agosto 02, 2007

Entre el señorío y la bellaquería


Por Antonio Margariti
En las próximas elecciones de octubre no sólo elegiremos un nuevo presidente y un nuevo modelo económico, sino que tendremos la oportunidad de rechazar un estilo de hacer política basado en la mezquindad, la mentira, el odio y la avaricia.
En menos de noventa días, la suerte del país y de todos nosotros se jugará como en una perinola que decide si “todos ganan” o si “todos pierden”. Entonces, parece una irreverencia insistir con análisis anodinos en medio de un espectáculo caracterizado por la más indecorosa de todas las mezquindades: la falta de generosidad y de espíritu de grandeza por parte de quienes aspiran a convertirse en nuestras máximas autoridades políticas. Dicho de otra manera, estamos presenciando –sin mostrar indignación– cómo se utilizan los fondos públicos en viajes internacionales de alta gama para exhibir un protagonismo del que se carece. Observamos cómo se ocultan actos de corrupción en los casos Greco, Skanska y gasoductos con sobreprecios increíbles. Hemos oído a la más alta magistratura explicar que se trataba de una mera corrupción entre privados. Vimos, casi en directo, cómo la ministra de Economía ensayaba mentira tras mentira para explicar el hallazgo de una bolsa de dinero en el baño de su despacho. Nos enteramos de que una abogada sin experiencia alguna fue entronizada en una secretaría y, de inmediato, procedió a multiplicar los nombramientos de amigos, parientes y favorecedores. Leímos las desquiciantes manifestaciones de otra ministra que justificaba el flagrante contrabando de armas de guerra con destinos diferentes a los declarados. Presenciamos cómo se denigra a las personas que tienen la osadía de pensar distinto de quien ejerce el poder. Comprobamos la bastarda manipulación de los índices de precios del INDEC y la confesión de la candidata presidencial, ante empresarios españoles, de que cada punto de aumento del índice nos cuesta u$s 421 millones más. Quedamos sin palabras cuando vimos cómo se compran efímeras adhesiones por un puñado de monedas y se justifica con insolencia las transfugadas más escandalosas. Pareciera que, delante de nuestros propios ojos, se están desarrollando las escenas de una tragedia griega donde los personajes encumbrados en las altas esferas se enfrentan a conflictos provocados por sus propias fechorías, que van a desembocar en un desenlace fatal. Esos personajes muestran la imagen de lo que no son. Lucen como campeones de la bondad, pero predican el odio. Se cubren con el vestuario de los mejores diseñadores para condolerse de los pobres que no tienen con qué abrigarse. Repiten monótonos discursos, aprendidos de memoria, sin ningún destello de inteligencia ni de sentimientos. Muchas veces, se nos oculta la sordidez de algunas medidas, la avaricia de otras decisiones, las ambiciones sin freno, la jactancia de capangas y la grosería cultural que permite el dinero mal habido. Enseñar a los jóvenes No sólo los adultos presenciamos estos pésimos ejemplos. También lo están comprobando nuestros niños y jóvenes, que ven sin entender y oyen sin comprender. Ellos se están desmoralizando y corren el peligro de sacar conclusiones demoledoras para sus propias vidas. Porque si deducen que, para triunfar en la vida y escalar posiciones sociales, hay que comportarse como los personajes de este vodevil público y notorio, entonces el daño que se provoca a su conciencia moral es gravísimo. Y es en la conciencia moral de la juventud donde está refugiado el futuro de nuestra patria. Es nuestra obligación preservar a los niños y a los jóvenes de una deformación ética y de una falsa deducción de lo que están viendo. Por eso, hay que inculcarles el juicio crítico acerca de la corrupción y de la inmoralidad con que se practica la política. Frente a la juventud, debemos desempeñar un papel que está ausente en la sociedad argentina. Se trata de la insustituible función de ser intérpretes éticos de la conducta moral. También se trata de enseñarles cómo el egoísmo se ha constituido en una inclinación inculcada en nuestra sociedad y que, en cambio, el deber fundamental que deben practicar es la abnegación. La abnegación es la actitud de sacrificio y de renuncia a los caprichos personales para atender el reclamo de los demás. Es lo que nos une con el prójimo y, por eso, no debiera haber ningún político sin espíritu de abnegación, porque si carecen de él se convierten lisa y llanamente en mentirosos. El deber de aspirar a la abnegación se ha acrecentado por la exacerbación del egoísmo demostrado en la vida pública y privada. El desarrollo de la personalidad no se agota con el apetito por la propia estima, ya que dejado a sí mismo como mero impulso egoísta, termina convertido en un aliento para la agresión violenta. Los padres tienen que dirigirse a sus hijos, los maestros a sus alumnos, los mayores a los jóvenes y los magistrados a sus subordinados para enseñarles que todo este espectáculo de desmanejo de la función pública es deleznable y que hay otras actitudes ausentes que tienen mayor trascendencia que conseguir el poder para forrarse de dinero. No debemos dejar pasar ninguna ocasión para sembrar la buena doctrina en el corazón de las jóvenes generaciones, aunque parezca que no lo entienden cabalmente. Para que no se confundan y no crean que esto que están presenciando es el estilo normal en la vida republicana de un país en serio. Sólo así habremos cumplido con la irrenunciable misión de transmitir la tradición moral que hemos recibido de nuestros mayores. Ejercen la influencia, no la autoridad La ostensible actitud de quienes ocupan la función pública es la de escapar a la responsabilidad en las cuestiones que pueden salir mal y atribuirse los éxitos gestados por otros. Así, cuando tienen que asumir obligaciones indelegables, recurren al artilugio de utilizar la influencia, tratando de inducir a otros a que hagan lo que ellos se resisten a hacer. Muchos individuos que ocupan cargos públicos no se están comportando con lo que ha dado en llamarse el “señorío”. La palabra “señorío” refleja actitudes ejemplares, hoy casi olvidadas. Sin embargo, resulta fundamental para que los gobernantes puedan alcanzar ese respeto popular que sólo puede brindarles la autoridad moral ejercida. Si quienes alcanzan el poder no se comportan con “señorío”, esto es con dignidad, abnegación y la austeridad de quien se hace responsable de sus actos, entonces inexorablemente se comportarán con “bellaquería”. El “señorío” es la actitud propia del señor, de quien tiene grandeza y mesura tanto en el porte como en sus actos. El señor es la persona que respeta a todos, sin humillar a nadie. El señor tiene dominio y libertad en el obrar porque no actúa con segundas intenciones. El señor es aquél que sujeta sus instintos agresivos a la razón. Cuando obra de otra manera, deja de ser confiable. En cambio, la “bellaquería” es la actitud de los taimados, que son aquellos individuos pícaros, mentirosos, traidores, astutos y sagaces para hacer el mal, que no se atan a ningún principio sino a la comodidad y el provecho personal que puedan lograr a costa de los demás. El “bellaco” es aquél político que obra según sus mezquinas conveniencias y, en consecuencia, no es previsible ni confiable. Llegados a este punto, tenemos que preguntarnos si los argentinos vamos a constituir una sociedad de “señorío” o de “bellaquería”. ¿Cómo se comportarán los hombres y mujeres importantes e influyentes con respeto a los más poderosos? ¿Correrán detrás de sus antojos y frivolidades como mariposas en derredor de la llama? ¿Cuál es el ejemplo de vida que nos van a dar aquellos que nosotros, con nuestro voto, encumbraremos en el poder? ¿Estamos construyendo una sociedad donde triunfarán los truhanes, los fulleros, los mendaces y los desaprensivos? No hay duda de que hay que poner manos a la obra, de inmediato, para enseñar a las jóvenes generaciones que no deben contaminarse con la pestilencia. En noventa días, decidiremos qué queremos ser. Es obligación impostergable de cada uno de nosotros transmitir la pequeña luz de las tradiciones morales que todavía puedan anidarse en nuestra conciencia. Si mantenemos encendida esa lumbre, pasaremos esta tenebrosa noche y una nueva aurora podrá mostrarnos el rostro de la patria que “alta en el cielo como un águila guerra, audaz se eleve en vuelo triunfal”. Que ése sea el camino para los decisivos días que viviremos hasta el momento de elegir nuevas autoridades.
Antonio Margariti es economista y autor del libro “Impuestos y pobreza. Un cambio copernicano en el sistema impositivo para que todos podamos vivir dignamente”, editado por la Fundación Libertad de Rosario.

