septiembre 01, 2007

EL OASIS DE LA LIBERTAD




Quienes pasan por la “Marro”, como cariñosamente le llaman sus estudiantes, conocen de buenas fuentes la obra de autores como Ludwig von Mises, Friedrich Hayek, Milton Friedman, James Buchanan o Ayn Rand.

A lo largo de la historia los liberales han tratado de difundir su ideario con más pena que gloria. Una explicación para este relativo fracaso puede ser el hecho de que las propuestas liberales sean a menudo contraintuitivas. El hombre sólo ha vivido en sociedades extensas, en las que las medidas liberales cobran sentido, durante los últimos minutos de la historia de la humanidad. La mayor parte del tiempo, los seres humanos han vivido en pequeños grupos en los que la supervivencia dependía de que la autoridad diseñara buenos planes y los miembros del clan repartieran lo poco que tenían ayudándose para no sucumbir a la continua amenaza de la escasez más absoluta de los recursos más básicos. Durante toda esa larga etapa en la historia del hombre la prosperidad era imperceptible a lo largo de la vida de una persona y cuando alguien mejoraba con rapidez solía ser en base a quitarle a los demás sus recursos.
Otro posible motivo podría residir en que muchos liberales han tratado de influir en el corto plazo o, lo que viene a ser lo mismo, sobre el poder político; ya sea en reyes, presidentes, ministros o príncipes. Esta actitud ha permitido dar algunos sonados pasos adelante seguidos con demasiada frecuencia de importantes reveses. Cuando la inmensa mayoría de los miembros de una sociedad no entiende por qué la prosperidad generalizada viene de la mano del respeto de la propiedad privada, los vínculos contractuales y la persecución de beneficio propio, las posibilidades de éxito de este tipo de estrategias son muy reducidas. Por otro lado, trabajar pensando en el largo plazo exige paciencia, perseverancia, optimismo, profundas convicciones y buenas teorías sobre la dinámica de los procesos sociales. Estas cualidades raramente se encuentran en una persona o pequeño grupo de personas y los liberales no son una excepción.
A pesar de los múltiples errores cometidos, hay ejemplos que avivan la esperanza. Entre estos destaca la marea internacional de think tanks dedicados a la elaboración y difusión de ideas o las plataformas digitales -formales o informales- de comunicación que han surgido gracias a Internet. Pero la iniciativa más ilusionante que he conocido es la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. En 1971 Manuel Ayau, ayudado por un reducido grupo de amigos liberales, se propuso convertir un pestilente barranco a las afueras de Ciudad de Guatemala en un oasis académico cuya misión fuese la enseñanza y difusión de los principios éticos, jurídicos y económicos de una sociedad de personas libres y responsables. Treinta y seis años después la UFM se ha convertido en una de las universidades más prestigiosas de Latinoamérica y forma a más de 2800 estudiantes en diversas disciplinas siguiendo los principios fundacionales de la Institución.
Quienes pasan por la “Marro”, como cariñosamente le llaman sus estudiantes, conocen de buenas fuentes la obra de autores como Ludwig von Mises, Friedrich Hayek, Milton Friedman, James Buchanan o Ayn Rand. La universidad ha logrado compatibilizar la participación activa en la vida social del país con el rechazo a las presiones intervencionistas y liberticidas gracias a un fabuloso campus selvático que crea una burbuja intelectual, al uso de las más modernas tecnologías de la información y al rechazo de subvenciones públicas para desarrollar este monumental proyecto. Detrás de este éxitos está, como siempre, la tarea de un héroe silencioso que, ayudado de un grupo de individuos extraordinarios ha sabido trabajar centrado en el largo plazo ayudado de una pasión por la libertad y unos conocimientos de la teoría de la liberad que han hecho su voluntad inquebrantable. Ojala que su ejemplo y el de quienes impulsan día tras día ese oasis de la libertad ayuden al surgimiento de proyectos similares en España y el resto del mundo.

Autor: Gabreil Calzada Instituto Juan De Mariana

agosto 30, 2007

CARLOTA JACKISCH ENTREVISTADA POR ROBERTO CACHANOSKY EN EL INFORME

Carlota Jackisch es doctora en ciencias políticas. Ella como Cristina Kirchner leyó a Hegel, por eso Jackisch no es hegueliana, como Cristina Kirchner. En el programa El Informe fue entrevistada por Roberto Cachanosky y habló del rumbo de la política argentna, lo compara con otros regímens y como se degeneraron estos.



http://www.economiaparatodos.com.ar/ver_nota.php?nota=1680

UN CONFLICTO DE PARADIGMAS

Comprender la real naturaleza de una sociedad libre supone preguntarnos dos cuestiones básicas: ¿Qué significa actualmente ser libre, y cuál es el legítimo rol del gobierno en una sociedad libre? Reflexionando sobre estas dos preguntas fundamentales podemos proveer la solución a esta maraña política y económica en la cual se encuentra nuestra nación.


Primero retornemos a los principios básicos. Nuestros Padres Fundadores pusieron en existencia a la más inusual sociedad en la historia. Imagine: Sin impuestos a las ganancias, Seguridad Social, sistemas de salud como Medicare y Medicaid, bienestar, escolaridad obligatoria, leyes contra las drogas, control de armas, papel moneda, restricciones para viajar, o banco central. Ni incluso ningún control migratorio.


Los estadounidenses alguna vez ejercían sus ocupaciones o negocios sin licencias, permisos, o regulaciones. Eran libres de entran en acuerdos de mutuo beneficio con otros sin interferencia del gobierno. Sin impuesto a los ingresos, podían acumular riqueza ilimitadamente y decidir cómo disponerla. Su nivel de vida se elevó, especialmente en comparación con el resto del mundo.


Los estadounidenses viajaban a cualquier parte en el país y a todo el mundo sin la aprobación o supervisión del gobierno. De hecho, no tenían pasaportes.


No participaban de las guerras en Europa o Asia quitando vidas incontables de hombres estadounidenses. Sin servicio militar obligatorio, excepto para la Guerra de Secesión. Sin militarismo ni glorificación del armamento militar. Rechazando grandes ejércitos profesionales, los estadounidenses abrazaron el concepto de ciudadano-soldado: una nación de civiles quienes se entrenaran para pelear y quienes estuvieran preparados para hacerlo si Estados Unidos fuera alguna vez invadido.


Esta inusual forma de vida es lo que los estadounidenses entendieron por la palabra “libertad”. Esta es la libertad que los estadounidenses celebraron cada cuatro de Julio. Esto es lo que alguna vez significó ser estadounidense. Esto es lo que alguna vez significó ser libre.


Qué guió a los estadounidenses a finales del 1700 y a lo largo de la mayoría del 1800 era un principio primordial: la más grande amenaza a sus libertades y bienestar descansaba con su propio gobierno federal. Ellos creían que a más fuerte y más poderoso el gobierno, menor libertad para la gente y una nación débil. A la inversa, la debilidad del gobierno, da la máxima libertad a las personas y hace a una nación fuerte.


Así, ellos usaron la Constitución para dar existencia al más débil y más restringido gobierno nacional en la historia.


