es que resulta que son los mismos vendedores! El verdadero objetivo es claro: acabar con el liberalismo económico, con la globalización, ellos lo llamarían el “capitalismo salvaje” que en realidad es el causante del verdadero progreso de la humanidad en libertad, y volver al Socialismo, a la planificación, al intervencionismo del Estado en todos los ámbitos de la vida del individuo, que está íntimamente ligado al totalitarismo, al retroceso de la libertad del hombre y a la igualdad, pero a la igualdad en la pobreza. Del análisis de sus objetivos tenemos que concluir que detrás de este movimiento, como de muchos otros actualmente en pleno apogeo, no están otros sino los supervivientes de la caída del Muro, una vez reorganizados y reciclados para engañar de nuevo a la sociedad moderna, toda vez que sus antiguas diatribas están desechadas.El mensaje es burdo pero está ahí. Nos lo simplifica perfectamente Judi Barri, miembro de una organización, aparentemente ecologista, EarthFirst! (¡La Tierra primero!):"Creo que si no derrotamos al capitalismo, no tendremos opción de salvar el mundo ecológicamente" "Creo que es posible tener una sociedad ecológica bajo el socialismo, no bajo el capitalismo" Esto es lo que cree Judi Barri, yo sin embargo creo que con este artículo ha quedado bastante claro qué es el ecologismo y a quién representa. Pues eso...

Escrito por J.S.M. para Rebelión digital el 18 de febrero de 2007

1 Lea artículos de la prensa extranjera, traducidos por Rebelión digital, relacionados con Bjorn Lomborg o con el ecologismo en el siguiente enlace:http://prensaextranjera.rebeliondigital.es

2 Vea un interesantísimo video-documental titulado "La gran estafa del calentamiento global" en el siguiente enlace: http://www.rebeliondigital.es/prensaextranjera/La_gran_estafa_del_Calentamiento_Global

junio 13, 2007

La gran estafa del calentamiento global

Las teorias acerca de que el calentamiento global es causado por el hombre son "mentiras", según un documental presentado en el canal 4 de la televisión británica, el pasado 8 de marzo. Un documental muy polémico que ha sido elaborado con la colaboración de eminentes científicos con el fin de convulsionar el muy amplio consenso acerca de que el calentamiento global es causado por el hombre. El documental muestra un grupo de destacados científicos que atacan la propaganda que ellos alegan está matando a los pobres del mundo. Nadie en el documental defiende la teoría del efecto invernadero, sin embargo reinvidican que el cambio climático es natural, ha estado ocurriendo durante años y el desprendimiento de hielo de los glaciares sucede precisamente en la primavera, tan normal como que las hojas caigan en otoño. El cofundador de Greenpeace, Patrick Moore, ha sido mostrado reclamando que los paises africanos deber ser animados a producir más CO2.

El director del canal 4, Martin Durkin dijo: “Tu puedes ver las incoherencias con la ciencia del calentamiento global, pero la gente no te cree, son necesarios diez años para conseguir este objetivo.” “Pienso que se recordará en la historia como el primer capítulo en una nueva era de las relaciones entre los científicos y la sociedad. Los científicos legítimos -gente con títulos- son los chicos malos.” “Es una gran historia que va a causar polémica” “Es muy raro que una película cambie la historia, pero pienso que este es un punto de inflexión y en cinco años la idea de que el efecto invernadero es la principal razón del calentamiento global será visto como una total estupidez”

Haciendo click con el mouse sobre el hipervínculo se habre cada una de las ocho partes del documental, que ha sido emitido en inglés.