Sobre conductas en materia de política exterior



Por Andrés Cisneros

La Argentina imita el impresentable comportamiento de Hugo Chávez en sus relaciones con el resto del mundo: no se distancia de Irán –aunque éste no coopere para esclarecer el atentado más grave ocurrido en el país– y no acata las decisiones de los tribunales a los que voluntariamente se sometió.

¿Qué hacer con Irán? Desde que la exasperantemente lenta investigación de la verdad en el caso de la AMIA finalmente apuntó en dirección a Teherán, las cosas parecen no haber avanzado demasiado, ya que la oligarquía clerical que conduce a Irán –como cabía esperar– se niega a colaborar en modo alguno con la investigación a cargo de la justicia argentina. Por esto, no es sorpresivo que en el acto del reciente aniversario del cobarde atentado, desde el podio y la calle, se haya solicitado a nuestras autoridades la ruptura de relaciones con Irán. Es posible que ése termine siendo, efectivamente, el fin del camino. Creo, no obstante, que –antes de que esto eventualmente suceda– hay otros pasos que la Argentina debe tomar para demostrar, a propios y ajenos, que nuestro país confiere la importancia que debe al reclamo de justicia de quienes fueron las víctimas directas del atentado y de sus familiares, que es ciertamente acompañado por la enorme mayoría del pueblo argentino. Esto supone salir de la declamación y pasar al plano de las conductas. Veamos qué cosas pueden (y deben) hacerse. Primero, la Argentina debería (del mismo modo en que lo hace respecto de nuestro reclamo de soberanía) utilizar sus máximos esfuerzos en todos los foros internacionales para lograr que la región y, luego, la comunidad internacional la acompañen en su reclamo de cooperación efectiva por parte del régimen iraní. Esto supone negociar activamente y obtener el respaldo de terceros países para la aprobación de declaraciones concretas y reiteradas que exijan a Irán una colaboración real en la investigación judicial en curso. Para un régimen despótico como el iraní –que exporta terrorismo no sólo apoyando abiertamente a Hamas y Hezbollah, sino haciendo lo propio subrepticiamente con algunos otros movimientos fundamentalistas y que se niega a colaborar con la comunidad internacional cuando de su programa nuclear se trata– esto agregaría ciertamente una incomodidad más a su andar externo y podría volcar en su contra a algunos países que aún dudan acerca de la veracidad de las sospechas sobre la posibilidad de que Irán se transforme, pronto, en una peligrosa potencia nuclear. Pese a esto, no se puede soñar –creo– con que Irán cooperará mansamente con una investigación sobre la cual muchos de sus líderes religiosos probablemente sospechan que existe peligrosidad real. Segundo: dar pasos concretos para reducir progresivamente las relaciones diplomáticas bilaterales si nuestros reclamos no son satisfechos. Esto debe hacerse abiertamente, haciendo saber a la comunidad internacional cual es la razón que abona nuestras decisiones. Si simultáneamente se logra el apoyo de la comunidad internacional a nuestro reclamo, tal como hemos sugerido más arriba, la reacción que ante estos otros pasos cabe esperar por parte de Irán será presumiblemente por lo menos bastante menos sonora y nadie podría sostener que las medidas son sorpresivas o intempestivas. El final de este camino es el de suspender las presencias diplomáticas en ambos países, delegando la defensa de nuestros intereses a manos de países amigos, como Brasil o Chile. Ciertamente no Venezuela, que acaba de ser definido sorpresivamente por la inefable Senadora Kirchner en su reciente visita a España como nuestro “aliado estratégico” en la región. Ocurre que Venezuela es, a su vez, créase o no, un país que formalmente (esto es mediante acuerdos escritos y no mera retórica) es “aliado estratégico” de Irán. En función de la profunda intimidad con Hugo Chávez, fruto de la amistad que los dos Kirchner profesan ante el mundo (como ambos demostraron voluntariamente ante el Parlamento y los empresarios españoles) tener con él, la Argentina debería poder pedir -públicamente- a Venezuela que interceda -formalmente- ante el régimen iraní para que éste colabore -sin retaceos- con la investigación en curso del caso AMIA. Conociendo a los personajes de los que depende que esto se materialice y atento a sus restricciones ideológicas, cabe ser escéptico y suponer que todo esto difícilmente ocurrirá. Después de lo descrito -que demostraría voluntad política real y no solo retórica- dependiendo de las circunstancias, la ruptura de relaciones comienza a ser la opción. Si el camino sugerido se recorre, recién entonces se habrá respetado el reclamo - aún insatisfecho- de justicia que emana de nuestra comunidad judía y de la sociedad toda. Por el momento, lo cierto es que nuestras autoridades siguen actuando en el plano de la retórica, dando pasos que pueden aplaudirse pero que luego no son seguidos de otros que debieran naturalmente darse para así demostrar coherencia y continuidad en la acción y, más importante aún, que lo nuestro es bastante más que mero “humo político” o “medias tintas”, como algunos sospechan. La palabra empeñada Pocas cosas empañan más la imagen de un país que el incumplimiento de la palabra empeñada. Más aún cuando es sistemático. Esto tiene ciertamente que ver con el cumplimiento de los compromisos asumidos. Cuando una nación se somete voluntariamente a la jurisdicción de tribunales (incluyendo los arbitrales) que en su momento aceptó para que, a través de ellos, se resuelvan eventuales controversias, se supone que lo hace con la sincera intención de aceptar sus decisiones, salvo que haya razones de nulidad, lo que es -muy de vez en cuando- posible, aunque sea una circunstancia absolutamente excepcional. La administración de los Kirchner no parece estar de acuerdo con lo antedicho. Y esto es también una cuestión de “conducta”, que se juzga a través de hechos y actitudes. La Argentina está hipotecando su reputación, o lo que ahora queda de ella, al no obedecer los laudos de los tribunales del MERCOSUR. Y algunos no lo advierten, pese a que nos están llegando “mensajes” que ya no son implícitos. Primero desconocimos olímpicamente el laudo unánime del tribunal “ad hoc” del MERCOSUR que -hace muchos meses- decidiera que las “omisiones de conducta” de nuestras autoridades eran responsables de los cortes ilegales de rutas y puentes internacionales que, a su vez, suponen un incumplimiento de nuestras obligaciones bajo los compromisos asumidos en el ámbito del MERCOSUR. Y la responsabilidad del caso. Para hacer todo mucho más grave, el gobierno de la Provincia de Entre Ríos confirió, más o menos opacamente, subsidios económicos directos a los “asambleístas” por espacio de largos meses, con los que se financiaron las presuntas protestas espontáneas. Hoy ellos han sido reconocidos. Y ahora el gobierno nacional cede a los referidos “ambientalistas” -gratuitamente- espacios en radios y televisión para que, en ellos, hagan propaganda a favor de su “causa” que, según los Kirchner, es una causa “nacional”. Esto puede ser grave, desde que nos hace partícipes directos de las acciones ilegales de los “ambientalistas” y co-responsables eventuales de los daños causados por esas acciones. No es poco. Pero además nos empaña, por largo rato, la imagen -como país y como sociedad- con el rótulo indeleble de “incumplidores”, lo que es sumamente grave. Las imágenes se construyen con el paso del tiempo y se destruyen, en cambio, en solo unos instantes. Ni que hablar del horrible ejemplo que el mensaje implícito en nuestras conductas envía a la población acerca de la importancia del Estado de Derecho. Como si eso fuera poco, el Tribunal Permanente de Revisión del MERCOSUR acaba de fallar a favor de Uruguay en la aplicación de una medida compensatoria de las restricciones que nuestro país ha impuesto unilateralmente a la importación de neumáticos recauchutados, desde el 2002. La decisión considera que la tasa arancelaria adicional del 16% que, desde el 18 de abril pasado, Uruguay aplica al ingreso de neumáticos desde la Argentina es no solo válida, sino “proporcional y no excesiva”. Cabe aclarar que esto se vincula con un laudo anterior, del 20 de diciembre del 2005, que ordenó a la Argentina revocar -en un plazo de 120 días- una ley del 2002, que prohibía el ingreso de neumáticos recauchutados en territorio argentino. La Argentina le hizo “pito catalán” al fallo en cuestión, incumpliéndolo, como si no hubiera existido. El fallo, cabe aclarar, permitía expresamente que, en caso de incumplimiento argentino (porque obviamente se conoce “el paño” que vestimos), Uruguay pudiera adoptar “medidas compensatorias”, lo que efectivamente sucedió, como era natural y previsible. Esta alternativa, la de las “medidas compensatorias”, es absolutamente de práctica en el mundo entero ante circunstancias de incumplimiento en el plano comercial, como la nuestra. Esta es la primera decisión tomada respecto de una “medida compensatoria” en el marco del MERCOSUR. Un “leading case”, entonces. El país incumplidor es la Argentina, lo que es una pena. El fallo, lo que es aún más grave, deja constancia del serio “daño institucional” al MERCOSUR que causa nuestro incumplimiento que, según el tribunal debe tenerse en cuenta “separadamente del daño económico y comercial”. Nuestro país se refugió, sin mucha vergüenza por cierto, en que hay “plazos internos” que deben cumplirse. La ley del 2002 era contraria a los compromisos asumidos en el MERCOSUR y ha transcurrido ya más de un año y medio sin que nuestros parlamentarios se muevan. Si a lo sucedido con los neumáticos, le sumamos lo que seguimos haciendo con el laudo sobre nuestras conductas respecto de los cortes de rutas y puentes internacionales hacia el Uruguay, la cosa es bien seria. No hay nada, absolutamente nada, para celebrar como resultado de nuestras reiteradas actitudes agresivas, arrogantes, y hasta patoteras. El daño está hecho y no se advierte intención de corregirlo o de mitigarlo o morigerarlo, siquiera. Ninguna, más bien una actitud contraria, la que sugiere que nosotros “nos llevamos puestos a todos”. Y no es así. El costo de las conductas públicas que comenzamos a adoptar en la “administración” del ex presidente Eduardo Duhalde, que no vaciló un solo instante en despedazar el Estado de Derecho, puede terminar siendo muy grande. En términos de imagen, seguro. Económicamente, quizás también. Miremos en derredor y sumemos el aluvión de condenas que nuestro país está sufriendo. Cuando sea la hora, la suma será atroz. Y hasta nuestra civilidad misma como nación estará cuestionada, con razones. Hablando de conductas… más de lo mismo por parte de Hugo Chávez Lo del “hegeliano” Hugo Chávez, es cada vez más parecido a la paranoia. En la semana pasada solamente acumuló los gravísimos hechos que paso a reseñar: (i) Insultó abiertamente al respetado Cardenal de Ho, Monseñor Oscar Andrés Rodríguez Maradihaga, llamándolo “loro” y “payaso imperialista”. Estos, cabe advertir, son exactamente los mismos insultos que Chávez antes dedicara al Congreso del Brasil, por los que todavía no ha pedido disculpas. El Cardenal había dicho, con absoluta razón, que Chávez “se siente como un Dios y con derecho a atropellar”, lo que el nada democrático déspota caribeño no pudo tolerar, y frunciendo esa boca de extrañas formas que Dios le dio, y que por eso tiene, profirió los insultos a los que antes aludo; (ii) Arremetió contra todos los Obispos venezolanos que le advirtieron cortés y unánimemente, también con toda razón, que su proyecto de reforma constitucional -que supone su reelección infinita- no tiene “talante democrático” y que su proyecto es “marxista- leninista”. Como respuesta el bueno de Chávez les dijo que los obispos (todos) habían “perdido el camino del Señor” y que debían tomar el camino según él correcto, esto es el de la “teología de la liberación”, para no equivocarse. Su Santidad Don Hugo, en función de Pontífice… lo que le faltaba para el “Guinnes Book of Records”; y (iii) Anunció que acaba de acordar una compra de equipos y baterías antiaéreas con el tirano de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, por valor de mil millones de dólares; lo que se suma naturalmente a la compra de cazas rusos, helicópteros y submarinos del mismo origen, y a la fábrica de fusiles AK-47 que se está instalando en tierra Venezolana. Seguramente, para defenderse de los obispos de su país y de los cardenales del exterior, a los que no respeta. © http://www.economiaparatodos.com.ar/ Emilio Cárdenas se desempeñó como representante permanente de la Argentina ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Se autoriza la reproducción y difusión de todos los artículos siempre y cuando se cite la fuente de los mismos: Economía Para Todos (http://www.economiaparatodos.com.ar/







