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octubre 28, 2008

Tormenta Perfecta en la Economía Argentina


Leía un artículo de mi economista preferido, Roberto Cachanosky publicado en el diario La Nación de Buenos Aieres, el 27 de octubre, donde lo titula "Tormenta Perfecta en la Economía Argentina". En ese artículo, Cachanosky explica como es engañoso el método de valuación de reservas del Banco Central, donde el gobierno se vanagloria del monto de dichas reservas sin tener en cuenta los pasivos (deudas y obligaciones varias) del banco.

Como he estudiado ciencias económicas, entiendo la partida doble. En el artículo al que me refiero, se hace cita a Luca Paccioli, que fue quien inventó la partida doble en la contabilidad, y por ella cada vez que se registra un activo (Dinero, Créditos, Bienes de Uso, Inmuebles y Derechos Varios) se debe registrar una partida equivalente en el pasivo (deudas y obligaciones). Es decir, que si las reservas del Banco Central son de 48.000 millones de dólares, pero tiene obligaciones representadas en bondos emitidos por el mismo banco por $ 26.000 millones, entonces las reservas netas son la diferencia de ámbas cifras, es decir $ 22.000 millones de dólares.

Otro grave inconveniente, por el cual el gobierno parece no tener una solución, porque el daño producido por el curso del tiempo ha sido muy grande es la distorsión de precios relativos en el mercado de la energía. Los precios relativos son las relaciones de precios que los bienes tienen entre si, y ese cálculo se determina dividiendo simplemente el precio monetario de ambos productos. Pero los precios relativos son importantes, porque es la información de la que se valen las empresas para tomar decisiones al momento de invertir, determinar que cantidad de bien producir, cómo producir, en que momento producir, y por su puesto al menor costo posible. La distorsión de precios relativos se ha ido agravando cada vez más por el desfasaje que ha producido la inflación sobre los precios de la energía. Recordemos que esos precios están regulados por el gobierno, y que los aumentos que esos precios han tenido respecto a la inflación de los últimos cinco años son muy inferiores a los precios de los demás artículos.

El resultado de esta intervención gubernamental, con fines políticos, pero economicamente desastrozos, es que la inversión en el mercado energético es casi nula, y sin inversión el capital existente se va depreciando y no es reemplazado por otro, por lo que a largo plazo, la industria energética quedará destruída. Sin energía suficiente, la economía en general tiene limitado su crecimiento. No podrán establecerse nuevas industrias, ni instalar nuevas maquinarias si no hay energía para ponerlas en funcionamiento. Hasta ahora, el mercado ha ido tirando con los subsidios pagados por el tesoro público, para paliar los crecientes costos de producción, pero con el agravante de que el festival de subsidios pagados por el estado a tantos sectores, está produciendo un quebranto que terminará llevando al tesoro a un colapso, y cuando llegue ese instante, los precios de los bienes que están regulados por el gobierno explotarán cuando el subsidio ya no pueda ser pagado.


Esta política de regulaciones, subsidios con fines políticos para crear relación de dependencia del subsidiado hacia el gobierno, y despilfarro público con la creencia de que así se reactiva la economía, ha sido una constante a lo largo de la historia argentina, por lo menos desde los años 40. Los resultados están a la vista. Cada diez años hay un colapso económico, con devaluaciones, incautación de depósitos y ahorros de la población, desocupación, cese de pagos de deudas públicas, y en lo político con renuncias de ministros, caídas de gobiernos o rupturas del orden constitucional, y violaciones sistemáticas contra la propiedad privada. Es penoso ver que a tan pocos años del nefasto suceso ocurrido en el 2001, y todas las locuras que vinieron después volvamos a caer en lo mismo.

septiembre 22, 2008

Los países en vías de extinsión

El periodista Carlos Mira, columnista del diario digital Economía Para Todos , dice que la tradicional clasificación de países en: desarrollo, vias de desarrollo y, subdesarrollados, no es aplicable a la Nación Argentina. Según él debería haber una cuarta: Países en Via de Extinsión; e inclucuye en esta categoría a Argentina, Bolivia y Venezuela.

Según Carlos Mira, Venezuela y Bolivia son dictaduras impuestas por el narco-terrorismo que después exportarán sus revoluciones al resto del continente, tal como lo hizo Cuba en los años 70. Los vínculos de los Kirchner con Evo Morales y Hugo Chávez, más los casos de corrupción que se han ido descubriendo últimamente como el de las valijas secuestradas a Antonini Wilson en el aeropuerto de Buenos Aires, los asesinatos ocurridos en la misma ciudad, ponen al kirchnerismo en una díficil situación, y hacen sospechar que tienen vínculos con el narcotráfico. La historia los juzgará dice Mira. El daño que le están causando a la Nación en la comunidad de naciones es de un daño sin igual, y llevará daños repararlo.

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julio 02, 2008

Los frutos del populismo más berreta


No es casualidad que la Argentina haya pasado del crecimiento de fines del siglo XIX y principios del silgo XX a esta continua degradación económica.

Casi como si fuera una verdad revelada, el argumento central del Gobierno para justificar las retenciones ha dejado de ser el de producir menos “yuyito” para diversificar la producción agropecuaria. Ahora, aseguran que el aumento de las retenciones será destinado a financiar más programas sociales. Así, redistribuir la riqueza ha pasado a ser el argumento central de los Kirchner. Y para financiar esa redistribución se le aplicaría una mayor carga tributaria a quienes tienen ganancias “extraordinarias”. No sólo el gobierno sostiene esta línea de argumentación, sino que la oposición, para no ser políticamente incorrecta, dice estar de acuerdo con la redistribución de la riqueza.

Como señalaba en otra nota Antonio Margariti, no queda claro si el gobierno quiere redistribuir la riqueza o los ingresos, dado que no son la misma cosa. Dicho en otras palabras, ¿qué quiere el gobierno? Redistribuir el departamento (la riqueza) o el alquiler que cobra el dueño (los ingresos). Pero, como dice Margariti, al gobierno le da lo mismo hablar de riqueza y de ingresos como si éstos fueran sinónimos. Volviendo al tema de la riqueza y los ingresos, por ejemplo, ¿qué harían los Kirchner con su patrimonio para distribuir justamente la riqueza? ¿Entregarían el 40% de sus 18 casas y 4 departamentos o el 40% de los alquileres que le generan esas 22 propiedades?

Ahora bien, dejando de lado el gesto que podrían tener los Kirchner para mostrar su voluntad de liderar y dar el ejemplo en esto de redistribuir la riqueza repartiendo sus propiedades o ingresos que les generan, deseo pasar al tema de fondo. Y el tema de fondo es el principio de la redistribución del ingreso (no de la riqueza). Lo que voy a decir a continuación es políticamente incorrecto, pero como no pretendo ganar votos, no tengo problema en ser políticamente incorrecto. Vayamos al punto.

¿Por qué razón alguien que trabaja, obtiene utilidades basadas en su esfuerzo personal, iniciativa, riesgo y capacidad de innovación tiene que transferirle compulsivamente sus ingresos a otra persona que no generó nada de ese ingreso? No encuentro ninguna justificación moral por la cual el burócrata de turno se arrogue el derecho de confiscar el fruto del trabajo a unas personas para transferírselas a otra sin que esta otra haya hecho nada que justifique el reclamo de vivir a costa de los otros.

En rigor, seamos honestos, este no es un problema de los Kirchner solamente. Ni siquiera es un problema de la dirigencia política en particular. Este es un problema de la sociedad argentina, entendiendo como sociedad argentina a una mayoría significativa de los habitantes que considera que está bien que el Estado les quite el fruto de su trabajo a unos para transferírselo a otros. La redistribución del ingreso generalmente está bien vista y ampliamente aceptada por mucha gente…siempre y cuando no le toquen el bolsillo a ellos. Y no digo esto por el caso particular de los productores agropecuarios porque ellos mismos han dicho públicamente que están dispuestos a ceder parte de sus ingresos para que el Estado los redistribuya. Inclusive los productores ni siquiera luchan por la eliminación de las retenciones sino que se limitan a pedir un techo a las mismas. Lo que digo es que la sociedad argentina (utilizando este término para simplificar palabras) apoya la distribución del ingreso…ajeno. Es común escuchar que cuando el Estado le cobra más impuestos a un determinado sector de la sociedad, inmediatamente éste salta argumentando que les cobren a otros que ganan más o que roban. Un argumento hipócrita para aparecer sensible, pero tacaño al momento de abrir la billetera. Todos son muy solidarios con la plata ajena y, por lo tanto, la dirigencia política en general y los Kirchner en particular no hacen más que reflejar lo que la mayoría de la gente apoya. El que unos mantengan a otros.

El ejemplo más evidente que me viene a la memoria fue el de los 90 cuando los docentes reclamaban un aumento de sueldos. Todos estaban de acuerdo en que ellos merecían ese incremento salarial. Se aprobó entonces la famosa estampilla que había que pegar en el parabrisas que mostraba el impuesto que cada uno había pagado para financiar dicho incremento de salarios. ¿Qué pasó en ese momento? Todos los que tenían autos saltaron como leche hervida porque tenían que poner de su bolsillo el aumento de salarios de los docentes que tan vehementemente reclamaban incluso los dueños de los autos.

Por supuesto que a muchos políticos esta cultura de la dádiva les viene de perillas porque les permite armar una inmensa red de clientelismo políticos y bolsones de corrupción con la plata ajena. La reparten como si fuera propia. Pero el drama de la Argentina es, a mi juicio, el pronunciado acento que siempre se pone en la distribución del ingreso como si este se generara solo, sin necesidad de riesgo, trabajo, esfuerzo, innovación, entre otras. Y como si el que ganara plata fuera un ser perverso al que hay que castigar por su éxito.

