agosto 26, 2007

HE AQUI EVITA OTRA VEZ



Eva Duarte de Perón vuelve a salir a escena, aunque no se trata de otra versión del musical de Broadway. La escena es real, es la tarima de la política nacional argentina donde otra mujer, por vía de la cama , entra en las candilejas de la carrera presidencial: Cristina Fernández de Kirchner revive como una grotesca parodia la tragedia de la Argentina, que en su momento protagonizaron Evita e Isabelita de Perón. La mujer del presidente Néstor Kirchner quiere quedarse en la Casa Rosada, pero esta vez con la banda presidencial, y las encuestas dicen que tiene muchas probabilidades de salirse con la suya en las elecciones de octubre. El que este sainete tenga tantas posibilidades de consumarse, luego de más de sesenta años de descalabros políticos en Argentina, dice mucho del grado de ingenuidad e inmadurez de la gente de ese país del Cono Sur que al parecer, ven la política como una mezcla de delirio y estulticia. Alguna vez, la pomposidad de los militares tuvo su contraparte en el febril entusiasmo de los descamisados que llegó hasta unas elecciones en las que --con la consigna de ``Cámpora a la presidencia, Perón al poder''-- se burlaron de la respetabilidad de los comicios y --por primera vez en América Latina-- trajeron del exilio a un dictador decrépito y lo devolvieron al poder como turco en la neblina. Pero Perón no regresó solo, sino que trajo a su mujercita, que era inepta certificada, para que lo suplantara al faltar él, hasta que la estulticia le abrió las puertas al terror y los montoneros se alzaron y los milicos desataron la matanza. A esto siguió el descalabro de las Malvinas (que, por suerte para sus habitantes, no son argentinas); el dúo grotesco entre las borracheras de Galtieri y las demandas de las Madres de la Plaza de Mayo que, a veces, dan deseos de que las hubieran desaparecido también; el regreso a la democracia, gracias a Gran Bretaña y sus cañones, que, tras un hiato de decencia gris, trajo de nuevo al peronismo con las patillas impresentables y el latrocinio de Carlos Menem. Ahora, hemos sido testigos de la ridícula demagogia antinorteamericana de Kirchner (con un discurso político lleno de lugares comunes de la izquierda más trasnochada) que se propone legarle el país a su mujer --porque al parecer se fatigó de gobernar y quiere hacerlo desde la sombra de su alcoba-- y ella se presenta con la crispación que seduce a las masas vociferantes, aduciendo que quiere mandar a la cabeza de una muchedumbre de revoltosos. ¡Pobre Argentina! ¿Será verdad esto que estamos viendo? Este fenómeno se produce --curiosamente-- en el país más adelantado, culto y europeo de América Latina, (o el que al menos por tal se tuvo por bastante más de un siglo) con una capital que aún deslumbra a sus visitantes por su vida civilizada, por su actividad literaria y artística, por sus numerosas y bien nutridas librerías. ¿Cómo puede coexistir con este apego visible a los modales de la cultura, a la disciplina laboral que levantó una gran nación, este burdo intento de remedar esa época que Borges llamó con tanto tino ``tiempos de oprobio y bobería''? Tal vez posea a los argentinos esa pasión desorbitada y pueril que también padecieron los franceses (responsable de tantos cambios en el mundo, entre ellos la invención del totalitarismo), en que los instrumentos y la divulgación de la cultura en lugar de servir para el sostén de un orden, se prestan para fomentar un entusiasmo radical, iluso y ''revolucionario'' que mina las instituciones al tiempo que produce solevantamientos sobre los que suelen trepar los demagogos con sus grotescos ademanes. Cristina Fernández de Kirchner está por salir a escena en el papel de Evita y muchos, para desgracia de Argentina, aplaudirán. Yo sólo espero aún que alguien rechifle.

Por Vicente Echerry
Fuente:
El Nuevo Herald

agosto 25, 2007

ARMANDO RIBAS ENTREVISTADO POR JAIME BAYLY

Parte1


Parte 2


Parte 3


Fuente: Drove

UN POCO DE BUEN CINE: Hoy "EL PADRINO"



Fuente: No cualquiera suma sin restar

LA HIPOCRECIA DE LOS FAMOSOS ECOLOGISTAS


Ser una celebridad por interpretar canciones o actuar frente a pantallas grandes y pequeñas conlleva servidumbres y privilegios. Entre las primeras, la aparente necesidad de sumarse a cierto discurso progresista y ecologista, aunque nunca lo suficiente como para estudiar en serio los problemas implicados. Y entre los privilegios, el poder ganar popularidad con esas imposturas mientras en su comportamiento privado no permiten ninguna de las renuncias que prescriben a los demás.

