julio 22, 2007

La Mendicidad en Cuba

Cuando escuchamos hablar de pobreza vemos gente buscando comida en los recipientes de basura. Con frecuencia vemos imágenes en televisión de gente mendigando por las calles de Buenos Aires, Rio de Janeiro o Nueva York. Escuchamos muchas noticias referidas a las fabelas de Sao Paulo o Rio de Janeiro, sin embargo nunca se escucha decir que hay gente mendigando en las calles de La Habana. La prensa mayoritariamente de izquierda, principalmente en Argentina, nunca publicaría una imágen que sea contraproducente contra el socialismo. La pobreza según ellos siempre es resultado del capitalismo o del liberalismo, sin embargo vemos en el video bajo este post que la realidad cubana es peor de lo que la pintan los periodistas protectores del régimen cubano.

La educación socialista en Cuba


Hemos oido hablar mucho del modelo cubano. Hemos escuchado que las políticas socialistas en Cuba son un modelo a imitar en otros países de América Latina, que la salud es un derecho de todo ser humano que en Cuba se da gratuitamente; también que cada individuo tiene derecho a la educación. En Venezuela, Hugo Chávez habla mucho de la revolución socialista, y está encaminado a establecer en ese país el Socialismo Siglo XXI. También en Argentina, Kirchner y sus partidarios hablan de "Justicia Social", de "Justa distribución de la riqueza" o "Educación Gratuita". Abajo les muestro un vídeo que muestra cómo se adoctrina a los niños en las escuelas cubanas, les enseñan como defender su patria del enemigo; ese enemigo es el imperialismo representado por Estados Unidos; como se manipula la mente de las personas para que no piensen por si mismos, donde el pensamiento es reemplazado por eslogans.
El socialismo como todos los regímenes dictatoriales necesitan tener un enemigo para justificar sus políticas. Un enemigo que la mayoría de las veces es inventado, pues sin un enemigo toda esa política carece de sentido. En este post y en otro más abajo referido a Corea del Norte se muestra como el colectivismo socialista somete a la población a un régimen de estupidez total, donde el individuo pierde su identidad. El pensamiento individual es reemplazado por el pensamiento único.

1ªParte

2ªParte

julio 21, 2007

Nivelando hacia abajo


Por Roberto Cachanosky

En lugar de atraer inversiones, ayudar a crear nuevos puestos de trabajo y colaborar en el aumento de productividad de las empresas, el Gobierno prefirió hacer que todos los argentinos se volvieran más pobres.

