julio 29, 2007

¿Porqué somos pobres?


Por Porfirio Cristaldo Ayala

Fuente: AIPE NET



Paraguay lo tiene todo. Un clima benigno y grandes planicies de tierras fértiles surcadas por numerosos ríos. Es uno de los mayores productores de carne y soja del mundo. El río Paraná, uno de los más caudalosos del mundo, lo separa del Brasil y la Argentina, países con los que comparte las gigantescas hidroeléctricas de Itaipú y Yacyretá. Es el mayor exportador de energía eléctrica del continente. Tiene una población homogénea, joven y sin arraigados conflictos sociales, raciales ni religiosos. ¿Por qué somos pobres? Se han ensayado distintas respuestas, pero yo siempre apunto al estatismo vigente.
Es bueno insistir porque muchos todavía creen que el atraso se debe a deficiencias en salud y educación. Los niños en algunas zonas reciben clases en ayunas y bajo los árboles ¿Cómo puede avanzar un pueblo enfermo e ignorante? Para avanzar, se piensa, es preciso mejorar esencialmente la salud y educación. Parece razonable, pero no lo es. El pensamiento tiende a confundir causa con efecto. La educación y salud no traen el progreso; son el progreso mismo. Cuando los pueblos progresan, los salarios suben y mejoran la salud y educación. Pretender sacar a un país del estancamiento económico mejorando la salud y educación es poner el carro por delante del caballo. Hay países, como Cuba, donde la salud y la educación son relativamente buenas, pero siguen sumidos en la miseria.
En el mismo error caen quienes creen que si se construyen obras de infraestructuras, como carreteras, puentes, puertos, plantas de energía, industrias, la gente saldrá de la pobreza y el país se modernizará. Pero las buenas autopistas y servicios de agua, luz y teléfonos son parte del progreso, no sus causas. A medida que progresan los países, se modernizan la infraestructura y los servicios públicos. Es por ello que en 50 años la ayuda del Banco Mundial, FMI, BID para construir servicios básicos y modernizar las naciones no ha logrado promover el desarrollo en ninguna parte. Por el contrario, esos mismos organismos han creado una desvergonzada dependencia en muchos países. Alimentaron con pescado a la gente en lugar de enseñarle a pescar.
Pero la ayuda externa ha sido también nefasta por otras razones. Los países pobres son pobres porque no han saneado sus economías y a sus aparatos estatales, reformas a las que se resisten con fanatismo las clientelas políticas, los empresarios “amigos” del régimen y otros grupos de presión beneficiarios del botín estatal. Recién cuando los países “tocan fondo,” se suele generar el consenso popular necesario para recortar el gasto público, privatizar y desregular la economía, bajar los impuestos, eliminar subsidios y proteccionismo y abrir sus mercados. Pero mientras los gobernantes dispongan de ayuda externa y créditos blandos continuarán enjuagando el déficit y postergando indefinidamente las reformas.
Somos pobres por el estatismo predominante. Está comprobado que el sistema económico determina el desarrollo de una nación. El siglo XX fue un gran experimento de esta teoría del desarrollo. Países como Alemania occidental y Alemania del Este, Corea del Sur y Corea del Norte, Taiwán y China, con la misma población, idioma, raza, cultura, tecnología, religión, educación y salud, separados únicamente por sus diferentes sistemas, unos capitalistas y otros socialistas, obtuvieron resultados opuestos. Los socialistas se empobrecieron, mientras los capitalistas florecieron. En el mundo actual, los países más capitalistas son los más prósperos y los más estatistas son los más pobres. No hay excepción.
Para dejar el estatismo y progresar, es imperioso explicar esta realidad a la gente y sobre todo persuadirla a que vote por los políticos capaces y decididos a liquidar la corrupción y proteger los derechos de propiedad, el Estado de derecho y el mercado libre. Si logramos instaurar el capitalismo democrático, en pocos años, Paraguay será el nuevo “milagro económico” latinoamericano, vendrán inversiones, se crearán numerosas empresas, aumentarán la producción y el empleo, se multiplicará el salario de los trabajadores y nuestros hijos tendrán un futuro brillante.

