Hace dos días atrás, los diarios decían que había un clamor mundial implorándole al Congreso de los Estados Unidos aprobar el plan de rescate de bancos; incluso el presidente George W. Bush decía que la economía de la nación estaba en grave riesgo, y ayer anunció un acuerdo bipartidario para aprobar el plan en el Congreso.
Pero los congresistas han hecho oídos sordos al clamor y han rechazado el proyecto de Bush por una votación de 205 votos a favor contra 228. El Congreso y especialmente la Cámara de Representantes han demostrado una independencia absoluta de cualquier cabildero, y no se han dejado intimidad por los argumentos fatalistas. Sorprende que son más los republicanos que los demócratas quienes han rechazado el plan (70% y 40% respectivamente) considerando que George W Bush es republicano y que por lo general los banqueros pertenecen en su mayoría a ese partido.
Como habitante de una república bananera como Argentina, donde las instituciones son un juguete que el poder ejecutivo maneja a su antojo, y el soborno es el requisito común en cualquier área del gobierno para llevar a cabo un trámite, esta presteza que demuestran las instituciones políticas asombra mucho.
Cristina Kirchner hablaba no hace mucho tiempo de calidad institucional, precisamente ella que ha dañado todos los mecanismos legales para el equilibrio de poderes para someter al poder judicial a sus intereses, mediante la presión, persecución, intimidación a los jueces. Pero no ha sido menos generosa tampoco con los miembros de la oposición en el Congreso y con los gobiernos provinciales que no se han sometido a su voluntad.
El congreso argentino no es capaz de rechazar un plan como este de Bush si Cristina Kirchner lo pidiese. No me extrañaría que lo aprobasen con un decreto de necesidad y urgencia para burlar la autoridad del Congreso.
septiembre 30, 2008
Una Lección de Calidad Institucional para Argentina y para Cristina Kirchner
septiembre 29, 2008
El largo viaje de la emulación del resentimiento

Por Mariano Grondona
Si uno recorre los escritos de nuestros padres fundadores, de un Alberdi o de un Sarmiento, observará que en ellos reaparece de continuo un sentimiento de admiración por los países de punta de su tiempo, particularmente por los Estados Unidos. El progreso arrollador que experimentó la Argentina a partir de las últimas décadas del siglo XIX, haciéndola ascender de la retaguardia a la vanguardia de América latina y colocándola hacia el Primer Centenario entre las diez naciones con el producto por habitante más alto del orbe, se dio en etapas que tomaron el nombre de tres generaciones.
La primera de ellas fue la llamada Generación del 38, que tuvo como nombres emblemáticos a Esteban Echeverría, Alberdi, Sarmiento, Mitre y otros jóvenes exiliados por la dictadura de Rosas, quienes concibieron otro modelo de país cuya realización ellos y otros comenzaron a concretar a través de una segunda generación, la de la Organización Nacional, cuyo contrato fundacional fue la Constitución de 1853, proclamada bajo la presidencia de Urquiza, nuestro primer presidente constitucional y también el primero de una serie de presidentes como Mitre, Sarmiento y Avellaneda que, además de poner a la Argentina en el mapa de las naciones de avanzada, tuvieron como rasgo común no buscar su propia reelección inmediata.
La emulación
Este proceso de los grandes presidentes iniciales remató en el general Roca, emblema a su vez de la tercera generación de los fundadores, la llamada Generación del 80, bajo cuyo impulso la Argentina pasó a ocupar uno de los lugares más destacados de su época no sólo por su espectacular avance económico, sino también porque, a partir de la reforma electoral de 1912 del presidente Roque Sáenz Peña, la Argentina se colocó entre las primeras democracias del siglo XX.
El verbo "emular" está ligado al latín aemulus , "émulo", "el que trata de imitar o igualar a otro" y que, como "imitar", es un desarrollo del prefijo im- . Pero "emular" e "imitar" no son idénticos porque "emular", según el diccionario, es "imitar las acciones de otro, procurando igualarlo e incluso excederlo ". Más allá de la imitación, pues, la emulación conlleva la intención de sobrepasar al otro, al elegido como modelo, como si el imitado y el imitador compitieran en una vibrante carrera.