“El cambio recién comienza”, reza el slogan del Gobierno para la candidatura de Cristina Kirchner. Y es verdad, recién comienza el largo proceso de nivelar toda la sociedad hacia abajo: el cambio tiende a que cada vez haya más pobres y un muy reducido sector de la sociedad con ingresos muy altos. En estos cuatro años, el Gobierno siempre aplicó políticas que sistemáticamente desestimularon la inversión (la crisis energética es el ejemplo más evidente al respecto). El camino deseable hubiese consistido en crear condiciones institucionales y políticas económicas que incentivaran la inversión para: a) aumentar la productividad de la economía y b) crear nuevos puestos de trabajo. A mayor inversión y más empresas, más demanda de trabajo. Esa mayor demanda de trabajo y el crecimiento de la productividad hubiesen producido un incremento de los salarios reales sin necesidad de decretos o extorsiones sindicales. Por otro lado, en vez de considerar al mundo como un enemigo, el presidente Néstor Kirchner debería haberlo visto como una oportunidad para crecer. En lugar de pensar en pequeño para, mediante un modelo de sustitución de importaciones, producir solamente para 40 millones de consumidores –muchos de ellos pobres e indigentes–, se debería haber considerado que en el mundo hay miles de millones de consumidores potenciales. Producir para ese mercado requiere de inversiones y demanda de trabajo sustancialmente diferente a la de un mercado de sólo 40 millones. Sin embargo, el Gobierno prefirió continuar con el modelo de Eduardo Duhalde, que consiste en hacer artificialmente barato el salario mediante una brutal devaluación y un creciente impuesto inflacionario. El mensaje fue: “No inviertan y contraten mano de obra con escaso stock de capital por trabajador. Para eso les doy salarios reales bajos. Entretengan a la gente tejiendo a mano en vez de instalar máquinas de última generación”. Es decir que la elección del Gobierno fue “africanizar” la economía argentina. Ahora bien, si uno observa cómo vinieron evolucionando las medidas de la gestión kirchnerista, advierte que ésta cada vez se enreda más en redistribuciones compulsivas y arbitrarias que lo único que consiguen es nivelar hacia abajo los ingresos. Primero, se les dio a las empresas un tipo de cambio alto y salarios y energía baratos. La estrategia consistió en cobrarles el impuesto inflacionario a los sectores de ingresos fijos para sostener alto el tipo de cambio y así poder transferirles ingresos a las empresas que sustituyen importaciones. Cuando este impuesto se tornó intolerable, se les empezó a quitar rentabilidad a las empresas aumentando por decreto los sueldos. Es decir que en un primer momento se achicaron los salarios y luego se les quitó rentabilidad a las empresas para transferírsela a los asalariados y tratar de compensar, en parte, la compulsiva transferencia de ingresos. En vez de estimular a las empresas para que invirtieran más, fueran más productivas y pagaran mejor a los trabajadores, con lo cual se nivelaba hacia arriba, se optó por hacer un juego de suma cero y bajar ahora la rentabilidad empresarial, aunque con caída en la eficiencia económica (leáse: menor riqueza producida). Más tarde llegaron los controles de precios para volver a compensar los salarios reales bajos producto del impuesto inflacionario. Otra vez menos rentabilidad de las empresas a favor de los asalariados. De nuevo nivelando hacia abajo. En algún momento se decidió frenar las exportaciones de trigo y compensar a los exportadores con un subsidio. Así, el Gobierno le cobra impuestos a la sociedad y se los transfieres a los productores (si es que se les transfiere algo) para que pueda venderse pan sin aumentos de precios. También se le cobra impuestos a la sociedad para subsidiar trenes y colectivos, de manera tal que no aumenten el valor de estos servicios públicos. Lo que se esconde con este mecanismo es que lo que el consumidor no paga en la ventanilla del tren o en el colectivo lo paga en impuestos. Un transporte público deteriorado fue el resultado de semejante estrategia. Nuevamente, se niveló hacia abajo: que el transporte público se caiga a pedazos, pero que no aumente el boleto. Peor calidad de servicio para la gente significa nivelar hacia abajo. El listado de “les saco a unos para darles a otros y a esos otros les vuelvo a sacar para darles a los primeros” es interminable. El Gobierno corre todo el tiempo atrás de los problemas por su incapacidad para anticiparlos y evitarlos. Más bien, podríamos decir que el Gobierno es una máquina de generar problemas a los que sólo atina a ponerles algún parche para tratar de disimularlos. La crisis energética fue anunciada por los expertos con mucha anticipación. Claro, hubo especialistas que tuvieron la capacidad de ver más allá de sus propias narices y prever el largo plazo, la gente descreía y el Gobierno los denostaba como falsos pronosticadores. No obstante, la crisis llegó y el kirchnerismo, como en todos los otros casos, corre atrás de los problemas por mirar hacia el pasado y no pensar en el futuro. ¿Qué solución ideó el Gobierno para enfrentar la crisis que él mismo generó a partir de políticas públicas demagógicas e imprevisoras? Un complejo sistema de subsidios para que el gas vaya a las casas y la industria consuma combustibles líquidos. Así, el mayor costo para las empresas se financia con un subsidio a las compañías petroleras para que no cobren el precio de mercado de estos combustibles líquidos. Las petroleras no ganan nada con este esquema. Sólo son compensadas por el menor precio mediante los impuestos que paga la sociedad para que las fábricas puedan funcionar sin que les aumente el costo de la energía. O, dicho de otra manera, para poder tener la energía que hoy no tienen se simula tenerla al mismo precio que antes. ¿Quién paga este subsidio? Los contribuyentes. Así como el pasajero de colectivo paga una parte del boleto cuando sube y otra parte con los impuestos que le cobra el Estado, con el nuevo “plan integral energético” las empresas pagan la energía con las boletas de gas y luz y otra parte con impuestos. También el contribuyente paga parte de ese subsidio. Hoy, los argentinos tienen que soportar una carga impositiva récord sin tener como contrapartida seguridad, salud, educación y demás bienes públicos. Buena parte de esos impuestos van a parar a estos subsidios que pretenden hacerle creer a la gente que tiene energía, comunicaciones y transportes baratos, siendo que en realidad el costo real se paga plenamente mediante una feroz carga tributaria y menor calidad de los mismos. El Gobierno optó por nivelar hacia abajo. Les quita poder de compra a los ciudadanos, se deteriora la calidad de los servicios públicos, escasean el combustible y la energía y la calidad de los productos es cada vez peor. Todos estamos perdiendo calidad de vida porque no se piensa en crecer, sino en disimular errores y espantar inversiones quitándoles a unos y dándoles a otros. Mientras la gente padece la crisis energética y el deterioro de los bienes y servicios, pagando cada vez más impuesto inflacionario, algunos secretarios de Estado se dan el lujo de contratar parientes y amigos con suculentos sueldos, comprar computadoras y contratar aviones privados, todo esto por el “noble” objetivo de mejorar el medio ambiente. Al mismo tiempo que las bolsas con dinero en los baños de los ministerios son un misterio del “cambio que recién comienza”. © http://www.economiaparatodos.com.ar/

Amarás al lider sobre todas las cosas

Jon Sistiaga he producido un magnífico documental presentado el 14 de julio pasado, donde relata la crueldad del régimen comunista norcoreano. El líder de Corea del Norte Kim Jong Il es considerado el dios, verán como se evita cualquier información proveniente del extranjero.