Los arquitectos de Ayn Rand


Por Antonio Nogueira



El vínculo intelectual entre el liberalismo y los creadores suele ser infrecuente, al menos en Europa. Aún más: si atendemos a las diferentes corrientes liberales, la lista de innovadores adscritos al libertarianismo es probable que sea muy limitada. No obstante, en ocasiones, se atisban fecundas corrientes de admiración entre profesionales respecto de la filosofía preconizada, entre otros pensadores, por Ayn Rand. El arquitecto más veterano de España, Francisco Juan Barba Corsini, es un gratificante ejemplo de ello.
Barba Corsini, todavía en activo a sus noventa años, es renombrado por su Colección Pedrera (1955) que equipó la Casa Milá de Gaudí en Barcelona, el Edificio Mitre (1959), así como la construcción del moderno poblado pesquero de Binibeca en Menorca. Binibeca fue un hito en la edificación popular española, respetuoso del entorno y las tradiciones, lejos de la inacción ecologista y la elefantiasis al estilo marbellí. En una entrevista reciente, el maestro declaraba sin ambages que El Manantial, el film de King Vidor (1949) sobre la novela de Rand, cambió su vida. Ha llegado a decir: "La influencia de la película El manantial, fue indudable. Era un claro ejemplo de lo que es sentir la arquitectura y de la dignidad del arquitecto. Comprendí que hacer arquitectura es estudiar el problema humano, cómo se vive, y pasar horas, días, semanas o meses estudiando, hasta llegar a una buena solución. A partir de aquel momento comprendí que la arquitectura era una cosa sentida, una cosa viva, que había un cambio de tiempo, de materiales, de tecnología y un cambio de arte, y empezó la lucha, por mi parte, a favor de la arquitectura moderna."
Este arquitecto tarraconense rechazó el paradigma neoclásico en la edificación, simpatizó con Alvar Aalto y demás compañeros finlandeses en la búsqueda de materiales puros y simples frente a la penuria de la postguerra; Barba Corsini fue además discípulo de Richard Neutra, un colega vienés célebre por sus viviendas en contra de la ley de la gravedad.
¿Quién era a su vez Richard Neutra? Neutra (1892-1970) emigró a los EEUU más por voluntad de poner en práctica sus deseos libérrimos que por victimismo o necesidad. Con la Lovell Health House (1927), el edificio más vanguardista de Los Ángeles, se adelantó a Gropius y Mies Van der Rohe. Las residencias californianas que erigió se caracterizaban por desposeer paredes; las habitaciones, sostenidas por largas tiras de ventanas, se abrían en todas las direcciones, configurando un mundo casi irreal. Richard Neutra manifestaba gran interés por el clima, la naturaleza y el paisaje y alimentó una teoría de cuño propio denominada Realismo Biológico. Él consideraba que la ciencia, la técnica y la producción industrial no representan algo diferente a lo biológico, sino más bien una extensión de lo natural. Lo verdaderamente bueno no es el progreso en sí, sino lo que conviene a las personas, a las que definía con insistencia como consumidores: ideales que suscribió para siempre Francisco Juan Barba Corsini desde su inconformista juventud.
El singular austriaco asociaba a la arquitectura como tarea ética alejada de la tecnocracia; estimulaba un diseño que favoreciese al mismo tiempo de forma pragmática la utilidad y la belleza, la necesidad y el deseo. Neutra anticipó un derecho controvertido, o mejor dicho, la ausencia del mismo: "Ningún derecho de autor debe ser reclamado para el verdadero progreso y para los medios de uso contemporáneo."
Richard Neutra construyó numerosos edificios públicos, colegios, clínicas e iglesias, al mismo tiempo que sus representativas moradas particulares en California, entre las cuales destacaba la Casa Joseph Von Sternberg (1935), para el gran cineasta, en el Valle de San Fernando y que con posterioridad fue adquirida por Ayn Rand –¡precisamente ella!– y demolida en 1972. Observando la obra gráfica del vienés, y recordando la película ya citada, no es descabellado pensar que los planos que sostenía con pasión Gary Cooper interpretando a Howard Roark, fuesen los mismos o similares que trazaba Neutra, el mentor de Corsini.

julio 27, 2007

Cristina Kirchner en líos de dinero

Si la legislatura de la provincia de Santa Cruz no se ha preocupado por ordenar una investigación sobre el destino de los fondos públicos de la que representa, ni el Congreso de la Nación tampoco se ha preocupado por hacerlo, probablemente alguna información provenga del Congreso de los Estados Unidos.
Un reporte publicado en América Noticias dice que la congresista Ileana Ross Lethinenn del estado de Florida, ha pedido al comité de servicios bancarios de la Cámara de Representantes una investigación judicial sobre lavado de dinero realizadas en bancos de los Estados Unidos. El congresista menciona dos cuentas: una perteneciente al Banco Nacional de Cuba, donde figura Eduardo Caffaro con una cuenta de 350.000.000 de dólares, y otra perteneciente a una financiera llamada "La Lusitana SA" con domicilio en Montevideo, donde firma Cristina Fernández de Kirchner que abrió esa cuenta con un depósito de 250.000.000 de dólares. Eduardo Caffaro, vinculado al Banco Nacional de Cuba tiene también vínculos con la familia Kirchner, desde que Néstor Kirchner era gobernador de Santa Cruz. Este trio desvió 712.000.000 de dólares hacia el banco MA-Bank en las islas Caymán, cuyo principal accionista era Aldo Ducler. Aldo Ducler, dirigió Mercado Abierto en Buenos Aires y fue investigado por la comisión anti-lavado del Congreso argentino y cuya comisión integró Cristina F de Kirchner, pero no para investigar el hecho en si, sino para que la envestigación no dejara en descubierto los destinos de los fondos de Santa Cruz.