Este era el sentido que Alberdi y Sarmiento tenían en vista al admirar a los países de punta, y particularmente a los Estados Unidos, que les servían de ejemplo en la carrera que la Argentina estaba emprendiendo para colocarse ella también, a su debido tiempo, a la cabeza de las naciones.
En algún momento, sin embargo, ese brioso corcel que había empezado la carrera con tanto ímpetu "se cansó en la partida", como diría el Martín Fierro , y fue perdiendo de vista a sus modelos mientras iniciaba un largo proceso de declinación del que todavía no ha salido. ¿Cuándo se inició este sorprendente proceso? Su manifiestación más evidente fue, piensan algunos, el populismo del Perón inicial. Pero hasta los que exaltamos con dolorosa nostalgia a la Argentina conservadora que nos dio el primer gran empujón, tendríamos que reconocer que, así como la primera fase de la gran expansión argentina habría que atribuírsela a los íconos de la Argentina conservadora, a un Roca, un Pellegrini o un Sáenz Peña, el pecado original de lo que sucedió después hay que atribuírselo al error capital de esa misma Argentina conservadora en su fase final: el golpe militar de 1930. En este año terrible, la Argentina perdió de vista los grandes principios de la Constitución y del progreso que la habían movilizado. Después de todo, tampoco el peronismo inicial habría sido posible sino sobre la huella que cavó el golpe del 30.
Según la mitología griega, Pandora, la primera mujer, fue la esposa de un dios que le había prohibido abrir una caja que guardaba cerca de él. Llevada por su curiosidad, Pandora abrió la misteriosa caja sin advertir que contenía nada menos que los males del mundo. De la misma manera, la ligereza conservadora de los años treinta abrió sin advertirlo nuestra propia caja de Pandora. Después del 30, los males paralelos de la inestabilidad institucional, la discordia interior y el populismo se volcaron sobre nosotros, empujándonos de la vanguardia a la retaguardia de las naciones.
El resentimiento
Una vez que la Argentina empezó a alejarse de sus modelos, brotaron en ella los primeros signos del resentimiento. Quizá los Montoneros fueron su expresión más audaz. "Resentido" es el que siente doblemente, el que re-siente , un dolor insoportable ante el progreso del rival. En su magistral estudio sobre el resentimiento, Max Scheler sostiene que su primera víctima es el propio resentido porque, al no poder admitir como un hecho que su rival lo superó, deforma la visión de la realidad para echarle la culpa a ese rival sin caer en la cuenta de la verdadera razón por la cual perdió. De este modo, el resentido se queda sin lo que para él sería lo más valioso: el conocimiento de su propio error, que es la única manera de superarlo. Desviar las culpas propias hacia el éxito ajeno es la característica habitual del resentido. A partir de la difusión de esta ponzoña espiritual, algunos argentinos empezaron a culpar a los Estados Unidos, ese gran exitoso, por nuestras falencias.
La serie de discursos que acaba de pronunciar la presidenta Kirchner en su visita a Nueva York no ha sido por cierto la única manifestación de nuestro resentimiento hacia los Estados Unidos, pero sí la más reciente.
Cuando Cristina se refirió, con abierta ironía y con apenas oculta satisfacción al efecto jazz que según ella experimentan hoy los norteamericanos, cuando afirmó además que "el Primer Mundo sucumbe como una burbuja" y cuando alegó que son los norteamericanos y no nosotros los que necesitan un "Plan B" para cambiar de modelo, mostró claramente la distorsión de su mirada porque, después de todo, somos nosotros más aún que ellos quienes suscitan fuertes dudas en el mundo por nuestra inflación, por nuestro grado de corrupción, por el aumento vertical de nuestra pobreza y por los poco creíbles esfuerzos que realiza el Gobierno para ocultar todo esto. La Presidenta está poniendo de manifiesto gracias a su locuacidad que, lejos de mirar la pantalla de lo real, los Kirchner están viendo otra película.
Esta patética malversación de los hechos podría cimentar empero nuestra esperanza porque es evidente que, no sólo enfrente del oficialismo kirchnerista sino hasta en su propio seno, está madurando una nueva generación que, cuando le llegue el turno no lejano de tomar el timón, podría superar la larga declinación argentina, poniéndola otra vez en el rumbo de sus grandes ideales no olvidados, como hicieron las generaciones de la segunda mitad del siglo XIX y de las primeras décadas del siglo XX que venimos de recordar, justamente incentivadas por la inmensa distorsión que las precedió. Después de la gran lección por el absurdo que dio Rosas, ¿no hizo eclosión acaso nuestro primer florecimiento? ¿Está prohibido pensar entonces que el nuevo absurdo que hoy encarnan los Kirchner podría ser la tierra abonada de un segundo florecimiento?