Capitulo 1

Capitulo 2

Capitulo 3

Capitulo 4

Capitulo 5

Capitulo 6

julio 17, 2007

La carrera de Cristina Kirchner, según Financial Times

El diario londinense Financial Times publicó hoy un artículo acerca de las elecciones presidenciales a realizarse en octubre en Argentina, he hizo un breve ensayo sobre el pasado de las esposas de presidentes peronistas que llegaron al gobierno o tuvieron fuerte influencia política como Eva Perón o Estela Martinez de Perón.
El artículo dice que las mujeres que han llegado a lo alto del poder en el movimiento peronista, que ha dominado la politica argentina por más de seis décadas, tienen el peor récord político posible. La legendaria Eva Perón convertida en un objeto de culto por su caridad ha contribuído también a crear una profunda división en la cultura política del país; mientras la errática y poco idónea Isabelita, hundió al país en una guerra que lo condujo al gobierno militar.
Ahora, encabezando las encuestas para las elecciones de octubre, Cristina Fernández de Kirchner, la esposa del actual presidente peronista Néstor Kirchner, parece ir a convertirse en el próximo lider del país.
La señora Kirchner no sería cómo sus predecesoras. Sus defensores apuntan que ella es una política profesional, comparable con Hillary Clinton en Estados Unidos o Michel Bachelet, actual presidente de Chile; mientras Evita Perón fue una ex actriz, y la infeliz Isabelita un ex bailarina de cabaret. Todo es cierto. Pero, ¿sería ella quien traiga cambios que Argentina necesita?
Ella hereda una economía creciente, mucha recuperación desde la crisis de la deuda y la devaluación del 2001 y 2002. Ayudada por altos precios de los comodities y la alta liquidez de los mercados, Argentina registrará otro gran superávit en sus cuentas este año. Pero las tensiones se han hecho evidentes en las últimas semanas.
El rechazo del gobierno a liberar los precios minoristas de la electricidad, congelados desde el 2002, por ejemplo, ha debilitado las inversiones, y como resultado hay cortes y racionamientos de energía a consumidores comerciales y empresarios. La inflación ha estado incrementándose últimamente. El país también ha estado sufriendo, por otra parte, tensiones por escándalos de corrupción.
Estos sucesos no han hecho pérdidas en argentinos, y los votantes se han vuelto contra Kirchner en una serie de elecciones locales. Las alta aceptación que el presidente ha tenido en las encuestas a caído. La señora Kirchner ha escogido para el intranquilo humor popular el eslogan de campaña: "el cambio recién comienza"
No obstante, si ella gana en octubre, los argentinos pueden esperar más de lo mismo. La señora Kirchner ha estado intimamente involucrada en las políticas adoptadas por su esposo, supervisando cambios en el sistema judicial, por ejemplo, ella ha contribuído a fortalecer el poder ejecutivo. Ella también parece compartir el manejo arbitrario y opaco del gobierno. Como Néstor Kirchner, ella también ha esquivado el contacto con la prensa.
Pero lo que hace Kirchner, típico de la tradición peronista, es que ellos consideran su candidatura como un asunto familiar, en lugar de considerarlo como un asunto de interés público. Los argentinos pueden preguntarse si esto es apropiado para una democracia moderna.