Parte 1 http://www.youtube.com/watch?v=8f8v5du5_ag

Parte 2 http://www.youtube.com/watch?v=R2S5OGS-g9g&mode=related&search=

Parte 3 http://www.youtube.com/watch?v=vufPWwsUu_k

Parte 4 http://www.youtube.com/watch?v=U9Ku1_gruaQ&mode=related&search=

Parte 5 http://www.youtube.com/watch?v=zalexeUwtNw&mode=related&search=

Parte 6 http://www.youtube.com/watch?v=MvkX3jNjPK8&mode=related&search=

Parte 7 http://www.youtube.com/watch?v=660hjo4f6Ig&mode=related&search=

Parte 8 http://www.youtube.com/watch?v=S0c9K4QGIMY&mode=related&search=







Diferencias entre el punto de vista americano y el europeo








Por Russell A Berman
Mas que ver el antiamericanismo europeo exclusivamente en clave de la habitual disputa política, vamos a profundizar en las diferencias culturales profundamente arraigadas. Según “Imágenes de un mundo cambiante”, un estudio dirigido por el Proyecto de Posturas Mundiales Asentadas, los americanos y los europeos occidentales defienden muy distintas posturas filosóficas, especialmente considerando los asuntos relacionados con la responsabilidad individual y el papel del estado.

Requeridos para valorar la afirmación “El éxito en la vida está prácticamente determinado por fuerzas que están fuera de nuestro control”, el 32 % de los americanos votaron afirmativamente, a diferencia del 48 por ciento en Inglaterra, el 54 % en Francia, el 66 % en Italia y el 68 % en Alemania. Sólo un tercio o menos de los americanos ven sus vidas marcadas por fuerzas ajenas, lo que implica que la mayoría ve el mundo en clave de responsabilidad individual. Mientras tanto, los europeos reducen al mínimo la responsabilidad individual y atribuyen mucha más importancia a fuerzas externas. Mientras que los europeos tienden hacia una visión del mundo determinista, los americanos apuntan hacia la libertad individual.

La encuesta valoró también cómo la opinión pública se posiciona entre dos valores contrarios: el valor de la libertad de los individuos para luchar por sus intereses sin las interferencias del estado por un lado, y el valor de la garantía del estado para que nadie pase necesidad, por el otro. El 58 % de los americanos, una mayoría significativa, elige ser libre de las interferencias del estado como el valor más importante. Este resultado indica un gran contraste con Europa, donde la libertad consigue un porcentaje de apoyo mucho más bajo: sólo el 39 % en Alemania, el 36 % en Francia, el 33 % en Inglaterra y sólo 24 % en Italia. Mientras que los americanos están predispuestos a entender sus vidas en clave de responsabilidad individual y rechazar la excesiva regulación del estado, los europeos, por lo general, toman la actitud opuesta: ven sus vidas en clave de servicios sociales a gran escala y esperan que el estado les proteja de las necesidades, incluso al coste de restringir su libertad. No asombra que las políticas internas actuales en la mayoría de los países europeos estén involucradas en la difícil tarea de reformar los firmemente arraigados sistemas de estado de bienestar.

Lógicamentelas diferencias culturales entre los americanos y los europeos tiene significativas repercusiones en la política exterior. El punto de vista americano de responsabilidad individual sustenta una insistencia en la soberanía nacional. En contraposición con los europeos, especialmente los franceses y los alemanes, que tienden a apoyar limitaciones al poder de los países. La lección que ellos sacaron de las dos guerras mundiales es que deberían ser colocados límites a los países para prevenir que luchen por intereses egoístas. Como consecuencia, los países europeos están cediendo gradualmente elementos de su soberanía al superestado de la Unión Europea. A diferencia de los Estados Unidos que han demostrado repetidamente su reticencia a ceder tal autoridad a organismos internacionales.

Esta es la base cultural para el debate sobre multilateralismo y unilateralismo. En la práctica, la diferencia es, casi absoluta. Aunque los políticos europeos insisten en la cooperación internacional, como de costumbre siguen persiguiendo intereses nacionales. Mientras los dirigentes americanos insisten en el derecho a actuar con independencia, han suplicado repetidamente a las Naciones Unidas por su apoyo. No obstante, las significativas diferencias en la cosmovisión entre los americanos y los europeos es probable que cause rupturas mucho más profundas que las que han tenido lugar habitualmente, como por ejemplo Irak y Kyoto.