URL Origen: http://www.americanoticias.com/?action=displayNote&id_noticia=278

julio 26, 2007

La “dura” vida de los corruptos


Por Roberto Cachanosky
Para que el negocio de la corrupción prospere es necesario que exista un sistema político sin controles, escasa o nula transparencia en los actos de gobierno, un alto grado de intervencionismo y un elevado gasto público. Sin embargo, estas condiciones no eliminan el riesgo que toda “inversión” corrupta debe afrontar.
El principio básico para decidir la realización de una inversión consiste en analizar si la TIR (Tasa Interna de Retorno) esperada supera el rendimiento que obtendría el inversionista en la mejor inversión alternativa. Cuando la TIR es mayor a la tasa de interés, se lleva a cabo la inversión. Si la TIR es menor a la tasa de interés, el negocio no se concreta. Y si es igual, el inversionista está en un punto de indiferencia. Ahora bien, la corrupción es un negocio en el cual hay un oferente monopólico y varios demandantes. ¿Quién es el oferente y qué bien puede ofrecer? El oferente monopólico es el funcionario estatal y el bien que puede ofrecer en el mercado es una ganancia extraordinaria a la que podría obtenerse en condiciones de libre competencia. ¿Por qué el oferente es monopólico? Porque el funcionario público es el único que puede firmar una resolución o promulgar un decreto a través de los cuales sea posible transferir indiscriminadamente patrimonios y rentas. Veamos un ejemplo de los miles que puede haber sobre casos de corrupción. Supongamos que el funcionario público está en condiciones de decidir arbitrariamente a quién le otorga la construcción de una determinada obra pública, que, obviamente, se financiará con los recursos de los contribuyentes. En ausencia de corrupción y con fuertes controles republicanos, quien gana la licitación es aquél que ofrece el mejor precio y condiciones para llevar a cabo el trabajo (calidad, tiempo de ejecución, entre otras variables.). Cuando no hay controles republicanos y el funcionario puede decidir en forma arbitraria a quién le otorga el trabajo, la competencia vía licitación deja de tener sentido y empieza a jugar el mercado de la coima. En el caso de ausencia de transparencia republicana, la TIR que pedirá el inversor será mayor a la que solicitaría en el caso de un gobierno sujeto a la ley y con controles republicanos. ¿Por qué? Porque, en primer lugar, tiene que pagarle la coima al funcionario de turno y ése es un costo de producción más que tiene que contemplar y que no debería afrontar en condiciones de transparencia en los actos de gobierno. La segunda razón para que la TIR del negocio corrupto sea más alta tiene que ver con la posibilidad de que se descubra el negociado a través de la justicia o de los medios de comunicación. Si el riesgo de ser descubierto es alto, la TIR a pedir será muy alta también, dado que el “inversor” asume el riesgo de ver cortado su negocio a mitad de camino porque hubo un escándalo público en el medio y la justicia interviene. Puede existir una tercera razón para elevar la TIR, que es la estabilidad en el puesto del funcionario público que coimea para beneficiar a un determinado “inversor”. Si el oferente de corrupción (el funcionario público) puede ser despedido en cualquier momento por un funcionario de más jerarquía o bien, ante la proximidad de elecciones, se sospecha que ese gobierno puede no seguir al frente de la administración, entonces la TIR sube mucho más. ¿Por qué? Porque puede asumir otro funcionario u otro gobierno que denuncie el caso de corrupción y anule la licitación trucha. Con lo cual, el “inversor” no sólo se queda sin el negocio sino que, además, pierde la coima que invirtió para conseguirlo. No es lo mismo pagar una coima en un sistema autoritario muy cerrado, pero estable, como puede ser el castrismo, que pagar una coima en un país con un sistema más abierto, en el cual la volatilidad de los cargos públicos es muy alta por efecto de las elecciones. Podríamos decir que el oferente monopólico de corrupción puede perder ese monopolio en cualquier momento en sistemas políticos no tan cerrados como la Cuba de Fidel Castro. En consecuencia, esa incertidumbre sobre el cumplimiento del “contrato” por parte del funcionario público eleva la TIR que el “inversor” le va a pedir al proyecto. El demandante de corrupción pensará: “dada la inestabilidad de estos funcionarios, tengo que recuperar mi capital antes de que los echen”. Esta situación lleva a un problema de bienestar de la población, porque ésta tendrá que pagar por la obra pública un precio muchísimo más alto que el que pagaría en el caso de transparencia en los actos de gobierno. Veamos otro ejemplo para clarificar los riesgos del demandante de corrupción. Supongamos que un gobierno quiere que el Congreso le apruebe una determinada ley y no consigue los votos necesarios. El Ejecutivo opta, en consecuencia, por comprar a algunos legisladores que están por finalizar su mandato ofreciéndoles cargos futuros en embajadas, empresas públicas u otras oficinas gubernamentales. ¿Cuál es el cálculo que hará el legislador para aceptar el soborno? Estimará cuánto tiempo permanecerá en el poder el Ejecutivo que lo coimea y, si presiente que tiene probabilidades ciertas de ser desalojado del gobierno, pedirá una coima mucho más sustanciosa porque el “pago” puede no producirse si la gente vota a otro partido político. Digamos que el corrupto monopólico pierde credibilidad. Por eso, es fundamental para el oferente monopólico de corrupción dar muestras claras de que no va a perder dicho monopolio, porque en caso de dudas la TIR que pedirá el “inversor” puede tender a infinito y, por lo tanto, al ser impagable, se le acaba el negocio al funcionario público ya que éste puede no concretarse jamás. Para que el negocio de la corrupción prospere debe, entonces, existir un sistema político sin controles, ni transparencia en los actos de gobierno y mucho intervencionismo y gasto público. Cuánto mayores son el intervencionismo y el gasto público, más grande es el negocio de la corrupción, porque hay muchos más recursos para redistribuir arbitrariamente. También es necesario que el gobierno concentre la mayor cantidad de poder. Tiene que disponer de elementos para controlar a la prensa, presionar a los jueces y evitar que la oposición pueda llegar a reemplazarlo. El poder hegemónico hace al negocio de la corrupción debido a que el oferente monopólico tiene que sentirse impune. Es fácil advertir, por lo tanto, que no es nada fácil la vida de los corruptos. Para el oferente monopólico (funcionario público) es muy duro porque tiene que mantenerse en el poder de cualquier manera para poder seguir explotando su negocio y, en caso de perderlo, no ir preso si viene otro gobierno que lo denuncie. Por su parte, para el demandante de corrupción el análisis pasa por determinar con mucha certeza si el monopolista de corrupción seguirá en el cargo. El “inversor” puede llegar a tener tanta o más incertidumbre sobre su negocio que la que tiene un empresario que trabaja bajo las reglas de la libre competencia. Este último no sabe si su producto va a ser beneficiado por el consumidor y asume el riesgo. El primero no tiene que preocuparse por sus competidores ni por el consumidor, pero tiene que preocuparse por hacer “negocios” con alguien fiable y, encima, no terminar preso si es descubierto. “Dura” vida la de los corruptos cuando el poder hegemónico no está consolidado.