julio 15, 2007

Una radiografía de la justicia redistributiva



Agotado un tanto el filón de la telebasura "fabricada", las televisiones parecen haberse puesto de acuerdo en elaborar programas de telebasura "revelada", por usar las categorías taxonómicas del profesor Gustavo Bueno. En el primer caso estarían programas como Gran Hermano o similares, y en el segundo los espacios de testimonio o, simplemente, los retratos costumbristas realizados con pretensiones documentales por un periodista y un cámara. Uno de estos últimos casos es el programa Callejeros de la cadena Cuatro, cuyo visionado aconsejo a todos aquellos que aún dudan de la perversión intrínseca del llamado Estado del bienestar.
Dos ejemplos. El primero es el de un anciano que malvive en un cuchitril del barrio del Raval en Barcelona, cuya única forma de supervivencia es la pensión de cuatrocientos euros que el Estado paga a todas aquellas personas que no han cotizado al sistema público en toda su vida. Interrogado por las causas de su estado de necesidad, el anciano relata a la cámara que en toda su vida no hizo otra cosa que actuar, esporádicamente, en tablaos flamencos. Y lo pasaba muy bien, venga taca-taca-taca-taca y arsa y olé. Nunca ahorró ni un euro ni se le pasó por la cabeza destinar una parte de sus ingresos para cuando sus articulaciones ya no le permitieran bailar zapateados. El resultado es el normal en estos casos, malvivir con una pensión y sufrir toda clase de penalidades, con más motivo aún cuando no existe una familia a la que recurrir. ¿Debemos sentir pena por este señor, que es lo que parece que el reportaje quería provocar en el espectador, con imágenes dramáticas y lágrimas furtivas cayendo por el rostro del personaje? ¿O debemos, por el contrario, convenir en que el drama de este anciano se debe únicamente a su entera responsabilidad?
Segundo ejemplo. En un barrio de Madrid, un edificio entero está habitado por vecinos de la etnia gitana. Durante el reportaje, la periodista entrevista a varios adolescentes, ninguno de los cuales acude al colegio. En su lugar, la mayoría de ellos se dedica al lucrativo negocio del robo de motocicletas. Incluso detallan a la cámara cómo hacen para cambiar las matrículas y evitar la detención de la policía. Los más mayores se dedican a otros negocios más interesantes, como atestigua la clientela que acude a los aledaños del edificio a comprar la mercancía que ofrecen. En algunas viviendas hay mucha gente hacinada y, en otras, el programa recoge testimonios de jóvenes casaderas que quieren independizarse. Quieren, en pocas palabras, que el Gobierno les dé una casita para irse a vivir con sus churumbeles y su marido. La periodista (recuerden, de la Cuatro), que después de varios meses escuchando la misma retórica parece haber empezado a poner en cuestión la moralidad de que unos deban financiar a otros lo que no quieren obtener por la vía del trabajo y el esfuerzo, pregunta a una de las entrevistadas:
– Los gitanos siempre pedís viviendas. ¿Por qué no las compráis como hace todo el mundo.– Porque... porque no tengo con qué – zanja la interfecta.
En las calles que rodean al edificio, entre montones de basura sin recoger, aparecen perfectamente aparcados varios vehículos de superlujo.
Estos son algunos resultados de la redistribución de riqueza por el estado: el subsidiar a los vagos a costa de la gente productiva. ¿Cuál de estas actitudes vitales resulta incentivada por este estado de cosas? La respuesta es tan obvia que incluso el ministro Caldera podría responderla a poco que se concentre.