Fuente: La Nación
septiembre 28, 2008
Entrevista a Jesús Huerta de Soto
Jesús Huerta de Soto es Catedrático de Economía Política en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, máximo representante en España de la Escuela austríaca de Economía, así como uno de sus más valiosos miembros en creatividad, vehemencia y contribución científica a nivel internacional. Es autor de varios libros entre los que destacan Socialismo, cálculo económico y Función empresarial, Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos, La Escuela Austríaca o Estudios de Economía Política.
Este video fue producido en enero de 2008.
septiembre 25, 2008
No tienen la información

Los gobiernos socialistas creen que pueden conseguir la felicidad para los ciudadanos por medio de políticas públicas. Creen firmemente que el Estado sabe y puede procurar la felicidad de los individuos por medio de organismos creados para ese fin, y desvalorizan completamente la capacidad razonadora de ellos. Lo que se ignora es que para que el Estado pueda conseguir ese anhelo de felicidad debería constar con una cantidad de información tan grande que sería imposible procesar e incluso de conseguir. Ludwig Von Mises y Fiedrich A von Hayek, ya hablaron de este grave inconveniente que tiene el socialismo; Mises lo llamó "La Imposibilidad del Cálculo Socialista". En realidad esta obra de Mises se refiere a la Economía en un estado socialista, no exactamente a la felicidad de cada individuo y lo que este valora como felicidad.
Buscando en la Web acerca de este dilema socialista encontré este post en el sitio www.uruguayinforme.com, donde se refiere a esta cuestión y específicamente al proyecto de constitución socialista para Ecuador, impulsada por su presidente Rafael Correa.
No tienen La Información
Otro problema del intervencionismo
por Leonardo Girondella Mora
Se vive en una época en la que se destaca el poder de la información, de la enorme cantidad de ella que existe, de la imposibilidad de recolectarla, de los esfuerzos que se hacen por organizarla y de la habilidad que es necesaria para sintetizarla.
Datos de Grupo Reforma (29 julio 2008) son indicativos de la cuantía de la información existente sólo en Internet: Google catalogó hace tres años más de 8 mil millones de páginas —un competidor suyo reciente afirma que ha catalogado 120 mil millones.
Y eso es sólo Internet. Faltan las bibliotecas públicas y privadas, las investigaciones propiedad de particulares, los archivos personales —pero por encima de todo, falta algo más, la información sobre las personas y lo que ellas tienen en su mente. Tanta es la información que simplemente no puede esperarse que ella sea posible de centralizar en un lugar y sistematizada.
Todo lo que puede reconocerse es que la información está dispersa en millones y millones de personas —cada una de ellas posee información que es parcial y que peor aún no podría ser sujeta de convertirse en información verbal o escrita que pudiera ser capturada. Esta realidad tiene profundas implicaciones, que la Escuela Austriaca de Economía ha explorado.
Por mi parte, quiero tratar un tema concreto, el de la posibilidad de un gobierno cualquiera que se ponga como meta hacer felices a los ciudadanos. No es una meta poco mencionada y en realidad los gobiernos pueden jugar un papel central en el logro de la felicidad personal —pero el lograrla es en buena parte un problema de información.
Hay dos maneras diferentes de intentar lograr la felicidad de las personas —una de ellas es dejara que las personas lo intenten por ellas mismas con sus acciones personales y para lo que un gobierno se dedicaría sólo a facilitar las condiciones más propicias para ese logro personal de felicidad. La otra pondría a la autoridad como la responsable del logro directo de la felicidad de cada quien.
Si se optara por esta última opción, la de la autoridad responsable por hacer felices a sus ciudadanos de manera directa, se presentará un problema informativo —el de conocer primero lo que la felicidad consiste para cada uno de los ciudadanos: cada ciudadano tendría que alimentar un banco de datos con lo que constituye su felicidad y reportar cambios que se tengan en esa felicidad cada vez que ellos ocurran.