Inversión y prosperidad


Por Porfirio Cristaldo Ayala




En la actualidad, los países no necesitan comenzar de cero a ahorrar, desarrollar tecnologías e invertir. Todo lo que precisan es crear las condiciones políticas y jurídicas de un mercado libre que incentive la llegada de capitales extranjeros.
El esfuerzo que realiza una familia durante largos años para alcanzar la prosperidad no es muy diferente al empeño que debe poner un país para crecer y desarrollarse. Los colonos recién establecidos trabajan de sol a sol cultivando, primero con caballos y luego con tractores y maquinarias que le permiten producir mucho más en menor tiempo. Para eso tienen que ahorrar, y se abstienen de consumir. El ahorro para la compra del caballo, el tractor y otros bienes es la inversión. Ni la familia ni el país progresa sin aumentar su capital. Este proceso requería antes el sacrificio de varias generaciones. Hoy puede lograrse en pocos años.

La clave del desarrollo y de la mejora de la calidad de vida es el ahorro. Se ahorra para más tarde invertir y poder consumir más. El ahorro que se invierte en la fabricación o adquisición de bienes de capital –herramientas, instalaciones– aumenta la capacidad de producir más bienes y servicios en menos tiempo; es decir, incrementa la productividad de la mano de obra. En relación con el caballo, el tractor mejora la producción quizás 20 veces, aumentando los ingresos en similar proporción.

Capital y trabajo no son factores opuestos o que estén en pugna permanente como denuncian los socialistas, sino que son factores que se complementan. El capital no es sino “trabajo almacenado” que surge del esfuerzo y del conocimiento humano sobre los recursos naturales. Por ejemplo, el capital invertido en una maquinaria aumenta la productividad del trabajador, lo cual hace posible los aumentos de salarios. El capital no desplaza al trabajador, sino que lo beneficia al darle mayor valor a su aporte.

En la medida que aumenta la tasa de capital, el salario tiende a incrementarse. Lo primero que suelen hacer los inversores es solicitar un crédito para comprar nuevas máquinas e instalaciones. La segunda inversión consiste en contratar el personal necesario para desarrollar sus negocios. La selección de estos empleados aumenta la demanda de trabajadores y tiende a incrementar los salarios medios vigentes en el país. Con cada nueva inversión, los salarios suben en todos los sectores.

En los países ricos y desarrollados, los salarios son mucho más elevados que en los países pobres y subdesarrollados. En estos últimos, los sueldos son más bajos debido a la falta de capital. Pero, a medida que la tasa tiende a subir, con la mayor acumulación de capital, el aumento del salario se limita solo por el incremento de la población y la oferta de trabajadores. Esto se evita incrementando la tasa de capital invertido más rápidamente que el crecimiento de la población.

Ni el gobierno ni los sindicatos pueden incrementar los salarios reales por encima de los valores establecidos por la tasa de capital. La única manera de aumentar los salarios y mejorar la calidad de la vida de la gente es tener más capital y poder disponer libremente del mismo en las decisiones empresariales. Para aumentar el empleo y los salarios es necesario aumentar las inversiones y el ahorro, y para aumentar las inversiones y el ahorro hay que eliminar la inflación, proteger los derechos de propiedad y garantizar la estabilidad política y jurídica.

El aumento del ahorro y las inversiones es un proceso largo y engorroso que a muchos países desarrollados les tomó más de 200 años. ¿En cuántos años lograrían nuestros países aumentar la inversión de capital por habitante a un nivel mínimo, capaz de incrementar radicalmente la productividad del trabajo, mejorar los salarios reales de la gente y sacar a nuestros pueblos del atraso y la miseria? La respuesta es sorprendente: en pocos años.

La explicación de ese milagro alcanzable está en la inversión extranjera. En la actualidad, los países no necesitan comenzar de cero a ahorrar, desarrollar tecnologías e invertir. Todo lo que precisan es crear las condiciones políticas y jurídicas de un mercado libre que incentive la llegada de capitales extranjeros. Los países que siguieron este camino hoy son desarrollados. Algunos lo lograron en 40 años y otros en poco más de una década. Varios países latinoamericanos avanzaban por ese camino, pero fueron desviados por el socialismo y el intervencionismo.
Fuente: AIPE

Porfirio Cristaldo Ayala es corresponsal de la agencia AIPE en Paraguay y presidente del Foro Libertario.

http://www.libertaddigital.com/opiniones/opinion_38152.html

Continuidad y república


Por Carlos Mira


El modelo que la candidata presidencial Cristina Fernández de Kirchner asegura va a sostener si resulta electa se basa en la demagogia, el clientelismo y el avasallamiento de los principios republicanos