Son guapos y famosos. Cantan, actúan, ocupan cargos políticos, pero tienen tiempo para mucho más. Para erigirse en reserva moral de esta sociedad injusta, corrompida, abocada al Apocalipsis medioambiental. No tenemos más que acercarnos a la página web de Barbra Streisand, que recoge las recomendaciones de un científico expresadas en el New York Times y que llaman al ejemplo personal, a la renuncia, al ahorro, como forma de contribuir privadamente a moderar la contribución humana al efecto invernadero: cambie su sistema de calefacción por otro más eficiente, no utilice las viejas bombillas para iluminarse, cierre bien puertas y ventanas cuando ponga el aire acondicionado… Todo ello está muy bien y alguna de las recomendaciones tienen todo el sentido. Pero la cuestión cambia radicalmente cuando el comportamiento que observamos es el de la propia Streisand. El pasado mes de julio visitó Gran Bretaña, venciendo una vez más su timidez ante los escenarios, para cantar a sus incondicionales. Pero para desplazarse no eligió un avión de línea, sino que lo hizo en jet privado, tal como recogió el diario Daily Mail. Para acompañar a su voz necesitó 13 camiones de trailer con acompañantes, técnicos y todo tipo de bienes. Si por un lado recomienda en su página no poner el lavaplatos hasta que no esté cargada de vajilla sucia, por otro necesita para el backstage 120 toallas. Mucha agua tendrá que secar.


Di Caprio es ecologista "cuando puede"

Un reciente artículo del periodista Jeff Bercouvici, publicado en la revista Radad, recoge las incoherencia de los "green fakers", de los verdes de mentira. De los famosos que son ecologistas sobre la alfombra roja, pero que dejan de serlo cuando retoman sus privilegiadas vidas. Lo de viajar en jet privado, alejado del entusiasmo del público, no es exclusivo de la diva americana. La pareja de baile ecologista de Al Gore, Leonardo di Caprio, tampoco necesita a las líneas aéreas para desplazarse de ciudad a ciudad. "Yo intento viajar en líneas comerciales siempre que puedo", dice al respecto. Pero le ocurre como a cualquier otra persona, que hay ocasiones en que se ve abocado a viajar sin más compañía que la que él elija.

"No soy perfecta"

El éxito de Al Gore con su docudrama "Una verdad incómoda" (con su uso recreativo de la ciencia), no será ajeno a las artes de la productora Laurie David (cuyo marido fue, a su vez, productor de Seinfeld). Si uno entra en su página web lo primero que verá no es su perfil profesional sino el hecho de que es una "Global Warming Activist", una activista del calentamiento global. Será porque, ella también, prefiere el jet privado para sus desplazamientos a tener que compartir asiento con las personas a las que quiere "concienciar". Cuando se le pregunta por tan violento contraste entre lo que dice y lo que hace, su respuesta es a la vez clara y reveladora: "No soy perfecta. Esto no trata de la perfección. No espero que todos los demás sean perfectos, tampoco. Eso es lo que está dañando al movimiento ecologista: llevar a la gente a estándares (de comportamiento) que no pueden alcanzar". Y ella no quiere dañar al movimiento ecologista. El autor del artículo no ha hecho mención a Sheryl Crow, que gana honradamente mucho dinero convocando a miles de seguidores en sus conciertos, a los que inunda de chorros de voz y de electricidad, pero pide que se imponga un racionamiento en todo el mundo al uso del papel higiénico. Todo, por el medio ambiente.

Viva la energía eólica, lejos de mi vista

Los políticos también tienen tiempo para hacer lo contrario de lo que dicen, y eso que hablar les ocupa, a su vez, una porción importante de sus horas. Jeff Bercouvici pone el ejemplo del joven Robert Kennedy, que debate sus esfuerzos entre las organizaciones ecologistas Waterkeeper Alliance y Natural Resources Defense Council. No hay nada como las energías renovables, claro está, como la eólica. Pero siempre que los molinos de viento queden lejos de su vista. Lejos, muy lejos de su finca en Hyannis Port. O el candidato demócrata a la presidencia John Edwards, aferrado a su discurso demagógico sobre "las dos américas", una rica y otra pobre. También se podría hablar de las dos américas, la que cabe en su casa, la más grande de todo Estados Unidos, y la que se quedaría fuera.