Desde luego, el problema es complejo. La felicidad es un concepto muy subjetivo y cambiante, limitada por aspectos circunstanciales e imposible de poner en palabras con toda su sutileza. No podría existir el banco de datos que un gobierno necesitaría para hacer felices a los ciudadanos de acuerdo con los deseos de cada uno de ellos, por lo que un gobierno que intente esto sólo podrá hacer una cosa: definir el gobernante lo que él piensa que es la felicidad e imponer esa definición en el resto.
Claramente, lo que el gobernante haga imponiendo una definición de felicidad en el resto significará una disparidad entre esa idea de felicidad y lo que la persona piense que esa felicidad es para cada quien. En conclusión, no hay manera de que un gobierno haga una buena tarea haciendo felices a sus ciudadanos de manera directa —de tratar de hacerlo, el régimen se convertiría en uno totalitario, de imposición sobre el ciudadano. Un ejemplo reciente de esta mentalidad es la constitución propuesta en Ecuador por su presidente —Correa piensa que el gobierno todo lo puede hacer por medio de un sistema nacional a cargo del gobierno:
Art. 340.- El sistema nacional de inclusión y equidad social es el conjunto articulado y coordinado de sistemas, instituciones, políticas, normas, programas y servicios que aseguran el ejercicio, garantía y exigibilidad de los derechos reconocidos en la Constitución y el cumplimiento de los objetivos del régimen de desarrollo. El sistema se articulará al Plan Nacional de Desarrollo y al sistema nacional descentralizado de planificación participativa; se guiará por los principios de universalidad, igualdad, equidad, progresividad, interculturalidad, solidaridad y no discriminación; y funcionará bajo los criterios de calidad, eficiencia, eficacia, transparencia, responsabilidad y participación. El sistema se compone de los ámbitos de la educación, salud, seguridad social, gestión de riesgos, cultura física y deporte, hábitat y vivienda, cultura, comunicación e información, disfrute del tiempo libre, ciencia y tecnología, población, seguridad humana y transporte.
Art. 341.- El Estado generará las condiciones para la protección integral de sus habitantes a lo largo de sus vidas...
La única avenida posible para un gobierno es dejar que la responsabilidad del logro de la felicidad sea una responsabilidad personal —todo lo que un gobierno puede hacer es aplicar leyes iguales para todos que dejen la suficiente libertad para que los ciudadanos se esfuercen en lograrla por ellos mismos y sin imposiciones.
Un detalle aún más específico de este problema de información imposible de tener es el de la regulación económica —el intervencionismo estatal que, por ejemplo, controla precios, supone que el gobierno tiene la información suficiente para hacerlo de manera efectiva. La realidad es que esa información tampoco puede ser centralizada, pues ella está dispersa en millones de personas que tienen porciones de ella y la usan para tomar decisiones cuya información tampoco es sujeta de centralización y síntesis.
La idea que quiero señalar de manera explícita es la de la imposibilidad de centralizar información de suficiente calidad y exactitud como para poder planear las acciones de las personas dentro de una sociedad —sin esa información, la planeación central que un gobierno intente producirá acciones erróneas de efectos desastrosos, o bien producirá un gobierno totalitario que imponga sus decisiones a los ciudadanos.
Con información enorme, dispersa e imposible de centralizar, la única posibilidad es la de un sistema social de libertad igual para todos, en el que cada persona aproveche su porción de conocimiento para el logro de su felicidad. Las personas podrán acceder a la información que ellas vean en el ambiente —como los precios de los bienes, pero también las acciones de las personas, los sucesos y otras cosas que pueden entenderse como señales útiles para la persona y su felicidad.
En los terrenos de la moral se ha señalado que la planeación central de una nación lleva implícita una falta grave, la soberbia del gobernante que cree saber más que el resto de los ciudadanos y decreta precios, regulaciones y otras disposiciones más que persiguen hacer el bien en los demás, pero que ignoran que también ellos tienen capacidades y saben. Lo que he añadido es la correspondencia entre esa soberbia y la imposibilidad física de contar con la información necesaria que necesita el intervencionismo estatal.
septiembre 24, 2008
septiembre 22, 2008
Educación y Des-Educación

Autor: Alberto Benegas Lynch (h)
El tema que ahora abordamos es seguramente el más importante de cuantos se puedan analizar puesto que todos derivan de él. La premisa sobre la que trabajamos es que todos los seres humanos son únicos e irrepetibles y que , por tanto, el sistema mejor para el proceso de enseñanza consiste en la relación un profesor-un alumno al efecto de descubrir las potencialidades exclusivas de cada candidato.