Apóstatas, bestias salvajes y gorditas horrorosas

por Carlos Alberto Montaner


El presidente ecuatoriano Rafael Correa me ha escrito una áspera carta. No me reconoce ninguna autoridad para criticar sus actos de gobierno. No la tienen los veleidosos ''apóstatas que abjuraron de sus propios sueños''. A él, dice, sólo lo juzgará la historia. La carta es un acuse de recibo al envío de El regreso del idiota, un libro reciente que escribimos Plinio Apuleyo Mendoza, Alvaro Vargas Llosa y yo, prologado por Mario Vargas Llosa. En la obra —que retoma, diez años más tarde, el tema y la fórmula del Manual del perfecto idiota latinoamericano— hay un breve capítulo dedicado a Correa donde se opina que este joven político, carismático y con un notable respaldo popular, es un consumado neopopulista, con la cabeza llena de disparates, que probablemente arrastrará a su país en la dirección del desastre.
En realidad, no puedo quejarme. El presidente Correa ni pide ni da cuartel. A un transeúnte que le hizo un gesto obsceno de desaprobación lo mandó arrestar. A los periodistas ecuatorianos, en general, los ha calificado de ''bestias salvajes'' por divulgar videos que comprometen la probidad de algunos funcionarios, mientras a Sandra Ochoa, una respetable periodista que le hizo una pregunta incómoda, como era su deber de informadora, la llamó ''gordita horrorosa''. Ante semejante lenguaje, ser calificado de apóstata es casi un dulce elogio. No obstante, lo más alarmante no es el uso de este inapropiado vocabulario en un gobernante que reivindica constantemente la majestad de la presidencia, sino el fondo de la cuestión: el señor Correa cree que cambiar de opinión es un hecho reprobable. No ha descubierto que eso es, exactamente, lo que distingue a las personas razonables e inteligentes de los seres dogmáticos.
Lo de apóstata con que trata de descalificarme viene a cuento de un manifiesto firmado por Mario Vargas Llosa y otros intelectuales y artistas en Viña del Mar, Chile, en 1969, cuando Mario sustentaba ideas contrarias a la libertad económica y política, idiotez ideológica y fallo moral de los que se fue librando por medio de lecturas valiosas, por la dolorosa observación del matadero cubano, y por el inocultable horror de todos los gulags provocados por el marxismo leninismo y otras catástrofes afines apoyadas por los soviéticos. Sencillamente, Mario, Plinio, Carlos Rangel, Octavio Paz y otros lúcidos intelectuales que en su primera juventud creyeron en las virtudes del socialismo, cuando conocieron de cerca sus frutos tuvieron el valor de renunciar al error, retractarse públicamente, denunciar los crímenes cometidos y colocarse junto a las víctimas. Según el presidente Correa, Vargas Llosa debió permanecer fiel a la equivocación, acaso porque le parece que rectificar es una muestra de debilidad de carácter o una oscura forma de traición.
Tal vez el señor Correa debería observar cuidadosamente el ejemplo de su vecino peruano Alan García. En 1985, a los 36 años, fue elegido presidente. Era, como él, joven, carismático, brillante, cantaba y tocaba la guitarra, y había obtenido un doctorado en Europa, en La Sorbonne de París. Tenía, además, la cabeza llena de ideas, sólo que las equivocadas. Era estatista y creía, muy keynesiano, en las virtudes del gasto público para modular la economía, desconfiaba del mercado y de la empresa privada, trató de nacionalizar la banca, y atribuía al Fondo Monetario Internacional la culpa de todos los males que afligían al país. Era, sin embargo, un demócrata formal: respetó escrupulosamente la libertad de prensa, no respaldó la expulsión ilegal de la mitad del Congreso, ni condenaba o trataba de manipular al poder judicial cuando los fallos le eran adversos. No obstante, los resultados de su primer gobierno fueron terribles: se desató la hiperinflación, aumentó la pobreza, la inversión cayó en picado y los capitales huyeron, mientras las guerrillas maoístas de Sendero Luminoso incendiaban al país. Alan abandonó el gobierno absolutamente desacreditado. Las tres cuartas partes de la sociedad lo detestaban.
Pero en el 2006 García volvió al poder. Sus compatriotas le dieron una segunda oportunidad. ¿Por qué? Porque prometió no cometer los errores de su primer periodo, porque era un extraordinario candidato y, sobre todo, porque su contrincante era Ollanta Humala, la versión local de Hugo Chávez, y la mayoría de los electores no quería meterse otra vez en un berenjenal autoritario y comunistoide como el que conocieron durante la dictadura de Juan Velasco Alvarado (1968-1975), el precursor de Hugo Chávez, un desastroso espadón que destruyó la economía del país y pulverizó las instituciones democráticas.
Alan García cumplió su promesa. Desechó sus fatigadas fantasías socialistas de la juventud y comenzó a gobernar con la sensatez de cualquier gobernante serio y maduro del primer mundo. ¿Resultado? En Perú la economía crece al ritmo del 8% anual, la pobreza y el desempleo disminuyen, y por primera vez en su historia el país advierte un fenómeno asombroso: los capitales ecuatorianos cruzan la frontera en dirección de Lima. Es una lástima que el presidente Correa no crea en las virtudes de la humildad intelectual y en la rectificación de errores. Me temo que todos los ecuatorianos pagarán caro ese inquietante rasgo de su carácter.

Carlos Alberto Montaner es periodista cubano residenciado en Madrid.