Al Gore

Pero el campeón de todos ellos es, sin duda, Al Gore. Es el profeta del calentamiento global y ha llevado su docudrama por todo el mundo. Lo llamó "Una verdad incómoda". Como si se refiriera a su propia persona. Pues nuestro flamante premio Príncipe de Asturias gasta, en un solo mes, más que la familia estadounidense media en todo un año. Posee una mina de cinc que ensucia como la que más y rechaza, en el Capitolio, asumir él los "mandamientos" sobre el calentamiento global que prescribe para los demás. Para vender el apocalipsis en Canarias, lo ha adelantado a la zona, pero para los presupuestos públicos y privados.
La Tierra agradecerá a la bella Jennifer Aniston que se duche en sólo tres minutos y que, mientras, aproveche para limpiarse los dientes. Pero a lo mejor no es tan importante. Pero acaso más importante que eso sea no caer en determinados excesos.
Autor: José Carlos Rodríguez

HUGO CHAVEZ ASESINO, ENFERMO Y PARANOICO

Francisco Arias Cárdenas es el embajador de Venezuela en la ONU, y fue en un principio partidario de Chávez y estuvo involucrado en el golpe de estado fracasado de 1998, pero ahora no se que pasó. Acusa abiertamente a Hugo Chávez de asesino, enfermo y paranoico en el portal del Diario de América.

EN EL MERCADO LIBRE




"En el mercado libre, todos ganamos según su valor productivo satisfaciendo los deseos del consumidor. Bajo la distribución del estatismo, todos ganamos la cantidad que él puede quitar a los "productores del the a medida de.
Murray N. Rothbard

ARMANDO RIBAS Y EL RELATIVISMO MORAL

Parte 1




Parte 2




Parte 3




Parte 4

agosto 24, 2007

¿ES CRISTINA KIRCHNER ABOGADA?

Hace algún tiempo se está dudando de su profesionalidad en la carrera de abogacía.
Junto a este blog varios sitios de internet, entre los que se enumeran abajo, están peticionando a Cristina F de Kirchner que aclare esta situación, que diga en que universidad estudió Derecho, en que año se graduó, donde está inscripto su titulo y cuál es su matrícula profesional.
Si usted se postula para ejercer el oficio público más importante, debe demostrar que, si está dispuesta a sanear las instituciones, mejor la calidad institucional y luchar contra la corrupción se compadece con los títulos y cualidades que usted dice tener.

*Diario de América

CUANDO LA ECONOMIA DEJA DE SER INDEPENDIENTE Y PASA A SER DOMINADA POR LA POLITICA


Por Antonio Margariti


Cuando la economía deja de ser independiente y es dominada por la política, los consumidores pierden sus derechos y el país, el rumbo.

La presentación de un extraño proyecto de ley (Expdte. parlamentario 1897-D-2007, trámite 100-09/08/2007), por iniciativa de la diputada Mercedes Marcó del Pont, de quien se dice que será la probable ministra de economía de la candidata oficialista a la presidencia, tendiente a crear un “Ente Nacional de Promoción y Control Comercial, Industrial, Agropecuario y Agroalimentador” y designado con las horrendas siglas ENPYCCAA, ha puesto al desnudo las claras intenciones de terminar con todo vestigio de libre empresa en el ámbito de la cadena agroalimentaria.

El organismo resultante de este engendro intervencionista es una suma de facultades omnímodas de las disueltas Juntas Reguladoras de granos y de carnes, del deplorable Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI), de la Secretaría de Comercio Interior, de la Dirección de control de precios y de la Comisión Nacional de lucha contra el agio y la especulación, combinadas todas ellas con la absurda e irracional Ley de Abastecimientos de José Ber Gelbard.

Parece extraño que al final de su mandato, el gobierno kirchnerista quisiera implantar un organismo típico de los gobiernos totalitarios.

Pero en la gestión que ahora se termina, existe un hilo conductor compuesto por varias hebras, íntimamente entrelazadas unas con otras.

Algunas de ellas son de naturaleza temperamentalmente coléricas. Las otras tienen un componente sustancialmente oportunista, desprovisto de toda clase de principios, salvo la mezquindad.

Las hebras temperamentales que han sido desplegadas en estos cuatro años son: el resentimiento por supuestos agravios, la agresión a enemigos imaginarios, la falsedad expresada con desparpajo, el desprecio por los buenos modales y el intento de imponer una subordinación servil.

Las hebras tácticas de este mismo hilo conductor, tienen una sustancia diferente y consisten en: el autismo en la gestión de gobierno, la improvisación del día a día y el obsesivo condicionamiento de las decisiones a la próxima contienda electoral.

El resultado de este entramado ha sido la instauración de una economía domesticada por la política. Pero entendiendo por política no a la definición aristotélica de “gobierno de la ciudad para el bien común”, sino la versión canyengue de “modus operandi para trepar y acumular poder en una sola mano”.