Basta con ver el presupuesto de este año para advertir lo desvirtuado que está el Estado. De los $ 161.500 millones del presupuesto nacional, $ 98.720 millones, es decir el 61%, está destinado al rubro Servicios Sociales, incluyendo esto vivienda, jubilaciones y pensiones, educación, trabajo, etc. Casi dos terceras partes del presupuesto se destinan a redistribuir el ingreso, mientras que la seguridad y la defensa de la nación brillan por su ausencia. Es como si el Estado hubiese decidido privatizar la protección de la vida y la propiedad de las personas (seguridad) decidiendo que cada uno se encargue de defenderla, y se hubiese concentrado exclusivamente en repartir los ingresos. De esta forma, el monopolio de la fuerza que le fue delegado para defender la vida, la libertad y la propiedad de las personas, lo utiliza para expoliar a los que producen y redistribuir el fruto de su trabajo. El Estado argentino se ha transformado en una especie de delincuente que sistemáticamente se apropia de los ingresos y patrimonios de la gente bajo el argumento de la solidaridad.

Desde el punto de vista estrictamente económico, la mejor redistribución del ingreso se produce a partir de instituciones confiables que atraen inversiones, crean puestos de trabajo mejor remunerados y, de esta forma, la gente recibe una porción mayor del ingreso nacional gracias al resultado de su trabajo. Por otro lado, no hay mecanismo más eficiente para ejercer la solidaridad que la que surge de las asociaciones civiles que brindan apoyo a diferentes sectores gracias a las donaciones que reciben en forma voluntaria de personas y empresas. Porque son estas las que se encargan de controlar que los dineros que destinan a esas organizaciones sean efectivamente bien asignados y no se pierdan en los pliegues de la burocracia y la corrupción.

En lo estructural, los argentinos tenemos que cambiar esa mentalidad de pensar que, por definición, todo aquél que gana plata es sospechoso de algo y que, además, tiene la “obligación” de mantener a otras personas que no conocen. Esta cultura de la dádiva ha terminado por denigrar el trabajo de la gente y su dignidad. La mayoría se siente con derecho a vivir a costa del trabajo de terceros. Por lo tanto, cada vez son menos los que producen y más lo que quieren vivir sin producir reclamando un derecho que no es tal.

En lo que hace al caso particular de los Kirchner hay dos problemas puntuales: a) en primer lugar se pasaron de vueltas con el gasto público y la carga tributaria llevando al punto del agotamiento fiscal de la población y b) nadie les creyó cuando 90 días después de lanzar las retenciones móviles se acordaron de avisar que eran para financiar planes sociales. Fue tan burda la maniobra que, en este caso, no prendió en la población el discurso sensiblero.

De todas maneras, insisto, mientras los argentinos no cambiemos esta manía de querer vivir a costa del trabajo del otro, considerando como un derecho que otro me mantenga, me pague la casa, los estudios de mis hijos, etc., va a ser cada vez más difícil encontrar a alguien que quiera arriesgar sus capitales y trabajo para que luego los políticos, bastardeando el concepto de solidaridad, se apropien de los ingresos que generan quienes invierten y trabajan.

No es casualidad que Argentina haya pasado del crecimiento de fines del siglo XIX y principios del silgo XX ha esta continua degradación económica. Es que antes, con todos sus defectos, el modelo de país se basaba en el trabajo, en el esfuerzo personal y en la atracción de capitales. A eso venían los inmigrantes. A trabajar duro para construirse un futuro que no conseguían en sus países europeos. Fue la aparición de la cultura de la dádiva que se instaló en nuestro país lo que nos ha llevado a ser una país decadente, y como buenos hipócritas, encima tratamos de explicar nuestra decadencia en conspiraciones internacionales que surgen de las afiebradas mentes de los resentidos que quieren vivir como se vive en los países capitalistas pero usando las reglas del populismo más berreta.

mayo 04, 2008

Qué nos depara el kirchnerismo

Qué nos depara el kirchnerismo con sus desparpajos económicos y políticos. Esto es lo que pronostica este estupendo periodista y economista Roberto Cachanosky.





Otros vínculos al sitio Economía Para Todos

Sólo les falta decir “ el que apuesta al dólar, pierde”
http://www.economiaparatodos.com.ar/ver_nota.php?nota=2083

Ya sabemos
http://www.economiaparatodos.com.ar/ver_nota.php?nota=2087

La inevitabilidad del colapso
http://www.economiaparatodos.com.ar/ver_nota.php?nota=2090

abril 18, 2008

Los gritos desde la tribuna no cambian la realidad

Por Roberto Cachanosky

Cuando un modelo se agota y entra en cuenta regresiva, los discursos no modifican el escenario. Eso sólo es posible con un cambio de políticas.

¿Quién puede invertir en un país en el cual su presidente da cuatro discursos en una semana, todos ellos cargados de amenazas, descalificaciones, contradicciones y temas que no tienen nada que ver con los problemas reales de la gente (por ejemplo, como mencionar al golpe de Estado 1976 mientras se habla de las retenciones al campo)? ¿Quién puede invertir en un país en el cual el representante de las fuerzas de choque del gobierno es sentado en un sitio de honor junto al presidente luego de haber usado la fuerza bruta para agredir a quienes piensan diferente? ¿Quién puede invertir en un país en el cual el titular del Ejecutivo, en vez de buscar las soluciones a los problemas, convoca a un acto de apoyo a su gestión y crea una escenografía de cartulina para tratar de convencer a la gente de que cuenta con el apoyo popular? ¿Quién puede invertir en un país donde el esposo del primer mandatario lanza sus tradicionales diatribas y luego habla de amor y de diálogo? ¿Quién puede invertir en un país en el cual el secretario de Comercio se cree un iluminado que puede exigirles a las empresas a qué precios tienen que vender y qué rentabilidad tienen que obtener de sus inversiones? Leer más



DIALOGO CON EL ECONOMISTA AGUSTIN MONTEVERDE SOBRE LA ECONOMIA ARGENTINA



Vinculos relacionados: El setenstismo se bate en retirada por Alejandro Salas

diciembre 31, 2007

Argentina: La cultura del saqueo

He pensado mucho en el relato de Ayn Rand que está en el encabezado de este blog. En Argentina hace muchos años que ha prendido la cultura fascista de justicia social y de distribución de la riqueza. Por su puesto que la clase dirigente argentina está muy comprometida con este concepto de distribuir riqueza. Distribuir la riqueza de otros no la de ellos. El relato escrito en el encabezado del blog lo elegí porque se adecua perfectamente a la realidad argentina. El concepto de justicia social es opuesto al de justicia propiamente dicho. Justicia significa dar a cada uno lo suyo, restituir las cosas a su estado original. El concepto de "justicia social" significa distribuir la riqueza producida por otros en beneficios de quienes no tienen. Ambos conceptos son contradictorios entre si. El segundo consiste realmente en extraer compulsivamente el producto del trabajo ajeno, es decir un robo a mano armada cuya arma es la ley y un agente de policia para quien se niegue a entregar la parte exigida. Éticamente hablando el concepto de justicia social, es un acto delictivo, un acto típico de saqueadores y piratas, no tiene nada de justo y es antisocial en grado sumo.

El concepto de distribución de la riqueza, tan pregonado por la Iglesia Católica parte de un error filosófico. Se cree que la riqueza es algo dado que sólo debe ser distribuida, pero la riqueza es algo que debe ser producida antes de ser distribuida. El error consiste en que se ignora el primer paso. La riqueza debe ser producida antes de ser distribuida, y en esto Ayn Rand lo dice claramente en sus obras, pero también lo dicen muchos economistas clásicos.

La única manera de crear riqueza es por medio del trabajo en cualquiera de sus formas. No es riqueza la tierra sino el producto de la tierra. Para que la tierra produzca riqueza se debe labrar, y labrar significa trabajo; para labrar se necesitan herramientas y las herramientas significan trabajo de otras personas que han hecho posible su existencia. El oro, los metales, el petróleo, no es riqueza propiamente dicha hasta que la acción humana los extrae del suelo. El trabajo es lo que da valor al producto. La riqueza producida por un país es lo que producen sus habitantes con su trabajo, y la forma de distribuir esa riqueza se llama de diversas formas según el origen de su contribución para conseguirla: salarios para los empleados, dividendos para quiens han aportado el capital que ha hecho posible la producción, beneficios para el empresario que ha organizado la producción, rentas o alquileres para quienes han prestado sus propiedades para la producción; esa es la forma en que se distribuye la riqueza, la única forma civilizada de distribuirla; la otra es por medio de la extorsión, la violencia o el robo. A este último género pertenece la "justicia social" impulsada por el estado, y sostenida intelectualmente por la Iglesia.

Quien no ha contribuido a la creación de riqueza en ninguna de las formas que he mencionado en el párrafo anterior: con trabajo, o aportes de bienes de capital, con dinero o con herramientas, no tiene derecho a recibir el producto de esa riqueza. Por esta razón justicia social es éticamente hablando una inmoralidad, una estafa, un saqueo legalizado. La distribución de riqueza por orden y en nombre de la "justicia social" es un asalto a la buena fe del hombre honrado que trabaja de sol a sombra para ganar su sustento; además en una contradicción a los mismos preceptos del cristianismo. Pero en Argentina el concepto de "justicia social" ha venido de parabienes a la mayoría de la población que no tiene hábitos de trabajo y casi siempre tiene excusas para no trabajar; también a venido bien a la clase política que son verdaderamente parásitos que no producen nada y usan el altruísmo, "la justicia social" y el amor al prójimo como mascarada para vivir a expensas de la clase productiva. Los intereses de la clase gobernante y de la clase gobernada son coincidentes, ambas tienen el mismo interés; el único que está en desventaja es quien trabaja y produce honradamente y de buena fe.

A continuación, un artículo escrito por Roberto Cachanosky en su sitio web: http://www.economiaparatodos.com.ar/. En el que describe de manera similar lo que he querido decir en este post. Más abajo dos videos del mismo autor, en donde se habla del vergonzoso escándalo de las maletas encontradas en el aeropuerto provenientes de Venezuela y por las cuales el gobierno argentino pretende hacerse pasar como víctima y culpar a los Estados Unidos de un supueto complot o "operación basura". En el primer video, Roberto Cachanosky pregunta porqué a Antonini Wilson no se lo arrestó antes de fugarse de Argentina, cuando hubo tiempo suficiente para hacerlo, la pregunta de Cachanosky es porqué hasta ese momento no se había descubierto la mentira dicha por Néstor Kirchner de que Antonini Wilson cenó con él en la Casa Rosada.