Differences in American and European Worldviews
by Russell A. Berman
January 3, 2004

Rather than viewing European anti-Americanism solely in terms of current policy disputes, we must look at our deep-seated cultural differences. According to Views of a Changing World, a study conducted by the Pew Global Attitudes Project, Americans and West Europeans advocate very distinct philosophical stances, especially regarding matters of individual responsibility and the role of the state.
Asked to evaluate the statement "Success in life is pretty much determined by forces outside our control," 32 percent of the Americans polled agreed, in contrast to 48 percent in England, 54 percent in France, 66 percent in Italy, and 68 percent in Germany. Less than a third of Americans view their lives as defined by external forces, implying that the majority see the world in terms of individual responsibility. Meanwhile, Europeans minimize individual responsibility and attribute much greater importance to outside forces. Whereas Europeans tend toward a deterministic worldview, Americans focus on individual freedom.
The survey also measured how public opinion chooses between two competing values: the value of the freedom of individuals to pursue goals without state interference and the value of a state guarantee that no one be in need. Fifty-eight percent of Americans, a significant majority, chose freedom from state interference as the most important goal. This result stands in stark contrast to Europe, where freedom earns support at dramatically lower rates: only 39 percent in Germany, 36 percent in France, 33 percent in England, and a paltry 24 percent in Italy. Whereas Americans are predisposed to understand their lives in terms of individual responsibility and reject greater state regulation, Europeans, by and large, take the opposite position: They view their lives in terms of larger social forces and expect the state to protect them from need—even at the price of a restriction of their freedom. No wonder current domestic politics in most European countries involves the difficult task of reforming firmly entrenched welfare-state systems.
Not surprisingly, the cultural difference between Americans and Europeans has significant foreign policy ramifications. The American worldview of individual responsibility underpins an insistence on national sovereignty. In contrast, Europeans—especially the French and the Germans—tend to support restraints on the power of individual states. The lesson they take away from the two world wars is that curbs should be placed on individual states to prevent them from pursuing selfish interests. As a result, European states are gradually ceding elements of their sovereignty to the superstate of the European Union. In contrast, the United States has repeatedly demonstrated its reluctance to cede such authority to international bodies.
This is the cultural basis for the debate over multilateralism and unilateralism. In practice, the difference is, of course, hardly absolute. Although European politicians insist on international cooperation, they typically continue to pursue national interests. Whereas the American leadership insists on the right to act independently, it has appealed repeatedly to the United Nations for support. Nonetheless, the significant differences in American and European worldviews are likely to cause political rifts long after the current battles, such as Iraq and Kyoto, have faded.







junio 11, 2007

El Negocio de la Mentira


por Roberto Cachanosky
Roberto Cachanosky es Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE, y Columnista de temas económicos en el diario La Nación (Argentina).

Las falsedades constantes de las que hace gala el Gobierno parecieran ser el instrumento elegido para ganarse el favor del electorado. Sin embargo, es imposible mantener engañada a toda la ciudadanía a largo plazo: la realidad siempre termina por salir a la luz.

“Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo.Puedes engañar a algunos todo el tiempo.Pero no puedes engañar a todoel mundo todo el tiempo”.— Abraham Lincoln
El resultado electoral del domingo 3 de junio en la Ciudad de Buenos Aires, por el cual el candidato oficialista Daniel Filmus quedó segundo a gran distancia de Mauricio Macri, parece haber exacerbado la tendencia a desvirtuar la realidad o, si se prefiere, a no decir la verdad, que viene teniendo el Gobierno desde que asumió el poder .