julio 31, 2007

Cómo funciona el sistema de pensiones en Chile

Por Roark

La seguridad social está en crisis en todo el mundo, sus altos costos se han convertido en una pesada carga financiera para los contribuyentes. Todos los sistemas están en crisis en el mundo consecuencias del envejecimiento de la población. Algunos países hicieron reformas tempranas como Chile y Argentina. En el primer caso el resultado de las reformas del sistema de pensiones ha sido muy exitoso, han producido una creciente acumulación de ahorro que le han permitido a Chile tener un sostenido crecimiento económico por más de 20 años y han reducido la dependencia de ese país del capital extranjero. En el caso de Argentina el sistema está en problemas por el alto gasto público y el alto endeudamiento; la clase política argentina ha saqueado los ahorros de millones de argentinos para su vejez entre la corrupción y el clientelismo político.
En el video que vemos debajo, José Piñera explica cómo funciona el sistema de Seguridad Social establecido hace 27 años, con un éxito sorprendente y cómo podría funcionar en los Estados Unidos de América o en cualquier país del mundo.

Parte 1



Parte 2



Parte 3



Los video son en total 7 como indican el autor, veremos sólo 3 porque los otros han sido retirados de internet por el autor.
Estos vídeos son de propiedad : Propiedad para Todos

Raúl Castro ante un desafío

Por Roark


Raúl Castro ha dicho “la revolución será eterna”. A un año del traspaso de mando de Fidel Castro a su hermano Raúl, las cosas no han cambiado nada en Cuba, pero Raúl se encuentra en una encrucijada, debe hacer reformas estructurales y a la vez no enfadar a su hermano. Raúl Castro ha reconocido la necesidad de hacer cambios estructurales y de conceptos. La vida es dura en Cuba, el salario no alcanza según lo dicho por una encuestada y publicada hoy en La Nación. Hay también otro dilema para el gobierno cubano, las reformas tan necesarias para el sistema acarrean un sinnúmero de consecuencias indeseables como incrementos en los precios y consecuentemente un aumento de la pobreza, también estas reformas ponen en peligro la estabilidad del régimen.