El empleo de la coacción, la violencia y la fuerza como métodos para obtener aquello que se desea, por más justo o merecido que sea, es una de las causas de la decadencia argentina.
Si alguien dudaba de que Argentina se dirigía de cabeza a una crisis, lo que hoy estamos viviendo debería terminar de convencerlo. Las luchas por el poder sindical llegan hasta el límite de comportamientos mafiosos. Los piqueteros están nuevamente en las calles cortando el tránsito y tomando reparticiones públicas, la calle es un caos por ausencia de autoridad, los precios se siguen disparando y el gobierno acaba de anunciar un plan de emergencia energética que refleja la improvisación con que se manejó este tema todos estos años.
En el fondo, la crisis es solo el emergente de valores totalmente subvertidos del cual el gobierno parece no haberse enterado, por el contrario, sigue dando vuelta los hechos al punto que la presidente (y digo presidente y no presidenta porque presidente es el cargo que figura en la Constitución) acaba de afirmar: “en este programa estamos yendo al tercer eslabón de la responsabilidad, que es la responsabilidad social, porque se puede tener muy buen gobierno pero si no se tienen buenas instituciones en lo privado y en la sociedad, es muy difícil abordar la transformación de un país". Con esta afirmación pareciera ser que Cristina Kirchner considera que el suyo y el de su marido han sido dos muy buenos gobiernos y que si las cosas no marchan mejor es por culpa de culpa de los empresarios y de la gente. Algo similar sostenía, Hitler cuando estaba por caer Berlín en manos de los rusos. Decía el dictador, en su delirio, que su pueblo iba a sufrir porque no lo había acompañado en el sacrificio.
Pero volvamos al caso argentino. Lo que uno ve desde décadas, y más acentuado ahora, es que al revés de lo que marca la presidente, es que justamente ha sido el Estado el que ha subvertido los valores de la sociedad y no se le puede pedir a la gente que tenga comportamientos diferentes si desde lo más alto del poder se actúa con impunidad, mentira y desprecio por el orden jurídico.
¿Qué valores puede exigirle Cristina Kirchner al resto de la sociedad si a sólo 48 horas de instalada en la casa de Gobierno se ha destapado un caso de corrupción que la involucra como candidata presidencial y compromete seriamente a su marido, que es el mentor de su candidatura?
Cuando Cristina Kirchner les exige seriedad a los empresarios y a la sociedad tiene que tener presente que las reglas de juego que hoy imperan en la Argentina fueron impulsadas por gobiernos con pensamiento populista como el de su marido y el de ella. ¿Qué valores impusieron? El de usar al Estado como instrumento de coacción para beneficio propio y de unos pocos amigos del poder. La cultura del trabajo, del esfuerzo personal fueron dejadas de lado para dar paso a la cultura de la prebenda y de la demostración de fuerza. Basta ver como facciones sindicales se enfrentan por cuotas de poder utilizando la calle como forma de manifestar su poder basado en la fuerza bruta. Aquí no hay razones, hay demostraciones de fuerza. Unos haciendo piquetes en 39 lugares diferentes de la ciudad violando el derecho de la gente a transitar libremente ante la pasividad de la autoridad pública, y otros amenazando con sacar los camiones a la calle como si fueran el séptimo de caballería.
Grupos piqueteros, que dicen ser partidarios del kirchnerismo, se dan el lujo de tomar por la fuerza bruta un edificio público en la ciudad de La Plata, lesionando gravemente a dos policías y los responsables son liberados casi inmediatamente.
Al mismo tiempo tenemos a algunos dirigentes empresariales que le chupan la media al gobierno de turno para mantener sus privilegios o los beneficios del eufemismo del tipo de cambio competitivo.
Argentina tiene reglas en las cuales el saqueo está a la orden del día. El saqueo como regla impuesta por el Estado por la cual se pervierte la ley para quitarle el fruto de su trabajo a quienes lo generaron para transferírselo a quienes no les corresponde. En nuestro país la ley está prostituida. No se la usa para establecer reglas de convivencia sino para saquear “legalmente” a diferentes sectores de la sociedad y para destruir el sistema republicano. Le ley no le pone límites al Estado, se los amplía generando océanos de corrupción.
La banda piquetera que tomó el edificio en La Plata se siente con derecho a exigir que le entreguen más dinero, canastas navideñas y no sé cuantas cosas más. ¿Quién tiene la obligación de pagar todos esos “beneficios” y por qué? ¿Qué estímulos puede tener el hombre o la mujer que se levanta temprano para ir a su trabajo a ganarse honestamente su sustento si ve que una banda de forajidos toma impunemente el edificio, es liberada y encima exige que ese señor o señora le de el fruto de su trabajo, luego de treparse viajar en condiciones infrahumanas en un colectivo, soportar los paros de subtes y aguantar los piquetes de Quebracho o la UOCRA (Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina)?
Del lado empresarial, hay sectores que, cual ladrones de guantes blancos, estimulan el tipo de cambio competitivo que no es otra cosa que cobrarle el impuesto inflacionario a la gente para transferirle a ellos los beneficios de un dólar caro, cuando no piden créditos subsidiados sin aclarar quién y por qué tienen que financiarles tal petición.
Todos piden y nadie dice por qué el que paga tiene la obligación de pagar la cuenta. Se crea así, una cultura del saqueo impulsada desde el mismo Estado, cuando no es que los mismos funcionarios del Estado forman parte del saqueo.
Ya no queda gran margen para esconder este uso desvergonzado del poder, de la mentira, para disimular la inflación, la crisis energética y la caída del salario real.
Argentina está nuevamente en la pendiente descendente porque no se han cambiado las reglas del saqueo, solo se han cambiado las personas. Y las mismas reglas con diferentes personas igual dan los mismos resultados.







Advertencia: el segundo video tiene un problema de edición. No coincide el audio con el movimiento de la imágen. Si el audio se hoye entrecortado es aconsejable hacer un click sobre la tecla "Pausa" y esperar unos segundos que se cargue completamente el buffer.

diciembre 29, 2007

La cultura del saqueo


El empleo de la coacción, la violencia y la fuerza como métodos para obtener aquello que se desea, por más justo o merecido que sea, es una de las causas de la decadencia argentina.

Si alguien dudaba de que Argentina se dirigía de cabeza a una crisis, lo que hoy estamos viviendo debería terminar de convencerlo. Las luchas por el poder sindical llegan hasta el límite de comportamientos mafiosos. Los piqueteros están nuevamente en las calles cortando el tránsito y tomando reparticiones públicas, la calle es un caos por ausencia de autoridad, los precios se siguen disparando y el gobierno acaba de anunciar un plan de emergencia energética que refleja la improvisación con que se manejó este tema todos estos años.

En el fondo, la crisis es solo el emergente de valores totalmente subvertidos del cual el gobierno parece no haberse enterado, por el contrario, sigue dando vuelta los hechos al punto que la presidente (y digo presidente y no presidenta porque presidente es el cargo que figura en la Constitución) acaba de afirmar: “en este programa estamos yendo al tercer eslabón de la responsabilidad, que es la responsabilidad social, porque se puede tener muy buen gobierno pero si no se tienen buenas instituciones en lo privado y en la sociedad, es muy difícil abordar la transformación de un país". Con esta afirmación pareciera ser que Cristina Kirchner considera que el suyo y el de su marido han sido dos muy buenos gobiernos y que si las cosas no marchan mejor es por culpa de culpa de los empresarios y de la gente. Algo similar sostenía, Hitler cuando estaba por caer Berlín en manos de los rusos. Decía el dictador, en su delirio, que su pueblo iba a sufrir porque no lo había acompañado en el sacrificio.

Pero volvamos al caso argentino. Lo que uno ve desde décadas, y más acentuado ahora, es que al revés de lo que marca la presidente, es que justamente ha sido el Estado el que ha subvertido los valores de la sociedad y no se le puede pedir a la gente que tenga comportamientos diferentes si desde lo más alto del poder se actúa con impunidad, mentira y desprecio por el orden jurídico.

¿Qué valores puede exigirle Cristina Kirchner al resto de la sociedad si a sólo 48 hs. de instalada en la casa de Gobierno se ha destapado un caso de corrupción que la involucra como candidata presidencial y compromete seriamente a su marido, que es el mentor de su candidatura?

Cuando Cristina Kirchner les exige seriedad a los empresarios y a la sociedad tiene que tener presente que las reglas de juego que hoy imperan en la Argentina fueron impulsadas por gobiernos con pensamiento populista como el de su marido y el de ella. ¿Qué valores impusieron? El de usar al Estado como instrumento de coacción para beneficio propio y de unos pocos amigos del poder. La cultura del trabajo, del esfuerzo personal fueron dejadas de lado para dar paso a la cultura de la prebenda y de la demostración de fuerza. Basta ver como facciones sindicales se enfrentan por cuotas de poder utilizando la calle como forma de manifestar su poder basado en la fuerza bruta. Aquí no hay razones, hay demostraciones de fuerza. Unos haciendo piquetes en 39 lugares diferentes de la ciudad violando el derecho de la gente a transitar libremente ante la pasividad de la autoridad pública, y otros amenazando con sacar los camiones a la calle como si fueran el séptimo de caballería.

Grupos piqueteros, que dicen ser partidarios del kirchnerismo, se dan el lujo de tomar por la fuerza bruta un edificio público en la ciudad de La Plata, lesionando gravemente a dos policías y los responsables son liberados casi inmediatamente.

Al mismo tiempo tenemos a algunos dirigentes empresariales que le chupan la media al gobierno de turno para mantener sus privilegios o los beneficios del eufemismo del tipo de cambio competitivo.

Argentina tiene reglas en las cuales el saqueo está a la orden del día. El saqueo como regla impuesta por el Estado por la cual se pervierte la ley para quitarle el fruto de su trabajo a quienes lo generaron para transferírselo a quienes no les corresponde. En nuestro país la ley está prostituida. No se la usa para establecer reglas de convivencia sino para saquear “legalmente” a diferentes sectores de la sociedad y para destruir el sistema republicano. Le ley no le pone límites al Estado, se los amplía generando océanos de corrupción.