El lanzamiento de la candidatura presidencial de Cristina Fernández de Kirchner entregó una interesante cantidad de datos para el análisis político. Por empezar, la estética de la presentación ha sido bien ajena al folclore peronista. Recluidos en un teatro elitista (el Argentino de La Plata), 2.500 jerarcas e invitados especiales fueron los únicos testigos presenciales del discurso de “aceptación” de la propuesta conyugal para la presidencia. Cristina Fernández de Kirchner agradeció a su marido por haberla elegido para sucederla, rememorando el “dedazo” del PRI mexicano cuando los capitostes del partido decidían –entre ellos– al próximo presidente, en una parodia de democracia que duró 70 años. Cristina jugó su papel de “cuadro” formado despaciosa y gradualmente durante años para, ahora, madura y a punto de caramelo, asumir las máximas responsabilidades para las que se ha preparado. La palabra “cuadro” es sintomática porque alude, en su significación original, a la actividad militar, guerrillera revolucionaria o a la estructura secreta de una organización de espionaje. Un “cuadro” es una especie de máquina humana diseñada para una operación específica, para la cual estudia y se entrena hasta perfeccionarse a un nivel en que sus posibilidades de fracaso sean mínimas. La llamativa reiteración de esa palabra para referirse a Cristina habla de que ciertos personajes no pueden sacarse de la cabeza su vocabulario cuasi clandestino y de que insisten en el uso de una terminología de lucha incompatible con la paz que requiere la verdadera democracia. En ese contexto, Cristina se internó en uno de los conceptos más definitorios de las repúblicas civilizadas. Dijo que teníamos que “institucionalizar este modelo, para terminar con las variaciones extremas que los cambios de gobierno han significado en la Argentina. Éste es un punto crucial que, en los términos planteados por la candidata, conlleva una tentación y una trampa. La tentación consiste en creer que Cristina se refiere a aquel tipo de continuidades que caracterizan a las democracias avanzadas, que han sabido identificar un núcleo duro de valores alrededor de los cuales hay un amplio consenso social y político y respecto del cual no pueden esperarse modificaciones. Nos referimos, obviamente, a las libertades individuales, a las garantías del ciudadano, al posicionamiento internacional del país, a la defensa irrestricta de la libertad y a la subordinación de gobernantes y gobernados al Estado de Derecho. Pero Cristina no se refiere a eso. Si leemos bien, ella dice “que debemos institucionalizar este modelo”, como si pretendiera perpetuar el entendimiento circunstancial que ellos tienen de la democracia. Su invitación consiste en propender a que no se modifique, por el efecto del cambio de gobierno, la instrumentación y la forma de entender la vida en la Argentina. Ella quiere convertir en pétrea la herramienta, no el objeto. Y ésa no es el tipo de continuidad que dejan a salvo los países civilizados. Justamente, esas democracias cambian los instrumentos, las maneras y las formas, dándole al ciudadano, al mismo tiempo, la garantía de que su esquema de derechos no se alterará. En ello consiste la trampa: entusiasmar a la gente para que crea que se la invita a inaugurar una era en donde la Argentina quede a salvo de los bandazos, cuando en realidad lo que se quiere es blindar una forma de entender la política y la democracia que, precisamente, impida la expresión de otras formas de entender la vida en el país. Esta invitación, de ser aceptada, nos dirigiría a una hibernación republicana en la que una jerarquía de logia elegiría por nosotros el rumbo, el estilo y las formas que tendría nuestra existencia. La abierta y descarada maximización de esta pretensión la han encarnado, hasta el pasado reciente, las dictaduras del proletariado que nunca pudieron completar su círculo ideal de abolición de las clases para que un teórico “nuevo hombre” brillara sobre el Universo. Su utópico objetivo chocó contra una nomenklatura férrea y asfixiante que ahogó todo resquicio de libertad y que acabó dando lástima, rodeada de miseria y corrupción, tales los casos del bloque comunista liderado por la ex URSS y los actuales de Cuba y Corea del Norte. Las formas suavizadas del mismo objetivo dieron origen a regímenes de escarnio como el del ya referido PRI mexicano, el de Ferdinand Marcos en las Filipinas o el del desaparecido Alfredo Stroessner, en Paraguay. Todos ellos parten de la misma base: un adueñamiento personal del poder para amasar negocios propios y manejar la voluntad popular a través de la demagogia y el clientelismo. Si Cristina, para evitarnos el típico movimiento pendular argentino entre extremos, nos está invitando a eso, desde ya, no gracias. Lo que debemos buscar como Nación es un nuevo acuerdo alrededor del que ya está hecho. Ni siquiera debemos esforzarnos para inventar uno nuevo. La Constitución original de 1853, con su modificación del ’60, es el acuerdo marco al que los argentinos debemos volver para que todo pueda ser adaptado a través de las elecciones y de la alternancia democrática sin que la ciudadanía se vea expuesta a empezar de nuevo cada vez que un nuevo gobierno es electo. Más allá de que en la Argentina cada vez que un determinado esquema político y económico empieza a ser llamado “modelo” es la señal más clara de su decadencia, los argentinos tendríamos que tener todo el derecho del mundo de cambiar –democráticamente– lo que para Cristina Fernández de Kirchner debería ser inmodificable. Y, a su vez, deberíamos contar no sólo con el derecho, sino con el deber de reclamar que jamás se pongan en peligro muchos de los valores que, justamente, la actual administración ha envilecido y hecho peligrar.
Fuente: Economía para Todos http://www.economiaparatodos.com.ar/