¿Cuál fue el resultado de este débil y restringido gobierno con pocos poderes sobre las vidas y fortunas de la ciudadanía? La más poderosa nación económica en la historia ... y la más prospera nación en la historia ... y la más caritativa nación en la historia ... y la más libre nación en la historia.


Aunque hubieron mayores y menores excepciones, ese fue el paradigma de libertad sobre el cual nuestra nación fue fundada y el cual la guió por más de un siglo.


Desafortunadamente, este ya no es el paradigma bajo el cual operan los estadounidenses ahora.


El paradigma actual


Hoy, los estadounidenses padecen bajo un sistema cuyas características son las que nuestros antepasados rechazaron. Los ingresos de la gente son ahora sometidos a ilimitados impuestos, y cuanto más gana la gente más el gobierno les quita.


El principal rol del gobierno federal es ahora cuidar a la gente con el dinero que el gobierno federal recolecta de ellos en impuestos y préstamos que toma de ellos mediante la venta de títulos gubernamentales, los cuales alientan la inflación. Semejantes programas de bienestar como la Seguridad Social, Medicare, Medicaid, becas educativas, y subsidios a los negocios son ahora una parte establecida de la vida estadounidense.


El gobierno federal tiene el poder de regular el más minúsculo aspecto de las actividades económicas de la gente, incluso extendiéndose a qué crece y consume la gente en su propiedad.


Desde la primera parte del siglo 20, los estadounidenses han sufrido los estragos del irremediable papel moneda además de un banco central que ha, década tras década, gradualmente desvalorizado la moneda, permitiendo a los funcionarios del gobierno confiscar la riqueza y ahorros de la gente a través de la inflación.


Interviniendo en guerras en el extranjero es ahora una aceptada parte de la vida estadounidense, y ha resultado en la muerte o mutilación de cientos de miles de hombres y mujeres estadounidenses. Un enorme ejército permanente se ha convertido en una característica constante de la vida estadounidense — una fuerza imperial que se extiende en todo el mundo, requiriendo las siempre crecientes sumas de impuestos para financiarlo. Mientras el servicio militar ha sido voluntario desde la Guerra de Vietnam, todos saben que la conscripción obligatoria de la ciudadanía es una permanente opción en estado latente.


¿Cuáles son los resultados de este moderno paradigma del estado benefactor, estado guerrero? ¡El más poderoso gobierno en la historia! Un gobierno capaz de proveer bienestar a millones de estadounidenses y extranjeros por igual. Una fuerza militar potencialmente capaz de conquistar cualquier nación en el mundo. Un ejecutivo con el poder de enviar fuerzas militares a la acción a través del mundo con su propia iniciativa. Un gobierno con el poder de encarcelar a cualquiera, donde quiera, por siempre, sin cargos. ¡La “única superpotencia restante” del mundo!


Una débil y atemorizada nación


Sin embargo, ha habido un mayor resultado negativo de todo esto: Como nuestros ancestros sabían que sería el caso, este todo-poderoso gobierno federal ha producido una de las más débiles y temerosas naciones en la historia.


El estado benefactor ha producido una predisposición de casi desesperada dependencia entre los estadounidenses. Sólo pronuncie la frase “derogación de la Seguridad Social” a alguien mayor de 65 y verá exactamente a qué me refiero. Casi todo estadounidense mayor de 65 entrará en un estado de shock nervioso al escuchar la frase. “¿Cómo sobreviviré sin mi Seguro Social?” es cómo responden, ignorando el completamente obvio hecho de que los estadounidenses sobrevivieron — y prosperaron — sin un esquema socialista en los primeros 125 años de la historia de nuestra nación.


Esta predisposición a la dependencia del estado benefactor, sin embargo, no es limitado a las personas mayores. Esta domina las mentes de personas a lo largo de toda la sociedad estadounidense, transcendiendo todas las edades y clases económicas. Sólo use la palabra “derogar” en el contexto de una discusión respecto a Medicare, Medicaid, becas estudiantiles, subsidios de desempleo, control de la comida, viviendas públicas, o negocios subsidiados, y verá a qué me refiero.


A pesar de la devoción a los principios de la libertad en el desarrollo de emprendimientos que ellos ostensiblemente aprendieron en sus escuelas públicas (por ej., gubernamentales), los estadounidenses tienen terror al libre mercado. Sólo sugiérales, por ejemplo, la idea de separar la escuela del estado y entregar la educación completamente al libre mercado y verá a qué me refiero. O pregúnteles cómo se sienten respecto a un libre mercado en el consumo y venta de drogas.


El hecho es que los estadounidenses perdieron la confianza en ellos mismos y en los otros. Perdieron la fe en la libertad y el libre mercado. Y son personas aterrorizadas. Los estadounidenses están aterrorizados de perder su bienestar. Están aterrorizados de perder sus trabajos. Están aterrorizados de los extranjeros, especialmente de inmigrantes quienes pueden dejarlos fuera de competencia o “les quitan sus trabajos”. Están aterrorizados de los “terroristas”, lo cual es porqué los funcionarios federales siempre se salen con esa palabra — “terroristas” — dondequiera que ellos quieren aterrorizar a la gente en un ciego apoyo a cualquier cosa que ellos están haciendo.


De qué no están asustados, desafortunadamente, de su propio gobierno federal — su benefactor, su guardián, su proveedor. El gobierno federal ha asumido el rol de su padre — o incluso su dios. El los cuida y protege de los “chicos malos”. ¡Y dios nos libre de la persona, especialmente un estadounidense, quien se atreva a decir cosas malas sobre su padre federal o dios federal!


Militarismo y “rudeza”


El estado guerrero ha producido una perversa sensación de experimentada rudeza — una en la cual los ciudadanos expresan coraje a través de la conducta de su todo-poderoso gobierno, especialmente sus fuerzas militares. “Tenemos que invadir Irak y atrapar a Saddam — ¡no podemos ser débiles!” es un típico pregonar — uno en el cual “nosotros” es el soldado profesional quien está yendo a pelear y morir a miles de kilómetros de distancia, mientras que la ciudadanía “apoya a las tropas” alentando a generales retirados del ejército que explican por televisión la acción militar de EE.UU. en el extranjero y pegando calcomanías de “apoye a las tropas” en sus autos. Las victorias militares son celebradas por todos y reflejan nuestra rudeza colectiva como nación. El militarismo y los armamentos militares son glorificados. Y todos los que viven cerca de una base militar están aterrados porque puede cerrar.


El paradigma del estado benefactor-estado guerrero ha resultado en el más poderoso gobierno en la historia y posiblemente del todo la más dependiente, aterrorizada nación en la historia.