Dos metidas de patas memorables protagonizó el oficialismo la semana pasada. Por un lado, la ministra de Economía, Felisa Miceli, dijo que Macri no podía hablar de la limpieza de Buenos Aires cuando su empresa no limpiaba bien las calles. Miceli se estaba refiriendo a Manliba, que debe hacer como 10 años que ya no se encarga más de la recolección de residuos en la Capital Federal. Un disparate imperdonable para una persona que, supuestamente, debería estar medianamente informada sobre temas como éste.

La otra metida de pata corrió por cuenta del mismo Néstor Kirchner, cuando acusó a Macri de no haber votado la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Cuando se cometió semejante disparate jurídico —dado que las leyes no se anulan, en todo caso se derogan, pero jamás deberían anularse—, Macri no estaba en el Congreso porque esa barrabasada tuvo lugar en agosto de 2003 y ningún diputado del PRO había ingresado todavía al Poder Legislativo. Si éste es un ejemplo de la calidad de la información que maneja Kirchner para tomar decisiones, uno no puede menos que concluir que el país está en manos de la casualidad.
Este tipo de metidas de pata o formas de desvirtuar la verdad no se limita a los últimos días. Otro caso famoso fue el anuncio de inversiones chinas por $ 30.000 millones que nunca llegaron y que, en rigor, nunca fueron prometidas o anunciadas por el gobierno chino. Gran despliegue informativo del Gobierno de algo que nadie había prometido.

Veamos otro ejemplo reciente de ausencia de verdad: el caso Skanka. Kirchner se cansó de afirmar que se trataba de corrupción entre privados hasta que saltó que había involucrados funcionarios públicos. Tal fue y es el escándalo, que el Gobierno despidió a un par de funcionarios, algo que no debería haber ocurrido si era un caso de corrupción entre privados, como afirmaban.

Otro más: un mes atrás, un desequilibrado volcó un camión cerca de la casa del presidente en Santa Cruz. Enseguida, hubo grandilocuentes discursos y denuncias del Gobierno sobre un atentado contra Kirchner. Nunca existió tal atentado, fue sólo el accionar de un desequilibrado mental. A pesar de ello, el Gobierno intentó aprovechar la locura de un tipo para aparecer como una víctima y terminó haciendo el ridículo. Nueva ausencia de la verdad.
Y otro: durante la campaña electoral de 2005, Enrique Olivera fue acusado por un funcionario ibarrista de tener una cuenta en el exterior. Gran despliegue informativo que, pasada las elecciones, terminó en otra mentira: se probó que Olivera no tenía una cuenta en el exterior cuando la denuncia ya había sido difundida ampliamente e instalada, lo que lo perjudicó en el resultado electoral.

También: según el Gobierno, no hay crisis energética. Supuestamente, ésa es una denuncia de la derecha que quiere ver fracasar al país. Sin embargo, bastó un día que hizo un poco de frío para que las empresas tuvieran que parar sus plantas porque no tenían gas para funcionar y, si bien no hubo cortes programados y anunciados como en la época de Raúl Alfonsín, muchos domicilios sufrieron cortes de energía eléctrica.

Algún funcionario del área sostuvo que el tema energético se había enfrentado sin problemas los días de más frío. Claro, sin problemas porque le bajaron la palanca a las empresas, no les dieron gas a las estaciones de servicio para que vendieran GNC y se paralizaron las exportaciones de gas a Chile.

Personalmente, pude ver colas de una cuadra de autos, mayormente taxis, para cargar GNC en las pocas estaciones de servicio que tenían ese combustible. Y ni qué hablar de la falta de gasoil en el campo. No hay crisis energética, insiste el Gobierno, aunque el problema está a la vista y todavía no vimos llover gasoil.