julio 24, 2007

La eduación no acaba con la pobreza


Por Carlos Rodriguez Braun


La idea de que si aumenta el gasto en educación aumenta la riqueza puede ser exactamente falsa, en el sentido de que primero debe aumentar la riqueza y después la gente invierte en educación.
Carlos Rodríguez Braun
Leí en un anuncio sobre niños pobres de una ONG: "Tienen derecho a ir al colegio. Colabora con nosotros, porque la educación es la herramienta más poderosa para acabar con la pobreza".
Todo esto es tan políticamente correcto que nadie osaría cuestionar su veracidad. Y sin embargo, como diría el maestro Yoda, dudoso es.
Si la educación acabara con la pobreza, habríamos dado con la piedra filosofal y el bálsamo de Fierabrás. Todo sería enormemente sencillo: habría que quitarle a la gente el dinero y dedicarlo a la educación. Y así se acabaría con la pobreza. Fácil, ¿no?
Pues no. Lo que acaba con la pobreza es el trabajo de los pobres que quieren dejar de serlo, y para potenciar ese trabajo se necesita paz, justicia y libertad, no inversiones forzadas en educación, ni en I+D+i, ni en nada.
La idea de que si aumenta el gasto en educación aumenta la riqueza puede ser exactamente falsa, en el sentido de que primero debe aumentar la riqueza y después la gente invierte en educación. Pero esa prioridad tiene que ver con la libertad, y por eso es detestada por el pensamiento único, que no concibe que los ciudadanos puedan prosperar por su propio esfuerzo, en cuyo caso habría que dejarlos en paz y no fastidiarlos.
Esa noción obligaría a revisar los grandes dogmas de nuestro tiempo, por ejemplo, el "derecho a la educación", que en la práctica significa suprimir la libertad y que el Estado usurpe nuestros bienes y la capacidad de decidir sobre la educación de nuestros hijos.
Nada es perfecto, ni perfectamente malo. En el mensaje de la ONG hay una parte potente y liberal: "Colabora con nosotros". Sólo le falta percibir que colaborar a la fuerza no es colaborar.

Marcel Granier es el gerente de Radio Caracas Televisión, el canal que fue clausurado por Hugo Chávez por serle opositor. Felizmente este canal ha comenzado a transmitir nuevamente por medio de cable, pero el gobierno venezolano se propone ahora intervenir en este segmento para cerrar canales opositores al régimen. Hasta ahora la regulación gubernamental ha sido sólo para los canales abiertos. La libertad de prensa está amenazada. Chávez no tolera las críticas en los medios. Su política está encaminada a aniquilar cualquier vestigio de oposición y de usurpar el poder a perpetuidad.
A continuación en letra cursiva está el texto de la carta que Garnie le envió a Chávez.