La banda piquetera que tomó el edificio en La Plata se siente con derecho a exigir que le entreguen más dinero, canastas navideñas y no sé cuantas cosas más. ¿Quién tiene la obligación de pagar todos esos “beneficios” y por qué? ¿Qué estímulos puede tener el hombre o la mujer que se levanta temprano para ir a su trabajo a ganarse honestamente su sustento si ve que una banda de forajidos toma impunemente el edificio, es liberada y encima exige que ese señor o señora le de el fruto de su trabajo, luego de treparse viajar en condiciones infrahumanas en un colectivo, soportar los paros de subtes y aguantar los piquetes de Quebracho o la UOCRA?

Del lado empresarial, hay sectores que, cual ladrones de guantes blancos, estimulan el tipo de cambio competitivo que no es otra cosa que cobrarle el impuesto inflacionario a la gente para transferirle a ellos los beneficios de un dólar caro, cuando no piden créditos subsidiados sin aclarar quién y por qué tienen que financiarles tal petición.

Todos piden y nadie dice porqué el que paga tiene la obligación de pagar la cuenta. Se crea así, una cultura del saqueo impulsada desde el mismo Estado, cuando no es que los mismos funcionarios del Estado forman parte del saqueo.

Ya no queda gran margen para esconder este uso desvergonzado del poder, de la mentira, para disimular la inflación, la crisis energética y la caída del salario real.

Argentina está nuevamente en la pendiente descendente porque no se han cambiado las reglas del saqueo, solo se han cambiado las personas. Y las mismas reglas con diferentes personas igual dan los mismos resultados.

Fuente: http://www.economiaparatodos.com.ar

noviembre 29, 2007

La religión y la política. Nuevo auge de la religión

Roberto Cachanosky habla en su programa El Informe Económico con el sociólogo José Enrique Miguens y Roberto Bosco, quienes han escrito un libro llamado "Política y Religión".

Cuentan un relato de las persecuciones religiosas, de los fundamentalismos, y de los choques entre ideas religiosas y políticas.



Advertencia: El video tiene algunos problemas de visualización. Según el ancho de banda de conexión a internet puede tardar más o menos. Si se visualizan cortes, es mejor apretar play para iniciar la descarga. Luego hacer click sobre pausa, el video se detiene pero sigue la descarga. Se verá correctamente cuando se haya cargado todo el buffer.

noviembre 22, 2007

Ese invento nuevo: el "productivismo"

Roberto Cachanosky nos habla de ese invento nuevo llamarse "productivista" , como lo llama ahora el gobierno al plan de gobierno, tamibén habla de la deignación de Martín Losteau como Ministro de Economía.




Autor: Roberto Cachanosky, programa "El Informe Económico"

octubre 25, 2007

Las elecciones en Argentina

Roberto Cachanosky hizo en su programa un análisis de las encuestas y de los posibles resultados electorales del domingo 28 de octubre, comparándolos con los resultados de las elecciones congresionales del año 2005. En el segundo segmento intervienen Carlota Jackisch, Gustavo Martinez Pandiani y Agustían Pieroni.



La elección: acelerar el cambio o que Cristina se haga cargo

El resultado electoral del domingo próximo revelará si la población prefiere cambiar el rumbo de la Argentina o si, en cambio, opta por que la primera dama se hago cargo de la pesada herencia que deja su esposo.

A menos de una semana de las elecciones presidenciales, llama la atención las pocas encuestas que se han publicado. En otras oportunidades, aparecían como hongos en todos los medios. Tal vez el manoseo que se ha hecho de ellas y los gruesos errores del pasado reciente hayan determinado que su demanda sea baja, por la reducida credibilidad que hoy tienen ante la opinión pública. Por supuesto, algunas he visto y la verdad es que las hay de todo tipo. Desde las que dan como ganadora a Cristina Kirchner en la primera vuelta, hasta las que colocan a Alberto Rodríguez Saá en el segundo lugar y a la primera dama bastante lejos del 40%. Lo cierto es que todavía no sabemos cuál va a ser el resultado del domingo que viene, aunque, por lo que dicen todos, parece que la senadora Kirchner ganará en primera vuelta. ¿Para qué disentir con esa opinión generalizada si en una semana nos vamos a enterar de la realidad? Ahora bien, algo que se observa claramente es la capacidad que ha tenido el gobierno de Néstor Kirchner para dividir a la sociedad: están, por un lado, los que van a votar a Cristina Kirchner –si bien debo confesar que todavía no me topé con demasiados de ellos– y, por otro, los que están dispuestos a votar a cualquiera con tal de que la primera dama no se convierta en presidenta. Yo diría que hasta algún liberal podría llegar a festejar que Elisa Carrió gane las elecciones o un anti-peronista podría descorchar una botella de champagne si el vencedor es Rodríguez Saá. En todo caso, las ideas han sido dejadas de lado y el rencor y el resentimiento que ha transmitido permanentemente Néstor Kirchner en estos cuatro años y medio de presidencia han saturado la capacidad de tolerancia de buena parte de la población. La única transversalidad que ha conseguido el presidente es lograr enemigos en todos los sectores sociales e ideológicos de la Argentina. Un mérito que no es menor. No me sorprendería que, si los números no le dan a Cristina para ganar en la primera vuelta, le termine pasando lo mismo que a Carlos Menem en 2003, que habiendo salido primero en la primera vuelta, no podía ganar en la segunda. Sería una verdadera ironía de la vida. Si en su propia provincia los Kirchner no pueden pisar el suelo sin una fuerte custodia de la Gendarmería, es de imaginar lo que puede ocurrir en el resto del país. Por ejemplo, en Entre Ríos, provincia en la que primero cebaron a la gente con el enfrentamiento por las pasteras y ahora dejaron colgados del pincel a los entrerrianos. Justamente, el tema de las pasteras me lleva a recordar que la mentira sistemática ha sido otra de las características de un gobierno que en 2003 entró por la ventana de la Casa Rosada gracias a la visión de estadista de Eduardo Duhalde, el mentor de Kirchner. Y ni qué hablar de los resonantes casos de escándalos de corrupción que durante semanas se fueron sucediendo uno atrás de otro. O del manejo arbitrario del poder y de los fondos públicos. A estas conductas vergonzosas se les suman actitudes también deplorables, como estar permanentemente revolviendo el pasado en forma parcial y arbitraria, esparcir resentimiento en cada discurso, atacar y despreciar a quienes piensan diferente, usar el Estado como si fuera propiedad privada del matrimonio presidencial, mentir y aislar a la Argentina del mundo civilizado llevándonos a los brazos del déspota Chávez. Todo esto puede estar explicando el comportamiento tan atípico de estas elecciones, en las cuales la mayoría de la población deja de lado sus ideales y busca la manera de frenar esta orgía de patoterismo e impunidad en el manejo de la cosa pública. Es como si la gente estuviera pidiendo una bocanada de aire fresco después de tanta polución de insultos y de desprecio por los valores republicanos. Me da la impresión de que cada uno, a su manera, está buscando la forma de recuperar algo de la dignidad del ser argentino y eso explicaría el comportamiento tan atípico del electorado no kirchnerista y que, como decía antes, un anti-peronista pueda festejar que gane un peronista o un liberal si vence Carrió. Es más, hasta hay anti-kirchneristas que, maquiavélicamente, proponen votar a Cristina para que se haga cargo de la herencia que dejará su esposo. Como se puede ver, hay de todo. Y aquí viene el verdadero problema. ¿Qué le espera a la Argentina después del 28 de octubre? Lo que nos espera es la dura realidad de tener que enfrentar la cantidad de problemas que ha venido creando el Gobierno, escondiéndolos detrás de subsidios, barriéndolos debajo de la alfombra o disimulándolos mediante amenazantes llamadas telefónicas. Cuando Kirchner y su esposa hablan de pacto social lo hacen porque están abriendo el paraguas frente a la avalancha de problemas que se avecinan. Inflación, crisis energética, demanda salariales siderales por parte de los dirigentes sindicales, pedidos de los tradicionales sectores prebendarios para que aumente el tipo de cambio nominal, exigencias de créditos baratos, ausencia de inversiones, dificultades para afrontar los vencimientos de la deuda pública el año próximo e inseguridad son sólo algunos de los temas a resolver de un largo listado. Es bastante poco probable que un eventual gobierno de Cristina Kirchner pueda resolver todas estas cuestiones, por la simple razón de que fueron ella y su marido quienes las crearon. Digamos que crearon su propio Frankenstein y, curiosamente, se entregan a sus brazos para ser destruidos. Lamentablemente, en el medio hay millones de argentinos que van a tener que padecer la macabra obra de los Kirchner. Pero, si la Argentina sobrevivió al Rodrigazo, al fin de la tablita cambiaria, al Plan Austral, a la hiperinflación y a la crisis de 2001-2002, ¿por qué no ha de sobrevivir a lo que viene? El único interrogante que queda por develar es si el electorado acelerará el cambio de rumbo el 28 de octubre o le dejará a Cristina la herencia de su propia obra para que se haga cargo.