Las estadísticas macroeconómicas de la economía cubana dan resultados negativos: ha caído el ingreso de divisas por una disminución del turismo, y también hay una disminución en las cosechas de caña de azúcar, la principal fuente de ingresos de Cuba, que no alcanza a cumplir los mínimos estándares. El régimen languidece y necesita reformas urgentes, subsiste gracias al apoyo que recibe de Venezuela quien le vende el petróleo a precios preferenciales, pues si debiera pagar las compras de petróleo a los precios del mercado la economía colapsaría. El régimen se sostiene gracias al apoyo de Hugo Chávez actualmente, pero en realidad la economía cubana siempre a subsistido por el apoyo exterior, antes de Venezuela recibió el apoyo de la Unión Soviética.
El principal escollo para las reformas que Cuba necesita es la inestabilidad de Raúl Castro en el poder. Fidel Castro a un año de su retiro temporal no se ha recuperado lo suficiente para tomar el poder otra vez, y Raúl tendrá que hacer frente a la disyuntiva de un sistema a punto de colapsar y la incapacidad de hacer una reforma que no podrá llevarse a cabo sin la desaparición de Fidel Castro de la escena política. A un año del traspaso del mando, hay una creciente decepción en sectores de la comunidad que esperaban reformas profundas al régimen, sin embargo las reformas no han llegado debido a la inestabilidad política de la isla.

julio 30, 2007

¿Rumbo al próximo default?



Por Roberto Cachanosky



A pesar de que el Gobierno alardea de haber solucionado el default de la deuda pública decretado luego de diciembre de 2001 y de haber cancelado todos los pagos pendientes con el FMI, el festival de bonos emitidos para mantener alto el tipo de cambio es señal de un nuevo conflicto en el horizonte.

La denuncia del presidente Néstor Kirchner de que hay fondos de inversión que pretenden que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) sea mayor para ganar más dinero suena tan traída de los pelos que sólo él y sus seguidores la creen. Claro, la idea fue, como siempre, recurrir al viejo mecanismo de buscar enemigos externos para explicar nuestros males. Sin embargo, es una fórmula tan gastada que ya nadie la cree. ¿Cuánto hará que doña Cristina no pasa por un supermercado para contarle a su marido cuánto aumentaron las cosas? ¿Cuánto hará que don Néstor no le paga una cena afuera a doña Cristina para poder advertir lo que cuesta una comida en un restaurante? ¿O será que los sufridos contribuyentes financiamos los gastos de representación y cuando el matrimonio Kirchner compra algo ni miran lo que les cobran? Ya antes de que el INDEC fuera intervenido, la gente desconfiaba del IPC. Ahora, porque Kirchner denuncie a fondos de inversión como conspiradores contra el “INDEK”, tampoco le tendrá más confianza. En todo caso, más de algún sufrido habitante habrá podido confirmar, gracias a la denuncia presidencial, que los precios están realmente descontrolados. La denuncia de Kirchner dejó en evidencia tres cosas: a) que efectivamente se está defaulteando parte de la deuda, b) que el Gobierno armó una fenomenal especulación financiera y c) que el famoso desendeudamiento tiene la característica de hacer crecer la deuda. Cuando Kirchner pretendió desviar la atención sobre el manoseo al que están sometidos el INDEC y el IPC, lo que hizo fue confirmar esa manipulación, porque nadie va a creer que los empleados del INDEC han estado trabajando para el oro extranjero (para recurrir a las típicas frases vacías de los 70 a las cuales es tan adicto este gobierno) formulando denuncias y haciendo paros. Tampoco la señora que va al supermercado se va a tragar sin más que los precios están estables y que sólo en la imaginación de los especuladores de Wall Street la inflación es mayor al 0,4% mensual que calcula el “INDEK”. En definitiva, mientras se defaultea parte de la deuda pública distorsionando el IPC y se engaña a la población con números irreales, se tiran fuegos artificiales sobre conspiraciones internacionales para tratar de desviar la atención de la gente. Detrás del discurso populista de Kirchner, se observa la fenomenal especulación financiera a la que indujo la actual política económica. Es que con un tipo de cambio que prácticamente no tuvo variaciones durante los últimos 12 meses, los bonos ajustables por CER –aun con el IPC toqueteado– generaron una fenomenal rentabilidad en dólares. Así, la política económica del Gobierno no se ha diferenciado demasiado a la de la “patria financiera” del Proceso o a la del fracasado Plan Primavera de Raúl Alfonsín. Todo se limitó a mantener quieto el tipo de cambio y ofrecer rendimientos altísimos en pesos. Esto llevó a que, de la mano de un gobierno progresista, ingresaran dólares, se vendieran por pesos y con esos pesos se compraran bonos ajustables por CER. El rendimiento en dólares fue tan alto, que la excusa de las hipotecas en EE.UU. sirvió para que se realizaran ganancias. Esto significó vender los bonos y volver a comprar los dólares. El simple dato de que los bonos bajaron y el dólar subió es lo suficientemente categórico como para darse cuenta del arbitraje que se produjo en el mercado gracias a la política progresista y de tipo de cambio competitivo. Para esta política económica tan particular, la fuga de capitales de la semana pasada –que quedó evidenciada en la fuerte suba del call money– fue un alivio, dado que no obligó al Banco Central (BCRA) a emitir para comprar dólares. Una fuga de capitales significaría una mala noticia para cualquier país normal, mientras que para el gobierno argentino… ¡es una buena noticia! Tal lo contradictorio de la política económica actual: el ingreso de capitales es una mala noticia, pero la fuga de capitales sirve para descorchar champaña porque resuelve el problema de sostener el tipo de cambio competitivo. Y ahora pasemos al tercer punto, es decir, el famoso desendeudamiento: la afamada lucha contra la deuda y el horror del endeudamiento de los 90. Cuando Adolfo Rodríguez Saá declaró el default, el stock de deuda pública llegaba a los U$S 144.000 millones. Según la mayoría de los políticos, esa deuda era impagable y había que repudiarla. El mismo Kirchner llegó a decirle a los tenedores de bonos que tenían que aceptar que se habían equivocado al comprar bonos de un país tan endeudado como la Argentina. Bien, luego de haber defaulteado la deuda, de haber hecho una quita del 75% del capital a los tenedores de bonos y de haber pagado todo lo adeudado al Fondo Monetario Internacional (FMI), la política de desendeudamiento del Gobierno ha llevado la deuda a U$S 136.7000 millones al 31 de diciembre de 2006, sin incluir los U$S 25.000 millones que tienen los holdout ni el festival de bonos que hizo el BCRA para “controlar” la orgía de emisión monetaria. Si se sumaran estos dos conceptos, y luego de haber cometido todo tipo de aberraciones jurídicas y económicas, hoy estaríamos peor que en diciembre de 2001. Por otra parte, deber solamente U$S 8.300 millones menos que en diciembre de 2001, cuando se declaró el default, luego de la quita y el pago al FMI, no luce consistente con el tan declamado desendeudamiento. ¿Mejoró tanto la composición de la deuda a pesar de haber crecido? El 53% del stock está en moneda extranjera, básicamente dólares y euros, y el 41,4% en pesos ajustables por CER. Es decir, el 94% de la deuda tiene ajustes que pueden transformarse en impagables, como de hecho está ocurriendo. Por eso, no sería exagerado pensar que vamos rumbo a otro default. Un último dato a tener en cuenta sobre la posibilidad de otro default. Entre el 31 de diciembre de 2005 y el 31 de diciembre de 2006, la deuda pública creció en U$S 7.500 millones. Si el Gobierno tiene superávit fiscal, ¿por qué subió la deuda? Si le ingresa más de lo que gasta, no tiene necesidad de endeudarse. Sin embargo, es obvio que los ajustes de capital son tan grandes que llevan a un aumento del stock de deuda y también es claro que el superávit fiscal es insuficiente para hacer frente a la totalidad de los vencimientos de intereses anuales. ¿Hay, entonces, tanta diferencia en materia de deuda pública con lo que se hacía en los denostados 90? En síntesis, el Gobierno niega la inflación y denuncia a los fondos de inversión de conspirar para que el IPC sea más alto, pero de su política económica ha surgido una nueva timba financiera que preanuncia otro problema de envergadura con la deuda pública.
Fuente: Economía Para Todos (http://www.economiaparatodos.com.ar/)

julio 29, 2007

La frivolidad de Cristina Fernández de Kirchner asombra al 'todo Madrid'