Desafortunadamente, por el momento, este sistema resulta sumamente oneroso y, en consecuencia, se amortizan las erogaciones con la educación en grupo. Pero de allí no se sigue que todos deban ser tratados como una producción en serie o como una masa amorfa e indistinguible. Es en esta línea de pensamiento que destacamos la importancia de la competencia y de las ofertas muy diferentes para atender los muy distintos requerimientos.
Más aún, la relevancia de prestar atención a cada uno queda subrayado con que últimamente se ha puesto en evidencia en forma reiterada que los llamados tests de coeficientes intelectuales carecen de sentido en cuanto al establecimiento de un pretendido ranking de inteligencias ya que todos los humanos somos inteligentes para muy diversas materias (es la contracara de lo que ha dicho Einstein -que, dicho sea al pasar, como es sabido, fue calificado en el colegio con un IQ muy bajo- “todos somos ignorantes, solo que en temas distintos”).
A diferencia de lo que ocurría antaño, hoy en día, en prácticamente todos los países, se alude a la “educación pública” y a la “privada”. Ambas clasificaciones son falsas. En el primer caso es para ocultar la desagradable expresión de “educación estatal” (puesto que la educación que se ofrece en el ámbito privado es también para el público), tan bochornosa como la prensa estatal o la literatura estatal. En el segundo caso, allí donde existen ministerios o secretarías de educación y otras reparticiones igualmente absurdas cuya misión es imponer pautas, programas o textos, la llamada educación privada no es propiamente tal. En esa esfera solo es posible decidir la edificación del campus, el color de los uniformes y temas análogos, pero el producto que allí se expende proviene de las resoluciones de la burocracia, ergo la institución es de facto estatal aunque de jure aparezca como privada.
Las entidades estatales de educación se financian con impuestos de la misma manera que ocurre con todas las actividades gubernamentales. Todos pagamos impuestos, incluyendo los que nunca vieron una planilla fiscal, lo hacen vía las reducciones operadas en sus salarios como consecuencia de las mermas en las tasas de capitalización debidas a las erogaciones tributarias de los que desembolsan recursos directamente al fisco. Pensemos entonces en los más pobres, tan pobres que no pueden afrontar el costo de oportunidad de enviar a sus hijos a estudiar porque los padres los necesitan para sobrevivir. Esas personas, de hecho, están financiando los estudios de los más pudientes. Una enorme injusticia por cierto. Y quienes con gran esfuerzo pueden enviar a sus hijos a estudiar, si hacen un análisis tributario correcto, están forzados a enviarlos a instituciones estatales al efecto de evitar la doble matrícula y doble costo de la enseñanza.
Contemporáneamente se han propuesto los vouchers o créditos educativos que son de gran utilidad para mostrar el non sequitur: es decir, del hecho de que se afirme que se debe forzar el financiamiento de la educación de otras personas no se desprende que deban existir instituciones educativas estatales ya que se recurre a este mecanismo en el que el aparato estatal entrega recursos detraídos por medio de tributos para que cada uno de los que tienen bajos recursos ingrese a la asociación privada de educación que estime pertinente. Pero una vez comprendido este punto debe aplicarse el mismo análisis fiscal que hemos hecho más arriba, a lo que cabe agregar (debido a los mecanismos de selección a que suele recurrirse en estos casos) que resulta también en una flagrante injusticia que los menos dotados intelectualmente para aplicar a las ofertas existentes sean compelidos a financiar a los más preparados.
Por otra parte, igual que el resto de las empresas estatales, son alarmantes los guarismos que surgen del costo por año por alumno en las entidades educativas estatales respecto de las consideradas privadas debido a la diferente gestión impulsada por los respectivos incentivos. Incluso en muchos de estos cálculos no se computa el capital inmovilizado del campus ya que suelen tomarse solamente los gastos corrientes.