Economía dependiente o sometida

Cuando la economía no es independiente de la política, sino que está subordinada a ella, queda encerrada dentro de límites mentales y operativos muy estrechos, condicionados por un afán confiscatorio de índole fiscal.

En este caso, y a pesar de declamarse buenas intenciones, se erige un Estado-gigante, un cuerpo sin alma como el ogro filantrópico de Octavio Paz, caracterizado porque inevitablemente trae aparejado un sistema de recaudación confiscatoria.

El afán de concentrar poder equivale, casi algebraicamente, al propósito de apropiarse de toda renta excedente que aparezca en la sociedad.

La fiscalidad expoliadora de un estatismo asfixiante y fastidioso, no sólo obstaculiza el progreso económico ya que dificulta la acumulación de nuevos capitales en manos privadas, sino que provoca una tendencia hacia el inmovilismo, favoreciendo el desarrollo de hábitos prebendarios y corporativistas, propios de una economía servil.

En cambio, la esencia del mercado consiste en que se libera de ese predominio político y no respeta los intereses creados de los amigos del poder, presionando constantemente a empresarios y capitalistas para que ajusten su conducta a la cambiante estructura que la sociedad presenta.

Mientras tanto, en la economía dominada por la política, aquellos que se acercan al poder pueden disfrutar pacífica y cómodamente de los bienes que les legaron sus antecesores o de la riqueza acumulada por las prebendas. Por eso la economía politizada mantiene el statu-quo y se adormece en los brazos de la rutina.

Por otro lado, cuando la economía es independiente de la política, los empresarios no pueden dejar de pensar en servir a los consumidores de la mejor manera posible. Si no lo hacen, su privilegiada posición se tambalea y pueden ser relevados por una fila de recién llegados que le disputarán su posición de poder y lo destronarán.

Es intranscendente que los políticos digan que el mecanismo recaudatorio de una economía subordinada a la política, tiende a conseguir: a) una acumulación de capital en manos de empresarios-compinches, b) que se pretenda lograr la nivelación de la riqueza de los ciudadanos, o c) que meramente se persiga el propósito de recaudar mayores ingresos para el erario público con el fin de construir el socialismo siglo XXI.

Lo único que importa es que las consecuencias de este intervencionismo confiscatorio terminan siendo fatales para el destino del país.

Principalmente porque perjudica a las personas comunes como ahorristas, inversores o consumidores, al impedir a los empresarios más eficientes y laboriosos que amplíen sus operaciones en la medida que atiendan mejor los requerimientos de sus propios clientes ofreciéndoles productos de mayor calidad a precios razonables, dentro de una competencia abierta.

En la economía politizada que se ha ido conformando durante estos cuatro años del gobierno de Néstor Kirchner, no son los consumidores quienes deciden, sino los jerarcas del gobierno. Cuando se les ocurre, impiden las importaciones de productos que la población desea, para proteger a los empresarios cortesanos de la competencia internacional.

Tanto los políticos como esos empresarios prebendarios procuran impedir que la acumulación de riqueza se distribuya entre todas las capas sociales: obreros, empleados, trabajadores independiente, profesionales, pequeños comerciantes e industriales medianos.

Precisamente esa distribución de la propiedad privada es la que confiere a las personas una indudable independencia económica convirtiéndoles en seres libres, permitiéndoles disentir con el poder hegemónico y oponerse a los tiranos, porque tienen capacidad de resistencia.
No hay terceras posiciones que valgan. Sin acumulación privada de capitales en muchas manos no existe sociedad libre sino una sociedad de siervos.

Si FUKUYAMA FUERA ARGENTINO


Por Carlos Mira

Las bases culturales y formativas de la Argentina están bien alejadas de la moralidad y el respecto por la ley. Por el contrario, nuestra identidad se funda en la pasión por el malevaje y el malandrismo.
En el primer número de la revista ADN Cultura, que lanzó recientemente el diario La Nación, apareció un artículo de Francis Fukuyama, el filósofo norteamericano de origen japonés, cuyo título era “El fin de la utopía multicultural”. Allí, Fukuyama ensaya la hipótesis de que la estrategia de integración cultural de minorías que ensayaron Estados Unidos y Europa sobre la base de postular la “igualdad” de todas las culturas y reconocer a los inmigrantes (fundamentalmente, a los musulmanes) el derecho a seguir viviendo según sus propias costumbres, valores y creencias ha sido un grosero error para Occidente porque, desde el punto de vista de la libertad, no todas las culturas son iguales y el esfuerzo contra natura por imponer un multiculturalismo irreal ha puesto en juego los derechos de todos, toda vez que los destinatarios de la mano abierta occidental no la estrecharon fraternalmente, sino que la amputaron, atacando las bases del sistema al cual voluntariamente habían decidido mudarse.