Irónicamente, todo esto es visto como la nueva “libertad” — la libertad de ser cuidado de y protegido por un todo-poderoso, siempre buen gobierno federal y estar hecho bueno, compasivo, corajudo, y bondadoso a través de la colectiva fuerza del estado benefactor-estado guerrero del gobierno. Sólo seamos testigos de la reacción de la gente hacia la ayuda federal recientemente dada a la víctimas del tsunami: cuanto más dinero los funcionarios estadounidenses entregaron cada día que pasaba en respuesta a la crítica extranjera de “nuestro” ser demasiado mezquino, tanto más el pueblo estadounidense se vio asimismo en una luz positiva. O considere una de las tantas razones para invadir a Irak — para “liberar” al pueblo Iraquí, reflejando nuestra colectiva bondad como estadounidenses. Nosotros somos buenos porque el gobierno es bueno con el dinero que él ha quitado de todos nosotros y proveyó a otros en la forma de estado benefactor o de estado guerrero.


¿Reforma o libertad?


Están aquellos que dicen que el estado benefactor-estado guerrero está aquí para quedarse, al que podemos también resignarnos y aceptarlo, y al que deberíamos simplemente dedicarnos a reformarlo y mejorarlo. Este triste sentimiento de resignación se aplica no sólo al estado benefactor doméstico sino también al estado guerrero extranjero.


Con respecto al estado benefactor, piense sobre cuántas veces ha leido un artículo o un estudio publicado por un grupo de libre-emprendedores que concluye con eso que se ha convertido en una clásica perogrullada: “El sistema necesita reformas”.

Con respecto al estado guerrero, piense sobre cuántos libre-emprendedores propugnan el arremetimiento a la “guerra contra el terrorismo” federal siguiendo a la multitud y la guerra en Irak sin siquiera considerar las consecuencias con respecto a la libertad del pueblo estadounidense.


A fin de conseguir una sociedad libre, es imperativo confrontar dos verdades:


Primero y principal, el paradigma político-económico bajo el cual los estadounidenses viven hoy es opuesto al paradigma político-económico bajo el cual nuestros antepasados vivieron y en el cual nuestra nación fue fundada. Esto es importante porque obviamente los opuestos no pueden ser lo mismo. O nuestros antepasados eran libres o no lo eran, y si ellos eran libres, entonces ¿cómo podemos nosotros — sus sucesores — ser libres cuando vivimos bajo principios opuestos? Las profundas palabras de Goethe vienen a la mente aquí — que nadie es más desesperanzadamente esclavizado que aquellos quienes creen falsamente que son libres.


Segundo, es imposible lograr una sociedad libre simplemente reformando el paradigma del estado benefactor-estado guerrero, aún si las reformas están envasadas en un vocabulario de libre emprendedores. (De nuevo, piense en la observación de Goethe.). Quien se ha resignado a la inevitabilidad del paradigma del estado benefactor-estado guerrero ha renunciado a la búsqueda de una sociedad libre. Por ahí no hay manera de alcanzar la genuina libertad que nuestros antepasados disfrutaron bajo un paradigma en el cual el gobierno federal tiene el omnipotente poder de cobrar impuestos a la gente, regular a la gente, cuidar de la gente, encarcelar a la gente, y enviarlos a la guerra por alguna razón cualquiera.


Una nación que ha abrazado el paradigma del estado benefactor-estado guerrero, no importa cuánto ha reformado o mejorado, será una nación sin libertad de débiles, dependientes, aterradas personas. Como nuestros antepasados muy bien entendieron, la única manera de lograr una sociedad libre y una fuerte nación es refrenar al gobierno federal y debilitarlo.


¿Puede el paradigma de libertad, mercados libres, y gobierno limitado ser restaurado en nuestra tierra? Por supuesto que puede. Después de todo, si cien años después de la fundación de nuestra nación, los estadounidenses pudieron ser persuadidos de adoptar un paradigma de socialismo, intervencionismo, e imperio, entonces ¿por qué no es posible convencer a una masa crítica de estadounidenses que viven hoy a que rechacen ese paradigma y restablecer el paradigma de nuestros antepasados? Las ideas están entre las más poderosos fuerzas en el universo, es por lo cual los gobiernos gastan tanto tiempo, energía, y recursos intentando acallarlas.


Con el fracaso manifiesto de casi todos los aspectos del paradigma estado benefactor-estado guerrero — desde la Seguridad Social a la guerra contra las drogas, desde la “guerra contra el terrorismo” a la guerra en Irak — el tiempo bien podría estar aproximándose cuando los estadounidenses empiecen a preguntarse planteos importantes como los que nuestros Padres Fundadores se hicieron: ¿Qué significa ser libre, y cuál es el legitimo rol del gobierno en una sociedad libre?


Si ese día llega, déjennos tener la esperanza de que los estadounidenses no se conformarán con reformar o mejorar el paradigma vigente de socialismo, intervencionismo, e imperio, sino que en cambio decidirán restablecer el paradigma de libertad, mercados libres, y república sobre el cual nuestra nación fue fundada.

Autor: Jacob Hornberger

Jacob Hornberger es fundador y presidente de The Future of Freedom Foundation.
Este artículo originalmente apareció en la edición Agosto 2005 de Freedom Daily.

CRISTIANISMO Y LIBERALISMO


Autor: Armando Ribas

Pienso que la relación entre el cristianismo y el liberalismo es de la mayor trascendencia en general y en particular para la Argentina. No hay duda de que en este ámbito reinan incomprensiones de vieja data, que reflejan, a mi juicio, confusión profunda respecto a la esencia misma del denominado liberalismo que hoy se lo llama peyorativamente neo-liberalismo. Así, nuestro léxico político plagado de inexactitudes ya que los mismos vocablos implican conceptos diferentes y discutibles se centra en las virtudes de la democracia y el anatema del neo-liberalismo. Esta dicotomía ética es compartida desde el cristianismo, al menos según consta de las declaraciones de múltiples de los obispos, hasta el "socialismo" cuyo origen indubitable, fueran el positivismo y el marxismo que consideran a la religión como la causa fundamental de la alienación del hombre. Ante esto que considero la confusión reinante aun vigente en el mundo de las comunicaciones, me voy a permitir algunas reflexiones que espero contribuyan a una mejor comprensión mutua de las partes involucradas.

Fue hace muy poco que el Papa pidió perdón por los hechos históricos de la Iglesia tales como la Inquisición, las cruzadas y el enfrentamiento con la ciencia (Galileo), etc. Estas palabras del Papa que tienen mi mayor respeto, sin embargo ocultan la verdadera naturaleza del problema. A mi juicio, no se puede culpar a la Iglesia Católica como el origen de tales pecados históricos, sino que ellos reflejaban el sentir y el comportamiento generalizado de ese "Occidente" que hoy pretende igualmente representar desde sus orígenes la ética contemporánea. Debe recordarse que por mucho tiempo la amante de Zeus era conocida como la cristiandad hasta bien entrado el siglo XVI. O sea que si pecadores hubo y no hay dudas de que así fuese, pues la Segunda Guerra Mundial y el holocausto son sus ejemplos más cercanos, no fue por la existencia de la Iglesia. Si de algo puede culparse a esta institución no fue que generara el pecado, sino que no pudo, no supo o no quiso evitarlos y ni siquiera reducirlos Las cruzadas eran luchas entre los propios cristianos, y yo no podría decir que en la disputa entre los iconoclastas y los iconodules que diera por resultado la culminación del denominado cisma de Oriente, aquellos eran mejores ni menos autoritarios que éstos.