Fuente: Hispanidad

Un empresario presente en uno de sus actos públicos la califica como “vedette populista”. La primera dama argentina confunde British Telecom con O2. Asegura que la economía argentina marcha bien y que los empresarios pueden invertir sin miedo. Se reúne con el presidente de la CEOE, propietario de Marsans, en vísperas de la Junta de accionistas de Aerolíneas Argentinas
El matrimonio Kirchner-Fernández es lo que los argentinos llaman: “Armémonos y vayan”, es decir, aquellos guerrilleros marxistas que, durante los años setenta del pasado siglo, llamaban a las armas pero que luego veían la revolución desde la grada: nos armábamos todos “nosotros”, pero eran “ellos” los que iban a matar y a morir. También eran conocidos como “los hinchas”, porque aplaudían a los terroristas pero sin mojarse más que “ideológicamente”.
Y esa frivolidad entre teoría y práctica no parece haber desaparecido. Políticos y, sobre todo, empresarios españoles, se han visto no muy gratamente sorprendidos por la actitud de la presidenciable primera dama, senadora Cristina Fernández de Kirchner. Como afirmaba un ejecutivo español presente en los dos actos económicos de la esposa del presidente argentino, estamos ante una “vedette populista” y los empresarios con los que ha contactado Hispanidad repiten, casi unánimes, el mismo adjetivo: “Frívola”.Una frivolidad que se deja ver en los siguientes puntos:
1. Confunde doña Cristina el superávit fiscal o el acuerdo con el FMI sobre refinanciación de la deuda con una economía saneada. Lo cierto es que Argentina crece por encima del 7% pero con una inflación del 12%, más otra inflación oculta muy propia de los populismos. Por poner un ejemplo, un hogar de familia numerosa, 13 personas, puede pagar en Buenos Aires poco más de 20 euros de luz al mes, precisamente en una capital donde el suministro eléctrico es clave para muchos usos domésticos.
Lo mismo pasa con el agua, el gas o cualquier otro servicio básico. Ahora bien, esos precios, artificialmente bajos, ha provocado la desconfianza por parte de las empresas que los prestan, que no pueden actualizar las tarifas, además de algo más grave: la calidad de esos servicios básicos es simplemente desastrosa, porque las empresas no invierten ni en mantenimiento ni en mejoras.
2. El conocimiento del mundo empresarial de la presidenciable argentina es lamentable, Por ejemplo, el pasado martes aludió a los empresarios españoles que habían comprado British Telecom. La verdad es que, como todo el mundo sabe, menos la aspirante a la Casa Rosada, Telefónica ha comprado O2, no la British.
3. Al tiempo que anima a la inversión en la Argentina, Cristina Fernández omite toda alusión a la inseguridad jurídica –lo que más preocupa a las empresas- y a la corrupción judicial, que los Kirchner no han hecho más que aumentar, con nombramientos de elementos peligrosos en el Ministerio de Justicia y en la Corte Suprema. Ni una palabra sobre el cerco oficial a las empresas españolas presentes en el país.
4. Asimismo, omitió cualquier alusión a la inseguridad ciudadana, que durante el periodo Kirchner se ha multiplicado ni a la corrupción, o el desánimo, policial.
5. Otrosí: Sin inmutarse, Cristina Fernández afirma que se han refrendado los derechos y libertades individuales, y en concreto la libertad de prensa, cuando lo cierto es que nunca, ni con De la Rúa, ni Con Menem, ni con Alfonsín, se había dado tamaño control de los medios informativos por parte del Gobierno. En la Argentina de hoy, con alguna excepción heroica, no se puede hablar de prensa libre… gracias al matrimonio Kirchner.
6.Con la censura de cualquier pregunta incómoda, y con la cerrazón informativa que ha decretado la patronal CEOE, nadie ha podido preguntar a Cristian Fernández acerca de la fuga de capitales en la Argentina, práctica habitual en el país, y de la que el propio matrimonio Kirchner, durante sus época de gobernador en el sureño santa Cruz.
7. Con entusiasta… frivolidad, Cristina Fernández tampoco dio respuesta al apoyo que la Casa Rosada presta al populismo de Hugo Chávez. Habla de las “brumas kirchnersianas ya desaparecidas” del horizonte. Y se queda tan ancha.
8. La última muestra de frivolidad de doña Cristina de Kirchner, consiste en defender siempre su posición contraria al aborto, cuando su esposo y su partido han hecho todo lo posible para introducir el aborto en la Argentina por la puerta de atrás.
Este último punto importa poco a los empresarios, pero, en cualquier caso, la estela de frivolidad de esta “vedette populista” ha dejado huella en España. Y eso que todavía no es presidenta.
Por cierto, la patronal española CEOE, realizó un cerrojo informativo sobre la señora Fernández y su presencia en la se d de la patronal, donde fue recibida por su máximo responsable, Gerardo Díaz Ferrán, propietario de Marsans, imputado por delito fiscal, malversación de fondos públicos y falsedad documental en el caso Aerolíneas Argentinas (ARSA). Y es que en CEOE temían cualquier pregunta indiscreta sobre ARSA, en vísperas de la Junta de accionistas de la aerolínea en Buenos Aires, ahora que el Gobierno Kirchner debe decidir si mantiene la impugnación de las cuentas de ARSA.
Pues nada, todo sonrisas entre la senadora y Díaz Ferrán, cuando en su país se publican noticias como ésta, o como ésta. Todo por el pueblo.Y para quien desee saber cómo se interpreta en la Argentina el viaje de doña Cristina ahí tienen otra muestra, publicada en http://www.americanoticias.com/, una crónica que nos lleva, una vez más, al triste concepto de frivolidad. Eso sí, frivolidad populista.
Lo dicho, la reina de la frivolidad pasó por Madrid.