Ciudadano
Hugo Rafael Chávez Frías
Presidente de la República Bolivariana de Venezuela
Las muestras de fortaleza, dignidad y entereza que han dado los trabajadores de RCTV y sus familias en estos difíciles momentos, solo me llenan de admiración y estima.
Es por ellos y por Venezuela, Ciudadano Presidente, que seguimos firmes en nuestra decisión de hacer que se respete nuestro derecho a seguir operando. En RCTV hay casi 3000 personas que tienen el derecho a seguir trabajando en la misma empresa donde han escogido trabajar durante tantos años. Hay más de 5000 trabajadores indirectos que tienen derecho a continuar en sus trabajos y en sus negocios. Nadie, ni siquiera usted, puede decidir arbitraria e ilegalmente que el producto de su trabajo ahora deba ser sustituido por el producto del trabajo de otros, por mas respetable que sea.
En un país donde cada vez se crea más desempleo, mi compromiso y el de los otros accionistas de RCTV, es luchar para que esta empresa de trabajadores venezolanos siga operando bajo las mismas condiciones que hasta ahora lo ha hecho, pues es la única que asegura la estabilidad de la empresa y, por consiguiente, la de los trabajadores. En esta defensa, lo único que no se negocia es la libertad de expresión. No podemos hacerlo aunque quisiéramos, porque pertenece a los venezolanos y no podemos ponerla en una mesa de discusión.
Afectar ese derecho es inaceptable, como lo es afectar los derechos de los trabajadores. Por eso yo le pido Ciudadano Presidente que recapacite, porque los verdaderos gobernantes ni dejan sin empleo al pueblo al que deben proteger, ni silencian a sus críticos.
Si observamos a nuestro alrededor, a los gobernantes de América Latina, incluso a quienes como usted, siguen una línea política de izquierda –me refiero a los presidentes Lula, Bachelet, Torrijos, Vásquez o Kirchner– todos gobiernan tolerando a sus opositores. A ninguno de ellos se le ha ocurrido cerrar un medio de comunicación porque le de cabida a quienes piensan distinto.
Esa es la verdadera fortaleza de un líder democrático. La de convencer a los ciudadanos con su visión, pero a la vez la de escuchar opiniones diferentes. La de resistir la fiscalización de los gobernados y de los medios. La de respetar la libertad de pensamiento, información y expresión. Ello forma parte esencial de la Democracia.
Lo que Usted pretende en la Venezuela de hoy, en contra del mandato que recibió en las urnas, es algo para lo que no se requiere valor. Pretende una Venezuela en la que nadie opine o exprese una idea distinta al discurso oficial.
Tiene usted ya el control total de la Asamblea Nacional. No contento con ello, logró que ese organismo le otorgara poderes ilimitados para legislar y reformar la Constitución. El Poder Judicial está sometido constantemente a la intimidación y la presión de su Gobierno. Algunos medios, como usted mismo lo ha dicho y lo sabe ya todo el mundo, han modificado su línea editorial para garantizar su supervivencia, “por ahora”.
Hoy se busca el cierre del Canal más antiguo de la televisión venezolana. El Canal que le llega al corazón de todos; un Canal que resume buena parte de la historia de nuestro país y que hace posible que el pueblo le diga lo que sus asesores jamás le dirán.
Yo no sé y me lo he preguntado mucho en estos tiempos, quién le ofreció semejante recomendación política tan desacertada. Esta pretensión de cerrar el Canal de todos los venezolanos para iniciar otro canal oficial más, que repita sin descanso el mensaje del gobierno, lo ha enfrentado a mas del 80% de los venezolanos, a buena parte de los seguidores chavistas, a gremios periodísticos de todo el mundo, a organizaciones de defensa de los derechos humanos reconocidas mundialmente, a organismos multilaterales de diverso tipo, a Congresos de varios países, incluyendo el Senado y la Cámara de Diputados de Chile, a presidentes, a profesores y académicos y, por supuesto, a las más de ocho mil familias que dependen de RCTV. ¿Quien se beneficia con esta decisión, Ciudadano Presidente?
Yo le pido Presidente, que escuche a la gente y que asuma la responsabilidad de gobernar conviviendo con quienes no piensan como usted. Permita que en la Venezuela de hoy existan otras opiniones. Nuestro país es una mezcla de razas, identidades, voces, culturas y nadie puede encerrarlas todas dentro de un modelo único.
Un buen estadista sabe que la verdadera fuerza no reside en aplastar al adversario, ni en ocultar las verdades o silenciar a los críticos. La verdadera fuerza descansa en la conciliación, en el pluralismo y la tolerancia.
Todos sus asesores comunicacionales a pesar de una campaña desmedida, abusiva y violatoria de los derechos humanos, no han podido convencer al pueblo de que esta es una decisión legal. Todo el mundo sabe, puesto que usted lo ha dicho reiteradamente, que es su decisión personal y que se debe a la línea editorial de este canal, por lo tanto es arbitraria e ilegal.
En este tema tiene usted en sus manos una decisión histórica. ¿Es un dirigente de la nueva izquierda latinoamericana o es un populista totalitario más? ¿Es fuerte porque sus convicciones también lo son o es débil y necesita anular a todo el que le lleve la contraria? ¿Gobierna usted Presidente o gobiernan los asesores que ven en la supresión de los contrarios oportunidades de negocios?
Son preguntas que hoy no me hago solamente yo; o los trabajadores del Canal; o los millones de televidentes que quieren a Radio Caracas Televisión. Son preguntas que se hacen muchos en el mundo entero, pero sobre todo los venezolanos. Y son preguntas que merecen una respuesta de su gobernante, si este tiene el coraje de responderlas.
Respetuosamente,
Marcel Granier
Director General RCTV


Fuente: AIPENET
http://www.aipenet.com/articulo_semanal.asp?Articulo_Id=2981

julio 22, 2007

El blog cambió de nombre

Mi blog cambió de nombre. Ahora tiene el nombre que había pensado ponerle originalmente. Este nombre está inspirado en la obra literaria de Ayn Rand. Este libro junto a "La Rebelión de Atlas" también de la misma autora han producido un profundo impacto en mi vida. Nunca antes había leído algo más hermoso y ningún libro ha tenido tanta influencia en mi vida y en mi pensamiento. La lectura de estas obras ha marcado una era. Por eso a este blog le he puesto el nombre de la obra de Ayn Rand como un tributo a su persona y a sus obras.

Cómo votan los argentinos

Gabriela Pousá describe el 21 de julio en Economía para Todos cómo votan los argentinos. Describe cómo la economía influye decisivamente en los resultados electorales, mientras otros hechos como: corrupción, respeto a las instituciones no tienen importancia. Enumera como los hechos de corrupción en el gobierno quedan sin esclarecer, donde el sistema judicial está totalmente corrompido y influído por el poder ejecutivo y también donde el congreso ha perdido su papel de investigar e indagar a los funcionarios.