Este artículo fue publicado el sitio web del Cato Institute

Algo está cambiando en el mundo de las ideas


Por Jorge Valin

Lyndon Johnson fue el trigésimo sexto Presidente de los Estados Unidos entre los años 1963-1969. A Johnson, del Partido Demócrata, le tocó gobernar en un periodo donde la izquierda era especialmente fuerte y su mandato fue acorde al momento. Johnson impulsó el socialismo en América creando varios programas estatales como la Medicare (dirigido a los mayores), Medicaid (lo mismo que la anterior pero para la gente pobre), desvió dinero estatal a la educación, la rediseñó y aplicó colosales cambios como la llamado “Guerra contra la Pobreza” o la “Gran Sociedad”.
Las nuevas medidas socialistas dividieron a los americanos. Levantaron la indignación de conservadores y liberales que vieron como el Estado de Johnson iba a agredir la libertad individual de los ciudadanos así como su bolsillo. En esta época empezaron a tomar fuerza organizaciones y revistas conservadores y liberales que intentaron plantar cara al avance socialista que parecía inevitable e inminente.
Algo similar está ocurriendo en España con el actual presidente español José Luís Rodríguez Zapatero. Su política antiterrorista, su voluntad de imponer una moral de estado a los niños, fiscalizarlo todo y a todos, prohibirlo todo, su aumento voraz del intervencionismo económico, o la continua manipulación de las instituciones son algunos ejemplos. Y eso sin mencionar su expreso respaldo a países tan poco ejemplares democráticamente como Cuba, Venezuela o Bolivia.
Desde que Zapatero llegó al poder se han creado y expandido organizaciones, asociaciones, clubs, televisiones o grupos de presión de todo tipo unidos bajo las ideologías del conservadurismo o liberalismo. Muchos de ellos, a pesar de los denostados esfuerzos del gobierno para impedir que viesen la luz.
Esto no significa que la izquierda haya muerto. Ahora es muy fuerte, pero sólo en su campo más visible. Ser de izquierdas es lo fácil hoy día, la moda, la corriente. Algunos autores ya se han empezado a dar cuenta de que el socialismo se ha vuelto un gigante con pies de barro.
El socialismo lleva 30 años sin avanzar en lo más mínimo en el campo de las ideas. No es de extrañar que personajes como Hillary Clinton reclamasen “capital intelectual nuevo” viendo el déficit que sufrían. Esta misma semana en España, un diario sensacionalista de izquierdas, aunque en un tono exagerado, también se ha lamentado del auge derechista de algunos medios y grupos de presión. Y es que las “nuevas” teorías económicas socialistas no son más que un lavado de cara de las que ya existían. Sólo hacen que rizar el rizo, siempre lo solucionan todo igual: prohibiendo, multando y subiendo los impuestos. La falta de originalidad y continuos fallos históricos y teóricos sólo les han llevado a una situación barroca y esperpéntica incapaz de generar ideas nuevas. Las nuevas teorías de la izquierda se inspiran en algo tan poco científico y subjetivo como la moral, han pasado a ser puro populismo. En este sentido, el liberalismo y el conservadurismo han representado todo lo contrario.
Traducido a la política, esto no significa que éste vaya a ser el último gobierno de Zapatero ni mucho menos de los socialistas. Cuando Johnson se retiró, gobernaron los Republicanos, Richard Nixon, y siguieron una política tanto o más socialista que el propio Johnson. De no salir Zapatero en las próximas elecciones (2008), se proclamaría presidente del gobierno Mariano Rajoy. A igual que ocurrió con Nixon después de Johnson, ya sabemos que Rajoy practicaría el mismo tipo de socialismo —si no más en algunos aspectos— que Zapatero. En cierta medida, el sinsentido de Zapatero ha sabido, sin proponérselo ni quererlo, estimular a la derecha. ¿Quién iba a decir antes de Zapatero que veríamos a grupos conservadoras en las calles manifestándose?
Ahora que este sentimiento empieza a tomar cuerpo es el momento de explotarlo al máximo porque la lucha contra la tiranía del gobierno no se hace sola, necesita varias décadas como nos enseña la historia. Es el momento de acabar con el establishment, aplastar la ideología de la barbarie socialista mediante ideas y de que el ciudadano proclame abiertamente su rebeldía ante el Estado para basar el cambio en el individualismo, el capitalismo, la libertad y el antiestatismo.