Después de Chávez


por Gustavo Coronel
Es preciso pensar en lo que le espera al país después de la salida de Hugo Chávez. La herencia que este hombre irresponsable e ignorante le dejará al país será trágica, no solo en términos de ruina material sino de ruina espiritual y moral.
Asumamos que Chávez sale en el año 2009 o 2010, debido a la presión popular y al desastre financiero y social que existe ya en el país y que seguirá acentuándose. ¿A qué se enfrentarán quienes deban encargarse, en ese momento, de la administración pública y de guiar a la sociedad venezolana? En primer lugar, se enfrentarán a un Estado colapsado, sin instituciones operativas o autónomas. Se encontrrán con un Estado que había estado manejado durante una década por una pandilla corrupta y genuflexa, con ministerios atestados de burócratas incompetentes y vividores.
Los poderes públicos estarán paralizados, con una Asamblea Nacional inactiva, un Tribunal Supremo y un sistema judicial podridos hasta el tuétano, un Consejo Nacional Electoral con registros electorales contaminados y equipos físicos y humanos controlados por una mafia gobiernera. Se encontrarán con un llamado Poder Moral liderado durante años por los tres mosqueteros de la desverguenza.
La labor de limpieza, de fumigación a fondo que tendrá que llevarse a cabo será monumental y será necesario apelar a la buena voluntad y cooperación de todos los venezolanos honestos para arrancar de raíz la podredumbre que se ha apoderado de todas las instituciones del Estado. Será una labor titánica, llena de peligros y de riesgos de desviaciones y fracasos.
En segundo lugar, encontrarán un país en caos financiero. Bajo Chávez el gobierno ha manejado el erario público de una manera desorganizada, sin transparencia o rendición de cuentas, manteniendo hasta tres presupuestos paralelos controlados por un pequeño grupo cómplice del dictador. A pesar del cuantioso ingreso petroleo la deuda pública venezolana se ha triplicado. Nadie sabe cuanto se gasta y en qué. Las promesas y decisiones más insensatas del dictador eran acatadas sin chistar por los burócratas del sector financiero.
La corrupción en el manejo de los papeles financieros del Estado había sido monumental. El sistema bancario nacional estaba mayoritariamente en manos de banqueros inescrupulosos, cómplices de la dictadura en el gigantesco saqueo de los ingresos petroleros. La labor de auditoría, de revisión y de limpieza del sistema financiero venezolano va a ser igualmente titánica y tendrán que salir a la luz pública los crímenes inmensos cometidos por los chavistas y los oportunistas en perjuicio de la nación.
En tercer lugar, encontrarán una infraestructura en ruinas. Con muy pocas excepciones la infraestructura física que dejará Chávez será la misma que encontró a su llegada pero mucho más deteriorada. Solo Chávez podía tener el descaro de dejar caer un puente por negligencia y, luego, celebrar su reemplazo después de largos meses como una hazaña digna de admiración y de agradecimiento por los venezolanos.
Una infeliz ministra llamada Yubirí diría, el día de esa “magna” inauguración, que “no había límites a lo que los revolucionarios estaban en capacidad de hacer” (y tenía razón, ¡ellos eran capaces de cualquier desastre!). En el siglo XXI Venezuela aún posee una infraestructura que no se ha renovado en años. Quienes asuman el poder tendrán que dedicar grandes esfuerzos a construir carreteras, cloacas, hospitales, viviendas y escuelas.
En cuarto lugar, tendrán que enfrentar a unas empresas y organizaciones del Estado prostituidas e inoperantes, esencialmente el Ejército y Petróleos de Venezuela. El Ejército se encontrará muy reblandecido por la corrupción y la cobardía de muchos oficiales y la pasividad y resignación de las tropas. Petróleos de Venezuela tendrá el doble de empleados que tenía antes de la huelga de 2002 pero esos empleados serán mediocres e ineficientes.
No será posible mejorar estas dos instituciones de la noche a la mañana porque no se trata de cambiar directivas o estados mayores sino de cambiar las células mismas de monstruos inservibles. Probablemente será necesario crear organizaciones nuevas desde los cimientos o nuevas maneras de llevar a cabo la actividad descartando totalmente estos carapachos. Quizás sea deseable eliminar el ejército y abrir la actividad petrolera completamente al sector privado.
En quinto lugar, hallarán un sistema de seguridad y bienestar social perverso, demagógico, el cual ha promovido la naturaleza parasitaria de miles o millones de compatriotas. Las Misiones son limosnas y ni siquiera disfrazadas. No representan la solución estructural y dignificante que se le debe dar a nuestro pueblo.
Obligar a los venezolanos a hacer humillantes colas para tirarles una bolsa de comida o una bequita es una manera cruel de hacerlos vender sus convicciones y sus principios por un mendrugo. Esto tendrá que ser reemplazado por programas bien pensados, planificados, que enseñen a los venezolanos a valerse por si mismos y a liberarse para siempre de los caudillos providenciales.
Más allá de estos inmensos retos que ya son, de por sí, punto menos que imposibles de enfrentar con éxito en el corto plazo, existen dos indispensables tareas que le esperan a quienes tomen las riendas del país. Una es la de crear en millones de venezolanos una nueva actitud ante su papel en la sociedad.
De los 26 millones de habitantes que tiene nuestro país tenemos, quizás, unos 10 millones de ciudadanos y un gentío que suma otros 16 millones. Chávez pasó diez años haciéndole la vida imposible a los diez millones de ciudadanos y consolidando su poder político entre los otros 16 millones a cambio de promesas, limosnas e intimidación.
La labor de formación ciudadana que hay que hacer en Venezuela después de la degradante influencia de Chávez es probablemente la más dificil tarea que enfrentará la Venezuela que sobrevivirá a la dictadura. Si esto no se resuelve el país nunca saldrá adelante, nunca.
La mitad de los venezolanos no se puede echar al hombro a la otra mitad. La mitad de los venezolanos no puede odiar a la otra mitad. De Hugo Chávez estaremos heredando una sociedad inviable que tendremos que hacer viable.
Y faltaría todavía plantearse la última tarea. ¿Qué hacer con los criminales, los ladrones, corruptos y traidores que han manejado nuestro país por diez años? Actualmente se habla mucho de la necesidad de reconciliación y es indudable que tal reconciliación es necesaria. Pero debemos estar claros.
Si bien es cierto que la mitad de los venezolanos debe aprender a confiar en, y compartir el país con la otra mitad, es no menos cierto que no debe haber reconciliación, ni olvido ni perdón para la pandilla que ha arruinado y prostituido al país. Por casi 74 años he vivido en estrecha obediencia de códigos morales y éticos por lo cual he tenido que pagar, con gusto, un alto precio en términos de comodidad, prosperidad material y beneficios personales.
Por lo tanto no puedo aceptar que quienes han violado los principios éticos más elementales, quienes han robado el dinero de todos los venezolanos, quienes han atropellado nuestros derechos humanos, quienes hayan entregado buena parte de nuestros recursos a déspotas extranjeros, vayan a ser objeto de una amnistía general y puedan ir a disfrutar en Cuba, en Portugal, en Disneyworld, en la Costa Azul, de sus dineros mal habidos, dejando de pagar por los desastres que cometieron contra los venezolanos. La corrupción y el atraso que nos acogotan hoy son hijos de la impunidad, de la indiferencia que hemos mostrado los venezolanos en condenar y castigar a los criminales de todas las épocas.
Lo que le espera al país después de Chávez es la continuación de un viacrucis que comenzó hace diez años. Chávez no ha sido solo un mal presidente más sino una tragedia de proporciones gigantescas, peor que el deslave de Vargas en 1999. Si no lo sacamos de cuajo de la escena política y social, su horroroso ejemplo se reproducirá bajo otros nombres y el país irá al foso donde se encuentran los países más atrasados y miserables del planeta.