Se suele alegar el “derecho a la educación” sin percibir que a todo derecho corresponde una obligación. La propiedad de alguien que la ha obtenido legítimamente significa la obligación universal de otros de respetar esa posesión, pero si se pretende disponer de algo que no se ha adquirido y se otorgara el “derecho” a mantenerlo, esto significaría que se ha lesionado el derecho de otro a quien se obliga a ceder esa propiedad con lo que en verdad se ha establecido un pseudoderecho.
También se suele esgrimir “la igualdad de oportunidades”, lo cual implica necesariamente desconocer el precepto de la igualdad ante la ley. Si se apuntara a otorgar aquella igualdad a un jugador deficiente en tennis en un partido con un campeón, se deberá obligar a este último a que, por ejemplo, juegue con una sola pierna con lo que se habrá conculcado su derecho. En la vida, las diferencias entre las personas resultan en distintas oportunidades. De lo que se trata es que todos tengan más oportunidades pero no iguales. Esto resulta posible lograrlo si no se desconoce la igualdad ante la ley para imponer en cambio la igualdad mediante la ley.
En otros casos se argumenta que la educación sería lo que técnicamente se conoce como un “bien público”, lo cual, independientemente de las objeciones a esta figura, ni siquiera calza en esa categoría puesto que la educación no sigue los principios de no-rivalidad y no-exclusión.
En otro orden de cosas, la politización en materia educativa arruina la adecuada trasmisión de conocimientos y en no pocas ocasiones se imponen ideas trasnochadas desde el vértice del poder según los caprichos de los funcionarios de turno. El necesario clima de excelencia tiene lugar en donde hay puertas y ventanas abiertas de par en par por las que entra todo el oxígeno disponible en ámbitos competitivos en los que se ofrecen las más variadas posibilidades insertas en mecanismos flexibles al cambio y la actualización, según sean las teorías rivales existentes. No es factible ni coherente educar para la formación de seres libres en base a la coacción.
Por último, la educación es un delicado proceso en el que los profesores pueden incentivar al alimento intelectual pero el educando debe ser receptivo: la mente es como una puerta en la que el picaporte está ubicado del lado de adentro...por más que se golpee si no se abre no hay conocimiento posible. Los incentivos necesarios operan en contextos donde hay arreglos libres y voluntarios entre padres y educadores o entre éstos y los propios interesados, lo cual, desde luego, incluye las becas y las portentosas obras filantrópicas para la capacitación realizadas con recursos propios. Lo contrario es des-educar y entrenar ignorantes y resentidos.
De allí es que el home-schooling tenga tanto éxito y, como apunta The Economist, oficiales de admisión de universidades de prestigio quedan tan impresionados con el buen nivel de preparación, con los modales refinados y las adecuadas vestimentas de los candidatos entrenados en este sistema, para no decir nada de los problemas que se evitan de drogas, sexo y violencia frecuentemente presentes en casas de estudio estatales.
Y no es que en las instituciones privadas no hayan problemas, se trata de que cada uno pueda elegir y cambiar sin verse compelido a financiar actividades que no comparte y que voluntariamente no está dispuesto a sostener. Pero para las necesarias salvaguardas y para que sea operativa la flexibilidad en los autocorrectores es indispensable, insistimos, que los centros de estudios privados sean realmente privados y evitar otro canal por el que se pierde independencia del aparato estatal: los subsidios bochornosos como los que señala Richard Pipes en cuanto a que universidades como las de Columbia, Harvard y Princeton llegaron a recibir respectivamente el 50%, el 38% y el 32,4% de sus presupuestos totales del gobierno federal.
Por todo lo dicho es que Ludwig von Mises ha escrito que “ En realidad hay solo una solución: el estado, el gobierno, las leyes no deben ocuparse de los colegios ni de la educación. Los fondos públicos no deben ser utilizados para esos fines. La crianza y la instrucción de la juventud debe dejarse enteramente en manos de los padres y de las asociaciones e instituciones privadas”.
Fuente: http://independent.typepad.com/elindependent/2008/07/educacin-y-des.html
Los países en vías de extinsión
El periodista Carlos Mira, columnista del diario digital Economía Para Todos , dice que la tradicional clasificación de países en: desarrollo, vias de desarrollo y, subdesarrollados, no es aplicable a la Nación Argentina. Según él debería haber una cuarta: Países en Via de Extinsión; e inclucuye en esta categoría a Argentina, Bolivia y Venezuela.