Autor: Roberto Cachanosky
Fuente: www.economiaparatodos.com.ar

octubre 21, 2007

Se vienen tiempos díficiles

Leía en el diario La Nación un artículo de Roberto Cachanosky que habla de las distorsiones de precios relativos, de los subsidios otorgados a los servicios públicos para sostener los precios artificialmente bajos y también de las manipulaciones a los indices del Indec, y las consecuencias que esto acarrea para el futuro. Algún kirchnerista o un progre se sintió tocado, porque las reacciones histéricas no tardaron en aparecer en los comentarios.
Estoy convencido que a la gran mayoría de la gente no le gusta escuchar la verdad. Es posible que Roberto Cachanosky esté equivocado, pero también es cierto que tiene más autoridad en la materia que un simple comentarista del diario para criticarlo. A la izquierda cuando una declaración no le gusta o no está a tono con sus premisas es fascista, hipócrita, genocida, oligarca, etc, etc,....
Haciendo click aquí, podrán ver el artículo. Mi Nick en ese diario es el mismo que uso aquí Roark65

Pero siguiendo con el tema de la distorsión de precios relativos vean en este vídeo, porqué la tasa de interés se eleva y cómo puede el gobierno influir en una baja de los tipos de interés que no sea la intimidación a los banqueros.

septiembre 13, 2007

LA BASURA QUE EL SR KIRCHNER NO PUEDE ESCONDER DEBAJO DE LA ALFOMBRA

Roberto Cachanosky, en El Informe Economíco, nos habla en el video que podrán ver haciendo clic en el hipervínculo más debajo de los problemas que se avecinan en el ámbito económico. Durante cuatro años Néstor Kirchner no ha hecho más que ocultar los problemas, como se dice vulgarmente, escondiendo la basura debajo de la alfombra. Después de cuatro años la alfombra está repleta de basura que sale por todos lados. El plan económico del gobierno ha sido una farsa. No es un plan económico manipular o desconocer las leyes del mercado, y cuatro años de violaciones a esas leyes es mucho tiempo como para no sufrir sus consecuencias.
El plan del gobierno ha sido mantener el dólar alto, o mejor dicho el peso bajo; ha protegido el valor de la moneda extranjera en desmedro de la moneda nacional. El objeto del dólar alto ha sido estimular las exportaciones, deprimir las importaciones y en consecuencia conseguir un superávit comercial para afrontar los pagos de la deuda externa. El problema ha sido que al devaluar el peso respecto de las monedas extranjeras ha tenido que emitir constantemente pesos para comprar dólares y por medio de una demanda agregada que hacer subir su precio. El excedente monetario producido por esta política era absorbido tomando préstamos en pesos, pero esto ha incrementado la deuda pública. Una contradicción en si mismo, porque la política de cambio alto es afrontar los pagos de la deuda y reducirla, en vez de aumentarla.
Ahora se le presenta otro problema: el haber tomado tantos créditos para financiar el ineficiente estado y sostener el cambio alto, ha creado una demanda agregada en el mercado de capitales, haciendo que el precio de estos, que es el tipo de interés se eleve a niveles peligrosos para la inversión y el crecimiento económico. Para bajar los tipos de interés deberá emitir más moneda y esto es incompatible con el control de la inflación.
Pero hay muchas cosas más. El gobierno ha violado y desconocido las leyes del mercado en todos los ámbitos claves de la economía como el mercado energético y de servicios públicos. Durante los cuatro años de su gestión, Néstor Kirchner ha regulado los precios de estos bienes y llevado a las empresas a una situación ruinosa, donde no consiguen rentabilidad alguna por las inversiones realizadas. Al no ser rentable la inversión, nadie tiene interés en invertir y no han conseguido nuevas inversiones para aumentar la producción y reponer el desgaste del capital. El resultado de todo esto es que hay una disminución de la producción de bienes y servicios, una disminución de energías en cualquiera de sus formas y en general ha destruido un gran sector de la economía nacional, y creado un clima adverso para nuevas inversiones y complicado el crecimiento económico. El más grave error ha sido destruir el mercado energético, que es el más complicado de desarrollar, porque produce resultados a largo plazo, y por el cual es un sector clave para la actividad económica. Sin energía no puede haber producción.

El mercado libre de cambios

Si el gobierno conociera las leyes económicas, no habría sido necesario tener un dólar alto, sólo debería haber dejado al mercado actuar libremente, y la libre concurrencia de oferentes y demandantes fija el valor del peso respecto de las monedas extranjeras. La libre flotación del precio no permite que el mercado se desequilibre. Un déficit en la balanza, devaluaría el peso y contraería la demanda interna, también aumentaría la competitividad de la producción local respecto de la extranjera, y todo esto haría que la balanza comercial tienda ha cerrar ese déficit. Por el contrario, un excesivo superávit en la balanza comercial, revaluaría el peso, estimularía las importaciones y desalentaría las exportaciones. El mercado siempre tiende al equilibrio cuando las leyes del mercado.

Haga click sobre el hipervínculo para ver el video
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agosto 24, 2007

CUANDO LA ECONOMIA DEJA DE SER INDEPENDIENTE Y PASA A SER DOMINADA POR LA POLITICA


Por Antonio Margariti


Cuando la economía deja de ser independiente y es dominada por la política, los consumidores pierden sus derechos y el país, el rumbo.

La presentación de un extraño proyecto de ley (Expdte. parlamentario 1897-D-2007, trámite 100-09/08/2007), por iniciativa de la diputada Mercedes Marcó del Pont, de quien se dice que será la probable ministra de economía de la candidata oficialista a la presidencia, tendiente a crear un “Ente Nacional de Promoción y Control Comercial, Industrial, Agropecuario y Agroalimentador” y designado con las horrendas siglas ENPYCCAA, ha puesto al desnudo las claras intenciones de terminar con todo vestigio de libre empresa en el ámbito de la cadena agroalimentaria.

El organismo resultante de este engendro intervencionista es una suma de facultades omnímodas de las disueltas Juntas Reguladoras de granos y de carnes, del deplorable Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI), de la Secretaría de Comercio Interior, de la Dirección de control de precios y de la Comisión Nacional de lucha contra el agio y la especulación, combinadas todas ellas con la absurda e irracional Ley de Abastecimientos de José Ber Gelbard.

Parece extraño que al final de su mandato, el gobierno kirchnerista quisiera implantar un organismo típico de los gobiernos totalitarios.

Pero en la gestión que ahora se termina, existe un hilo conductor compuesto por varias hebras, íntimamente entrelazadas unas con otras.

Algunas de ellas son de naturaleza temperamentalmente coléricas. Las otras tienen un componente sustancialmente oportunista, desprovisto de toda clase de principios, salvo la mezquindad.

Las hebras temperamentales que han sido desplegadas en estos cuatro años son: el resentimiento por supuestos agravios, la agresión a enemigos imaginarios, la falsedad expresada con desparpajo, el desprecio por los buenos modales y el intento de imponer una subordinación servil.

Las hebras tácticas de este mismo hilo conductor, tienen una sustancia diferente y consisten en: el autismo en la gestión de gobierno, la improvisación del día a día y el obsesivo condicionamiento de las decisiones a la próxima contienda electoral.

El resultado de este entramado ha sido la instauración de una economía domesticada por la política. Pero entendiendo por política no a la definición aristotélica de “gobierno de la ciudad para el bien común”, sino la versión canyengue de “modus operandi para trepar y acumular poder en una sola mano”.

Economía dependiente o sometida

Cuando la economía no es independiente de la política, sino que está subordinada a ella, queda encerrada dentro de límites mentales y operativos muy estrechos, condicionados por un afán confiscatorio de índole fiscal.

En este caso, y a pesar de declamarse buenas intenciones, se erige un Estado-gigante, un cuerpo sin alma como el ogro filantrópico de Octavio Paz, caracterizado porque inevitablemente trae aparejado un sistema de recaudación confiscatoria.

El afán de concentrar poder equivale, casi algebraicamente, al propósito de apropiarse de toda renta excedente que aparezca en la sociedad.

La fiscalidad expoliadora de un estatismo asfixiante y fastidioso, no sólo obstaculiza el progreso económico ya que dificulta la acumulación de nuevos capitales en manos privadas, sino que provoca una tendencia hacia el inmovilismo, favoreciendo el desarrollo de hábitos prebendarios y corporativistas, propios de una economía servil.

En cambio, la esencia del mercado consiste en que se libera de ese predominio político y no respeta los intereses creados de los amigos del poder, presionando constantemente a empresarios y capitalistas para que ajusten su conducta a la cambiante estructura que la sociedad presenta.

Mientras tanto, en la economía dominada por la política, aquellos que se acercan al poder pueden disfrutar pacífica y cómodamente de los bienes que les legaron sus antecesores o de la riqueza acumulada por las prebendas. Por eso la economía politizada mantiene el statu-quo y se adormece en los brazos de la rutina.

Por otro lado, cuando la economía es independiente de la política, los empresarios no pueden dejar de pensar en servir a los consumidores de la mejor manera posible. Si no lo hacen, su privilegiada posición se tambalea y pueden ser relevados por una fila de recién llegados que le disputarán su posición de poder y lo destronarán.

Es intranscendente que los políticos digan que el mecanismo recaudatorio de una economía subordinada a la política, tiende a conseguir: a) una acumulación de capital en manos de empresarios-compinches, b) que se pretenda lograr la nivelación de la riqueza de los ciudadanos, o c) que meramente se persiga el propósito de recaudar mayores ingresos para el erario público con el fin de construir el socialismo siglo XXI.

Lo único que importa es que las consecuencias de este intervencionismo confiscatorio terminan siendo fatales para el destino del país.

Principalmente porque perjudica a las personas comunes como ahorristas, inversores o consumidores, al impedir a los empresarios más eficientes y laboriosos que amplíen sus operaciones en la medida que atiendan mejor los requerimientos de sus propios clientes ofreciéndoles productos de mayor calidad a precios razonables, dentro de una competencia abierta.

En la economía politizada que se ha ido conformando durante estos cuatro años del gobierno de Néstor Kirchner, no son los consumidores quienes deciden, sino los jerarcas del gobierno. Cuando se les ocurre, impiden las importaciones de productos que la población desea, para proteger a los empresarios cortesanos de la competencia internacional.

Tanto los políticos como esos empresarios prebendarios procuran impedir que la acumulación de riqueza se distribuya entre todas las capas sociales: obreros, empleados, trabajadores independiente, profesionales, pequeños comerciantes e industriales medianos.

Precisamente esa distribución de la propiedad privada es la que confiere a las personas una indudable independencia económica convirtiéndoles en seres libres, permitiéndoles disentir con el poder hegemónico y oponerse a los tiranos, porque tienen capacidad de resistencia.
No hay terceras posiciones que valgan. Sin acumulación privada de capitales en muchas manos no existe sociedad libre sino una sociedad de siervos.