En el artículo, Fukuyama comenta lo que a su juicio conforma las bases constitutivas de los Estados Unidos. Dice así: “Los EE.UU. nacieron de una revolución contra la autoridad estatal, basada en cinco valores fundamentales: igualdad, libertad (o antiestatismo), individualismo, primacía de la voluntad popular y laissez faire. La identidad estadounidense está arraigada en (…) la cultura ‘angloprotestante’ de la cual derivan (…) la ética del trabajo, el asociacionismo voluntario y el moralismo en la política”.

Es decir, según el filósofo, que la moral en la política es un activo en el que el país probablemente más exitoso de la historia humana ha basado su nacimiento. El concepto de lo ético y el sobreentendimiento de “lo que está bien” por sobre la aceptación voluntaria de “lo que está mal” han servido para que los Estados Unidos dejaran atrás la pobreza de sus albores y se dirigieran a conformar la sociedad más afluente, innovadora y creativa del mundo.

Cuando contrastamos eso con la Argentina, no podemos dejar de notar una enorme diferencia. Aquí, el manejo de la cosa pública ha requerido un creciente acercamiento con el “malandrismo” para tener alguna posibilidad de éxito: la gobernabilidad del país ha descansado más de lo necesario en cuán familiarizados están los funcionarios con el esquive de la ley. Ser un “maestro” en el arte de “zafar” se ha convertido en una condición sine qua non para poder aspirar a vivir con algo de éxito en la Argentina, sin que el sector público o el privado tengan diferencias apreciables en este punto.

Las denuncias, sospechas o –directamente– procesos abiertos contra funcionarios, empresarios, dirigentes sociales, del fútbol o de cualquier otra índole son moneda corriente. Políticos que no pueden justificar de ningún modo su status económico, que viajan con valijas llenas de dólares en aviones privados contratados con dinero de la sociedad, que olvidan dineros en bolsas de papel madera en los lavabos de sus baños privados, que catapultan a la riqueza a amigos misteriosos que la oficiaban de chóferes no mucho tiempo atrás, que nombran a ciudadanos extranjeros al frente de la Aduana por la que luego pasan valijas con cuñadas millonarias y que compran los votos del Congreso con tarjetas Banelco son la moneda corriente en la vida pública argentina.

También, empresarios que pasan de la intrascendencia a los millones de la noche a la mañana, entongados con el poder para obtener concesiones monopólicas, restricciones a la competencia y dádivas ilegales de las que el resto de la población sólo aporta los costos.

Este coqueteo con la ilegalidad ha llevado a toda la sociedad a hacer un sinónimo inconsciente entre la moralidad y la tontería. Todo aquel que insinúe un planteo puritano de la cosa pública (y de los negocios privados) es señalado como un “inocente”, destinado al fracaso y al hazmerreír generalizado. Las formas de la camorra y la terminología del cancherismo tumbero reemplazan con éxito a las maneras civilizadas y acordes con una sociedad avanzada.

¿Qué perfil de país podía surgir de estos bosquejos? ¿Qué retoños nacerían de esta proclividad a la inmoralidad? ¿Puede haber sorpresas por esta realidad turbia que asoma a las páginas de los diarios como consuetudinaria cotidianeidad?

Si Fukuyama fuera argentino debería haber utilizado palabras bien distintas para describir las bases formativas de nuestro país. Esa orgullosa pasión por el malevaje, esa ventaja comparativa de lo ilegal ha llevado, incluso, a buena parte de la sociedad –que es noble, que es sana y que repulsa la mentira y la delincuencia– a tener que “adaptarse” para poder sobrevivir. “Adaptarse” significa “hacer la vista gorda” en algunos casos y “transar” en otros. El flujo orillero del orden jurídico todo lo envuelve y todo lo influye, desde cómo se maneja un auto hasta cómo se administra una empresa o se ejerce el gobierno.
Si el país –o al menos una parte de él– aspira a un cambio que redunde en vivir mejor dentro de las fronteras argentinas, habrá que prestar atención a estas formas que han pasado a ser parte de nuestra identidad, que nos definen y que nos han dirigido a vivir en los márgenes exteriores de la ley. Mientras la risa socarrona sea la cómplice respuesta que reservemos para aquellos que hagan de la ley y de la honestidad la norma de sus vidas, seguiremos mezclados entre los marginales de la Tierra.