Según Carlos Mira, Venezuela y Bolivia son dictaduras impuestas por el narco-terrorismo que después exportarán sus revoluciones al resto del continente, tal como lo hizo Cuba en los años 70. Los vínculos de los Kirchner con Evo Morales y Hugo Chávez, más los casos de corrupción que se han ido descubriendo últimamente como el de las valijas secuestradas a Antonini Wilson en el aeropuerto de Buenos Aires, los asesinatos ocurridos en la misma ciudad, ponen al kirchnerismo en una díficil situación, y hacen sospechar que tienen vínculos con el narcotráfico. La historia los juzgará dice Mira. El daño que le están causando a la Nación en la comunidad de naciones es de un daño sin igual, y llevará daños repararlo.
>>Ver artículo
septiembre 20, 2008
Broma a Fidel Castro
Esta es una broma que le hizo Radio Miami a Fidel Castro engañándole con una conversación con Hugo Chávez. El tema fue tratado fue el de la valija de Antonini Wilson caputrada en Aeroparque Jorge Newbery en Buenos Aires. Castro cuando se enteró de la broma insultó al locutor.
septiembre 18, 2008
¿Por qué llaman liberalismo al Capitalismo de Estado?

En estos dias de turbulencia financiera en los mercados mundiales por los préstamos hipotecarios, donde los gobiernos y bancos centrales intervienen en los mercados inviertendo sumas gigantezcas, se pide más intervención y control estatal a través de la prensa, de la clase política, de los empresarios, y de diferentes sectores de la comunidad. No se dice que esta crisis es el resultado de una larga y abusiva intervención del estado en el mercado. En Estados Unidos, centro de la tempestad financiera, existen organismos estatales creados para regular los mercados, que deberían haber evitado este colapso, pero como siempre, los organismos públicos hicieron gala de su ineficiencia. Y ahora, a los problemas causados por el intervencionismo estatal en los mercados pretenden solucionarlos con más intervencionismo. El alcoholismo lo solucionarán consumiendo más alcohol.
Jorge Valin, economista, miembro del Instituto Juan de Mariana, y columnista de Libertal Digital lo explica mejor en el artículo que está más abajo.
La mediocridad intelectual de muchos periodistas está confundiendo los términos, llamando liberalismo a un sistema que es en realidad su opuesto. Comprueben si no la ignorancia patente de Alfredo Abián e Iñaki Gabilondo.
Jorge Valín
En 1907 Theodore Newton Vail –presidente de la compañía telefónica AT&T– escribió que el servicio de telefonía no podía ser eficiente en un sistema de libre mercado y tenía que convertirse en un monopolio. El Gobierno americano escuchó a Vail y acabó reduciendo la competencia drásticamente para transferir los clientes a AT&T. ¿Cree que Vail era un liberal por ser un gran empresario? Más bien fue un precursor del capitalismo de Estado, economía del fascismo o socialismo para ricos; una ideología que años después triunfaría en la Italia de Mussolini y en los Estados Unidos de Roosevelt. Como estamos viendo estos días, los gobiernos, desde Bush hasta Zapatero, están reforzando otra vez esta unión entre el Estado y las grandes empresas con sus rescates y ayudas.
La mediocridad intelectual de muchos periodistas está confundiendo los términos, llamando liberalismo a un sistema que es en realidad su opuesto. Comprueben si no la ignorancia patente de Alfredo Abián e Iñaki Gabilondo. Estas voces, de forma populista, asocian empresarios con liberales y economía norteamericana con liberalismo. La verdad es que es difícil encontrar un empresario liberal, y más si pertenece a una gran compañía o las representa.
Por ejemplo, fíjense en Gerardo Díaz Ferrán, presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE). El empresario se quedó a gusto diciendo que "se puede poner un paréntesis a la economía libre de mercado" para que el Estado le salve el cuello. ¿Cree que un liberal diría una salvajada así? Díaz Ferrán es una persona que ha forjado su fortuna a través del amiguismo con los políticos. En su línea, ahora busca establecer relaciones con el Gobierno actual, algo que también hizo con el Gobierno Aznar. Al igual que hiciera Vail, su interés no es que ni el mercado ni la sociedad sean libres de la coacción del Gobierno, sino forrarse a costa del pagador de impuestos.