Tampoco encuentro en Lutero, ni en Calvino un pensamiento ni un comportamiento más digno y ético. El absolutismo y el fanatismo religioso impregnaba la mente de los hombres, y la lucha por el poder terrenal tenía su campo de batalla en el ámbito celestial; pero fundamentalmente en la naturaleza falible del ser humano por más que hubiera sido creado a imagen y semejanza de Dios. No obstante esa realidad de la naturaleza no se puede desconocer la gran contribución del cristianismo a la civilización al reconocer a la persona individual como el centro mismo de la creación.

Los pecados son de los hombres y el cristianismo lo señala claramente en el Evangelio que dice "el justo peca siete veces". Pero aun más dice "el que esté libre de pecado que arroje la primera piedra" y sigue diciendo "no juzguéis y no seréis juzgados" y más "se ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio". Lamentablemente esos principios del cristianismo, incluido aquel más importante de "dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" y no podemos olvidar que Jesús también dijo "Mi reino no es de este mundo", fueron olvidados en la simbiosis histórica entre el Estado y la Iglesia y que se expresa en la colusión entre la cruz y la espada para representar en la tierra a quien había dicho que “se debía poner la otra mejilla."

La sabiduría del cristianismo abunda en el mandato de "amar al prójimo como a ti mismo". Ese mandato existe precisamente porque ese amor no existe como una universalidad y por tanto difícilmente puede construirse una sociedad a partir de presuponerlo. En segundo término el prójimo es el cercano por tanto ni siquiera el cristianismo pretende un amor a la humanidad que no forma parte de la naturaleza del hombre donde los sentimientos en muchos casos privan por encima de la voluntad. Y tercero el poner como límite de bien el amor a sí mismo, es la manifestación paladina de la conciencia de que el hombre, por encima de todo se quiere a sí mismo. Es decir, ese no es un mandato, sino un parámetro de la realidad de la naturaleza humana.

Otro aspecto trascendente del cristianismo es el reconocimiento de la propiedad privada tal como se manifiesta en la parábola de los trabajadores que llegados a la hora nona fueron pagos iguales que los primeros. Cuando estos protestaron el Señor (propietario) manifestó yo cumplí con ustedes y les pagué lo convenido por tanto nada pueden quejarse por mis contratos posteriores. Evidentemente aquí no sólo se reconoce el derecho de propiedad, sino la libertad de contratación y el valor conmutativo de los contratos.

Igualmente, en la parábola de los talentos se reconocen la responsabilidad individual por nuestras acciones y los resultados de las mismas. Por último la admonición sobre que "es más difícil que entre un rico en el reino de los cielos que pase un camello por el ojo de una aguja", no tiene otro sentido que el que tiene más posibilidades a su vez tiene más tentaciones para pecar. Pero al mismo tiempo, debe tenerse en cuenta que el mismo concepto de rico debe entenderse como poder en general. Particularmente porque en los tiempos del Evangelio la relación de causalidad era del poder a la riqueza y no viceversa. Así, los reyes eran ricos por reyes y no que eran reyes por ricos. Esto fue otro de los grandes errores de Marx al considerar que el poder político era una superestructura de los intereses económicos. En fin, si la Iglesia ha errado como institución, y no pecado, pues los pecados son personales, fue por no haber quizás logrado que se avanzara en la civilización y en la libertad a partir de los propios valores que ella representaba. Al respecto ya en 1536 el Papa Pablo III designó una comisión para estudiar los abusos en la Iglesia que en marzo de 1537 produjo un informe famoso titulado "Consilium de enmenda ecclesia", cuya conclusión fue: "La causa de todos los problemas yace en los papas mismos que han permitido que sus deseos imperen y han escuchado a falsos consejeros, con el resultado de que se creyeron tan completamente dueños de la Iglesia que tenían el derecho de comprar y vender sus empleos, designaciones y beneficios sin peligro de pecado... De ello se deriva Padre Santo, como de un caballo de Troya han surgido en la Iglesia tantos abusos y tales graves enfermedades que por nuestra culpa el nombre de Cristo ha sido blasfemado entre las naciones".

No fue otro que Erasmo de Rotterdam, quien dijo: “Ningún hombre puede esperar alcanzar el cielo usando la maquinaria de la Iglesia; sin ceremonias, tal vez uno no sería cristiano, pero no lo hacen a Ud. cristiano. La idea fundamental de Erasmo y que a nuestro criterio coincide con el cristianismo o sea los evangelios, es reducir la teología a un mínimo, conciente de las dificultades en las definiciones y fueron éstas las que causaron el cisma de Oriente y la destrucción de Bizancio, que finalmente cayó en manos del Imperio Otomano. Más tarde determinó las guerras religiosas que todavía no han terminado, a pesar de la paz de Westfalia. Así escribió Erasmo: “Ud. no será condenado si no sabe si el Espíritu que procede del Padre y del Hijo tiene uno o dos comienzos, pero no escapará a la condenación si no cultiva las fuentes del espíritu: amor, felicidad, paz, paciencia, bondad, sufrimientos, compasión, fe, modestia, continencia y castidad”. Este pensamiento es perfectamente compatible con el liberalismo en su proyección de separar al Estado de la Iglesia, y permitir la libertad de creencias siempre y cuando no violaran las normas de la convivencia. Lamentablemente en 1546 el Concilio de Trento declaró heréticas las doctrinas de Erasmo y así podría decir que dio lugar a que el Papa considerara finalmente procedente pedir perdón por los errores de la Iglesia.

El liberalismo, pues, a nuestro juicio, fue precisamente el intento de evitar los abusos del poder cualquiera que fuese su origen, ya fuere político o eclesiástico, y al mismo tiempo permitir la libertad de conciencia. Así, John Locke en su Carta sobre la Tolerancia, publicada después de la Revolución Gloriosa en Inglaterra en 1688, escribió que toda la Iglesia era ortodoxa con respecto a sí misma. Consecuentemente "El Evangelio frecuentemente declara que los verdaderos discípulos de Cristo deben sufrir persecución, per que la Iglesia de Cristo debe perseguir a otros y forzar a otros mediante el fuego y la espada para que abracen su fe y su doctrina, yo nunca lo encontré en ninguno de los libros del Nuevo Testamento." En otras palabras, el liberalismo, cuyo primer exegeta fue Locke, pretendió, pues, conforme a lo dicho por Jesucristo separar la Iglesia del Estado, pues el gobierno de la sociedad civil estaba instituido tan sólo por cuidar de los intereses civiles tales como la vida, la libertad, la salud y la posesión de las cosas externas. Al mismo tiempo, señala que el cuidado de las almas no le corresponde al gobierno y así escribió: "Toda la vida y el poder de la verdadera religión consisten en la completa persuasión interna de la mente: y la fe no es fe sin creer". Por ello "el cuidado de las almas no puede pertenecerle al gobierno civil, porque su poder consiste solamente en la fuerza externa".