Si FUKUYAMA FUERA ARGENTINO


Por Carlos Mira

Las bases culturales y formativas de la Argentina están bien alejadas de la moralidad y el respecto por la ley. Por el contrario, nuestra identidad se funda en la pasión por el malevaje y el malandrismo.
En el primer número de la revista ADN Cultura, que lanzó recientemente el diario La Nación, apareció un artículo de Francis Fukuyama, el filósofo norteamericano de origen japonés, cuyo título era “El fin de la utopía multicultural”. Allí, Fukuyama ensaya la hipótesis de que la estrategia de integración cultural de minorías que ensayaron Estados Unidos y Europa sobre la base de postular la “igualdad” de todas las culturas y reconocer a los inmigrantes (fundamentalmente, a los musulmanes) el derecho a seguir viviendo según sus propias costumbres, valores y creencias ha sido un grosero error para Occidente porque, desde el punto de vista de la libertad, no todas las culturas son iguales y el esfuerzo contra natura por imponer un multiculturalismo irreal ha puesto en juego los derechos de todos, toda vez que los destinatarios de la mano abierta occidental no la estrecharon fraternalmente, sino que la amputaron, atacando las bases del sistema al cual voluntariamente habían decidido mudarse.

En el artículo, Fukuyama comenta lo que a su juicio conforma las bases constitutivas de los Estados Unidos. Dice así: “Los EE.UU. nacieron de una revolución contra la autoridad estatal, basada en cinco valores fundamentales: igualdad, libertad (o antiestatismo), individualismo, primacía de la voluntad popular y laissez faire. La identidad estadounidense está arraigada en (…) la cultura ‘angloprotestante’ de la cual derivan (…) la ética del trabajo, el asociacionismo voluntario y el moralismo en la política”.

Es decir, según el filósofo, que la moral en la política es un activo en el que el país probablemente más exitoso de la historia humana ha basado su nacimiento. El concepto de lo ético y el sobreentendimiento de “lo que está bien” por sobre la aceptación voluntaria de “lo que está mal” han servido para que los Estados Unidos dejaran atrás la pobreza de sus albores y se dirigieran a conformar la sociedad más afluente, innovadora y creativa del mundo.

Cuando contrastamos eso con la Argentina, no podemos dejar de notar una enorme diferencia. Aquí, el manejo de la cosa pública ha requerido un creciente acercamiento con el “malandrismo” para tener alguna posibilidad de éxito: la gobernabilidad del país ha descansado más de lo necesario en cuán familiarizados están los funcionarios con el esquive de la ley. Ser un “maestro” en el arte de “zafar” se ha convertido en una condición sine qua non para poder aspirar a vivir con algo de éxito en la Argentina, sin que el sector público o el privado tengan diferencias apreciables en este punto.

Las denuncias, sospechas o –directamente– procesos abiertos contra funcionarios, empresarios, dirigentes sociales, del fútbol o de cualquier otra índole son moneda corriente. Políticos que no pueden justificar de ningún modo su status económico, que viajan con valijas llenas de dólares en aviones privados contratados con dinero de la sociedad, que olvidan dineros en bolsas de papel madera en los lavabos de sus baños privados, que catapultan a la riqueza a amigos misteriosos que la oficiaban de chóferes no mucho tiempo atrás, que nombran a ciudadanos extranjeros al frente de la Aduana por la que luego pasan valijas con cuñadas millonarias y que compran los votos del Congreso con tarjetas Banelco son la moneda corriente en la vida pública argentina.

También, empresarios que pasan de la intrascendencia a los millones de la noche a la mañana, entongados con el poder para obtener concesiones monopólicas, restricciones a la competencia y dádivas ilegales de las que el resto de la población sólo aporta los costos.

Este coqueteo con la ilegalidad ha llevado a toda la sociedad a hacer un sinónimo inconsciente entre la moralidad y la tontería. Todo aquel que insinúe un planteo puritano de la cosa pública (y de los negocios privados) es señalado como un “inocente”, destinado al fracaso y al hazmerreír generalizado. Las formas de la camorra y la terminología del cancherismo tumbero reemplazan con éxito a las maneras civilizadas y acordes con una sociedad avanzada.

¿Qué perfil de país podía surgir de estos bosquejos? ¿Qué retoños nacerían de esta proclividad a la inmoralidad? ¿Puede haber sorpresas por esta realidad turbia que asoma a las páginas de los diarios como consuetudinaria cotidianeidad?

Si Fukuyama fuera argentino debería haber utilizado palabras bien distintas para describir las bases formativas de nuestro país. Esa orgullosa pasión por el malevaje, esa ventaja comparativa de lo ilegal ha llevado, incluso, a buena parte de la sociedad –que es noble, que es sana y que repulsa la mentira y la delincuencia– a tener que “adaptarse” para poder sobrevivir. “Adaptarse” significa “hacer la vista gorda” en algunos casos y “transar” en otros. El flujo orillero del orden jurídico todo lo envuelve y todo lo influye, desde cómo se maneja un auto hasta cómo se administra una empresa o se ejerce el gobierno.
Si el país –o al menos una parte de él– aspira a un cambio que redunde en vivir mejor dentro de las fronteras argentinas, habrá que prestar atención a estas formas que han pasado a ser parte de nuestra identidad, que nos definen y que nos han dirigido a vivir en los márgenes exteriores de la ley. Mientras la risa socarrona sea la cómplice respuesta que reservemos para aquellos que hagan de la ley y de la honestidad la norma de sus vidas, seguiremos mezclados entre los marginales de la Tierra.

agosto 18, 2007

ANTES DE ENTRAR EN EL PARAISO NOS ESPERA UNA VUELTA POR EL INFIERNO


Por Roberto Cachanosky

Antes de entrar al paraíso, nos espera una vuelta por el infierno
Los muchos problemas que arrastra el actual modelo económico exigirán que el próximo presidente y su equipo asuman la tarea de reacomodar las variables distorsionadas.
Según Cristina Fernández de Kirchner, el kirchnerismo implementó un modelo de “acumulación de matriz diversificada”. De todas maneras, si de impresionar al auditorio se trata, uno podría agregar: “en base a una política global infusa y una planificación dimensional estratificada”. No tengo la más mínima idea de qué quiere decir lo que acabo de escribir, pero el lector tiene que reconocer que suena importante. Con semejantes frases, uno puede conmover a un auditorio y, además, ningún oyente se va a animar a disentir porque nadie tendrá la más mínima idea de qué se trata todo ese palabrerío. Tal vez, el modelo de “acumulación de matriz diversificada” consista en llevar y traer valijas repletas de dólares desde Venezuela en aviones alquilados con fondos públicos para que viajen funcionarios de tercer orden, o en dejar bolsas con dinero en el baño de un ministerio o, quizás, en nombrar a toda la parentela en cargos públicos con suculentos sueldos bajo el pomposo título de asesores. Posiblemente, la “matriz” les permita acumular a unos pocos gracias al contrabando de armas o pagando coimas para hacer algún gasoducto. Como puede verse, esta “acumulación de matriz diversificada” parece ser lo suficientemente flexible como para que resulte satisfactoria cualquier respuesta a la pregunta sobre qué es esa acumulación. Sin embargo, lo que más importante es que es el concepto es lo suficientemente difuso como para que nadie sepa quién acumula. De todas formas, haciendo un esfuerzo de imaginación, uno puede inferir que esta “acumulación de matriz diversificada” significa que el país no es dependiente de un solo producto o sector productivo. Si éste es el caso, sería bueno que Néstor Kirchner le explique a su esposa que, si no fuera por la soja y su alto precio internacional, la “acumulación de matriz diversificada” hoy estaría destrozada. De acuerdo a la senadora, esta “acumulación de matriz diversificada” tendría como objetivo que un sector no se desarrolle a costa de otro. Si a esto se le agrega su tan mentada propuesta de pacto social, pareciera ser que, en el futuro, todos vamos a ser felices, o, como dijo algún ministro, de la mano de Cristina entraremos al paraíso. ¿Y en virtud a qué instrumento mágico lograremos ganarnos el paraíso terrenal? Gracias al eufemismo del tipo de cambio competitivo. Es curioso cómo este gobierno que tanto detesta los 90 y los asimila a la convertibilidad, es decir, a una regla monetaria, recurre al mismo mecanismo. En definitiva, el corazón de la actual política económica es el tipo de cambio y el resto de las medidas se mueve para sostener el tipo de cambio deseado por el gobierno. Así como en los 90 el Estado se endeudaba para sostener la convertibilidad, hoy el Gobierno genera inflación, controla los precios, prohíbe las exportaciones y distorsiona los índices con tal de mantener una determinada paridad cambiaria. Si la gestión kirchnerista odia el endiosamiento del 1 a 1 de los 90, su única diferencia con lo que rechaza y hace consiste en cambiar el número: en vez de 1 a 1, prefiere el 3 a 1. Así como en los 90 me cansé de escribir sobre la inconsistencia entre el aumento del gasto público, el creciente endeudamiento estatal y la convertibilidad, hoy uno puede claramente advertir que existe una manifiesta inconsistencia entre el 3 a 1 y la estabilidad de precios, dado que la actual paridad entre el dólar y el peso sólo es sostenible con un creciente impuesto inflacionario que el Gobierno se limita a esconder detrás de índices distorsionados. Es decir, ni siquiera el 3 a 1 es sostenible en términos reales. De todas maneras, la “acumulación de matriz diversificada” no parece haber logrado su objetivo de superar a los 90, ya que el proceso de reindustrialización no ha sido tal si se considera que en 1998 el PBI de la industria manufacturera representaba el 17,2% del PBI total, en tanto que en 2006 se mantuvo en el 16,6%. ¡Es decir que devaluamos, defaulteamos y pesificamos para reindustrializar el país y terminamos con una participación sectorial de la industria en el PBI total menor que en los 90! ¿Qué condición fundamental requiere la “acumulación” para no terminar en otra memorable catástrofe? Que el Gobierno tenga un superávit fiscal equivalente al ingreso de capitales más el superávit de balance comercial. Porque bueno es recordar que, entre las propuestas de la candidata, se encuentra la de tener una superávit de balance comercial. Si ésa es la propuesta, junto con un tipo de cambio alto, el Gobierno debe comprar todos los dólares excedentes en el mercado para que el tipo de cambio no baje del nivel que requiere la “acumulación”. Por otra parte, ese superávit fiscal tiene que ser cada vez mayor en la medida que al país lleguen capitales para invertir, como pidió la candidata a presidenta por el Frente Para la Victoria. Ese superávit fiscal, que tendría que ser creciente si a los empresarios se les ocurriera invertir en la Argentina, obligaría a tener mucha disciplina fiscal, particularmente por el lado del gasto público, disciplina que hoy brilla por su ausencia dado el aumento del 50% anual del gasto corriente. Y quisiera ver si los gobernadores e intendentes “K” seguirían siéndolo si no se vieran beneficiados por el cheque que les llega desde el gobierno central. ¿Por qué complementar la “acumulación” con un pacto social? Porque intuyo que la candidata debe haber tomado debida nota, o alguien le habrá soplado que tomara nota, de la fenomenal distorsión de precios relativos que hoy impera en la Argentina y de las crecientes presiones inflacionarias que están poniendo de mal humor a amplios sectores de la sociedad. Es decir, si Cristina ganara las elecciones, heredaría de su esposo las llaves del paraíso, aunque antes tendría que pasar por el infierno de reacomodar todas las variables. En gas, por ejemplo, tiene que pensar en multiplicar por tres el precio actual y en combustibles tiene que ir multiplicando por dos. En este contexto, el pacto social supuestamente intentaría contener el descontento popular cuando haya que agregarle “azo” al apellido del ministro que intente recomponer la actual distorsión de precios relativos. Esperemos que no vuelva a tener el apellido Rodrigo. Lo cierto es que si Cristina gana las elecciones, no podrá –como ocurrió en otras épocas– señalar con el dedo acusador a sus antecesores y culparlos de todos los males heredados. Si Cristina gana las elecciones, cosa que todavía está por verse, llegará a un paraíso lleno de casos de corrupción, problemas energéticos, presión inflacionaria y, encima, tendrá la necesidad de cambiar todos los precios caprichosamente establecidos en estos cinco años. Con escándalos de corrupción saltando uno atrás de otro y el largo listado de problemas a enfrentar, lo más probable es que la primera medida que tomen sus colaboradores consista en verificar diariamente que el helicóptero siempre tenga combustible y esté listo para partir.
Fuente: ECONOMIA PARATODOS http://www.economiaparatodos.com.ar/