Continuidad conyugal o permanencia de las reglas


Por Antonio Margariti


El respeto y profundización del modelo que postula Cristina Fernández de Kirchner no implica una defensa del marco institucional, sino de una determinada política económica que favorece a unos pocos elegidos a dedo.
En un acto reservado estrictamente para funcionarios que gozan con fruición del poder y las remuneraciones del Estado, la precandidata presidencial por el partido gobernante hizo tres curiosas afirmaciones que parecen relacionarse con su reciente profesión de fe hegeliana. Desde su atril, Cristina Fernández de Kirchner:1º. Dijo que iba a institucionalizar un curioso proyecto económico, designado ahora como “modelo de acumulación y de inclusión social”.2º. Señaló que la elección presidencial no puede ser más una ruleta rusa, para lo cual se inaugurará un nuevo estilo definido como “la profundización del cambio”, que consiste en no cambiar a quienes ejercen el poder para asegurar la continuidad del cambio.3º. Finalmente, invocó la historia reciente para afirmar que la experiencia trágica de la Argentina indica que “la vida se arregla o desarregla desde la economía”. La influencia de Hegel Estos tres enfoques llaman la atención porque parecen seguir las líneas directrices de la dialéctica hegeliana que, en resumidas cuentas, postula la ley de la unidad de los opuestos (por la que se llega a creer que las cosas contrarias, en realidad, son idénticas), la ley de transformación de la cantidad en calidad (por la cual se presume que los procesos evolutivos nos conducirán ciegamente a un cambio de estructuras) y la ley de negación de la negación (por la que se piensa que cualquier afirmación generará su propia antítesis y, luego, se llegará misteriosamente a una etapa superadora que las incluirá a ambas). Cuando alguien, desde el sentido común, quiere comprender la interacción de estas tres leyes dialécticas, queda perplejo y confundido. Lo mismo sucedía con quienes asistían a las conferencias magistrales de Georg Wilhelm Friedrich Hegel, en las universidades de Jena, Heidelberg y Berlín. Sus clases rebosaban de público, desde estudiantes hasta artesanos y magistrados, que acudían a escuchar monólogos susurrantes y se dejaban encandilar con una verborrea que hacía gala de explicarlo todo de forma absoluta y que parecía conducirles al paraíso del conocimiento, aun cuando fuese incomprensible. Hegel era un asiduo bebedor de cerveza y envolvía los discursos y sus obras con un vaho tan espeso que parecían delirios de borracho, con inconmensurables cascadas de conceptos a los que después de expresados había que buscarles sentido. El fervor de la novedad y el impulso al idealismo forjaron una fructífera escuela que se dividió en dos bandos –la derecha y la izquierda hegeliana– con notables herederos. Entre sus vástagos se destacaron Carlos Marx, fervoroso admirador de su dialéctica, así como Soren Kierkegaard, antihegeliano convencido que definía al hombre como ser único e irreductible. Los ejes de pensamiento La más importante directriz del pensamiento oficial es la afirmación de que nuestro país no soporta más la ruleta rusa. Cuando una nueva figura llega a la presidencia, se piensa que la historia comienza con él y cambia la economía de punta a punta. Para evitarlo, proponen algo insólito: la profundización del cambio a través de la continuidad conyugal que nos evitaría jugar a todo o nada. Luego, ofrecen la institucionalización del “modelo de acumulación y de inclusión social”, lo cual se asemeja a la advertencia de que ese modelo será impuesto por leyes de orden público, similares a las de la convertibilidad o, quizás, ideando nuevas funciones estatales a cargo de alguna secretaría de Estado encargada de vigilar la ortodoxia del modelo. De nuevo, como en las clases de Hegel, las palabras forman frases incomprensibles. ¿Qué es el “modelo de acumulación”? Ciertamente, no se refiere a problemas irresueltos, ni a la crisis energética que perturbará el crecimiento económico, tampoco a la inflación provocada por la incesante emisión de moneda para mantener el dólar alto, ni a la violencia callejera que impide a la gente ejercer sus derechos, ni mucho menos a la delincuencia protegida por insensatos magistrados. Que se sepa, en la jerga sociológica utilizada por el Gobierno, acumulación significaría juntar y amontonar riqueza, es decir, creación de nuevo capital. Pero, entonces, ¿cómo se hace compatible ello con una política económica deliberadamente orientada a consumir capital y estimular una demanda desenfrenada para que los índices brinden una alta tasa de crecimiento? ¿En qué quedamos? ¿A partir de ahora vamos a acumular o vamos a consumir? Porque acumular significa abstenerse de consumir, mientras que consumir implica gastar lo que se había acumulado. Esta primera parte del modelo requiere, pues, una mayor precisión, debido a que –aunque suene bien– esconde un formidable galimatías. Por otro lado, corresponde saber en manos de quién se hará la acumulación. ¿Están pensando en una genuina distribución de la propiedad privada en todas las capas sociales o en una concentración de los medios de producción con aquellos neoindustriales patagónicos que forman la nueva burguesía? Además, el campo, la cadena agroindustrial, los supermercados y los pequeños comercios de barrio... ¿quedarán condenados a cumplir la función subsidiaria de suministrar alimentos y ropa baratos para que una industria súper protegida pueda contratar trabajadores a bajo costo con el fin de asegurarse condiciones competitivas en el comercio internacional? La segunda parte de la dialéctica del modelo anunciado también merece aclaraciones, porque habla de la inclusión social. ¿La inclusión social será la extensión del clientelismo a la clase media y a los empresarios independientes? ¿Deberán ellos rogar para ser favorecidos con la calidez de la mirada oficial y quedar calificados como miembros del club del progreso? Como la inclusión social significa vincular personas poniéndolas en condiciones de participar en una tarea de cooperación voluntaria, cabe preguntarse: ¿quiénes serán incluidos socialmente? ¿Todos o sólo los que acepten someterse resignadamente? Tal como puede apreciarse, es evidente que el anuncio oficial ha confundido la continuidad de personajes con la continuidad de las reglas de juego de la economía. Permanencia de las reglas de juego A todas luces, es evidente que el país necesita continuidad o permanencia. Pero no de personajes, sino de reglas de juego, porque su persistencia permite planear el futuro de cada uno y desarrollar un proyecto de vida individual que se contrapone con el proyecto hegemónico de quien ostente el poder. Las ideas contenidas en las reglas de juego pueden ser buenas o malas. En el primer caso, nos conducirán al éxito y, en el segundo, al más apabullante fracaso. El mundo ha comprobado hasta el hartazgo que sólo la continuidad de las buenas reglas es lo que conduce a que una sociedad se perfeccione, consiga progresar económicamente y alcance el desarrollo cultural. No es necesario reinventar reglas para garantizar la continuidad. Han sido descubiertas y expuestas por distintas escuelas económicas en los últimos años: la teoría de la elección pública (public choice), la teoría de los derechos de propiedad (property rights), la escuela de economía constitucional, la escuela de Friburgo (ordo) y la escuela austriaca de economía. Los países que adoptaron sus principios están gozando de una situación envidiable. Las reglas son principios básicos que inspiran confianza para la convivencia pacífica y permiten la colaboración espontánea y el desarrollo sostenido. No son complejas, aunque requieren de una voluntad política para ponerlas en práctica. Son las siguientes:a. Moneda estable para que los gobernantes no engañen a sus pueblos manipulando el signo monetario. Es decir, que la moneda sirva para hacer el cálculo económico, realizar transacciones sin inflación y acumular reservas con la seguridad de no ser estafados por futuras devaluaciones.b. Mercados abiertos para que los gobernantes no interfieran en las decisiones de los ciudadanos, se abstengan de prohibir importaciones o exportaciones y renuncien a establecer aranceles prohibitivos, permitir monopolios, limitar la oferta local, condicionar inversiones privadas, trabar la iniciación de emprendimientos y poner obstáculos para que cualquiera pueda competir con otro.c. Propiedad privada para que los gobernantes no afecten la propiedad privada con excesivos impuestos y permitan que las personas humildes puedan acumular ahorros, ascender socialmente y convertirse en propietarios.d. Libertad de contratación para que los gobernantes no impidan el libre acuerdo entre empresarios y trabajadores en el seno de cada empresa, sin que se vean obligados a cumplir acuerdos palaciegos realizados entre poderosos oligarcas sindicales y empresarios que en realidad sólo buscan que el Estado les garantice una renta por encima de lo que proporcionaría una sana competencia. e. Responsabilidad individual para que cada uno sea responsable de las consecuencias de sus actos, sin que algunos tengan que hacerse cargo del incumplimiento de obligaciones ajenas, tanto en el ámbito tributario como laboral y de la seguridad social. f. Sistema de precios libres para que pueda funcionar con libertad un sistema de transmisión de información que señale la escasez o abundancia de bienes y detecte oportunidades sin fraudes, ni controles, privilegios ni predominios de sindicatos o grupos empresarios. Confundir la continuidad con el continuismo de los que mandan, sin darnos cuenta de que necesitamos urgentemente una permanencia de reglas aptas para vivir y crecer en paz, libertad y equidad, sería otro fatal error en el que corremos el riesgo de incurrir en la próxima contienda electoral.
Antonio Margariti es economista y autor del libro “Impuestos y pobreza. Un cambio copernicano en el sistema impositivo para que todos podamos vivir dignamente”, editado por la Fundación Libertad de Rosario.