Como vemos, el liberalismo está muy lejos de ser ateo, como se ha pretendido a partir de haber tomado al crimen histórico de la Revolución Francesa de 1789 como su paradigma. La realidad es que ella representó tan sólo el intento de crear una religión seglar que pretendió darle a la razón el lugar de Dios. A través de la historia de sus filósofos, el liberalismo ha mostrado no sólo su respeto por la religión como el ámbito de la conciencia individual, sino su conciencia de la falencia permanente del ser humano en su búsqueda del conocimiento y no la confusión del racionalismo que hay una sinonimia entre razón y verdad.

Fue igualmente la realización de que los gobernantes son igualmente hombres con iguales falencias que sus congéneres, la que determinó la necesidad de la limitación del poder político. En ese sentido igualmente se pronunció Locke y fue éste el criterio con que se constituyeron los Estados Unidos a partir del pensamiento de James Madison quien dijera: "Si los hombres fueran ángeles no haría falta el gobierno y si fueran a ser gobernados por ángeles no se requeriría ningún control sobre ellos". Por la misma razón ya David Hume se había percatado de que la razón lejos de prescribir la moral eran tan sólo el instrumento de las pasiones. Por ello, la estructura de la sociedad debía reconocer éticamente los intereses y sólo la confrontación de las pasiones habría de limitarlos. De ahí surgía la necesidad de la seguridad en la propiedad privada, y a ella se refiere precisamente el concepto mismo de justicia que se diferencia de la moral en que esta es intencional en tanto que la primera es consecuencial. Así, dijo Hume al respecto: “Es sólo como consecuencia del amor a sí mismo y la limitada generosidad de los hombres, conjuntamente con la escasa provisión que la naturaleza hace a sus necesidades, que la justicia deriva su origen... Es evidente que la única causa por la que la gran generosidad del hombre y la perfecta abundancia de todas las cosas destruirían la mera idea de justicia, es porque la haría inútil.”

Como vemos no existe una contradicción entre los principios cristianos y la filosofía liberal, sino que ésta surge únicamente cuando la Iglesia ha pretendido un rol que conforme al Evangelio no le corresponde y que es el de dominar el poder político en una conciencia de absoluto que ignora precisamente las falencias del ser humano reconocidas por el propio Evangelio: “El justo peca siete veces”. En ese sentido, debe destacarse precisamente el gran aporte de León XIII a la comprensión del problema en su encíclica “Rerum Novarum” donde escribió: “Sea pues, el primer principio y como la base de todo que no hay más remedio que acomodarse a la condición humana: que en la sociedad civil ni pueden ser todos iguales, los altos y los bajos...” Y sigue: “...que la verdadera dignidad y excelencia del hombre consiste en las costumbres, es decir en la virtud, que la virtud es patrimonio común a todos los mortales y que igualmente la pueden alcanzar los altos y los bajos, los ricos y los proletarios... que se guarde y se fomente la religión, que florezcan en la vida privada y en la pública costumbres puras; que se mantenga la justicia y no se deje impune al que viole el derecho del otro (el resaltado es propio)... quitar a otro lo que es suyo o en pro de una absurda igualdad apoderarse de la fortuna ajena, lo prohíbe la justicia y lo rechaza la naturaleza misma del bien común: que no se abrume a la propiedad privada con enormes tributos e impuestos...” y con una clarividencia que pareciera hubiese conocido al mundo comunista hizo la siguiente admonición respecto a la abolición de la propiedad privada; ...y fuera de esta injusticia, vese demasiado claro cuál sería en todas las clases el trastorno y perturbación, a que se seguiría una dura y odiosa esclavitud de los ciudadanos. Abriríase la puerta a mutuos odios, murmuraciones y discordias, quitando al ingenio y diligencias de cada uno todo estímulo, secaríanse necesariamente las fuentes mismas de la riqueza, y esa igualdad que en su pensamiento se forjan, no sería, en hecho de verdad, otra cosa que un estado tan triste como innoble de todos los hombres sin distinción alguna. De todo lo cual se ve que aquel dictamen de los socialistas, a saber, que toda propiedad ha de ser común, debe absolutamente rechazarse, porque daña a los mismos a quienes se trata de socorrer; pugna con los derechos naturales de los individuos y perturba los deberes del Estado y la tranquilidad común.”

En ese sentido de reconocimiento de la responsabilidad propia y de los derechos de propiedad León XIII se extiende al decir: “Verdad es que nadie se manda a socorrer a otros con lo que para sí o para los suyos necesita, ni siquiera dar a otros lo que para él debido decoro de su propia persona ha menester, pues nadie está obligado a vivir de un modo que a su estado no convenga. Pero satisfechos la necesidad y el decoro deber nuestro es de lo que sobre, socorrer a los indigentes. Lo que sobre dadlo de limosna. No son estos, salvo casos de necesidad, deberes de justicia, sino de caridad cristiana, a la cual no tiene derecho a contradecir las leyes”. No son palabras muy diferentes de lo que había dicho Adam Smith en su Teoría de los Sentimientos Morales, donde escribió: “La beneficencia es siempre libre, no se puede exigir por la fuerza, y la mera carencia de la misma no expone al castigo”... y continua “El obligar a alguien a hacer por fuerza lo que en gratitud debería hacer, y lo que cualquier espectador imparcial aprobaría que hiciera, sería si fuese posible más inapropiado que su falta por hacerlo”. Esta, lamentablemente, ha sido la tendencia del socialismo que ha pretendido que el hombre ame a la humanidad más que a sí mismo y lo ha colocado como presupuesto del bienestar social, lo que significa como bien observara León XIII, ignorar la naturaleza del hombre.

En un sentido similar se pronunció el Papa Juan Pablo II en su encíclica “Centesimus annus” revirtiendo la doctrina social a sus orígenes después que, a nuestro juicio, se podían percibir desvíos hacia el fascismo de la “Quadragesimus Annus” y más tarde hacia una competencia con el marxismo en la “Populorum Progressio”. Ésta dio como resultado los documentos de Puebla que derivaran en la Teología de la liberación, hoy afortunadamente descalificada por Juan Pablo II. No voy a insistir en las citas pertinentes de este documento que a nuestro juicio igualmente revaloriza los principios liminares del cristianismo y que como expresara anteriormente constituyen la fuente del liberalismo. Pero no querría terminar este ensayo sin mencionar las palabras de Juan Pablo II, que consideró como una revelación de la conciencia profunda entre el cristianismo y el liberalismo cuando dice: “Por otra parte, el hombre creado para la libertad lleva dentro de sí la herida del pecado original que lo empuja continuamente hacia el mal y hace que necesite redención. Esta doctrina no sólo es parte integrante de la revelación cristiana, sino que tiene también un gran valor hermenéutico en cuanto ayuda a comprender la realidad humana. El hombre tiende hacia el bien, pero es también capaz del mal; puede trascender su interés inmediato y, sin embargo, permanece vinculado a él. El orden social será tanto más sólido cuanto más tenga en cuenta este hecho y no oponga el interés individual al de la sociedad en su conjunto, sino que busque más bien los modos de su fructuosa coordinación. De hecho, donde el interés individual es suprimido violentamente, queda sustituido por un oneroso y opresivo sistema de control burocrático que esteriliza toda iniciativa y creatividad. Cuando los hombres se creen en posesión del secreto de una organización social perfecta que haga imposible el mal, piensan también que pueden usar todos los medios, incluso la violencia o la mentira, para realizarla. La política se convierte entonces en una “religión secular”, que cree ilusoriamente que puede construir el paraíso en este mundo”