agosto 15, 2007

La manipulación del Indice de precios - Sospechas e ignorancia.

Por Carlos Margariti


Sin entrar a analizar las intenciones y verdaderas razones de la administración kirchnerista para manipular los índices publicados por el INDEC, los métodos utilizados para lograrlo demuestran una completa ignorancia sobre estadística matemática.


En un reciente trabajo, Gustavo Lazzari, director de políticas públicas de la Fundación Atlas, brindó un interesante enfoque al preguntarse por qué el Gobierno dibuja el índice de precios. Sus respuestas a ese dilema encontraron cuatro motivos fundamentales, encuadrados en lo que podríamos llamar manipulación de los datos:1º. para frenar los aumentos salariales, de manera que si las paritarias aceptaban el incremento oficial del 16,5 % pudieran anunciar que los salarios crecían 10 % más que la inflación publicada.2º. para disminuir los intereses de los bonos ajustables por CER, tal como lo confesó la candidata oficial a la presidencia de la Nación ante empresarios españoles, a quienes señaló que cada punto de inflación nos costaba u$s 421 millones más.3º. para que el número de personas debajo de la línea de pobreza sea menor, ya que si los precios dibujados son bajos parece que con el mismo ingreso nominal se pueden comprar más bienes y servicios.4º para que el indicador de crecimiento económico sea mayor y permita que la estimación del incremento del rubro servicios nos demuestre un crecimiento interanual a tasas chinas. Estos motivos tienen la finalidad exclusiva de influenciar en la próxima contienda electoral de manera que la tapa de los diarios muestre el éxito radiante del proyecto que ahora ha dado en llamarse “modelo de acumulación con matriz multisectorial de gran valor agregado”, frase compuesta por conceptos sucesivamente añadidos en forma similar a los propulsores y tanques de combustible de los cohetes espaciales. Sin embargo, si ésa es la intención subyacente en el manoseo de los índices de precios, el camino elegido nos señala otro asunto tanto o más importante que el comentado. Se trata de una fundamental cuestión de ignorancia. Porque, si en lugar de obrar con ignorancia, hubiesen actuado con inteligencia, habrían podido echar mano de las posibilidades que brinda la estadística matemática. Es decir que podrían haber dispuesto la confección de muchos índices de precios tal como lo hace el Instituto Brasileño de Geografía e Estadística, fundado en 1934 por el gran estadístico Mario Augusto Teixeira da Freitas. Este serio y confiable organismo técnico brasileño publica no uno, sino siete índices de precios, elaborados según diferentes metodologías científicamente aceptadas y aplicadas uniformemente con los períodos transcurridos desde 1934.

Índices de precios simples

La primera lección de la estadística matemática nos enseña que los números índices pueden determinarse de manera simple o ponderada. Los índices simples son aquellos que no tienen en cuenta el peso ni la participación de distintas cantidades de bienes consumidos. Es decir, se limitan a consignar precios exentos de cantidades. Estos índices simples se calculan de diversas maneras, sujetas a metodologías universalmente reconocidas:a. como una mera suma de precios reales para distintos productos, como ser: alimentos, indumentaria, servicios y bienes de consumo durable. El método toma el resultado de esa suma para un mes determinado y lo equipara a una base igual al número 100.b. como un promedio aritmético de precios relativos, relacionando el precio de cada producto para un mes determinado con el precio del mismo producto en el mes tomado como base y promediando luego todos los datos relativos.c. como una mediana de precios, ordenando todos los precios relativos para cada mes y calculando cuál es el promedio entre el más alto y el más bajo. Ese promedio se denomina “mediana de una serie de precios”.d. como un promedio geométrico de precios, que es una variante del método de promedios aritméticos, con la diferencia de que, en lugar de sumar los precios de los distintos productos, se los multiplica y al resultado se les extrae la raíz con exponente “n”.e. como un promedio armónico de precios relativos, que consiste en determinar la media aritmética de la razón inversa de todos los precios relativos. Con estos cinco métodos alternativos, el secretario de Comercio Interior tendría un primer abanico de datos mensuales, concordantes y explicativos de situaciones reales variadas.

Índices de precios ponderados

Pero, si quisieran avanzar en un camino de mayor precisión científica, correspondería ponderar cada uno de los precios relevados por los encuestadores del INDEC por la cantidad realmente consumida. Para ello, se podría utilizar la encuesta de hogares existente, que indica cuál es la cesta o canasta de bienes que componen el consumo habitual de una familia que vive en Capital Federal o en las capitales de provincias. Esta cesta de cantidades de distintos productos puede permanecer fija e inmutable a través del tiempo para multiplicar cada producto por el precio correspondiente. El método se denomina “Laspeyres” en homenaje al estadístico alemán Etienne Laspeyres (1834-1913), que lo ideó para conocer cuál es el precio actual de una canasta de bienes que se consumía en un tiempo pasado, denominado período base. El método se caracteriza porque supone invariable las cantidades y tipos de productos consumidos. El índice de Laspeyres, utilizado por el INDEC hasta la intervención de enero pasado, permite comparar con un mes determinado una serie de datos extendida hacia el pasado o hacia el futuro. Como generalmente se afirma que la gente modifica sus hábitos de consumo –cambiando aquellos productos que suben de precios por otros que se mantienen estables, o introduciendo productos que la publicidad les muestra como más atractivos y novedosos– surgió otra fórmula alternativa que se denomina “Paasche”, en homenaje a otro estadístico alemán, Hermann Paasche (1851-1925), quien estableció una metodología diferente que consiste en modificar la cesta o canasta de productos consumidos mes a mes según las preferencias de los consumidores, de manera que se pueda determinar qué precios hubiera tenido en el pasado la canasta de bienes que hoy se está consumiendo. Esta muestra cambiante es multiplicada por los precios de todos los artículos para compararlos con los precios que tenían en el período considerado base. Cada uno de estos métodos tiene sus pro y contra. De todas maneras, los índices de Laspeyres y Paasche pueden combinarse entre sí, de modo de calcular un tercer índice denominado “Índice ideal de Fisher”. Para obtenerlo, se debe multiplicar ambos cálculos y sacar la raíz cuadrada del resultado de esa multiplicación. Así, se obtiene un tercer índice matemático que promedia geométricamente el índice de una canasta rígida (Laspeyres) con el índice de una canasta flexible (Paasche).

Índices de precios ajustados

Aun más: si se alega que los índices de precios están afectados por circunstancias estacionales –como por ejemplo el precio de las naranjas en verano o el precio del tomate y la lechuga en invierno–, entonces se pueden realizar ajustes estacionales o índices de precios desestacionalizados, los cuales tienen en cuenta esas fluctuaciones periódicas para suavizar su incidencia en el cálculo mensual del índice. Para eliminar esas oscilaciones más o menos regulares, se pueden emplear diferentes métodos estadísticos: uno, denominado de los promedios móviles, se logra sumando la serie de doce meses, añadiendo el nuevo mes que va a medirse y restando el del año anterior. Tales promedios actualizados van dejando atrás los precios de hace más de un año e incorporan los precios de los nuevos períodos a medida que avanza el tiempo. Otro método alternativo, más complejo, consiste en determinar el ajuste de las oscilaciones de precios por medio de curvas de series potenciales que permiten eliminar las tendencias de largo plazo sobre los precios. El ajuste de la tendencia puede realizarse con el criterio de una simple línea recta que une la serie de altibajos en los precios o, también, con una curva potencial de segundo grado, denominada parabólica. Asimismo, pueden utilizarse otras curvas para ajustar datos de un índice de precios: la de Gompertz, activamente empleada en el cálculo actuarial, y la exponencial o logística de Pearl-Reed. De manera que si los funcionarios del gobierno tuvieran un poco de conocimiento básico de la estadística matemática, se habrían abstenido de obrar como actuaron al destruir la confiabilidad del INDEC. En vez de recurrir a la intervención prepotente y grosera, podrían haber ofrecido un abanico de nueve índices de precios distintos para explicar la realidad del “modelo de acumulación con matriz multisectorial” que su coeficiente intelectual les permita. Hubiésemos ganado en serenidad, confianza y previsibilidad, para que cada cual pudiese elegir aquella serie de datos que según su particular apreciación se corresponde con la realidad que vive. Para ello, en lugar de insolencia, deberían haber obrado con respeto. En lugar de prepotencia, tendrían que comportarse con humildad. En lugar de cinismo, hubiesen actuado con recato. En lugar de agredir, habrían sido tolerantes. En lugar de acusar a otros, tendrían que examinar las propias culpas. En lugar de alentar el odio, predicarían el perdón y la reconciliación. Y ése es el verdadero cambio que esperamos pueda ocurrir en esta Argentina encaminada hacia una elección de vida.