La costumbre nacional de votar pensando en el bolsillo es responsable de nuestra decadencia institucional, económica, política y social. Sólo un cambio de mentalidad permitirá construir un horizonte distinto para las próximas generaciones.
Mucha confusión y pocas ganas de clarificar hay en el escenario político actual. Todo pedido de aclaración a un funcionario es siempre un proceso indefinido donde, al final, termina oscureciéndose aún más lo que se suponía se pretendía aclarar. La bolsa de dinero de la ministra de Economía, Felisa Miceli, hallada en el baño de su despacho; los 306 nombramientos en la Secretaría de Medio Ambiente; los sobreprecios en la obra pública; la manipulación de datos del INDEC, entre otros ejemplos, no admiten explicación racional. Desde luego que muchas cosas en política no resisten la racionalidad. El kirchnerismo, aunque no se comprenda qué ha de modificarse más allá del sexo del candidato, hoy puede agitar las banderas de “profundización del cambio” para vender a la primera dama como aspirante a la presidencia, pero no puede hablar más de nueva política ni mostrar las manos limpias como hacía tiempo atrás. No se trata de levantar el dedo acusador a diestra y siniestra, si bien las percepciones sociales en este aspecto difícilmente se equivoquen y la sociedad, no obstante no sea su deseo, se está dando cuenta de que la transparencia no es tal. De allí a que ese dato gravite a la hora de definir a quién votar es un tema que merece un análisis adicional. ¿Qué vota la gente en la Argentina? Las últimas elecciones demostraron que se ha votado bajo efectos del hartazgo alguna suerte de cambio, algo distinto más allá de los rotulados. Un pueblo bastante ajeno a las ideologías y más entusiasta de que no se metan en su vida votó al margen de partidos y fuerzas políticas. Es posible que no haya pesado definitivamente todavía la distorsión entre la inflación oficial y la inflación real, y que el bolsillo se haya mantenido medianamente al margen de los últimos comicios. Muchos de los que se opusieron a Carlos Rovira en Misiones necesitaban el crédito que éste otorgaba con fines proselitistas. No se negaban a la repartija, pero en el cuarto oscuro primó una noción de extorsión política que imprimió el cambio en la provincia. Aunque no esté claramente definido qué, algo cansó a la ciudadanía. Con todo, también es cierto que la sociedad argentina tiene conductas en extremo efímeras y que tres meses y medio son una eternidad para que todo se dé vuelta o quede como está porque los gremios consigan un 10% más de aumento. Suele decirse, y con pruebas al cántaro, que la gente vota con el bolsillo. No habría mayor objeción a ello si el resto de las variables funcionaran medianamente bien. Es decir, si no estuviéramos ante una crisis institucional mucho más grave que la económica, si bien una deviene de la otra. Si la institucionalidad no estuviera jaqueada, habría claridad conceptual y se comprendería, por ejemplo, que el colapso energético es causa de una dirigencia apática que desdeñó el orden normativo necesario para garantizar la inversión en el sector de manera que oferta y demanda se equilibraran de acuerdo a las leyes del mercado y no al capricho de la Secretaría de Energía o la Secretaría de Comercio. Hay un problema mayor al del índice de inflación oficial y real, porque en definitiva los argentinos no miden el aumento de los precios por el número que le tiran en los medios. Cualquiera sabe si los productos aumentan o no y qué es aquello que en las góndolas brilla por su ausencia, incluso cuando nadie habla de desabastecimiento. Un supermercado chileno posee una variedad de productos un 75% mayor al que detenta uno argentino. Tanto en la oferta política como en la comercial, la Argentina tiene una democracia limitada. Las opciones son cada vez menos y van disminuyendo en todos los órdenes. Hoy, un dato alarmante es el desinterés de los ciudadanos por lo que pasa más allá de su capacidad de consumo. No se puede seguir votando por la coyuntura. Actualmente, las razones por las cuales la gente reacciona y modifica su voto están dadas, por ejemplo, por las restricciones en el suministro de GNC, los cortes de luz, los trenes que no funcionan en tiempo y forma, los piquetes que impiden llegar en hora o los precios que suben indiscriminadamente. Todo lo que altera la calidad de vida y la microeconomía en forma directa y precisa en el día a día define el voto de la ciudadanía. No hay objeción a que suceda de esa manera. Sin embargo, las causas de todo aquello siguen siendo ajenas al pueblo. Es decir, los casos de corrupción severos y las fallas institucionales de envergadura se perpetúan sin que la reacción llegue al hombre medio. Existe apenas un microclima preocupado por lo que hay más allá de lo cotidiano, que entiende que ese “más allá” determinará la calidad de lo que habrá en breve “más acá”. Que los casos Greco o Skanska no sean gravitantes para la mayoría puede entenderse si aceptamos que el ciudadano común tiene demasiado en su mente como para ocuparse de los gasoductos y los negociados. A pesar de ello, no se trata de involucrarse en los temas ni de convertirse en expertos, sino de tomar conciencia de lo que implican los casos de corrupción que azotan al Gobierno. Cuando algo se pudre adentro, antes o después, acarrea consecuencias afuera. La metástasis llega. Si no interesan la bolsa de dinero de la ministra de Hacienda, o los nombramientos en la Secretaría de Medio Ambiente ni los sobreprecios de las obras públicas, debería al menos interesar cómo se quita lo esencial de un pueblo: su identidad, sus tradiciones, su historia. ¿Está bien votar por un Gobierno que permite, quizás, tener un peso más en el bolsillo, pero convierte a los actos patrios en actos políticos? ¿Es lógico apoyar a un Ejecutivo que distorsiona la historia para reabrir heridas y dividir al pueblo? A su vez, hay que entender que la crisis institucional es la madre de la crisis económica. ¿O acaso qué está sucediendo con los precios? La ausencia de seguridad jurídica y de reglas claras provoca un desinterés en la inversión que termina dejando escasa la oferta y vacías las góndolas. Con la demanda intacta, los precios aumentan. Un burdo ejemplo para demostrar que la corrupción debería despertar mayor interés que el que aparentemente despierta. Aquello de “roban, pero hacen” no sirvió nunca. Tampoco fue efectiva la vista gorda que ha hecho muchas veces la ciudadanía de la negligencia de la dirigencia política porque podía veranear 15 días. Si a la hora de votar sólo se mira la billetera y la coyuntura, la Argentina seguirá siendo el barco de la zozobra, a la deriva. Puede que haya forma de costear unas vacaciones de invierno, aunque difícilmente habrá luego forma de garantizar un futuro digno para nuestros hijos o nuestros nietos.






URL Origen: www.economíaparatodos.com.ar