agosto 29, 2007

LOS IMPUESTOS Y LA LIBERTAD

La libertad no es compatible con los impuestos. A pesar de la conocida frase de Oliver Wendel Holmes, "los impuestos son los precios que pagamos por la civilización", la realidad es que se trata de una manera muy poco civilizada de obtener fondos.
Piénselo. Usted comienza a trabajar en una empresa donde le dicen que va a ganar tanto, pero el sueldo que recibe es bastante menos de lo que le ofrecieron. ¿Por qué? Porque una buena parte no se lo dan a Usted, que se lo ganó trabajando, sino a otra gente. ¿Por qué? Porque si la empresa no lo hace así es acusada de cometer un delito y llegará la policía.
¿No es eso exactamente lo que sucede cuando la mafia extorsiona a la gente? Sí, incluso si parte de los fondos extorsionados son utilizados en algo que los beneficie, por lo que los extorsionados no protestan. Pero lo inaceptable de la extorsión es la manera de obtener el dinero: a través de la coerción.
A menudo se menciona a Robin Hood para justificar los impuestos. ¿Acaso él no robaba a los ricos para dárselo a los pobres? En realidad Robin Hood hacía todo lo contrario: le robaba a quienes le habían robado a los pobres y le devolvía el dinero a sus verdaderos dueños. En aquellos tiempos, los reyes y sus compinches de la nobleza extorsionaban al pueblo y lo disfrazaban alegando falsamente que todo le pertenece al rey y a sus compinches.
Nuestras guerras de independencia acabaron con esos fraudes, mostrando que los reyes violaban los derechos naturales de la gente. Pero debido a la idea que nuestros derechos tienen que ser defendidos por alguien, los impuestos siguieron existiendo en las nuevas repúblicas.
Originalmente los fondos requeridos por el gobierno eran moderados, pero cuando se trata de entre 25% y 70% de nuestros ingresos se trata de un asalto a mano armada.
Una excusa inaceptable es que los impuestos en otros países son aún más altos, incluyendo casi toda Europa occidental. La realidad es que los impuestos son una extorsión, un método bárbaro y una violenta violación de la libertad humana.

Autor: Tibor R Machan
Tibor R. Machan es un académico investigador de la Hoover Institution, profesor de la Escuela Agyros de Negocios de la Universidad Chapman, y académico asociado del Cato Institute
Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE) www.aipenet.net

AMBIENTALISTAS MORTIFEROS

por Walter E. Williams

Walter Williams es profesor de economía en la Universidad George Mason y académico asociado del Cato Institute.
Los ambientalistas, con la ayuda de políticos y funcionarios del gobierno, tienen planes que pueden costar la vida a miles de personas.
Luego del huracán Betsy, que azotó a Nueva Orleáns en 1965, el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos (U. S. Army Corps of Engineers) propuso se construyeran compuertas en el lago Pontchartrain, similares a las que protegen ciudades de Holanda. Estas se iban a construir en 1977, pero las organizaciones Fondo de Defensa del Ambiente y Salvemos Nuestros Pantanos buscaron una orden judicial para impedirlo.
Según el reciente libro de John Berlau, “Eco-Freaks: Environmentalism Is Hazardous to Your Health” (Estrafalarios del medio ambiente: Ambientalismo es peligroso para su salud), el Fiscal Gerald Gallinghouse declaró en el tribunal que no construir esas compuertas podía causar la muerte de miles de personas en Nueva Orleáns. Pero el juez Charles Schwartz procedió a emitir el interdicto contra la obra, a pesar de las evidencias presentadas de que no se dañaría el ambiente.
Nos dicen que el DDT hace daño a la gente y a los animales. Berlau, investigador del Competitive Enterprise Institute, mantiene que ningún estudio ha comprobado que el DDT sea tóxico para la gente. En una larga investigación, voluntarios ingirieron 32 onzas de DDT durante año y medio y 16 años más tarde no han sufrido efectos adversos a la salud.
A pesar de que se ha comprobado que el DDT, apropiadamente utilizado, no hace daño a las personas ni a los animales, los ambientalistas extremistas siguen luchando para que se mantenga su prohibición. Eso ha costado la enfermedad y muerte por malaria a millones de personas, especialmente en Africa. Después de la Segunda Guerra, el DDT salvó millones y millones de vidas en la India, el sureste asiático y América del Sur. En algunos casos, las muertes por malaria llegaron casi a cero. Desde la prohibición de DDT, se han disparado las muertes por malaria y los enfermos.
Los ambientalistas extremistas ven al DDT de manera diferente. Alexander King, co-fundador del Club de Roma, dijo: “En Guyana, en casi dos años, se había casi eliminado la malaria, pero al mismo tiempo se doblaron los nacimientos. Por lo tanto, mi mayor preocupación con el DDT, en retrospectiva, es que ha aumentado mucho el problema poblacional”. Jeff Hoffman, abogado ambientalista, escribió en grist.org: “la malaria era un control natural de la población y el DDT causó una explosión de la población en algunas partes donde acabó con la malaria. Y una pregunta más fundamental, ¿por qué los seres humanos deben tener prioridad sobre otras formas de vida?... No veo ningún respeto por los mosquitos…”
El libro de Berlau cita muchos otros ejemplos de desprecio por la vida humana de parte de los ambientalistas y explica cómo ellos utilizan a políticos como idiotas manipulables.
En 2001, miles de personas perecieron en el ataque terrorista al World Trade Center. A comienzos de los años 70, cuando se construía el World Trade Center, comenzaba el miedo al asbesto. Los constructores planeaban rociar asbesto, que se adhiere al acero, para retardar el fuego. Pero las autoridades de Nueva York cedieron ante los ambientalistas y prohibieron su uso. Un sustituto menos efectivo contra los incendios fue entonces aplicado.
Después del ataque terrorista, el Instituto Nacional de Normas y Tecnología (NIST) confirmó las preocupaciones de otros expertos sobre los sustitutos del asbesto, concluyendo que “aún con el impacto de un avión y la gasolina prendiendo fuegos a varios pisos, lo cual no suele ocurrir en los incendios de edificios, el edificio probablemente no se hubiera derrumbado si no hubiera sido por el revestimiento contra incendios”.
Por las restricciones contra el asbesto, nuestros buques de guerra son más vulnerables, lo cual es una invitación al desastre y la desgracia de la nave espacial Columbia fue el resultado de la insistencia de la EPA en que la NASA no utilizara freón en el material aislante.
El Congreso impone normas de consumo de gasolina a los automóviles, lo cual resulta en vehículos más livianos y más peligrosos. En 2002, la Academia Nacional de Ciencias estimó que tales normas causan 2 mil muertes al año. En 1999, el diario USA Today determinó que desde que esas normas fueron establecidas en los años 70, 46 mil personas murieron en choques que hubieran sobrevivido en vehículos más pesados.
Nada de esto es noticia para los políticos. Es que los extremistas del medio ambiente gozan del oído de los políticos, pero no las víctimas.

Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)
Publico en El Cato Institute www.elcato.org

DISPARATE SIGLO XXI

por Gabriela Calderón

Guayaquil, Ecuador— La semana pasada el presidente Correa por fin nos dio una definición del tan cacareado Socialismo del Siglo XXI (SSXXI): “una derrota social del neoliberalismo”. Añadió que el SSXXI es un proceso en construcción y que se diferencia del socialismo de aquel del siglo XX en que no incita a lucha de clases.
Resulta inconsistente decir que no se busca provocar una lucha de las clases mientras que diariamente se lanzan ataques verbales a distintos sectores de la sociedad ecuatoriana: los pelucones, los banqueros, la prensa corrupta, entre otros. Sin embargo, hablemos de lo que significa el SSXXI según uno de sus principales exponentes:
Llama la atención lo que Dieterich considera la única forma de realizar la transición de una economía capitalista hacia una socialista del siglo XXI: “la sustitución del sistema de precio-mercado por el cálculo en valores, y el intercambio de valores iguales”. Esto significa que un producto o servicio valdrá el tiempo que se requirió para producirlo. Además, dispone que los intercambios solo se realicen por productos o servicios del mismo valor (en tiempo).
Un vaso de agua no vale lo mismo en el desierto que en la ciudad. Las distintas circunstancias pueden afectar hacia arriba o hacia abajo el precio de cualquier producto o servicio y esto se debe a que el valor es subjetivo. También es subjetivo porque cada cosa tiene un valor distinto para cada persona por razones que no necesariamente son objetivas. Dieterich descalifica a esta teoría del valor subjetivo simplemente por ser “burguesa”.
En una sociedad libre, las miles de millones de transacciones realizadas por las personas determinan de la manera más democrática posible qué productos o servicios quieren. En el sistema que propone Dieterich, un escocés y su fórmula que determina el valor de una hora de trabajo fijan en gran parte lo que costará cada producto o servicio. Es decir, se ignorarían por completo las preferencias de cada persona. ¿Es eso democratizar los precios de una economía?
Además, si le van a pagar de acuerdo a cuánto se demora en producir su servicio, pues demórese que así se hará rico con el SSXXI.
Mientras que uno de los gobiernos más socialista del siglo XXI intenta realizar estos descabellados experimentos adentro de Venezuela, en el mercado internacional no solo está de acuerdo con el sistema de precios para el intercambio de mercancías como el petróleo, sino que se aprovecha de lo que Marx llamó “precios monopolísticos” (a través de la OPEP).
Si Venezuela es el Norte del SSXXI, mejor vamos al sur, donde está Chile. En el primer quinquenio del gobierno chavista (1999-2004) la pobreza en Venezuela aumentó de 42,8% de la población a 53%, según las cifras del Instituto Nacional de Estadísticas de Venezuela. En 2004 Chávez decidió cambiar la metodología con que se medía la pobreza y, ahora misteriosamente esta muestra un descenso. El estudio independiente del Proyecto Pobreza de la Universidad Católica Andrés Bello coloca la pobreza por encima del 55% de la población.
Chile, en cambio, entre 1990 y 2006 redujo la pobreza de aproximadamente 40% de su población a menos de 15%. Desde el 2003 solamente, la pobreza extrema se ha reducido por un tercio. Ahí no se habla de burguesía, del imperio, de largas noches neoliberales u otros cucos imaginarios que suelen mencionar los ideólogos de ese disparate del siglo XXI.

Este artículo fue publicado originalmente en El Universo (Ecuador) el 28 de agosto de 2007.

Gabriela Calderón es editora de ElCato.org y columnista de El Universo (Ecuador).

agosto 28, 2007

QUE CUBA SE ABRA AL MUNDO




Autor: Martín Simonetta

Fuente: Fundación Atlas 1853

El ritmo de la transición cubana hacia un régimen institucionalmente más abierto parece acelerarse. El 31 de julio del 2006, el estado de salud de Fidel Castro y la asunción de su hermano Raúl, como presidente provisional de Cuba, marcó un nuevo paso en este lento pero firme proceso de cambio.

Las últimas décadas han sido testigos de deterioros en dos de los cimientos que dieron origen al régimen castrista y relevancia política a la isla. Por un lado, la desintegración de la Unión Soviética en el marco de un mundo bipolar. Por el otro, el ocaso de Fidel Castro.


90 Millas a la Libertad

Fidel asumió de facto la autoridad de la isla en 1958. En el contexto de aquel mundo bipolar, posterior a la Segunda Guerra Mundial, alineó a su país hacia el lado de la Unión Soviética. En ese juego, el valor de Cuba como socio estratégico y bastión del comunismo en el Caribe, fue clave para los comunistas en el mundo Este/Oeste.

Durante la “guerra fría”, la isla significó un énclave fundamental para la Unión Soviética situado como un estratégico “patio trasero” de los Estados Unidos, a apenas 90 millas . Hacia fines de la década del 90, la crisis financiera soviética puso fin al “rubloducto”, es decir al sistema de financiamiento soviético hacia Cuba que era fundamental para subsistencia de ese modelo.

La caída del comunismo en los países de Europa del Este dejó a Cuba y a Corea del Norte como “eslabones perdidos” en el mundo. Como un extemporáneos dinosaurios sobreviviendo en el lago Ness.

En el nuevo contexto, la Cuba de Castro debió hacer involuntarias modificaciones y permitir el ingreso del virus de la Libertad. La necesidad obligó al gobierno cubano a transar con el supuesto el enemigo: el capitalismo. Debió alimentarse del flujo de fondos generado por el turismo (según cifras extra-oficiales representa ¾ de los ingresos fiscales) y también, de forma limitada, abrirse a la inversión, predominantemente europea.

Los ciudadanos cubanos, a pesar de los altos riesgos de violar las prohibiciones, desarrollaron pequeños negocios, muchos de ellos orientados hacia el turista, en el marco de los mínimos márgenes de acción existentes. En el contexto más hostil, la informalidad fue, una vez más, una forma de Libertad conquistada por los ciudadanos sobrepasando a un gobierno “todo-poderoso”.



El Muro de la Información

La desconexión del pueblo cubano del mundo exterior era un requisito sine qua non para que el discurso oficial fuera creíble y la represión sistemática justificable. El contacto con ciudadanos extranjeros les hizo a ver a los cubanos que “afuera” no se vivía tan mal, como argumentaba Castro.

La necesidad fiscal llevó a derribar ladrillo a ladrillo el “muro de la información” que separaba al cubano de la realidad. Entre estas barreras que pretendían vender al “paraíso cubano” como cierto, podemos mencionar el acceso de los ciudadanos únicamente a periódicos oficiales –entre ellos, Granma-; la existencia de sólo dos canales de televisión, obviamente oficiales; las interferencias generadas por el gobierno para bloquear las ondas de radio Martí, transmitida desde Miami; el acceso restringido a libros, bibliografía no oficial y a Internet; la prohibición expresa para los cubanos de contactarse con turistas, sólo por mencionar algunas.