También oímos que el cierre de algunas empresas norteamericanas y los rescates de otras son un símbolo del fracaso del liberalismo. ¿De qué liberalismo hablan? La realidad es que pocos países son tan intervencionistas como Estados Unidos en el mercado financiero. Tienen un órgano regulador por cada mercado y, a diferencia de los españoles (afortunadamente para nosotros), tienen un nivel de hiperactividad casi enfermizo.
De hecho, las operaciones financieras de los bancos quebrados fueron autorizadas por el Gobierno o incluso creadas e impulsadas por este. Fannie Mae, por ejemplo, nació por iniciativa de Franklin Delano Roosevelt durante la Gran Depresión para que no se hundiera el sector de la vivienda. Es la misma excusa que emplea ahora Zapatero para su plan de rescates y ayudas (como todos ya sabíamos, su mentalidad va 80 años atrasada). El Gobierno americano creó empresas de este tipo a través de la Government Sponsored Enterprise (GSE) cuya función es expandir el crédito hacia sectores estratégicos con precios por debajo al valor de mercado. A poco que se piense, la medida parece bastante más socialista que liberal.
Fue el GSE quien creó en Estados Unidos el mercado secundario de hipotecas, ese que ahora parece ser la raíz de todo mal. En 2001 el entonces presidente de la Congressional Budget Office, Dan L. Crippen, dijo que "la deuda y titulación de hipotecas del GSE es más valorada por los inversores que los activos similares del sector privado por la garantía que ofrece el Gobierno". La clavó. El Gobierno creó esos activos basura y gracias a esa confianza expandió este tipo de negocio a la economía mundial, que ha explotado varios años después como bombas de relojería. Sus empresas han sido las primeras en hundirse, arrastrando al resto.
Fannie y Freddie, además, tenían un trato especial: recibían líneas de financiación del Tesoro americano. ¡Fíjense qué casualidad: es lo que pide el lobby de la CEOE y Zapatero está haciendo con los créditos del ICO a los constructores! Por si aún le queda alguna duda que el sistema norteamericano no tiene nada que ver con el liberalismo, Fannie y Freddie tenían todo su negocio totalmente supervisado y regulado: volumen de préstamos, cantidades mínimas de capital, activos totales que podían adquirir, etc. ¿Un sector dominado por el Estado de esta forma se le puede llamar liberal? No es un fallo de mercado, sino de Estado y de una forma más amplia del sistema establecido: el capitalismo de Estado.
Todo este lío ideológico se debe a que mucha gente considera liberales a escuelas que realmente no lo son o fundamentan la economía en errores intelectuales básicos. De hecho, la única escuela económica que realmente ha luchado activamente contra el capitalismo de Estado es la Escuela Austriaca. Ésta considera que un sistema no se puede considerar capitalista en el momento que el Gobierno interviene en los factores productivos. Todo sistema donde el Gobierno aplica su extorsión a la economía privada es socialista en un grado u otro.
Esto no significa necesariamente que la Escuela Austriaca tenga una línea de pensamiento anarquista. Ludwing von Mises, por ejemplo, en su libro Burocracia consideraba la justicia, la seguridad nacional y ciudadana factores que estaban fuera de la capacidad de los medios de producción privados.
La solución no es que el Estado tome más fuerza de la que ya tiene, tal y como pretende el establishment empresarial y mediático. A ellos les iría bien, ya que sacarían más dinero a nuestra costa. Como hemos visto, esto es curar al borracho dándole más alcohol. La única solución es abolir el capitalismo de Estado y este socialismo para ricos. Si no hay ningún mal en que cierre la charcutería de la esquina por sus desorbitados precios, o que las tiendas de ropa realicen descuentos de hasta el 70% en sus productos, ¿por qué ha de serlo que las grandes empresas financieras e inmobiliarias lo hagan también? Evitar mediante la intervención estatal este proceso de liquidación y abaratamiento de precios nos obliga a pagar las pérdidas de las empresas "salvadas" para que sobrevivan o puedan vender sus productos y servicios más caros. Y encima es la manera perfecta de incrementar las probabilidades que en el futuro nos estalle otra crisis
Fuente: Libertad Digital