Jorge Valin es colaborador de Libertad Digital y del Instituto Juan de Mariana

La derrota de Kirchner


por Mary Anastasia O'Grady


Mary Anastasia O’Grady es editora de la columna de las Américas del Wall Street Journal.
Después de todo, tal vez el electorado argentino no esté dispuesto a marchar ordenadamente hacia el precipicio del socialismo autoritario del presidente Néstor Kirchner.
Esa fue la posibilidad que surgió el domingo, cuando Mauricio Macri, del partido de centro-derecha Propuesta Republicana (PRO), parecía encaminarse a una victoria sobre el ministro de Educación de Kirchner, el peronista Daniel Filmus, en la segunda vuelta de las elecciones para la alcaldía de Buenos Aires. Filmus era el candidato escogido personalmente por Kirchner y el presidente movilizó todos los recursos de su investidura, en un país donde la transparencia es prácticamente inexistente, para favorecer a su hombre. De todos modos, el peronista falló. Macri tuvo una cómoda victoria electoral.
Los expertos aún esperan que Kirchner o su esposa, Cristina Fernández, postulen y triunfen en las elecciones presidenciales previstas para octubre. Pero la derrota del candidato oficialista en los comicios por la alcaldía de la ciudad de Buenos Aires sugiere que sus días de poder incontrarrestable han terminado. El pluralismo y la democracia argentina están de vuelta y no podría haber ocurrido en un momento más oportuno.
El que los porteños —como se conoce a los habitantes de Buenos Aires— le dijeran "no más" a Kirchner también es un acontecimiento positivo para la causa de la estabilidad, la paz y el crecimiento en toda Sudamérica. Hace apenas una década, Argentina tenía una relevancia geopolítica significativa, tanto así que Estados Unidos catalogó al país como "un aliado muy importante fuera de la OTAN". Pero desde que Kirchner asumió el poder en 2003, el perfil internacional del país se ha reducido al estatus de una república bananera. Se ha aliado con el amenazador presidente de Venezuela Hugo Chávez, ha apoyado la agenda antidemocrática del presidente boliviano Evo Morales, ha optado por meterse en una pelea fea con su vecino Uruguay, no ha respetado los contratos para enviar gas a Chile y ha invertido un enorme capital político en aguijonear a los inversionistas extranjeros. No sería exagerado decir que la Argentina de Kirchner no ha sido buena para la región.
Mientras Macri, que también es presidente del club de fútbol Boca Juniors, es considerado de centro-derecha, la ciudad que acaba de elegirlo no amerita la misma clasificación. En 2003 eligió al izquierdista Aníbal Ibarra, quien se había aliado con el ala kirchnerista del peronismo. En esta ocasión, los votos fueron para el otro lado y vale la pena preguntarse por qué.
Algunos atribuyen la derrota kirchnerista a la débil campaña de Filmus y la reciente victoria de Boca Juniors en la Copa Libertadores. Sin embargo, es innegable que un sentimiento anti-Kirchner también desempeñó un papel. Como el mandatario se involucró a fondo en la campaña, la elección no era sólo en torno a la alcaldía de Buenos Aires, sino se transformó también en un plebiscito sobre el gobierno del país.
El sólido crecimiento económico debería haber favorecido a Filmus. Pero los recientes problemas con el suministro de gas, en medio de un invierno que ha resultado inusualmente frío, han sido un recordatorio para los bonaerenses de que, tal vez, no todo marche miel sobre hojuelas con el modelo económico de Kirchner. El gobierno ha tenido que racionar el suministro de gas a las empresas y los taxis para satisfacer la demanda residencial. Esto ha presionado a la industria. Las empresas petroquímicas, químicas y siderúrgicas se han visto afectadas. Reuters informó la semana pasada que tres siderúrgicas, que pidieron no ser identificadas, indicaron que podrían realizar despidos como consecuencia de los racionamientos de energía.
No sería de extrañar que la energía se convierta en un mal presagio para la economía argentina. La escasez no se produce en las economías de mercado debido a que, a medida que la oferta se limita, los precios suben, lo que atenúa la demanda. Los consumidores pueden obtener todo lo que desean a un nuevo nivel de precios. Más importante es que el alza en los precios estimula nuevas ofertas a medida que los fabricantes tienen un mayor incentivo para invertir e innovar para lanzar productos al mercado y ser compensados por ello.
Desde fines de 2001, la agenda económica peronista ha rechazado estas sencillas leyes del mercado en pos del populismo económico. En diciembre de ese año, el gobierno anunció la cesación de pagos de su deuda, estableciendo un entorno incierto para el capital que persiste hasta hoy. En 2002, creó nuevas tensiones con los inversionistas al revocar contratos con las eléctricas e imponer controles de precios. Estas decisiones se tomaron antes de la llegada de Kirchner al poder, pero su gobierno ha empeorado las cosas al ampliar el alcance de los controles de precios y emprender una vendetta casi irracional en contra del sector privado, los acreedores y las ganancias corporativas.
El legado de Kirchner también ha difundido una ideología anti derechos de propiedad en el país. Los senados de las provincias de Catamarca y Corrientes contemplan la confiscación de terrenos en manos de extranjeros, reforzando el mensaje de que invertir en Argentina es una empresa riesgosa.
Los costos de todas estas tonterías se empiezan a manifestar. Los consumidores están deseosos de conseguir una variedad de productos cuyos precios son artificialmente bajos, desde el gas a los alimentos, pero el suministro va en la dirección opuesta a medida que los inversionistas brillan por su ausencia. Ergo, escasez. El problema es particularmente grave en el sector energético. Barclays Capital advirtió la semana pasada que la "inelasticidad de la oferta en una industria cuya producción enfrenta tasas en un declive constante hace que la falta de inversión en exploración y producción de petróleo y gas sea preocupante". "El marco de política económica poco ortodoxo podría estar llegando a su límite", dijo el informe. También ha habido escasez de leche y otros productos lácteos.
De todas maneras, la economía se encamina a crecer al menos 7% este año, lo que sugiere que la votación anti-Kirchner en Buenos Aires también tendría otras explicaciones. La lista podría incluir el disgusto de los electores con un masivo escándalo de corrupción en obras públicas, el despido de funcionarios que se negaron a "ajustar" las estadísticas nacionales de inflación, investigaciones de las finanzas de adversarios del gobierno y una inflación de dos dígitos. La inclinación del mandatario por enemistarse con sus vecinos y su esfuerzo de cuatro años por reanudar las divisiones de la Guerra Sucia también han provocado las críticas de los argentinos educados.
Cualquiera sea el motivo, el triunfo de Macri insinúa que hay fisuras en la maquinaria gubernamental que, hasta ahora, no había tenido mayores inconvenientes para aplastar a su oposición. El desenlace en Buenos Aires podría incluso apuntar a un cambio incipiente, pero profundo, en la política argentina.