El contacto con los turistas extranjeros permitió a los isleños comenzar a tomar conciencia plena de la aterradora brecha de ingresos entre su inhumano nivel de vida y el del resto del mundo, inclusive de otros países latinoamericanos.

Sólo con un muro de información entre los cubanos y el exterior podía ser creíble el amplio listado de logros del régimen que Fidel enunciaba en cada uno de sus numerosos actos públicos masivos a través de interminables discursos, ante una audiencia caracterizada por una generalizada mala nutrición y cuya vida diaria no conoce otros productos como el arroz, el azúcar, los frijoles, el aceite y los huevos, provistos, de tanto en tanto, a través de su libreta de abastecimiento.

Claramente, el efecto no deseado para el gobierno, de esta apertura al turismo ha sido la perforación del muro de información -construido y preservado por décadas- existente entre el pueblo cubano y el mundo exterior. Este desbloqueo ha puesto en evidencia, ante los ojos del pueblo cubano, el abismo existente entre ellos y los extranjeros en términos de nivel de vida, derechos civiles, económicos y políticos.

La sustancial diferencia de poder adquisitivo, la ropa, las cámaras de video, mp3, laptops, el desolador contraste en términos de nutrición y, especialmente, la libertad de entrar y salir de sus respectivos países son, ante los ojos del pueblo cubano, embajadores silenciosos de los valores del mundo occidental que, a todas luces, contradicen abiertamente la imagen vendida por Fidel sobre el "paraíso cubano".

Estamos viviendo tiempos de cambio. En contraste con la imagen de Fidel, nos viene a la mente la imagen del balsero, aquel que arriesgó su vida en busca de Libertad. La riesgosa balsa es una apuesta a todo o nada, es elegir entre la posibilidad de perder la vida ante la opción de tenerla ya perdida. Es el hartazgo y la rebeldía en busca de ejercer el derecho a la felicidad.

En este proceso que está viviendo la isla recordamos las palabras de Juan Pablo II quien –considerado junto con Ronald Reagan y Margaret Thatcher, como padres de la derrota del comunismo en el mundo- durante su visita a la isla: “Que Cuba se abra al mundo. Que el mundo se abra a Cuba”.

El comunismo fracasó, generó más pobreza y muertes en el mundo. Estamos presencia el histórico momento del fin del último bastión latino de esta ideología contraria a la naturaleza del hombre.

agosto 27, 2007

LA CUBA DEL MAÑANA

Ian Vázquez habla del futuro político de Cuba.

agosto 26, 2007

LA BASE DE LA ÉTICA LIBERAL ES MUY SIMPLE

La base de la ética liberal es muy simple: El Axioma de la No Agresión. No agresión, no significa que no podamos defendernos de agresiones o invasiones externas. No agresión significa, no agredir a otra persona o a su propiedad privada sino ha habido un ataque previo. El ilustre filósofo John Locke lo expresó así:


“[…] aquél que, en estado de sociedad [de paz], arrebate la libertad que pertenece a los miembros de dicha sociedad o estado, debe ser tenido por alguien que se propone arrebatarles todo lo demás y así considerárselo en estado de guerra.”
“Porque cuando alguien, haciendo uso de la fuerza, me pone bajo su poder sin tener derecho alguno para hacerlo, sea cual fuere su pretensión, no tengo razón para suponer que quien me arrebata mi libertad, cuando me tenga en su poder, no me quitará todo lo demás. Y, por lo tanto, es legal que yo lo trate como alguien que se ha puesto en estado de guerra conmigo, es decir, matándolo si puedo, pues a ese riesgo se expone con justicia quien introduce el estado de guerra y dentro de él es agresor.”

El acto que no vulnere el axioma de la no agresión, no puede considerarse contra la ética —aunque sí podría ser considerado inmoral. Aquellos que desafían las leyes y se enfrentan al estado y grupos de presión para servir a la sociedad y ganar un beneficio no son miserables, ni delincuentes, ni antisociales; sino héroes de la libertad que actúan bajo su propio riesgo beneficiando a toda la comunidad.

El credo libertario descansa sobre un axioma central: de que ningún hombre o grupo de hombres puede tener el derecho de agredir a la persona o a la propiedad de cualquier otro. Esto puede ser llamado el axioma de la no agresión. Agresión es definida como la iniciación del uso, o la amenaza, de violencia física contra la persona o propiedad de cualquier otro. Agresión es consecuentemente sinónimo de invasión. Si ningún hombre puede agredir a otro; si, en breve, todos tienen el derecho absoluto de ser libres de agresión, entonces esto desde ya implica que el libertario lucha firmemente por las que son generalmente conocidas como "libertades civiles": la libertad de expresión, de publicación, de asamblea, y de participar en tales crímenes sin víctimas como la pornografía, la desviación sexual y la prostitución (las cuales el libertario no considera como crímenes en absoluto, ya que él define a un crimen como la violenta invasión de la persona o propiedad de otro). Además de esto, él considera a la conscripción como esclavitud en una escala masiva. Y ya que la guerra, especialmente la guerra moderna, involucra la masacre en masa de civiles, el libertario considera a tales conflictos como asesinatos en masa y, consecuentemente, totalmente ilegítimos. Todas estas posiciones son ahora consideradas "izquierdistas", en la escala ideológica contemporánea. Por otra parte, ya que el libertario también se opone a la invasión de los derechos de propiedad privada, significa ello también que él, con la misma resolución, se opone a la interferencia gubernamental en derechos de propiedad o en la economía de libre mercado a través de controles, regulaciones, subsidios, o prohibiciones. Pues si cada individuo tiene el derecho a su propia propiedad, sin tener que sufrir una depredación agresiva, entonces él también tiene el derecho de regalar su propiedad (legado y herencia) y de intercambiarla por la propiedad de otros (libre contrato y la economía de libre mercado), sin interferencias. El libertario favorece el derecho a la propiedad privada sin restricciones, y al libre intercambio, por lo tanto, a un sistema de "capitalismo laissez-faire." En la terminología actual, nuevamente, la posición libertaria con respecto a la propiedad y la economía sería llamada "extremadamente derechista." Pero el libertario no ve ninguna inconsistencia en ser izquierdista en algunos temas y "derechista" en otros. Por el contrario, él ve a su propia posición como virtualmente la única consistente, consistente en nombre de la libertad de cada individuo. ¿Por qué cómo puede el izquierdista estar opuesto a la violencia de la guerra y al reclutamiento mientras al mismo tiempo apoya a la violencia de la imposición de impuestos y al control gubernamental? ¿Y cómo puede el derechista pregonar al son de la trompeta, su devoción a la propiedad privada y a la libre empresa mientras al mismo tiempo está favoreciendo a la guerra, al reclutamiento y a la proscripción de actividades y prácticas no invasivas que él considera inmorales? ¿Y cómo puede el derechista favorecer a un libre mercado mientras no ve nada improcedente en los vastos subsidios, distorsiones e ineficiencias improductivas que atañen al complejo militar-industrial?


Traducción: Jorge Valin www.jorgevalin.com