Siguen los ejemplos: los 90 son nefastos para el gobierno kirchnerista. Todo lo que sucedió en esos años fue perverso e insanamente neoliberal, según el discurso oficial. Omiten que el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, fue funcionario público en los 90 y, no conforme con ello, estuvo en el partido de Domingo Cavallo. También Martín Redrado, actual presidente del Bancon Central (BCRA), estuvo en la Comisión Nacional de Valores durante el gobierno de Menem. Por su parte, Kirchner no se cansó de alabar al entonces presidente cuando era gobernador de Santa Cruz. Más aún: Kirchner y su mujer fueron parte activa del proceso de los 90 que ahora demonizan, la misma actitud que adopta Filmus olvidando que fue funcionario de Grosso en la Ciudad de Buenos Aires y desempeñó funciones en el Ministerio de Educación. ¿Cuánta verdad hay en esa demonización que hace el Gobierno cuando el mismo Kirchner formó parte del menemismo que tanto dicen detestar?

Otro: Carlos Heller, compañero de fórmula de Filmus devenido en kirchnerista, despliega un gran discurso solidario y “progre” como si fuera el dueño de la benevolencia. Su forma de ejercer la solidaridad social es muy particular, porque el banco que preside, el Credicoop (“el banco solidario”), ofrece préstamos personales con un costo financiero total del 32,2% a tasa fija a 24 meses, según puede verse en la página de Internet de la institución. Si la inflación es del 9% anual, como dice el jefe espiritual y político de Heller, ¿por qué causa la tasa que cobra el banco solidario es 3,5 veces mayor a la tasa de inflación que anuncia el Gobierno? Una tasa de interés real positiva de semejante envergadura tiene muy poco que ver con la solidaridad que declama el compañero de fórmula del oficialista Filmus. Es más, el fondeo para los préstamos personales que cobran a semejante tasa tiene un costo que no debe superar el 3 ó 4% anual dado que proviene de las cuentas corrientes —que no pagan interés— y de las cajas de ahorro y de los plazos fijos —que tiene tasas muy bajas—. Mucho discurso contra los 90, muchas diatribas contra el neoliberalismo, pero resulta que el FMI es la madre Teresa de Calcuta comparado con las tasas que cobra el banco que preside Heller.

Un último ejemplo sobre la mentira oficial: como los índices de precios (IPC) no daban de acuerdo al paladar del Gobierno, en enero de este año se decidió intervenir el INDEC para que cambiara la metodología y se publicara un IPC más acorde a las necesidades electorales del Gobierno.

Cuando uno ve cómo Miceli falsea la verdad sobre la basura y Kirchner miente sobre la votación de las leyes y sobre su supuesto desprecio de los 90 (mientras, en los hechos, él fue parte activa de ese proceso). Cuando se interviene el INDEC para mostrar índices de precios que nada tienen que ver con la realidad. Cuando el compañero de fórmula de Filmus habla de solidaridad y el banco que preside cobra tasas reales desorbitantes. Cuando Filmus reniega de los 90 habiendo sido parte del gobierno de esos años. Cuando se denuncia un atentado que nunca existió contra la casa del presidente. Cuando falta energía y se dice que ésa es una campaña de la derecha. En fin, cuando se miente tanto, uno puede preguntarse si son mentirosos compulsivos o ven en la mentira un negocio político, es decir, una forma de tratar de engañar a la gente para que los apoye y, de esta manera, seguir usando el poder en beneficio propio. La mentira vendría a ser algo así como el instrumento fundamental para tratar de ganar el favor del electorado. En vez de luchar por las ideas y presentar un debate sobre cómo solucionar los problemas del país, se opta por mentir. Y si no miente, entonces el oficialismo tiene un serio problema de información que tarde o temprano terminará traduciéndose en una crisis. Porque tomar decisiones sobre información equivocada lleva a errores de políticas públicas, por no decir que refleja una gran incapacidad para gobernar.

Salvo que el electorado diga “mentime que me gusta”, el camino que ha elegido el Gobierno de faltar permanentemente a la verdad no nos puede llevar a buen puerto y, en algún momento, ese mismo electorado va a cansarse de ser permanentemente engañado. En ese momento, la mentira se habrá acabado como negocio.

Recordemos: no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo. Y mucho menos de manera tan burda.