Este artículo fue publicado originalmente en el Wall Street Journal [1] (EE.UU.) el 25 de junio de 2007.
Artículo del Wall Street Journal [2]
© Todos los derechos reservados.
________________________________________
Source URL:
http://www.elcato.org/node/2593
Links:
[1] http://online.wsj.com/public/article/SB118290522223249378.html?mod=j20-spanish.htm_3
[2] http://online.wsj.com/public/page/2_0137.html

Paradoja de la pobreza


Por Porfirio Cristaldo Ayala


Una vez que los países comienzan a liberar y privatizar sus economías, aumentan las inversiones, se crean empleos, suben los ingresos de los trabajadores, se acelera el crecimiento y mejora el nivel de vida de la gente.
Los economistas definen la pobreza como un nivel de ingresos menor a dos dólares por día o menor a un dólar por día en el caso de la pobreza extrema. La realidad es mucho peor que eso; es tragedia, desgracia, sufrimiento e infortunio. La pobreza deshumaniza, corrompe la moral, mata. Pero lo peor, quizás, es que algunos siguen creyendo que la pobreza es como el cáncer, que la ciencia todavía no logró descubrir su remedio o que no tiene cura. Esta es la idea que alientan los gobiernos del Tercer Mundo.
Las personas se sorprenden cuando se les explica que la medicación para la pobreza se divulgó ya hace más de 230 años, cuando el filósofo moral Adam Smith publicó La investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones. La medicación prescrita por el fundador de la economía política para impulsar el crecimiento y traer prosperidad es la libertad económica. La medicina milagrosa ha sido muy efectiva: todos los países que la aplicaron han logrado salir de la pobreza.
Adam Smith enseñó que si los gobiernos se abstienen de intervenir en la economía, permitiendo a las personas buscar libremente su propio interés, sus esfuerzos terminarían beneficiando a todos. En un mercado libre, en el que la intervención del gobierno es mínima, los productores compiten entre sí para ofrecer a los consumidores los bienes y servicios de mejor calidad y menor precio. Así, buscando su propia ganancia y obligados por la competencia, productores y empresarios acaban favoreciendo a la sociedad mejor que si esa hubiera sido su intención original.
La libertad económica incluye la libertad de trabajar, contratar, comprar y vender, importar y exportar sin trabas ni impuestos, disponer libremente y con seguridad de la propiedad privada, tener una moneda sana, pagar pocos y bajos tributos en relación a los servicios públicos ofrecidos, así como otros derechos que los gobiernos de países pobres restringen inútil y perniciosamente con regulaciones, leyes, protecciones, subsidios, altos impuestos, burocracia y corrupción, todo, supuestamente, para evitar el caos en la economía y defender a los sectores más débiles de la explotación de los más ricos.
El resultado de la intervención es exactamente el contrario a ese objetivo. Los países donde más intervienen los gobiernos y menor libertad económica tienen las personas, no solo son los más pobres, sino también los más injustos, corruptos y caóticos. No hay excepción. Los grandes beneficios de la política económica liberal son muy claros. Una vez que los países comienzan a liberar y privatizar sus economías, aumentan las inversiones, se crean empleos, suben los ingresos de los trabajadores, se acelera el crecimiento y mejora el nivel de vida de la gente. Millones de personas han salido de la miseria y el hambre en las últimas décadas en China e India, gracias a un mínimo aumento de la libertad de trabajar.
¿Es sólo por ignorancia o por error ideológico que los gobernantes no promueven la libertad económica para salir de la pobreza? No. Es peor que eso. La liberalización de la economía no se ha generalizado en el Tercer Mundo porque los dirigentes rechacen el capitalismo, sino debido a que afecta los intereses partidarios y personales de los políticos y los privilegios que los grupos de poder económico disfrutan desde hace siglos.
Las élites entienden que el estatismo solo trae estancamiento y miseria. Los ejemplos están a la vista. Pero se niegan a abandonar el estatismo que corrompe a la sociedad, debilita la democracia y mata la libertad económica y el progreso porque es fuente de votos y poder. El estatismo no solo preserva los mercados cautivos, franquicias, subsidios y protecciones de sectores privilegiados, sino que provee a los gobernantes desde contratos para empresarios amigos hasta cargos públicos para su clientela política, coimas para funcionarios, policías y jueces mal pagados y grandes fortunas depositadas en Suiza.
Detrás de la pobreza en el mundo se esconde la corrupción de políticos populistas que prometen el paraíso terrenal, pero solo proporcionan desventura, violencia y miseria. Solo la libertad trae prosperidad.


© AIPE

Porfirio Cristaldo Ayala es corresponsal de la agencia AIPE en Paraguay y presidente del Foro Libertario

http://www.libertaddigital.com/opiniones/opinion_35523.html