Persuación vs coerción


Por Gabriela Calderón
Fuente: Fundación Libertad - Panama


“Jamás podremos estar seguros de que la opinión que intentamos ahogar sea falsa, y estándolo, ahogarla no dejaría de ser un mal”. John Stuart Mill,

“Jamás podremos estar seguros de que la opinión que intentamos ahogar sea falsa, y estándolo, ahogarla no dejaría de ser un mal”. John Stuart Mill, 1859.
Washington (AIPE)- El presidente Correa dice ser un fiel creyente en la libertad de expresión. Seguramente por eso cuando el Diario La Hora lo acusó de algo que él considera falso, su primera reacción fue demandar una disculpa y amenazar con tomar acción legal en contra de ese periódico. Dice creer en la democracia, pero para tomar esa acción legal decidió invocar una ley creada durante la dictadura militar. Luego, por si le quedaba alguna duda a alguien de que el mandatario cree en la libertad de prensa, ordenó que se retirara de un foro de prensa al Sr. Palacio de El Universo y al Sr. Jijón de la televisora Ecuavisa lo insultó solapadamente: no salió de su boca, pero hizo que los estudiantes en la audiencia vocalizaran el vulgar insulto. ¿Ya se confundió?
En los últimos meses, muchos han acusado al gobierno ecuatoriano de tendencia autoritaria. En lugar de responder a las críticas, el gobierno parece querer validar esas acusaciones. Algo similar ocurrió en Egipto a principios de este año cuando el joven Kareem acusó en su blog de dictador al presidente Mubarak. Acto seguido, Mubarak enjuició a Kareem por “insultar al presidente” y las autoridades lo condenaron a un año en la cárcel por ese “delito”. ¿Acaso no se dan cuenta Mubarak y Correa que con sus actos están meramente validando las acusaciones de sus críticos? ¿No sería mejor tratar de persuadirlos en lugar de encarcelarlos o demandarlos?
En una sociedad libre, la balanza siempre debe favorecer a la libertad. Ante la duda, siempre es mejor dejar libre a un culpable que encarcelar a un inocente. De igual manera, ante la duda, siempre es mejor permitir una opinión falsa que correr el riesgo de reprimir una verdadera. Como decía J.S. Mill, nunca podríamos tener 100% la certeza de que una opinión es falsa. Ante ese dilema, ¿cuál debería ser la reacción del gobierno que preside una sociedad libre? ¿Se debería castigar o “ahogar” la opinión de La Hora a pesar de que no hay manera de comprobar sin margen de error que era falsa? Mill diría que no.
El presidente debe reconsiderar su relación con los medios. Reaccionar con intentos de silenciar a los que antes expresaron su discrepancia con la opinión suya solo lo hace quedar como intolerante, aunque seguramente no pretende dar la razón a sus críticos con sus actos.
Si el gobierno ecuatoriano cree en la libertad de expresión, debería utilizarla para persuadir al pueblo de su visión. No coartarla para silenciar a quienes discrepan, aun cuando ellos se valgan de mentiras o malos modos. Como primer mandatario debe tener la humildad de reconocer que a él le corresponde persuadir y desmentir, no amenazar. Al final del día, los argumentos sólidos tienen más peso que un puño.
En Venezuela, el presidente Hugo Chávez acaba de clausurar a una de las voces de oposición que quedaban en la sociedad venezolana, RCTV. En una carta dirigida a Chávez, el director general de RCTV, Marcel Granier, dijo “Un buen estadista sabe que la verdadera fuerza no reside en aplastar al adversario, ni en ocultar las verdades o silenciar a los críticos. La verdadera fuerza descansa en la conciliación, en el pluralismo y la tolerancia”.

La autora es editora de ElCato.org (www.elcato.org), Cato Institute.
Fuente: www.aipenet.com

El Estado soy yo


Por Eudoro Glindo Anze




Las amenazas del presidente de Bolivia Evo Morales contra sus críticos en los medios de comunicación, así como la decisión del gobierno venezolano de suspender la licencia de transmisión de RCTV son acontecimientos que obligan a revisar experiencias de otros pueblos, en otros tiempos y latitudes.
Corresponde recordar que en 1919 Benito Mussolini fundó en Milán los Fascios de combate, de donde viene la palabra “fascismo”. Los fascistas lograron la aprobación de la polémica ley electoral de 1923 en Italia, con la que Mussolini accedió al poder con el 64,9% de los votos, luego de una campaña electoral marcada por una estridente retórica de descrédito de sus adversarios y la ejecución de actos de intimidación contra aquellos rivales que no lograron desprestigiar. La violencia fascista continuó hasta que el líder socialista Giacomo Matteotti fue secuestrado y asesinado en 1924, ante el horror de los adversarios de Mussolini. En su impotencia, los diputados de la oposición abandonaron sus escaños, dejando a partir de entonces el campo libre al fascismo.
En un escenario parecido, el 31 de julio de 1932, el empobrecido pueblo alemán, que soportaba grandes miserias provocadas por el desempleo y la anarquía reinante, votó en números arrolladores por Adolfo Hitler. La mayoría de los alemanes festejaron y la opinión pública internacional celebró la toma rápida y total de los poderes por el nazismo. Nadie imaginó los horrores que comenzaban aquel día.
Así como Mussolini se hizo llamar “Il Duce” (el guía), Hitler tradujo el término al alemán, “Der Führer”.
Las corrientes populistas iberoamericanas de la actualidad guardan similitudes con la Alemania nazi y la Italia fascista de la primera mitad del siglo XX, desde el sistemático descrédito de los regímenes anteriores, la organización de grupos de choque como los guardias bolivarianos, las asociaciones “de los sin tierra” o “policías sindicales cocaleras”, matizado todo por una retórica racista y la militarización “revolucionaria” de la población, como lo hicieran el socialismo fascista de Mussolini y el nacional socialismo de Hitler.
Estas tendencias son peligrosas porque, a través de las mociones de control numérico y manoseo electoral, se avanza inexorablemente hacía el culto a la personalidad del “líder supremo”, quien con poderes absolutos es el “nuevo” caudillo de los gobiernos que dominan en la región.
La clausura de RCTV es otra evidencia probatoria que los acólitos del populismo latinoamericano han adoptado los métodos del nazi-fascismo. Su anunciado propósito de establecer el modelo que llaman “socialismo del siglo XXI”, para perpetuarse en el poder, es otro síntoma de sus devaneos totalitarios. Para evitar confusiones sobre la utilización de términos, recordemos que las siguientes son características clásicas de un régimen nazi-fascista: La centralización de autoridad en la figura de un caudillo supremo El caudillo y su entorno imponen rigurosos controles socio-económicos.
-Mantienen organizaciones de naturaleza beligerante, tanto en el frente interno como el externo.
-Aplican métodos de descalificación, censura y terror.
-El régimen reprime toda oposición.
-Entonan discursos racistas.
-Cultivan mitos para inducir el fervor popular.
-Coartan la libertad de expresión.
-Consideran la información como arma de dominación.
-Repiten como Goebbels, el ministro de propaganda nazi: “Miente, miente, que algo queda…”

El autor es analista y político boliviano.