Fuente: Economía para Todoshttp://www.economiaparatodos.com.ar/ (Para conocer más sobre el modo de cálculo de estos índices, consultar una nota anterior del mismo autor.) Antonio Margariti es economista y autor del libro “Impuestos y pobreza. Un cambio copernicano en el sistema impositivo para que todos podamos vivir dignamente”, editado por la Fundación Libertad de Rosario.

agosto 11, 2007




Por Roberto Cachanosky




Un original enfoque acerca de la relación entre las instituciones y el crecimiento económico permite analizar si nuestro país se dirige hacia un futuro de mayor apertura y garantías democráticas o hacia uno signado por el autoritarismo.


Estoy terminando de leer un interesante de libro de Ian Bremmmer, titulado “La curva J, una manera de entender por qué ascienden y caen las naciones”. El texto aporta un ángulo de análisis diferente sobre la relación entre las instituciones y el crecimiento económico. Bremmer sostiene que las sanciones que EE.UU. aplica a los gobiernos autocráticos suelen tener un efecto inverso al deseado, dado que aíslan más a esos países del resto del mundo, lo que consolida el autoritarismo. ¿Qué es la curva “J”? El siguiente gràfico lo explica:





El eje vertical marca el grado de estabilidad de los países, el horizontal indica el grado de apertura política y económica al mundo exterior. Las naciones que están más arriba en la curva “J” son más estables y las que están más abajo, más inestables. Los países a la izquierda de la curva “J” son estables, pero cerrados al mundo. Por ejemplo, la Cuba de Fidel Castro, la China de Mao o la Unión Soviética de Stalin. Esos países tenían y tienen estabilidad política en base al terrorismo de Estado. Los países que están a la derecha de la curva “J” basan su estabilidad en parlamentos independientes del Ejecutivo, una justicia autónoma, el ingreso de inversiones extranjeras directas, la libertad de expresión, un alto volumen de comercio exterior y movilidad social, entre otros puntos. Por el contrario, los países que están a la izquierda de la curva “J” tienen escasa o nula inversión extranjera y escasa o nula relación de los ciudadanos con el exterior, sufren la fuga de capitales, carecen de división de poderes, usan el monopolio de la fuerza del Estado para violar los derechos de los ciudadanos, persiguen a quienes piensan diferente al gobierno y no aseguran la libertad de prensa. En síntesis, los países que están en el lado derecho de la curva “J” se construyen en base a democracias republicanas. En cambio, las naciones que están a la izquierda sostienen su estabilidad mediante el liderazgo de autócratas. Ahora bien, puede haber casos de países que se mueven a lo largo de la curva “J” desde la parte izquierda hacia la derecha. Es decir, desde el autoritarismo hacia la libertad. Esas naciones son inestables durante un tiempo, hasta que se define si vuelven a subir hacia el lado izquierdo de la curva “J” y regresan al autoritarismo o si se desplazan definitivamente hacia la derecha, con lo que se convierten en democracias republicanas. Por citar un caso: ¿qué ocurrirá con Cuba el día que muera Fidel Castro, considerando que la dictadura cubana está basada en el liderazgo de un autócrata? ¿Vivirá un período de transición e inestabilidad moviéndose hacia la derecha o volverá hacia la izquierda? El mismo tipo de inestabilidad es el que puede asignarse a Irak luego de la caía de Saddam Hussein. ¿Por qué los países ubicados en el lado izquierdo de la curva “J” están cerrados al mundo y mantienen a su población desinformada? Porque en la medida en que la gente tuviera información sobre el bienestar que producen las democracias republicanas, exigiría a sus gobernantes un cambio hacia la libertad y la prosperidad. Esto generaría una reacción que acabaría con la autocracia. Por lo tanto, las autocracias necesitan esconderle información a la gente, eliminar la libertad de expresión y anular la libertad económica. Infundirle miedo a la población es clave para sostenerse en el poder y evitar la resistencia de los sectores de la sociedad que desean la libertad en el más amplio sentido de la palabra. Así, mantener a los ciudadanos aislados del resto del mundo es un instrumento clave del que se vale el autoritarismo. Las dos primeras presidencias de Juan Domingo Perón ubicaron a la Argentina claramente en el lado izquierdo de la curva “J”. Una vez terminada la dictadura, vivimos momentos de alta inestabilidad política. Es decir, nos mantuvimos en la parte baja de la curva “J”. ¿En qué situación estamos hoy? ¿Nos movemos hacia el lado derecho de la curva “J” o nos estamos desplazando hacia el lado izquierdo? ¿Vamos en busca de mejores instituciones o hacia una creciente degradación de éstas? ¿Hay división de poderes o tenemos un simulacro de división? ¿Impera la libertad de expresión o los medios y periodistas son hostigados? El manejo arbitrario de los fondos públicos, la “borocotización” de la política y las amenazas a los jueces que investigan casos de corrupción son algunos elementos que permiten advertir la tendencia a desplazarnos hacia la izquierda de la curva “J”. También es un secreto a voces el miedo que tienen muchos empresarios de expresar libremente su pensamiento sobre la marcha de la economía o adoptar medidas en sus empresas que puedan disgustar al Gobierno. Muchos empresarios han dejado de serlo para transformarse en simples ejecutores de las órdenes que se les imparte desde “arriba”. Se respira un aire de miedo. Si para mover sus precios un empresario debe tener la autorización del funcionario de turno, y para eso tiene que ser recibido por un burócrata, decir algo inconveniente puede traducirse en ser ignorado por el funcionario u hostigado de diferentes maneras. Claro que ceder a ese pánico implica, de hecho, haber perdido el control de la propia empresa. Sólo queda la ilusión de creer que se sigue manejándosela. Las crecientes regulaciones y controles, además de generar ineficiencia en la economía, anulan el derecho de propiedad. Por eso, sostengo que cuanto más se ceda al miedo, más nos desplazaremos hacia la izquierda de la curva “J”, hasta que el derecho de propiedad desaparezca por completo. Si los empresarios cierran la boca por miedo a perder sus empresas, creyendo que guardando silencio la van a mantener, pueden un día darse cuenta de que por callarse han perdido todo, porque hasta para comprar un tornillo tendrán que pedirle autorización al secretario de turno. En materia de libertad de expresión, constantemente nos enteramos de que tal o cual periodista que dijo cosas inconvenientes ha sido notificado que su programa fue levantado. Famoso es el caso del canal P+E, que durante años se emitió por Cablevisión. Hasta que llegó el actual gobierno estaba en el canal 5. Al poco tiempo, fue llevado, primero, al canal 60 y luego al 65. Finalmente, fue disuelto. Por supuesto, había demasiadas voces independientes que molestaban, por más que se pretenda fundar la decisión del cierre en cuestiones empresariales que nadie cree. Como ejemplo, basta entrar en los foros de esta revista para advertir la existencia de gente paga para insultar y amenazar. ¿Por qué paga? Porque sólo un lunático o alguien pago puede destinarle tanto tiempo a meterse en una revista virtual que no coincide con sus ideas para insultar a sus columnistas en forma sistemática. Periodismo perseguido, empresarios con miedo, instituciones acosadas y acusaciones desde el atril a diestra y siniestra muestran a una Argentina que ya no lucha por lograr un largo período de prosperidad económica. Estamos frente a una lucha más profunda, que tiene que ver con intentos firmes por llevarnos hacia el lado izquierdo de la curva “J”. No estamos discutiendo si tipo de cambio libre o fijo, emisión o disciplina monetaria, precios controlados o fijos. Estamos en la parte baja de la curva “J”, en un período de alta inestabilidad que puede llevarnos hacia la derecha o la izquierda de la curva. Es decir, hacia la libertad o hacia la servidumbre. Quienes creen que pueden perder su patrimonio si levantan su voz frente a los continuos atropellos, están profundamente equivocados. Porque si esos atropellos continúan, nos vamos a desplazar hasta lo más alto de la parte izquierda de la curva “J” y, entonces, habrán perdido todo. Ya que en los sistemas autocráticos no sólo no se puede hablar, sino que tampoco existe la propiedad privada. Sólo unos pocos privilegiados podrán pertenecer a la nomenclatura que disfrute de una buena calidad de vida, mientras el resto de la población padecerá todo tipo de penurias. Sin embargo, aunque logren formar parte de esa nomenclatura, ni siquiera así podrán estar seguros de permanecer en el selecto grupo de los beneficiados, porque el capricho del autócrata puede, de la noche a la mañana, mandarlos al infierno. Su futuro no dependerá de su habilidad empresarial, sino del riesgo permanente de caer en desgracia ante los ojos del mandamás. Insisto, hoy la Argentina está en el punto más bajo de la curva, con fuerte inestabilidad política y un gran signo de interrogación sobre cuál será la dirección que tomaremos dentro de la curva “J”. En gran medida, la dirección que tomemos dependerá de nosotros mismos.


Fuente: Economía para Todos. www.economiaparatodos.com.ar